viernes, 24 de octubre de 2014

Alejo Carpentier y el cine

Chaplin

En los films de Chaplin, hay momentos en que el mimo genial palpa las cuerdas más dolorosas de nuestra sensibilidad. Y siempre lo hace sutilmente, sin recurrir al latiguillo, con delicadeza de cirujano o de poeta. Por ello, ciertas escenas provocan las reacciones más opuestas en los espectadores, haciendo reír estrepitosamente al vulgo, mientras un nudo amargo oprime la garganta de otros, a quienes el mimo sostiene a brazo tendido desde el mundo efímero de las sombras. Puede afirmarse que mientras menos comprensivo es un público, más frecuente son las risas que provocan las cabriolas del actor. En los diez cines de vanguardia que hay actualmente en París, donde se proyectan producciones de Chaplin de todas las épocas, sus obras provocan escasa hilaridad. El público enterado sabe mirarlas como creaciones poéticas.

Carteles. La Habana, 16 de diciembre de 1928



(fuente: El cine, décima musa, editorial Lectorum, México, 2013)

jueves, 23 de octubre de 2014

Emma Barrandéguy (1914/2006 )

El cuerpo


¿Por qué no es posible el amor?,
me preguntas.
Somos viejos, respondo.
Y que pases tu mano
por mi pierna,
me da cierta vergüenza.
Tontería, dice el amigo
y cediendo
me tiendo a su lado como cuando era joven
y lo ignoraba.
Pienso en todos los viejos
que desde un banco al sol
miran transcurrir las muchachas.
En mi padre y sus esquelas victorianas
a las niñas de los mandados.
Pienso en mi madre pulcra
cubriendo sus desnudos en un último gesto.
Pienso que los viejos son como todos
y apetecen sin pausa
si no han sido saciados.
El cuerpo gira ante sus ojos
con el gusto de lo prohibido,
como siempre.
Se los instala en la sabiduría
y no la tienen;
codician como jóvenes,
tienen pequeñas ternuras
como mi amigo,
tienen lascivas preferencias
que no les cuentan a los otros,
tienen derecho al amor
aun a costa del ridículo.
Y si pasan tomados de la mano
o se encierran en su mundo
con las persianas bajas,
tendríamos que mirarlos sin asombro
como a lentos vagabundos
o discretos amantes que renuevan caricias.


(fuente: "otra iglesia es imposible")

miércoles, 22 de octubre de 2014

Francisco Hernández (1946 )

La primera mujer que recorrió mi cuerpo...



La primera mujer que recorrió mi cuerpo 
tenía labios de maga: labios verdes y azules, 
con sabor a fruto silvestre,
con señales indescifrables como la miel o el aire.
Muchas veces incendió mis cabellos con siete granos y
siete aguas, con ensalmos que sonaban a campanillas 
de barro, con nubes de copal que se mezclaban al embrión
que recorría mi frente coronada por ramos de albahaca.
Toda la noche ardía la pócima bajo mi cama.
Al día siguiente, un niño nacido después de mellizos 
la arrojaba al río, de espaldas, para no ver el sitio 
donde caía ni el vuelo repentino de los zopilotes.
Entre tanto, mi madre me contaba 
lo que Colmillo Blanco no sabía de la nieve 

y el recuerdo del mar era un espejismo bajo las sábanas.


(fuente: "el poeta ocasional")

martes, 21 de octubre de 2014

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Hoy no me atrevo


Hoy no me atrevo a pisar por tu postigo
por si inquieto tus piedras y mis brazos me duelen.
No me atrevo a buscar por tus ojos
por si no hallo en ellos lo que busco.
No, no tengo valor para peinarte
y apenas puedo encontrarte en el pasillo.
Déjame tus manos…
es sólo para contar tus dedos.
Permíteme tu alma,

es sólo para tomar medidas.


