miércoles, 23 de julio de 2014

Mark Strand (1934 )

El cuerpo vacío

Las manos eran tuyas, los brazos eran tuyos,
Pero no estabas ahí.
Los ojos eran tuyos, pero estaban cerrados y no se abrirían.
El sol distante estaba ahí.
La luna suspendida sobre el blanco hombro de la colina estaba ahí.
El viento sobre Bedford Basin estaba ahí.
La pálida luz verde del invierno estaba ahí.
Tu boca estaba ahí,
Pero tú no estabas ahí.
Cuando alguien habló, no hubo respuesta.
Las nubes bajaron
Y sepultaron los edificios a lo largo del agua,
El agua era silente.
Las gaviotas contemplaban.
Los años, las horas, que no te encontrarían
Se volvieron las muñecas de los otros.
No había dolor. Se había ido.
No había secretos. No había nada que decir.
La sombra esparció sus cenizas.
El cuerpo era tuyo, pero no estabas ahí.
El aire tiritaba contra su piel.
La oscuridad se apoyó en sus ojos.
Pero no estabas ahí.

(fuente: "blog del amasijo", traductor: René Higuera)

martes, 22 de julio de 2014

Tomás Segovia (1927/2011 )

De Cinco sonetos votivos

Si del Amor, como Platón enseña,
nace en las almas el conocimiento,
en los cuerpos en cambio un mutuo y lento
conocer da al Amor su mejor leña.

Ésa fue tu enseñanza, oh mi pequeña:
con su ternura y su consentimiento,
ni ruin, ni avaricioso, ni violento,
tu goce yergue el mío y lo domeña.

Más dentro estallo cuanto más te entiendo,
poco a poco mi verga va aprendiendo
cómo excavar tu espasmo, aún invicta

cuando gimes mi nombre con locura;
y mi lengua a la larga se hace adicta
a tu vulva y su férvida textura.


(fuente: Casa del nómada, ed. Vuelta, col. La imaginación, México, 1992.)

lunes, 21 de julio de 2014

María Elena Walsh (1930/2011 )

De mis tiempos


 En mis tiempos había tiempo.
Recuerdo bien que por ejemplo
la higuera derramaba esparcimiento
y una rosa nos duraba
mucho más que cualquier empleo.
Por otra parte las siestas
se pedían prestadas a la muerte.

Quizás el tiempo era como las frutas,
se regalaba a los vecinos
después de verlo madurar.
Se compartía en las veredas
entre abanicos y señores
de sosegada camiseta,
mientras parsimoniosamente
iban escobas y venían
amontonándolo como importantes.

Y la eternidad sentadita
en su silla de paja, porque sí.

Es que era siempre tan temprano
ya tan segura la abundancia,
la inundación de treguas oportunas
que se guardaba el tiempo en los sombreros
y un día se lo derrochaba todo
en un solo saludo, saludando.

Uno viajaba en libros a todas partes
y visitaba diferentes ocios:
el de al lado, el de enfrente, el de las tías.
No se había inventado
el maleficio de la prisa, no.
De ninguna manera. Los espejos
esperaban de sobra
que uno peinara su pausado pelo
que uno se terminara de encontrar.

El tiempo era un perfume y no venía
nadie a medirlo ni guardarlo en cajas.
Los trenes, todo lo que hacían
era aludirlo en los horarios.

Se podía llorar a gusto
porque eran lentos los rincones
o quizás porque había aún macetas
donde depositar una lágrima
sin que las flores se opusieran.
O porque la llovizna hablaba
en un idioma sin resentimiento.

Todos usaban tiempo y lo perdíamos
cómplices de su lujosa permanencia
y hasta el hastío
era un modo de ser de los balcones
que enternecía delicadamente.

Creo que todavía queda un poco
de tiempo verdadero, pero lejos.
Pero muy lejos, en algunos patios
refugiado en aljibes.
Se queda todavía en niños solos
que reinan sobre umbrales
y en la lustrada majestad del gato.
Supongo, ya no sé, nada sabemos.

Tiempo sin ser castigo.
Yo llegué a conocerlo: está encerrado
en lo más vivo de mi corazón.

Después vinieron los relojes.

