jueves, 14 de abril de 2016

Marina Colasanti (1937 )

Antes de volverme gigante


Cuando yo era chica
los corredores eran largos
las mesas altas
las camas enormes.
La cuchara no cabía
en mi boca
y el tazón de sopa
era siempre más hondo
que el hambre.
Cuando yo era chica
sólo gigantes vivían
allá en casa.
Menos mi hermano y yo
que éramos gente grande

venida de Lilliput.


("imaginaria", trad. maría teresa andruetto)

miércoles, 13 de abril de 2016

Constantino Cavafis (1863/1933 )


En la calle

Su bella cara, un poco pálida,
sus ojos castaños, ligeramente cansados,
tiene 24 años, pero parece de 20,
un aire de artista en la manera de vestir,
el color de la corbata, la forma del cuello.
Camina sin rumbo por la calle,
como poseído por la sensualidad
del ilícito placer que acaba de gozar.


("el muchacho de los helados", trad. cayetano cantú)

martes, 12 de abril de 2016

Jorge Teillier (1935/1996 )

Estación sumergida




Yo no estoy soñando, lo recuerdo, olvidé cómo se soñaba;
quizás esto sea un mar, bien puede ser la tierra,
encima el cielo deshaciendo su cabellera.
Esto no es un mar sin olas, es una lámina descolorida,
un día muerto por dagas invernales, un día fusilado por lluvias.
De pronto lo rompen manotazos de campanas, tictaqueos de sombras,
y se cierra como una cuchillada de trenes oxidados
devorando las cerezas maduras del sol.

Propicio tiempo para levantar cruces de barro
en el pecho de mapuches asesinados, para los caballos crepusculares
que se extravían en las acequias.
Ya lo sé, debo escaparme de los ahogados que flotan en los pozos,
voy a beber grandes tragos de poemas silvestres
veo desde el umbral al atardecer mordiendo plazas,
aferrándose gelatinosamente a los tejados rotos,
hasta caer junto a muchachas desfloradas en graneros solitarios
a las antiguas bodegas de la noche.

Pálidamente las horas se reúnen a jugar a las cartas
en torno a la mesa de los días,
desconozco el tren que me dejó entre ellas,
viéndolas alimentarse de cantos estrangulados,
persiguiendo a mis amigos, arrastrándolos en el río del tedio.
Yo no sueño, todo cuanto veo es cierto, ellos pasan
del brazo de mujeres desdentadas, riendo largamente.
Una ola invade mi habitación, recuerdo a mi vecina
cantando hasta que el cielo le llenaba las manos de azul,
yo no besé esas manos, yo tenía al viento cordillerano
arañándome, y la muerte oculta tras viejas y profundas fotografías.
Aferrado a un puente de madera,
inclinado sobre las venas turbias de la noche
pasan botellas vacías, libros oxidados de relecturas,
el barrio de las prostitutas pobres
donde cierro los labios por no decir mi nombre.
No es nada esto, sólo que a veces siento temor de saber quién soy verdaderamente.

Me gustaría despertar con los labios húmedos
como después de los largos besos de las sabias primas,
como si estuviese tomando café servido por mis hermanas.
Pero si abro los ojos también estaré sumergido,
pues la lluvia hace girar su pausado gramófono,
mientras hay un nevar de alas deshechas por los días,
velorios humedecidos de vino, y esta mano helada en mi garganta,
helada como parroquias y confesionarios que no se desprende,
si la pudiese deshacer un brillar de días felices.

Ahora lo sé, he estado siempre despierto,
mirando silenciosamente la estación sumergida
donde los huesos de las nubes hilachean los árboles.

Alguien me debe esperar -quizás algunos muertos-
pues voy hacia las chimeneas rústicas, los aserraderos vacíos,
las grandes, prestigiosas casas de madera sureña venidas abajo
como flores destrozadas por los duros dientes del olvido,
y busco el sol en los huertos cuyos párpados lo esconden.

Todo me espera en la estación sumergida, nuevamente,
en la empapada de malezas, la crecida de sueños angustiados y torvos,
mientras el tiempo detenido cierra sus pesados portones

y confusamente respira en el mar del invierno.



("life vest under your seat")

lunes, 11 de abril de 2016

Jotamario Arbeláez (1940 )

Después de la guerra


un día
después de la guerra
si hay guerra
si después de la guerra hay un día
te tomaré en mis brazos
un dia después de la guerra
si hay guerra
si después de la guerra hay un día
si después de la guerra tengo brazos
y te haré con amor el amor
un dia después de la guerra
si hay guerra
si después de la guerra hay un día
si después de la guerra hay amor

y si hay con qué hacer el amor


("marcelo leites")

domingo, 10 de abril de 2016

Uriel Martínez (1950 )

El polen


se acabó el día como
se extingue el pabilo
del cerillo pelirrojo;
se agotó el último minuto
como el cabo
de sebo se extiende en el plato;
lavé el calzón amarillo
como girasoles del pintor
desorejado en el trópico;
lo colgué a secar en
el clavo una noche fría,
resfriada y con toses;
si la primavera trae
en las axilas polen, no
extrañes trastornos de nervios;
tampoco preguntes por movimientos
oscilatorios del tiempo, ni
por relojes de sol ni arena;
coge al mal tiempo por los cuernos
y hazle un crack. Termina
así el domingo.


[Inédito]

sábado, 9 de abril de 2016

David Ignatow (1914/1997 )

Cierro los ojos


Cierro los ojos como un niño bueno por la noche
en la cama,
como mi madre, cuando vivía, me decía que
hiciese,
y antes de acostarme me cepillo los dientes y me pongo
el pijama,
como me decían que hiciese, y miro de frente el
mañana.

Hago cuanto se me exige para convertirme en un
ciudadano de grandes méritos.
Tengo un trabajo y por la tarde vuelvo a casa para
cenar. Llego
a la misma hora en el mismo tren para dar a mi
familia un sentido del orden.

Obedezco las señales de tráfico, soy amable
con los extraños, respondo
el correo con prontitud. Tengo mis cuentas al
día. ¿Por qué no puedo

vivir para siempre?


("otra iglesia es imposible", versión jonio gonzález)

viernes, 8 de abril de 2016

Louise Glück (1943 )

El caballo alado




Aquí está mi caballo Abstracción,
blanco plateado, del color de la página,
de lo no escrito.

Ven, Abstracción,
por una Voluntad surgida de la Ambición Demoníaca,
llévame suavemente hasta las regiones de lo inmortal.

Estoy aburrida de mi otra montura,
por Instinto surgido de la Realidad,
del color del polvo, de la descripción,
a pesar de
la silla de montar que llevaba
y las espuelas de bronce, ese trozo
de metal indestructible.

Estoy aburrida de los dones del mundo, de sus
límites estipulados.

Y estoy aburrida de estar en contra
y aburrida de que lo material me contradiga constantemente,
   como
un enorme muro donde todo lo que digo puede
comprobarse.

Ven, pues, Abstracción,
llévame donde has llevado a tantos otros,
lejos de quí, al vacío, a los pastos estelares.

Llévame rápido,

Sueño surgido de la Esperanza Ciega.


("otra iglesia es imposible", traductor mariano peyrou)