El expresidente de México Vicente Fox, abierto defensor de la legalización de la marihuana, ha adelantado que si finalmente esta planta se convierte en una droga legal él mismo tratará de aprovecharse del nuevo mercado como productor y comerciante.
"La marihuana, con un control adecuado y con legalización, puede ser perfectamente una industria legal y operativa que le quitaría millones de dólares a los criminales", ha explicado Fox durante un acto en la ciudad de León, en el estado de Guanajuato.
En este sentido, ha defendido la importancia de que el dinero de la marihuana termine en manos de empresarios y no de narcotraficantes como 'El Chapo' Guzmán, según informaciones del periódico 'Milenio'.
Fox ha respondido con un "claro que sí" a las preguntas de si participaría como empresario en la hipotética producción y comercialización de la marihuana. "Una vez que sea legítimo y legal, claro, puedo hacerlo, yo soy agricultor", ha apostillado.
El antiguo mandatario ha hecho campaña en favor de la legalización de la marihuana, recientemente en Estados Unidos, y ha argumentado que México debería sacar provecho de esta droga. Fox, a quien incluso se ha vinculado con una hipotética marca comercial, se ha mostrado partidario de que la marihuana "ayude a la economía del país".
(Este pendejo, al que se le escapó El Chapo de la cárcel, podría proponer el veto al consumo de Coca-Cola y sería considerado más inteligente, nota en el sitio "público".)
jueves, 6 de junio de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
Humberto Dib fabulador
Eso sí que es extraño
(texto calcado del sitio "humberto dib".)
Después de una búsqueda concienzuda en las estanterías de
una librería de viejos de la Calle del Marqués de Viana, encontró un ejemplar
que le pareció adecuado: un Desgracia de J. M. Coetzee en perfecto estado.
Compró el libro, lo guardó en la mochila y se marchó con paso entusiasmado. Ya
en la calle, buscó un bar, entró, pidió un café con tres gotas de leche y
comenzó una larga serie de movimientos ceremoniosos y dilatorios hasta que,
finalmente, sacó el libro de la mochila. Lo puso frente a sus ojos y, con el
pulgar derecho listo para levantar la portada, le susurró “ayúdame a soñar”,
entonces se arrojó dentro del volumen.
Tras este episodio iniciático, se sucedieron muchísimos más.
Los investigadores están perdidos, no encuentran una explicación coherente, y
lo peor es que todo lleva a pensar que tanto hombres como mujeres van a
continuar desapareciendo dentro de libros.
Meses de pesquisas e indagaciones se mostraron absolutamente
inútiles, ninguno de los tantos y diferentes especialistas llegó a una conclusión.
La investigación va a seguir hasta las últimas consecuencias, afirma
-categórico- el Gobierno, pero lo que en verdad preocupa a las autoridades es
que el número de personajes en los libros involucrados en las desapariciones
jamás varió. Eso sí que es extraño.
martes, 4 de junio de 2013
Vida y muerte del SAI
A finales de los años setenta Enrique Lizalde, fallecido este lunes a los 76 años tras una larga enfermedad hepática, lideró el movimiento sindical más importante del país en el medio actoral al enfrentarse al Comité Ejecutivo de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), que encabezaba Jaime Fernández.
Lizalde llegó a tener entre sus seguidores a más de mil compañeros, entre ellos algunos tan destacados como Claudio Obregón, Óscar Chávez, Enrique Rocha y Rogelio Guerra, quienes formaron el Sindicato de Actores Independientes (SAI).
Todo comenzó en mayo de 1977, con la inconformidad del grupo por la corrupción en el gremio, que acababa de reelegir a Fernández. El movimiento, que llegó a contar entre sus filas a cerca de mil 300 miembros, habría de durar poco más de cuatro años, hasta su desmembramiento total -sujeto a todo tipo de presiones e incluso pugnas intestinas- y la desilusión de su líder.
A los miembros del SAI se les discriminó, se les boicoteó, se les amenazó. Muchos perdieron sus fuentes de trabajo. Algunos se vieron precisados a regresar a la ANDA.
La revista Proceso siguió con puntualidad los acontecimientos, y fue ahí donde los actores independientes encontraron la tribuna que se les negó en el resto de la prensa en general.
