martes, 31 de enero de 2017

Isla Correyero (1957 )

Coño azul


Mi coño es negro como carbón
evaporado. Pero se vuelve azul a la luz
de la tele y de la luna.
La característica más peculiar que
explica su color y su forma
es
que tiene circulación lenta y
estremecida que va navegando hacia la
tinta de las venas y se abre al desamparo
de mi dormitorio como si
comprendiese que un dedo impenetrable,
masculino,
no pasara por él ni por las sábanas.

Sería una esperanza considerar
que sobre mi coño solitario aún pueden
caber volúmenes remotos
o
un pañuelo azul que penetrase las dos
mitades húmedas y abiertas y así pasar
esta tela azul, ensangrentada,
quedándose,
rompiéndome
porque mi coño ya es invencible,
mi enemigo.

Aislado del amor
cualquier coño es violento.


("no me quites paz")

lunes, 30 de enero de 2017

Consuelo Torres (1957 )

De la propensión a los accidentes


 Me he estrellado contra el cielo esta mañana.
La palabra que no dije
se hizo cráter en el centro de mi boca.
Lo que queda de mi podrá recogerse con cuchara

una que los duendes usan para tragarse auroras y presagios
Les ha sido muy difícil identificarme.
El marfil que sustentaba mi vértice en el mundo
es ahora una espiral de sueños en soltura.
Ilusiones borrosas astillan mis pulmones
el cerebro está lleno de gorriones lastimados, pero vivos
y candiles encendidos para los ritos nobles.
Se me ha derramado la arena de los días
en castillos para nadie defendibles
y una mancha de señales emergentes
De tres neuronas salvadas del colapso
han salido carcajadas y un ruido de tambores.
Solo así han sabido
de quién es ese cadáver tan bonito.


("no me quites paz")

domingo, 29 de enero de 2017

Uriel Martínez (1950 )

La cuchara


Unos dicen que estoy irreconocible,
que al separarme de ti, fue abierta
la losa de mi libertad;
que mis ojos aprecian
al tapir, la hormiga, la araña
mínima.
Otros sostienen que en mí
ven o adivinan la ausencia
de un cáncer, nubes oscuras,
presagios ilegibles.
Unos más, por no guardar silencio,
adivinan en mis pasos
la complexión de mis pisadas,
la esclerosis temprana.
Aquellos que no me conocen
sin prejuicios me ceden
el asiento, el paso, la cuchara
que se le brinda a nadie.
Al moribundo por fin.


[Inédito]

sábado, 28 de enero de 2017

Carlos Pujol (1936/2012 )

De noche en los espejos


De noche en los espejos
hay como cataclismos de tiniebla,
se desmorona todo lo soñado
cuando apenas acaba de nacer.
Y salimos al alba
como ciegos que ven por vez primera.
Amanece sin prisa,
aún queda mucho tiempo por delante:
entre dos luces pueden verse aún
jirones de las sombras que llevamos.


("no me quites paz")

viernes, 27 de enero de 2017

Ana Cecilia Blum (1972 )

El jubilado


Esa mañana, cuando la luz se metía
entre las bancas, a través de los álamos
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
el jubilado me dijo
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.

 Cuando el esqueleto se despierta sin quejas
y en la terraza el sol entiende la piel de la vejez.

 Cuando el menú del día está sabroso,
la pensión llega a tiempo, completa,
y la casa no insiste en caerse a pedazos.

 Cuando la memoria recuerda solamente lo bueno, lo bueno;
los hijos vienen de visita,
los nietos cuelgan de la alegría, abren la nevera
y se comen hasta la soledad.

 Cuando uno reposa contento, encantado
en las tintas de un buen libro,
o en los andamios de una gran película,
y entonces no hay apuro para encontrarse con Dios.

 Cuando el día está bonito, sí, bonito
y no importa si el gobierno entero se va al carajo.

 Eso, me dijo el jubilado,
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.


("no me quites paz")

jueves, 26 de enero de 2017

Elmer Calderón Jaramillo (1962 )

Elegía para ella


Ayer eras una cordillera infinita,
unos musgos negros y erizados de frío,
una campesina haciendo canastos;
unas manos germinales desgranadas de sol,
o una garza descansando en un potrero.

Ayer ibas en mi morral entre palmas de cera,
relucías conmigo bajo el sol de enero,
mientras caía la tarde polvorienta
desde un silencio glacial, en las alturas.

Ayer estabas entre mis manos
mientras caminaba entre unos pinos,
eras una mariposa cenicienta sobre un tronco,
y llenabas el camino breve hasta mi casa.

Ayer quise traerte hacia mis rejas
y te quedaste enredada en las breñas del follaje.
Pero andarás por ahí y eso me basta.
Que cerca siento tu alegría de canciones.


("revista corónica")

miércoles, 25 de enero de 2017

Cesare Pavese (1908/1950 )

El vino triste



Lo difícil es sentarse sin hacerse notar.
Lo demás viene por añadidura. Tres sorbos
y retorna el deseo de imaginarse solo.
Se abre de par en par un fondo de zumbidos distantes,
todo se dispersa y haber nacido y contemplar la copa
constituye un milagro. El trabajo
(el hombre solo no puede dejar de pensar en el trabajo)
vuelve a ser el antiguo destino que es hermoso sufrir
para poder pensar en él. Después los ojos clavan
su mirada en el aire, dolientes, cual si estuviesen ciegos.

Si este hombre se alza de nuevo y va a acostarse a su casa,
parece un ciego que ha extraviado el camino. Cualquiera
puede salir de un rincón y machacarlo a golpes.
Puede salir una mujer y tenderse en la calle,
joven y bella, bajo otro hombre, gimiendo
igual como gimió una mujer con él hace tiempo.
Pero este hombre no ve. Va a su casa a acostarse
y la vida no es más que un zumbido de silencio.

Al desnudar a este hombre, se encuentran miembros exhaustos
y pelo brutal, aquí y allá. ¿Quién diría
que por este hombre circulan venas tibias
en que hace tiempo quemaba la vida? Nadie creería
que una mujer hubiese acariciado, hace tiempo,
aquel cuerpo y besado aquel cuerpo, que tiembla,
y lo hubiese bañado con lágrimas, ahora que el hombre,
que ya ha llegado a su casa, no consigue dormir, pero gime.


("el poeta ocasional", trad. guillermo fernández)