Dice la contracubierta: "Más allá de la anécdota biográfica, Cartas de
cumpleaños es ya uno de los poemarios fundamentales del siglo XX". De
acuerdo a medias. Es como decir que más allá de la Guerra de Troya, la
Ilíada es una obra maestra, y sí pero más: la Ilíada es ya la
Guerra de Troya, la vampiriza, le da vida eterna, si eso no es una
contradicción, la Guerra de Troya sin la Ilíada no sería más que unas
vasijas encontradas en un descampado. De igual manera Cartas de
cumpleaños, de Ted Hughes, vampiriza la anécdota biográfica de la que
parte, -que sin este libro no sería más que un capítulo de la historia universal
de la Infamia- y vampiriza también la poesía de Sylvia Plath y vampiriza la
poesía anterior de Ted Hughes, elíptica y oscura hasta llegar a este libro
vampiro que nos muerde en el cuello o en el corazón y nos vampiriza extendiendo
sobre nosotros el mismo dolor, el mismo amor que aquí se han destilado para
producirlo. Si el primer cometido de todo poeta es convencer al lector de que se
ponga en su lugar -de donde los grandes poetas nos convierten a los lectores en
grandes poetas: consiguen que nos pongamos en su lugar-, pocos lugares más
desapacibles, trágicos, tremendos que este en el que nos obliga a ponernos Ted
Hughes. No es extraño que los murciélagos protagonicen dos de sus más
emocionantes poemas y que en uno de ellos la mordedura de un murciélago al que
el poeta quiere ayudar a recobrar el vuelo, sea la Muerte.
La anécdota biográfica cabe en una entrada de wikipedia: después de conocerse
en una fiesta en 1956, y enamorarse, y salir, y vámonos a vivir juntos y unos
años de matrimonio y dos hijos, Ted Hughes abandona a Sylvia Plath
enamorado de Assia Wevill y cansado de las crisis nerviosas de su
mujer, y Sylvia Plath se suicida en 1963 cuando todavía no había estallado como
poeta. Su fama de gran poeta empezó entonces, oscureciendo la de Hughes, que,
después del suicidio de Assia Wevill (que mató también a la hija que ambos
tuvieron), se vio acosado por una incansable cabalgata de acusaciones que, por
vía feminista radical -Fay Weldon a la cabeza-, lo imputaba como culpable de la
muerte de Plath. Para defenderse, Ted Hughes guardó silencio mientras el buzón
se le llenaba de insultos. Siguió escribiendo. Fue poeta laureado, pero no pudo
quitarse de encima la mancha de haber acabado con una de las grandes poetas del
siglo XX, y de haber ejercido con mano excesiva su papel de albacea de la obra
inédita de la que fuera su mujer -destruyó las páginas de su diario donde Plath
se asomaba al abismo del suicidio días antes de suicidarse y los
plathianos no creyeron la versión de Hughes según la cual destruyó
aquellas páginas para defender a sus hijos, pidieron a un juez
que le quitaran ese poder a Hughes para que no siguiera destruyendo a Sylvia
Plath. El juez no les oyó.
Un año antes de morir, cuando ya estaba
gravemente enfermo, Hughes entrega a su editor un libro que fue componiendo
pausadamente en todos esos años de silencio. Un libro que tiene un hándicap
fundamental: la lectora para la que ha sido escrito y lo protagoniza e inspira
no podrá leerlo. El libro es éste: un monumento funerario, sin
duda, pero también una extraña celebración de la vida, una vertiginosa
conversación entre fantasmas que, dado su carácter narrativo, dada la casi
infalible capacidad del poeta para crear imágenes llenas de materialidad -pocos
poetas llenan como él sus poemas de vida concreta, animales, naturaleza,
prescindiendo de abstracciones, inyectándoles la fuerza del mito-, leemos como
una novela trágica, como una tragedia que hipnotiza. Son 88 poemas. Es muy
difícil salir incólume de una experiencia tan dolorosa, decisiva, tan bien
cantada o contada. Andrew Motion lo dijo bien: "El libro irrumpe con la fuerza
de una emoción que surge de una fuente desconocida y leerlo es como sufrir la
descarga de un rayo".
