Si enciendes un cerillo mientras
haces un recuento de tu vida,
la flama morirá entre las yemas.
Si dejas la máquina en stand by
mientras te abres las canillas
con navajas, aquella se apagará.
Si dejas abierta la posibilidad de,
en lo que llenas la página con
una petición de auxilio, caerá la noche.
Si colocas los anteojos junto
al vaso de agua mientras el veneno
se expande, aquellos parpadearán lento.
Si te aferras al pecho la mascota
de la vitrina, escucharás
que expresa a tu oído un "ay".
Si abres las ventanas para que el gas
se vaya, quizá lo intentes de nuevo.
Más tarde.
domingo, 18 de noviembre de 2012
sábado, 17 de noviembre de 2012
Instrucciones previas al concierto de Madona
Mi Amigo Uruguayo me avisó que estaría en Buenos Aires para el día de la Marcha del Orgullo, y nos dimos cita en Plaza de Mayo. “Buscame en el quiosco de Soy o en el camión BDSM leather”, le dije. Como suele ocurrir en tan multitudinaria marcha, sobre todo con alguien cuyo aspecto físico apenas conocés por foto, nos desencontramos. Cuando lo llamé al hotel a la mañana siguiente, medio dormido me contó que me había buscado: habrá pasado por el puesto de Soy justo cuando yo permanecía atado, amordazado y encerrado en una jaula en el camión BDSM leather, al que seguramente llegó una vez que yo había sido liberado y estaba asomando la cara barbuda por el agujero de una gigantografía con el cuerpo de Silvia Molloy para que Sebastián Freire me sacara una foto.
A mi Amigo Uruguayo lo había conocido hacía más de un año, cuando me solicitó amistad por Facebook. Como los dos tenemos VIH, los temas de conversación oscilaban entre la dificultad de él para conseguir sus medicamentos en Uruguay, nuestras preferencias sexuales, las ventajas y desventajas de cada cóctel de drogas, los vaivenes en el amor y la visibilidad como seropositivos, todo atravesado por un juego de seducción, con avances y retrocesos, citas frustradas y sesiones de cibersex de alto voltaje.El día llegó y por fin nos conocimos. Me llamó desde el Abasto, que queda a cinco cuadras de mi casa, y le dije que viniera. Cuando lo vi en la entrada del edificio me sorprendió: era mucho más lindo que en las fotos, altísimo y atlético como un jugador de vóleibol. Y así, como en un partido donde la pelota va y viene pasando por encima de una red, estuvimos un par de horas, porque cuando el Uruguayo llamó me estaba visitando mi amigo R, pero decidí no postergar más el encuentro.
Mientras fumábamos porro, conversábamos y escuchábamos música, yo miraba al Uruguayo, el Uruguayo me miraba, yo miraba a R tratando de comunicarle telepáticamente que nos dejara solos, R miraba baboseado al Uruguayo, el Uruguayo nos contaba en detalle la medicación psiquiátrica que tomaba para mantener a raya su bipolaridad, yo pensaba si el porro le haría bien combinado con toda esa artillería de pastillas, el Uruguayo se tapaba el bulto con un almohadón mientras nos contaba cómo se estaban organizando con un grupo de fans de Madonna para acampar antes del recital y así poder encontrar la mejor ubicación en el “campo vip”, hasta que mi amigo R se dio cuenta de que me estaba arruinando el tan ansiado polvo con el Uruguayo, o simplemente tenía otra cosa que hacer y decidió irse. Cuando nos quedamos solos, el Uruguayo empezó a mostrarme los videos que había hecho en la Marcha, buen pretexto para acercarnos más. Sentados en el sillón, los dos mirábamos la pantallita de su cámara, yo asomado por encima de su hombro y rodeándole la cintura con un brazo. El insistía en encontrar uno donde dos chabones se estaban besando, tarea que le llevó casi una hora más, hasta que desistió y empezamos a besarnos nosotros.
(Nota de Pablo Pérez tomada del sitio "soy". )
viernes, 16 de noviembre de 2012
Herbert: abrazar la impureza del lenguaje
Julián Herbert aparece vestido de jeans, una mochila y cabeza rapada, sencillo entre los escritores que pasean por la Estación Mapocho de traje y anteojos de carey. Se sienta y mientras apura un cigarro habla del cansancio producto de meses de entrevistas y vuelos que vinieron después de ganar los premios Jaén de Novela 2011 y el Premio de Novela Elena Poniatowska, de México. Días ajetreados que lo sacaron de su pequeño paraíso en Saltillo, ciudad a 400 kilómetros de la frontera con Texas, y una casa con huerta donde en las mañanas baila con su hijo y los fines de semana escucha música y toma unas cervezas con sus amigos.
Ya había escrito Cocaína (2006) y Apuntes sobre la poesía mexicana (2010). En esta ocasión, llegó a la Feria Internacional de Libro de Santiago donde su novela Canción de tumba (Mondadori) se presentó en la mesa “Diálogos Latinoamericanos” y recibió elogios de sus pares chilenos.
Si su prosa fuera tangible, sería un preciso gancho en el rostro, un knock out que despabila al lector. Su voz narrativa intensa dibuja las relaciones familiares y toda destrucción posible. Esta es la historia de su madre, una mujer que trabajó como prostituta desde la infancia de Julián hasta su adolescencia, la que en su adultez padece leucemia y él debe cuidar y hasta darle comida en la boca. Todo en medio de una relación de amor-odio. “Que me dijo si te vas a ir vete grandísimo hijo de puta, tú no eres para mí más que un perro rabioso. Que la odie desde septiembre de 1992 hasta diciembre de 1999”, escribió Herbert a oscuras en las solitarias noches de hospital, donde pese a al sentimiento ambivalente hubo recuerdos de ternura. “Que la he amado siempre con la luz intacta de la mañana en que me enseñó a escribir mi nombre”...
