Después del daño causado por un vándalo grafitero a un lienzo del artista abstracto estadounidense Mark Rothko que colgaba en las paredes de la Tate Modern de Londres, Scotland Yard ha detenido al presunto autor del hecho, informó la agencia PA.
El hombre, de 26 años y origen ruso, será trasladado en la noche de Sussex a Londres para ser interrogado, indicó el medio de prensa. Sin embargo, ya admitió haber escrito el domingo con pintura negra en una esquina de la obra, pero definió la acción de arte.
El autor del daño a la obra de arte explicó al diario 'The Times' que con su acto pretendió elevar el valor del lienzo y buscó llamar la atención sobre un movimiento denominado 'Yellowism', del cual no dio precisiones.
Previamente, dio una vuelta por el museo y pensó en escribir con una pintura negra, que "es especialmente difícil de quitar", obras de Pablo Picasso o Jackson Pollock. El hombre dijo que sabe que puede ser condenado a prisión, pero no quiere "ser tratado de vándalo o destructor".
Según informaron testigos, el autor del destrozo se dirigió tranquilo hacia el cuadro y escribió en él 'Vladimir Umanets, A Potential Piece of Yellowism' (una potencial pieza de amarillismo). Después, desapareció rápidamente.
La Tate Modern no informó del valor exacto del cuadro, que pertenece a la serie 'Seagram Murals', pero en las subastas las obras del genio ruso (1903-1970) suelen alcanzar decenas de millones de dólares.
Los lienzos de Rothko se exhiben en una sala del museo -cuya entrada es gratuita- donde los visitantes se pueden sentar en un banco para estudiarlas. El pintor donó la malograda obra a la Tate un año antes de suicidarse, en 1970.
(Un episodio que recuerda la "inocentada" de la recreación del "Ecce Homo" en una provincia española por la mano y el talento de una mujer acorralada por el Alzheimer. Nota tomada del sitio El Mundo.)
martes, 9 de octubre de 2012
Ana Lilia Pérez y la libertad de prensa
Berlín, 8 oct.- La periodista y escritora mexicana Ana Lilia Pérez recibe en Leipzig el premio que la Fundación de Medios de esa ciudad alemana otorga anualmente a profesionales de la comunicación que destacan por su compromiso valiente a favor de la libertad de prensa.
Pérez -de quien el jurado destaca que “desde hace años destapa las maquinaciones del crimen organizado y de sus cómplices en la política (mexicana), motivo por el cual su vida está en constante peligro”- agradeció el “bonito regalo” que supone este galardón para los que, como ella, se dedican al periodismo de investigación.
Agregó que en México los ataques contra periodistas están a la orden del día, por lo que los reporteros se ven obligados, entre otras medidas, a trabajar con chalecos antibalas.
El “Premio por la libertad y el futuro de los medios” recae este año, además, en el equipo formado por los reporteros húngaros Balázs Nagy Navarro y Aranka Szávuly, que desde hace años luchan contra la influencia del Estado en el proceso informativo de los medios públicos, así como en la reportera alemana Bettina Rühl.
La periodista germana, que desde 1988 informa como freelance desde las regiones en crisis de África, señaló en rueda de prensa que, como europea, puede abandonar en cualquier momento las zonas en conflicto.
“Los colegas locales de los que dependo para hacer mi trabajo no pueden hacerlo y no sé cuántos de ellos seguirán vivos la próxima vez”, declaró.
Según el experto en medios de comunicación Martin Welker, originario de esta ciudad del este de Alemania en la que se conceden estos premios, los galardonados “tienen en común que son capaces de acceder a la información en países donde el periodismo vive bajo una fuerte amenaza de violencia y censura”.
Por su parte, el alcalde de Leipzig, el socialdemócrata Burkhard Jung, alabó el compromiso de los premiados con el periodismo de investigación incluso bajo condiciones políticas complicadas.
“Si no hubiera siempre personas que no se dejan intimidar y que dan voz a aquellos que no la tienen, sería el fin de la libertad de prensa y de los medios de comunicación y también de la libertad de opinión”, argumentó el director ejecutivo de la Fundación de Medios, Stephan Seeger, al anunciar en julio pasado la decisión del jurado.
Agregó que “la ardua labor de los premiados refleja el amplio espectro de mecanismos que amenazan la libertad y el futuro de los medios, que van desde limitaciones legales bajo el pretexto de la legitimidad hasta amenazas de muerte e incluso asesinato, pasando por sutiles intentos de intimidación y sanciones que amenazan la supervivencia” de los reporteros.
El “Premio por la libertad y el futuro de los medios”, entre cuyos galardonados figura la periodista opositora rusa Anna Politkóvskaya, asesinada en octubre de 2006, distingue desde 2001 a periodistas, editores e instituciones comprometidos con la libertad de prensa.