Desde los primeros compases de la historia -dos jóvenes que se conocen y se
enamoran, "nuestro futuro intentando acontecer"- hay una pura emoción
destilada sin asomo de cursilería. Momentos excepcionales: el poema
dedicado al día en que Sylvia Plath empieza a recitarle sus poemas a unas vacas
que se quedan quietas, el poema dedicado al 9 de Willow Street donde la pareja
se instala, el poema en que Sylvia Plath es atada a la vida por un embarazo, el
poema dedicado a la Ouija, ese poema milagroso en el que el poeta se encuentra
con alguien que lleva un zorro y no sabe si comprárselo para regalárselo a su
mujer y no, al final no se lo compra, y ese hecho es el final del matrimonio
(contado así parece una tontería: la poesía de Ted Hughes consigue cargar de
sentido y significado el hecho nimio, lo transforma, lo magnifica, lo hace
convincente). Los poemas de viaje, los viajes que la pareja hace a Francia, a
América, a España (Sylvia Plath detestaba España). El poema
Soñadores, que incrusta en la narración la presencia de una extraña
mujer de belleza extraordinaria, Assia Wevill. La soñadora que había en ella se
enamoró de Hughes y el soñador que había en Hughes se enamoró de ella. El poema
Robándome a mí mismo. El poema Vida después de la muerte,
lleno de lobos hambrientos con despacho universitario o columna en la prensa. El
poema, difícil de leer sin echarse a llorar -en serio- sobre los ojos de Sylvia
Plath revividos en los ojos de su hijo. El poema Los perros se están
comiendo a vuestra madre, sobre la secta de los plathianos que van
troceando el cadáver de la poeta en alegres simposios. El dramatis
personae del libro no se acaba en Ted Hughes y Sylvia Plath y sus dos
hijos, además de la soñadora Assia Wevill: es muy importante la presencia del
Papá de Sylvia Plath, a quien Hughes le hace una visita de ultratumba en otro
poema impactante. Alguien, al aparecer el libro, dijo que Hughes utilizaba sus
mejores armas para quitarse de encima la culpa de haber arrastrado a la
depresión a Sylvia Plath y echárselas al Papá de Sylvia Plath. Aunque
es evidente que en el drama, el Papá de Sylvia Plath tiene un peso importante -y
un peso culpable-, eso no significa que Hughes trate de descargar la propia
culpa compartiéndola: en todo caso la multiplica, y el poeta se echa en cara a
sí mismo no haber sabido arrebatar a la amada una relación tan perniciosa como
la que construyó con su Papá fascista -a quien dedicó un tremebundo
poema.
No sé si Cartas de cumpleaños es uno de los libros de
poemas fundamentales del siglo XX. Yo diría que no compite en la misma liga que
La tierra baldía, Poeta en Nueva York, Trilce, El
guardador de rebaños, Morgue o cualquiera de las muchas obras
maestras de la poesía del siglo pasado. Hay aquí un tono, un ímpetu, una
emoción, un dolor, un amor, una sabiduría, un no sé qué sagrado
-también sangre, sangrado- que nos remite a textos que se salen de lo literario.
Es acaso lo más cerca que estuvo la poesía del siglo XX de Shakespeare. Es una
revelación, tomando la palabra literalmente: acto de desvelar algo que había
permanecido oculto. Eso: Cartas de cumpleaños es un texto sagrado, es
decir, revela un secreto sin dejar de guardarlo. Como todo gran poeta Hughes nos
obliga a ponernos en su lugar: y es un lugar violento, doloroso, opresor, pero
también luminoso, emocionante, intenso. Y después de tanto dolor y tanto amor
aplastado, sabio: el lugar que alcanza aquél que ha sabido mantenerse en
silencio, haberse comido toda su ira y toda su culpa, y ha procesado todos sus
recuerdos para alcanzar a repristinarlos y trascenderlos en un texto
sobrecogedor.
La edición de Lumen, con introducción de Andre Jaume,
traducción de Luis Antonio de Villena y epílogo de Luna Miguel, es
modélica.
(reseña de Juan Bonilla en el sitio "el mundo".)
viernes, 14 de junio de 2013
jueves, 13 de junio de 2013
Distinción a ONG Ciudad Juárez
BERLÍN (apro).- Las activistas Norma Andrade y Marisela Ortiz, fundadoras de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa de Ciudad Juárez, Chihuahua, se hicieron acreedoras al premio Alice Salomon 2013 que otorga la Alice Salomon Hochschule de Berlin a personalidades que han contribuido a la emancipación de la mujer y al desarrollo del trabajo social en condiciones adversas.
En el anuncio oficial del premio, la rectora de la Escuela de Estudios Superiores Alice Salomon, Theda Borde, destacó la labor realizada por las dos mexicanas y su compromiso por esclarecer los cientos de asesinatos de mujeres cometidos en la ciudad fronteriza.