(fuente: "cómo cantaba mayo en la noche")

lunes, 20 de octubre de 2014

Argentina: narrativa 1950

"Hágase la luz": Witold

1.
En el principio está Gombrowicz. Es imposible no visualizar al escritor polaco radicado en Argentina como un actor que da cuenta del peronismo al iluminar literariamente a los jóvenes de cabellera negra, piel aceite-ladrillo, boca color tomate y dentadura deslumbrante. En gran parte de su obra, entre la que destacan su Diario argentino o Trasatlántico, sus personajes se desplazan en vagabundeo homosexual por la estación de trenes de Retiro y sus inmediaciones, el puerto y el barrio que están colmados en ese entonces por representantes de la Argentina del “interior”, los “cabecitas negras” sobre los cuales el peronismo arbitrara su discurso redentor. Gombrowicz compara a estos jóvenes obreros con las melodías de Mozart, a los mozos de los bares porteños con Rodolfo Valentino, alaba la belleza indígena de los muchachos santiagueños y se queja extasiado de que las espaldas desnudas, la cabeza rizada, negra, la mirada y la sonrisa de los efebos argentinos son el veneno que lo intoxican. En sus caminatas nocturnas por esos caminos, Gombrowicz o sus personajes vagan para hallar a la juventud masculina, lumpen, baja y bella en la cual Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy Casares no encuentran ningún encanto y en la que para el escritor polaco se cifra el destino de la Argentina. Y así, evocando el 17 de Octubre Borges y Bioy Casares escriben el canto del gorilaje “La fiesta del Monstruo”, con sus multitudes de seres abyectos, pies planos, basura genética a la que se recoge en un camión y se la arroja a Plaza de Mayo. Gombrowicz: una galería de varones hermosos, trabajadores o lúmpenes, caldo de cultivo de una revolución si no son captados por el fascismo.

2.
Hasta tal punto los sucesos del ’45 son cruciales para el imaginario cultural homoerótico que el que es considerado el primer cuento gay argentino, “La narración de la historia” (1959), de Carlos Correas, relata el encuentro de un joven burgués y estudiante de derecho con un lumpen, morochito, santafesino de 17 años, con quien tiene relaciones sexuales en un baldío después de conocerlo en la calle. Más tarde, a pesar del éxtasis que supuso la relación amorosa, el burgués deja plantado al morochito motivado por un prejuicio de clase. Desde entonces, estudiantes o burgueses y cabecitas negras se acoplarán eróticamente con invariable suerte en la novelística gay argentina: en La boca de la ballena (1973), de Héctor Lastra un joven aristócrata se enamora y fantasea con un villero peronista pero no concreta sus fantasías y finalmente se hace violar por un linyera; en La invasión (1967), de Ricardo Piglia, el macizo y grandote Celaya somete sexualmente a un “morochito” débil consumido en una prisión, quizá como metáfora política de la represión ejercida contra el peronismo en los años que siguieron a la autodenominada Revolución Libertadora o como metáfora de la sumisión al jefe paternalista y demagógico. También, en cierta forma, en nombre del peronismo y de las consignas peronistas se acoplan sindicalistas, las bases, la JP en esa orgía de sexo, violencia y muerte que se relata en “El fiord” (1973), de Osvaldo Lamborghini. Se define como puto y peronista el Nene Brignone, que junto con su amante el Gaucho Dorda realizan el acto épico-heroico de quemar la plata en Plata quemada (1997), de Ricardo Piglia.


(Aunque usted no lo crea, en el artículo de Adrián Melo, "Los putos en la fuente", 17.X.2014, no se cita ninguna obra de Manuel Puig, autor muy anterior a la novelística y narrativa de Piglia.)

domingo, 19 de octubre de 2014

Gonzalo Arango (1931/1976 )

La salvaje esperanza


Eramos dioses y nos volvieron esclavos.
Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Eramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,

querida alma inamansable.



(fuente: blog "la biblioteca de marcelo leites")

sábado, 18 de octubre de 2014

Carlos Marzal (1961 )

La lluvia en Regent´s Park


Debe de estar lloviendo en Regent's Park
Y una suave neblina hará que se extravíe
la hierba en el perfil del horizonte,
los robles a lo lejos, las flores, los arriates.
Pausada, compasiva, descenderá la lluvia
hoy sobre el corazón de la ciudad,
su angustia, su estruendo,
sobre el mínimo infierno inabarcable
de cada pobre diablo.
Igual que aquella tarde en la que fui feliz,
igual que aquella lluvia
que me purificó, caritativa.


En las horas peores,
cuando el desierto avanza,
y no hay robles, ni hay hierba, cuando pienso
que no saldré jamás del laberinto,
y siento el alma sucia,
y el cuerpo, que se arrastra,
cobarde, entre la biografía,
la lluvia, en el recuerdo, me limpia, me acaricia,
me vuelve a hacer aún digno,
aún merecedor
de algún día de gloria de la vida.
La amable, la misericordiosa,
la dulce lluvia inglesa.


(fuente: "rua das petras")