viernes, 4 de marzo de 2011

HOMOFOBIA ENTRE NIÑOS

Sucedió hace un par de semanas. Giuseppa Valido, de 59 años, una ex-profesora de Palermo (Sicilia), ya jubilada, ha sido condenada a un año de prisión por castigar a un alumno que ejerció acoso homófobo sobre otro compañero. Los hechos se remontan a 2006, cuando la profesora Valido castigó a un chico de 11 años que junto a dos compañeros habían insultado y agredido a otro. Entre otras cosas, no le habían dejado entrar en el baño de chicos diciéndole “no puedes entrar. Eres gay. Eres un marica”. La profesora pidió a los alumnos que se disculparan ante la víctima. De los tres, dos lo hicieron. El que actuaba como líder del grupo acosador, sin embargo, no quiso hacerlo.
Como castigo, la profesora le hizo copiar cien veces “sono deficiente” (“soy deficiente”, aunque podría traducirse también como “soy imbécil”) en el cuaderno escolar para que aprendiera que no debe discriminarse a los demás. El padre del alumno castigado, en lugar de reconocer la falta de su hijo, denunció a la profesora, argumentando que este había quedado traumatizado y tuvo que llevarlo al psicólogo.
En 2007 Valido fue absuelta en primera instancia. La sentencia reconocía incluso que había aplicado una buena estrategia pedagógica, pese a lo cual fue recurrida. Ahora el tribunal de segunda instancia presidido por el magistrado Gaetano La Barbera la ha condenado a un año de cárcel por “abuso de medios correctivos” (la Fiscalía pedía 14 días de prisión).
Giuseppa Valido, que no tendrá que ingresar en la cárcel, no ha querido comentar la sentencia y ha dejado Palermo. Su abogado ha declarado que se siente traicionada por las instituciones.


(¿Es válido que a un chico de once años se le "castigue" con planas manuscritas de la frase "soy deficiente" o "soy imbécil" cuando el castigado, juntos con dos amiguitos del colegio señalaron a un tercero "eres marica" y le impidieron entrar al baño de caballeros? Este tipo de hostilización, ahora llamado bullying, suele marcar de por vida. Si el padre del niño castigado demandó a la maestra, ahora jubilada, es porque él aprobaba el señalamiento de "marica" al estigmatizado o victimizado. Sería interesante conocer la conducta de ahora, un lustro después, y la opinión del castigado con las planas de "soy deficiente" o "imbécil", que tal que ya anda con la camorra y es fan de Silvio Berlusconi. Nota reproducida del blog 'dos manzanas'.)

jueves, 3 de marzo de 2011

BARDEM A LA MODA

El beso que no recogieron las cámaras en la 83 edición de los Oscar de la Academia. AFTERELTON.COM

El beso que no recogieron las cámaras en la 83 edición de los Oscar de la Academia. AFTERELTON.COM

(¿Te escandalizaste por que no has besado a Javier Bardem? )

FASSBINDER VON KANT

Die bittere träne der Petra von Kant es una de las películas que me marcó. Se estrenó cuando era adolescente, en el Goethe Institut y quedé fascinado por Petra, su personalidad, su carrera, sus éxitos profesionales y sus fracasos emotivos. Intrigado por su soledad; por la imposibilidad de encontrar derroteros emocionales.

