Encuentro
Estuvimos paseando a través de los campos
en un vagón al amanecer.
Una herida rosa roja en la oscuridad.
Y de pronto una liebre atravesó la carretera.
Uno de nosotros la señaló con la mano.
Eso fue hace tiempos. Hoy ninguno de ellos está vivo,
Ni la liebre, ni el hombre que hizo el ademán.
Oh, amor mío, dónde están ellos, a dónde han ido?
El destello de una mano, la línea de un movimiento,
el susurro de los guijarros.
Pregunto no con tristeza, sino con asombro.
("laura giordani", versión de rafael díaz borbón)
sábado, 14 de enero de 2017
viernes, 13 de enero de 2017
Juan Carlos Mestre (1957 )
Hospital de anónimos
Los agonizantes preguntan a los lagartos, preguntan por el éxito de los gusanos y los planetas y por las manzanas que nunca volverán a ver. Nada los protege del verano extranjero , nada tampoco de la imparcialidad de los jóvenes y los amores ficticios ante las recompensas de los ancianos. Los agonizantes piensan en las criaturas infantiles y en los esqueletos de paloma en el museo de lo que vendrá. Piensan en los duraznos y piensan en las colmenas. Piensan en los jueces implicados en la farsa de la verdad y en los paritorios de las ratas. Y tiemblan, y oyen el argumento de los obreros violentados por la codicia de lo que no descendió del Monte. Los agonizantes meditan en sus íntimas camas sobre el silencio verdaderamente humano. Cierran los ojos como las reses al oír ladrar los viejos perros del matadero. Ya no lloran para seguir el ejemplo de los muertos y de los teatros vacíos. No piensan en el refugio de esquiadores, ni en la soleada mañana de los hombres ricos. Los agonizantes respiran junto a las máquinas como el gas habita en los sótanos. Ya se sabe todo lo demás, la eternidad de los fruteros, las rosas vulgares.
("trianarts")
Los agonizantes preguntan a los lagartos, preguntan por el éxito de los gusanos y los planetas y por las manzanas que nunca volverán a ver. Nada los protege del verano extranjero , nada tampoco de la imparcialidad de los jóvenes y los amores ficticios ante las recompensas de los ancianos. Los agonizantes piensan en las criaturas infantiles y en los esqueletos de paloma en el museo de lo que vendrá. Piensan en los duraznos y piensan en las colmenas. Piensan en los jueces implicados en la farsa de la verdad y en los paritorios de las ratas. Y tiemblan, y oyen el argumento de los obreros violentados por la codicia de lo que no descendió del Monte. Los agonizantes meditan en sus íntimas camas sobre el silencio verdaderamente humano. Cierran los ojos como las reses al oír ladrar los viejos perros del matadero. Ya no lloran para seguir el ejemplo de los muertos y de los teatros vacíos. No piensan en el refugio de esquiadores, ni en la soleada mañana de los hombres ricos. Los agonizantes respiran junto a las máquinas como el gas habita en los sótanos. Ya se sabe todo lo demás, la eternidad de los fruteros, las rosas vulgares.
("trianarts")
jueves, 12 de enero de 2017
Jotamario Arbeláez (1940 )
La lectura en tinieblas
Mi padre no me dejaba leer la Biblia
ni el Manifiesto Comunista
para que no gastara la poca luz
que podía pagar para la casa.
Me quitaba el bombillo y dormía con él bajo la almohada
remordiéndole la conciencia
pero al pie de la cama de mi cuarto también roncaba la nevera
e instalado a los pies de mi cama con la nevera abierta
leía de la medianoche al canto del gallo
de la crucifixión de San Pedro cabeza abajo,
del intento de lapidación de Pablo en Listra
y de la pasada por la espada de Santiago en los Hechos de los Apóstoles,
de las tribulaciones de Panait Istrati,
las duras prisiones de Nazim Hikmet
y las torturas de Julius Fucik en su reportaje al pie del patíbulo,
hasta que se me helaban los huesos.
("círculo de poesía")
Mi padre no me dejaba leer la Biblia
ni el Manifiesto Comunista
para que no gastara la poca luz
que podía pagar para la casa.
Me quitaba el bombillo y dormía con él bajo la almohada
remordiéndole la conciencia
pero al pie de la cama de mi cuarto también roncaba la nevera
e instalado a los pies de mi cama con la nevera abierta
leía de la medianoche al canto del gallo
de la crucifixión de San Pedro cabeza abajo,
del intento de lapidación de Pablo en Listra
y de la pasada por la espada de Santiago en los Hechos de los Apóstoles,
de las tribulaciones de Panait Istrati,
las duras prisiones de Nazim Hikmet
y las torturas de Julius Fucik en su reportaje al pie del patíbulo,
hasta que se me helaban los huesos.
