domingo, 18 de diciembre de 2011

Nicanor Parra en EU

El 1 de abril del 2009 Carmen Balcells llegó desde Barcelona a Las Cruces a visitar a Nicanor Parra. Venía con una pregunta para el antipoeta: "¿Usted está en contra de que lo haga millonario?".

Un año antes, la agente más importante de la literatura hispanoamericana había dejado de representar los derechos de la obra de otro autor chileno, Roberto Bolaño. "En un descuido llegó el agente americano", recuerda desde España Balcells citando a Andrew Wylie. Más conocido como "El Chacal", quien ahora negocia los derechos de Bolaño en el mundo. "A Nicanor Parra no llegó. No le dejé", dice a La Tercera y agrega: "Yo viajaba en una dirección y él en la contraria, pero los dos con el mismo objetivo".
De esa visita al litoral central han transcurrido dos años. Y se ha sumado una noticia monumental, que hará más popular la poesía del Premio Nacional de Literatura 1969.
El pasado jueves 1 de diciembre Nicanor Parra obtuvo el Premio Cervantes, considerado el Nobel de la literatura en español. La Agencia Balcells, desde entonces, no ha dejado de recibir propuestas de editores de diferentes puntos del mundo para publicar los libros del autor de Poemas y antipoemas.
"Estoy abarrotada de correos que quieren editar a Nicanor", dice la agente y recuerda cuando visitó a Parra el 2009. "Me dijo que no me preocupara, que antes de morir le iban a dar el Cervantes", cuenta. "Pero él encarna la eterna juventud", dice en alusión a sus 97 años de vitalidad.
Ese jueves de diciembre, en la mañana, la agente de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Pablo Neruda, entre muchos más, le envió un correo electrónico a Colombina, la hija del antipoeta, para felicitarlo por el premio. Ya tenía en su poder el segundo tomo de las Obras completas de su representado. "Su editor, Ignacio Echevarría, me hizo llegar un ejemplar único el día que salió de imprenta. Me dijo: 'Te doy la primicia de este libro'", relata Balcells. Y afirma que se asesorará con el crítico español para editar futuros libros de Parra ante las ofertas existentes. El universo de más de 70 años de poesía estallará cuando comience a rodar el próximo año.

Dirección obligada

Tras su visita a Chile, Balcells prometió partir publicando una antología del autor de Versos de salón para su difusión en España y Latinoamérica. Fue así que en marzo del 2010 llegó a librerías Parranda larga por editorial Alfaguara.
Ahora la agente literaria asegura: "La obra de Nicanor Parra se publicará en Estados Unidos. Ya tengo opciones de acuerdo con editoriales norteamericanas. Un verso suyo seduce y encanta y tiene más seguidores de los que creemos".
La historia de la antipoesía con EEUU es larga. Se remonta a 1960, cuando Jorge Elliott traduce una selección publicada como Antipoems. En 1967 la prestigiosa editorial New Directions difunde Poems and antipoems. Sus traductores son nada menos que los poetas Allen Ginsberg, William Carlos Williams, Lawrence Ferlinghetti y Thomas Merton.
Seguirán otras obras circulando en el mercado norteamericano. Por ejemplo, Emergency poems (1972) y Sermons and Homilies of the Christ of Elqui en 1984. La última obra es de hace siete años: Antipoems: How to look better & feel great, en traducción de Liz Werner.
Balcells cree que Parra, entre otros méritos, recibió el Cervantes por "el reconocimiento que tiene su obra en Estados Unidos" y está segura de que su reputación "es extraordinaria, pero nunca tuvo un agente que pusiera orden en sus cosas".


("Para qué me preguntan estupideces/ saben perfectamente que soy un simple predicador/ en el desierto de concreo armado." Antes que los Infrarrealistas en México escribieran poesía los Estridentistas y Efraín Huerta, fueron estanques de donde bebieron Bolaño y Mario Santiago. Nota de Javier García tomada de La Tercera.)

