miércoles, 6 de octubre de 2010

PALOS DE CIEGO

Las doce personas, seis adultos y seis menores, lesionados el sábado en la plaza pública de Guadalupe, Nuevo León, debieron conocer con alivio las palabras del procurador Alejandro Garza: la violencia de que fueron víctimas en realidad no existe. Sus heridas y dolores, por lo tanto, han de ser virtuales, o imaginarios. O quizá tampoco existen: si la causa no se produjo, tampoco los efectos.
Al cumplirse un año de su ascenso al gobierno, el priista Rodrigo Medina sólo puede ofrecer a sus gobernados una peregrina tesis como la expuesta por su procurador de justicia. Tras una sesuda reflexión, el procurador que contribuyó con su apresurada declaración a difundir la especie de que eran sicarios caídos en acción los estudiantes de posgrado del Tecnológico de Monterrey, muertos cuando salían tranquilamente del predio universitario, encontró explicaciones al atentado sufrido el sábado por la población civil en aquel municipio conurbado a Monterrey, y probablemente también a los ataques a varios edificios, importantes de suyo y además simbólicos, ocurridos el viernes anterior:
"Podemos considerar como línea de investigación que las mismas fuerzas (las de la delincuencia organizada) están tratando de contrapuntear a la autoridad con la ciudadanía, haciéndola creer que existe una violencia que en realidad no existe".
La secretaría de Gobernación, insuficientemente informada, como esa misma ciudadanía , como las víctimas de los atentados de esos dos días en particular, admitió que había actos violentos reales. Ese ministerio del Gobierno de Baja California (perdón, del Gobierno Federal) repudió anteayer domingo "el ataque perpetrado en el Mpio. de Guadalupe, NL", título del boletín 475 donde puede leerse lo que sigue:
"La secretaría de Gobernación a nombre del gobierno federal expresa su más categórico repudio al ataque perpetrado frente al palacio municipal de Guadalupe, Hgo., la noche de este sábado. Se solidariza además con las personas que resultaron heridas en este reprobable hecho, así como con sus familiares.
"Estas acciones (sic, por esta acción pues se refiere a sólo un hecho) subrayan la contundencia con la que los tres órdenes de gobierno, en el marco de la corresponsabilidad, deben hacer frente a la amenaza que representa el crimen organizado".
Incapaces de prevenir y castigar la violencia, los gobiernos estatal y federal se esconden tras coartadas pueriles: la violencia no existe, dice el jefe del ministerio público de Nuevo León; lo ocurrido en Guadalupe, remata la representación de Baja California en México (perdón, la Secretaría de Gobernación) es resultado del éxito del embate contra el crimen organizado. Por fortuna esta aseveración es enteramente falsa; de ser verdad se levantaría un clamor solicitando al gobierno que ya no triunfe tanto, pues de su campaña victoriosa se derivan resultados funestos para la población.
Sé que el tema es demasiado grave, demasiado lúgubre para pretender introducir en su abordamiento una pizca de humor, que no puede ser sino de color negro. Pero es que posiciones como las del procurador Garza inevitablemente provocan risa aunque un esfuerzo de autocontrol obligue enseguida a lamentar lo que sucede en Nuevo León en esta materia.
Niño mimado de la política palaciega, Rodrigo Medina llegó al gobierno sin haber estado en la intemperie política, sin experiencia en la toma de decisiones sobre fenómenos complejos. Su breve carrera, al lado de su antecesor y testador, Natividad González Parás, lo preparó para una realidad que no existe, concentrada sobre todo en la capacidad de negociación para obtener recursos federales. Surgidas del pasado (pues aun los efectos de los estragos climáticos se generan o acrecientan por indolencias y malos manejos previos), cayeron sobre Nuevo León, o agudizaron en el segundo caso sus manifestaciones, dos temibles infortunios: la destrucción material provocada por las lluvias que llevaba consigo el huracán "Alex", y la expansión de la inseguridad que ya se sufría en los años del aprendizaje dorado del gobernador Medina, pero que se muestra de modo irrefrenable en estos días.
La violencia criminal no topa con ningún escollo en esa sufrida entidad, y por eso sus practicantes deambulan impunes por doquier. Sólo el fin de semana pasado lanzaron granadas contra el palacio de la justicia federal, contra el penal de Topo Chico, contra edificios vecinos al consulado norteamericano (en una agresión que reproduce una anterior), y contra la gente en Guadalupe.
Como ocurre en Tamaulipas y en Chihuahua, el Gobierno Federal ha intentado diversos modos de enfrentar a la delincuencia organizada, haciendo entrar y salir a unidades del Ejército, la Marina y la Policía Federal. A pesar de que, según el procurador Garza en las tres semanas recientes "el índice de violencia ha disminuido", lo cierto es, como ocurre con la mejoría económica que proclama el Gobierno de la república, ese efecto no se percibe en el llano, en la vida cotidiana de las personas, que siguen expuestas a las agresiones que inopinadamente surgen donde menos se les espera.
El vocero de la Presidencia en materia de seguridad, Alejandro Poiré, se ufanó también del triste logro de que la criminalidad se ha estabilizado, sólo porque en algunas semanas disminuyó la terrible tendencia ascendente de ese lacerante fenómeno. Actitudes conformistas o de plano tomaduras de pelo como la del procurador de Nuevo León apesadumbran a los ciudadanos pues a la ineficacia las autoridades añaden la burla.