Colocar a alguien en la posición de ser amado, según Petra, es la fuente del sufrimiento más seguro e intenso. Elevar a alguien como ser amado es condenarse a la infelicidad. Desde lo alto de esa fortaleza derrotada, ebria, vestida de verde, el amor aparece como una forma de desequilibrio, como una invasión masiva e incontrolable que priva al sujeto de todo asidero.
Por un lado se plantea la consabida cadenita del amor: Marlene ama a Petra que ama a Karin que ama a su esposo. Cuando despechada por Karin, Petra se vuelve hacia Marlene, entonces ésta se va... ¿Este acto es una muestra de amor? ¿Tiene como objetivo de no hacerle daño? o simplemente se va Marlene, la fiel esclava, porque sólo desde las sombras puede estar cerca de la amada, porque no toleraría su cercanía, por el vértigo que significaría estar a su lado, porque lo que quiere es la posición masoquista de víctima y entonces huye en busca de la infelicidad que es su goce...
Fassbinder plantea las paradojas de la vida amorosa de la forma más lúcida y sin concesiones. Inaugura un discurso sobre el amor como la forma más extrema de la soledad.
Las desgracias de Petra me permitieron encontrar un ámbito fuera de una tradición en la que yo no tenía lugar, que me era profundamente ajena. Ni me reconocía, ni quería hacerlo. Además, la película ritmada con música de los Platers y de Verdi, forma parte del ámbito musical de mi vida adolescente: de aquella lejana época en la que las canciones tenían un argumento estructurado.
Yo llegué a creer que el mundo que describía Fassbinder era el marco emocional de Alemania, ignoraba que lo odiaban en Alemania y que lo que expresaba era su escepticismo para ubicarse en las coordenadas emocionales de su sociedad que oscila entre el éxito económico y profesional y el anhelo amoroso. Estos no confluyen. Hay triunfos económicos, profesionales, políticos, sociales…; pero los logros amorosos son más bien del orden de los descalabros, de los fracasos, de las equivocaciones, de la ceguera. Tampoco hay que tirarse al melodrama y mucho menos desgarrarse las regias vestiduras sobre todo si llevan la marca de von Kant. Es con ese escepticismo como hay que circular...


(Rainer Werner Fassbinder -1945/1982- nos enseñó a ver de otro modo el melodrama a través de personajes femeninos atormentados por la sed de poder y por el hambre de amar, en una sola película, "Las amargas lágrimas de Petra von Kant" (1972), un tour de force escenificado en el espacio cerrado de un departamento. Originalmente su autor escribió el libreto para teatro, que luego tradujo a guión cinematográfico, producto de arte que permanece sin marchitarse en la memoria de los que entonces éramos jóvenes y anarquistas. Nota del doctor Antonio Marquet, clonada del blog 'mester de jotería.')

LA MUERTE VISTE JEANS

[foto de la noticia]

La moda de los vaqueros desgastados está costando decenas de vidas y miles de enfermos en países como Turquía, Bangladesh, China y la India, donde se elabora la mayor parte de la ropa que vestimos.
