Cuando borrachos nos quitamos
la ropa como ebria la estatua
espera un día la venia
para sentarse y despojarse...
Cuando retiramos la ropa
del lecho porque un grito
secreto nos reclama...
Cuando corremos las cortinas
como se conjuran las pestañas
a reconciliarse...
Cuando condenamos puertas
tapias y cualquier posibilidad
de fuga, es porque sabemos
que morir es un rito a solas,
un aleteo callado de alas
que brotan esperadas y deseadas
en la indiferencia propia
de estatuas presas de un silencio
que las ahoga, fieras.
sábado, 12 de enero de 2013
viernes, 11 de enero de 2013
El hombre de acero más deseado
Un tribunal de apelaciones californiano ha dado la razón al estudio Warner Bros. en la batalla legal por los derechos de explotación de Superman frente a los herederos de uno de los creadores de ese icónico personaje, capaz de salvar el mundo en la ficción y generar fortunas en la vida real.
La decisión judicial alcanzada el jueves fue reproducida este viernes por la prensa en Estados Unidos, donde el próximo 14 de junio Warner relanzará las historias de ese superhéroe en la gran pantalla con la cinta Man of Steel, dirigida por Zack Snyder (300) y protagonizada por Henry Cavill.
Es de prever que la nueva aventura de Superman generará cientos de millones de dólares en recaudación en las salas de cine, cantidades que se sumarán a las conseguidas a lo largo de la vida de este héroe que en 2013 cumple 75 años.
Los herederos de Jerome Siegel, coautor de Superman junto con Joseph Shuster, mantenían desde hace décadas un pleito con Warner Bros. por la potestad del uso comercial del rentable personaje.
Un enfrentamiento que en 2008 deparó una sentencia que les fue favorable y por la que un juez en California les otorgaba derechos sobre el copyright de Superman en aspectos que iban desde su indumentaria al origen de su historia.
El fallo del tribunal daba autoridad a los Siegel sobre los futuros proyectos de Superman y se basaba en dar invalidez legal a una carta de acuerdo entre DC Comics (editorial de cómics controlada por Warner Bros.) y los herederos del coautor del hombre de acero fechada en 2001.
La Corte de Apelaciones, sin embargo, consideró que esa misiva, que nunca se llegó a firmar como contrato, sí tenía validez ya que recogía por escrito el acuerdo oral entre las partes y especificaba los términos del mismo de forma detallada.
"La carta del 19 de octubre de 2001 afirma claramente que los herederos aceptan la oferta de DC Comics del 16 de octubre de 2001 respecto a las propiedades de 'Superman' y 'Spectre'", se recoge en la sentencia.
La noticia fue recibida como una victoria en Warner que reafirmó su voluntad de "compensar" a la familia de Siegel con las cantidades negociadas con DC Comics en 2001.
En octubre, otro tribunal negó que los herederos del otro autor de Superman, Joseph Shuster, tuvieran derechos sobre los ingresos del próximo filme Man of Steel en virtud de un pacto firmado por esa familia en 1992 con DC Comics que daba libertad a la editorial para desarrollar proyectos del héroe.
Man of Steel recupera al personaje que inmortalizó el difunto Christopher Reeve aunque con un aire más oscuro y dramático, en sintonía con el tono de la exitosa última saga de Batman dirigida por Christopher Nolan que recaudó más de 2.300 millones de dólares solo en taquilla.
(Ha de ser muy cómodo llegar a los 75 años de edad y ser vulnerable sólo a la kriptonita. Nota tomada del sitio Público.)
La decisión judicial alcanzada el jueves fue reproducida este viernes por la prensa en Estados Unidos, donde el próximo 14 de junio Warner relanzará las historias de ese superhéroe en la gran pantalla con la cinta Man of Steel, dirigida por Zack Snyder (300) y protagonizada por Henry Cavill.
Es de prever que la nueva aventura de Superman generará cientos de millones de dólares en recaudación en las salas de cine, cantidades que se sumarán a las conseguidas a lo largo de la vida de este héroe que en 2013 cumple 75 años.
