El exdictador chileno Augusto Pinochet atesoró a costa del erario público lo que podría ser una de las mayores bibliotecas privadas de América Latina, alimentada por un afán compulsivo con el que buscó tapar su precariedad intelectual, según una investigación periodística publicada en Chile. Su monumental biblioteca "es como una suerte de escenografía que Pinochet hace para sí mismo, para reconocerse como un hombre importante y culto", afirmó Cristóbal Peña, el periodista autor del libro "La secreta vida literaria de Augusto Pinochet".
Repartida entre sus distintas casas, la existencia de esta colección salió a la luz pública recién en 2004, cuando se descubrió que Pinochet mantenía una fortuna oculta de más de 20 millones de dólares en bancos de Estados Unidos, abriéndose por primera vez una investigación judicial sobre sus bienes. Esa investigación logró contabilizar cerca de 50.000 libros, que fueron valorados –de forma prudente, según Peña– en unos tres millones de dólares. "Cuando se supo, fue sorpresivo que este personaje, que se supone que leía poco y nada, un inculto en apariencia, apareciera con esta biblioteca que es una de las más importantes de Chile y probablemente de Latinoamérica", explicó Peña.
Pinochet, según Peña, acaparaba compulsivamente libros. No los compartía, ni dejaba entrar prácticamente a nadie a sus bibliotecas. Esa obsesión habría surgido de un íntimo reconocimiento de su mediocridad intelectual, que contrasta con la brillantez de sus pares, agrega el autor. "Él mismo explicaba que era alguien que tenía dificultad para el estudio. Fue dos veces rechazado en la Escuela Militar, sufría de jaquecas severas cuando estudiaba en exceso, y tenía calificaciones regulares que estaban en la medianía", contó Peña.
"Pinochet era consciente que era menospreciado por sus pares. Cuando asalta el poder a partir de septiembre de 1973, se empeña en eliminar a quienes le podían hacer sombra", aseguró el periodista, ganador del premio Nuevo Periodismo Iberoamericano por una crónica sobre la biblioteca de Pinochet.
La mayoría de los libros de la biblioteca de Pinochet fueron adquiridos por el exdictador a antiguos libreros del centro de Santiago, a través de fondos públicos y hoy están bajo embargo judicial. En su gigantesca biblioteca no hay nada de literatura de ficción, ni poesía. Pinochet sólo coleccionaba libros de historia, geografía y también de marxismo, la ideología que su dictadura buscó aniquilar, según Peña.
Pinochet coleccionaba además enciclopedias, atlas y diccionarios. Tenía bastantes libros en francés y obras de Napoleón –su máximo ídolo–, junto a libros de historia de Chile, que eran los que más le apasionaban. Peritos que analizaron su biblioteca encontraron también varias cajas de libros sin abrir, títulos sin clasificar y "miles de libros antiguos y en apariencia valiosísimos que se hacían un lugar entre adornos, recuerdos, chocolates y objetos personales", reseña el libro de Peña.
Entre las obras más valiosas figuran la "Histórica relación del Reyno de Chile", escrito por el jesuita Alonso de Ovalle a mediados del siglo XVII, y dos ejemplares de 1733 y 1776 de "La Araucana", de Alonso de Ercilla. El dictador, quien fue profesor de la academia castrense, escribió también libros de geopolítica. Según Peña, fueron obras "bastante mediocres, que no fueron un aporte ni resistieron el paso del tiempo, y que si bien volvieron a publicarse, fue porque Pinochet se empeñó e ello cuando llegó al poder".
Algunos de las obras requisadas por su dictadura, llegaron a manos de libreros que más tarde los revenderían al mismo Pinochet, "que reunió una colección bien importante de textos de marxismo y de izquierda", según Peña. Pinochet nunca catalogó los libros que acumuló, y el peritaje de la justicia se limitó a analizar una muestra de toda su colección. "Nunca vamos a llegar a saber qué tuvo Pinochet y cuánto tuvo", dijo Peña.
(Para los que nunca han leido "Nocturno de Chile", de Roberto Bolaño, ahí se recrean episodios en que se da cuenta de las reuniones intelectuales del dictador con sus achichincles. Nota de agencia afp en el sitio "revista ñ".)