Esa apariencia de desgastado se consigue en la mayoría de casos mediante la peligrosa técnica del 'sandblasting', que consiste en aplicar un chorro de arena directamente sobre la tela vaquera. Este método, prohibido en Europa en 1966 pero aún lícito en otros países, es muy rentable a las grandes marcas que lo utilizan, aprovechando la deslocalización de su producción y sin importarles el elevado coste en la salud de las personas que trabajan aplicando esta técnica.
Turquía es uno de los países más afectados por el 'sandblasting'. Precisamente los informes médicos procedentes de este país han sido los que han relacionado la producción de vaqueros con 'sandblasting' con la silicosis, ya que, antes, a los trabajadores afectados se les diagnosticaba, erróneamente, tuberculosis. Actualmente, se estima que cerca de 5 mil empleados del 'sandblasting' están afectados de silicosis, una enfermedad crónica que les impide trabajar y hacer vida normal. De ellos, al menos 46 han fallecido.
En Europa, el 'sandblasting' no se usa desde los años 90, pero son precisamente los países europeos los principales clientes de esos vaqueros desgastados. La técnica del 'sandblasting' se prohibió en Turquía en 2009. Desde entonces, la producción de vaqueros desgastados ha aumentado en otros países como Bangladesh, China, Pakistán, India o Siria.
Seis meses
La silicosis es una enfermedad profesional ocasionada por la sílice de la arena, muy conocida en la minería, pero aún no reconocida dentro de la industria textil. Los mineros tardan 20 años en presentar esta enfermedad. Los trabajadores del 'sandblasting', sin embargo, caen enfermos en sólo seis meses. Por ello, la Campaña Ropa Limpia cree urgente que la OMS y la OIT incluyan el sector textil en su Programa Internacional sobre la Eliminación de la Silicosis Mundial.
Las empresas conocen las consecuencias del 'sandblasting' pero muchas de ellas prefieren hacer oídos sordos. Tal es el caso de Pepe Jeans, Armani o Diesel, que han rehusado todo diálogo con la Campaña Ropa Limpia y no han dado ningún paso para eliminar el "sandblasting" de su cadena de confección.
'No Sandblasting', que lanza este miércoles en España la Campaña Ropa Limpia (CRL)-SETEM y que ya ha comenzado en otros 14 países europeos, busca presionar a las marcas de moda para que erradiquen esta técnica y asuman su responsabilidad asegurando que los trabajadores afectados de silicosis y sus familias reciban las indemnizaciones adecuadas. Entre otras actividades previstas, se realizarán acciones de calle, recogida de firmas y una gira de conciertos del grupo turco Bandista.
Precisamente, gracias a los contactos realizados por la CRL, importantes firmas como Levi-Strauss, Inditex, El Corte Inglés, C&A y H&M, entre otras, ya se han comprometido a prohibir el 'sandblasting' en su cadena de producción. No obstante, no han informado aún de qué medidas usarán para vigilar el cumplimiento de esta prohibición.


