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viernes, 9 de agosto de 2013

Pachamama: ofrenda a la madre tierra

Emocionadx porque al fin Soy se digna a reconocer mis dotes profesionales de periodista serix, me preparo para cubrir la fiesta de la Pachamama en Jujuy. ¡Va a asistir la Presidenta! Y voy a estar todo el tiempo... ¡junto a Los Tekis!, que son los anfitriones del evento. Cargo mis maletas y mis bolsos con todo el traperío, los colores de la diversidad y los brillos autóctonos para la ocasión, me emperifollo de joyas nativas y empiezan los problemas: en Aeroparque me cobran recargo por exceso de equipaje y cuando llego a Jujuy me entero de que Cristina festejó el día anterior y que ya regresó a Buenos Aires, haciéndome perder la nota del año.
No pierdo bríos porque aún me quedan Los Tekis y la Pachamama. Amo a Los Tekis desde que eran Tekis —para lxs brutxs, “tekis” quiere decir “chicos” en quechua—, ¡son tan lindos los seis! (Seba, Juanjo, Pipo, Walter, Mauro y Pucho). Y al compás de sus músicas, disfruté y lloré de todos mis chonguitos (“Cómo has hecho para amarte así / Cómo has hecho que te quiera así / Cómo has hecho, me mataste, amor”) desde que se juntaron a principios de los años ’90 hasta que en Rock and Tekis combinaron el rock con los sonidos del Altiplano. Los Tekis me reciben con calidez y me explican con dulce voz la ceremonia de la Pachamama: “Es la celebración que agradece a la Madre Tierra los beneficios que otorga a los seres vivos, es devolverle a la Tierra algo de lo que ella nos da. Todo lo recibimos de la Tierra y de nuestro trabajo. Ella nos lo da todo. Alimento, la madera para las cunas y para protegernos del frío, nos da la alegría. Honrar a la Tierra es también un llamado de conciencia a la ecología, de cuidar aquello que pisamos todos los días”.
Cada vez más enamoradx, me dirijo a Posta de Hornillos sin poder quitarles los ojos de encima a los muchachos. El contexto no puede ser más conmovedor. Se cumplen diez años desde que Néstor Kirchner se convirtió en el primer presidente que participó de la festividad. En el lugar me siento embebidx de fervor patriótico, siento el calor histórico de los soldados que al mando del general Manuel Belgrano descansaron en este lugar en 1813 y el calor me sube aún más, cuando veo al guapo de Amado Boudou que quedó en reemplazo de la Presidenta para presidir los actos y luego cuando veo a Fabián Nolasco, el niño al que Kirchner le regaló un violín en 2004 y que se metamorfoseó en un efebo veinteañero que ejecuta los acordes del Himno Nacional Argentino. Nerviosx, al calor de los fuegos y el humo de los sahumerios, posesx cual víctima de una hechicería, comienzo a golpearme los pechos con los puños, caigo de rodillas y, sin darme cuenta, me encuentro frente a la mismísima Madre Tierra junto a Fabián, que me toma las manos cual si yo hubiera entrado en un trance de éxtasis religioso. Entonces, arrodilladxs y tan bien acompañadx, guiadx por una representante de los pueblos originarios, ofrendo a la Tierra maíz, papas, cordero, llama, pan, frutas, verduras, hojas de coca, chicha, alcohol y otras bebidas. Es momento de agradecer, pero también de pedir, y aprovecho para pedir cosas sanctas y non tan sanctas que no sé si la generosa Pacha aprobará.
Lo voy a comprobar al día siguiente en la serie de recitales de Serenata a la Pachamama que presiden y cierran Los Tekis. Comienzo saltando con la “Marcha de la bronca” y bailo “Arde la ciudad” y me arrullo al compás de “Siguiendo la Luna” y me acurruco románticx con “Tú sin mí”, contemplando los alrededores con ojos soñadores y buscones. Y mientras corre cada vez con más fluidez la cerveza y el vino y empiezo a ver borroso, y suena “Soltame Carnaval”, lo veo aparecer, caminando hacia mí, tan parecido a ellos, tiene un poco de cada uno o un poco de todos —los ojos de Mauro, los cabellos de Seba, el cuerpo de Juanjo, la masculinidad de Pipo, el pecho de Walter, la sensualidad de Pucho—, o será que estoy borrachx o que me hizo efecto la chicha o que estoy bendecidx por los sahumerios y los efluvios del ambiente de la víspera, o quizás acabé hechizadx cual Isabel Sarli en Embrujada. En todo caso, a la mañana siguiente, sé que tengo algo más que agradecerle a la Pachamama y que tengo que volver el año próximo para alimentarla.