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jueves, 27 de junio de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
Autores triturados
La destrucción o el amor. Este es el título que catapultó a la gloria literaria al poeta y Premio Nobel sevillano Vicente Aleixandre, por el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía. Pero nadie hubiera dicho que, después del amor, efectivamente, la muerte espera. Y al sector editorial, especialmente, se le vela como si ya estuviera en un cementerio. En el 2012, se dieron de baja del Gremi d’Editors de Catalunya 17 editoriales. La mayoría de ellas, por asfixia económica, como DVD Ediciones.
“Nosotros resistimos porque hemos bajado los precios de venta al público, y porque hacemos primeras tiradas reducidas, realistas”, se convence el fundador de Ediciones Carena, José Membrive, con más de 20 años de profesión a sus espaldas y que trabaja con la fórmula de la coedición.
Los depósitos de libros de las editoriales que caen se compran a precio de saldo por empresas que buscan en la reventa un medio para sobrevivir. “Un destino habitual de los libros descatalogados es su venta en los mercados de viejo, como libros de ocasión”, refiere el secretario general del Gremi d’Editors de Catalunya, Segimon Borràs.
Los anuncios por internet proliferan. Por ejemplo, en la sección de clasificados de Eavisos.es: “Vendo libros sobrantes de stock editorial. Nuevos. Interesante para librerías sin contrato con distribuidoras”.
La empresa Torradas Dixtor S. L., especializada en “libros de oferta y restos de edición”, lleva tres generaciones impregnándose los dedos de tinta. “Nosotros compramos el sobrante de las ediciones. Nos hacemos con el stock de pequeñas y medianas editoriales: en general, son palés enteros, adquisiciones que van de los 500 a los 5.000 libros. A un precio mucho más barato, los vendemos a clientes especializados, que pueden ser o no libreros. Por lo general, se trata de feriantes o comerciantes del libro de ocasión”, resume Javier Torradas, realista y paciente. Su agenda es una tableta de tapa roja.
Torradas se sienta en su silla, en un espacio muerto en el vértice de los dos pasillos de su almacén, y se coloca los dedos en el entrecejo, masajeándose, cavilando: “Con la crisis económica, las editoriales nos ofrecen más productos. Las pequeñas cierran, y nosotros compramos su fondo. En los últimos meses, he comprado el catálogo entero de tres editoriales que han echado el cerrojo: Crónica Editorial, Styria y Zendrera Zariquiey, que han acabado en suspensión de pagos, sin poder saldar sus deudas. Me decían: ‘Las distribuidoras nos han arruinado’”, las exonera Javier, consciente de que más de la mitad del valor del libro queda en manos del mensajero: hasta un 60% (si un libro vale 10 euros, 6 euros son para el distribuidor).
El material que no consigue colocar Javier Torradas, se destruye: “Llamamos a empresas especializadas, en los polígonos industriales. Nos dan 80 euros por la tonelada de libros (unos mil libros), con el que harán papel para prensa”, calcula. Y el fondo editorial que sobra, a la trituradora. Los libros que los intermediarios no han podido colocar se prensan para hacer pasta de papel con la que editar más libros que, a su vez, tras la búsqueda infructuosa del amante lector, acabarán siendo destruidos.
Cristian Martínez, relaciones públicas de Saica Natur, en el polígono industrial de la Zona Franca de Barcelona, pone la puntilla a las ediciones que en su día fueron novedades: “Los libros llegan a nuestra planta directamente de editoriales o entidades que hacen limpieza. En función del tipo de libro, se mira de separar lo que es la propia tapa de las hojas del libro”.
Continúa Martínez: “Una vez segregados, se pasa a embalar las distintas calidades de hojas y tapas. Tras el proceso de embalaje se obtiene una bala de una calidad determinada, que se guarda en el almacén hasta su venta a papeleras. Las balas llegan, finalmente, a estas fábricas, donde, a través del pulper, hacen la pasta para el reciclado del papel”.
La paradoja es que el libro en papel va a la baja y, por el contrario, el número de lectores aumenta. En el conjunto del Estado español, en el 2010: 59,8% de lectores; en el 2011: 61,9%, y en el 2012: 63%.