Este galardón, dotado con 30.000 euros, pretende asimismo mantener vivo el recuerdo de la revolución pacífica en Leipzig el 9 de octubre de 1989, en vísperas de la caída del Muro de Berlín, en la que los manifestantes exigieron “una prensa libre para un país libre”.
(Una decena de libros de investigación ya publicados respaldan el compromiso de Ana Lilia Pérez con el periodismo desplegado en zonas de alto riesgo para los periodistas. Nota tomada del sitio "sin embargo".)
Pérez -de quien el jurado destaca que “desde hace años destapa las maquinaciones del crimen organizado y de sus cómplices en la política (mexicana), motivo por el cual su vida está en constante peligro”- agradeció el “bonito regalo” que supone este galardón para los que, como ella, se dedican al periodismo de investigación.
Agregó que en México los ataques contra periodistas están a la orden del día, por lo que los reporteros se ven obligados, entre otras medidas, a trabajar con chalecos antibalas.
El “Premio por la libertad y el futuro de los medios” recae este año, además, en el equipo formado por los reporteros húngaros Balázs Nagy Navarro y Aranka Szávuly, que desde hace años luchan contra la influencia del Estado en el proceso informativo de los medios públicos, así como en la reportera alemana Bettina Rühl.
La periodista germana, que desde 1988 informa como freelance desde las regiones en crisis de África, señaló en rueda de prensa que, como europea, puede abandonar en cualquier momento las zonas en conflicto.
“Los colegas locales de los que dependo para hacer mi trabajo no pueden hacerlo y no sé cuántos de ellos seguirán vivos la próxima vez”, declaró.
Según el experto en medios de comunicación Martin Welker, originario de esta ciudad del este de Alemania en la que se conceden estos premios, los galardonados “tienen en común que son capaces de acceder a la información en países donde el periodismo vive bajo una fuerte amenaza de violencia y censura”.
Por su parte, el alcalde de Leipzig, el socialdemócrata Burkhard Jung, alabó el compromiso de los premiados con el periodismo de investigación incluso bajo condiciones políticas complicadas.
“Si no hubiera siempre personas que no se dejan intimidar y que dan voz a aquellos que no la tienen, sería el fin de la libertad de prensa y de los medios de comunicación y también de la libertad de opinión”, argumentó el director ejecutivo de la Fundación de Medios, Stephan Seeger, al anunciar en julio pasado la decisión del jurado.
Agregó que “la ardua labor de los premiados refleja el amplio espectro de mecanismos que amenazan la libertad y el futuro de los medios, que van desde limitaciones legales bajo el pretexto de la legitimidad hasta amenazas de muerte e incluso asesinato, pasando por sutiles intentos de intimidación y sanciones que amenazan la supervivencia” de los reporteros.
El “Premio por la libertad y el futuro de los medios”, entre cuyos galardonados figura la periodista opositora rusa Anna Politkóvskaya, asesinada en octubre de 2006, distingue desde 2001 a periodistas, editores e instituciones comprometidos con la libertad de prensa.
Este galardón, dotado con 30.000 euros, pretende asimismo mantener vivo el recuerdo de la revolución pacífica en Leipzig el 9 de octubre de 1989, en vísperas de la caída del Muro de Berlín, en la que los manifestantes exigieron “una prensa libre para un país libre”.
(Una decena de libros de investigación ya publicados respaldan el compromiso de Ana Lilia Pérez con el periodismo desplegado en zonas de alto riesgo para los periodistas. Nota tomada del sitio "sin embargo".)
lunes, 8 de octubre de 2012
Veracruz: las plumas perseguidas
XALAPA, Ver., (proceso.com.mx).- El gobernador de Veracruz, Javier Duarte de
Ochoa, explotó contra periodistas extranjeros y contra la organización PEN
International (El Club Internacional de Escritores) por haber hecho
posicionamientos y exigencias durante la realización del “Hay Festival 2012,
Imagina el Mundo” para que se esclarezcan y haga justicia por los asesinatos de
nueve reporteros y la desaparición de otros tres.
El pasado sábado 6 de octubre, Duarte de Ochoa ordenó llamar a los periodistas extranjeros Peter Godwin, Ed Vulliamy y Jon Lee Anderson para recriminarles los posicionamientos que hicieron durante sus pláticas y las declaraciones que dieron a la prensa escrita local y nacional.
Encerrados en un salón ejecutivo del Hotel Crowne Plaza Xalapa, los tres periodistas fueron citados sin saber de qué se trataba la reunión. Duarte los recibió, junto con algunos organizadores del Hay Festival. Después de unos minutos “para romper el hielo”, el gobernador veracruzano fustigó a los periodistas por “la mala imagen que daban al estado”.
Les explicó que el interés del gobierno de Veracruz era dar “una imagen contraría” y posicionar al “estado ideal” ante los ojos del mundo, confía una fuente del comité del Hay Festival que pidió el anonimato para evitar represalias.
