domingo, 23 de noviembre de 2014

Uriel Martínez (1950 )

El buen fin. II

Era tan insegur@ que la partera anunció la llegada de un@ hermafrodita.

Era tan pobre y conflictivo que sus exnovias Jennifer, Roxy, Thèrese y Susana se cooperaron para regalarle una muñeca Barby inflable/desinflable.

Era tan pobre que en invierno procuraba los escasos rayos de sol para calentarse el chocho.

Era tan pobre que cuando quiso pedirle un trenecito a Santa Claus le recomendaron no hacerlo porque, le precisaron, Él sólo leía el nórdico.

Era tan tímido que conoció a Emma Bovary después de muerta.

Era tan pobre que cuando conoció el mar buscó en su cuerpo branquias.

Era tan pobre que cuando los cristeros lo colgaron de una ceiba, tardó semanas en morir por falta de peso.

Era tan tímido que cuando le pedían su autógrafo, escribía con la mano equivocada.

Era tan pobre que en las noches de luna nueva decía llamarse "Pepe El Toro".

Esos que andan por los tapancos de la noche como gato espinado ya no son de aquí. Pero no lo saben.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Federico Díaz-Granados (1974 )

La casa del viento




Busco mis muertos diluídos por el tiempo,
solitarios que deambulan por mi casa, por mi vida
vistiendo un viejo musgo.
Busco mis muertos que desterrados olvidan las palabras
a esta hora en que desciende la nostalgia
para viajar por las venas de la memoria.

Son estos mis muertos que habitan la casa del viento
esos mismos que juegan en las fotos con algunos personajes,
que hoy conversan con las raíces de los árboles
e indagan por la memoria de la tierra.

Ya mi vida no es un parque de diversiones,
a las máquinas enmohecidas bajo la potestad del viento
les ha crecido hojarasca.
Mi corazón parece un hospital
que recibe heridos en su sala de urgencias
y los amigos que han zarpado
siguen dando vueltas en el inmenso carrusel
con los desaparecidos que caen sin vértigo de la montaña rusa.
Cómo se parecen tus huesos a los sueños en esa casa del viento
en el hangar donde
reparan algunos payasos y maromeros mutilados
en esa casa que cada día se parece más a esa otra demolición
que es mi vida.


(fuente: "rua das petras")

viernes, 21 de noviembre de 2014

Fabio Morábito (1955 )


Mudanza

A fuerza de mudarme
he aprendido a no pegar
los muebles a los muros,
a no clavar muy hondo,
a atornillar sólo lo justo.
He aprendido a respetar las huellas
de los viejos inquilinos:
un clavo, una moldura,
una pequeña ménsula,
que dejo en su lugar
aunque me estorben.
Algunas manchas las heredo
sin limpiarlas,
entro en la nueva casa
tratando de entender,
es más,
viendo por dónde habré de irme.
Dejo que la mudanza
se disuelva como una fiebre,
como una costra que se cae,
no quiero hacer ruido.
Porque los viejos inquilinos
nunca mueren.
Cuando nos vamos,
cuando dejamos otra vez
los muros como los tuvimos,
siempre queda algún clavo de ellos
en un rincón
o un estropicio
que no supimos resolver.


(fuente: "otra iglesia es imposible")

jueves, 20 de noviembre de 2014

César Moro (1903/1956 )

El mundo ilustrado



Igual que tu ventana que no existe
Como una sombra de mano en un instrumento fantasma
Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre
Con la misma igualdad con la continuidad preciosa que me asegura
idealmente tu existencia
A una distancia
A la distancia
A pesar de la distancia
Con tu frente y tu rostro
Y toda tu presencia sin cerrar los ojos
Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la ciudad no era no podía
ser sino el reflejo inútil de tu presencia de hecatombe
Para mejor mojar las plumas de las aves
Cae esta lluvia de muy alto
Y me encierra dentro de ti a mí solo
Dentro y lejos de ti

Como un camino que se pierde en otro continente


(fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Luis Muñoz (1966 )

Culatra


De regreso a la isla de Culatra, en Portugal,
en el breve trayecto en barco,
el pelo se le abría con el viento
como hojas de palma.

Toda la luz se oía
igual que el merodeo de las olas
dentro de él.

El vello de la nuca
era a la vez un camino de espigas delicado
y un resto primitivo de descendiente del mono.
Sus encías, todo frescura
y animalidad.

En un omóplato,
la rosa de una herida le brillaba
con un dolor agudo que viajase por dentro.

La vida de la tarde,
ese asentamiento que va muy poco a poco,
de fruta, de pescado, de sal,
que se deja querer,
pero que sobre todo mira
y en la contemplación
hace que encaje cada pieza del mundo,
era un color dorado y verde.

Las calles de Culatra
son de arena con base de cemento.
Ni siquiera dibujan
sino que siguen solas por debajo
de un pálido amarillo recorriendo la isla.

Algo no se ha movido
por que este movimiento siga.
Un eje dulce,
que cuando sacan sillas a la calle,
al remendar las redes,
al reponer las latas de la tienda
y preparar café bajo un chamizo blanco
se ha mantenido igual.

Cuando la muerte asome
todo estará en un ciclo que termina
y empieza,
como pausa hasta un salto,
como cara del sol para la sombra.

Cuando el amor apriete
su mandíbula tendrá también
el resto de las cosas
y el hilo de la gana
irá desde el calor de las esteras
a las pequeñas barcas desguazadas del puerto,
a las lenguas del mar y al calambre de peces

día sí y día sí.


(fuente: revista arquitrave en línea)

martes, 18 de noviembre de 2014

Jana Putrle Srdic (1975 )

Lentitud del invierno


Todo te pasa con un lapso de retraso:

un verso una y otra vez.

Mil veces el mismo gesto, el cuchillo sobre las patatas,

la mano a través del cuerpo.

Haces girar la rueda y mueves los engranajes.

Nada en especial, contemplas fijamente

el cristal de tu mesa, escuchas la respiración

del perro.

A menudo, las cosas sólo son.

Ella dice adiós con la mano

cuando pasas,

los coches avanzan con luz verde

y se detienen con luz roja.

Todo está por venir o ha pasado ya:

amor, soledad, trabajo.

Y todo es bueno para algo,

incluso este maldito frío

que matará a todas las garrapatas.


(fuente: "rima interna", versión de martín lópez-vega)

lunes, 17 de noviembre de 2014

Ana Blandiana (1942 )

Sin saber

                          


Evidentemente no me parezco
a ninguno de esos hilanderos de palabras
que se hacen los trajes y las carreras de ganchillo,
las glorias, los orgullos,
aunque me muevo entre ellos
y ellos miran mis palabras como si fueran jerseis,
"-¡Qué bien vestida vas!", me dicen.
"-¡Qué bien te queda el poema!",
sin saber
que los poemas no son mis vestidos,
sino el esqueleto
extraído con dolor
y colocado encima de la carne como un caparazón,
siguiendo el ejemplo de las tortugas
que así sobreviven
largos e infelices

siglos.


(fuente: "emma gunst"; traducción de r. pisot y j.v. piqueras)