jueves, 11 de octubre de 2018

Igor Barreto (1952)

Estas garzas


A la memoria
de josé natalio estrada.

Estas garzas
deben ser castellanas
porque forman una V al volar.

Abajo

los ríos se represan
y se hacen cada vez más anchos.

Dos manatíes afloran
y lanzan tenues chorros de vapor blanquecino.

La vieja casona del puerto:
bisagras, cerraduras de bronce.
En el meandro constelado de uno de sus cuartos
los pezones negros de una mujer.

La cúpula
de la iglesia.
En un nicho de su fachada
el enyelmado guerrero
pregunta al ya caído en el hondón:
¿Quién como Dios? ¿Quién como Dios?
¿Quién como Dios?

Y más allá la sabana,
el polvo con el viento tras los viajeros
y el ganado,
y tras ellos el tardío anhelar del corazón.

Que sople fuerte el viento del idioma

para que estas aves lleguen lejos.


("la cola de rata")

miércoles, 10 de octubre de 2018

Issa Kobayashi (1762/1826 )

Haikus de primavera



1
Sé amable con las crías
de gorriones:
¡te cagarán encima!

2
Sale volando
de la nariz del buda
la golondrina.

3
Dos muñecos
cubiertos de hollín
una mujer y un hombre
arrinconados.


("hablar de poesía", no.37, versiones de alberto silva)

martes, 9 de octubre de 2018

Gisela Galimi (1968 )

Estación



El invierno termina algún día incierto.
Ni antes ni después
que finalice el frío.
No importa como lo llames,
ni la fecha que dicte el almanaque.
El invierno es invierno.
Las muchachas podrán ignorarlo
y vestir primavera en septiembre,
enamoradas de las quimeras.
Pero una mujer ya tiene su experiencia.

Todo llega a su debido tiempo.


+++

Fin



Mi cuerpo se abre,
se desgrana.
Fruta sin árbol caí,
porque otoñesía,
porque estaba madura
o porque ya no tenía ganas de quedarme.


("los poetas")

lunes, 8 de octubre de 2018

Igor Barreto (1952 )

Hambre


Tienen hambre
y han abierto
la boca.

Un árbol entero
podría colocarse
en ella

y un río
entero,
hasta unas montañas

con sus picos
y lomas.
Todo cabría

envuelto
en saliva,
en paños blancos.

La saliva
se estira
y ablanda el paisaje:

unas vacas pastan
en la profundidad
de su inocencia

y los caballos
sobre la barda
como estelas funerarias.

Piedad
para los que son
pasto y hueso

porque luego
serán triturados
por el deseo

bajo el cielo
incendiados,
y el ansia

y las paredes
del cosmos
se moverán

y el paisaje quedará guardado
en el saco ácido
de la desmemoria.

El deseo
de comer
lo incomible:

el perro fiel
calles y aceras,
edificios y trenes.

La hoguera de vidrio
de la pequeña ciudad
está encendida.

Devoración, devoración,
no importa cuánto
y cómo.

La hambruna,
la resaca súbita
del ánimo

una epidemia
masiva,
la voracidad

el ventoso remolino
de las aves carnívoras,
el entenebrecimiento.




("latin american literatura today")

domingo, 7 de octubre de 2018

Uriel Martínez (1950 )


Puertas del día


Salí temprano al súper:
la vi de lejos con tres bolsas
de plástico litografiado -de esas
que tardan miles de años en asimilarse
al suelo-, su bolso de dama de ojos hermosos,
la columna subyugada por la gravedad
que da el paso del tiempo.
Se me figuró mi abuelo también
con vértebras vencidas
como quien busca el sitio
en que se abrirá de una bocanada
el piso.

Iba yo en busca de jabones,
de lácteos, de púrpura para mis ojos
cada día más vencidos, doblegados
como los andenes que me claman,
como quien busca tranvías a otra
parte, a zonas y franjas oscuras
del deseo. de la espera.

La vi ascender escalones,
descansaba su carga peldaño
a peldaño, el perfume del pelo,
la fragancia discreta detrás de uno
y otro lóbulo; el bolso negro en que llevaba
cash, chequera, tarjetas de identidad,
quizá una carta de amor manuscrita,
una viñeta, un borrador de un "te amo, loco".

