miércoles, 6 de junio de 2012

Edmond Jabès (1912-1991 )

Canción




Al borde del camino
hay unas hojas
tan cansadas de ser hojas
que han caído secas.

Al borde del camino
hay unos judíos
tan cansados de ser judíos
que han caído al suelo.

Barran las hojas.
Barran a los judíos.

¿Vuelven a crecer las mismas hojas en primavera?
¿Hay una primavera para los judíos pisoteados?


(texto tomado del blog "traducciones", traducción de J. Martín Arancibia.)

martes, 5 de junio de 2012

Jelinek, odio al premio



¿Desea chocar?
No, de ninguna manera, y aunque se diga que lo he deseado, es una época pasada. Posiblemente durante mi juventud.
¿Siente placer cuando escribe?
Sí, disfruto mucho cuando escribo. En realidad para mí, lo más importante es escribir, el acto mismo de escribir...
Ha obtenido las distinciones más importantes, pero también es una de las escritoras más aisladas, ¿no es una paradoja?
No, en absoluto. La escritura es una cosa solitaria, siempre estamos solas. No puedo imaginármela de otra forma, aunque muchos colegas puedan trabajar en cafés o en los trenes (...) Por principio evito a la gente, ese pretendido público lector, antes que nada, para preservarme.
¿Desde el Nobel la gente ha cambiado en su país hacia usted?
Sí, quizás sea mi imaginación, pero, al contrario de los críticos que son más prudentes, la gente me odia todavía más.
¿No siente después de tantas luchas políticas, culturales, la necesidad de un poco de paz?
Sí, por supuesto, diría incluso que no deseo más que estar tranquila, que me dejen en paz, como se dice.
El lugar de la mujer en nuestra sociedad, aunque haya evolucionado, no parece todavía floreciente.
Usted acusa a los hombres, pero también a las mujeres, culpables ante sus ojos de aceptar la dominación masculina.
Nunca he pensado que los hombres sean los únicos responsables, es todo el sistema patriarcal y falocéntrico que condeno, ese sistema que no cree, por ejemplo, en el gran potencial científico y cultural de las mujeres, en su poder de creación-y esto me concierne igualmente aunque me haya impuesto en mi oficio y me hayan concedido algunas distinciones- el desprecio patriarcal dominante hacia las obras de las mujeres es uno de mis temas principales, es también lo que más me hace sufrir. El desprecio es una cosa sutil, solo quien es víctima lo siente, el dominador muchas veces ni se da cuenta. Lo que equivale a despreciar doblemente. Hoy, de hecho las mujeres que escriben son más numerosas, pero solo cuenta la obra de los hombres. Siempre he pensado que es un problema global de sociedad y critico igualmente a las mujeres por haberse hecho cómplices de ese poder. Digamos que el hombre se define por su trabajo, la mujer por su ser, su cuerpo. Y solo figura cuando es joven, de ser posible, bella.
Sus libros son a menudo agresivos, pero ¿no podríamos leerlos por su humor, un humor muy judío?
(...) curiosamente en Austria, me consideran una fanática sin humor, lo que sorprende cuando se piensa que la literatura austríaca tiene mucho más humor que la alemana...
¿podría describir el lugar donde escribe?
En Viena, en una casa individual. Una pequeña habitación que da sobre mi jardín y sobre una montaña verde, con bosque. En Munich, donde voy y trabajo muy poco, en una gran habitación en un apartamento de alquiler, ubicado en una de las partes más bulliciosas de la ciudad, lo que no ayuda realmente al trabajo.

(tomado del Nouvel Observateur, entrevista de Didier Jacob.Traducción de la escritora Patricia de Souza, en el blog "palincestos".)

lunes, 4 de junio de 2012

Recepción en la UIA a JVM

Con pancartas y las fotos adheridas de los 49 niños muertos en la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, México, fue recibida  en la Universidad Iberoamericana (UIA), la candidata panista a Los Pinos, Josefina Vázquez Mota, que esta vez no se desvaneció. Foto de tweeter en el Diario de Juárez en línea. 

domingo, 3 de junio de 2012

MUJERES RABIOSAS

Uriel Martínez



LA INVITADA


grita, avisa que se va,
azota la puerta, no quiere
saber nada, enfurecida
cierra uno a uno los botones;

como poseída por nadie, como
el cuervo que grazna de noche
a la noche, se calza apresurada
las sandalias de fuego;

grita de nuevo, salpica los
espejos, arroja vaho
a las paredes, la garganta
estremecida se le irrita;

baja los escalones de 2 en 2,
como urgida de precipicio
exige le abran la puerta
principal; sale corriendo,

corre a la esquina, sin bolso,
sin abrigo, sin paraguas,
la niebla asciende del asfalto,
se pierde en la distancia.


