domingo, 20 de noviembre de 2016

Uriel Martínez (1950 )

La mesa servida


qué ventaja llevan sobre
nosotros nuestros muertos,
cuántos grafitos y cuadernos
hemos acumulado ante
la imposibilidad de mostrarlos,
de exhibirlos en sueños,
en recuerdos, en camas derruidas

cuántos silencios les debemos
a ellos, los fallecidos; cuántas
moscas se posaron sobre párpados
inertes, labios blancos, fríos,
mojados en ausencia

cuántos calendarios más
nos faltan para olvidarlos,
para no llevarlos al lado,
en la parte más secreta
de chamarras, camisas, abrigos
y botones perdidos

cuántos muertos en orden
alfabético siguen ahí, guardados
sin reposo, sin nosotros
con ellos, sin café, sin mesa,
no más con su silencio,
su ausencia tan querida.

Como cáncer presentido, adivinado,
acurrucados dormimos, los dedos
trenzados a la distancia;

sí, a la distancia, en aquella
luz que apenas titila.


[Inédito]

2 comentarios:

Ana María Salazar dijo...

Qué tenemos en común con nuestros muertos...la vida

Uriel Martínez dijo...

Me escribe un amigo allende el Océano:

Olvidar a los muertos. Dejarlos en paz. Tarea siempre pendiente de los vivos.

Le contesto: A veces son una losa pesada.