sábado, 13 de febrero de 2016

Jaime Gil de Biedma (1929/1990 )

Gil de Biedma contra Jaime Gil de Biedma


¿De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble

que es amarse a sí mismo!


("apología de la luz")

viernes, 12 de febrero de 2016

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Calles de Atenas



Los mandarinos de Píndaro.
El tráfico de Hipócrates.
Los taxis de Teseo.
Las putas de Aristóteles.
La basura de Sóflocles.
Las especias de Eurípides.
Los gases lacrimógenos de Síntagma.

Y aunque sé que nadie puede
cruzar dos veces la misma calle,
yo cruzaba dos veces cada día

la calle Heráclito.


("apología de la luz")

jueves, 11 de febrero de 2016

John Berger (1926 )

Contadores de historias


Escribiendo
acurrucados junto a la muerte
somos sus secretarios

leyendo a la luz de la vida
completamos su libro mayor

donde termina ella,
colegas míos,
empezamos nosotros, a ambos lados del cadáver,

y cuando la citamos
lo hacemos

sabiendo que la historia está a punto de acabar.


("apología de la luz", sin crédito al traductor)

miércoles, 10 de febrero de 2016

Jorge Cantú de la Garza (1937/1998 )

¿Qué o quién?


IV


Soy todos los colores, todas las partículas
que hay en un keliedoscopio, soy el invierno
y al segundo siguiente el infierno; soy el diablo,
soy el domo de una catedral; soy la escalera
de las estrellas y el desfiladero frente al Fujiyama.
Siempre tengo un hermano gemelo, el que me
                                                                 [ abre
la puerta de casa cuando llego, borracho, a buscarme;
¿o es él quien llega borracho a buscarse
y yo le abro la puerta? ¿Yo soy o soy?
Palíndromo perfecto. Nunca lo sabré, nunca,
                                                                [ nunca.


("poemas en que yo estaba escondido", ed. uanl, monterrey, n.l., méxico, 2008)

martes, 9 de febrero de 2016

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

Noche tranquila



El delicado extremo de tus dedos, el finísimo
silencio de mis labios que sobre ellos
encuentra el brillo de las aguas, la luna
surgiendo en un estanque de anchas hojas;
por la altura va el viento, por los árboles
y en el cielo la noche.
Ahora contempla
cómo es dulce la vida, cómo se alejan
las órbitas etéreas abandonando
una luz sobre nuestra frente.
Yo te amo
y las horas ascienden; oye el rumor
desconocido de la noche e infinito.

Lentamente en mis brazos, sin turbar
la eternidad que el aire está formando
con sus círculos inmóviles, contempla
el pálido reflejo oscilando entre las hojas,
el instante que estamos en la tierra
detenido.
Allá arriba por los espacios azules

flotan sonidos suaves, y las estrellas.


("marcelo leites")

lunes, 8 de febrero de 2016

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Noticias del hospital


Echamos un volado para ver quién iba.
Me tocó a mí. Me levanté de la mesa.
Se acercaba ya la hora de visita.

No respondió a mi saludo.
Quise tomarlo de la mano, la quitó
como un perro hambriento que no suelta su hueso.

Parecía que le diera vergüenza morir.
No sé qué se le dice a alguien como él.
Nuestras miradas se evitaban como un fotomontaje.

No me pidió que me quedara ni que me fuera.
No preguntó por nadie de nuestra mesa.
Ni por Bolek, ni por ti Tolek, ni por ti Lolek.

Empezó a dolerme la cabeza. ¿Quién se le muere a quién?
Elogié la medicina y las tres lilas del vaso.
Le hablé del sol y me fui apagando.

Qué bien que hay escaleras para bajar corriendo.
Qué bien que hay una puerta que se abre.
Qué bien que me esperan en la mesa.


El olor a hospital me provoca náuseas.


("la ficción del olvido.blogspot", trad. gerardo beltrán)

domingo, 7 de febrero de 2016

Uberto Stabile (1959 )

Maldita sea la poesía





Yo he visto
los mejores poetas de mi generación
desterrados, desheredados,
ocultos en el fondo de los bares,
y he visto sus miradas
como versos trepidantes
cabalgar hacia el final de la noche,
y he visto su ternura descuartizada
por la abundancia de quienes les temen
y en su miedo los hacen grandes.
He visto en la bondad de sus gestos
la rebeldía de un mundo
que no necesita orden ni ley para ser justo,
la testaruda razón de quienes a la vida responden con la vida misma.
Yo he visto
una canción que no tenía letra ni remite,
y ellos la entendieron.
Les he visto levantarse
contra los versos exquisitos y subalternos,
les he visto encadenarse a las excavadoras
para frenar la destrucción de su tierra,
de su conciencia,
y nadie los invitó a los palacios de Doñana
y mucho menos a editar poemas
bajo el sello hipócrita
de quienes lavándose la cara
ensucian el mundo.
He visto como se engañaban para seguir perdiendo en un círculo de ganadores,
como alacranes en mitad de un fuego
que desintegra y reduce
la inteligencia y el miedo.
Y por todo ello han sido procesados,
sentenciados, condenados,
abocados a la indigencia laboral
y clandestinidad de la palabra.
Yo he visto
los mejores poetas de mi generación
romper los versos a conciencia,
"porque bien ya otros lo hacen
y no ha ocurrido nada" (Eladio Orta).
En su profunda voluntad de cambio,
en sus humanas contradicciones,
en su maldita y genial resistencia
frente al pensamiento único,
he visto a los poetas de mi generación perder sus mejores oportunidades,
y no ha pasado nada,
pues nada hay más digno
que ser consecuente y efímero
en todo momento y verso.
Sólo la vocación devuelve
el género a su origen,
esa maldita poesía que nos hace libres

frente a la tradición.


("rua das petras")