(crónica de Lux en el sitio "soy", Página/12, Bs. As.)

jueves, 7 de febrero de 2013

Zacatecas: "cierren las puertas"



 En el Congreso local del estado se presentó ante la comisión permanente una iniciativa con proyecto de decreto para que se declaren las peleas de gallos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la entidad.
La propuesta, sustentada por los legisladores Ramiro Rosales y Alfredo Barajas, destaca que "cada pueblo, y cada región, están determinados por elementos particulares que los representan entre sí, como es el caso de la fiesta de gallos en nuestra entidad".
Igual señalan como una virtud que cada pueblo "reconozca, valores y fortalezca al conjunto de elementos (materiales e inmateriales) que les dan identidad.
En Zacatecas esta ha sido una ardua tarea, pues gobernantes y ciudadanos comprenden el gran bagaje cultural que posee la entidad. A pesar de que la ciudad sobresale por ser un centro arquitectónico espectacular, existen también otros elementos que prevalecen y resaltan.
Se aduce además que desde la Colonia y hasta la actualidad, ha prevalecido como cuna de la lidia de gallos. El éxito de esta actividad se debió, entre otras cosas, a que se amoldó a nuestra cultura a tal grado que ahora forma parte nuestros signos de identidad.
La "lidia de gallos está íntimamente relacionada con el mexicano y con las festividades que le dan autenticidad y reconocimiento internacional".
El legislador Rosales mencionó que la importancia de las peleas de gallos no radica únicamente en el aspecto cultural.
Entre ellos están "lo económico, social, religioso y pedagógico; todos ellos convergen y dan vida a una actividad cargada de significados y elementos que es importante rescatar y valorar".
Zacatecas ha sido un estado puntero en el reconocimiento y rescate de las prácticas y elementos inmateriales. Se ha caracterizado por los estudios, trabajos, acciones y legislación respecto al patrimonio cultural, tanto material como inmaterial, concluye la propuesta.


(Si los priístas y sus paleros -que ya están de regreso- proponen las peleas de gallos a modo de "patrimonio cultural inmaterial", ¿es en respuesta a la penalización del maltrato a los animales como ya se aprobó en la ciudad de México, de donde se excluyó el maltrato a los toros de lidia?, ¿Qué es lo que pretenden con esa iniciativa estúpida? ¿Por qué no proponen que se penalice el rapto de menores de edad por parte de campesinos mayores de 18 que se las llevan, las violan y luego huyen a Estados Unidos, si esta práctica es parte de los "usos y costumbres" tan ancestrales como los más de 450 años que tiene de fundada la ciudad? ¿Por qué no proponen la penalización de los políticos que dejan endeudados a los Estados de por vida; de aquellos sinvergüenzas que nunca han leído tres libros en su vida? La cultura popular del palenque no es exclusiva de Zacatecas, ahí está la historia de "El gallo de oro", de Rulfo, la obra teatral de Víctor Hugo Rascón Banda, "¡Cierren las puertas!" por ejemplo. ¿Por qué no revisan el acervo del pintor Chucho Reyes Ferreira? Nota copiada del sitio "milenio".)