Los herederos de Jerome Siegel, coautor de Superman junto con Joseph Shuster, mantenían desde hace décadas un pleito con Warner Bros. por la potestad del uso comercial del rentable personaje.
Un enfrentamiento que en 2008 deparó una sentencia que les fue favorable y por la que un juez en California les otorgaba derechos sobre el copyright de Superman en aspectos que iban desde su indumentaria al origen de su historia.
El fallo del tribunal daba autoridad a los Siegel sobre los futuros proyectos de Superman y se basaba en dar invalidez legal a una carta de acuerdo entre DC Comics (editorial de cómics controlada por Warner Bros.) y los herederos del coautor del hombre de acero fechada en 2001.
La Corte de Apelaciones, sin embargo, consideró que esa misiva, que nunca se llegó a firmar como contrato, sí tenía validez ya que recogía por escrito el acuerdo oral entre las partes y especificaba los términos del mismo de forma detallada.
"La carta del 19 de octubre de 2001 afirma claramente que los herederos aceptan la oferta de DC Comics del 16 de octubre de 2001 respecto a las propiedades de 'Superman' y 'Spectre'", se recoge en la sentencia.
La noticia fue recibida como una victoria en Warner que reafirmó su voluntad de "compensar" a la familia de Siegel con las cantidades negociadas con DC Comics en 2001.
En octubre, otro tribunal negó que los herederos del otro autor de Superman, Joseph Shuster, tuvieran derechos sobre los ingresos del próximo filme Man of Steel en virtud de un pacto firmado por esa familia en 1992 con DC Comics que daba libertad a la editorial para desarrollar proyectos del héroe.
Man of Steel recupera al personaje que inmortalizó el difunto Christopher Reeve aunque con un aire más oscuro y dramático, en sintonía con el tono de la exitosa última saga de Batman dirigida por Christopher Nolan que recaudó más de 2.300 millones de dólares solo en taquilla.
(Ha de ser muy cómodo llegar a los 75 años de edad y ser vulnerable sólo a la kriptonita. Nota tomada del sitio Público.)
¿Harvard prescinde de Felipe?
Distrito Federal– Hasta anoche iban 13 mil 280 firmas... y sigue contando.
A unos días de arrancar actividades en Harvard, el rechazo a la presencia del ex presidente Felipe Calderón se acumulaba en una petición montada en la popular plataforma de activismo político change.org.
A través del portal, el ex agente de la Patrulla Fronteriza John Randolph publicó hace un mes una solicitud destinada a Drew Gilpin Faust, presidenta de Harvard, y a David T. Ellwood, decano de la institución, para que Calderón no imparta cátedra en esa universidad.
“Durante 26 años fui miembro de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, por lo que siempre estuve interesado en el tema de la droga, ya que creo que se trata de un problema binacional. En 2005 me retiré y empecé a investigar sobre la guerra contra la droga en México. No creo que sea justo que él (Calderón) vaya a dar clases allí”, explicó Randolph a la prensa. Una semana después que él, Eduardo Cortés Rivadeneyra, propietario de una constructora dedicada a la edificación de vivienda en Puebla, inició una petición en la misma página bajo el lema “Harvard: Revierte la contratación de Felipe Calderón”.
Randolph y Cortés planean viajar a la universidad a finales de este mes, cuando den inicio las clases, para presentar las firmas recogidas a la presidenta de la institución.
Ya desde octubre pasado, The Huffington Post, a través de su blog Voces, incluyó una encuesta por Internet con la pregunta ¿Aceptarías a Felipe Calderón como profesor en tu universidad?, según reportó el diario La Jornada, la mayoría rechazaba que el ex presidente diera la clase. Otros portales web de los Estados Unidos como The Chronicle of Higher Education publicó a inicios de diciembre un artículo titulado ¿Por qué Harvard no debe dar la bienvenida a Calderón?, donde argumenta que la beca le da injustamente al ex presidente un “refugio seguro”.