-Sobre buscar un lenguaje desde donde narrar, en este caso el spanglish, los recuerdos y citas, sobre esa mixtura dijiste: “Ya no somos escritores, somos Djs”.
-El escritor mexicano promedio viene de la clase media. Tampoco quiero que suene como una simplificación, hay de todo, pero la fuerza verbal se construye en este estrato. Digamos que arribé a la clase media, pero también tengo esa raíz en mi otra relación con lo pop, con los bajos fondos y la vida entre lo rural y lo urbano que es mi origen y me es muy natural. Por ejemplo, la última novela de Yuri Herrera es un ejemplo de cómo un libro puede ser urbano y rural al mismo tiempo, y eso para mí es la invención de un lenguaje para usarlo en un libro, pero también para habitar un momento.
-Dijiste que esta novela te acompañó toda la vida, ¿cómo fue terminarla tras la muerte de tu madre?
-Lo hice de una manera pragmática. El principio de esta novela fue escribir en la habitación del hospital universitario mientras mi mamá estaba enferma. Entonces, más que encontrar la energía encontré la oportunidad para escribirla, era una historia que estaba ahí, que ni si quiera me había planteado si era una buena historia. No quería voltear a ver lo que me resultaba muy doloroso en muchos sentidos, más que vergonzoso. Pero cuando empecé a escribir me di cuenta que estaba pasando lo que pasa con la literatura: le da pertinencia a lo que toca. Cuando afrontas algo a través de la literatura se convierte en algo mucho más consistente, mucho más humano.
-La música cruza tu vida y tienes una banda de rock llamada “Madrastras”. ¿Cómo aparece lo melómano en la creación?
-Hay una frase en el libro que es verdad para mí: “Mi madre no es mi madre, mi madre es la música”. La relación que tengo con la música es casi indecible de lo feliz que me hace. Desconfío de la idea de lo sublime, porque estas generaciones posmodernas somos huérfanos de lo sublime. Si la alcanzo de reojo es a través de ella. Con mi banda y mi proceso de trabajo, me considero un músico más bien mediocre, pero consumo música de forma omnívora. Me gusta el jazz, el rock y la música norteña. Por ejemplo, mi hijo de tres años escucha Moby y empieza a contar una historia de dinosaurios o de súper héroes, le pone soundtrack a sus historias. Eso es lo que quiero alcanzar.
Lloverán cabezas sobre México
El escritor utiliza el concepto de “Suave Patria” para definir con ironía los problemas que aquejan su país citando a Ramón López Velarde con uno de los poemas fundacionales de su historia. “Es un poema optimista que ve al país como una muchacha. La idea era muy linda, la de despojar a la patria de esa aura gloriosa del siglo XIX y presentarla como una doncella virgen. Después la metáfora se vuelve brutal porque México se convirtió en una puta vieja, como mi mamá”, explica Herbert. Acto seguido confiesa que en la novela los temas de la violencia y los crímenes son subsidiarios, no centrales, no porque no lo crea, sino porque aún no lo asimila. “En este momento nada más me aterroriza, me indigna y otras veces me deprime”.
-En México y entre los jóvenes eres conocido por tu poesía. ¿Cuánto te ayudó para acercarte al estilo con el que escribiste tu novela?
-Para mí una diferencia obvia entre la prosa y el verso es que el encabalgamientos mucho más fuerte en la poesía. Escribo pensando en la poesía, en su ritmo, en la música y no conozco un escritor que me guste mucho que de algún modo que no haya manifestado que son lectores de poesía. Santiago Gamboa –que es un tipo muy brillante–, dice que a veces el problema con los poetas es que no son capaces de escribir una frase simple porque les parece muy banal, entonces la cargan demasiado. Muchos, no todos los poetas, tienen ese defecto. Para mí el verdadero acercamiento a la novela desde la poesía es abrazar la impureza del lenguaje
-En el libro no haces un análisis social de la violencia en México, pero tocas el tema de manera personal. Cuentas que tienes pesadillas con cuerpos cercenados y citas la frase de Juan Carlos Bautista: “Lloverán cabezas sobre México”.
-No puedes vivir en esa tensión permanentemente porque te quebrarías y te volverías loco. Lo pongo así, por ejemplo: hace dos años y sobre todo el último ha sido tremendo. Cuando pasa lo de los primeros muertos que se mencionan en la novela pensé que era terrible, lo peor que pudo haber pasado. Después de seis meses, como todos los días hay balaceras en la calles, lo que hacemos con mi mujer es revisar Twitter para saber por qué ruta debemos llevar a nuestro hijo a la escuela, nos informamos dónde están las balaceras como otros lo hacen para revisar el estado del tráfico. Lo que quiero decir: lo tremendo de todo esto es que los seres humanos acabamos habituándonos al horror.
-El escritor Carlos Fuentes dijo una vez que los narradores jóvenes eran más libres porque ya no tenían la obligación de darle voz a los sin voz. ¿Qué opinas?
-No sé si más libres, no sé si se puede ser libre en una sociedad teatralizada, ciega por el consumo, superpoblada, descreída y tan cínica. Asumo mi cuota de cinismo con la que vivo, pero la literatura mexicana se ha vuelto básicamente cínica con lo que está pasando en el país y eso pasa con muchos escritores. No voy a dar nombres...