(El analista político Miguel Ángel Granados Chapa hace una síntesis puntual de los palos de ciego informativo que cometen día con día, las autoridades de Nuevo León no sólo en el caso de los ganadazos que lesionaron a ciudadanos inermes e inocentes en el torbellino que vive cada día la entidad, principalmente su área urbana y conurbada, sino de la muerte artera de dos estudiantes del tecnológico (ITESM) en un imaginario "fuego cruzado entre narcos de distintos bandos" -palabras indignantes proferidas por la primera autoridad del país-; "confusión semántica" que obligó a Calderón Hinojosa a trasladarse a Monterrey a pedir una disculpa a los deudos de los estudiantes asesinados.
La nota se reprodujo del diario "El siglo de Durango", aparecida este martes 5 de octubre.)

martes, 5 de octubre de 2010

LA TORTURA COMO MÉTODO

 
La organización civil internacional Human Rights Watch envió el viernes pasado una severa carta al presidente Felipe Calderón en que le reprocha la ambigüedad o falta de una definición clara sobre derechos humanos, amén de formular sugerencias, comentarios y precisiones (el documento las llama en general recomendaciones) acerca de esta materia, tan dejada de la mano de Dios por el gobierno mexicano.
La misiva se divide en siete partes, además de un preámbulo. Las dos primeras son de orden general: Mensajes contradictorios sobre derechos humanos y La protección a los derechos humanos fortalece la seguridad pública. De ésta se derivan "algunas medidas elementales que permitirían desarrollar los compromisos retóricos con acciones concretas": se trata de "Juzgar a integrantes de las Fuerzas Armadas acusados de cometer violaciones a derechos humanos en el sistema de justicia penal ordinario"; "Desautorizar a funcionarios que atacan a periodistas y defensores de derechos humanos"; "Proteger a periodistas, defensores de derechos humanos y otros miembros de la sociedad civil"; "Acelerar la visita del relator especial sobre ejecuciones extrajudiciales"; y aceptar que "Tijuana no es un modelo de seguridad pública".
Dirigida una copia de la carta al secretario de Gobernación Francisco Blake Mora, éste habrá leído preocupado el juicio que merece a Human Rights su actuación como secretario de Gobierno de Baja California en materia de seguridad que, al menos para efectos prácticos, le mereció ser llamado al gabinete federal. La organización internacional de derechos humanos, en sentido contrario al criterio presidencial, señala que "Tijuana está lejos de ser un modelo de operativo de seguridad pública".
En vez de ello, durante una investigación realizada sobre el terreno en abril pasado, "recibimos denuncias creíbles de uso sistemático de tortura por el Ejército en más de 100 casos desde el año 2009, inclusive de personas que presuntamente habrían sido detenidas de manera arbitraria, transportadas a bases militares y torturadas con el fin de obtener confesiones falsas". Agrega HRW que las "tácticas de tortura descritas responden a un patrón; según las víctimas y sus familiares, quienes les interrogaban las vendaban los ojos, los golpeaban, les aplicaban descargas eléctricas en los genitales, amenazaban con matarles y los asfixiaban colocándoles bolsas de plástico en la cabeza". Más aún: "Durante la detención y los interrogatorios, las autoridades no informaron a las familias de los detenidos sobre su paradero". No sólo eso: "En varios casos las víctimas afirmaron que las autoridades civiles colaboraron durante los abusos. Así, por ejemplo, la policía participaba durante las detenciones arbitrarias del Ejército y agentes del Ministerio Público habrían estado presentes cuando firmaban las confesiones extraídas bajo tortura".