Además un grupo de estudiantes de la Universidad de Texas se pronunció en contra de la beca a Calderón. “Calderón es responsable de la muerte de miles de niños, no dejemos que sea profesor en Estados Unidos”, expusieron en septiembre. De acuerdo al Huffingon Post, las expresiones de protesta por la llegada de Calderón a la una institución académica estadounidense no son nuevas pues anteriormente causó controversia la presencia del ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, en el campus de la Universidad de Georgetown.
(Los niños muertos en la guardería ABC de Hermosillo por negligencia de la familia de Calderón Hinojosa, concesionarios de la misma, son muestra de la incompetencia de FCH como gobernante, igualmente los muertos en San Fernando, Tamaulipas, y las víctimas del Casino Royale. Nota tomada del sitio Diario de Juárez.)
A unos días de arrancar actividades en Harvard, el rechazo a la presencia del ex presidente Felipe Calderón se acumulaba en una petición montada en la popular plataforma de activismo político change.org.
A través del portal, el ex agente de la Patrulla Fronteriza John Randolph publicó hace un mes una solicitud destinada a Drew Gilpin Faust, presidenta de Harvard, y a David T. Ellwood, decano de la institución, para que Calderón no imparta cátedra en esa universidad.
“Durante 26 años fui miembro de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, por lo que siempre estuve interesado en el tema de la droga, ya que creo que se trata de un problema binacional. En 2005 me retiré y empecé a investigar sobre la guerra contra la droga en México. No creo que sea justo que él (Calderón) vaya a dar clases allí”, explicó Randolph a la prensa. Una semana después que él, Eduardo Cortés Rivadeneyra, propietario de una constructora dedicada a la edificación de vivienda en Puebla, inició una petición en la misma página bajo el lema “Harvard: Revierte la contratación de Felipe Calderón”.
Randolph y Cortés planean viajar a la universidad a finales de este mes, cuando den inicio las clases, para presentar las firmas recogidas a la presidenta de la institución.
Ya desde octubre pasado, The Huffington Post, a través de su blog Voces, incluyó una encuesta por Internet con la pregunta ¿Aceptarías a Felipe Calderón como profesor en tu universidad?, según reportó el diario La Jornada, la mayoría rechazaba que el ex presidente diera la clase. Otros portales web de los Estados Unidos como The Chronicle of Higher Education publicó a inicios de diciembre un artículo titulado ¿Por qué Harvard no debe dar la bienvenida a Calderón?, donde argumenta que la beca le da injustamente al ex presidente un “refugio seguro”.
Además un grupo de estudiantes de la Universidad de Texas se pronunció en contra de la beca a Calderón. “Calderón es responsable de la muerte de miles de niños, no dejemos que sea profesor en Estados Unidos”, expusieron en septiembre. De acuerdo al Huffingon Post, las expresiones de protesta por la llegada de Calderón a la una institución académica estadounidense no son nuevas pues anteriormente causó controversia la presencia del ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, en el campus de la Universidad de Georgetown.
(Los niños muertos en la guardería ABC de Hermosillo por negligencia de la familia de Calderón Hinojosa, concesionarios de la misma, son muestra de la incompetencia de FCH como gobernante, igualmente los muertos en San Fernando, Tamaulipas, y las víctimas del Casino Royale. Nota tomada del sitio Diario de Juárez.)
jueves, 10 de enero de 2013
Humberto Dib (1961/2011 )
Rebajas
Ante todo quiero aclarar que las temporadas de rebajas me enferman, no soporto estar más de media hora recorriendo una tienda sin comenzar a sentirme, literalmente, asqueado, pero por alguna razón extraña (amor, tal vez) siempre acabo acompañando a mi mujer en esas dos semanas de correrías. No es tan grave, me convenzo. Sin ir más lejos, el año pasado no sólo la escolté, sino que me dejé atrapar por ese furor adquisitivo. El último día de rebajas de invierno de Primark, tomé dos bolsas y comencé a llenarlas con objetos tan feos como inútiles. Contagiado por esa necesidad incontrolable de adueñarse de cada prenda que afectaba a todos los que estaban allí, agarré a una anciana que estaba probándose unas pantuflas de felpa y la arrojé adentro de una de mis bolsas. Al llegar a la caja, el dependiente la pasó por el lector de código de barras y me indicó que costaba 5 libras. Me resultó un precio bastante razonable tratándose de una señora mayor, así que la compré. Se llama Claire, hace casi un año que la tenemos en casa, nos llevamos muy bien. Ella hace su vida y nosotros la nuestra, aunque por la tarde nos juntamos en la sala a comer bollos y a tomar el té, y los domingos salimos los tres a pasear por el Hyde Park. Todo parece estar en perfecta armonía, pero ella a mí no me engaña, más de una vez pude leer en sus pupilas que nunca terminó de perdonarme por no haber comprado también las pantuflas de felpa.
