lunes, 29 de septiembre de 2014

Nicanor Parra, decano

Hay un día feliz

A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡Ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media,
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!


(fuente: "Ls5.blogspot")

domingo, 28 de septiembre de 2014

Uriel Martínez (1950 )

El perejil


Abrí la puerta: la línea del sol
tocó los bordes del altero de poemas.
Luego abrí la ventana. La brisa
acarreó a la calle ideas malsanas.
Escombré luego el desorden
distribuido en mesas, baño, camas.
Me asomé a la luna y vi.

Abrí la puerta: con la tangente
solar, con las volutas de brisa
que tocaron rincones, saliste
silencioso de aquí. Empecé
a ordenar el desorden, emprendí
el día.

Todavía no eran las once a.m.
y la horizontal del sol tocaba
la fruta, los bordes del plato,
las hojas vivas del perejil,
la casa ordenada y sola.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Henry Miller (1891/1982 )

Manuscritos


A menos que ya tengas un comprador, yo sugeriría que los dejaras en Harvard, pues es el lugar más seguro para ellos. Sus bóvedas subterráneas son a prueba de bombas, tienen clima artificial, la temperatura es controlada por  medio de termostatos, y cada seis minutos se escucha el Ave María de Schubert gracias a unos altoparlantes Muzak. Se permite que los profesores calificados y los candidatos a doctorados puedan inspeccionar los manuscritos, siempre y cuando usen guantes blancos de algodón y que no mastiquen goma de mascar.Todo es muy higiénico y recuerda tenuemente a la  Tumba de Grant. Pero te encuentras en buena compañía, ya que tienen casi todo lo escrito por Henry James, los diarios de Emerson, y la obra de docenas de otros autores.


(fuente: Cartas selectas, Henry Miller y James Laughlin, editado por George Wickes, coed. Textofilia-Fonca-Conculta, México, 2011. Traducción de Catalina Sherwell Hand.)

viernes, 26 de septiembre de 2014

Carlos Marzal (1961 )

Un mar de lágrimas


Sufrirás. Ya has sufrido.
Tal vez estés sufriendo.
Y aunque sepas por qué (si es que lo sabes),
ese conocimiento no será tu consuelo.

El adiós a los tuyos; el azar,
implacable; la incógnita del cielo,
todo lo que se pierde
hechos y vida abajo, tiempo abajo,
o también vida arriba, hacia lo que te espera,
todo, configura el sabor de tus lágrimas,
un sabor sin sabor, ya que no lo comparte
quien te ha visto sufrir
—no puede compartirlo—,
un sabor que no entiendes,
un cúmulo de lágrimas que trazan,
no sé dónde,
un mar por el que bogan,
y no sé para qué,
inútiles por siempre, inconsolables,
quién sabe desde cuándo,
su alma,
tu alma
y la mía.


(fuente: "palabras mal dichas")

jueves, 25 de septiembre de 2014

Alfonso Reyes (1889/1959 )

Visitación

—Soy la Muerte— me dijo. No sabía
que tan estrechamente me cercara,
al punto de volcarme por la cara
su turbadora vaharada fría.

Ya no intento eludir su compañía:
mis pasos sigue, transparente y clara
y desde entonces no me desampara
ni me deja de noche ni de día.

—¡Y pensar —confesé—, que de mil modos
quise disimularte con apodos,
entre miedos y errores confundida!

«Más tienes de caricia que de pena».
Eras alivio y te llamé cadena.
Eras la muerte y te llamé la vida.


(fuente: "palabras mal dichas")

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Edgar Lee Masters (1868/1950 )


Jonathan Swift Somers

Luego de que enriqueciste tu alma
hasta el punto más alto
con libros, pensamientos, sufrimientos, la comprensión de muchas personalidades,
el poder de interpretar miradas, silencios,
las pausas en las transformaciones cruciales,
el genio de la adivinación y la profecía;
de modo que te sentís capaz a veces de sostener el mundo
en el hueco de tu mano;
si, entonces, por la acumulación de tantos poderes
en el círculo de tu alma,
tu alma se prende fuego
y en la conflagración de tu alma
el mal del mundo se ilumina y se ve claramente-
agradecé si en esa hora de suprema visión
la vida no te juega una mala pasada.


(fuente: "hasta donde llega la voz", versión de tom maver)

martes, 23 de septiembre de 2014

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Las necesidades


Una puerta cerrada no es suficiente para que un hombre
esconda su amor. También necesita una puerta abierta
para poder partir y perderse entre la multitud cuando ese amor estalle
como un barril de pólvora en el arsenal alcanzado por el rayo.
No basta un techo para que un hombre se proteja
del calor y de la tempestad. Para huir del relámpago,
cuando la lluvia cae en el silencio del mundo
abierto como una fruta entre dos estruendos,
él necesita un cuerpo tendido sobre la cama,
un cuerpo al alcance de su mano
todavía temerosa de avanzar en la oscuridad.
En la noche que declina, en el día que nace,

el hombre necesita de todo: del amor y del rayo.



(fuente: "neorrabioso", traductores guadalupe grande y juan carlos mestre)