Tras cuatro meses iniciales de estira y afloja, por intermediación de la Secretaría del Trabajo (ST) los disidentes llegaron a un acuerdo de nueve cláusulas con el Comité Ejecutivo de la ANDA, entre ellas la reforma estatuaria, la renuncia en pleno del comité ejecutivo, el desistimiento de registro de un sindicato independiente y la abstención de Lizalde para participar en las siguientes elecciones.
Pero como a los 60 días acordados no se celebraron las elecciones pactadas, presentaron su solicitud sindical, y a falta de una respuesta de la ST en los tiempos legales, el 3 de octubre decidieron, en asamblea, convertirse en sindicato de facto.
A partir de ese momento la ruptura y la división fueron absolutas.
La batalla duró todavía año y medio desde entonces, hasta la decisión de suspender las cuotas a la ANDA para cortarle “el oxígeno financiero”.
El nuevo dirigente de la ANDA, David Reynoso, dio por terminado el 7 de agosto de 1978 el plazo para que se reintegraran los independientes, y empezó a presionarlos al contratar exclusivamente a andistas en Canal 13, Conacine, STIC y otras fuentes de trabajo. Volvieron unos cuantos: Armando Silvestre, Kitty de Hoyos, Raquel Olmedo, Alejandro Ciangherotti, César Costa, Jaime Garza, Pilar Pellicer, entre otros.
El SAI llegó al grado de crear un “fondo de resistencia” para crear nuevas fuentes de trabajo.
En septiembre de 1979 la “hostilidad” -a decir de Lizalde- hizo mella en el grupo, provocando la renuncia de Héctor Bonilla; debido a ello Lizalde renunció también, no obstante que el 90% de sus miembros, por escrito, pedían su reinstalación, pero el líder se negó.
Claudio Obregón lo acusó de autoritarismo “en un movimiento que bregaba por la democratización de los actores”, y también renunció, calificando para Proceso al SAI de ser “un sindicato contestatario de un sindicato mayoritario, sin tener, ni en la realidad ni en la práctica, una definición de un sindicato”.
Sus miembros se entramparon: No podían regresar a la ANDA, pero tampoco seguir por el mismo camino. Bonilla lo dijo así en ese momento:
“No queda ninguna opción, por el momento, a los actores disidentes. ¿Retornar a la ANDA? No, porque sería retractarse de una posición que dignificó al movimiento. ¿Negociar?, ¿con qué fuerza?”.
Relevaría a Lizalde Rogelio Guerra. En diciembre de 1985, se asentó el acta de defunción del SAI, cuando en un comunicado sus miembros acusaron a las “autoridades competentes” de “incongruencia manifiesta para resolver la conflictiva situación de los actores independientes, y denunciaron que fueron sometidos “a los intereses políticos de un sistema sindical que conviene al aparato gremial del país, que no entiende la pluralidad sino en términos de migajas parlamentarias, pero nunca en organizaciones sindicales capaces de promover la participación de los trabajadores en la consecución de verdaderos objetivos de clase, bajo principios que permitan transformar el injusto trato a sus urgentes demandas”.
Firmaron Rogelio Guerra, Oscar Chávez, Graciela Doring, Enrique Gilbert, Pedro Gurrola, Carmen Sagredo, Luis Aguilar, Claudio Brook, Miguel Córcega y Enrique Lizalde.
“Hay el riesgo de que vayamos a una lucha larga y dolorosa, inclusive con sufrimientos para los actores disidentes”, había señalado Lizalde en los inicios.
Y así fue.
(El SAI se hizo visible en cada función de la Compañía Nacional de Teatro, ya que al final, el elenco salía a dar las gracias por los aplausos con una playera en que exhibían las siglas de su militancia; en su momento el director de teatro, José Solé, reconoció haber sido de los impulsores de la organización sindical; ese impulso democratizador hizo que, incluso, Irma Serrano y su teatro Frufrú fueran parte del movimiento, y actores muy visibles, de formación teatral, como José Alonso, estuvieran en primera fila. Parece que Armando Ponce no recuerda esta faceta del movimiento. Nota en el sitio "proceso".)
Lizalde llegó a tener entre sus seguidores a más de mil compañeros, entre ellos algunos tan destacados como Claudio Obregón, Óscar Chávez, Enrique Rocha y Rogelio Guerra, quienes formaron el Sindicato de Actores Independientes (SAI).