(texto transcrito del blog con el nombre de autor.)
Ante todo quiero aclarar que las temporadas de rebajas me enferman, no soporto estar más de media hora recorriendo una tienda sin comenzar a sentirme, literalmente, asqueado, pero por alguna razón extraña (amor, tal vez) siempre acabo acompañando a mi mujer en esas dos semanas de correrías. No es tan grave, me convenzo. Sin ir más lejos, el año pasado no sólo la escolté, sino que me dejé atrapar por ese furor adquisitivo. El último día de rebajas de invierno de Primark, tomé dos bolsas y comencé a llenarlas con objetos tan feos como inútiles. Contagiado por esa necesidad incontrolable de adueñarse de cada prenda que afectaba a todos los que estaban allí, agarré a una anciana que estaba probándose unas pantuflas de felpa y la arrojé adentro de una de mis bolsas. Al llegar a la caja, el dependiente la pasó por el lector de código de barras y me indicó que costaba 5 libras. Me resultó un precio bastante razonable tratándose de una señora mayor, así que la compré. Se llama Claire, hace casi un año que la tenemos en casa, nos llevamos muy bien. Ella hace su vida y nosotros la nuestra, aunque por la tarde nos juntamos en la sala a comer bollos y a tomar el té, y los domingos salimos los tres a pasear por el Hyde Park. Todo parece estar en perfecta armonía, pero ella a mí no me engaña, más de una vez pude leer en sus pupilas que nunca terminó de perdonarme por no haber comprado también las pantuflas de felpa.
(texto transcrito del blog con el nombre de autor.)
miércoles, 9 de enero de 2013
Libros que nunca releerás
Hoy, en lo que va del día, han nacido 149.272 niños y niñas. Han muerto, 63.772 seres humanos. Se han gastado, desde que comenzó la jornada, 1.895.278.323 dólares en el mantenimiento de ejércitos que harán guerras inútiles y, muchos de ellos, se dedicarán a violar los derechos humanos.
Hoy, en lo que va del día, en este preciso instante, se han vendido 2.152.420 teléfonos celulares en todo el mundo. También, 291.575 televisores. Niños, jóvenes y no tan jóvenes han gastado, desde que comenzó la jornada, 76.570.901 dólares en videojuegos.
Hoy, en lo que va del día, murieron 13.229 personas de hambre, gran parte de ellas con menos de 5 años de edad. Hoy, en el mundo, hay 1.568.364.041 personas con sobrepeso. Un número que no va a disminuir, aunque los norteamericanos, desde el inicio del día, hayan gastado 82.162.444 dólares en dietas para adelgazar.
Desde que se ha iniciado año, 101.900 personas han perdido la vida por fumar. Desde que se ha iniciado el día, 6.665.245.093 cigarrillos han sido encendidos y se encenderán muchísimos más.
En los siete días, 9 horas y 53 minutos que han transcurrido del nuevo año, se han publicado 49.980 libros.
Cuando Ud. lea este mensaje, todas las cifras mencionadas habrán aumentado enormemente, menos la relativa a la publicación de libros.
La información la he extraído de Worldometers, un sistema de estadísticas mundiales en tiempo real sobre el que suelo detenerme cada tanto algunos segundos. Quizás, para ver si un día, por alguna razón misteriosa, el mundo cambia.
Desde Buenos Aires
PD: En lo que va del día, se han escrito 1.790.379 entradas de blogs. Esta es una de ellas.