(Cuando leíste "Canción de tumba", dijiste: "ay, no es la gran chingadera". Y es que José Revueltas escribió una historia de un hijo de puta. Fernando de Rojas escribió "La Celestina", Jesús González Dávila escribió la historia del niño Rufino que busca al padre que no conoce: y cuando lo conoce el papá es un travesti lumpen; y así sucesivamente. Quizá la fuerza de la novela de Julián Herbert radique en el lenguje poético de ciertos pasajes: aquellos en que el hijo se hinca ante la madre, en la atracción sexual de un incesto que nunca se consuma, a diferencia de la tragedia de Sófocles. Entrevista de Carolina Rojas N., calcada del sitio "revistañ", Clarín.)
Ya había escrito Cocaína (2006) y Apuntes sobre la poesía mexicana (2010). En esta ocasión, llegó a la Feria Internacional de Libro de Santiago donde su novela Canción de tumba (Mondadori) se presentó en la mesa “Diálogos Latinoamericanos” y recibió elogios de sus pares chilenos.
Si su prosa fuera tangible, sería un preciso gancho en el rostro, un knock out que despabila al lector. Su voz narrativa intensa dibuja las relaciones familiares y toda destrucción posible. Esta es la historia de su madre, una mujer que trabajó como prostituta desde la infancia de Julián hasta su adolescencia, la que en su adultez padece leucemia y él debe cuidar y hasta darle comida en la boca. Todo en medio de una relación de amor-odio. “Que me dijo si te vas a ir vete grandísimo hijo de puta, tú no eres para mí más que un perro rabioso. Que la odie desde septiembre de 1992 hasta diciembre de 1999”, escribió Herbert a oscuras en las solitarias noches de hospital, donde pese a al sentimiento ambivalente hubo recuerdos de ternura. “Que la he amado siempre con la luz intacta de la mañana en que me enseñó a escribir mi nombre”...
-Sobre buscar un lenguaje desde donde narrar, en este caso el spanglish, los recuerdos y citas, sobre esa mixtura dijiste: “Ya no somos escritores, somos Djs”.
-El escritor mexicano promedio viene de la clase media. Tampoco quiero que suene como una simplificación, hay de todo, pero la fuerza verbal se construye en este estrato. Digamos que arribé a la clase media, pero también tengo esa raíz en mi otra relación con lo pop, con los bajos fondos y la vida entre lo rural y lo urbano que es mi origen y me es muy natural. Por ejemplo, la última novela de Yuri Herrera es un ejemplo de cómo un libro puede ser urbano y rural al mismo tiempo, y eso para mí es la invención de un lenguaje para usarlo en un libro, pero también para habitar un momento.
-Dijiste que esta novela te acompañó toda la vida, ¿cómo fue terminarla tras la muerte de tu madre?
-Lo hice de una manera pragmática. El principio de esta novela fue escribir en la habitación del hospital universitario mientras mi mamá estaba enferma. Entonces, más que encontrar la energía encontré la oportunidad para escribirla, era una historia que estaba ahí, que ni si quiera me había planteado si era una buena historia. No quería voltear a ver lo que me resultaba muy doloroso en muchos sentidos, más que vergonzoso. Pero cuando empecé a escribir me di cuenta que estaba pasando lo que pasa con la literatura: le da pertinencia a lo que toca. Cuando afrontas algo a través de la literatura se convierte en algo mucho más consistente, mucho más humano.
-La música cruza tu vida y tienes una banda de rock llamada “Madrastras”. ¿Cómo aparece lo melómano en la creación?
-Hay una frase en el libro que es verdad para mí: “Mi madre no es mi madre, mi madre es la música”. La relación que tengo con la música es casi indecible de lo feliz que me hace. Desconfío de la idea de lo sublime, porque estas generaciones posmodernas somos huérfanos de lo sublime. Si la alcanzo de reojo es a través de ella. Con mi banda y mi proceso de trabajo, me considero un músico más bien mediocre, pero consumo música de forma omnívora. Me gusta el jazz, el rock y la música norteña. Por ejemplo, mi hijo de tres años escucha Moby y empieza a contar una historia de dinosaurios o de súper héroes, le pone soundtrack a sus historias. Eso es lo que quiero alcanzar.
Lloverán cabezas sobre México
El escritor utiliza el concepto de “Suave Patria” para definir con ironía los problemas que aquejan su país citando a Ramón López Velarde con uno de los poemas fundacionales de su historia. “Es un poema optimista que ve al país como una muchacha. La idea era muy linda, la de despojar a la patria de esa aura gloriosa del siglo XIX y presentarla como una doncella virgen. Después la metáfora se vuelve brutal porque México se convirtió en una puta vieja, como mi mamá”, explica Herbert. Acto seguido confiesa que en la novela los temas de la violencia y los crímenes son subsidiarios, no centrales, no porque no lo crea, sino porque aún no lo asimila. “En este momento nada más me aterroriza, me indigna y otras veces me deprime”.
-En México y entre los jóvenes eres conocido por tu poesía. ¿Cuánto te ayudó para acercarte al estilo con el que escribiste tu novela?
-Para mí una diferencia obvia entre la prosa y el verso es que el encabalgamientos mucho más fuerte en la poesía. Escribo pensando en la poesía, en su ritmo, en la música y no conozco un escritor que me guste mucho que de algún modo que no haya manifestado que son lectores de poesía. Santiago Gamboa –que es un tipo muy brillante–, dice que a veces el problema con los poetas es que no son capaces de escribir una frase simple porque les parece muy banal, entonces la cargan demasiado. Muchos, no todos los poetas, tienen ese defecto. Para mí el verdadero acercamiento a la novela desde la poesía es abrazar la impureza del lenguaje
-En el libro no haces un análisis social de la violencia en México, pero tocas el tema de manera personal. Cuentas que tienes pesadillas con cuerpos cercenados y citas la frase de Juan Carlos Bautista: “Lloverán cabezas sobre México”.