Todo comenzó en mayo de 1977, con la inconformidad del grupo por la corrupción en el gremio, que acababa de reelegir a Fernández. El movimiento, que llegó a contar entre sus filas a cerca de mil 300 miembros, habría de durar poco más de cuatro años, hasta su desmembramiento total -sujeto a todo tipo de presiones e incluso pugnas intestinas- y la desilusión de su líder.
A los miembros del SAI se les discriminó, se les boicoteó, se les amenazó. Muchos perdieron sus fuentes de trabajo. Algunos se vieron precisados a regresar a la ANDA.
La revista Proceso siguió con puntualidad los acontecimientos, y fue ahí donde los actores independientes encontraron la tribuna que se les negó en el resto de la prensa en general.
Tras cuatro meses iniciales de estira y afloja, por intermediación de la Secretaría del Trabajo (ST) los disidentes llegaron a un acuerdo de nueve cláusulas con el Comité Ejecutivo de la ANDA, entre ellas la reforma estatuaria, la renuncia en pleno del comité ejecutivo, el desistimiento de registro de un sindicato independiente y la abstención de Lizalde para participar en las siguientes elecciones.
Pero como a los 60 días acordados no se celebraron las elecciones pactadas, presentaron su solicitud sindical, y a falta de una respuesta de la ST en los tiempos legales, el 3 de octubre decidieron, en asamblea, convertirse en sindicato de facto.
A partir de ese momento la ruptura y la división fueron absolutas.
La batalla duró todavía año y medio desde entonces, hasta la decisión de suspender las cuotas a la ANDA para cortarle “el oxígeno financiero”.
El nuevo dirigente de la ANDA, David Reynoso, dio por terminado el 7 de agosto de 1978 el plazo para que se reintegraran los independientes, y empezó a presionarlos al contratar exclusivamente a andistas en Canal 13, Conacine, STIC y otras fuentes de trabajo. Volvieron unos cuantos: Armando Silvestre, Kitty de Hoyos, Raquel Olmedo, Alejandro Ciangherotti, César Costa, Jaime Garza, Pilar Pellicer, entre otros.
El SAI llegó al grado de crear un “fondo de resistencia” para crear nuevas fuentes de trabajo.
En septiembre de 1979 la “hostilidad” -a decir de Lizalde- hizo mella en el grupo, provocando la renuncia de Héctor Bonilla; debido a ello Lizalde renunció también, no obstante que el 90% de sus miembros, por escrito, pedían su reinstalación, pero el líder se negó.
Claudio Obregón lo acusó de autoritarismo “en un movimiento que bregaba por la democratización de los actores”, y también renunció, calificando para Proceso al SAI de ser “un sindicato contestatario de un sindicato mayoritario, sin tener, ni en la realidad ni en la práctica, una definición de un sindicato”.
Sus miembros se entramparon: No podían regresar a la ANDA, pero tampoco seguir por el mismo camino. Bonilla lo dijo así en ese momento:
“No queda ninguna opción, por el momento, a los actores disidentes. ¿Retornar a la ANDA? No, porque sería retractarse de una posición que dignificó al movimiento. ¿Negociar?, ¿con qué fuerza?”.
Relevaría a Lizalde Rogelio Guerra. En diciembre de 1985, se asentó el acta de defunción del SAI, cuando en un comunicado sus miembros acusaron a las “autoridades competentes” de “incongruencia manifiesta para resolver la conflictiva situación de los actores independientes, y denunciaron que fueron sometidos “a los intereses políticos de un sistema sindical que conviene al aparato gremial del país, que no entiende la pluralidad sino en términos de migajas parlamentarias, pero nunca en organizaciones sindicales capaces de promover la participación de los trabajadores en la consecución de verdaderos objetivos de clase, bajo principios que permitan transformar el injusto trato a sus urgentes demandas”.
Firmaron Rogelio Guerra, Oscar Chávez, Graciela Doring, Enrique Gilbert, Pedro Gurrola, Carmen Sagredo, Luis Aguilar, Claudio Brook, Miguel Córcega y Enrique Lizalde.