("círculo de poesía")
miércoles, 11 de enero de 2017
Wislawa Szymborska (1923/2012 )
Bajo una pequeña estrella
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce
después para que parezcan ligeras.
("trianarts", trad. abel murcia y gerardo beltrán)
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce
después para que parezcan ligeras.
("trianarts", trad. abel murcia y gerardo beltrán)
martes, 10 de enero de 2017
Clemente Rebora (1885/1957 )
De la imagen tensa
De la imagen tensa
vigilo el instante
con inminencia de espera –
y no espero a nadie:
en la sombra encendida
espío la campanilla
que imperceptible expande
un polen de sonido –
y no espero a nadie:
entre cuatro muros
estupefactos de espacio
más que un desierto
no espero a nadie.
Mas debe venir,
vendrá, si resisto
a florecer sin ser visto,
vendrá de improviso,
cuando menos lo advierto.
Vendrá casi perdón
de cuanto hace morir,
vendrá a cerciorarme
de su tesoro y el mío,
vendrá a resarcir
mis penas y las suyas,
vendrá, quizá ya viene
su susurro.
("periodico de poesía", trad. diego tapia)
De la imagen tensa
vigilo el instante
con inminencia de espera –
y no espero a nadie:
en la sombra encendida
espío la campanilla
que imperceptible expande
un polen de sonido –
y no espero a nadie:
entre cuatro muros
estupefactos de espacio
más que un desierto
no espero a nadie.
Mas debe venir,
vendrá, si resisto
a florecer sin ser visto,
vendrá de improviso,
cuando menos lo advierto.
Vendrá casi perdón
de cuanto hace morir,
vendrá a cerciorarme
de su tesoro y el mío,
vendrá a resarcir
mis penas y las suyas,
vendrá, quizá ya viene
su susurro.
("periodico de poesía", trad. diego tapia)
lunes, 9 de enero de 2017
Leonard Cohen (1934/2016 )
Esperando a Marianne
Perdí un teléfono
con tu aroma adentro
Estoy viviendo junto a la radio
todas las estaciones a la vez
pero elijo una canción de cuna polaca
la elijo entre toda la estática
se desvanece espero sigo el ritmo
regresa casi dormida
Te llevaste acaso el teléfono
sabiendo que lo olfatearía
con obsesión
quizá calentaría el plástico
para juntar todas las migajas de tu aliento
Y si no vuelves
cómo llamarás para decir
que no volverás
para que pueda al menos discutir.
("periódico de poesía", trad. lucrecia arcos álvarez)
Perdí un teléfono
con tu aroma adentro
Estoy viviendo junto a la radio
todas las estaciones a la vez
pero elijo una canción de cuna polaca
la elijo entre toda la estática
se desvanece espero sigo el ritmo
regresa casi dormida
Te llevaste acaso el teléfono
sabiendo que lo olfatearía
con obsesión
quizá calentaría el plástico
para juntar todas las migajas de tu aliento
Y si no vuelves
cómo llamarás para decir
que no volverás
para que pueda al menos discutir.
("periódico de poesía", trad. lucrecia arcos álvarez)
domingo, 8 de enero de 2017
Uriel Martínez (1950 )
El incendio
en la cervecería de la esquina
conocí a gilberto, ahí donde
ahora es tienda de juguetes
asiáticos
en esa casa de puertas grandes
vivió páez, mi
compañero de escuela
que luego quedó ciego
en aquel punto estuvo
el bar Numancia en donde
era frecuente ver a
julio, muerto en la frontera
¿ves aquella farmacia?
pues ahí fue el bar Ritz,
a donde yo iba
algunas noches.
Sé que esto no te dice nada
pero un buen día llegaron malos
tiempos y todo desapareció,
como un mal presagio.
[Inédito]
en la cervecería de la esquina
conocí a gilberto, ahí donde
ahora es tienda de juguetes
asiáticos
en esa casa de puertas grandes
vivió páez, mi
compañero de escuela
que luego quedó ciego
en aquel punto estuvo
el bar Numancia en donde
era frecuente ver a
julio, muerto en la frontera
¿ves aquella farmacia?
pues ahí fue el bar Ritz,
a donde yo iba
algunas noches.
Sé que esto no te dice nada
pero un buen día llegaron malos
tiempos y todo desapareció,
como un mal presagio.
[Inédito]
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