-No puedes vivir en esa tensión permanentemente porque te quebrarías y te volverías loco. Lo pongo así, por ejemplo: hace dos años y sobre todo el último ha sido tremendo. Cuando pasa lo de los primeros muertos que se mencionan en la novela pensé que era terrible, lo peor que pudo haber pasado. Después de seis meses, como todos los días hay balaceras en la calles, lo que hacemos con mi mujer es revisar Twitter para saber por qué ruta debemos llevar a nuestro hijo a la escuela, nos informamos dónde están las balaceras como otros lo hacen para revisar el estado del tráfico. Lo que quiero decir: lo tremendo de todo esto es que los seres humanos acabamos habituándonos al horror.
-El escritor Carlos Fuentes dijo una vez que los narradores jóvenes eran más libres porque ya no tenían la obligación de darle voz a los sin voz. ¿Qué opinas?
-No sé si más libres, no sé si se puede ser libre en una sociedad teatralizada, ciega por el consumo, superpoblada, descreída y tan cínica. Asumo mi cuota de cinismo con la que vivo, pero la literatura mexicana se ha vuelto básicamente cínica con lo que está pasando en el país y eso pasa con muchos escritores. No voy a dar nombres...
(Cuando leíste "Canción de tumba", dijiste: "ay, no es la gran chingadera". Y es que José Revueltas escribió una historia de un hijo de puta. Fernando de Rojas escribió "La Celestina", Jesús González Dávila escribió la historia del niño Rufino que busca al padre que no conoce: y cuando lo conoce el papá es un travesti lumpen; y así sucesivamente. Quizá la fuerza de la novela de Julián Herbert radique en el lenguje poético de ciertos pasajes: aquellos en que el hijo se hinca ante la madre, en la atracción sexual de un incesto que nunca se consuma, a diferencia de la tragedia de Sófocles. Entrevista de Carolina Rojas N., calcada del sitio "revistañ", Clarín.)
jueves, 15 de noviembre de 2012
Aguilar Camín y el PAN
GUADALAJARA.- Por fin se pudo saber cuánto le pagó el
gobierno de Emilio González Márquez a Héctor Aguilar Camín por la realización de
un pretendido estudio sobre la situación del narcotráfico en Jalisco y el cual
le fue contratado al director de la revista Nexos en el verano de 2011. Cobró 2
millones quien desde hace tiempo puede presumir de ser uno de los intelectuales
mexicanos que ha hecho los mejores negocios –también los más ventajosos– con el
sector oficial del país. Y es que desde los tempranos años ochenta Aguilar Camín
ha realizando toda clase de business, no sólo con diversas administraciones del
gobierno federal, sino también con los de los ámbitos estatal y municipal, y sin
que hayan escapado de su cartera de clientes ni universidades públicas ni
organismos no gubernamentales o ciudadanizados.
Todo hace pensar que esos 2 millones de pesos, cobrados por Aguilar Camín a través de una de las razones sociales que regentea (Nexos Sociedad Ciencia y Literatura, S.A. de C.V.), no incluyen la publicación de un libro colectivo, con un tiraje de 5 mil ejemplares, titulado Jalisco: más allá de la guerra de las drogas, que aparece con el sello de Cal y Arena, editorial de la que, casualmente, Aguilar Camín también es propietario. Y tampoco se incluyen, con toda seguridad, los gastos que generaron las aparatosas presentaciones de dicho libro tanto en Guadalajara (el 18 de octubre) como en la Ciudad de México (el 23 de octubre), a las que asistieron los participantes en el “estudio” y funcionarios estatales del ramo de seguridad, el primer grupo encabezado por Aguilar Camín y el segundo por el gobernador González Márquez.
En otras palabras, si a los 2 millones de pesos cobrados por Aguilar Camín por concepto de “honorarios profesionales” se suman los boletos de avión, los gastos de hospedaje y viáticos tanto suyos como de sus colaboradores en las repetidas visitas que hicieron a Guadalajara, así como el costo que para el gobierno de Jalisco representó el traslado de diversos funcionarios a la Ciudad de México, no sería exagerado estimar que el encargo de González Márquez a Aguilar Camín sobrepasó holgadamente los 3 millones de pesos. ¿A cambio de qué? A cambio de rizar el rizo, de ofrecer un “estudio” sobre el problema de las drogas con las conclusiones obvias y propuestas ídem que podría hacer cualquier hijo de vecino, como la de “abrir al debate la legalización” de algunas drogas (Mural, 19 de octubre).
Con este nuevo parto de los montes, las arcas estatales podrían haberse ahorrado perfectamente los millones que se gastaron en Aguilar Camín y colaboradores, suma que pudo haber sido utilizada para atender alguna de las múltiples necesidades de la sociedad jalisciense.
¿Qué llevó al panista Emilio González Márquez a contratar los servicios de quien fuera el intelectual favorito de los regímenes priistas de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari? ¿Por qué tenía que ser un gobierno estatal, como el de Jalisco, y no la federación, el que encargara un estudio sobre las drogas? ¿Y qué llevó a pensar al gobernador González Márquez que Aguilar Camín era la persona indicada para realizar ese estudio sobre el consumo y el tráfico de enervantes en Jalisco, si se considera que el historiador que devino novelista es por completo ajeno a la realidad de nuestro estado?