(Eso en Europa, con una crisis económica acentuada. En México, en semana santa, asistí a una venta "de saldos y remates" de varias editoriales: me encontré con la desagradable sorpresa que la editorial Alfaguara tenía un extenso catálogo de autores sudamericanos, pero a precio no de "remate" sino entre 90 y 150 pesos, incluidas novelas que en su momento obtuvieron un premio en España. Por esto no me extrañaría que, más adelante, me encontrara en remate una gris novela de Julián Herbert. A un editor cuasi artesanal le pregunté por un volumen de relatos de Severino Salazar, me respondió que no tenía en "rebaja" a autores que todavía venden. Así que regresé a mi pueblo sin ejemplares de "Mecanismos de luz y otras iluminaciones". En el stand de Anagrama estaban exactamente los mismos autores de años anteriores, lo mismo en Random House Mondadori, FCE, UNAM, Tusquets, etcétera. Malos tiempos para los autores, libreros y lectores. No es gratuito que tengamos un presidente de la República iletrado. Nota reproducida del sitio "La Vanguardia." )
“Nosotros resistimos porque hemos bajado los precios de venta al público, y porque hacemos primeras tiradas reducidas, realistas”, se convence el fundador de Ediciones Carena, José Membrive, con más de 20 años de profesión a sus espaldas y que trabaja con la fórmula de la coedición.
Los depósitos de libros de las editoriales que caen se compran a precio de saldo por empresas que buscan en la reventa un medio para sobrevivir. “Un destino habitual de los libros descatalogados es su venta en los mercados de viejo, como libros de ocasión”, refiere el secretario general del Gremi d’Editors de Catalunya, Segimon Borràs.
Los anuncios por internet proliferan. Por ejemplo, en la sección de clasificados de Eavisos.es: “Vendo libros sobrantes de stock editorial. Nuevos. Interesante para librerías sin contrato con distribuidoras”.
La empresa Torradas Dixtor S. L., especializada en “libros de oferta y restos de edición”, lleva tres generaciones impregnándose los dedos de tinta. “Nosotros compramos el sobrante de las ediciones. Nos hacemos con el stock de pequeñas y medianas editoriales: en general, son palés enteros, adquisiciones que van de los 500 a los 5.000 libros. A un precio mucho más barato, los vendemos a clientes especializados, que pueden ser o no libreros. Por lo general, se trata de feriantes o comerciantes del libro de ocasión”, resume Javier Torradas, realista y paciente. Su agenda es una tableta de tapa roja.
Torradas se sienta en su silla, en un espacio muerto en el vértice de los dos pasillos de su almacén, y se coloca los dedos en el entrecejo, masajeándose, cavilando: “Con la crisis económica, las editoriales nos ofrecen más productos. Las pequeñas cierran, y nosotros compramos su fondo. En los últimos meses, he comprado el catálogo entero de tres editoriales que han echado el cerrojo: Crónica Editorial, Styria y Zendrera Zariquiey, que han acabado en suspensión de pagos, sin poder saldar sus deudas. Me decían: ‘Las distribuidoras nos han arruinado’”, las exonera Javier, consciente de que más de la mitad del valor del libro queda en manos del mensajero: hasta un 60% (si un libro vale 10 euros, 6 euros son para el distribuidor).
El material que no consigue colocar Javier Torradas, se destruye: “Llamamos a empresas especializadas, en los polígonos industriales. Nos dan 80 euros por la tonelada de libros (unos mil libros), con el que harán papel para prensa”, calcula. Y el fondo editorial que sobra, a la trituradora. Los libros que los intermediarios no han podido colocar se prensan para hacer pasta de papel con la que editar más libros que, a su vez, tras la búsqueda infructuosa del amante lector, acabarán siendo destruidos.
Cristian Martínez, relaciones públicas de Saica Natur, en el polígono industrial de la Zona Franca de Barcelona, pone la puntilla a las ediciones que en su día fueron novedades: “Los libros llegan a nuestra planta directamente de editoriales o entidades que hacen limpieza. En función del tipo de libro, se mira de separar lo que es la propia tapa de las hojas del libro”.
Continúa Martínez: “Una vez segregados, se pasa a embalar las distintas calidades de hojas y tapas. Tras el proceso de embalaje se obtiene una bala de una calidad determinada, que se guarda en el almacén hasta su venta a papeleras. Las balas llegan, finalmente, a estas fábricas, donde, a través del pulper, hacen la pasta para el reciclado del papel”.