“En el principio de los años noventa, en el norte de México (Ciudad Juárez) cada 12 días una mujer era asesinada. Veinte años más tarde esto ocurre cada 20 horas y muchos de los asesinatos tienen similitud: chicas jóvenes que trabajan en maquiladoras.
“Casi ninguno de los casos ha sido resuelto ya que tanto la policía como el gobierno obstaculizan el esclarecimiento de los crímenes, de ahí que se conozca poco sobre el verdadero trasfondo de los hechos. Hay indicios de que los traficantes de drogas son los autores de los secuestros de las víctimas. Para la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa los crímenes son actos de feminicidio, es decir, cometidos por razones de género”, contextualiza en su comunicado la institución.
“Marisela Ortiz y Norma Andrade se han comprometido con el esclarecimiento de los crímenes y para acabar con la impunidad que los rodea. Y con ello, han puesto sus vidas en peligro al recibir amenazas de muerte. Es por su compromiso valiente como activistas de los derechos de las mujeres que ahora son galardonadas con el premio Alice Salomon”, señala la rectora.
Dicho premio se entrega cada año y lleva el nombre de la fundadora y pionera de los estudios de trabajo social en Alemania.
Marisela Ortiz se refugió en Estados Unidos tras ser amenazada de muerte en 2011.
El pasado 29 de mayo, su hermano Jesús Ortiz Rivera fue asesinado en el interior de su tienda al resistirse a un asalto, según informó la Fiscalía de Chihuahua.
(nota tomada del sitio "proceso".)
En el anuncio oficial del premio, la rectora de la Escuela de Estudios Superiores Alice Salomon, Theda Borde, destacó la labor realizada por las dos mexicanas y su compromiso por esclarecer los cientos de asesinatos de mujeres cometidos en la ciudad fronteriza.
“En el principio de los años noventa, en el norte de México (Ciudad Juárez) cada 12 días una mujer era asesinada. Veinte años más tarde esto ocurre cada 20 horas y muchos de los asesinatos tienen similitud: chicas jóvenes que trabajan en maquiladoras.
“Casi ninguno de los casos ha sido resuelto ya que tanto la policía como el gobierno obstaculizan el esclarecimiento de los crímenes, de ahí que se conozca poco sobre el verdadero trasfondo de los hechos. Hay indicios de que los traficantes de drogas son los autores de los secuestros de las víctimas. Para la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa los crímenes son actos de feminicidio, es decir, cometidos por razones de género”, contextualiza en su comunicado la institución.
“Marisela Ortiz y Norma Andrade se han comprometido con el esclarecimiento de los crímenes y para acabar con la impunidad que los rodea. Y con ello, han puesto sus vidas en peligro al recibir amenazas de muerte. Es por su compromiso valiente como activistas de los derechos de las mujeres que ahora son galardonadas con el premio Alice Salomon”, señala la rectora.
Dicho premio se entrega cada año y lleva el nombre de la fundadora y pionera de los estudios de trabajo social en Alemania.
Marisela Ortiz se refugió en Estados Unidos tras ser amenazada de muerte en 2011.
El pasado 29 de mayo, su hermano Jesús Ortiz Rivera fue asesinado en el interior de su tienda al resistirse a un asalto, según informó la Fiscalía de Chihuahua.
(nota tomada del sitio "proceso".)
miércoles, 12 de junio de 2013
San Javier de los Mataderos
Este poemario, presentado en la Casa del Poeta, recoge los últimos versos de Sicilia, quien dijo retirarse de la poesía tras el asesinato el 28 de marzo de 2011 de su hijo Juan Francisco y de seis jóvenes más por parte del crimen organizado en Temixco, en el estado de Morelos.
"Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra", dice el verso dedicado a su hijo en marzo de 2011, cuando fue asesinado con siete personas más en el contexto de la lucha del narcotráfico que azota al país, que con la ofensiva militar lanzada por gobierno contra el crimen organizado, dejó más de 70.000 muertos entre 2006 y 2012.
Sicilia explicó que el asunto de su retirada de la poesía es complejo. "Un poeta vive de sus palabras y del lenguaje de su época. Cuando se degrada esa lengua, no se puede usar. No alcanza", sostuvo.
"Siempre se olvida que el silencio es parte de la palabra. Y hay veces que en un mundo así el silencio dice más que las palabras", añadió este escritor de más de una veintena de libros.
Este analista político y crítico del sistema, según lo calificó en la rueda de prensa Sergio Mondragón, dijo que las poesías de su nueva obra son los vestigios de una trayectoria poética de 30 años: "Lo que queda del silencio, de la muerte...".