Todo comenzó hacia mediados del año pasado, cuando González Márquez acariciaba la idea de convertirse en el candidato del Partido Acción Nacional al gobierno de la República. Para ello ya tenía una carta fuerte a nivel nacional: los Juegos Panamericanos, que se celebrarían en octubre siguiente, y cuya inminente realización le daba un buen pretexto para recorrer buena parte de la geografía del país.
Y con el argumento de ir a promover los Panamericanos a distintas entidades, el mandatario estatal se dedicaba sobre todo a llevar agua a su molino político particular, a hacer proselitismo para su precandidatura presidencial, comparando, según él, su “exitosa” gestión al frente del gobierno de Jalisco con los “pobres” y “malos” resultados de Enrique Peña Nieto en el Estado de México, al que vislumbraba entonces como su principal adversario en la carrera presidencial.
Pero González Márquez sentía que le faltaba otra carta fuerte para llamar la atención del electorado nacional y, ya sea por cuenta propia o por recomendación de alguna persona cercana a él, decidió que un asunto tan caliente como el del problema del narcotráfico en el país podría ser esa carta fuerte que andaba buscando. La elección de Héctor Aguilar Camín se hizo más por el renombre mediático del personaje que por su conocimiento en cuestiones de narcotráfico. Realizar un estudio, con muchos cuadros estadísticos y cifras y datos mareadores sobre el particular, y a partir de ello hacer propuestas para tratar de salir del problema, respaldándolo todo con un personaje de renombre como el director de la revista Nexos, era algo que parecía venirle como anillo al dedo a quien se le quemaban las habas por estar presente en el ánimo de los votantes del país.
En otras palabras, el pretendido estudio sobre el narcotráfico en México y particularmente en Jalisco no surgió como un fin en sí mismo (como un deseo auténtico y políticamente desinteresado para buscarle una salida razonada al atosigante problema del consumo y el tráfico de drogas), sino como un medio para atraer los reflectores sobre quien más se venía moviendo en la pasarela prelectoral del país.
Una prueba de que ese “estudio” sobre el problema del narcotráfico era para favorecer las aspiraciones e intereses políticos inmediatos de González Márquez se tiene en el plazo inicial en que debió haber estado concluida esa sesuda narco-investigación: en la segunda quincena de noviembre de 2011, es decir, pocos días después de que se clausuraran los Juegos Panamericanos, y en vísperas de que los panistas eligieran a sus precandidatos presidenciales. El problema fue que como los tiempos prelectorales del PAN se adelantaron y para entonces los Juegos Panamericanos ni siquiera habían sido inaugurados. Ante ello, González Márquez se vio precisado a anunciar que siempre no intentaría ser el candidato de su partido a la presidencia de México.
Pero como Aguilar Camín ya había sido contratado para coordinar el pretendido estudio sobre el narcotráfico, ese proyecto no se canceló. Lo único que cambió fue el plazo de la entrega: de noviembre de 2011, como había sido anunciado en un principio, se pasó a octubre de 2012. Casi un año adicional para que los estudiosos de asuntos sobre narcotráfico convocados por Aguilar Camín echaran choro más reposadamente e insistieran en lo que medio mundo se ha venido pronunciando desde hace años: en la necesidad “impostergable” de que el gobierno convoque a una discusión seria sobre la conveniencia de legalizar el comercio de algunas drogas, en lo aconsejable que sería no considerar al adicto como un delincuente, sino como un enfermo que debe ser atenido y, por lo mismo, en que es preciso promover la despenalización del consumo de drogas.
Estos y otros lugares comunes aparecen a destajo y sin mayores variantes en el pretendido estudio Jalisco: más allá de la guerra de las drogas, el cual en esencia es un trabajo redundante y ocioso, pues no va más allá de rizar el rizo, aun cuando la persona que encargó (¿eres tú, Emilio?) tan ociosa tarea se haya gastado en ello varios millones de pesos del dinero de los contribuyentes.
(nota de Juan José Doñán tomada del sitio Proceso.)
Todo hace pensar que esos 2 millones de pesos, cobrados por Aguilar Camín a través de una de las razones sociales que regentea (Nexos Sociedad Ciencia y Literatura, S.A. de C.V.), no incluyen la publicación de un libro colectivo, con un tiraje de 5 mil ejemplares, titulado Jalisco: más allá de la guerra de las drogas, que aparece con el sello de Cal y Arena, editorial de la que, casualmente, Aguilar Camín también es propietario. Y tampoco se incluyen, con toda seguridad, los gastos que generaron las aparatosas presentaciones de dicho libro tanto en Guadalajara (el 18 de octubre) como en la Ciudad de México (el 23 de octubre), a las que asistieron los participantes en el “estudio” y funcionarios estatales del ramo de seguridad, el primer grupo encabezado por Aguilar Camín y el segundo por el gobernador González Márquez.
En otras palabras, si a los 2 millones de pesos cobrados por Aguilar Camín por concepto de “honorarios profesionales” se suman los boletos de avión, los gastos de hospedaje y viáticos tanto suyos como de sus colaboradores en las repetidas visitas que hicieron a Guadalajara, así como el costo que para el gobierno de Jalisco representó el traslado de diversos funcionarios a la Ciudad de México, no sería exagerado estimar que el encargo de González Márquez a Aguilar Camín sobrepasó holgadamente los 3 millones de pesos. ¿A cambio de qué? A cambio de rizar el rizo, de ofrecer un “estudio” sobre el problema de las drogas con las conclusiones obvias y propuestas ídem que podría hacer cualquier hijo de vecino, como la de “abrir al debate la legalización” de algunas drogas (Mural, 19 de octubre).