(La verdad los pantalones raídos y rotos de las rodillas le van bien a Paulina Rubio, pero nunca le lucirán a adefesios como Elba Esther, Beatriz Paredes ni a Amalia García Medina. Los vaqueros ajustados y luídos de las nalgas le lucen demasiado a Rafael Nadal y a Cristiano Ronaldo, pero jamás le sacarán partido Consuelo Sáizar, Gabriela Warkentin ni Laura Bozzo. Nota recogida del diario El Mundo.)

miércoles, 2 de marzo de 2011

EL VASO MEDIO VACÍO

Como si no bastara con el reclamo de la gente por la inseguridad, por los miles de muertos en sus primeros cuatro años de su gobierno y con la creciente intensidad de las críticas a su manera de encarar el problema del narcotráfico, esta semana Felipe Calderón viaja a Washington D. C. para que Barack Obama, su principal aliado en su guerra contra los carteles, le aclare qué quiso decir cuando dijo que el asesinato del agente de Inmigración Jaime Zapata en México obligaba a un "cambio en las reglas del juego".

La inusual advertencia pública, que implicaba una crítica a la conducción del combate a las drogas en México, tuvo una respuesta inmediata e intemperada del presidente mexicano. Sin referirse directamente al caso de Zapata, Calderón defendió a sus tropas y se lanzó contra los diplomáticos estadounidenses, incluyendo al actual embajador en México, Carlos Pascual, acusándolos de dañar la relación distorsionando los hechos y desprestigiando sin razón a las autoridades mexicanas.
Y es en medio del evidente desencuentro actual entre ambos países donde ahora se da el sorpresivo anuncio de la visita de Calderón a Washington esta semana. A unos días de que tuviera lugar una redada en la que participaron más de tres mil autoridades federales, estatales y municipales conducida en las principales ciudades de Estados Unidos y en la que arrestaron a más de 450 sospechosos de estar vinculados a los carteles mexicanos y decomisaron grandes cantidades de drogas y armas de fuego para mostrar que "Estados Unidos no tolerará ataques contra sus agentes".
Así las cosas, Calderón debería llegar a Washington con sus propias sugerencias para cambiar las reglas del juego. Por ejemplo, si hace ya más de 40 años que empezó el combate contra las drogas y el consumo en Estados Unidos sigue igual, ¿no sería prudente convocar a una conferencia global para concertar los términos de lo que debería ser una nueva política para tratar el problema? Y que conste que no abogo por la legalización de las drogas, sino por una convocatoria a una conferencia mundial para explorar alternativas.
Si nada inhibe el apetito por las drogas de los norteamericanos, pero a las agencias antidrogas les toma una semana asestar golpes espectaculares como el de la semana pasada, ¿por qué no lo hacen todas las semanas si saben perfectamente dónde y cómo operan los carteles?
Al mismo tiempo, habría que exigirle a Obama que se faje los pantalones y enfrente a la Asociación Nacional del Rifle apoyando la propuesta elaborada por la AFT, que obligaría a los vendedores de armas a reportar ventas múltiples de armas largas a un mismo individuo.
Una propuesta de modestos alcances que inexplicablemente el presidente no quiso abanderar. Muy probablemente el arma que utilizó el asesino del agente Zapata fue comprada en Texas, Arizona o California.
Por su parte, Obama debería exigirles a los mexicanos una reforma integral de su sistema de justicia, que impida que criminales como el implicado en el caso de Zapata sean liberados porque la Procuraduría de Justicia no acredita adecuadamente sus acusaciones o por la corrupción de los jueces.
Otra sugerencia necesaria sería pedirle a Calderón que juntos, el Ejecutivo y el Congreso mexicano, promulguen una ley que permita a las autoridades civiles investigar con rigor y transparencia las acusaciones de violaciones de los derechos humanos en contra del ejército mexicano.
Si este es el sentido del cambio de reglas que Obama propone para combatir el vicio americano y sus consecuencias en América Latina y ahora también en Estados Unidos, bienvenido sea el anuncio. Reunirse para limar asperezas y continuar igual no es una opción respetable.