El escritor contó que los poemas ya estaban escritos cuando se enteró de la muerte de su hijo, tras la cual escribió uno último dedicado a este y luego "ya no tenía ganas de escribir" ni de publicar
Con el fallecimiento de Juan Francisco, Javier Sicilia, admitió que cambió su visión de las cosas y que sus convicciones y los parámetros con los que había caminado hasta entonces se desmoronaron y tuvo que rehacerlos, como el hecho de "redescubrir una fe que se tambalea".
Católico y formado en las Comunidades Eclesiales de Base después de sopesar convertirse en sacerdote, Sicilia aclaró sin embargo que no llegó a dudar de su fe, ya que precisamente "cuando suceden estas cosas" esta "se vuelve un sostén".
Con estudios de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, el escritor dijo creer que su despedida de la poesía sí es definitiva, pero admitió que aún está presente en él: "Uno puede dejar de escribir poemas, pero no puede dejar de mirar, de sentir, de oír como un poeta (...). Y siempre aparecerá".
Previamente, durante la rueda de prensa, Sergio Mondragón apuntó en la misma dirección al asegurar que Sicilia "rezuma poesía en todo lo que hace" y que "no puede dejar de hablar en poesía", emocionándose luego al elogiarle y recordar el suceso de su hijo.
Eduardo Vázquez, quien dijo haber conocido a Sicilia en un taller de poesía, le señaló como su maestro. "Comprendimos que la palabra no era una nueva mercancía, una moneda de cambio", dijo, y lo describió como un poeta religioso y místico, pero también uno público que escribía "con el cuerpo" y que compartió su dolor y les incitó a la acción.
"Reconozcamos que hemos fracasado como país", comentó Vázquez sobre la situación de crimen y otros problemas en México. "Dejemos de delegar la responsabilidad", añadió.
Sicilia señaló por su parte que esos problemas son la corrupción y que "no hay Estado" ni justicia. "Vamos, que el país se está convirtiendo en una fosa común, un gran rastro matadero".
"Entre los criminales y el Estado nos tienen en la indefensión y en la injusticia", sostuvo.
El poeta mexicano dijo que el único cambio que ha visto entre los diferentes gobiernos es "en los discursos": "Estos cabrones pueden usar el discurso para legitimarse pero no encarnarlo en la realidad (...). No ha cambiado más que en una retórica vacía, por desgracia. Son la misma basura", denunció.
Entonces anunció que no volvería a escribir poesía. "Vestigios" es un recuento de poemas de diferentes momentos de la vida del autor con el que "se retira del verso y emprende el camino de la resistencia civil frente a la barbarie y la guerra", señala en su contraportada el libro.
Sicilia, de 57 años, encabezó desde la muerte de su hijo varias caravanas a lo largo del territorio mexicano y en Estados Unidos, a las que se unieron cientos de familiares y amigos de víctimas de la feroz lucha del narcotráfico que vive el país.
Ningún punto final ha pesado tanto, dijo de su lado el poeta Eduardo Vázquez, durante la presentación al hablar de la acción civil de Sicilia.
El activismo de Sicilia es "una poesía pública que no se había escrito en este país", indicó.
Sicilia "pone punto final a su obra (...) no por un dolor que le ahoga la garganta también por una convicción que nos está cuestionando a todos" y diciendo que "reconozcamos que no estamos haciendo las cosas bien", dijo Vázquez.
"Que más desprecio a la palabra que un país donde la ley no vale nada, donde la justicia no vale nada", añadió Vázquez al reconocer frustración porque "no logramos parar está violencia".
Rodeado de algunos amigos, de su editor y de un pequeño grupo de personas que asistieron a la presentación del libro, Sicilia sólo leyó algunos de sus poemas publicados.
"Una forma de mi poesía, en estos momentos es el silencio. Les pido que lo escuchen", dijo más temprano declaraciones a la prensa mexicana.
(nota en el sitio "revista ñ", a su vez refundición de agencias Afp y Efe.)
"Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra", dice el verso dedicado a su hijo en marzo de 2011, cuando fue asesinado con siete personas más en el contexto de la lucha del narcotráfico que azota al país, que con la ofensiva militar lanzada por gobierno contra el crimen organizado, dejó más de 70.000 muertos entre 2006 y 2012.
Sicilia explicó que el asunto de su retirada de la poesía es complejo. "Un poeta vive de sus palabras y del lenguaje de su época. Cuando se degrada esa lengua, no se puede usar. No alcanza", sostuvo.
"Siempre se olvida que el silencio es parte de la palabra. Y hay veces que en un mundo así el silencio dice más que las palabras", añadió este escritor de más de una veintena de libros.
