domingo, 19 de mayo de 2019

Uriel Martìnez (1950 )


Ordeno la cama 



con el amanecer aún oscuro,
sin prisas y sin nervios en mi entorno,
cuando el sol despunta de la cocina
se desprende un olor familiar: es el café
que avisa "aquí estoy";

temprano recuerdo la visita
del gato silencioso
que apareció en pretiles
en busca del sol
como visita inoportuna;

esta vez no lo amenacé con la chancla
pero prontamente nos tomamos
la medida sin parpadeo de nadie,
sin bufarnos uno al otro;

quiso entrar a casa con ese porte
que lo distingue, con ese gesto
de caballero con el rabo en alto,
silencioso;

silenciosamente condené la puerta,
estampé la espalda en tablas
de antiguas resinas y thiner,
en viejas caricias de brochas
en madera.


(Inèdito)

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