“Hay el riesgo de que vayamos a una lucha larga y dolorosa, inclusive con sufrimientos para los actores disidentes”, había señalado Lizalde en los inicios.
Y así fue.
(El SAI se hizo visible en cada función de la Compañía Nacional de Teatro, ya que al final, el elenco salía a dar las gracias por los aplausos con una playera en que exhibían las siglas de su militancia; en su momento el director de teatro, José Solé, reconoció haber sido de los impulsores de la organización sindical; ese impulso democratizador hizo que, incluso, Irma Serrano y su teatro Frufrú fueran parte del movimiento, y actores muy visibles, de formación teatral, como José Alonso, estuvieran en primera fila. Parece que Armando Ponce no recuerda esta faceta del movimiento. Nota en el sitio "proceso".)
Cesare Pavese (1908/1950 )
A Noite
Mas a noite ventosa, a noite límpida
que a lembrança
somente aflorava, está longe,
é uma lembrança.
Perdura uma calma de espanto,
feita também ela de
folhas e de nada. Desse tempo
mais distante que as
recordações apenas resta
um vago recordar
As vezes volta à luz do dia,
na imóvel luz dos
dias de Verão,
aquele espanto
remoto.
Pela janela
vazia
o menino olhava a
noite nas colinas
frescas e negras, e
espantava-se de as ver assim tão juntas:
vaga e límpida
imobilidade. Entre a folhagem
que sussurrava na
escuridão, apareciam as colinas
onde todas as coisas
do dia, as ladeiras
e as árvores e os
vinhedos, eram nítidas e mortas
e a vida era outra,
de vento, de céu,
e de folhas e de
coisa nenhuma.
Às
vezes regressa
na imóvel calma do
dia a recordação
daquele viver
absorto, na luz assombrada.
Cesare Pavese, in 'Trabalhar Cansa'
Tradução de Carlos
Leite
(texto tomado del sitio "citador.pt)
lunes, 3 de junio de 2013
Jacinto Herrero (1931/2011 )
Papiroflexia
Abstractas, geométricas figuras,
los animales en papel no sufren;
acaso hacen sufrir, pues sus dobleces
llevan connotaciones imprevistas.
Si has construido una arañita, un sapo,
déjalos sin piedad que se deformen
antes de que aparezcan los agudos
hermeneutas freudianos de la infancia.
Pero la inmensa y lenta criatura
de un elefante de la India cabe
en un recorte blanco de papel:
Ponlo de pie sobre la mesa, tiene
la ingenuidad de todo lo imposible,
potente y débil, fuerte y deleznable.
(texto cedido desinteresadamente por Francisco Álvarez Velasco, coordinador del sitio 'portaldepoesia', tomado a su vez del volumen Niebla y memoria, Ávila, Falsirena, "I Quartieri/Les Quartiers", 2012.)
domingo, 2 de junio de 2013
EL VIENTO
el viento llega como borracho ciego
y toca y empuja cristales como loco
y de pronto recula y agarra vuelo
y golpea y golpea inmisericorde
no pronuncia parlamentos, no sigue
guión alguno: sólo señala con los dedos
no trae llave, no carga ganzúa
sólo la urgencia de brincar trancas
sabe que los espejos lo duplican
quiere acabarlos, dejarlos añicos
no conoce la desgracia ni el llanto
de criaturas muertas de frío
como dominado por alcoholes y mezcales
quiere trozar resistencias, apagar luces
quizá la noche lo ofusca, acaso
el sueño que sueñas sea su desdicha.
sábado, 1 de junio de 2013
Luis Cernuda (1902/1963 )
El otoño
Encanto de tus años infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.
La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contras prisiones de cristal. La voz de la madre decía: "Que descorran la vela", y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de la casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.
De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.
(texto tomado de Ocnos, 4a. ed., serie conmemorativa Sergio Galindo, Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 2007. Prólogo de James Valender.)
Encanto de tus años infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porque en ella has nacido.
La atmósfera del verano, densa hasta entonces, se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a mediados de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contras prisiones de cristal. La voz de la madre decía: "Que descorran la vela", y tras aquel quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de la casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol.
De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso, y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma, siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante. Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.
(texto tomado de Ocnos, 4a. ed., serie conmemorativa Sergio Galindo, Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 2007. Prólogo de James Valender.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)