Este analista político y crítico del sistema, según lo calificó en la rueda de prensa Sergio Mondragón, dijo que las poesías de su nueva obra son los vestigios de una trayectoria poética de 30 años: "Lo que queda del silencio, de la muerte...".
El escritor contó que los poemas ya estaban escritos cuando se enteró de la muerte de su hijo, tras la cual escribió uno último dedicado a este y luego "ya no tenía ganas de escribir" ni de publicar
Con el fallecimiento de Juan Francisco, Javier Sicilia, admitió que cambió su visión de las cosas y que sus convicciones y los parámetros con los que había caminado hasta entonces se desmoronaron y tuvo que rehacerlos, como el hecho de "redescubrir una fe que se tambalea".
Católico y formado en las Comunidades Eclesiales de Base después de sopesar convertirse en sacerdote, Sicilia aclaró sin embargo que no llegó a dudar de su fe, ya que precisamente "cuando suceden estas cosas" esta "se vuelve un sostén".
Con estudios de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, el escritor dijo creer que su despedida de la poesía sí es definitiva, pero admitió que aún está presente en él: "Uno puede dejar de escribir poemas, pero no puede dejar de mirar, de sentir, de oír como un poeta (...). Y siempre aparecerá".
Previamente, durante la rueda de prensa, Sergio Mondragón apuntó en la misma dirección al asegurar que Sicilia "rezuma poesía en todo lo que hace" y que "no puede dejar de hablar en poesía", emocionándose luego al elogiarle y recordar el suceso de su hijo.
Eduardo Vázquez, quien dijo haber conocido a Sicilia en un taller de poesía, le señaló como su maestro. "Comprendimos que la palabra no era una nueva mercancía, una moneda de cambio", dijo, y lo describió como un poeta religioso y místico, pero también uno público que escribía "con el cuerpo" y que compartió su dolor y les incitó a la acción.
"Reconozcamos que hemos fracasado como país", comentó Vázquez sobre la situación de crimen y otros problemas en México. "Dejemos de delegar la responsabilidad", añadió.
Sicilia señaló por su parte que esos problemas son la corrupción y que "no hay Estado" ni justicia. "Vamos, que el país se está convirtiendo en una fosa común, un gran rastro matadero".
"Entre los criminales y el Estado nos tienen en la indefensión y en la injusticia", sostuvo.
El poeta mexicano dijo que el único cambio que ha visto entre los diferentes gobiernos es "en los discursos": "Estos cabrones pueden usar el discurso para legitimarse pero no encarnarlo en la realidad (...). No ha cambiado más que en una retórica vacía, por desgracia. Son la misma basura", denunció.
Entonces anunció que no volvería a escribir poesía. "Vestigios" es un recuento de poemas de diferentes momentos de la vida del autor con el que "se retira del verso y emprende el camino de la resistencia civil frente a la barbarie y la guerra", señala en su contraportada el libro.
Sicilia, de 57 años, encabezó desde la muerte de su hijo varias caravanas a lo largo del territorio mexicano y en Estados Unidos, a las que se unieron cientos de familiares y amigos de víctimas de la feroz lucha del narcotráfico que vive el país.
Ningún punto final ha pesado tanto, dijo de su lado el poeta Eduardo Vázquez, durante la presentación al hablar de la acción civil de Sicilia.
El activismo de Sicilia es "una poesía pública que no se había escrito en este país", indicó.
Sicilia "pone punto final a su obra (...) no por un dolor que le ahoga la garganta también por una convicción que nos está cuestionando a todos" y diciendo que "reconozcamos que no estamos haciendo las cosas bien", dijo Vázquez.
"Que más desprecio a la palabra que un país donde la ley no vale nada, donde la justicia no vale nada", añadió Vázquez al reconocer frustración porque "no logramos parar está violencia".
Rodeado de algunos amigos, de su editor y de un pequeño grupo de personas que asistieron a la presentación del libro, Sicilia sólo leyó algunos de sus poemas publicados.
"Una forma de mi poesía, en estos momentos es el silencio. Les pido que lo escuchen", dijo más temprano declaraciones a la prensa mexicana.
(nota en el sitio "revista ñ", a su vez refundición de agencias Afp y Efe.)
