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jueves, 24 de enero de 2013

Jean Cocteau el artesano

Los diarios y cuadernos de reflexiones que Jean Cocteau llevó en sus estancias en la Costa del Sol, entre Marbella y Málaga, ahora traducidos al español en el 50 aniversario de su muerte con el título de El cordón umbilical, son un reflejo de su madurez creativa y de su inagotable actividad literaria.
Poco antes de su muerte, aquejado por la enfermedad, Jean Cocteau (1889-1963) estuvo en Málaga y en Marbella en abril y mayo de 1960 y desde principios de agosto a principios de octubre de 1961.
En aquellos viajes a España "la Costa del Sol es su único objetivo", como advierte en el prólogo a esta primera edición en español el escritor Alfredo Taján, director del Instituto Municipal del Libro de Málaga, entidad que ha publicado El cordón umbilical con la editorial Confluencias y con la Fundación Casa Natal de Picasso de Málaga.
Cocteau dedicó aquellos días a hacer cerámicas, a pintar unos paneles para decorar la tienda marbellí de su amiga Ana de Pombo, gran animadora de la Costa del Sol en los primos sesenta, y en escribir estas páginas que fueron publicadas por primera vez en 1962 por las ediciones francesas Plon, dentro de la colección Yo y mis personajes. "El trabajo fue su opio y su secreto artístico", dice Taján sobre la actividad que Cocteau desató en su refugio postrero de Marbella, en el que además de pintar los paneles de dos metros de alto por cuatro cuarenta de ancho, escribió estos cuadernos llenos de alusiones a grandes amigos como Picasso, Chaplin, Chanel, Diaghilev, Marais, Genet, Edith Piaf y Panamá Al Brown.
"Soy un obrero, un artesano que se consagra intensamente y no se contenta con poca cosa"
El mismo Cocteau lo descubre en estas páginas: "No tengo inconveniente en confiarles mi secreto: soy un obrero, un artesano que, lo confieso, se consagra intensamente y no se contenta con poca cosa".
Aficionado a los toros, al boxeo y al flamenco, la visión que Cocteau tuvo de España, país que comenzó a visitar en 1953, se resume en una frase de El cordón umbilical: "En España lo excepcional es algo común".
El cordón umbilical al que se refiere el título es el que, según Cocteau, une al autor con sus personajes, con sus criaturas, una idea que en estos diarios ilustra con la inteligencia de su amigo Charles Chaplin: "En Japón, una noche, me preocupó ver a Charles Chaplin muy cansado. Le pregunté por la causa y me respondió: Piense en el número de salas en las que actúo esta noche".
"En España lo excepcional es algo común"
Como personaje de carne y hueso considera Cocteau a su gran amigo el boxeador Panamá Al Brown, de quien cuenta cómo le apartó de sus malas costumbres y le sugestionaba para salir al ring con "triquiñuelas infantiles", de modo que antes del combate le hacía "beber agua con gas en una botella de champán".

Y cómo Al Brown, a mitad de la pelea, continúa Cocteau, "se frotaba el mentón un segundo antes de noquear a su adversario, comunicándome así que podía apostar a los periodistas". A propósito de su amigo el boxeador, que fue campeón mundial de los ligeros, señala Cocteau: "Las malas costumbres son una de las cosas que, sin reflexionar, la gente atribuye a los demás".
"Las malas costumbres son una de las cosas que la gente atribuye a los demás"
La poética de El cordón umbilical, como la del resto de su obra, está marcada por el convencimiento de que "una obra recién escrita ya es póstuma" y por una búsqueda de la originalidad:
"No creo que progresemos copiando, y pienso que si golpeamos sobre el mismo clavo acabaremos por aplastarlo", por lo que afirma que la repetición del mismo estilo no es fidelidad a sí mismo, sino pereza.
"La poesía -incluso para quienes la consideran un lujo inútil y asocial- representa una forma de privilegio, por lo tanto de injusticia, que en secreto envidian quienes la condenan", señala Cocteau en estas páginas, en las que incluyó media docena de sonetos y de las que podrían extraerse aforismos brillantes: "El arte es una de las formas más trágicas de la sociedad".


(reseña de Alfredo Valenzuela (Efe) tomada del sitio "Público".)

domingo, 4 de marzo de 2012

Angelina Beloff de Rivera

Eclipsada por su marido, Diego Rivera, y por las otras esposas (Lupe Marín y Frida Kahlo) y amantes (Marevna Vorobev-Stebelsk) del pintor, Angelina Beloff había quedado relegada a personaje de novela («Querido Diego te abraza Quiela», de Elena Poniatowska).

