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miércoles, 12 de junio de 2013

Vigencia de Pasolini

He disfrutado enormemente con la exposición Pasolini Roma, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), y con su espléndido catálogo, lleno de cartas, poemas, memorias y ventanas. He estado viviendo una semana con Pasolini, por así decirlo, con sus textos y sus películas, y no dejo de ver su sonrisa, refulgente como una camisa blanca, porque la muestra exhala felicidad, la felicidad de ver a un hombre imaginando, abrazando, multiplicando, levantando acta de un mundo feroz y construyendo otro mundo posible, con la “desesperada vitalidad” que cantó Laura Betti. Enorme personaje: poeta, novelista, ensayista, pintor, guionista, cineasta, siempre igual y siempre distinto, gran contradictorio, marxista y libertario, creyente y nihilista, apocalíptico pero nunca integrado, y, por encima de todo, rastreador de lo sagrado, ese pálpito de eternidad “que el laicismo consumista”, escribió, “ha arrebatado al hombre para transformarlo en un estúpido adorador de fetiches”.
Pocos como él encarnaron de forma tan rotunda al intelectual y al artista de los sesenta, aunque al evocarle he acabado pensando en nuestros años treinta y en Lorca, el Lorca popular y visionario, alegre y oscuro, el Lorca fecundísimo y, como él, muerto en circunstancias nunca del todo aclaradas. Los dos, cada uno a su modo, pagaron un alto precio por ser tan libres. Fueron a por Pasolini fascistas y democristianos y sus propios compañeros comunistas, en distintas épocas pero en significativa unanimidad a la larga, y le brearon a juicios: 33 procesos, por los más diversos motivos, desde homosexualidad a “vilipendio de la religión del Estado”, que siguieron hasta dos años después de su muerte, pero acabó absuelto, conviene señalarlo, de todas las causas.
Esta semana he redescubierto el fulgor vital de sus primeras películas, Accattone y Mamma Roma, y su extraordinaria poesía, y la lucidez profética de algunos de sus Escritos corsarios, tan cercana a Guy Debord. Difiero en muchas cosas, pero al releerle ha crecido mi admiración por su pensamiento encendido, su alegría “estoica y antigua”, siempre cercada por el dolor. Tres heridas esenciales: la muerte de su hermano Guido, el jovencísimo partisano caído en 1945; la separación de Ninetto Davoli, el amor de su vida, en 1971, y como un pájaro negro o una negra mancha de petróleo, el fin de una Italia devorada por el neocapitalismo, y muy especialmente la pérdida de aquel pequeño paraíso subproletario, de vida durísima pero mucho más intensa y luminosa que la hormigonación que vino luego: las borgate que conoció a su llegada, arracimadas a las orillas del Tíber y todavía oliendo, como sus gentes, “a jazmín y sopa humilde”.
El Pasolini de los últimos años es un hombre amargo, a menudo desaforado, quizás porque la época, los terribles “años de plomo”, también lo fue; un utopista que pide cosas tan imposibles (y en el fondo tan comprensibles) como la abolición de la televisión y de la escuela secundaria, para empezar de cero. Recuerdo aquellos años, cuando no comprendíamos que la dicha impúdica de la Trilogía de la vida pudiera dar paso a la abjuración, al horror y a la violencia inasumible de aquel Salò que mostraba, como un almuerzo desnudo, la desolación de su quimera.
Escucho de nuevo el impresionante discurso fúnebre de Moravia a las puertas de su casa, el 5 de noviembre de 1975, mientras bajan el cadáver, diciendo, con rabia, con extrema claridad, sin gota de retórica, lo que había que decir: “Ha muerto un poeta y un testigo, un hombre valeroso, un hombre bueno, de inteligencia lúcida y firme”. Me vuelve ahora la lejana memoria de Vincenzo Cerami, que habla del Pasolini profesor, en la escuela de Ciampino, aquel profesor de voz dulcísima que vivía en Rebibbia y tenía que tomar dos autobuses y un tren para poder dar la clase, que jugaba al fútbol de manera prodigiosa y regalaba sus libros, y al que no le importaban tanto los errores gramaticales como los errores éticos: “hacer la pelota, decir mentiras”. Y pienso en Accattone cayendo como Ícaro en el poema de Auden, “y luego solo el agua negra que corre, y buenas noches”, pero no solo eso, nunca solo eso, y es así como florece de golpe, primaveral, este recuerdo: la primera vez que me topé con el nombre de Pasolini, en los primeros setenta, en casa de Raúl Ruiz. Tenía sobre la mesa una edición original de Le ceneri di Gramsci, y yo, que no sabía italiano, creí que el título era Las cerezas de Gramsci, y Raúl sonrió y dijo: “Cerezas por cenizas, a Pasolini le hubiera gustado eso”.