sábado, 1 de diciembre de 2012

Muxhe, síntesis del mestizaje

Lukas Avendaño es un performer oriundo de Oaxaca que aplica la antropología a las artes escénicas. Su mirada está puesta especialmente en las muxhes, que traducido toscamente serían aquellas personas que no responden a ninguno de los dos sexos obligatorios. La obra que trajo a Argentina y que se lleva a Bogotá para el Festival Internacional de Danza se llama Requiem para un alcaraván, donde aparecen diversos ritos de la vida femenina desde la novia hasta el paso a mayordoma, a capitana y finalmente una danza tradicional llamada “verlele” –en zapoteco– o “alcaraván”, danza erótica que termina con el orgasmo del ave. El alcaraván es un ave típica de la zona, la gente dice que es domesticable, pero si se lo domestica sin pareja, muere de tristeza. Lukas hace una analogía con el ser de las muxhes: “Muchas veces lxs muxhes mueren solxs, terminan solxs, como el alcaraván”.
Vos investigaste desde la antropología la relación entre símbolos prehispánicos y los modos de ver la sexualidad. ¿Podrías adelantarnos algo de tu trabajo?–Cuando llega la Colonia, es imposible no pensar que había otro modo de ser mujer en la Mesoamérica originaria, como también que había otra forma de ser hombre. Hubo una transformación de esos roles, y eso también modificó la muxheidad. Estuve rastreando palabras en el idioma zapoteco. Cuando alguien que habla castellano quiere decir que una persona es hábil, puede decir que es un tigre; en zapoteco, hermano se dice “biché” y jaguar se dice “be’eche”, encuentro una relación fonética y recuerdo que el ascendente totémico de los hombres es el jaguar, por la importancia que tiene ese felino dentro del pensamiento mesoamericano. “Benda” – es hermana– y “b’enda” –es culebra–. La mujer está ascoiada a la serpiente, que en el pensamiento mesoamericano originario tiene un papel importantísimo, como la fertilidad, el mismo carácter que tiene el Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. El proceso de evangelización le adjudicó a la culebra un carácter pagano, maligno, y produce una ruptura de la relación entre la mujer y su ascendente totémico. En el caso de lxs muxhes, me encuentro con un documento que dice que cuando los misioneros se encontraron con la advocación divina del murciélago, dijeron que era un “monstruo nefando”. Para la cultura mesoamericana, el murciélago tiene un carácter sagrado, nefando es la palabra que la Biblia o sus interpretadores usan para la homosexualidad, dice “hombre que se acostara con hombre como con mujer, comete pecado nefando”. Cuando se habla de unx muxhe, se le dice “mariposón”; cuando le pregunto a un anciano cómo se dice en zapoteco la palabra murciélago, me contesta “biguidirivela”, que se traduce como mariposa de carne.
Hay un orgullo muy propio de tu región sobre el lugar que ocupan las muxhes comparado con el resto de México. ¿Me equivoco?–Ocurre que lxs muxhes tienen en el Istmo Oaxaqueño una presencia diferente, no hay sanción ni estigma, y esto posiciona simbólicamente a la región.
¿De dónde viene esta diferencia?–Hay que pensarlo desde la etnicidad de los zapotecos del Istmo de Tehuantepec como pueblo originario: el imaginario de México está construido con la iconografía de las tehuanas –mujeres de Oaxaca–, que ya desde 1930 estaban presentes en los billetes de 10 pesos. El mismo José Vasconcelos, luego de un recorrido por el país con el fin de planificar la educación pública, sostuvo que el istmo era la cuna de la gente de bronce, la síntesis del mestizaje. Einsenstein, con su documental Viva México, propone un acercamiento a la iconografía istmeña, el mismo Miguel Covarrubias hace una etnografía del sur de México, Frida Kahlo inmortaliza ya desde su vestimenta a las tehuanas; Tina Modoti también. A partir de esa construcción discursiva y esa acumulación de capital simbólico (político, cultural, educativo, ideológico, iconográfico, cinematográfico, fotográfico, etc.) la muxheidad del istmo aparece protegida por esa red y puede “vivir” sin pedir permiso.
¿Y cómo se ve a esta zona liberada desde resto del país?–Si en México tú dices “me gustan los hombres”, los demás se voltean y dicen: es del istmo. Es como si tuviéramos permiso .
¿Cómo dirías que te asumís vos mismx?
 