A la reunión asistieron empleados de la Dirección General de Comunicación Social: fotógrafo, camarógrafo y reportero. El plan original era grabar un spot y tener “testimonios” en donde los periodistas extranjeros “hablaran bien de Veracruz” y señalaran que confiaban en que el gobierno de Duarte de Ochoa llegaría hasta las últimas consecuencias para dar con los responsables.
“Algo pasó, algo salió mal, que el encuentro sólo duro unos minutos. Había cámaras prendidas, el fotógrafo estaba listo, grabadoras…Y en un descuido, se apagó todo, el gobernador salió más que encabronado y los periodistas algo contrariados”.
La fuente revela que en la interpelación e intercambio de diálogos, Jon Lee Anderson con un español fluido y Godwin increparon al gobernador y le realizaron algunos “cuestionamientos incómodos” que terminaron por hacer enojar a Javier Duarte, situación por la que se reventó la reunión.
Posteriormente, el autor del libro “América, Guerra en la Frontera” Ed Vulliamy fue conciso y cauteloso al dar su testimonio a un reportero: “Tranquilos muchachos, ahorita todos somos amigos (gobierno, invitados al Hay Festival y reporteros), yo aún estoy aquí y mañana tengo que tomar un avión, pero les prometo que muy pronto voy a escribir algo sobre la situación de los periodistas en México y en Veracruz”.
El pasado viernes 5 de octubre el Club Internacional de Escritores dedicó un homenaje-reconocimiento a la corresponsal de Proceso en Veracruz, Regina Martínez Pérez, y a los ocho periodistas asesinados en la entidad en los últimos 18 meses.
Los escritores Jeanette Winterson, Fréderic Martel, Janne Teller, Eurig Salisbury, Michael Jacobs y Peter Godwin como portavoz pidieron a los asistentes al Hay Festival 2012 dar un fuerte aplauso a los nueve periodistas que han sido asesinados en Veracruz y a los tres reporteros desaparecidos en suelo veracruzano.
Así como otros tantos que han debido salir del estado porque su vida está en riesgo: “Hay gente que es asesinada por lo que escribe, van 77 reporteros que han sido asesinados o desaparecidos en México y no se sigue ninguna persecución (en contra de los culpables), y sabemos que Veracruz es el estado más peligroso para ejercer el oficio de informar. Hoy pudieron haber estado entre nosotros (los periodistas muertos); hoy los escritores, cronistas y periodistas tienen que honrar a estos escritores que pagaron con su vida la libertad de expresión”, expresó Peter Godwin.
Aun más, el escritor Michael Jacobs pasó lista de los 12 periodistas asesinados y desaparecidos en el sexenio de Javier Duarte de Ochoa en sus 22 meses de gobierno: Noel López Olguín, Miguel Ángel López Velasco, Misael López Velasco, Yolanda Ordaz, Regina Martínez, Gabriel Huge, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino y Guillermo Luna, así como las desapariciones de Gabriel Manuel Fonseca, Miguel Morales y Evaristo Ortega.
Ayer domingo, durante la plática del periodista del “The New Yorker” Jon Lee Anderson y el editor de Gatopardo y colaborador del libro “Sam no es mi tío”, Guillermo Osorno, el periodista norteamericano insistió.
“El estado de la violencia en México y la situación de la prensa, particularmente en Veracruz, es notoria y notable. No son muchos los periodistas que se les antoja venir a México a reportear, justamente por lo que sabemos que está ocurriendo, la precariedad, el riesgo de los colegas en México”.
El pasado viernes, Anderson emitió una postura similar que valió el llamado de atención del gobernador de Veracruz:
“Es un tema de gran preocupación, tenemos colegas en otros países que nos han escrito, que se han comunicado, quieren saber qué pasa en torno al tema de seguridad y la prensa libre. La falta de libertad de expresión y el estado de seguridad para Veracruz, para esta entidad en particular. Yo quisiera agregar mi voz de preocupación, mi voto de esperanza, para que se esclarezca el porvenir y la suerte de nuestros colegas… sin retraso”, enfatizó el autor de “El dictador, los demonios y otras crónicas”.
En entrevista con reporteros locales, Guillermo Osorno, editor de Gatopardo, fustigó que las Fiscalías y Comisiones “especializadas” para la investigación, atención y protección de periodistas “son pura faramalla”, incluso puso el ejemplo de la corresponsal de Proceso en Veracruz, Regina Martínez.
“Vemos con suspicacia la manera en cómo no se ha resuelto el crimen de la periodista de Proceso. Las vueltas que se le han dado al caso. Lo último que leí fue que según era una cuestión pasional, pero desde el Distrito Federal observo muy poca voluntad del gobierno para aclarar el caso”.
Osorno expuso que Veracruz tiene focos de alarma y preocupación por los casos de violencia en contra de periodistas.
“Y vemos que el peligro está para los (reporteros) locales, en particular los de Veracruz, vemos desaparición y muerte, el desplazamiento de algunos compañeros, que se han tenido que salir del estado, se ve con mucha preocupación desde la Ciudad de México”, finalizó.
