martes, 14 de mayo de 2019

Antonia Pozzi (1912/1938 )

Riberas perdidas


No junto a claros ríos

sino a orillas de tristes ciénagas

descansábamos;

sumergir la mano

era perderla

en el cieno

corrompido del fondo.

Y el verde de los olmos

lucía

en la calígine;

estaban frescas las flores

del prado;

y de otras flores se nutría

valiente

el corazón.

Pero el agua fangosa atravesaba

el camino;

aquel olor corrupto deshacía

el doliente latir de la ternura;

era imposible sofocar

la misteriosa voz

gimiente.

Estábamos perdidos.


("hojanegraoficial", trad. juan andrès gutièrrez)

lunes, 13 de mayo de 2019

Linda Pastan (1932 )


El contestador



Llamo y oigo tu voz
en el contestador
semanas después de tu muerte,
un pichón de fantasma que todavía extraña
los mensajes humanos.

¿Te dejo uno, contándote
que la trama de nuestra vida
se había rasgado antes
pero que esta rotura repentina no
va a ser fácil ni rápida de arreglar?

En tu casa, que se vacía, los demás
enrollan las alfombras, empaquetan libros,
toman café en tu mesa antigua,
y escuchan los mensajes que dejaste
en una máquina embrujada

por el timbre de tu voz,
más palpable que las fotos
o las huellas digitales. Este primer día
de este primer otoño sin vos,
avergonzada y resistiéndome

pero incontenible, vuelvo a marcar
el número que conozco de corazón,
en un mundo menguado agradecida
por la piedad accidental de las máquinas,
escucho y cuelgo.


("el placard", versiòn sandra toro)

domingo, 12 de mayo de 2019

Laia Carbonell (1986 )

Mi diario 




Escribía mi diario con los deditos
convencida de que mi padre no lo leía.
Era en el verano y entonces sólo importaba
que el camping tuviese piscina,
que no nos picasen demasiado los mosquitos,
que los padres no se peleasen,
que no me dejasen dos semanas en casa de mis padrinos en septiembre.
Es que la extrañeza me devoraba en casa de mis padrinos
en aquel valle de montañas resecas.
A mí me tocaba enjugar la tristeza
que chorreaba mejillas abajo de mi madrina
y caía sobre el delantal manchado de sangre de gallina
y de hijo.
Y de hijo tendido en el prado y ella como una pietà
aquellos septiembres secos en Pallars
de meriendas en El Cuco
y noches amedrentadas de suelos que crujían
de camino al lavabo;
de suelos que crujían y relojes descompuestos
marcando siempre la misma hora
y las lágrimas de la pietà con sangre de hijo en el delantal;
de hijo desangrándose en el regazo de la pietà
y el mundo congelado en el único instante del mundo.
Y yo enjugándole la tristeza de las mejillas.
Y la pietà de bata blanca en el hospital psiquiátrico
años más tarde.
Años más tarde, cuando los antidepresivos habían taponado
los grifos de la tristeza mejillas abajo,
de la tristeza del único instante del mundo
paseando por el hospital psiquiátrico en bata blanca.
«Esta falda que llevas te la podría haber hecho yo.
¿Ves esta semilla? Es de este árbol. Ten».
Y esa semilla en la bolsa de mi chaqueta
áspera y puntiaguda como las montañas
y la tristeza de la pietà
que ahora era un pantano de bata blanca
y las compuertas cerradas
paseando por el hospital.
Y el agua estancada
se volvió dolor en la espalda de la pietà
que ya no llevaba el delantal manchado de sangre;
se la habían limpiado,
le habían taponado la tristeza con antidepresivos
y ya no se veía,
y por eso no nos espantaba tanto.
Pero su mirada marcaba la hora
de todos los relojes descompuestos
en el único instante del mundo,
en medio del prado,
con el hijo manchándole el delantal


(texto tomado del muro fb de orlando guillèn, poeta y traductor)

sábado, 11 de mayo de 2019

Antonia Pozzi (1912/1938 )

Precoz otoño



La niebla es de plata, borra
las sombras de los pinos,
agranda los jardines                                     
al alba.

Al chopo le amarillea una hoja
y al castaño del monte                                 
se le ha muerto una rama.

Temores que ajenos a sí mismos
duermen en el aire celeste:                           
este final que cada año vuelve
y es siempre nuevo.

Como el último árbol del bosque,
el último hombre ha contado las muertes;
sin embargo su muerte lo alcanza
por sorpresa.


18 de agosto, 1935


("la nube habitada", trad. herme g. donis)

viernes, 10 de mayo de 2019

Jan Wagner (1971 )

ensayo sobre el jabón



siempre ha habido una pastilla a la mano,
siguiendo sus propias fases,
menguando, como casi todo,
luego resurgía, lleno otra vez
y blanco radiante en la jabonera.

pesaba en el puño como una piedra,
espumaba, se reblandecía:
uno lavaba el caín del abel.

si lo olvidábamos, se deshacía
en una lasca de asteroide cuarteada,
pero helo ahí, húmedo y refulgente
como un objeto extraído del fondo del mar,
primoroso durante algunos segundos,

estamos todos sentados a la mesa:
una noche sin luna, las manos fragantes.


("periódico de poesía",  unam, 6 mayo 2019, versión víctor herrera)

jueves, 9 de mayo de 2019

Juan Carlos Bautista (1964 )


El muchacho del autobús



¿Qué sería de aquel muchacho
que una tarde
me dio su mano de pronto
en medio del autobús,
su mano durísima de muchos trabajos?
Sin mirarme,
con la cabeza baja,
me dio su mano de pronto,
sin decirme nada.

Era tanta la gente
que íbamos muy juntos y serios,
como esposos,
mirándonos sin vernos.

¿Qué sería de su belleza
y de su compasión?

Hoy puede ser cualquiera
de los hombres que viajan
a mi lado, abatidos.
Pero esa vez,
aquella vez…

¿Qué sería de sus manos?
¿Seguirá mirando así, sin mirar?
¿Seguiría platicándome así, sin hablar?
El viaje, recuerdo, fue largo
y, de pronto, él se apartó con delicadeza
y se fue.

Ah, bodas extrañas
y profundas
de los que no quieren conocerse
y se entregan completos en un roce furtivo,
cogiéndose de las manos
para dejarle al otro,
                        sin pedir nada,
una moneda deslumbrante como un pezón.


("periódico de poesía2, unam, abril 2019)

miércoles, 8 de mayo de 2019

Ana Rosetti (1950 )

Si recordaras, amor mío





Si recordaras, amor mío, qué es lo que te aguarda tras las
     seguras paredes de la espera.
Si recordaras cómo ¡y qué cruelmente! el deseo atendido
     oculta su puñalada de decepción.
Si recordaras que, una vez que la pasión estalla, el secreto
     deja de ser escudo y huída,
no me insistirías para que te mostrara, para que te ofreciera,
     para que te otorgue.
Sino que te resignarías a sobrevivir dentro de mí en el dúctil
     territorio de los sueños, donde todos los modos de ternura
     que puedas inventar son permitidos, toda tempestad música
     y ningún temor es irrevocable.
Si recordaras, Amor mío, qué es lo que te aguarda tras las
     seguras paredes de mi corazón,
no me obligarías a levantarme en armas contra ti, a detenerte,
     a desmentirte, a amordazarte, a traicionarte...
antes de que te me arrebaten, dulce silencio mío,

mi único tesoro, insensato e irreductible sentimiento.


("poesía cuatro")