LA ANFITRIONA

con los pasos breves y discretos
propios de la derrota, baja
24 escalones tomada del barandal
de la alta noche;

como en una escena en blanco
y negro, lentamente arrastra
la gabardina como quien espera
lluvia o viento;

abre el coche, mete la llave
para encenderlo y observa
en la luna del retrovisor
el cigarrillo tembloroso, anhelante;

por fin el coche arranca
en dirección al tumulto
de aquella que olvidó llaves,
cepillo y pashmina en el baño;

si la alcanzo le digo que vuelva
que la perdono que no se agite
que llore en mi hombro que beba
de mi cáliz que acomode los espejos.


LA OTRA

la otra, la que no quiere
volver a casa, dilata la noche
del sábado en el apeadero
para el empleado pobre;
sujeto el pelo en chongo
lleva consigo los secretos
de la noche, viste para ello
unos jeans entallados;
nunca se sube a la báscula
ni se toma la estatura 1.60,
prefiere chicles de menta
y anteojos en el tupé;
gira en un tacón cuando
desde un coche le gritan
su precio, aunque ha de
conseguir el gasto semanal;
si se le hace más tarde
sin enganchar al pez
de los billetes, sabe
a lo que se expone:
a que la encuentre el sereno
ya con el chicle derrotado
y la cama a solas.


(textos tomados de la e-review "a fondo", de Fernando Andrade Cancino.)


sábado, 2 de junio de 2012

Héctor García (1923-2012 )

México, D.F.- El fotógrafo Héctor García, considerado como uno de los más grandes artistas de la lente de México, falleció hoy en esta capital a los 88 años de edad, en su domicilio y a causa de una insuficiencia cardiaca, informó su familia.

Fue discípulo de otros grandes de la fotografía, como Gabriel Figueroa y Manuel Alvarez Bravo, y el ya fallecido escritor Carlos Monsiváis lo bautizó como “El Fotógrafo de la Ciudad”.
García nació en esta capital en 1923. Estudió en el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas, donde fue discípulo de Álvarez Bravo y Figueroa.
Desde 1945 trabaja como periodista gráfico para diversas publicaciones de México y del extranjero. Ha obtenido el Premio Nacional de Periodismo en 1958, 1969, 1979.
Desempeño tareas docentes en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), de la Universidad Nacional Autónoma de México.
García realizó, desde 1960, más de 65 exposiciones individuales en México y el extranjero, y participó en otras tantas muestras colectivas. Su obra se encuentra en importantes colecciones públicas y privadas, entre las que destacan las siguientes:
Museo Nacional de Antropología e Historia; Museo de la Fotografía, México; Bibliothèque Nationale, París/Francia; The Library of Congress, Washington D.C.,EUA; Museo del Vaticano.
Ha ilustrado numerosos libros, entre los que destacan: Mexique, Editions du Seuil, París 1964; Salvador Novo, Nueva Grandeza Mexicana, Ediciones Era, México 1967; Fernando Benítez, Los Indios de México, Ediciones Era, México 1970.



(Los grandes fotógrafos mexicanos se "hicieron" en la calle y han sido abundantes, desde los hermanos Mayo hasta Pedro Valtierra y Daniel Aguilar sin considerar a aquellos colegas de prensa que han cubierto miles de notas relacionadas con la violencia y el narcotráfico, de una camada más joven que García y Valtierra. Con el deceso del primero se cierra un ciclo de una ciudad de México que ya tiene otro rostro, otra orografía, otras maldiciones. Una instantánea del poeta Salvador Novo, atento en la cámara de diputados, es de las grandes obras de don Héctor. Nota de Notimex en Sin embargo online.)

Liz Taylor, queer

Muchas versiones hay sobre la escena del accidente, tantas como invitados hubo en aquella fiesta en casa de Elizabeth Taylor y su entonces marido, Mike Wilding, pero todas coinciden en el tramo en el que ella entra la mano en el cuerpo de su amigo y lo salva. El más creíble testigo, Kevin McCarthy, lo contó así: “Entonces volví corriendo a la casa y les pedí a Elizabeth y a Mike que llamaran a una ambulancia, el auto de Clift había dado varias vueltas, estaba envuelto en humo y mucho olor a gas, y yo no encontraba el cuerpo por ningún lado. Mike enseguida llamó a la ambulancia y ella salió corriendo hacia el auto, no pudimos detenerla, se metió por el baúl y encontró a Clift atrapado en el asiento de atrás. Lo zamarreó, le puso la cabeza sobre su falda y cuando se dio cuenta de que se estaba ahogando, metió su mano y le arrancó dos dientes que le habían quedado clavados en la garganta. Lo salvó”. Elizabeth Taylor, que además lo acompañó durante el proceso de reconstrucción estética y se encargó de que ningún fotógrafo se llevara una imagen de su amigo desfigurado, aparece fijada en esta escena como la gran liberadora de esas cosas que quedan atrapadas en la garganta hasta la muerte. De aquí en más será la amiga de los gays y con su intercambio dejará el molde público de estas relaciones en las que ninguno de los sentimientos están muy claros según los parámetros binarios en los que además de masculino y femenino, hombre y mujer, hétero y homo, habrá que agregar amor y amistad.