Con este nuevo parto de los montes, las arcas estatales podrían haberse ahorrado perfectamente los millones que se gastaron en Aguilar Camín y colaboradores, suma que pudo haber sido utilizada para atender alguna de las múltiples necesidades de la sociedad jalisciense.
¿Qué llevó al panista Emilio González Márquez a contratar los servicios de quien fuera el intelectual favorito de los regímenes priistas de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari? ¿Por qué tenía que ser un gobierno estatal, como el de Jalisco, y no la federación, el que encargara un estudio sobre las drogas? ¿Y qué llevó a pensar al gobernador González Márquez que Aguilar Camín era la persona indicada para realizar ese estudio sobre el consumo y el tráfico de enervantes en Jalisco, si se considera que el historiador que devino novelista es por completo ajeno a la realidad de nuestro estado?
Todo comenzó hacia mediados del año pasado, cuando González Márquez acariciaba la idea de convertirse en el candidato del Partido Acción Nacional al gobierno de la República. Para ello ya tenía una carta fuerte a nivel nacional: los Juegos Panamericanos, que se celebrarían en octubre siguiente, y cuya inminente realización le daba un buen pretexto para recorrer buena parte de la geografía del país.
Y con el argumento de ir a promover los Panamericanos a distintas entidades, el mandatario estatal se dedicaba sobre todo a llevar agua a su molino político particular, a hacer proselitismo para su precandidatura presidencial, comparando, según él, su “exitosa” gestión al frente del gobierno de Jalisco con los “pobres” y “malos” resultados de Enrique Peña Nieto en el Estado de México, al que vislumbraba entonces como su principal adversario en la carrera presidencial.
Pero González Márquez sentía que le faltaba otra carta fuerte para llamar la atención del electorado nacional y, ya sea por cuenta propia o por recomendación de alguna persona cercana a él, decidió que un asunto tan caliente como el del problema del narcotráfico en el país podría ser esa carta fuerte que andaba buscando. La elección de Héctor Aguilar Camín se hizo más por el renombre mediático del personaje que por su conocimiento en cuestiones de narcotráfico. Realizar un estudio, con muchos cuadros estadísticos y cifras y datos mareadores sobre el particular, y a partir de ello hacer propuestas para tratar de salir del problema, respaldándolo todo con un personaje de renombre como el director de la revista Nexos, era algo que parecía venirle como anillo al dedo a quien se le quemaban las habas por estar presente en el ánimo de los votantes del país.
En otras palabras, el pretendido estudio sobre el narcotráfico en México y particularmente en Jalisco no surgió como un fin en sí mismo (como un deseo auténtico y políticamente desinteresado para buscarle una salida razonada al atosigante problema del consumo y el tráfico de drogas), sino como un medio para atraer los reflectores sobre quien más se venía moviendo en la pasarela prelectoral del país.
Una prueba de que ese “estudio” sobre el problema del narcotráfico era para favorecer las aspiraciones e intereses políticos inmediatos de González Márquez se tiene en el plazo inicial en que debió haber estado concluida esa sesuda narco-investigación: en la segunda quincena de noviembre de 2011, es decir, pocos días después de que se clausuraran los Juegos Panamericanos, y en vísperas de que los panistas eligieran a sus precandidatos presidenciales. El problema fue que como los tiempos prelectorales del PAN se adelantaron y para entonces los Juegos Panamericanos ni siquiera habían sido inaugurados. Ante ello, González Márquez se vio precisado a anunciar que siempre no intentaría ser el candidato de su partido a la presidencia de México.
Pero como Aguilar Camín ya había sido contratado para coordinar el pretendido estudio sobre el narcotráfico, ese proyecto no se canceló. Lo único que cambió fue el plazo de la entrega: de noviembre de 2011, como había sido anunciado en un principio, se pasó a octubre de 2012. Casi un año adicional para que los estudiosos de asuntos sobre narcotráfico convocados por Aguilar Camín echaran choro más reposadamente e insistieran en lo que medio mundo se ha venido pronunciando desde hace años: en la necesidad “impostergable” de que el gobierno convoque a una discusión seria sobre la conveniencia de legalizar el comercio de algunas drogas, en lo aconsejable que sería no considerar al adicto como un delincuente, sino como un enfermo que debe ser atenido y, por lo mismo, en que es preciso promover la despenalización del consumo de drogas.
Estos y otros lugares comunes aparecen a destajo y sin mayores variantes en el pretendido estudio Jalisco: más allá de la guerra de las drogas, el cual en esencia es un trabajo redundante y ocioso, pues no va más allá de rizar el rizo, aun cuando la persona que encargó (¿eres tú, Emilio?) tan ociosa tarea se haya gastado en ello varios millones de pesos del dinero de los contribuyentes.
(nota de Juan José Doñán tomada del sitio Proceso.)
El plagio o "los puteríos de aldea"
Las personas de a pie que cultivan la imaginación, mejoran su sensibilidad, afilan la mirada crítica, ensanchan sus percepciones o simplemente gozan, pertenecen a un mundo que obliga a los creadores a tomar distancia, para rencontrarse con él. Si lo consiguen, nunca sabrán con exactitud a qué atribuir su autoridad.
La crítica especializada procede al revés. Inmersa en lo contingente, maneja datos y lenguajes para iniciados, tratando de interpretar los misteriosos deltas de la creación. A veces, orienta y estimula. Otras, confunde y destruye. ¿Pero quiénes, para qué, desde qué lugar ponderar y juzgar?De primera clase o segunda categoría, abundan críticos y autores que, a falta de más, se solazan con puteríos de aldea. La
éticay la
moralson sus temas favoritos. Y si por ellos fuera, tras la reciente aparición en Buenos Aires del prontuario policial de Carlos Gardel que lo sindica como
estafador, le quitarían lo bailado.