Según la Procuraduría de derechos humanos de Baja California, citada en la carta de HRW, en agosto de 2009 "cinco personas fueron detenidas en forma arbitraria por un grupo de policías, quienes las mantuvieron incomunicadas, y prefabricaron evidencias...el jefe de la policía municipal no sólo estuvo presente durante las torturas, sino que asfixió personalmente a una de las víctimas, colocándole una bolsa de plástico en la cabeza y le propinó varios golpes".
Human Rights puntualiza que "la movilización de militares en Tijuana (no) ha logrado reducir el número de asesinatos. Según información proporcionada por el gobierno del estado, durante 2007 se registraron 337 homicidios, mientras que en 2008 la cifra fue de 884, y en 2009, de 664. Desde el comienzo del año hasta el 28 de agosto de 2010, 531 personas fueron asesinadas en Tijuana, lo cual sugiere que éste podría ser uno de los más violentos en dicho estado".
En vez de recibir información de esa naturaleza como insumo para encarar ese torcimiento de las acciones de seguridad, las autoridades locales pasaron de las invectivas a la persecución. Dice la carta a Calderón que "el jefe de policía (de Tijuana) desestimó los descubrimientos de la procuraduría (de derechos humanos) y señaló que existían 'intereses oscuros' detrás de la investigación". El alcalde tijuanense, a su vez, demandó que "no sean utilizadas instituciones de derechos humanos por delincuentes que roban la tranquilidad de la población". Por su parte, dos defensores de derechos humanos recibieron "reiteradas amenazas de muerte" y "al ver que su vida estaba en riesgo...debieron abandonar Tijuana y no han podido regresar hasta hoy".
La carta va mucho más allá que el caso particular de Tijuana, en el que sin embargo me he detenido porque ocultar la realidad no sirve para progresar en la búsqueda de la seguridad y porque concierne al secretario de Gobernación. Las observaciones del organismo internacional referidas a ámbitos más dilatados merecen consideración aparte. Por lo pronto, importa subrayar la trascendencia de la agrupación civil que las emite, pues su personalidad ética les da trascendencia.
Creado en 1978 en Helsinki, este observatorio de derechos humanos se propone, entre otros fines, "investigar y denunciar violaciones" a tales derechos, "exigiendo a sus autores que rindan cuentas por sus actos". En 2008 HRW recibió el premio de la ONU en derechos humanos. El gran prestigio que ha construido explica por qué el multimillonario George Soros le donó hace 20 días, a través de su fundación Open Society, 100 millones de dólares, a ejercer en los próximos 10 años.
(Como ya es rutinario, agrupaciones internacionales de Derechos Humanos externan, una vez más, diagnósticos sobre los atropellos rutinarios que las fuerzas del Estado, policías y militares, cometen contra la ciudadanía a lo largo y ancho del país. Esta vez contra uniformados de Tijuana (BCN), ubicada en los linderos con el vecino del norte. De la carta original extendida al presidente de México, se envió copia al actual secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, oriundo de esa entidad fronteriza y de donde fue "seleccionado" por Calderón Hinojosa para el relevo del anterior, llamado "el tonto útil".
Desde aquí agradezco al doctor Antonio Marquet, autor del blog Mester de Jotería, el haberme facilitado el artículo de don Miguel Ángel Granados Chapa, "Severa exigencia a Calderón", aparecido el 28 de septiembre en un diario de circulación nacional.)