(artículo de Marco Ordóñez en el sitio "el país".)

miércoles, 24 de abril de 2013

Buñuel, la mirada de aguja

Conviene seguir de cerca la señal Europa Europa. Por un lado, nos acerca una cantidad de películas españolas, francesas, italianas y alemanas que jamás pasaron por la cartelera local. Por el otro, rinde homenaje a algunos gigantes del cine mundial. Lo hicieron con Fellini, y ahora “Descubriendo a Buñuel” –que ya se emitió el miércoles y repite hoy sábado a las 23.45–, nos zambulle en vida y obra del gran aragonés, incluyendo entrevistas y declaraciones sabrosas del protagonista. El ojo de una mujer cercenado por una navaja, inauguraba el surrealismo en el cine. Ya Man Ray había hecho sus aportes, pero “Un perro andaluz”, elaborado con Salvador Dalí y estrenado en París en una pequeña sala, en 1928, provocó escándalos y prohibiciones. El cine había dejado de ser un mero entretenimiento para convertirse en un vehículo provocador y revolucionario. Cuando dos años más tarde, presentaron “La Edad de Oro”, Buñuel por las dudas fue al estreno con piedras en los bolsillos para repeler los posibles ataques del público. De ahí en adelante, su carrera es atípica. Filma sólo tres películas en su país, España, y 17 en México, para cerrar su filmografía en Francia.
Su obra es, sin embargo, indeclinablemente española y está marcada por el deseo y la prohibición. Es decir: la Iglesia y el sexo. Su presunto ateísmo va de la mano con su particular sentido del humor. Dice por ahí, en rueda de amigos, que su último deseo sería legar toda su fortuna al magnate Nelson Rockefeller, nada más que para escandalizar desde su lecho de muerte a sus cofrades anarquistas y comunistas. Su período mexicano puede parecer salpicado por los melodramas al uso, pero títulos como “El” , “Ensayo de un crimen” , “Nazarín” o “El ángel exterminador” hablan a las claras de un espíritu transgresor y de una finísima ironía para reírse de los géneros y sacar a luz enfermedades encubiertas por las buenas maneras. Si se perdió “Belle de Jour”, la dan a continuación. Verla será siempre un deleite y un renovado desafío. Casi un milagro.


(nota de Jorge Carnevale, que no cita "Simón del desierto" ni "Los olvidados", obras paradigmáticas de don Luis Buñuel. Se reproduce la nota del sitio "revista ñ" por el interés de que se divulgue la existencia de la señal "Europa Europa".)

miércoles, 20 de marzo de 2013

Tarkovski recobrado

La hermana del legendario cineasta ruso Andréi Tarkovski, Marina, confirmó la autenticidad del material adquirido en noviembre pasado por las autoridades rusas en una subasta organizada por la casa Sotheby's.

"Antes de la llegada de Marina no le habíamos enseñado a nadie el archivo Tarkovski. Todos los documentos han resultado auténticos", dijo Yelena Sílkina, directora del museo de la localidad de Yurievets (región de Ivánovo), a la agencia oficial RIA-Nóvosti.

Sílkina explicó que la hermana de Tarkovski llegó al museo acompañada de una conocida especialista del Museo del Cine, Mariana Kushnerova.

"Nos ayudaron a aclararnos con los documentos: ¿es la firma de Andréi Tarkovski?; ¿de qué tratan esas fotos?; ¿dónde fueron hechas y quienes están incluidos en las fotos? y la fecha de los documentos", destacó.

Entre otras cosas, Marina Tarkovski escuchó la grabación de una entrevista realizada a su hermano, que falleció en París el 29 de diciembre de 1986, a los 54 años.

El archivo, que llegó a la ciudad donde el director pasó parte de su infancia en enero pasado, será abierto al público en junio durante la celebración del festival de cine Zérkalo (Espejo), que se celebra anualmente desde 2007.

Según las agencias locales, las autoridades rusas pagaron 1,9 millones de dólares por el archivo, muy por encima del precio estimado, lo que demuestra el interés que Moscú tenía en recuperar el material.

Tras adquirir el archivo de Tarkovski, en la primera vez que se ponía a la venta, las autoridades de Ivánovo explicaron que éste "se expondrá al público en la casa-museo de Tarkovski".

Al parecer, una de las piezas más destacadas era el borrador de una carta manuscrita al líder soviético Leonid Brezhnev, en la que Tarkovski defiende su trabajo y la difusión de sus películas en la Unión Soviética.

Tarkovski, considerado uno de los mejores cineastas rusos desde Eisenstein, fue censurado en la URSS y desde el exilio luchó para que sus obras, que han tenido una gran influencia en el cine europeo, fueran aceptadas en su país.

El primer largometraje del joven director, "La infancia de Iván" (1962), ganó el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia (1962), lo que irritó a las autoridades soviéticas, que establecían una jerarquía estricta en el arte.

Durante los años de su trabajo en la URSS, Tarkovski chocó con grandes obstáculos en la realización de sus ideas y planes por parte de los funcionarios del Comité Estatal de Cinematografía de la URSS, lo que le obligó finalmente a emigrar a Italia en 1982.

Tarkovski no pudo nunca más volver a Rusia y su hijo Andréi sólo pudo visitarle por autorización expresa del presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, cuando su padre estaba ya gravemente enfermo.

Con "El Sacrificio" (1986) obtuvo el Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes, sólo unos meses antes de fallecer de cáncer en la capital francesa. Sus otros filmes célebres son Solaris (1972), El espejo (1075) y Stalker, la zona (1979).


(nota de Efe, calcada del sitio chileno "la tercera".)

martes, 15 de enero de 2013

Muere Nagisa Oshima

Muere a los 80 años Nagisa Oshima, director de «El imperio de los sentidos»
El cineasta japonés Nagisa Oshima, admirado y objeto de análisis por parte de Roland Barthes, murió de neumonía a los ochenta años de edad al sur de Tokio., informó Efe en el sitio Abc.