lunes, 28 de septiembre de 2020

Amanda Durán (1982 )

 La belleza

a.

Desperté con el cielo adentro

alguien lo derramó mientras dormía

me gustaría saber quién, o al menos cómo.

Por eso no te llamo

porque no se puede hablar

con el cielo así todo incrustado.

Al abrir los ojos

empieza a brotar celeste

como cascadas

y el lagrimal se rompe:

no duele tanto pero sabes -tú sí sabes.

 Nadie quiere deshacerse del cielo tras habérselo bebido

entero.


b.

La última palabra de mi madre fue un aullido.

Sostuve su cabeza con mis manos

y rompí el cascarón de su frente, para que pudiera irse.

Ella se quedó ahí observando

cómo el reloj seguía el mismo baile

de esa mañana cuando el mismo cuadro,

colgado en la pared, se movía con el viento.

Abrí con mis dientes la herida

para que saliera volando.


("leepoesia")

domingo, 27 de septiembre de 2020

Uriel Martínez (1950 )


                                                                          web huicholes

                                                                  



Fase 3 (parte 24)


1.

Pasará mucho tiempo para que yo olvide este mes aún vivo, aún latente como latente está el inicio del otoño; pasarán soles y lunas y tendré presente que este abril -el mes más cruel, según la observación de un poeta-, fue desdoblándose y fue repitiéndose en la piel de muchos como un sueño de horror sin fin, como una purga pendiente en un organismo enfermo. Hace días recibí otra mala nueva: aquella mujer que trajo de su pueblo a esta ciudad a sus padres ancianos desde marzo -para protegerlos del Covid19-, los había perdido arrasados por la Pandemia. Pero días escasos después, le sucede a ella. Cuando me entero ya eran tres montones de ceniza. Como una broma de mal gusto, en febrero ella y yo habíamos convenido un proyecto de investigación para el rescate de manuscritos inéditos de un amigo mío fallecido prematuramente. Le envié y leyó una semblanza redactada por mí a manera de carnada para iniciar el trabajo integral sobre ese autor cercano a ella. El acuerdo fue encontrarnos ya pasada la Pandemia. Y hoy hablo de lo que nunca fue.


2.

Con una demora de semanas pero me deshice de un par de zapatos con los que transité los últimos seis meses de emergencia sanitaria mundial. Eran negros como los presagios insospechados que se avecinaban desde inicios de este año bisiesto -"año bisiesto, año siniestro", sintetizó quizá un profeta-; todavía en febrero pasado les di lustre y les cambié las agujetas para no perder el trote ni el rumbo. Todavía me los encasquetaba con calzador que me donaron en la tienda en que los merqué un año atrás. Antes de la emergencia sanitaria mundial era, para mí, posible viajar a otras ciudades y adquirir ese par de calzado para pie artrítico; elaborado manualmente con piel de venado y de borrego importadas. Cuando tuve el arrojo de botarlos en un contenedor lo hice con prisa y la cabeza fría; con ellos se iban recuerdos de lugares en donde estuve, con ellos abrí y cerré el día, la semana, el mes, el equinoccio y el solsticio vividos como un acto de fe. Imaginé si alguien los rescataría del depósito de deshechos o los pepenaría en el basurero municipal; si los llevaría con algún zapatero prodigioso que les enderezara las mandíbulas torcidas, los tacones desgastados, los pasos mal dados/equivocados/falsos que me han caracterizado. Hasta el día de hoy no he soñado con ellos, acaso porque ya he estrenado un par últimamente.


3.

Todavía en febrero de 2020 emprendí un viaje de Laguna Honda a Pueblo sin Nombre con ese par de zapatos desgastados; hube de caminar cuatro kilómetros del punto A al B antes de conseguir un Stop Finger en una camioneta Toyota. Casi al pardear la tarde de ese día hube de regresar al punto A en otro viaje de cortesía -con lluvia pertinaz y ligera- luego de no obtener invitación a pernoctar en B. Regresé con la certeza de haber cerrado un ciclo con el pasado: infancia, recuerdos, estampas escondidas u olvidadas en alguna gaveta de la caja negra que algunos conservamos -acaso-, intacta. ¡Ah!, los granados cerca de la entrada a casa de los abuelos; ¡ah!, el té de hojas de naranjo en las mañanas frías; ¡ah!, las canicas transparentes para los juegos aprendidos de chico; ¡ah!, los dulces de biznaga, camote, calabaza y de leche antes de las primeras caries. ¡Ah!, la abuela en la cocina cubierta de sombras y humo de leña todo el tiempo. ¡Ah!, los jinetes rumbo al coleadero en días de fiesta. La huerta, las tardes interminablemente lluviosas. Los quinqués cuando empieza a oscurecer, las sombras en las paredes y vigas. El silencio del pueblo. Todo vuelto ceniza como víctima temprana de la Pandemia.