(Nota tomada del diario colombiano El Tiempo, autor: Sergio Muñoz Bata: "Cambio de las reglas del juego".)

martes, 1 de marzo de 2011

EL NARCO EN ARGENTINA

Un ex canciller de Colombia y ex embajador de ese país en la Argentina, Jaime Bermúdez, describió a fines del año pasado en Buenos Aires, ante un auditorio cerrado de políticos argentinos, los comienzos del narcotráfico en Colombia y en México. No habló de la Argentina. Bermúdez es un político y diplomático simpático y culto, que dejó en Buenos Aires decenas de amigos cuando volvió a Bogotá para hacerse cargo de las relaciones exteriores de su país.

Esta vez no trajo buenas noticias, aunque su intención no haya sido, seguramente, ser un mensajero de ingratas novedades. Lo cierto es que los argentinos que lo oyeron quedaron estupefactos: aquellos comienzos del flagelo del narcotráfico en México y Colombia se parecían demasiado a la situación actual de la Argentina. "Estaba narrando la Argentina de hoy", resumió un ex ministro de gobiernos radicales.
¿Qué dijo Bermúdez? Contó que esas tragedias nunca aparecen súbitamente en su dimensión final. Siempre hay antes señales inconfundibles: los cargamentos de drogas pasan de gramos a kilos y de kilos a toneladas; el consumo local crece exponencialmente, porque entre los adictos hay potenciales colaboradores; otros países empiezan a registrar que un país determinado se ha convertido en un exportador destacado de drogas; las fuerzas de seguridad son paralizadas por el temor o la corrupción; la política se muestra indiferente o cómplice, y comienzan a aparecer extraños cadáveres de personas ajusticiadas por sicarios. Primero, son pocos y aislados, destacó, pero el negocio es tan grande que termina convirtiendo a la muerte en un alud macabro.
La Argentina tiene dos problemas enormes. El primero es que su dirigencia política (con algunas pocas excepciones, sobre todo la de Elisa Carrió) no quiere hablar del conflicto que plantea el crecimiento del narcotráfico. Hay -¿cómo no?- complicidades, indiferencia e ignorancia. El segundo es que el país está, por el azar de la geografía y la política, en medio de una región productora y exportadora de drogas, donde, además, se han producido importantes cambios en los últimos tiempos en la represión del tráfico de estupefacientes. Nunca ninguno de los dos presidentes Kirchner, por ejemplo, mencionó ese conflicto en ningún discurso público ni se recuerda que hayan hablado de él en conversaciones privadas. Esa ausencia es coherente, según la lógica que indica que los problemas desaparecen cuando no se los nombra.
Hubo ya varias muertes en la Argentina, relacionadas con el narcotráfico desde aquella balacera que fulminó a dos colombianos en la cochera del shopping Unicenter. Esas muertes y también otras fueron ejecutadas por sicarios montados en motocicletas, que es la manera rápida y limpia como actúan los sicarios del narcotráfico. No queda un solo rastro; todo tiene la velocidad de la luz y la policía llega cuando todo pasó. Una vez, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que se estaba dramatizando la cuestión porque aquí se podían contar 15 o 20 muertes por el narcotráfico, mientras que en México hay entre 9000 y 10.000 muertes por año. La estadística puede ser cierta, aunque haya sido módico con los números argentinos, pero lo más notable es que los funcionarios kirchneristas se hayan quedado tranquilos con esas comparaciones. ¿Esperan que la situación se desmadre, como en México, para comenzar a tomar cartas en el asunto?
Brasil, Colombia y México han ejecutado en los últimos años políticas muy agresivas contra el narcotráfico. Muchas bandas de traficantes comenzaron a trasladarse a países más seguros para ellos. Los traficantes y los espías nunca se jubilan. "Siempre habrá alguien dispuesto a morir por 100 millones de dólares", dice, irónico y certero, un experto argentino. Sólo la muerte (o la cárcel, a veces), en efecto, aparta del negocio a los comerciantes de la drogas. La Argentina es un país seguro porque ellos no quieren ser vistos y aquí nadie quiere verlos.