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cesária Évora (1941- 2011)



Praia— La legendaria cantante caboverdiana Cesaria Évora, llamada "la diva de los pies descalzos", falleció el sábado en un hospital de Cabo Verde, anunció el ministro de la Cultura de ese país, Mario Lúcio Sousa.

Évora, de 70 años y cantante de fama internacional, había abandonado definitivamente los escenarios hace tres meses a causa de problemas de salud.
La cantante sufría desde hace varios años de diversos problemas y llegó a ser sometida a importantes operaciones, incluyendo una cirugía a corazón abierto en mayo de 2010.
"No tengo fuerzas, no tengo energía. Me gustaría que le digan a mis admiradores: lo siento, pero ahora necesito descansar. Lamento infinitamente tener que ausentarme por causa de enfermedad, quisiera darles aún más placer a los que me han seguido durante tanto tiempo", dijo Évora al diario francés Le Monde al anunciar el fin de su carrera, el 23 de septiembre.
Esta ex cantante de bares en la ciudad de Mindelo, en la isla de San Vicente, se volvió súbitamente una celebridad mundial con su tercer disco, "Miss Perfumado", en 1992, y poco más tarde ofreció dos conciertos triunfales en París.
Aunque el éxito llegó tarde para esta artista que ya tenía entonces más de 50 años, nunca paró de crecer.


(Aunque nunca la conociste personalmente supiste enamorarte de su voz cautivadora, del halo que iba a donde ella iba, que irradiaba en tu modular antiguo como sus ojos. Nota y foto de la agencia AFP, tomadas del Diario de Juárez.)

viernes, 16 de diciembre de 2011

El mil bocas (*)

El cien bocas es un político engendrado por el karma acumulado del Partido Revolucionario Institucional, un partido al que un fin de siglo le trozaron de un tajo la cabeza; y así fue desplazado del reino del bosque de pinos, en San Miguel Chapultepec. Una de las biografías chinas del Buddha narra que èste -el de cien bocas-, se encontró en su precampaña mediática con una legión de tuiteros, que pretendieron hundirlo en el descrédito con mofas, burlas y balconeos en la web. Al cabo de miles de esfuerzos anónimos, lo obligaron a exponerse a la opinión pública. Así, él mostró un hocico de águila, otro de cucaracha, otro de coralillo, uno más de gusano y uno extra de rata de sacristía. El Buddha le cuestionó:
   -¿No eres Enrique?
   - Soy Enrique, el cien bocas infectadas-, respondieron a una los cien orificios que encontraron eco en Tweeter a sus lagunas literarias, culinarias y de economía laboral.
   El Buddha explicó a sus discípulos que en una encarnación pasada, Enrique era un pupilo que se había hecho candidato y que a los demás había superado en el arte de cantinflear: a Humberto Moreira, a Ángel Aguirre, a Felipe Calderón y a Norberto Rivera Carrera. Cuando alguno de los citados se equivocaba les decía cabeza de chorlito, cerebro de mosquito, cabeza de piedra, cabeza de hidra, etc. Cuando murió, porque un buen día se apagó su buena estrella, el karma de esos insultos acumulados lo hizo renacer gaviota, pero gaviota negra, fatigado por todos  los vituperios y equívocos de precampaña.


( Todo empezó cuando un periodista le preguntó por los libros que marcaron su vida, el cien bocas refirió que en primer lugar, el que le dejó huella fue "Los de abajo", de Pedro Páramo...* Narración recreada del texto de Jorge Luis Borges, "El cien cabezas", incluido en el Manual de zoología fantástica, ed. FCE, México, 2010, col. Breviarios no. 125, undécima reedición.)

nota: para el interesado, se reproduce el texto original del autor argentino:

El cien cabezas




El cien cabezas es un pez creado por el karma de unas palabras, por su póstuma repercusión en el tiempo. Una de las biografías chinas del Buddha refiere que éste se encontró con unos pescadores, que tironeaban de una red. Al cabo de infinitos esfuerzos, sacaron a la orilla un enorme pez, con una cabeza de mono, otra de perro, otra de caballo, otra de zorro, otra de cerdo, otra de tigre, y así hasta el número cien. El Buddha le preguntó:
- ¿No eres Kapila?
- Soy Kapila- respondieron las cien cabezas antes de morir.
El Buddha explicó a los discípulos que en una encarnación anterior, Kapila era un brahmán que se había hecho monje y que a todos había superado en la inteligencia de los textos sagrados. A veces, los compañeros se equivocaban y Kapila les decía cabeza de mono, cabeza de perro, etc. Cuando murió, el karma de esas invectivas acumuladas lo hizo renacer monstruo acuático, agobiado por todas las cabezas que había dado a sus compañeros.

Leavitt: "gay writter", anacronismo

Acaba de firmar la escritura del departamento que se compró en Buenos Aires. “Es justo a la vuelta de acá”, dice sobre sus nuevas calles de referencia, el pequeño mundo donde se mueve como pez en el agua desde hace quince días: Junín, Uriburu, Juncal, Ayacucho, pronuncia como mantra y en las pocas palabras que conoce en español. “Todavía está vacío el departamento, hay que pintarlo, ponerle un estilo”, dirá Leavitt, pero para eso hay tiempo, porque él y su pareja, Mark Mitchell, piensan vivir, a partir del 2012, cuatro meses al año en nuestra ciudad, un lugar “encantador”, con todos los adjetivos derivados de amabilidad y la referencia obligada a esa diversidad de paisajes y todo al alcance de la mano, con pocas cuadras de distancia, que tanto lo diferencian de Gainesville, Florida, la pequeña ciudad donde tienen residencia fija. “Esta es mi ciudad favorita en el mundo y ahora éste es nuestro barrio”, dice entusiasmado. La casa está desierta por el momento, aunque como una señal de lo hospitalaria que a sus ojos se muestra Buenos Aires, ha quedado un escritorio del dueño anterior. Una señal. El entusiasmo de Leavitt da ternura, pregunta por casas de decoración, mira las paredes vacías y se lo ve imaginar el cuarto propio de este lado del mundo.