Vigencia de Pasolini
He disfrutado enormemente con la exposición Pasolini Roma, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), y con su espléndido catálogo, lleno de cartas, poemas, memorias y ventanas. He estado viviendo una semana con Pasolini, por así decirlo, con sus textos y sus películas, y no dejo de ver su sonrisa, refulgente como una camisa blanca, porque la muestra exhala felicidad, la felicidad de ver a un hombre imaginando, abrazando, multiplicando, levantando acta de un mundo feroz y construyendo otro mundo posible, con la “desesperada vitalidad” que cantó Laura Betti. Enorme personaje: poeta, novelista, ensayista, pintor, guionista, cineasta, siempre igual y siempre distinto, gran contradictorio, marxista y libertario, creyente y nihilista, apocalíptico pero nunca integrado, y, por encima de todo, rastreador de lo sagrado, ese pálpito de eternidad “que el laicismo consumista”, escribió, “ha arrebatado al hombre para transformarlo en un estúpido adorador de fetiches”.
Pocos como él encarnaron de forma tan rotunda al intelectual y al artista de los sesenta, aunque al evocarle he acabado pensando en nuestros años treinta y en Lorca, el Lorca popular y visionario, alegre y oscuro, el Lorca fecundísimo y, como él, muerto en circunstancias nunca del todo aclaradas. Los dos, cada uno a su modo, pagaron un alto precio por ser tan libres. Fueron a por Pasolini fascistas y democristianos y sus propios compañeros comunistas, en distintas épocas pero en significativa unanimidad a la larga, y le brearon a juicios: 33 procesos, por los más diversos motivos, desde homosexualidad a “vilipendio de la religión del Estado”, que siguieron hasta dos años después de su muerte, pero acabó absuelto, conviene señalarlo, de todas las causas.
Esta semana he redescubierto el fulgor vital de sus primeras películas, Accattone y Mamma Roma, y su extraordinaria poesía, y la lucidez profética de algunos de sus Escritos corsarios, tan cercana a Guy Debord. Difiero en muchas cosas, pero al releerle ha crecido mi admiración por su pensamiento encendido, su alegría “estoica y antigua”, siempre cercada por el dolor. Tres heridas esenciales: la muerte de su hermano Guido, el jovencísimo partisano caído en 1945; la separación de Ninetto Davoli, el amor de su vida, en 1971, y como un pájaro negro o una negra mancha de petróleo, el fin de una Italia devorada por el neocapitalismo, y muy especialmente la pérdida de aquel pequeño paraíso subproletario, de vida durísima pero mucho más intensa y luminosa que la hormigonación que vino luego: las borgate que conoció a su llegada, arracimadas a las orillas del Tíber y todavía oliendo, como sus gentes, “a jazmín y sopa humilde”.
El Pasolini de los últimos años es un hombre amargo, a menudo desaforado, quizás porque la época, los terribles “años de plomo”, también lo fue; un utopista que pide cosas tan imposibles (y en el fondo tan comprensibles) como la abolición de la televisión y de la escuela secundaria, para empezar de cero. Recuerdo aquellos años, cuando no comprendíamos que la dicha impúdica de la Trilogía de la vida pudiera dar paso a la abjuración, al horror y a la violencia inasumible de aquel Salò que mostraba, como un almuerzo desnudo, la desolación de su quimera.
Escucho de nuevo el impresionante discurso fúnebre de Moravia a las puertas de su casa, el 5 de noviembre de 1975, mientras bajan el cadáver, diciendo, con rabia, con extrema claridad, sin gota de retórica, lo que había que decir: “Ha muerto un poeta y un testigo, un hombre valeroso, un hombre bueno, de inteligencia lúcida y firme”. Me vuelve ahora la lejana memoria de Vincenzo Cerami, que habla del Pasolini profesor, en la escuela de Ciampino, aquel profesor de voz dulcísima que vivía en Rebibbia y tenía que tomar dos autobuses y un tren para poder dar la clase, que jugaba al fútbol de manera prodigiosa y regalaba sus libros, y al que no le importaban tanto los errores gramaticales como los errores éticos: “hacer la pelota, decir mentiras”. Y pienso en Accattone cayendo como Ícaro en el poema de Auden, “y luego solo el agua negra que corre, y buenas noches”, pero no solo eso, nunca solo eso, y es así como florece de golpe, primaveral, este recuerdo: la primera vez que me topé con el nombre de Pasolini, en los primeros setenta, en casa de Raúl Ruiz. Tenía sobre la mesa una edición original de Le ceneri di Gramsci, y yo, que no sabía italiano, creí que el título era Las cerezas de Gramsci, y Raúl sonrió y dijo: “Cerezas por cenizas, a Pasolini le hubiera gustado eso”.
(artículo de Marco Ordóñez en el sitio "el país".)