–Desde el punto de vista artístico digo que soy un trabajador de la cultura y me reconozco como hijo y descendiente zapoteca, me reconozco como istmeño, como oaxaqueño, fuera de mi país me considero oaxaqueño/mexicano. Desde el punto de vista del género puedo decir que por circunstancias de la vida nací con pene y testículos pero emocionalmente y en cuanto a mis roles de género tengo en temporadas preferencias por los roles femeninos y en otras por los roles masculinos. El muxhe que no es ni hombre ni mujer, es muxhe.
¿Es cierto que hay fiestas tradicionales que festejan en Oaxaca la diversidad?–Hay muchas fiestas: del barrio, de la colonia, patronales, familiares. Hay un calendario de festividades prehispánicas y otras fiestas, llamadas “velas”, que son más contemporáneas. Las velas de Juchitán tienen que ver con la preferencia sexual, la disidencia sexual o la reivindicación sexogenérica. En estas fiestas yo digo que el tiempo se detiene y el espacio se abre para dar pie a un nuevo espacio simbólico que es la manifestación de la muxeidad en todo su esplendor. Estas velas están convocadas por lxs muxhes, lxs protagonistas son lxs muxhes.
¿En qué consisten?–Las velas están compuestas por fases: la primera es la calenda, es el anuncio de las festividades. Se recorre las calles con música, se llega al espacio designado, donde se bebe, se baila, se queman fuegos. Es la anunciación de la fiesta. Al otro día es el llamado “convite de flores”, donde las capitanas de flores recorren las principales calles que se depositan en la iglesia del Santo Patrono. Luego, el “Paseo del estandarte” y la “Tirada” o “Regada”. Ese día vuelven a salir las anfitrionas y sus invitadas. A todas sus invitadas, las anfitrionas, les entregan regalos. El excedente de los regalos es compartido con el resto de pueblo, yo lo llamo “regulación de la acumulación”. Otra fase es el baile de gala. En el caso de la muxheidad, se lleva a cabo la “pasarela de las embajadoras”, con embajadoras que vienen de localidades vecinas, de otras comunidades, de otros países. El espacio, en ese momento de la fiesta, adquiere otra connotación. La construcción de la muxheidad está afincada en torno de la construcción de la feminidad zapoteca, es decir, lxs muxhes traen sus enaguas, sus huipiles bordados, sus resplandores, sus alhajas, sus estandartes, pero en el baile de gala la indumentaria difiere de la de todas las fases anteriores, es más occidental, moda europea. Puedes encontrar desde trajes muy cuidados hasta muy extrovertidos, y se ve un paisaje surrealista cuando estás en la fiesta.
En esa fiesta se visibilizan lxs muxhes pero también los que no lo son.–Lxs muxhes son lxs protagonistas, pero alrededor de ellxs hay otros actores, como el presidente municipal, que se encarga de coronar a la reina. Políticos locales, artistas, gente de la comunidad, que se reconoce como heterosexual pero tiene amigxs muxhes, o compañeros de trabajo. Acceden sin sanción. En esta fiesta se puede ver al muchacho con su novix muxhe, con sus amigxs...
Hay mucha cosa subterránea...–Exacto, es como el escaparate de una gran tienda, y nadie va a la bodega –a no ser que esté dispuesto a pagar los costos– pero, mayoritariamente, la gente se queda enamorada del escaparate.
¿En el istmo es todo color de rosa?–Yo suelo responder que el color es el rojo, porque hay mucha gente que ha dejado el pellejo en ese camino. Dentro del contexto local, hasta cierto punto, somos privilegiadxs: pueden vestirse como quieren, tienen una importancia dentro de sus roles... pero si yo como muxhe, aspiro a tener a mi marido, no puedo. Si pretendemos no repetir el rol de la feminidad como ama de casa y decimos que lx muxhe no espera en su casa al macho, estamos en problemas. Si partimos del hecho de que la monogamia viene dentro del proceso de adoctrinamiento de la evangelización, quizá la poligamia sea una de las características de la muxheidad. Un muxhe con muchos amantes sucede como un secreto a voces. El día en que unx muxhe se muestre con su novio/marido/amante en la calle y nadie se voltee para verlos, diría que estamos en un plan de iguales.
Y ser la primera opción...–Eso mismo. Y no cuando puede o cuando está borracho.


(Entrevista de Juan Tauil, cortada y copiada del sitio "soy", Clarín, Buenos Aires.)