JESÚS MARÍN (1973 )

Poema

Hoy tengo tanto sueño de muerte
que no quiero despertar.

Tengo tanto desierto acumulado
tanta oscuridad en las cuencas del cuerpo
que ya no me importa la cerveza
ni ser culpable de ningún crimen.

Hoy amanecí con las ramas secas
y las raíces pudriéndoseme
lo único que quise es volver a ver a mi madre
lo único que quiero es no volver a hacerte llorar
por mis pendejadas de hombre
por mis arrebatos de furia.

Hoy quisiera decir palabras que borren el miedo de tus ojos
y puedas abrazarme como la primera vez
y pueda escuchar tu voz que aún hay esperanza.

Hoy quisiera, mujer,
no tener este sueño de muerte.

Pero no puedo.


(texto tomado de Si quieres te digo cosas tiernas,
ed. Entorno, Durango, Méx., 1997)

lunes, 4 de octubre de 2010

ROSA CARBÓN DIAMANTE

 

 


Xavier Villaurrutia (1903-1950). Foto: Especial
Debiera haber una antología de poetas —digo bien: de poetas y no de poemas— en la cual a cada uno lo representara una pieza que, no siendo necesariamente autobiográfica, fuese su lírico autorretrato. Allí creo que estaría Xavier Villaurrutia con uno de sus poemas mayores, “Nocturna rosa”, en cuyo comienzo hay la flor ya muy suya, aunque él inexplicablemente la niegue desde el incipit: “Yo también hablo de la rosa./ Pero mi rosa no es la rosa fría/ ni la de piel de niño,/ ni la rosa que gira/ tan lentamente que su movimiento/ es una misteriosa forma de la quietud”, para, luego, al final, proponer la imagen inquietante, elegida como la flor primera, última y xavierana: “Es la rosa que abre los párpados,/ la rosa vigilante, desvelada,/ la rosa del insomnio desojada.//Es la rosa del humo,/ la rosa de ceniza,/ la negra rosa de carbón diamante/ que silenciosa horada las tinieblas/ y no ocupa lugar en el espacio”.
Esa rosa saxífraga (horadadora de la piedra), que atraviesa el tiempo y la noche, es mi villaurrutiano poema favorito desde aquella tarde de finales de los años cincuenta en que (en el café de la Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria) Jorge Portilla, para ilustrarnos a Salvador Elizondo y a mí el dictum famoso de Henri Bergson: “El tiempo es invención o no es nada”, nos recitó el inicio de “Nocturna rosa”, el poema acerca de una flor puramente pensada. Desde entonces ningún otro de sus admirables poemas me permite imaginar tan nítidamente al poeta Villaurrutia que el de esa rosa virtual, hermana de la del anticipado epitafio de Rainer Maria Rilke (del que Eduardo Lizalde ha hecho una versión en español que ya es poema también suyo): “Rosa, oh pura contradicción, deleite/ de no ser sueño de nadie/ bajo tantos párpados”.
Veo a Villaurrutia, siempre bien peinado y discretamente elegante, de pie en la medianoche ante una alta ventana abierta al vasto espacio lunar de la Plaza Mayor, el “Zócalo”, nocturno y desolado corazón de la ciudad capital de México. Allí —no se me pregunte por qué digo allí: no soy yo, es mi imaginación la que dirige la puesta en escena, y tal vez he recordado que zócalo significa pedestal: base de estatua— está Xavier quieto, elegante, silencioso, intoxicado de noche y de silencio, estatuario casi. Lúcido y a la vez alucinado, observa obsesivamente la luna, el satélite fantasmal como una blanca rosa inmensa, de pétalos erizados y filosos, que muy lentamente gira en torno a su tallo: una flor/joya que se