Pocos como él encarnaron de forma tan rotunda al intelectual y al artista de los sesenta, aunque al evocarle he acabado pensando en nuestros años treinta y en Lorca, el Lorca popular y visionario, alegre y oscuro, el Lorca fecundísimo y, como él, muerto en circunstancias nunca del todo aclaradas. Los dos, cada uno a su modo, pagaron un alto precio por ser tan libres. Fueron a por Pasolini fascistas y democristianos y sus propios compañeros comunistas, en distintas épocas pero en significativa unanimidad a la larga, y le brearon a juicios: 33 procesos, por los más diversos motivos, desde homosexualidad a “vilipendio de la religión del Estado”, que siguieron hasta dos años después de su muerte, pero acabó absuelto, conviene señalarlo, de todas las causas.
Esta semana he redescubierto el fulgor vital de sus primeras películas, Accattone y Mamma Roma, y su extraordinaria poesía, y la lucidez profética de algunos de sus Escritos corsarios, tan cercana a Guy Debord. Difiero en muchas cosas, pero al releerle ha crecido mi admiración por su pensamiento encendido, su alegría “estoica y antigua”, siempre cercada por el dolor. Tres heridas esenciales: la muerte de su hermano Guido, el jovencísimo partisano caído en 1945; la separación de Ninetto Davoli, el amor de su vida, en 1971, y como un pájaro negro o una negra mancha de petróleo, el fin de una Italia devorada por el neocapitalismo, y muy especialmente la pérdida de aquel pequeño paraíso subproletario, de vida durísima pero mucho más intensa y luminosa que la hormigonación que vino luego: las borgate que conoció a su llegada, arracimadas a las orillas del Tíber y todavía oliendo, como sus gentes, “a jazmín y sopa humilde”.
El Pasolini de los últimos años es un hombre amargo, a menudo desaforado, quizás porque la época, los terribles “años de plomo”, también lo fue; un utopista que pide cosas tan imposibles (y en el fondo tan comprensibles) como la abolición de la televisión y de la escuela secundaria, para empezar de cero. Recuerdo aquellos años, cuando no comprendíamos que la dicha impúdica de la Trilogía de la vida pudiera dar paso a la abjuración, al horror y a la violencia inasumible de aquel Salò que mostraba, como un almuerzo desnudo, la desolación de su quimera.
Escucho de nuevo el impresionante discurso fúnebre de Moravia a las puertas de su casa, el 5 de noviembre de 1975, mientras bajan el cadáver, diciendo, con rabia, con extrema claridad, sin gota de retórica, lo que había que decir: “Ha muerto un poeta y un testigo, un hombre valeroso, un hombre bueno, de inteligencia lúcida y firme”. Me vuelve ahora la lejana memoria de Vincenzo Cerami, que habla del Pasolini profesor, en la escuela de Ciampino, aquel profesor de voz dulcísima que vivía en Rebibbia y tenía que tomar dos autobuses y un tren para poder dar la clase, que jugaba al fútbol de manera prodigiosa y regalaba sus libros, y al que no le importaban tanto los errores gramaticales como los errores éticos: “hacer la pelota, decir mentiras”. Y pienso en Accattone cayendo como Ícaro en el poema de Auden, “y luego solo el agua negra que corre, y buenas noches”, pero no solo eso, nunca solo eso, y es así como florece de golpe, primaveral, este recuerdo: la primera vez que me topé con el nombre de Pasolini, en los primeros setenta, en casa de Raúl Ruiz. Tenía sobre la mesa una edición original de Le ceneri di Gramsci, y yo, que no sabía italiano, creí que el título era Las cerezas de Gramsci, y Raúl sonrió y dijo: “Cerezas por cenizas, a Pasolini le hubiera gustado eso”.
(artículo de Marco Ordóñez en el sitio "el país".)
martes, 11 de junio de 2013
Desaparece video de linchamiento en Chiapas
Comerciantes ambulantes de San Juan Chamula y de San Cristóbal de las Casas venden el video del linchamiento de tres sujetos presuntamente responsables de ultrajar y matar a una mujer de 24 años en las inmediaciones del poblado Las Ollas.
Además, una parte de la grabación fue ‘subida’ incluso a la red social YouTube. Ese pasaje del video con duración de un minuto y 40 segundos fue retirado por la dirección de la web social por su contenido "ofensivo y desagradable".
El pasado martes 4 por la noche, tres sujetos que iban a bordo de una camioneta Ford Lobo doble cabina, placas de circulación DC-99-802, fueron capturados por una multitud y acusados de haber tirado el cadáver de la joven mujer en Las Ollas, paraje localizado entre San Cristóbal y San Juan Chamula.