No supe su nombre pero lo imagino
Sophie, Melisa, Rosario y Fermina la hermosa,
la de piel y labios desgastados.


[Inédito]

sábado, 6 de octubre de 2018

Wingston González (1986 )


Vida de parque



Por qué no dormís, Marcial, hoy que suspendieron
todas las licencias y no brotan pasiones escondidas.
Tras aquellos campos de golf que ves rechinan los
dientes de la hermosa policía tres veces de noche.

Despertar y despertar insomne a falta de oficios
tu corazón, a poco aguacero al final de la grama
unge sus piernas en la desnudez salobre de la vida
abecerrada, confuso cubo de basura, sueños coloridos
agencia publicitaria para lagartijas moribundas
entre oscuras fuentes vítreas, desiertos helados
y ropa seca avisando a gritos desde el aeropuerto
que cesó la marea para la gente sola, para la gente
que desde hoy aspira con fuerza a zumbidos de perros
a comedores para momias, funerales y oficinistas
a levantarse con algún pubis exhausto en la cara,
recortes de prensa infantil lanzada del infierno,
telarañas sobre los pechos redondos, los pechos
suaves como serifas, lechosos que muestran impunes
los héroes enfermos en los carros blancos del aire.

Por qué no dormís, Marcial: que tu sueño sea yodo
para la nieve que tiñe una noche de otra noche
más grande aún que el César, la repartición de su
muerte y cielo diurno apagado al calor del laurel
y del rocío hinchado, extenso, como si no acabase
como lengua de caballo roza desprendida del paladar:
Así siempre la vela, parca vela, respetuosa vela.

¿Por qué no te dormís, eh Marcialito? ¿Cuántos
aeroplanos de fuerza necesita la nación romana
para aguantar así tus párpados en la bruma? ¿eh?:
Retírense monstruos, retírense con este año autos
de la Avenida Central; desaparezcan y dejen a solas
el alumbrado público y a los ciudadanos recortados
por leyes agrícolas y piedras más rápidas que la
ansiedad de grabaciones viejas de televisión.
El dominio de la guardia sobre fuegos atónitos
sobre el reflejo propio en el cabello propia, sobre
la heroica distracción de un elefante. Pesan más
que la muerte trágica de adolescentes esos párpados.
Pesan más que la durísima urgencia de prodigios
que la sed eléctrica de la civilización inmóvil
ocupada adentro por desocupados trágicos, por su
hermosa y disolvente vida de parque, frío, mediodía.

Pesan más que las coronas de mujeres valientes que
llorando sobre rocas gritan que harán algo grande
para que la gloria cubra sus cadáveres desvestidos.
Eso es un mártir: Un(a) joven virgen de curiosidad
una ardiente simulación de incertidumbre, una casa
que se derrumba para ser habitada después, Marcial.

¿Ves? tras aquellos campos de golf rechinan los
dientes de la hermosa policía tres veces de noche.
Yo no quiero que retroceda el invierno sobre mí así
y por qué no dormís entonces. Si pronto los cuerpos
arderán por mi causa, se revelará la suerte de los
asteroides que brillarán sobre el ganado, el miedo
el exquisito miedo, la juventud que se desvanece
en la locura completa de la sangre coagulada:
Dejaste caer un dios al jardín vacío para apagar mis
celos lubricados por las llamas de la sumisión.
No soy imbécil, viejo amor mío. No soy imbécil.


("los poetas del 5")

viernes, 5 de octubre de 2018

Alberto José Pérez (1951 )

Viejo


Es verdad,
no es sueño del que sueña,
estoy tan viejo
que se me pierde la Cruz del Sur
en el firmamento.

no lo duden,
es verdad,
estoy viejo,
ya con poca memoria,

casi olvido,
la vida de unos años,
cuando colaba el café de madrugada
y no tenía que recordarla,

lo bebía lentamente,
con los ojos cerrados,
delicioso, delicioso,
como un murmullo,
se le escuchaba decir,
con el pocillo entre sus manos,
desnuda,
sentada en el borde de la cama,
como una diosa,
olorosa a río Apure.


+++

Marzo



en marzo al río lo abraza la muerte

a la intemperie
sus pulmones de arena
van cesando
sin lluvias conque cobijarse

va pálido
el río de mi corazón
con los ojos rojos
incierto en su destino
como todo lo del planeta.


("letralia")