La Argentina es un país de arribo y traslado de cocaína, como quedó claro en el reciente caso del avión cargado con una tonelada de esa droga, que aterrizó en Barcelona. La droga la habría proporcionado, según la investigación española, un importante cartel colombiano. Tampoco eso debería tranquilizar a nadie. México cumplió el mismo papel durante muchos años, porque el país azteca tiene, además, una puerta directa abierta con Estados Unidos, el mayor mercado de consumo del mundo. Pero sucedió que un día los delincuentes mexicanos se dieron cuenta de que el negocio podía ser de ellos. Decidieron dejar de hacer el trabajo menor de transportistas de la droga colombiana; formaron sus propios carteles y ahora rivalizan entre ellos por el grado de crueldad a la hora de torturar y matar.
No es cierto, tampoco, que la Argentina carezca de su propia producción. Ya se han encontrado laboratorios en la provincia de Buenos Aires (en Maschwitz, por ejemplo), pero esos hallazgos fueron muy pocos y aislados. La mejor prueba de que existe una producción argentina de cocaína es el extendido consumo del "paco". Es una droga letal, que destruye el cerebro de los consumidores antes de que llegue el Estado, hecha con los desechos de la producción industrial de cocaína. ¿Cómo podría ser tan barata (la llaman "la droga de los pobres") si fuera importada? Los más serios expertos argentinos están seguros de que se trata de los desperdicios de la cocaína que se fabrica en la Argentina. Esa deducción está hasta en la cabeza de empinados funcionarios kirchneristas, pero ellos, como su gobierno, prefieren no hablar nada en público y hacer menos en privado.
La proliferación de la droga, sea de producción nacional o importada, puede establecerse también por el consumo local. Según el último informe anual de las Naciones Unidas sobre consumo de drogas en el mundo, la Argentina es el mayor consumidor de cocaína en América latina y el segundo en América, sólo después de Estados Unidos. Un 2,6% de su población consume esa droga, mientras en Estados Unidos lo hace el 3%. El precio de la cocaína para el consumo personal en la Argentina, según informes oficiales, es muy barato: cuesta sólo entre el 10 y el 20 por ciento de lo que vale la misma droga en Europa o en los Estados Unidos. Una conclusión es factible: o se produce aquí o los traficantes no tienen que hacer muchos esfuerzos ni grandes inversiones para ingresarla al país.
¿Se puede llegar a esa situación sin la complicidad del Estado, de la política, de la policía y hasta de la Justicia? Ya se han hecho varias denuncias sobre campañas electorales financiadas por el narcotráfico. Nadie se dio por aludido. Un concejal formoseño, amigo cercano del gobernador Gildo Insfrán, fue descubierto con 700 kilos de cocaína en un campo de su propiedad. Formosa, Misiones, Corrientes y Chaco forman una región muy vulnerable, porque sus porosas fronteras limitan con Brasil y Paraguay, dos países con intenso tráfico de drogas. En el otro costado del norte argentino, Salta y Jujuy limitan con Bolivia y reciben la materia prima, la hoja de coca, o la droga ya elaborada desde el país vecino. Aquel informe de las Naciones Unidas daba cuenta de que Chile y Uruguay habían incrementado notablemente el decomiso de cocaína en los últimos años. Esa gestión del Estado fue mucho menor en la Argentina y Paraguay.
Desde hace años se sabe que hay cientos de pistas clandestinas de aterrizaje y despegue de aviones en el norte argentino, pero ningún estudio serio las contabilizó. La dirigencia nacional se enredó siempre en denuncias sobre corrupción cuando apareció un proyecto para instalar radares modernos y eficientes en el país y, sobre todo, en la región norte. Sería un desastre que más funcionarios se hicieran ricos mediante licitaciones para radarizar el espacio aéreo argentino, pero esa probable corrupción no debería frenar el intento, al menos, de controlar qué entra y qué sale del país.
La policía encuentra poco o nada aquí. En los aeropuertos de Europa, sobre todo de España, son frecuentes las revelaciones de "mulas" (transportadores de cocaína) que arriban en vuelos comerciales procedentes de la Argentina. El país tiene un solo aeropuerto con varios vuelos internacionales, Ezeiza, pero nadie ahí parece poder controlar nada. El avión privado que aterrizó en Barcelona se paseó aquí entre una base militar, la de Morón, y el aeropuerto de Ezeiza antes de partir, impune. La investigación española habría determinado que la droga se cargó en un aeródromo que forma parte de la base militar. ¿Corrupción? ¿Temor? No importa. Existen las dos cosas. Las dos tienen el mismo efecto: adormecer la reacción de un Estado ya dormido.