Esta rusa de San Petersburgo apenas era conocida por haber dado a Rivera su único hijo (muerto en 1919, con apenas un año de vida). Ahora, el Museo Mural Diego Rivera, en la Alameda de la capital, recupera la vida y, sobre todo, la obra de esta gran desconocida.
Tras la muerte de sus padres, Angelina Petrovna Belova se había trasladado a París en 1909. Ese mismo año conocerá a Rivera en Brujas (Bélgica). Tras doce años de convivencia, Rivera regresa a México en 1921 y la abandona a su suerte. Beloff llegaría a Ciudad de México en 1932, invitada por la Secretaría de Educación Pública para apoyar los programas de educación impulsados por sus amigos Germán y Lola Cueto.
En México, «Quiela» trabaría relación con David Alfaro Siqueiros, Alfonso Reyes y otros intelectuales de la época. Nunca más se volvería a casar (murió en 1969, con noventa años) y de sus encuentros con Rivera apenas hay noticia. Años más tarde, él mismo reconocería que Angelina le dio todo; «en cambio, ella recibió de mí todo el dolor en el corazón y la miseria que un hombre puede causarle a una mujer».

Fiel compañera

«Angelina era una mujer de una personalidad menos enérgica, quien se vinculó con un gran personaje protagonista. Ella no buscaba protagonizar, elige ser una mujer reservada, que va picando piedra en el mundo del arte. Decidió ser fiel compañera. Pero si no la vemos a la sombra de Diego Rivera, nos damos cuenta de que su producción no es nada despreciable», declaraba Montserrat Sánchez, directora del museo.
La exposición «Angelina Beloff. Trazos de una vida» reúne casi un centenar de piezas entre óleos, acuarelas, grabados, fotografías, títeres y dibujos. La muestra está dividida en tres partes, empezando por su llegada a París, «donde conoció a este grupo de mexicanos, la elite de la intelectualidad mexicana, que vivía en Montparnasse. Su estilo se inicia en la Academia con base en dibujos perfectos y la construcción de composiciones bajo la influencia de los artistas que admiraba, como Matisse, de quien fue alumna, y Cézanne», dice Sánchez. En esta parte se incluyen los retratos que Rivera y Beloff se pintaron mutuamente.
El segundo bloque, «Nuevos territorios», explora su obra en México: retratos, paisajes (de Cuernavaca o Guanajuato), naturalezas muertas... «Fue en México donde retrató el paisaje urbano, se hizo mucho más observadora de la gente... Es de esos artistas que no entraron a los grandes muros, a la epopeya mural que hubo en México, pero sí a un nivel de conciencia social, convencida de que el arte tiene una función y que debe ayudar a la gente», describe la comisaria de la exposición, Mireida Velázquez
Finalmente, se exhiben otras expresiones artísticas, como los títeres que prestó el Instituto Estatal de Cultura de Tlaxcala o ejemplares de la revista «Chapulín», que ella ilustraba.


(nota Manuel Martínez Cascante, tomada de Abc, español.)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Fernando Botero hospitalizado

Este miércoles el Dr Juan Manuel Sierra, Director del Centro Especializado San Vicente de Paul señaló en diálogo con Caracol Radio que "en estos momentos se están llevando a cabo análisis para determinar las causas de la sintomatología que ha presentado" el maestro Fernando Botero e indicó que luego de unos análisis se determinará la fecha de salida del pintor del centro médico.

"El maestro está estable y consciente, los exámenes son para darle a su familia un parte de tranquilidad" puntualizó el Director del Centro Especializado San Vicente de Paul.
El pintor colombiano Fernando Botero fue trasladado al centro asistencial luego de que en las últimas horas, según algunos allegados a la familia, sufriera un desmayo cuando realizaba algunas compras en un supermercado en el oriente de Rionegro.
El escultor y pintor antioqueño se encuentra acompañado de su hermano Juan David, quién está al frente de todos sus cuidados.


(nota tomada del diario El Espectador.)

lunes, 17 de octubre de 2011

Caravaggio se muda a La Habana

Narciso contempla fijamente el agua donde se refleja su propia imagen, pero por momentos también percibe en ella los destellos de una ciudad con columnas derruidas y fragmentados vitrales de colores. Desde el pasado 23 de septiembre, el óleo de un joven asomado a un lago, atribuido a Michelangelo Merisi da Caravagio, se expone en la Sala Universal del Museo de Bellas Artes de La Habana. El rey del claroscuro, cuyo pincel se regodeaba en las sombras, ha llegado hasta a esta urbe en la que tanto abundan el sol y la penumbra. Vino transportado y custodiado por la empresa de aviación Blue Panorama y junto a otras doce obras conforma una exposición cuyos curadores son Rossella Vodret y Giorgio Leone. Un fragmento del barroco italiano junto a nosotros, un trozo de esa época donde un artista pendenciero y conspicuo cambió para siempre el concepto de la luz en la pintura.