(En lo que leíste y releíste esta encuesta mundial, instantánea e inútil, hiciste fila en el ejército de bueyes que encienden un cigarro cada cinco minutos, te incluiste entre los pendejos que proyectan una dieta de año nuevo para contrarrestar el sobrepeso de tamales, buñuelos y cacahuates consumidos entre el 15 y el 31 de diciembre. Te preguntaste si le hace falta a alguien el incremento del número de libros publicados puesto que se publica demasiada basura. Recordaste que en diciembre compraste y leíste una novela fallida de Ricardo Piglia, "Blanco nocturno" y otra de Sandor Márai, "Liberación", a la que viste como parte de una saga autobiográfica que termina con el tomo de su diario en que se dispara en la boca para terminar con todo. Y sí: no dudo que cada segundo se escriban blogs inocuos como este, llamado "Los Lavaderos", dirigido a mis amigos conocidos y desconocidos. Pablo Gentil es el autor de la nota aquí parafraseada y calcada del sitio "El País.")
martes, 8 de enero de 2013
Putas en el marco del TLC
Los libros de papel
Acabo de publicar un libro, pero no lo puedo leer porque, como millones de otras personas, tengo problemas en la vista. Tengo que usar una lupa, y eso resulta lento y engorroso porque el campo es muy limitado y no se puede abarcar una línea completa, mucho menos un párrafo, de una sola mirada. Lo que necesito es una edición en letra grande, que pueda leer (en la cama o en el baño, donde hago la mayor parte de la lectura) como cualquier otro libro. Algunos de mis libros anteriores existían en ediciones de letra grande, algo invalorable cuando me pedían que hiciera una lectura en público. Ahora me dicen que la versión impresa no es “necesaria”, que tenemos e-books, que nos permiten aumentar a nuestro antojo el tamaño de la letra.
Pero no quiero un Kindle, un Nook ni un iPad, cualquiera de los cuales podría caerse en el baño o romperse, y que tienen controles para los cuales necesitaría una lupa. Quiero un libro de verdad, de papel impreso, que tenga peso, que huela a libro, como los libros de los últimos 550 años, un libro que pueda guardarme en el bolsillo o poner con los demás en la biblioteca, donde pueda divisarlo en momentos inesperados.
Cuando era chico, alguno de mis familiares mayores, así como un primo que tenía problemas de vista, usaban una lupa para leer. La aparición de los libros de letra grande en la década de 1960 fue para ellos un regalo del cielo, como para todos los lectores que veían mal. Florecieron las editoriales especializadas en ediciones en letra grande para bibliotecas, escuelas y lectores, y siempre se las podía encontrar en librerías o bibliotecas.
En enero de 2006, cuando mi vista empezó a declinar, me pregunté qué podría hacer. Había audiolibros –yo mismo he grabado algunos–, pero era un lector por antonomasia, no un oyente. Soy un lector empedernido desde que tengo memoria, y con frecuencia recuerdo de forma casi automática números de página o el aspecto de párrafos y páginas. Quiero libros que me pertenezcan, libros cuya paginación íntima se me haga familiar y querida. Mi cerebro necesita lectura, y la respuesta reside, para mí y con toda claridad, en los libros de letra grande.
Pero ahora cuesta mucho encontrar en las librerías libros de calidad impresos con letra grande. Lo descubrí cuando hace poco fui a Strand, una librería famosa por sus miles de estanterías que visito desde hace cincuenta años. Sí, tenían una (pequeña) sección de letra grande, pero consistía sobre todo en novelas baratas y manuales. No había recopilaciones de poesía, teatro ni biografías. Tampoco ciencia. No estaba Dickens, ni Jane Austen, ninguno de los clásicos, nada de Bellow, Roth ni Sontag. Salí frustrado, y también furioso: ¿las editoriales pensaban que los discapacitados visuales eran también discapacitados intelectuales?