La paradoja es que el libro en papel va a la baja y, por el contrario, el número de lectores aumenta. En el conjunto del Estado español, en el 2010: 59,8% de lectores; en el 2011: 61,9%, y en el 2012: 63%.
(Eso en Europa, con una crisis económica acentuada. En México, en semana santa, asistí a una venta "de saldos y remates" de varias editoriales: me encontré con la desagradable sorpresa que la editorial Alfaguara tenía un extenso catálogo de autores sudamericanos, pero a precio no de "remate" sino entre 90 y 150 pesos, incluidas novelas que en su momento obtuvieron un premio en España. Por esto no me extrañaría que, más adelante, me encontrara en remate una gris novela de Julián Herbert. A un editor cuasi artesanal le pregunté por un volumen de relatos de Severino Salazar, me respondió que no tenía en "rebaja" a autores que todavía venden. Así que regresé a mi pueblo sin ejemplares de "Mecanismos de luz y otras iluminaciones". En el stand de Anagrama estaban exactamente los mismos autores de años anteriores, lo mismo en Random House Mondadori, FCE, UNAM, Tusquets, etcétera. Malos tiempos para los autores, libreros y lectores. No es gratuito que tengamos un presidente de la República iletrado. Nota reproducida del sitio "La Vanguardia." )
miércoles, 9 de enero de 2013
Libros que nunca releerás
Hoy, en lo que va del día, han nacido 149.272 niños y niñas. Han muerto, 63.772 seres humanos. Se han gastado, desde que comenzó la jornada, 1.895.278.323 dólares en el mantenimiento de ejércitos que harán guerras inútiles y, muchos de ellos, se dedicarán a violar los derechos humanos.
Hoy, en lo que va del día, en este preciso instante, se han vendido 2.152.420 teléfonos celulares en todo el mundo. También, 291.575 televisores. Niños, jóvenes y no tan jóvenes han gastado, desde que comenzó la jornada, 76.570.901 dólares en videojuegos.
Hoy, en lo que va del día, murieron 13.229 personas de hambre, gran parte de ellas con menos de 5 años de edad. Hoy, en el mundo, hay 1.568.364.041 personas con sobrepeso. Un número que no va a disminuir, aunque los norteamericanos, desde el inicio del día, hayan gastado 82.162.444 dólares en dietas para adelgazar.
Desde que se ha iniciado año, 101.900 personas han perdido la vida por fumar. Desde que se ha iniciado el día, 6.665.245.093 cigarrillos han sido encendidos y se encenderán muchísimos más.
En los siete días, 9 horas y 53 minutos que han transcurrido del nuevo año, se han publicado 49.980 libros.
Cuando Ud. lea este mensaje, todas las cifras mencionadas habrán aumentado enormemente, menos la relativa a la publicación de libros.
La información la he extraído de Worldometers, un sistema de estadísticas mundiales en tiempo real sobre el que suelo detenerme cada tanto algunos segundos. Quizás, para ver si un día, por alguna razón misteriosa, el mundo cambia.
Desde Buenos Aires
PD: En lo que va del día, se han escrito 1.790.379 entradas de blogs. Esta es una de ellas.
(En lo que leíste y releíste esta encuesta mundial, instantánea e inútil, hiciste fila en el ejército de bueyes que encienden un cigarro cada cinco minutos, te incluiste entre los pendejos que proyectan una dieta de año nuevo para contrarrestar el sobrepeso de tamales, buñuelos y cacahuates consumidos entre el 15 y el 31 de diciembre. Te preguntaste si le hace falta a alguien el incremento del número de libros publicados puesto que se publica demasiada basura. Recordaste que en diciembre compraste y leíste una novela fallida de Ricardo Piglia, "Blanco nocturno" y otra de Sandor Márai, "Liberación", a la que viste como parte de una saga autobiográfica que termina con el tomo de su diario en que se dispara en la boca para terminar con todo. Y sí: no dudo que cada segundo se escriban blogs inocuos como este, llamado "Los Lavaderos", dirigido a mis amigos conocidos y desconocidos. Pablo Gentil es el autor de la nota aquí parafraseada y calcada del sitio "El País.")
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