diría siempre naciendo dentro de un inmenso bloque de oscura obsidiana. Y, en el amanecer, el poeta insomne y a la vez soñador, el dandi discreto, ajustándose con gesto preciso el nudo de la bien entonada corbata, concluye en silencio el poema y acaba de nocturnizar a la Rosa, ahora con mayúscula. Villaurrutia, poeta nocturno, desvelado, hipnotizado, adopta en el poema su máscara más cara, su personaje, ese Otro Xavier situado en el centro de una capital de la ausencia como las ciudades oníricas de los cuadros de Giorgio de Chirico. A final de cuentas, esos escenarios, en los que el desvelo y la alucinación crean deshabitadas plazas del espíritu, ya estaban prefigurados en otro poeta, por ejemplo, en Jules Supervielle: Saisir, saisir le soir, la pomme et la statue,/ saisir l’ombre et le mur et le bout de la rue (“Asir, asir la noche, la manzana y la estatua,/ asir la sombra y el muro y el final de la calle”), y Villaurrutia, conservando la noche, la calle, la estatua, y añadiendo la escalera y el grito, parafrasea ese poema y aun —como advierte Octavio Paz— lo supera: “Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera/ y el grito de la estatua desdoblando la esquina”.
Se diría además que en estos otros dos versos de Villaurrutia hay un eco de “El sueño de los guantes negros”, el poema inacabado de Ramón López Velarde en el que también hay ciudad y noche y guantes, todo en una suma onírica: “Soñé que la ciudad estaba dentro/ del más bien muerto de los mares muertos”.
¿Villaurrutia continuaba la poesía lopezvelardiana? El escenario de su poesía es más siglo veinte y a la vez más intemporal, y su noche es más modernamente citadina, aunque toda ella agrandada en una crispada soledad. También quizá sea el poeta menos riente de su “grupo sin grupo”. Entre sus amigos poetas: Pellicer, Novo, Gorostiza, Owen, es el más insomne, el más solitario. Y solitario a tal punto que resulta inexplicable su devoción al teatro, un arte que es fundamentalmente espectáculo y diálogo, actuación ante el público, y no habla para los otros, sino acaso para un personaje interior y casi siempre inquietante que sería otro Xavier con la misma importada y costosa corbata y una mirada aún más alucinada hacia su interioridad a veces interrumpida por algún fantasma:
“Y me pregunto ahora: si nadie entró en la pieza contigua,/ ¿quién cerró cautelosamente la puerta?”
Xavier, nacido el 27 de marzo de 1903, murió a las ocho de la mañana del 25 de diciembre de 1950 y en su ciudad natal/mortal. Es decir que, habiendo nacido con la primavera, desnació en el Día de la Natividad. El poeta de turno nocturno se volvía un fantasma de la mañana en la sincera pose del insomne sonámbulo aún deseante de su Noche. Y, con el rostro pajaril de gran mirada húmeda, bien rasurado y peinado, se anudó correctamente la elegante corbata, sonrió levemente, desplegó las inconcretas alas de ángel y, como lanzándose a una oscura página de escritura de luz, se tiró en ascensión libre al cielo por entonces desmesurado y puro de la Ciudad de México.


(Xavier Villaurrutia y Salvador Novo fueron el motor principal del grupo los Contemporáneos que renovaron el quehacer cultural de la primera mitad del siglo XX en México. Nota tomada del diario Milenio, autor José de la Colina.) 

domingo, 3 de octubre de 2010

ENRIQUE MOLINA (1910- 1997)