Memoria y experiencia
Leer es una tarea de gran complejidad, en la que intervienen muchas partes del cerebro, pero no es una habilidad que los seres humanos hayan ido adquiriendo en el transcurso de la evolución (a diferencia del discurso, que tiene raíces mucho más profundas).La lectura es un avance relativamente reciente, cuyos comienzos se remontan tal vez cinco mil años en el tiempo y que depende de una pequeña zona de la corteza visual del cerebro. Lo que ahora llamamos el área visual de formación de palabras (VWFA por la sigla en inglés) es parte de una zona cortical que evolucionó hasta reconocer formas básicas en la naturaleza, pero que puede reutilizarse para el reconocimiento de letras o palabras. Ese reconocimiento elemental de formas o letras es sólo el primer paso. A partir de esa área visual de formación de palabras deben hacerse conexiones de doble vía a muchas otras partes del cerebro, entre ellas las responsables de la gramática, los recuerdos, asociaciones y sentimientos, de modo tal que letras y palabras adquieran sus significados específicos. Cada uno de nosotros forma vías nerviosas únicas relacionadas con la lectura, y cada uno lleva al acto de leer una combinación única, no sólo de memoria y experiencia, sino también de modalidades sensoriales. Algunos pueden “escuchar” los sonidos de las palabras a medida que leen (a mí me pasa, pero sólo cuando leo por placer, no cuando leo con fines de información); otros pueden visualizarlas, de forma consciente o no. Algunos pueden tener una aguda conciencia de los ritmos acústicos o los énfasis de una frase; otros son más conscientes de su aspecto o su forma.
En mi libro El ojo de la mente , describo a dos pacientes, ambos escritores, que pierden la capacidad de leer como consecuencia de una lesión cerebral en la VWFA, que está cerca de la parte posterior del hemisferio izquierdo del cerebro (quienes padecen ese tipo de alexia pueden escribir, pero no leer lo que escriben). A pesar de ser editor y un amante del texto impreso, uno de ellos se volcó de inmediato a los audiolibros para “leer”, y empezó a dictar sus propios libros en lugar de escribirlos. La transición le resultó fácil; de hecho, pareció algo natural. El otro, un escritor de novelas policiales, estaba demasiado habituado a la lectura y la escritura como para abandonarlas. Siguió escribiendo (en lugar de dictar) y descubrió, o ideó, una extraordinaria nueva forma de “lectura”: su lengua empezó a copiar las palabras que tenía delante, trazándolas en la parte posterior de los dientes. Leía, en efecto, mediante el recurso de escribir con la lengua empleando las zonas táctil y motriz de la corteza. También pareció ocurrir de manera natural. Al recurrir a sus fortalezas y experiencias individuales, el cerebro de cada uno encontró la solución adecuada, la adaptación a la pérdida.
Nuevas formas de leer
Para alguien que nace ciego, sin imágenes en absoluto, la lectura es una experiencia esencialmente táctil, a través del relieve de la impresión en Braille. Los libros en Braille, al igual que los libros con letra grande, son cada vez menos en la actualidad, a medida que la gente recurre a los audiolibros, más baratos y abundantes, o a los programas de voz digital. Pero hay una diferencia fundamental entre leer y que nos lean. Cuando es uno el que lee, ya sea por medio de los ojos o de un dedo, es libre de avanzar o retroceder, de releer, de reflexionar o fantasear en medio de una frase: uno lee según su propio tiempo. Que nos lean, o escuchar un audiolibro, son experiencias más pasivas, sujetas a los caprichos de otra voz y que se desarrollan en el tiempo del narrador.
Si avanzada la vida nos vemos obligados a aprender nuevas formas de leer –de adaptarnos a una menor visión, por ejemplo–, cada uno debe hacerlo a su manera. Algunos podremos pasar de leer a escuchar; otros seguirán leyendo mientras les sea posible. Algunos podrán agrandar la letra en sus lectores de libros electrónicos; otros lo harán en sus computadoras. Nunca he adoptado ninguna de esas tecnologías. Por ahora, por lo menos, me atengo a la anticuada lupa (tengo una docena, de diferentes formas y potencia).