La ley de matrimonio, la buena onda de la gente con ellos, que forman una pareja tradicional, lo hacen sentirse cómodo. Leavitt hace la clásica referencia a ese aire europeo que tanto orgullo desmedido nos ha dado, y ante la cara de desconfianza insiste, conoce el “estilo europeo”, tanto el que ha vivido como el que ha estudiado para ambientar sus novelas cuando empezaron a alejarse en tiempo y espacio del pequeño mundo americano que aparecía retratado con minuciosa ironía en sus primeros trabajos. Vivieron durante 10 años en Italia, entre Florencia y la Toscana, y cuando la crisis empezó a apretar decidieron volver a Estados Unidos, allá por 2002.
Este año Mark y David cumplieron 50 y el número redondo parece haberlos alertado. Necesitaban un cambio y eso los motivó a esta movida de venirse a Buenos Aires: “una aventura”, además de que tener una propiedad en Sudamérica es una buena inversión, dice. No les interesa la vida nocturna hace mucho tiempo, “somos viejos”, exagera desde la mesa del bar donde desayuna todas las mañanas desde que llegó y donde los mozos (entre profesionales y cholulos) ya lo conocen. Decir que Mark y él están viejos le saca una carcajada, la primera y la última de la entrevista. Después dirá que no tanto, pero que la distancia con aquellos años de universitario le parecen una eternidad. Sin embargo, no parece querer hablar mucho de su obra en términos de literatura gay, y si bien hay múltiples formas de encararla, su literatura se caracteriza por haber puesto en el panorama de la buena literatura cuestiones (intimidades, introspecciones, códigos propios) que hasta el momento no se habían tocado con tanto estilo, gracia e insistencia. Sobre sus trabajos académicos, sus prólogos descubriendo autores que ponían en palabras la realidad homosexual, sobre la ya clásica antología para la editorial Penguin (Penguin Book Short Stories) que desmantelaban esa idea de que las historias con personajes gays, o el homoerotismo en la literatura eran excepción a la regla siempre hétero de contar historias, casi no quiere hacer referencia. Levanta la mano como buscando un pasado lejano y responde que eso fue hace mucho, que ya no lo hace más. En cambio se entusiasma con las pocas palabras que sabe en castellano, un idioma que piensa aprender viviendo: manteca, facturas (“¡las amo! y no puedo creer que la palabra también signifique ‘cuenta’, algo tan rico y algo tan feo”), medialunas, Calle Cashao, dice exagerando a propósito el sonido porteño. Además de contar orgulloso que le encanta sentarse en La Biela o en “Los Olmos” (así, en castellano y en plural, que por no parecer fanfarrona no le aclaré que los olmos son uno solo) con sus visos old fashion que tan a gusto lo hacen sentir y que en Gainesville tampoco se consiguen. Mark es el editor de una revista que ambos fundaron: Subtropics es una revista de literatura donde se publica ficción, ensayos, poesía de escritores jóvenes y no tanto y donde espera que sus nuevos amigos argentinos tengan espacio en un número especial. De los que conoce menciona a Maxime Swan y Samanta Schweblin, pero se entusiasma con los clásicos que lo enamoraron de esta ciudad: Bioy, Borges, las Ocampo, Denevi, Puig (que pronuncia Puch por los años que vivió en Barcelona, donde aprendió catalán). Dice de este último que le llama la atención la lectura que se hace de él, que no sea un autor reconocido y canonizado como pieza clave de la literatura nacional. De sus influencias cuenta que una de sus autoras preferidas en el mundo es la inglesa Penelope Fitzgerald, hija del editor del Punch, Edmund Knox: una mujer que empezó a escribir recién cuando su marido se murió, a sus 60 años, y hasta su propia muerte fue tan prolífica como pudo, escribió 12 novelas (El inicio de la primavera, La flor azul y A la deriva fueron editadas en castellano por Mondadori). Pero ahora está obsesionado con Chejov y no puede creer haber vivido hasta acá sin haberlo leído. “Chejov es mi héroe por como vivía su vida, por su humildad, su entrega”, explica y nos remontamos a su momento de fama, los 23 años que transitaba en 1984, cuando siendo un estudiante de Yale editó su primer libro, Baile en familia (Anagrama), fue nominado al premio Faulkner y se convirtió en un best-seller.

HARTO DEL EXITO

Dice que estuvo bien, pero que pasó hace mucho tiempo. “Los escritores nunca se convierten en sex-symbols”, asegura cuando se le pregunta sobre lo que se sospecha le pasó con el éxito, y aclara que además a él no le gusta Nueva York, donde se tendría que haber quedado si hubiera querido agrandar el suceso y armar una personalidad literaria como Capote o su contemporáneo Foster Wallace. Se siente más cerca de sus alumnos que de una estrella al estilo de este último escritor, suicidado en 2008, por lo metódico y disciplinado a la hora de investigar, y asegura que para él los lugares son muy importantes en una novela, de allí que viaje y se quede un tiempo en cada ciudad donde sitúa las acciones. De Cambridge dirá que es como su infancia en California, donde su papá enseñaba psicología y su mamá escribía una novela que quemaría años más tarde, dejando un enorme signo de pregunta sobre la única de su familia que amaba las palabras tanto como él.
“Nunca confié en aquel éxito de Baile.... Si bien fue excitante y creo que me puse de moda un tiempo, sabía que tenía fecha de vencimiento. La prensa es muy caprichosa con los escritores” (y encontró en esta palabra que conoce del italiano la justa para hablar de lo que piensa de los medios). “Ese capricho te coloca un día arriba y otro abajo, de manera que yo entendí eso muy pronto, por suerte.” Sin embargo no es difícil imaginar que hablar abiertamente sobre su homosexualidad y tematizarla en sus historias fue algo curioso para los ochenta que recién empezaban y sirvió a mucha gente de espejo y de esperanza “y es un orgullo que así haya sido”, dice Leavitt, pero no se considera dentro de una tradición o de un canon y no quiere ser catalogado como escritor gay. “Hoy en día es incluso anacrónico, no tiene sentido la pregunta. No es algo que se planteen mis alumnos; si sos gay o no, poco tiene que ver con tu obra. Cuando vivía en Italia prefería verme reflejado como ‘escritor gay’ porque al menos la palabra escritor va adelante, en inglés ‘gay writter’ me ponía de mal humor”, cuenta y trae una anécdota con su mejor amigo, también escritor, Padgett Powell, heterosexual él, “estilo macho”, define Leavitt, con quien se dedicaban a mentir intercambiando la preferencia sexual de cada uno. “Decíamos que él era gay y yo heterosexual y la gente se quedaba helada. Siempre jorobamos con esto y yo le digo que es un gay secular, porque acepta todo de la homosexualidad menos el sexo”, dice.