Momento de lectura

Ha llegado la noche, en la casa hay libros
y música y se balancea lentamente
en el vapor que asciende de la tierra.
Hay plegarias y bebidas inverosímiles
que asoman sus brillantes antenas sobre la sombra,
el follaje de regiones lejanas cubre ciertos lugares,
espejos y muebles sigilosos a punto de huir.
Una esposa de espaldas en el lecho
pasa como un suspiro las páginas de un libro
atrapada por los tentáculos del destino
de ciertos personajes ya consumado para siempre
bajo el sello de unas palabras ineluctables.
Contemplo su blanco cuello y su mirada
franquea la estación y vuela sobre los mares
para seguir los meandros de una historia de lágrimas
que termina en una larga alameda vacía.
Las mujeres suelen engañarse con el amor y el viento
hasta llegar a esa ansiosa o somnolienta
pregunta de frontera: "¿Aún me quieres...?"
donde el horizonte del hogar, tibio como la piel
de la esposa que lee y su aliento entre sueños
se torna inquietante, vacila
como un antiguo peldaño y deja paso
a la escena disuelta de una novela sumergida
de la cual, por ejemplo, surge la imagen de la novia
inmòvil en la alta ventana desde donde contempla
la silueta de su amante en la acera,
el rostro vuelto hacia ella como una herida
mientras se aleja hasta nunca, mordido por la lluvia.


(texto tomado de El ala de la gaviota,
ed. UAM, col. Molinos de Viento no.31,
México, 1985)

sábado, 2 de octubre de 2010

KAZUKO SHIRAISHI (1931 )

La oveja

¿Has visto alguna vez
pinturas de Utamaro?
Recuerdo una
en la que un hombre mira a una mujer
cepillando su bella cabellera.
La mujer también miraba al hombre
con ojos apacibles
pero a la vez intensos y vehementes
como el fuego.
Un día, inesperadamente,
una oveja del zoo me miró
con aquellos ojos apacibles, quemantes
de la mujer del cuadro de Utamaro.
Nadie escucha la música llamada Amor
y nadie la conoce
pero yo la advertí por un instante
en los ojos inexpresivos
de una oveja del zoo.

(1970)


(texto tomado de Viento venido de la ensenada,
ed. El Colegio de la Frontera Norte, Programa de
estudios japoneses, Tijuana, B.C. Méx., 1994, trad.
del japones Atsuko Tanabe/Sergio Mondragón; del
inglés: Jesús Vega y Haydé Zavala)

viernes, 1 de octubre de 2010

TIRANO BANDERAS VIVE

Nuestra cultura política tiene una raíz dictatorial que no muere al pasar de uno a otro siglo. Tenemos el ejemplo del periodismo que se ejercía en el siglo XIX mexicano, en que aquel que no se alineaba con el dictador en turno era "víctima" de un cañonazo de 50 mil pesos, una diputación, la cárcel o el exilio en los Estados Unidos. Aun así, en esa centuria floreció y se multiplicó el quehacer periodístico expresado en prosa y en dibujos que tarde o temprano socavaron el poder piramidal e incuestionable.

También la literatura dio cuenta del desempeño de sus modelos sociales. Así, obras de plumas como la de Valle-Inclán resumieron en un personaje el habla y el ejercicio del poder en Tirano Banderas, a esta le siguieron una cauda de obras que desembocan en el retrato de caciques como el paradigma mexicano creado por Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y un enorme enorme etcétera.

Pero sucede que los dictadores no mueren, se reproducen como conejos que siguen amenazando a la prensa y al ejército raso de los reporteros. En la semana trascendió el estilo en que Hugo Chávez se dirigió a la reportera corresponsal de un medio internacional, Andreína Flores, venezolana, al cuestionarle acerca de los dudosos resultados de las elecciones en Venezuela, evidentemente manipulados por el dictadorzuelo que ha estatizado incluso la televisión de paga y ha cerrado medios y amenazado e investigado a directivos y a la propia corresponsal.

Así, el reportero se ha visto y se verá enfrentado a varias amenazas al mismo tiempo: el que emana del poder instituido desde la punta de la pirámide, el Estado, y el que emerge de los sótanos más oscuros de la sociedad, el hampa y sus secuaces. Ponemos al alcance del probable lector el nexo de una nota aparecida en El País, en que se cuestiona el poder excesivo y enfermizo de un ex militar ahora entronizado.


http://www.elpais.com/articulo/opinion/Pavor/criticas/elpepiopi/20101001elpepiopi_3/Tes