Ayer por la tarde, en el puerto de Veracruz, Javier Duarte ya más mesurado, señaló a los reporteros de Veracruz: “Pedirles a ustedes, los medios de comunicación, a los comunicadores que también puedan decir cosas buenas de Veracruz. Aquí viven sus hijos, aquí viven sus familias y no necesariamente las malas noticias son las únicas noticias”.
De forma imperativa y elevando la voz, el gobernador de Veracruz solicitó: “Hay que también dar a conocer buenas noticias, en verdad que hemos hecho un gran esfuerzo entre instituciones y sociedad para poder generar este clima de armonía, de tranquilidad, de paz, que se respira y se vive en Veracruz que es un estado de casi ocho millones de habitantes, un estado complejo por sí mismo, por diferentes motivos y circunstancias; sin embargo, Veracruz está totalmente estabilizado a diferencia de otras partes del país”.
(Hace días murió en tu pueblo un jefe de prensa priísta que de buenas a primeras montaba en cólera por que no escribías las notas en su tono y en tempo -del recientemente fallecido-, en su lenguaje y con las cifras alegres que él esperaba de ti. Hasta que enfermó y enmudeció, como, al parecer, quieren los priístas que suceda con todos los redactores "incómodos" del sexenio. Nota tomada del sitio Proceso. Más tarde y el mismo lunes 8 de octubre, el gobernador de Veracruz desmintió la información subida al sitio de Proceso, aquí reproducida.)
El pasado sábado 6 de octubre, Duarte de Ochoa ordenó llamar a los periodistas extranjeros Peter Godwin, Ed Vulliamy y Jon Lee Anderson para recriminarles los posicionamientos que hicieron durante sus pláticas y las declaraciones que dieron a la prensa escrita local y nacional.
Encerrados en un salón ejecutivo del Hotel Crowne Plaza Xalapa, los tres periodistas fueron citados sin saber de qué se trataba la reunión. Duarte los recibió, junto con algunos organizadores del Hay Festival. Después de unos minutos “para romper el hielo”, el gobernador veracruzano fustigó a los periodistas por “la mala imagen que daban al estado”.
Les explicó que el interés del gobierno de Veracruz era dar “una imagen contraría” y posicionar al “estado ideal” ante los ojos del mundo, confía una fuente del comité del Hay Festival que pidió el anonimato para evitar represalias.
A la reunión asistieron empleados de la Dirección General de Comunicación Social: fotógrafo, camarógrafo y reportero. El plan original era grabar un spot y tener “testimonios” en donde los periodistas extranjeros “hablaran bien de Veracruz” y señalaran que confiaban en que el gobierno de Duarte de Ochoa llegaría hasta las últimas consecuencias para dar con los responsables.
“Algo pasó, algo salió mal, que el encuentro sólo duro unos minutos. Había cámaras prendidas, el fotógrafo estaba listo, grabadoras…Y en un descuido, se apagó todo, el gobernador salió más que encabronado y los periodistas algo contrariados”.
La fuente revela que en la interpelación e intercambio de diálogos, Jon Lee Anderson con un español fluido y Godwin increparon al gobernador y le realizaron algunos “cuestionamientos incómodos” que terminaron por hacer enojar a Javier Duarte, situación por la que se reventó la reunión.
Posteriormente, el autor del libro “América, Guerra en la Frontera” Ed Vulliamy fue conciso y cauteloso al dar su testimonio a un reportero: “Tranquilos muchachos, ahorita todos somos amigos (gobierno, invitados al Hay Festival y reporteros), yo aún estoy aquí y mañana tengo que tomar un avión, pero les prometo que muy pronto voy a escribir algo sobre la situación de los periodistas en México y en Veracruz”.
El pasado viernes 5 de octubre el Club Internacional de Escritores dedicó un homenaje-reconocimiento a la corresponsal de Proceso en Veracruz, Regina Martínez Pérez, y a los ocho periodistas asesinados en la entidad en los últimos 18 meses.
Los escritores Jeanette Winterson, Fréderic Martel, Janne Teller, Eurig Salisbury, Michael Jacobs y Peter Godwin como portavoz pidieron a los asistentes al Hay Festival 2012 dar un fuerte aplauso a los nueve periodistas que han sido asesinados en Veracruz y a los tres reporteros desaparecidos en suelo veracruzano.
Así como otros tantos que han debido salir del estado porque su vida está en riesgo: “Hay gente que es asesinada por lo que escribe, van 77 reporteros que han sido asesinados o desaparecidos en México y no se sigue ninguna persecución (en contra de los culpables), y sabemos que Veracruz es el estado más peligroso para ejercer el oficio de informar. Hoy pudieron haber estado entre nosotros (los periodistas muertos); hoy los escritores, cronistas y periodistas tienen que honrar a estos escritores que pagaron con su vida la libertad de expresión”, expresó Peter Godwin.