QUIEN ES QUIEN

Cuando se le insiste sobre la homosexualidad de Hardy, su protagonista en El contable hindú, dice que es indudable, pero que las cosas cambiaron tan rápido que ni siquiera hay que ponerle literatura a ese rasgo de su personaje, espacio que sí le tuvo que dedicar a la matemática o al carácter outsider que tanto su protagonista como el contador hindú de la historia, Ramanujan, comparten. Y es el contraste entre Occidente y Oriente lo que atrapa, pero a la vez esa condición de caminar por los márgenes lo que hermana a estos dos hombres más que la tensión sexual que puede perfumar la novela por momentos. Admite cierta tensión homoerótica muchas veces presente entre sus protagonistas masculinos “pero no necesariamente”.
“No es que no quiera o me resista a nada, me parece que uno despliega en la literatura lo que es y yo asumí mi homosexualidad desde el principio pero no puedo hacerme cargo de los deseos de la gente respecto a eso. Hace mucho que renuncié a que mis historias agraden al resto y hace mucho que fue para mí aquello de escribir sobre salir del clóset, de manera que si bien siento orgullo, como te dije antes, siento desilusionar a alguien que espera más acción homosexual entre mis personajes, más drama”.
Sonríe y vuelve a encauzar la charla en lo que le gusta. “Amo enseñar”, dice e imagina los cuentos sobre Buenos Aires a sus alumnos. A algunos ya les cuenta vía mail la maravilla que esconde esta ciudad de bares y mozos buenos. Descubrir talentos, ayudarlos a que encuentren una voz y hagan obra es parte del desafío de la enseñanza y él recoge el legado de su padre, quien murió en 2007 al poco tiempo de la publicación de El contable hindú, y de quien absorbió tanto del ambiente universitario que definió su vida y que atraviesa su obra. Reconoce que a diferencia que en su juventud, la carrera de escritor se juega en la universidad, y que hoy un best seller es un perfecto académico, no un bohemio ni un alcohólico.
Ahora está escribiendo una novela por la que hace un gesto de jaqueca, pero no quiere contar demasiado. Admite que tampoco sabe mucho pero que la historia está situada en Lisboa, en los años ’40, y que el mapa esta vez señala Buenos Aires como una posta donde su protagonista, un judío que huye de la guerra, llega para quedarse, como Mark y él, si las cosas se afianzan en este lado del mundo. Acá en Buenos Aires apenas tocó el proyecto, que define como experimental, pero reconoce que la está pasando mal y que tal vez no la termine. Sería la primera vez que le pasa pero lo lleva bien: “No quiero escribir nada que no creo que sea muy bueno, tengo un estándar muy alto para mí mismo. Sin embargo estoy relajado”.


