martes, 28 de julio de 2015

Cesare Pavese (1908/1950 )

Pensamientos de Deola


Deola pasa la mañana sentada en el café
y ninguno la mira. A esta hora en la ciudad todos corren
bajo el sol todavía fresco del alba. Ni siquiera Deola
busca a nadie, sólo fuma tranquila y respira la mañana.
Mientras estaba en la pensión, siempre tuvo que dormir a esta hora
para reponer fuerzas: la estera de la cama
se la ensuciaban con los zapatones obreros y soldados,
los clientes que rompen la espalda. Pero, solas, es distinto:
se puede hacer un trabajo más fino, con poca fatiga.
El señor de ayer la despertó temprano,
la besó y la llevó (me quedaría contigo
en Turín, querida, si pudiera) hasta el tren
a desearle buen viaje.

Está atontada pero fresca esta vez,
y le gusta ser libre, Deola, y beber su leche
y comer medialunas. Esta mañana es casi una señora
y, si mira a los que pasan, lo hace sólo por no aburrirse.
A esta hora se duerme en la pensión y hay olor a cerrado
—la patrona salió de paseo— es de estúpidas quedarse allí adentro.
Para rondar de noche los locales, hace falta presencia
y en pensión, a los treinta, se ha perdido lo poco que resta.

Deola se sienta mostrando el perfil a un espejo
y se mira en lo fresco del vidrio. Algo pálido el rostro:
no es que el humo se estanque. Arruga las cejas.
Harían falta las ganas que tenía Marí, para durar
en pensión (porque, mujer, los hombres
vienen aquí para sacarse los caprichos que no les dan
la esposa ni la novia) y Marí trabajaba
incansable, llena de brío y buena salud.
Los que pasan delante del café no distraen a Deola
que sólo trabaja de noche, con lentas conquistas
en la música de su local. Echando ojeadas
a un cliente o buscándole el pie, le gustan las orquestas
que la hacen sentirse una actriz en la escena de amor
con algún joven rico. Para vivir le basta
un cliente cada noche. (Quizá el señor de ayer
me llevaba realmente consigo.) Estar sola, si quiere,
de mañana, sentada en el café. Y no buscar a nadie.


("griselda garcía", traducción de horacio armani)

lunes, 27 de julio de 2015

Elsa Cross (1946 )


Bacantes

VI

Emigramos a los bosques
como ascetas,
a un rigor destemplado.
Y otra locura hacía presa de esos cuerpos sin carne,
los ojos agrandados,
las mejillas hundidas.
Tensó la cuerda hasta romperla.
Su mente volaba como un pájaro.
Se iba a la punta de los árboles
a esperar la salida del sol.
Pero ella quedaba abajo,
unía a esos mundos florecientes su cuerpo seco.
Fría sal de madrugada en el pico de los gorriones.
Veía colibríes, mariposas sin nombre como encajes.
Furias de muerte la nutrían.
Oía trompetas en el aire,
gritaba hasta quedarse muda.
A punto de matar,
a punto de cegarse,
y los gorriones cruzaban el cielo como si nada.
El mundo seguía igual.
Sólo su mente vagaba como rata por escondrijos,
revolvía en la chimenea las cenizas.
Y luego se remontaba.
Perdía el rostro del tiempo.
La hacía caminar por las murallas de ciudades sitiadas,
la hacía gritar desde una hoguera,
la hacía cantar vistiendo sayales rugosos
o frecuentar cafés miserables bajo la nieve de París,
pianos tropezando en un vals desafinado.
Los cuerpos se consumían.
Gritaba profecías bajo el sol,
oía salmos,
maldecía y su saliva secaba las plantas,
su pensamiento podía fulminar.
Y sin embargo veía esos pájaros amarillos,
emigrados del norte.
Cantaban posados en una rama,
se hacían el amor.
Y ella deliraba, insomne,
y dentro de su mente
otra mente observaba como un ojo.
Y ella volaba en busca de su amado.

Nos volvíamos ciervos,
cruzábamos los bosques como flechas.