La escritura tendría que ser accesible en la mayor cantidad posible de formatos: George Bernard Shaw decía que los libros eran la memoria de la humanidad. No debería permitirse que desapareciera ningún tipo de libro, ya que todos somos individuos y tenemos necesidades y preferencias muy específicas, preferencias que llevamos grabadas en todos los planos del cerebro, en redes y configuraciones nerviosas individuales que crean una relación profundamente personal entre autor y lector.
(c) The New York Times, 2013.
Traduccion de Joaquin Ibarburu.
(Oliver Sacks es un escritor y neurólogo inglés. Profesor de neurologia clinica en la Escuela de Medicina Albert Einstein y profesor adjunto de neurología en la Universidad de Nueva York. Escribió, entre otros, “Despertares” y “Musicofilia”. Apuntes tomados del sitio "revistañ", Clarín. Cuando Alfonso se fue del país para estudiar artes plásticas a otro continente, se llevó en la maleta la primera edición de "Ómnibus de poesía mexicana", para no olvidar su idioma y tener presentes a los poetas del pasado.)
Pero no quiero un Kindle, un Nook ni un iPad, cualquiera de los cuales podría caerse en el baño o romperse, y que tienen controles para los cuales necesitaría una lupa. Quiero un libro de verdad, de papel impreso, que tenga peso, que huela a libro, como los libros de los últimos 550 años, un libro que pueda guardarme en el bolsillo o poner con los demás en la biblioteca, donde pueda divisarlo en momentos inesperados.
Cuando era chico, alguno de mis familiares mayores, así como un primo que tenía problemas de vista, usaban una lupa para leer. La aparición de los libros de letra grande en la década de 1960 fue para ellos un regalo del cielo, como para todos los lectores que veían mal. Florecieron las editoriales especializadas en ediciones en letra grande para bibliotecas, escuelas y lectores, y siempre se las podía encontrar en librerías o bibliotecas.
En enero de 2006, cuando mi vista empezó a declinar, me pregunté qué podría hacer. Había audiolibros –yo mismo he grabado algunos–, pero era un lector por antonomasia, no un oyente. Soy un lector empedernido desde que tengo memoria, y con frecuencia recuerdo de forma casi automática números de página o el aspecto de párrafos y páginas. Quiero libros que me pertenezcan, libros cuya paginación íntima se me haga familiar y querida. Mi cerebro necesita lectura, y la respuesta reside, para mí y con toda claridad, en los libros de letra grande.
Pero ahora cuesta mucho encontrar en las librerías libros de calidad impresos con letra grande. Lo descubrí cuando hace poco fui a Strand, una librería famosa por sus miles de estanterías que visito desde hace cincuenta años. Sí, tenían una (pequeña) sección de letra grande, pero consistía sobre todo en novelas baratas y manuales. No había recopilaciones de poesía, teatro ni biografías. Tampoco ciencia. No estaba Dickens, ni Jane Austen, ninguno de los clásicos, nada de Bellow, Roth ni Sontag. Salí frustrado, y también furioso: ¿las editoriales pensaban que los discapacitados visuales eran también discapacitados intelectuales?
Memoria y experiencia
Leer es una tarea de gran complejidad, en la que intervienen muchas partes del cerebro, pero no es una habilidad que los seres humanos hayan ido adquiriendo en el transcurso de la evolución (a diferencia del discurso, que tiene raíces mucho más profundas).La lectura es un avance relativamente reciente, cuyos comienzos se remontan tal vez cinco mil años en el tiempo y que depende de una pequeña zona de la corteza visual del cerebro. Lo que ahora llamamos el área visual de formación de palabras (VWFA por la sigla en inglés) es parte de una zona cortical que evolucionó hasta reconocer formas básicas en la naturaleza, pero que puede reutilizarse para el reconocimiento de letras o palabras. Ese reconocimiento elemental de formas o letras es sólo el primer paso. A partir de esa área visual de formación de palabras deben hacerse conexiones de doble vía a muchas otras partes del cerebro, entre ellas las responsables de la gramática, los recuerdos, asociaciones y sentimientos, de modo tal que letras y palabras adquieran sus significados específicos. Cada uno de nosotros forma vías nerviosas únicas relacionadas con la lectura, y cada uno lleva al acto de leer una combinación única, no sólo de memoria y experiencia, sino también de modalidades sensoriales. Algunos pueden “escuchar” los sonidos de las palabras a medida que leen (a mí me pasa, pero sólo cuando leo por placer, no cuando leo con fines de información); otros pueden visualizarlas, de forma consciente o no. Algunos pueden tener una aguda conciencia de los ritmos acústicos o los énfasis de una frase; otros son más conscientes de su aspecto o su forma.