(entrevista de Flor Monfort, reproducida del suplemento `soy`, Página 12.)

jueves, 15 de diciembre de 2011

Crímes contra migrantes no cesan

Distrito Federal— Amnistía Internacional (AI) aseguró que México ha incuplido su promesa de proteger a los migrantes, pues los abusos contra este sector continúan.

En el marco del Día Internacional del Migrante, la organización externó en un comunicado su preocupación por la situación de los migrantes que transitan por nuestro país.
"Los responsables de los abusos rara vez rinden cuentas de sus actos, y muchos casos de migrantes secuestrados o asesinados no se investigan adecuadamente" se asevera en el comunicado.
De igual forma, alertan sobre las agresiones y amenzas de las que han sido objeto los defensores de los derechos de los migrantes.
La ONG argumenta que la prueba de que la nueva ley de migración no ha dado frutos es que las denuncias de abusos continúan.
“Durante los últimos dos años, hemos pedido a las autoridades federales de México que emprendan la elaboración y aplicación de un plan de acción para proteger a las personas migrantes y poner fin a los abusos. Ya es hora de que conviertan sus promesas en acción”, aseveró Rupert Knox, investigador sobre México para Amnistía Internacional.


(nota tomada del Diario de Juárez.)

Idea Vilariño (1920- 2009 )

Qué tengo yo que ver

Si pudiera saber
qué diablos tengo yo
que ver con todo esto
si no se me acosara
acorralara
a toda hora a toda voz
en todas circunstancias y momentos
y pudiera saber
pensar un poco
aplicada y serenamente en qué
en qué demonios en
qué diablos tengo
yo
que ver con todo esto.
                                           (1976)


(texto tomado de Poesía completa, editorial Cal y Canto, Montevideo, 2010.)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Borges para exportación

Hace poco me invitaron a hablar de Borges en un programa de radio que recibía llamados de los oyentes; y promediando la hora de diálogo uno de ellos llamó para dictaminar: "Al fin y al cabo Borges es el escritor de ellos. Y punto".