("espirales, poemas escogidos 1965-1999", unam, méxico, 2000)

domingo, 26 de julio de 2015

Uriel Martínez (1950 )

El amado

III

Señor
si un día murieses
en mis brazos
sé que no pesas
menos que una pluma

si al morir cayeses
sin alma al suelo
no sé si serías
astillas

si un día te
derritieses al sol
no sé si serías
agua sangre o nada

pero no sé
a ciencia cierta
si agua sangre
astillas o pluma

si un día
un instante
un segundo
un suspiro, polvo

no sé si antifaz
duda, dolor,
nadie, soplo,
aire eres

sábado, 25 de julio de 2015

Fernando Molano Vargas (/1998 )

Pillados

Qué suerte
en casa han descubierto
los papelitos de amor con que sueles tejer
sólo para mí
tu telaraña

A estar alturas ya papá se habrá enterado
y no tardarán en venir tras de nosotros
como perros enceguecidos
algunas abominaciones:
corramos             pues
a doblar la esquina

Antes de que nos alcancen
toma:
son estas mis canicas favoritas
mi trompo
mi bodoquera
y mi colección de piedritas
este es mi Álbum de Historia Natural “Jet”
                         y aquí metidos
mis poetas que más quiero
mi tarjeta de identidad
y la foto de mi bautizo

toma todas mis cosas:
mi viejo placer de niño
y mis pasiones bobas
este algo que ahora soy y este mi nombre
-toma sobre todo mi corazón
y guárdalas bien en tus bolsillos

Porque aún soy vulnerable y tratarán de aniquilarlas:
no dejes que te las quiten


("todas mis cosas en tus bolsillos")

viernes, 24 de julio de 2015

Kim Addonizio (1954 )


Primer poema para ti


Me gusta tocar tus tatuajes en total
oscuridad, cuando no puedo verlos. Sé con precisión
dónde están, conozco de memoria las delicadas
líneas de pulsante luminosidad sobre
un pezón, puedo encontrar, como por instinto, los azules
remolinos de agua en tu hombro donde una serpiente
se enrolla, enfrentando a un dragón. Cuando te jalo

hacia mí, tomándote hasta que estamos apagados
y quietos en las sábanas, adoro besar
los dibujos en tu piel. Ellos durarán hasta
que seas ceniza; cualquier cosa que permanezca
o se transforme en dolor entre nosotros, ellos seguirán
ahí.Esta permanencia es aterradora.
Así que los toco en la oscuridad; pero los toco, tratando.


("sólo una vez aquí en la tierra. Cincuenta y dos poetas del mundo, ed. valparaíso, méxico, 2014, traducción de andrea muriel)

jueves, 23 de julio de 2015

Antonio Gamoneda (1931 )


Blues del cementerio

Conozco un pueblo –no lo olvidaré–
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.

Cierto año la gente empezó a irse
y en muchas casas no quedaba nadie.
El año que la gente empezó a irse
en muchas casas no quedaba nadie.
Se llevaban los hijos y las camas.
Tenían que matar los animales.

El cementerio ya no tiene puertas
y allí entran y salen las gallinas.
El cementerio ya no tiene puertas
y salen al camino las ortigas.
Parece que saliera el cementerio
a los huertos y a las calles vacías.

Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
Ay, en mi tierra sin ventura,
no olvidaré a mi pueblo.

¡Qué mala cosa es haber hecho
un cementerio demasiado grande!


("archivo de la poesía española reciente")

miércoles, 22 de julio de 2015

Eleni Vakaló (1921/2000 )

El ojo de mi padre



Mi padre tenía un ojo de vidrio.
Los domingos que se quedaba en casa sacaba de su bolsillo
otros ojos, los pulía con el extremo de su manga y llamaba
a mi madre para que eligiera.Mi madre reía.
.
Las mañanas mi padre estaba complacido. Jugaba con el ojo
en la palma de su mano antes de ponérselo y decía que
era un buen ojo. Pero yo no quería creerlo.
.
Echaba un oscuro chal sobre mis hombros como si tuviera
frío y era para espiar. Al final un día lo vi llorar. No tenía
ninguna diferencia con un ojo de verdad.
.

("emma gunst", versión de francisco torres córdova)