Aun más, el escritor Michael Jacobs pasó lista de los 12 periodistas asesinados y desaparecidos en el sexenio de Javier Duarte de Ochoa en sus 22 meses de gobierno: Noel López Olguín, Miguel Ángel López Velasco, Misael López Velasco, Yolanda Ordaz, Regina Martínez, Gabriel Huge, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino y Guillermo Luna, así como las desapariciones de Gabriel Manuel Fonseca, Miguel Morales y Evaristo Ortega.
Ayer domingo, durante la plática del periodista del “The New Yorker” Jon Lee Anderson y el editor de Gatopardo y colaborador del libro “Sam no es mi tío”, Guillermo Osorno, el periodista norteamericano insistió.
“El estado de la violencia en México y la situación de la prensa, particularmente en Veracruz, es notoria y notable. No son muchos los periodistas que se les antoja venir a México a reportear, justamente por lo que sabemos que está ocurriendo, la precariedad, el riesgo de los colegas en México”.
El pasado viernes, Anderson emitió una postura similar que valió el llamado de atención del gobernador de Veracruz:
“Es un tema de gran preocupación, tenemos colegas en otros países que nos han escrito, que se han comunicado, quieren saber qué pasa en torno al tema de seguridad y la prensa libre. La falta de libertad de expresión y el estado de seguridad para Veracruz, para esta entidad en particular. Yo quisiera agregar mi voz de preocupación, mi voto de esperanza, para que se esclarezca el porvenir y la suerte de nuestros colegas… sin retraso”, enfatizó el autor de “El dictador, los demonios y otras crónicas”.
En entrevista con reporteros locales, Guillermo Osorno, editor de Gatopardo, fustigó que las Fiscalías y Comisiones “especializadas” para la investigación, atención y protección de periodistas “son pura faramalla”, incluso puso el ejemplo de la corresponsal de Proceso en Veracruz, Regina Martínez.
“Vemos con suspicacia la manera en cómo no se ha resuelto el crimen de la periodista de Proceso. Las vueltas que se le han dado al caso. Lo último que leí fue que según era una cuestión pasional, pero desde el Distrito Federal observo muy poca voluntad del gobierno para aclarar el caso”.
Osorno expuso que Veracruz tiene focos de alarma y preocupación por los casos de violencia en contra de periodistas.
“Y vemos que el peligro está para los (reporteros) locales, en particular los de Veracruz, vemos desaparición y muerte, el desplazamiento de algunos compañeros, que se han tenido que salir del estado, se ve con mucha preocupación desde la Ciudad de México”, finalizó.
Ayer por la tarde, en el puerto de Veracruz, Javier Duarte ya más mesurado, señaló a los reporteros de Veracruz: “Pedirles a ustedes, los medios de comunicación, a los comunicadores que también puedan decir cosas buenas de Veracruz. Aquí viven sus hijos, aquí viven sus familias y no necesariamente las malas noticias son las únicas noticias”.
De forma imperativa y elevando la voz, el gobernador de Veracruz solicitó: “Hay que también dar a conocer buenas noticias, en verdad que hemos hecho un gran esfuerzo entre instituciones y sociedad para poder generar este clima de armonía, de tranquilidad, de paz, que se respira y se vive en Veracruz que es un estado de casi ocho millones de habitantes, un estado complejo por sí mismo, por diferentes motivos y circunstancias; sin embargo, Veracruz está totalmente estabilizado a diferencia de otras partes del país”.
(Hace días murió en tu pueblo un jefe de prensa priísta que de buenas a primeras montaba en cólera por que no escribías las notas en su tono y en tempo -del recientemente fallecido-, en su lenguaje y con las cifras alegres que él esperaba de ti. Hasta que enfermó y enmudeció, como, al parecer, quieren los priístas que suceda con todos los redactores "incómodos" del sexenio. Nota tomada del sitio Proceso. Más tarde y el mismo lunes 8 de octubre, el gobernador de Veracruz desmintió la información subida al sitio de Proceso, aquí reproducida.)
Wislawa en Estocolmo (1996 )
Ese extraño estado de ánimo
Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más difícil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.
El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso - o más bien principalmente de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta- como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico «escritor» o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía, ya suena mucho más serio.
No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como «parásito», por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo «poeta»; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.
En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafemalia; capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.
Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores.
Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado. Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro: desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.
El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?
He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.
Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo «no lo sé».
La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y esta situación constituye una de las mas penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.
Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.
En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí «saben». Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida.
En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.
Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: «no sé». Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho «no sé», las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María SkIodowska-Curie no se hubiera dicho «no sé», probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose «no sé» y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.
También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente «no sé».
Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas «La obra».
A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad de platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: «Nada hay nuevo bajo el sol», has escrito, Eclesiastés. Sin embargo. Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también
es nuevo bajo el sol, ya que antes de ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que tu no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás «ya he escrito todo, no tengo nada que añadir». Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como tú.
El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.
Pero en la expresión «asombroso» se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.