Pasado el marasmo de agosto, esta muestra de arte nos devuelve la sensación de ser parte del mundo. Los estudiantes universitarios miran al Narciso con ojos ávidos, los curadores del museo sienten que están ante una oportunidad única en sus vidas y los nocturnos merodeadores de la Habana Vieja se preguntan por qué tanto revuelo sólo por una “tela pintada”. Si el inquieto milanés –muerto con sólo 39 años– se sacudiera el polvo de los siglos y recorriera nuestras calles, encontraría aquí a sus modelos de antaño, a los mismos prototipos que le sirvieron para pintar vírgenes y santos: las prostitutas, los mendigos, los excluidos… y también a los jóvenes sustraídos por su propia belleza. Caravaggio hallaría en esta ciudad a muchos cubanos ensimismados y distraídos, tratando de no dirigir la vista más allá del estrecho círculo que los rodea. Cientos de miles de Narcisos, refugiados en lo único que ahora les parece seguro: su juventud, su cuerpo, su belleza.


(si Caravaggio hubiese tratado con Jean Genet es claro que habría pintado un Narciso mirándose en un charco de sangre, o semen, o miel, o de sol. Nota tomada del blog Generación Y, de Yoani Sánchez.)

sábado, 30 de octubre de 2010

GOITIA: MORIR AL MARGEN



Tata Jesucristo, 1926

uno.
En la semana asistí a una charla sobre la obra del pintor Francisco Goitia (1882/1960), a propósito de los cincuenta años de su fallecimiento. El autor fresnillense hizo varios autorretratos, entre los que destaca, para mi gusto, aquel en que aparece como un hombre abatido en la cúspide de un muladar, rodeado de aves de rapiña que esperan su muerte o que buscan algo que rescatar de ese enorme basurero. La plática giró en torno al análisis de "Tata Jesucristo", que expresa el dolor de dos mujeres indígenas ante el hombre crucificado, obra que a su vez nos remite a las imágenes que se conservan en el inconsciente colectivo sobre el via crucis, sobre el calvario o el compás de espera ante la resurrección.

dos.
En la plática no se abordó para nada el origen de clase del pintor que murió siendo miembro de la orden terciaria de los franciscanos, ni mucho menos que fue producto del derecho de pernada de un señor hacendado sobre la indígena Andrea; que Francisco nació en una religión distinta a la católica, que de chico acudía a una escuela primaria de Fresnillo y en el trayecto se detenía a observar a los colgados de la Guerra Cristera, los paisajes desérticos que luego se traslucirían en su obra. Tampoco se abordó su periodo en la ciudad de México, a donde su padre -que lo reconoció- lo envió a estudiar a la Academia de san Carlos, que fue objeto de hostigamiento (llamado ahora bullying) por parte de sus parientes, enfrascados en otra academia militar, por ser un hombre de voz delgadita y de modales finos.

tres.
Tampoco se investigó acerca de un viaje que hizo primero a España y después a Italia, donde seguramente se convirtió al catolicismo pues regresó a su tierra natal, Zacatecas, en donde elaboró varios bocetos del interior de la catedral, en que refleja su mundo espiritual y una serenidad que se obtiene con la renuncia a los bienes materiales. En su lugar de origen fue también hostigado pues hubo un personaje que un día entró a su casa, sin orden de cateo, en busca de un lienzo propiedad del obispado. Federico Sescosse sólo encontró un puñado de pinceles y mierdas de paloma, según confesó a un periodista.

cuatro.
Seguramente el ser miembro de una orden franciscana seglar, lo llevó a vivir en una choza en Xochimilco como parte de sus votos de renuncia a los bienes materiales. En su momento se negó a afiliarse a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), agrupación creada a iniciativa de algunos integrantes del movimiento muralista, en voz baja el fresnillense se confesaba "socialista católico", cuando la moda era ser ateo y simpatizante de la Revolución soviética y, de paso, la cubana. Con todo y eso, vivir al margen, encontró en Manuel Gamio una especie de mecenas que lo comisionó a distintos puntos del país a estudiar el arte indígena, investigaciones que se reflejan en la referida "Tata Jesucristo", para algunos la más emblemática de sus obras.