Los tres presuntos violadores y homicidas fueron amarrados, golpeados y, ya semidesnudos, bañados con gasolina. Posteriormente, la turba les prendió fuego.
La víctima fue identificada como Fidencia Sántiz López, vecina de Tz’unun, municipio de Oxchuc, precisó poco después la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).
En el lugar del linchamiento quedó el cuerpo calcinado de Domingo López Castellanos; sus compañeros fallecieron después en el hospital de Las Culturas de San Cristóbal de Las Casas.
Una semana después, vendedores ambulantes sacaron a la venta el DVD del linchamiento, en el que se observa a la turba cómo detiene y flagela a los supuestos asesinos y violadores.
El video en formato DVD, que se ofrece en 15 pesos, trae en la portada la imagen de los linchados con evidentes golpes en el rostro.
Su título: “Quemaron vivos a violadores”. Luego, en mayúsculas: “Impactante noticia… de la semana”. “No apto para cardiacos”.
Pese a que la PGJE señaló que la Fiscalía Especializada en Justicia Indígena dio inicio a la averiguación previa por los delitos de feminicidio, homicidio y homicidio en grado de tentativa, nada ha informado de los hechos ni realizado acción alguna para evitar la comercialización del DVD.
A YouTube fue subido un fragmento de ese video con la firma de ‘AgencyProducciones’.
(nota tomada del sitio "apro".)
Gloria Posada (1967 )
DICEN
Dicen
que al rotar la Tierra
ciudades en diferentes momentos
están bajo un mismo cielo
que hay un lugar
donde océanos se unen
en tonalidades del azul
que paisajes de arena se deshacen
para enseñarnos la inmutable belleza de las rocas
que en un día la mariposa
puede nacer y morir
que nubes sobre el horizonte del mar
señalan la existencia de islas
que destellos de luz persisten en el aire
después del aleteo
que algo extraño sucede
cuando la canoa toca por primera vez el agua
que el cazador nunca encontrará su presa
y sin saberlo se alimenta de simulacros y sombras
que caparazones de tortugas muertas
forman dibujos de piedra
que desiertos florecen
y semanas después son otra vez arena
que las aves son las primeras en llegar
a una nueva isla
que la piel de serpiente cambia
y permanece en el lodo
mientras el cuerpo se desliza
que plumas descienden del vuelo
para recordar que lo leve también cae
que plantas tienen extrañas formas
de movimiento y quietud
que capullos y alas de mariposas
son indicios del tiempo que pasa
que otra selva existe en ramas
y suelo de hojas
que huevos vacíos de la última nidada
frágiles se integran al polvo que todo lo cubre
que astas de ciervo no pueden ser devoradas
porque cada ser deja algo para alimento de la tierra
que en cada generación
cazadores y presas se intercambian
fundan otra selva
que cuando vientos provienen
de dirección equivocada
no podremos regresar a casa
que a cada uno en su vida
se le tienden emboscadas
hasta que en la última sucumbe
que miembros amputados del cuerpo duelen
y pueden sentir calor
que aumentará la temperatura
y la sequía extinguirá la humedad en suelos
plantas, cuerpos, bocas
que una brújula es inútil
en el Polo Norte
que el frío penetra huesos
y un día todos se reunirán para darse calor
que nadie recuerda
qué vio al nacer
que la Luna
es lugar desolado
La muerte
es nube de alas negras
y desciende
que paralelo a este mundo
hay otros narrados
la voz crea lo invisible
y dicen mas palabras
frases que son olvido
distancia producida
por toda certidumbre
(texto tomado del sitio "festivaldepoesiamedellin".)
lunes, 10 de junio de 2013
Emilio Coco (1940 )
Gracias Señor
por la criatura
que sacudiéndose la lluvia de las alas
se aproxima a saltitos circunspectos
a picotear del pan una migaja
casi bajo mi pie
mientras espero sentado en una banca
el autobús que me regrese a casa
luego de una noche insomne en hospital.
Gracias desde el alma por la compañía.
Gracias por no atemorizarla.
(texto tomado de "laberinto", suplemento de Milenio; traducción de Marco Antonio Campos, poeta.)
por la criatura
que sacudiéndose la lluvia de las alas
se aproxima a saltitos circunspectos
a picotear del pan una migaja
casi bajo mi pie
mientras espero sentado en una banca
el autobús que me regrese a casa
luego de una noche insomne en hospital.
Gracias desde el alma por la compañía.
Gracias por no atemorizarla.
(texto tomado de "laberinto", suplemento de Milenio; traducción de Marco Antonio Campos, poeta.)
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