De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como «la vida común», «los acontecimientos comunes»... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.
(Discurso tomado del sitio "Clave, revista de poesía", no.1, febrero 2004.)
Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más difícil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.
El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso - o más bien principalmente de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta- como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico «escritor» o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía, ya suena mucho más serio.
No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como «parásito», por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo «poeta»; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.
En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafemalia; capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.
Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores.
Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado. Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro: desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.
El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?
He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.
Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo «no lo sé».
La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y esta situación constituye una de las mas penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.
Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.
En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí «saben». Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida.
En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.
Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: «no sé». Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho «no sé», las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María SkIodowska-Curie no se hubiera dicho «no sé», probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose «no sé» y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.
También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente «no sé».
Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas «La obra».
A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad de platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: «Nada hay nuevo bajo el sol», has escrito, Eclesiastés. Sin embargo. Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también
es nuevo bajo el sol, ya que antes de ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que tu no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás «ya he escrito todo, no tengo nada que añadir». Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como tú.
El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.
Pero en la expresión «asombroso» se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.
De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como «la vida común», «los acontecimientos comunes»... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.
(Discurso tomado del sitio "Clave, revista de poesía", no.1, febrero 2004.)
domingo, 7 de octubre de 2012
Venezuela: Hugo Chávez gana
El Consejo Nacional Electoral de Venezuela informó que el candidato Hugo Chávez obtuvo el 54.42% de la elección presidencial de este domingo, contra el 44.97 de Henrique Capriles.
Así, el presidente Chávez mantendrá el poder hasta el 2019.
Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, destacó el comportamiento cívico y democrático de los venezolanos, además de que celebró que estos comicios tuvieron la más alta participación en los últimos 10 años.
"Hemos tenido un proceso electoral tranquilo y sin sobresaltos, hemos alcanzado una de las más altas participaciones que hemos tenido en las últimas décadas", declaró en conferencia de prensa.
En un boletín parcial de participación, dijo que para la elección de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez 54.42% de los votos.
(Ni modo, seguiremos disfrutando la belleza de los venezolanos que emigran a México ya sea por razón de estudios universitarios o por huir de su presidente demagogo. Notas en el sitio Milenio, La Jornada y El Universal.)
Así, el presidente Chávez mantendrá el poder hasta el 2019.
Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, destacó el comportamiento cívico y democrático de los venezolanos, además de que celebró que estos comicios tuvieron la más alta participación en los últimos 10 años.
"Hemos tenido un proceso electoral tranquilo y sin sobresaltos, hemos alcanzado una de las más altas participaciones que hemos tenido en las últimas décadas", declaró en conferencia de prensa.
En un boletín parcial de participación, dijo que para la elección de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez 54.42% de los votos.
(Ni modo, seguiremos disfrutando la belleza de los venezolanos que emigran a México ya sea por razón de estudios universitarios o por huir de su presidente demagogo. Notas en el sitio Milenio, La Jornada y El Universal.)
Destruyen un Rothko
Se sentó ante el 'rothko' durante unos instantes y, después, fue directo al lienzo del genio del expresionismo abstracto y lo garabateó en una esquina. El desastre ha sido confirmado por la Tate Modern este domingo.
Según una portavoz del centro, la policía ya lo está investigando. Sin embargo, esta noche el hombre todavía no había sido localizado y no se había efectuado ninguna detención, de acuerdo con el Daily Telegraph.
La pinacoteca fue cerrada durante un breve lapso de tiempo después de que se descubriese el manchurrón negro en la esquina de uno de los lienzos de Mark Rothko. El incidente se produjo a las 15:25, según un comunicado emitido por la popular pinacoteca a la vera del Támesis.
"La Tate puede confirmar que.... hubo un incidente en la Tate Modern en el que un visitante desfiguró uno de los murales Seagram de Rothko aplicando en una pequeña zona del cuadro pintura negra con un pincel", señaló.
"Vladimir Umanets, A Potential Piece of Yellowism" [Una potencial pieza de amarillismo], escribió. La referencia aparece también en una web www.thisisyellowism.com, dirigida por dos personas que se identifican como Vladimir Umanets y Marcin Lodyga y descrita como un "blog superficial" de arte conceptual, según le Telegraph.
"Muy extraño, se sentó durante un rato y entonces fue a por ello e hizo una rápida salida", escribió en Twitter un testigo del incidente, Tim Wright, que también colgó una imagen del desastre. "El tipo caminó tranquilamente, cogió un rotulador y lo marcó. Surrealista", relató.
En 1958, los arquitectos de la torre Seagram encargaron al pintor -considerado uno de los más importantes artistas del siglo XX- unos grandes lienzos de hasta 2,66 metro por 4,57 metros para decorar los muros del lujoso restaurante Four Seasons, en la planta baja de este rascacielos en el corazón de Manhattan.
Rothko, por una razón que todavía no está clara, decidió finalmente cancelar el encargo, devolviendo las sumas recibidas y donando los lienzos ya realizados, sobre todo a la Tate.