En mi libro El ojo de la mente , describo a dos pacientes, ambos escritores, que pierden la capacidad de leer como consecuencia de una lesión cerebral en la VWFA, que está cerca de la parte posterior del hemisferio izquierdo del cerebro (quienes padecen ese tipo de alexia pueden escribir, pero no leer lo que escriben). A pesar de ser editor y un amante del texto impreso, uno de ellos se volcó de inmediato a los audiolibros para “leer”, y empezó a dictar sus propios libros en lugar de escribirlos. La transición le resultó fácil; de hecho, pareció algo natural. El otro, un escritor de novelas policiales, estaba demasiado habituado a la lectura y la escritura como para abandonarlas. Siguió escribiendo (en lugar de dictar) y descubrió, o ideó, una extraordinaria nueva forma de “lectura”: su lengua empezó a copiar las palabras que tenía delante, trazándolas en la parte posterior de los dientes. Leía, en efecto, mediante el recurso de escribir con la lengua empleando las zonas táctil y motriz de la corteza. También pareció ocurrir de manera natural. Al recurrir a sus fortalezas y experiencias individuales, el cerebro de cada uno encontró la solución adecuada, la adaptación a la pérdida.
Nuevas formas de leer
Para alguien que nace ciego, sin imágenes en absoluto, la lectura es una experiencia esencialmente táctil, a través del relieve de la impresión en Braille. Los libros en Braille, al igual que los libros con letra grande, son cada vez menos en la actualidad, a medida que la gente recurre a los audiolibros, más baratos y abundantes, o a los programas de voz digital. Pero hay una diferencia fundamental entre leer y que nos lean. Cuando es uno el que lee, ya sea por medio de los ojos o de un dedo, es libre de avanzar o retroceder, de releer, de reflexionar o fantasear en medio de una frase: uno lee según su propio tiempo. Que nos lean, o escuchar un audiolibro, son experiencias más pasivas, sujetas a los caprichos de otra voz y que se desarrollan en el tiempo del narrador.
Si avanzada la vida nos vemos obligados a aprender nuevas formas de leer –de adaptarnos a una menor visión, por ejemplo–, cada uno debe hacerlo a su manera. Algunos podremos pasar de leer a escuchar; otros seguirán leyendo mientras les sea posible. Algunos podrán agrandar la letra en sus lectores de libros electrónicos; otros lo harán en sus computadoras. Nunca he adoptado ninguna de esas tecnologías. Por ahora, por lo menos, me atengo a la anticuada lupa (tengo una docena, de diferentes formas y potencia).
La escritura tendría que ser accesible en la mayor cantidad posible de formatos: George Bernard Shaw decía que los libros eran la memoria de la humanidad. No debería permitirse que desapareciera ningún tipo de libro, ya que todos somos individuos y tenemos necesidades y preferencias muy específicas, preferencias que llevamos grabadas en todos los planos del cerebro, en redes y configuraciones nerviosas individuales que crean una relación profundamente personal entre autor y lector.
(c) The New York Times, 2013.
Traduccion de Joaquin Ibarburu.
(Oliver Sacks es un escritor y neurólogo inglés. Profesor de neurologia clinica en la Escuela de Medicina Albert Einstein y profesor adjunto de neurología en la Universidad de Nueva York. Escribió, entre otros, “Despertares” y “Musicofilia”. Apuntes tomados del sitio "revistañ", Clarín. Cuando Alfonso se fue del país para estudiar artes plásticas a otro continente, se llevó en la maleta la primera edición de "Ómnibus de poesía mexicana", para no olvidar su idioma y tener presentes a los poetas del pasado.)
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