(fuente: "estación quilmes")

domingo, 20 de julio de 2014

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

La mujer de Lot

Miré atrás dicen que por curiosidad.
Pero, curiosidad aparte, pude haber tenido otras razones.
Miré atrás de pena por la fuente de plata.
Por descuido, mientras ataba la correa de mi sandalia.
Para no mirar más el cogote justo
de mi esposo, Lot.
Por la súbita certeza de que, si muriera,
ni siquiera se habría detenido.
Por la desobediencia de los sumisos.
A la escucha de la persecución.
Tocada por el silencio, esperando que Dios cambiara de parecer.
Nuestras dos hijas ya desaparecían detrás de la cima de la colina.

Sentí la vejez en mí. La lejanía.
La vanidad de la andadura. El sueño.
Miré atrás al poner el hatillo sobre el suelo.
Miré atrás por temor a dónde dar el paso.
En mi sendero aparecieron serpientes,
arañas, ratones, polluelos de buitres.
Ya ni lo bueno ni lo malo –simplemente, todo lo vivo,
reptaba y saltaba en pánico colectivo.
Miré atrás por mi soledad.
Por vergüenza de estar huyendo a hurtadillas.
Por ganas de gritar, de volver.
O quizás sólo cuando arreció el viento,
soltó mi cabello y me levantó el vestido.

Sentí que me miraban desde las murallas de Sodoma
y rompían en carcajadas sonoras, una y otra vez.
Miré atrás por rabia.
Para saciarme de su gran perdición.
Miré atrás por todas las razones arriba expuestas.
Miré atrás de forma involuntaria.
Fue sólo una piedra la que giró rugiendo bajo mi cuerpo.
Fue una grieta la que, de súbito, me cortó el camino.
En el borde un hámster se agitaba sobre sus dos patas.
Y fue entonces cuando ambos miramos atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
arrastrándome y levantando el vuelo,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella la gravilla ardiente y las aves muertas.
Por falta de aliento giré repetidas veces.
Quien lo viese habría pensado que bailaba.
No descarto que tuviera los ojos abiertos.
Es posible que me desplomara con el rostro vuelto hacia la ciudad.


(fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Elzbieta Bortkiewicz)

sábado, 19 de julio de 2014

Rae Armantrout (1947 )

Chuck y yo...

Chuck y yo nos sentimos satisfechos
de haber encontrado un lugar
donde mis cenizas puedan ser esparcidas.
Parece un sitio en construcción
ahora
pero se halla junto
a un impresionante espacio rocoso de la costa.
Chuck busca puntos
donde pueda bucear.
Hemos sido guiados
por una especie de corredora de bienes raíces.
Estamos interesados pero no conseguimos
hacer que fije el precio.


(fuente: "el mundo incompleto", traducción: David Ojeda)

viernes, 18 de julio de 2014

John Better (1978 )

Adrián y las jaulas

El sexo con hombres casi siempre es un combate de facas afiladas con las que buscan romperse el cuero unos a otros. Llevarse un hombre a la cama a veces suele ser un acto frío y vacío como el carnicero que se echa encima una res abierta y la lanza sin reparos sobre un piso embaldosado y encharcado de sangre. Otras veces no lo es tanto. Entrar en Adrián fue un recorrido sonoro y táctil por lugares donde nunca había estado: húmedos recovecos, pequeños agujeros, hendijas por donde parecía imposible entrar. Estas son mis piernas, dijo una tarde en su cuarto mientras la punta de uno de mis dedos partía de su dura rodilla y luego subía blandamente hasta su entrepierna. Luego tomó mi mano como quien le enseña a un niño a garabatear sus primeras letras en el papel y las frotó contra su pecho. Sentía sus latidos en la palma de la mano, eso que escucho es tu corazón y nunca será mío, me dije en aquel instante.
 
 
(fuente: "arquitrave", no. 55, abril/junio 2014)

jueves, 17 de julio de 2014

Carol Ann Duffy (1955 )

Día de San Valentín

No una rosa roja o un corazón satinado.

Te doy una cebolla.
Es una luna envuelta en papel marrón.
Promete luz
como cuando el amor se desnuda con cuidado.

Tomá.
Te va a llenar de lágrimas
como un amante.
Va a hacer de tu reflejo
una tambaleante foto de dolor.

Estoy queriendo ser sincera.

No una linda tarjeta o un regalo sorpresa.

Te doy una cebolla.
Su fiero beso va a quedar en tus labios,
posesivo y fiel
como somos nosotros,
por el tiempo que estemos juntos.

Tomalo.
Sus curvas plateadas se van a retorcer y convertir
en un anillo de bodas, si eso querés.

Letal.
Su perfume se va a aferrar a tus dedos,
se va a aferrar a tu cuchillo.
 
 
(fuente: "batalla de papel", versión de tom maver)