Los lienzos entregados a la pinacoteca llegaron a Londres el 25 de febrero de 1970, el mismo día en que el artista -entonces de 66 años- se suicidó.
Los 'paisajes de color' del artista ruso-estadounidenses alcanzan precios de decenas de miles de millones en las subastas. El pasado mayo, el lienzo de Rothko 'Orange, Red, Yellow' se subastó en Christie's por 86.9 millones de dólares, un nuevo récord para el artista.
(nota tomada del sitio El Mundo con información de las agencias Reuters y Afp.)
Según una portavoz del centro, la policía ya lo está investigando. Sin embargo, esta noche el hombre todavía no había sido localizado y no se había efectuado ninguna detención, de acuerdo con el Daily Telegraph.
La pinacoteca fue cerrada durante un breve lapso de tiempo después de que se descubriese el manchurrón negro en la esquina de uno de los lienzos de Mark Rothko. El incidente se produjo a las 15:25, según un comunicado emitido por la popular pinacoteca a la vera del Támesis.
"La Tate puede confirmar que.... hubo un incidente en la Tate Modern en el que un visitante desfiguró uno de los murales Seagram de Rothko aplicando en una pequeña zona del cuadro pintura negra con un pincel", señaló.
"Vladimir Umanets, A Potential Piece of Yellowism" [Una potencial pieza de amarillismo], escribió. La referencia aparece también en una web www.thisisyellowism.com, dirigida por dos personas que se identifican como Vladimir Umanets y Marcin Lodyga y descrita como un "blog superficial" de arte conceptual, según le Telegraph.
"Muy extraño, se sentó durante un rato y entonces fue a por ello e hizo una rápida salida", escribió en Twitter un testigo del incidente, Tim Wright, que también colgó una imagen del desastre. "El tipo caminó tranquilamente, cogió un rotulador y lo marcó. Surrealista", relató.
En 1958, los arquitectos de la torre Seagram encargaron al pintor -considerado uno de los más importantes artistas del siglo XX- unos grandes lienzos de hasta 2,66 metro por 4,57 metros para decorar los muros del lujoso restaurante Four Seasons, en la planta baja de este rascacielos en el corazón de Manhattan.
Rothko, por una razón que todavía no está clara, decidió finalmente cancelar el encargo, devolviendo las sumas recibidas y donando los lienzos ya realizados, sobre todo a la Tate.
Los lienzos entregados a la pinacoteca llegaron a Londres el 25 de febrero de 1970, el mismo día en que el artista -entonces de 66 años- se suicidó.
Los 'paisajes de color' del artista ruso-estadounidenses alcanzan precios de decenas de miles de millones en las subastas. El pasado mayo, el lienzo de Rothko 'Orange, Red, Yellow' se subastó en Christie's por 86.9 millones de dólares, un nuevo récord para el artista.
(nota tomada del sitio El Mundo con información de las agencias Reuters y Afp.)
126 periodistas muertos o desaparecidos
Xalapa, Ver.- Todo el mundo del gremio periodístico está
preocupado de lo que pasa hoy en día en Veracruz con los asesinatos de colegas,
dijo el escritor y periodista norteamericano Jon Lee Anderson, al lanzar una
reflexión dentro del Hay Festival 2012.
El autor de Che Guevara, una vida revolucionaria aseguró que reporteros de diversas lenguas y continentes se han mostrado afligidos por la falta de una prensa libre en México, sobre todo en Veracruz.
“Es un tema de gran preocupación, tenemos colegas en otros países que nos han escrito, que se han comunicado, quieren saber qué pasa en torno al tema de seguridad y la prensa libre. La falta de libertad de expresión y el estado de seguridad para Veracruz, para esta entidad en particular”, señaló Lee Anderson.
El periodista nacido en Long Beach California participó en la plática Crónica de Migrantes II, en donde se leyeron fragmentos del libro Sam no es mi tío. Antes de entrar en materia, el autor de El dictador, los demonios y otras crónicas pidió a los asistentes hacer un espacio a la reflexión por los reporteros asesinados en Veracruz.
“Yo quisiera agregar mi voz de preocupación, mi voto de esperanza, para que se esclarezca el porvenir y la suerte de nuestros colegas… sin retraso”, enfatizó.
El periodista del The New Yorker enfatizó que es lamentable el exilio al que se han visto forzado decenas de comunicadores en Veracruz y en el país.
Agregó que en su labor periodística ha tenido que convivir con varios migrantes de diversas profesiones incluyendo mexicanos, razón por la que está consciente de las situaciones precarias a las que se enfrentan en tierra ajena.
“Lo digo en tono solidario, me he pasado la vida viajando junto con exiliados y es una experiencia aniquilante. Esta desigualdad, la migración; nosotros lo que hemos hecho es hacer uso de la palabra, para ventilar esta situación, que no se quede en silencio, menos, aquí en este estado”, afirmó el escritor de La caída de Bagdad.