¿Será el plagio literario una suerte de estafa con atenuantes? Hermenéutico asunto que volvió por sus fueros, luego que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) concedió al peruano Alfredo Bryce Echenique el Premio 2012 de Lenguas Romances, a más de un merecido homenaje a Carlos Fuentes.
Autores, críticos y periodistas curiosos se preguntaron: ¿por qué los aldeanos vanidosos acusaron al autor de Un mundo para Julius (1970) de
plagiarioy
polémico, librando a Fuentes de igual
pecado? Y sabrá usted disculpar por no entrecomillar
aldeanos vanidosos, pues no recuerdo si los
derechos de autorson de José Martí o Chicharito Hernández.
Hace muchos años, el cubano Guillermo Cabrera Infante acusó a Fuentes de que la novela Cumpleaños (Mortiz, 1969) se inspiró en otra de su autoría. Y en 1997, un par de investigadores apuntaron en la novela Diana o la cazadora solitaria (Alfaguara, 1994), 95 coincidencias textuales y personajes similares a los aparecidos en un texto de Víctor Manuel Celorio (1987).
Fuentes se defendía mejor que Bryce, respondiendo con una verdad que a muchos saca de quicio:
No hay libro que no descienda de otro libro. En cambio, Bryce Echenique endosó a su secretaria la culpa de ciertas licencias con varios artículos periodísticos que habría plagiado.
Referentes de la gran literatura latinoamericana, los libros de Fuentes y Bryce Echenique sobrevuelan el cosmopolitismo barrial, fundiendo mexicanidad y peruanidad con auténticas miradas cosmopolitas. ¿Qué subyace, entonces, en los infames señalamientos de
plagio?
Indulgente, el crítico y novelista argentino Ricardo Piglia cree que el plagio sería una práctica ligada a la “…apropiación y la admiración, dos palabras tan parecidas…”. Agrega:
el plagio es la forma más ingenua de admiración literaria(revista Qué Pasa, Chile, 17/04/03). Como fuere, el acto de plagiar no le ha quitado el sueño a un sinnúmero de autores ilustres.
En el blog Autores del Mundo, conflictos interesantes sobre la creación (eso sí, con
derechos reservados), la nómina resulta inquietante: empieza con los autores del llamado Siglo de Oro español, y termina en el presente, sin agotarse. Ahí están casi todos.
Felizmente, la nómina excluye a los
negrosque en México se dedican a cazar plagios, a cuenta de un protervo
empresario de la cultura. Razón por la cual, un autor de la revista de poesía La Otra, propuso nombrar al líder de aquellos en
fiscal único y perpetuo de la literatura mexicana.
En El plagio utópico, la hipertextualidad y la producción cultural electrónica se propone acabar con la noción que al plagio atribuye connotaciones negativas (capítulo 5 de
The electronic disturbance, Critical Art Ensemble, Autonomedia, Brooklyn, 1994), Obra sólida y de autoría colectiva, que encaja a la perfección con La respuesta imposible (Siglo XXI, 2002), ensayo del gran Federico Álvarez, donde se muestra que todos los pensadores revolucionarios fueron
eclécticos.
Plagio, eclecticismo, perogrulladas: ningún hallazgo creativo surge de la nada. De origen renacentista, el concepto de
plagiopegó un salto cualitativo en el siglo XIX, y fue institucionalizado por un sistema clasista que, para legitimarse, requería de
celebridadesy
citas de autoridad.
Cuando el tiempo lo permite, releo a Jack London, tan distinto y superior a las incontables obras originales que plagió. London, Fuentes, Bryce Echenique son importantes. Y en particular, para los que anhelan
salvar el lenguajecuando parecería que nada resta ya que decir.
Los interesados en profundizar el asunto con seriedad, pueden consultar El plagio en la literatura hispanoamericana: historia, teoría y práctica, tesis de doctorado presentada por Kevin Perromat Augustin, en la Universidad de París (2010).
Menos densa, La conferencia: el plagio sostenible, de Pepe Monteserrín. Mezcla de novela, ensayo y disertación enciclopédica sin fin, el libro fue publicado en España por una editorial cuyo nombre suena a melodía con la época que vivimos: Lengua de Trapo.
(Hace algún tiempo el crítico, investigador y docente universitario, Evodio Escalante, puso el grito en el cielo cuando al poeta Javier Sicilia le concedieron el premio de poesía Aguascalientes por su libro "Tríptico del desierto", poemario, al que se refirió Escalante como una "casa de citas sin comillas" pues había encontrado estrofas y versos completos extraídos de otros autores, entre ellos, a los místicos españoles, etc. Más atrás en el tiempo, el poeta Orlando Guillén acusó a su homólogo Juan Bañuelos de haber utilizado el mismo método, intercalación de versos de otros autores, en los suyos propios. Hasta donde se sabe, el chiapaneco nunca le contestó al veracruzano. O sea que el oficio de los que señalan con el dedo de fuego a Bryce Echenique seguirán apareciendo como hongos en el camino al infierno. Editorial de José Steinsleger copiada del sitio La Jornada.)
miércoles, 14 de noviembre de 2012
España: huelga y marcha "gigantescas"
La jornada de huelga general del 14-N culminó durante la noche con una oleada de gigantescas manifestaciones en las mayores ciudades del país, mientras en la capital comenzaba una vigilia hasta las nueve de la mañana en torno al Congreso de los Diputados.