Más allá de cuál fuera, exactamente, la definición de ese "ellos" (dado el contexto, presumo que sería política), la intervención me llevó a preguntarme: ¿por qué renunciaría alguien a la lectura de Borges y, más importante aún, qué se pierde quien se pierde a Borges? Borges es el gran maestro de la lengua española en el siglo XX, y uno de los más grandes de todos los tiempos, y lo que más se destaca en su lenguaje, más que su expresividad o su belleza, es su precisión y su potencia. Frases como "Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones" ("El sur"), "Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres" ("Tlön, Uq-bar, Orbis Tertius") y "Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche" ("Las ruinas circulares") se nos meten en el cuerpo (más que en la mente), y nos transforman para siempre.
Y no es su significado lo que está en juego, sino la minuciosa potencia de su lenguaje: cambiemos una sola palabra de la primera frase, por ejemplo, o pongamos las mismas palabras en otro orden, y la convertiremos en una vulgar receta de autoayuda.
Allen Ginsberg sostenía que algunas frases o poemas pueden modificar para siempre la estructura electroquímica de nuestro sistema nervioso; William Gibson, uno de los fundadores del cyberpunk , explica su propia expe- riencia de leer tempranamente a Borges como la de la instalación de un nuevo software en su cerebro.
Suponen, algunos, porque les resulta difícil, que Borges `desprecia a sus lectores’ (sí, lo he escuchado). Es cierto que Borges no parece ser de esos escritores que se preguntan, cuando escriben, qué quieren sus lectores (palabra, esta última, que suele ser un eufemismo para `mercado’).
Borges nos hace el más grande honor: no nos toma por infradotados, nos tiene confianza, nos supone capaces de convertirnos en mejores lectores: para ese que podemos llegar a ser, él escribe; y está en nosotros no defraudarlo.
Esta dificultad, por otra parte, depende en mucho de por dónde se empiece a leerlo: "El inmortal" es quizás su mejor cuento, pero nunca lo recomendaría como primer contacto ­lo mismo puede decirse de maravillas como "Tlön Uqbar, Orbis Tertius" o "Pierre Menard, autor del Quijote": no son cuentos por los que se empieza sino a los cuales se llega al cabo de un largo recorrido. Nadie, en cambio, podría argumentar que no lee a Borges porque le costó adentrarse en cuentos como "El fin", "El muerto" o "La intrusa".
Otro reparo que suele hacérsele es que es un autor `demasiado intelectual’, que nunca `salió de la biblioteca’, al que le falta `vida’, si se lo compara, por ejemplo, con Neruda (la comparación, vaya uno a saber por qué, se ha vuelto un clásico: quizá por el título de la autobiografía del segundo, Confieso que he vivido; mientras que la del primero podría haberse titulado Confieso que he leído).
Borges no enseña a vivir (ningún buen escritor lo hace, por suerte) pero enseña a leer; quizá no sea el mejor escritor del siglo XX, pero es sin duda su lector más inteligente y sensible. Mediante la escritura algunos hombres han logrado transmitirles a otros hombres, a lo largo de los siglos, lo poco que han logrado entender del mundo y de sí mismos y, más importante aun, lo mucho que les sigue y seguirá resultando incomprensible.
Gracias a los libros, no tenemos, en cada generación, que empezar prácticamente de cero.
Creer que alguien que dedica la mayor parte de su tiempo a leerlos sabe menos de la vida que alguien que anda por ella a los tumbos es tener un concepto algo limitado de la vida.
Borges no es sólo el mejor escritor argentino, sino el más argentino de los escritores. Quienes lo llamaban extranjerizante o europeo tienen una noción algo restrictiva y esencializante de lo nacional: aquello que debe ser purgado de "lo extranjero". Esa mezcla de lo indígena, lo español, lo criollo y de los aportes de la múltiple inmigración posterior, esa capacidad de pasar de un plumazo del gaucho a la Divina comedia, como si todo fuera nuestro (quizá nada lo sea) es lo que nos define y lo que Borges, mejor que nadie, supo poner en palabras.
La manera en que Borges lee la tradición "extranjera" es, además, profundamente argentina: más que extranjerizarnos a nosotros los argentiniza a ellos, fatalmente a veces. Me explico: es sabido que las culturas centrales nos leen, pero no les simpatiza que las leamos.
Si un académico estadounidense publica un libro sobre Borges, o sobre Perón para el caso, tanto él como nosotros consideramos una obligación traducirlo, publicarlo y leerlo. Ahora, imaginemos el caso paralelo de un argentino que escriba un libro sobre Melville o Lincoln: ¿cuántas editoriales, universidades y lectores estadounidenses se lanzarán sobre ellos con equivalente brío? Borges es la notable excepción a esta regla. Unico entre los escritores latinoamericanos, el hombre que alguna vez definió el mar como "la pampa de los ingleses" fue capaz de imponerles a los países centrales su lectura de los propios clásicos: ni los españoles pueden leer a Cervantes, ni los italianos a Dante, ni los ingleses a la antigua literatura anglosajona ignorando la manera en que las modificó para siempre este ratón de una perdida biblioteca sudamericana.
Siendo alumno en la universidad, le escuché a Beatriz Sarlo una frase que se me quedó grabada: "Decir que Victoria Ocampo es una escritora de la oligarquía es regalarle a la oligarquía argentina una escritora que no se merece".
Quienes creen que Borges es el escritor de "ellos" (sean quienes sean) no sólo se lo pierden: les están haciendo a "ellos" el mejor de los regalos posibles.


(¿Cuántos Jorge Luis Borges caben en mi mochila de viajero inmóvil; cuántos Borges hay en cada página del "Manual de zoología fantástica"; cuántos Borges juegan ajedrez en el destino de Argentina? Son preguntas que se plantea Carlos Gamerro, autor de esta nota sobre su coterráneo, en "Algunas razones para -no- leer a Borges", tomada de Revista Ñ.)