En dicho panel, el periodista Diego Fonseca, editor de la revista peruana Etiqueta Negra, dijo que a veces el exilio es necesario para poder seguir diciendo la verdad y que nada ni nadie coarte la libertad de prensa, al poner como ejemplo a Lydia Cacho, autora del libro Los demonios del edén, señaló:
“Yo no arriesgaría mi propia vida, si puedo seguir diciendo lo mismo en otro lado. Teniendo el contexto de que hay periodistas que han sido coartados, arrojados en la vía pública, hay que recordar que hay 126 periodistas desaparecidos y muertos en México, aunque todos sepamos que no se mata la verdad, matando periodistas”.
Fonseca expresó al auditorio –varios de ellos reporteros veracruzanos– que un periodista tiene que ser cauto e inteligente, aunque nunca en sacrificio de la verdad o anteponiendo el silencio.
“Yo no creo que Lydia Cacho y otros tengan que quedarse arriesgando la vida, si puede seguir hablando, diciendo las cosas en otro lado, las ideas no se separan”.
Al final de la plática Crónicas de Migrantes II, desarrollada en la Casa del Lago, un grupo de activistas sociales sacó unas pancartas de protesta contra la Comisión Estatal de Derechos Humanos, la Secretaría de Seguridad Pública y el Instituto Nacional de Migración, por la gran cantidad de vejaciones que se cometen contra los migrantes en la zona sur de Veracruz.
“Acayucan, Minatitlán, Cosoleacaque, la ruta de la muerte en Veracruz”, consignaba una de las cartulinas de las activistas.
(nota tomada del sitio Proceso.)
El autor de Che Guevara, una vida revolucionaria aseguró que reporteros de diversas lenguas y continentes se han mostrado afligidos por la falta de una prensa libre en México, sobre todo en Veracruz.
“Es un tema de gran preocupación, tenemos colegas en otros países que nos han escrito, que se han comunicado, quieren saber qué pasa en torno al tema de seguridad y la prensa libre. La falta de libertad de expresión y el estado de seguridad para Veracruz, para esta entidad en particular”, señaló Lee Anderson.
El periodista nacido en Long Beach California participó en la plática Crónica de Migrantes II, en donde se leyeron fragmentos del libro Sam no es mi tío. Antes de entrar en materia, el autor de El dictador, los demonios y otras crónicas pidió a los asistentes hacer un espacio a la reflexión por los reporteros asesinados en Veracruz.
“Yo quisiera agregar mi voz de preocupación, mi voto de esperanza, para que se esclarezca el porvenir y la suerte de nuestros colegas… sin retraso”, enfatizó.
El periodista del The New Yorker enfatizó que es lamentable el exilio al que se han visto forzado decenas de comunicadores en Veracruz y en el país.
Agregó que en su labor periodística ha tenido que convivir con varios migrantes de diversas profesiones incluyendo mexicanos, razón por la que está consciente de las situaciones precarias a las que se enfrentan en tierra ajena.
“Lo digo en tono solidario, me he pasado la vida viajando junto con exiliados y es una experiencia aniquilante. Esta desigualdad, la migración; nosotros lo que hemos hecho es hacer uso de la palabra, para ventilar esta situación, que no se quede en silencio, menos, aquí en este estado”, afirmó el escritor de La caída de Bagdad.
En dicho panel, el periodista Diego Fonseca, editor de la revista peruana Etiqueta Negra, dijo que a veces el exilio es necesario para poder seguir diciendo la verdad y que nada ni nadie coarte la libertad de prensa, al poner como ejemplo a Lydia Cacho, autora del libro Los demonios del edén, señaló:
“Yo no arriesgaría mi propia vida, si puedo seguir diciendo lo mismo en otro lado. Teniendo el contexto de que hay periodistas que han sido coartados, arrojados en la vía pública, hay que recordar que hay 126 periodistas desaparecidos y muertos en México, aunque todos sepamos que no se mata la verdad, matando periodistas”.
Fonseca expresó al auditorio –varios de ellos reporteros veracruzanos– que un periodista tiene que ser cauto e inteligente, aunque nunca en sacrificio de la verdad o anteponiendo el silencio.
“Yo no creo que Lydia Cacho y otros tengan que quedarse arriesgando la vida, si puede seguir hablando, diciendo las cosas en otro lado, las ideas no se separan”.
Al final de la plática Crónicas de Migrantes II, desarrollada en la Casa del Lago, un grupo de activistas sociales sacó unas pancartas de protesta contra la Comisión Estatal de Derechos Humanos, la Secretaría de Seguridad Pública y el Instituto Nacional de Migración, por la gran cantidad de vejaciones que se cometen contra los migrantes en la zona sur de Veracruz.
“Acayucan, Minatitlán, Cosoleacaque, la ruta de la muerte en Veracruz”, consignaba una de las cartulinas de las activistas.
(nota tomada del sitio Proceso.)
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