En Madrid, la multitudinaria manifestación final encabezada por una gran pancarta con el lema de la huelga general ("Nos dejan sin futuro. Hay culpables. Hay soluciones", en castellano, inglés y alemán) transcurrió desde la plaza de Cibeles hasta la plaza de Colón. Aunque la marcha estaba previsto que saliera de Atocha, los organizadores decidieron salir de Cibeles ante las dificultades para llegar a Atocha debido a que la riada de manifestantes se extendía desde allí por el paseo del Prado y hasta Cibeles.
Los secretarios generales de la Unión General de Trabajadores (UGT), Cándido Méndez, y de Comisiones Obreras (CCOO), Ignacio Fernández Toxo, así como el secretario general de USO, Julio Salazar, otros miembros de la Cumbre Social y un miembro de la Confederación Europea de Sindicatos, encabezaron la marcha y hablaron después desde la tribuna. Además, en solidaridad con los sindicatos españoles, asistió el secretario general del sindicato francés Sorce Ouvrier, Jean Claude Maailly. Representantes del mundo del espectáculo como José Sacristán, Almudena Grandes, Pedro Almodovar, Pilar Bardem y Miguel Ríos, que la noche anterior estuvieron encerrados en el Teatro Español, estaban también en las primeras posiciones de la manifestación.
(entrada de nota cogida del sitio Público, donde está completa.)
En Madrid, la multitudinaria manifestación final encabezada por una gran pancarta con el lema de la huelga general ("Nos dejan sin futuro. Hay culpables. Hay soluciones", en castellano, inglés y alemán) transcurrió desde la plaza de Cibeles hasta la plaza de Colón. Aunque la marcha estaba previsto que saliera de Atocha, los organizadores decidieron salir de Cibeles ante las dificultades para llegar a Atocha debido a que la riada de manifestantes se extendía desde allí por el paseo del Prado y hasta Cibeles.
Los secretarios generales de la Unión General de Trabajadores (UGT), Cándido Méndez, y de Comisiones Obreras (CCOO), Ignacio Fernández Toxo, así como el secretario general de USO, Julio Salazar, otros miembros de la Cumbre Social y un miembro de la Confederación Europea de Sindicatos, encabezaron la marcha y hablaron después desde la tribuna. Además, en solidaridad con los sindicatos españoles, asistió el secretario general del sindicato francés Sorce Ouvrier, Jean Claude Maailly. Representantes del mundo del espectáculo como José Sacristán, Almudena Grandes, Pedro Almodovar, Pilar Bardem y Miguel Ríos, que la noche anterior estuvieron encerrados en el Teatro Español, estaban también en las primeras posiciones de la manifestación.
(entrada de nota cogida del sitio Público, donde está completa.)
Sándor Márai (1900/1989 )
Demasiadas balas
Hace dos semanas fui a una tienda del otro extremo de la ciudad para comprarme un arma de fuego, pero el formulario de la policía no había llegado hasta ahora. Ahora vuelvo y el vendedor me entrega la pistola, empaquetada con esmero, además de cincuenta balas. Cuando le advierto que no voy a necesitar tanta munición, él se encoge de hombros y contesta con indiferencia que eso nunca se sabe. En el establecimiento se exponen toda clase de armas de fuego, escopetas de caza, fusiles ametralladores. Los pocos compradores, la mayoría chicos con cazadoras de cuero, deambulan mirando las armas. En América todos los ciudadanos tienen derecho a ir armados. Vuelvo a casa en taxi; el chófer me pregunta qué he comprado y asiente al saber que se trata de un revólver. "Siempre viene bien", me dice. Es la primera vez desde hace meses que siento algo parecido a la tranquilidad. No tengo planes de suicidio, pero si el envejecimiento, la debilitación, la pérdida de mis capacidades avanzan al mismo ritmo, es bueno saber que podré acabar con ese humillante deterioro en cualquier momento, y no tendré que temer lo peor: terminar en uno de esos vertederos institucionales, en un hospital o en una residencia de ancianos. Sin embargo, hay que tener suerte incluso para eso, porque la apoplejía puede impedir la huida.
(texto tomado de Diarios 1984-1989, ed. Salamandra, col. Narrativa, Barcelona, 2008. Traducción del húngaro de Eva Cserhati y A. M. Fuentes Gaviño.)
Hace dos semanas fui a una tienda del otro extremo de la ciudad para comprarme un arma de fuego, pero el formulario de la policía no había llegado hasta ahora. Ahora vuelvo y el vendedor me entrega la pistola, empaquetada con esmero, además de cincuenta balas. Cuando le advierto que no voy a necesitar tanta munición, él se encoge de hombros y contesta con indiferencia que eso nunca se sabe. En el establecimiento se exponen toda clase de armas de fuego, escopetas de caza, fusiles ametralladores. Los pocos compradores, la mayoría chicos con cazadoras de cuero, deambulan mirando las armas. En América todos los ciudadanos tienen derecho a ir armados. Vuelvo a casa en taxi; el chófer me pregunta qué he comprado y asiente al saber que se trata de un revólver. "Siempre viene bien", me dice. Es la primera vez desde hace meses que siento algo parecido a la tranquilidad. No tengo planes de suicidio, pero si el envejecimiento, la debilitación, la pérdida de mis capacidades avanzan al mismo ritmo, es bueno saber que podré acabar con ese humillante deterioro en cualquier momento, y no tendré que temer lo peor: terminar en uno de esos vertederos institucionales, en un hospital o en una residencia de ancianos. Sin embargo, hay que tener suerte incluso para eso, porque la apoplejía puede impedir la huida.
(texto tomado de Diarios 1984-1989, ed. Salamandra, col. Narrativa, Barcelona, 2008. Traducción del húngaro de Eva Cserhati y A. M. Fuentes Gaviño.)
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