Para los amantes de las estadísticas: a los ocho maridos, a las decenas de operaciones, a los kilos de barbitúricos, pueden sumarse en el prontuario de Liz los nombres de Roddy McDowell, Rock Hudson, Montgomery Clift, James Dean, Michel Jackson, Andy Warhol, Tennessee Williams (ella convirtió en éxito de pantalla cuatro de sus obras teatrales) y muchos más. Homosexuales o bisexuales o “dudosos” que aparecen como amigos íntimos desde los años ’50, la misma época en que el presidente Eisenhower firmaba la Orden Ejecutiva Nº 10450 por la cual el gobierno se negaba a dar trabajo a homosexual alguno, en nombre de la seguridad nacional.
¡Queer Elizabeth! Mucho antes que Madonna con sus bailarines, que Lady Di con su Elton John y que Lady Gaga con su furia militante, mientras hacía explotar el matrimonio para toda la vida y el turismo en Puerto Vallarta, Elizabeth cultivaba lealtades que más tarde se convertirían en banderas de la agenda progresista.
En 1985, cuando Rock Hudson, acusado (falsamente) por su novio de haberle contagiado “la peste rosa”, patéticamente solo detrás de su Sarcoma de Kaposi aparece acompañado en las peores fotos por Elizabeth quien, con impasible cara de mejor amiga, toma la mano tan temida y arma una fundación que consigue sumas millonarias para luchar contra un virus entonces vergonzante y que, aunque parezca una exageración, con su presencia adquiere no sólo visibilidad sino cierto glamour.
“¿Saben cómo es cuando uno ama con locura a alguien, pero no puede explicar por qué? Bueno, así es como yo amo a Bessie Mae.” Es la famosa declaración de amor de Montgomery Clift, que como hacen los amantes de verdad, le había inventado un nombre que algunos biógrafos entendieron como señal de encubierta heterosexualidad y para otros se mantiene como un acertijo de las relaciones que son imposibles, pero que se dan. Las relaciones de Taylor con sus amigos homosexuales marcan, a su vez, un quiebre en una tradición de iconos gay signados por el sacrificio y la distancia. A esos componentes que encarna a la perfección la sufrida y talentosa Judy Garland (casada con un artista gay, Vincente Minnelli, e icono de la libertad merecida desde los tiempos en que le cantaba al arco iris en El mago de Oz), Taylor le suma algo más. Tiene todas las tragedias que se le busquen, la belleza que se le pida, pero está lista para arremangarse cuando llega la ola de mal olor. Se llame sida, acusación de pedofilia o papelón. Estaba protegida y lo sabía: “La fama es como un desodorante, ahuyenta lo peor”.
Ella se ha llevado mucho closet a la tumba. El mismo día en que ella murió, su biógrafo –que había guardado el secreto hasta ese día– no dudó en colgar confidencias en Internet: “Quise mucho a James Dean. Voy a contarte algo, pero tiene que ser off the record hasta el día de mi muerte. Cuando James tenía once años y su madre murió, comenzó a ser abusado por su tutor. Creo que eso lo torturó toda su vida. Cuando filmábamos Gigante, nos pasábamos noches enteras hablando y ésta es una de las cosas que me confesó”. Se sospecha que más objetos de insólito valor y más secretos, sobre todo de los amigos a quienes acompañó y protegió en sus closets, irán apareciendo en los próximos años.


(nota de Liliana Viola en "soy", suplemento de Página/12, diario argentino online. El glamour de ese mundo, mitad fantasía y mitad realidad, fue recreado por un talentoso Truman Capote en su maravilloso libro de relatos "Música para camaleones", que un día te regaló Pablo Ullrich.)

viernes, 1 de junio de 2012

Ana Merino (1971 )

Desamor




Sobre el dolor de estar
y no ser querido
pongo el mantel y espero la cena.

Cada habitación tiene un sonido
a modo de selva
o de tormenta.

Pero es en el baño
donde los espejos no disimulan,
escupen.
Cada rincón tiene su nido
y allí las arañas
preparan sus telas;
pero es en el patio
donde me dedico a despiojar niños
y aplasto las liendres con las uñas
como si fuese una gran cacería
de dedos largos
y pelo sucio.

Sobre el dolor se quejan mis manos
y yo me olvido, no existo;
ni siquiera a golpes abro la boca.


(texto tomado de internet.)