4.

Huichola

La huichola llega con un trozo de unicel y me muestra una colección de aretes artesanales en venta; aparece con blusa y falda estampadas de flores y el viento me bulle sus imágenes. Antes que la fuerza del aire la desplace le obsequio una fruta para que no se vaya con los ojos tristes de un sábado de muertos, los míos, los incinerados.


Dogville, septiembre 2020                                                                                                (Inédito) 

sábado, 26 de septiembre de 2020

Enrique Winter (1982 )

 La transformación


cuando una mañana gregor samsa

despabiló de sueños inquietantes

se encontró transformado en un monstruoso

parásito     estaba recostado


sobre el caparazón duro     de espaldas

y al levantar un poco la cabeza

veía su barriga curva     parda

dividida en arqueadas rigideces


a cuya altura el edredón     apenas

se mantenía sin caerse entero

sus varias patas     tristemente flacas


en relación al resto del volumen

parpadeaban inermes a sus ojos

qué me pasó     pensaba     no era un sueño


("periódico de poesía")

viernes, 25 de septiembre de 2020

Juan Cameron (1947 )

 Cachorro


Perdonad este pelaje descastado     

este brillo es de tanto restregarme 

de la baba la rabia la patada       

Perdonad el mordisco por la espalda 

es mi ternura agreste solapada       

pero ternura al fin (la única mía)   

En verdad salí cachorro             

en la calle me hice perro 


Acuario


Volví a mi acuario y no sentí nostalgia por París       

Más bien aleteaba por sus calles y tampoco sentí         

mayor atracción a mis parientes boqueaba                 

en cada esquina de mi cubo una especie de mundo         

para ir de aquí a allá para mostrar mi aleta             

y emitir gorgojos en forma de burbujas                   

La ciudad es la ciudad me dije                           

y éste es mi acuario                                     

y entré en la cama de una y luego                       

de un impulso me iba hacia el otro costado               

Ah París! Ese país donde los avatares                   

venden vino francés en cada esquina.


("poetas poemas")

jueves, 24 de septiembre de 2020

Carlos Cociña (1950 )

Se acerca el tren...


 Se acerca el tren;


sus luces van sobre las lomas.


No son los carros del tren,


es un gran gallinero extendido sobre los árboles


del cerro.


Ese tren va a las tierras cardinales.


En sus ventanas iluminadas se refleja


el gran transatlántico,


entre los valles de maíz, encendido


entre los insectos que vibran en vuelo.


("vallejo y co.")

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Rosario Castellanos (1925/1974 )

 Meditación en el umbral


No, no es la solución

tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy

ni apurar el arsénico de Madame Bovary

ni aguardar en los páramos de Ávila la visita

del ángel con venablo

antes de liarse el manto a la cabeza

y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando

las vigas de la celda de castigo

como lo hizo Sor Juana. No es la solución

escribir, mientras llegan las visitas,

en la sala de estar de la familia Austen

ni encerrarse en el ático

de alguna residencia de la Nueva Inglaterra

y soñar, con la Biblia de los Dickinson,

debajo de una almohada de soltera.


Debe haber otro modo que no se llame Safo

ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.


Otro modo de ser humano y libre.


Otro modo de ser.


("mujeres que escriben")

martes, 22 de septiembre de 2020

Karmelo C. Iribarren (1959 )

Se acabó el cuento


 Se acabó el cuento,

amigo, esto es la vida.

Todos los grandes sueños

con los que hasta ahora

te has entretenido, puedes

dejarlos a la entrada.

Aquí no sirven de nada.


Vuelve a intentarlo


Esas mañanas de domingo,

en invierno,

a primera hora:


las calles recién regadas,

el aire fresco,

limpio,

el olor a cruasán de las cafeterías,

la locura

de los pájaros...

                                      Como si la vida


te dijese:

mira, aquí me tienes,

vuelve a intentarlo.


("enbuscadeotrasítacas")