domingo, 29 de enero de 2017

Uriel Martínez (1950 )

La cuchara


Unos dicen que estoy irreconocible,
que al separarme de ti, fue abierta
la losa de mi libertad;
que mis ojos aprecian
al tapir, la hormiga, la araña
mínima.
Otros sostienen que en mí
ven o adivinan la ausencia
de un cáncer, nubes oscuras,
presagios ilegibles.
Unos más, por no guardar silencio,
adivinan en mis pasos
la complexión de mis pisadas,
la esclerosis temprana.
Aquellos que no me conocen
sin prejuicios me ceden
el asiento, el paso, la cuchara
que se le brinda a nadie.
Al moribundo por fin.


[Inédito]

1 comentario:

Ana María Salazar dijo...

Entre el frío y el nuevo sol del domingo, siempre encuentro luz por muy obscuro que escribas. Gracias. MJ