(¿Los cimientos de narcotráfico en Argentina iniciaron en la dinastía Kirchner, o datan de antes; los primeros pasos los dieron países circunvecinos que ya tienen años en el negocio o influyó la geografía para que haya ya lecturas de la presencia de un càncer que carcomió en el pasado a Colombia y en el presente estraga a México? Son preguntas inquietantes que plantea Joaquín Morales Solá en el diario argentino La Nación.)

LA GUERRA PRIVADA DE FCH

MÉXICO, DF, 25 de febrero (apro).- “Este señor que dice ser Presidente nada más nos vino a militarizar y a poner federales. Es un asco, aquí es una muestra de lo que está pasando. Es una mierda, pronto va a acabar con todo. Exigimos que ya retire las tropas federales y que ya termine con esta pinche guerra, el pueblo no la pidió”.

El reclamo y la indignación es de Olga Reyes Salazar, a quien grupos armados le secuestraron y asesinaron a dos hermanos, dos hermanas, una cuñada y dos sobrinos.
La madre de los activistas y defensores de los derechos humanos, Sara Salazar, se encuentra devastada.
Y cómo no estarlo, cómo pedirle que entienda que el “daño colateral” de la guerra contra el narcotráfico declarada por Felipe Calderón Hinojosa es inevitable.
A los 33 mil muertos generados por los enfrentamientos, ahora hay que sumar tres más.
Es cierto que los hijos de Sara Salazar no murieron en un claro enfrentamiento con las Fuerzas Armadas o a manos de policías federales que enfrentan al narcotráfico.
A ellos los secuestraron y asesinaron hombres vestidos de negro y con el rostro cubierto. Peor aún, pues se trató de un comando sin rostro.
Un comando que, como muchos más, actúan impunemente en el estado de Chihuahua, matando, hostigando, amenazando, cobrando piso en un estado que es el claro ejemplo del fracaso de Felipe Calderón.
“Fueron unos sicarios, pero esos sicarios tienen un patrón”, le reclamó –apenas el martes pasado-- Sara Salazar Hernández al gobernador César Duarte cuando, a fuerza de “cazarlo”, logró entrevistarse con él para pedirle que le regresaran vivos a sus hijos secuestrados desde el 8 de febrero.
La guerra contra el narcotráfico no solo ha traído muerte y terror en la mayoría de los estados de la República, también ha generado una mayor impunidad en donde cualquier persona se arma con una AK-47 y se pone a amedrentar o secuestrar gente.
En los cuatro años que Calderón tiene al frente del país, ha descompuesto el tejido social más profunda y aceleradamente que durante las fuertes crisis económicas que ha vivido México.
Y así como no ha habido respuesta por los civiles que han sido asesinados en guerra, ni por ejemplo, siquiera una autopsia de los jóvenes asesinados en el fraccionamiento Salválcar de Ciudad Juárez, la familia Reyes Salazar tampoco la ha tenido.
No es que la muerte ronde a la familia o que estén marcados por la tragedia. No, lo que hoy les ocurre ha sido producto de su trabajo en defensa de los derechos humanos, por los reclamos de justicia que han hecho.
En enero y agosto de 2010, una hija y un hijo de Sara Salazar fueron asesinados. Demandó justicia y nadie la escuchó. El 7 de febrero pasado otra hija, un hijo más y su esposa fueron secuestrados; a ella la dejaron libre.
Al día siguiente se plantó junto con el resto de sus hijos en una huelga de hambre frente a las oficinas de la Procuraduría estatal para exigir que las autoridades actuaran y encontraran con vida a sus familiares. Nadie los escuchó.
El gobernador de Chihuahua, César Duarte, ni siquiera se dignó a visitarla en el plantón, hablar con ella, escuchar sus exigencias. Estando en el plantón, le quemaron su casa al igual que a otra activista que la estaba apoyando. El mandatario estatal siguió sordo y ciego.
El desdén continuó hasta el día en que Duarte acudió a la Ciudad de México para, en conferencia de prensa, presumir sus presuntos logros gubernamentales, como el que el Congreso del estado haya aprobado una ley que da prisión vitalicia a quienes secuestren.
En la Cámara de Diputados, legisladoras de PT y PRD “lo cazaron” y lo obligaron a que escuchara a la madre de la familia Reyes Salazar.
Duarte intentó zafarse, dijo que no podría verla, que tenía un encuentro en otro lado y no le daba tiempo de atenderla. El desdén, la insensibilidad, la falta de tacto del gobernador fue evidente.
A un año del asesinato de los primeros hijos de Sara Salazar, el gobernador del estado no tuvo nunca un espacio para escuchar el dolor y la exigencia de la familia.
Obligado por las circunstancia, Duarte se entrevistó por escasos diez minutos con la señora Sara Salazar y ahí, cínicamente, le dijo que “lamentaba” que ese encuentro no haya ocurrido antes.
Sara le entregó una relatoría de lo sucedió y le dijo sólo una cosa: “Ya me mataron a dos, sólo quiero que me entreguen los que me quedan vivos”.
A Sara no la escuchó el gobernador de su estado, allá en Chihuahua. Tuvo que venir al Distrito Federal, a llamar los reflectores porque sabe que sólo así, los políticos insensibles, prestan oídos.
Y Calderón, al igual que a Sara Salazar, ni ve ni oye a los cientos de mexicanos que por todos los medios le gritan que pare su “pinche guerra”.
Y para muestra de que el gobierno estatal y el federal no escuchan a la población, está el siguiente ejemplo:
A quienes sí escuchan es al gobierno de Estados Unidos, al que le matan un agente en México --Jaime Zapata, del servicio de Control Migratorio y de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés)-- y las autoridades, en menos de una semana, atrapan a los presuntos asesinos.
Así como Calderón montó su ineficiente programa --de ridículo nombre-- “Todos Somos Juárez”, los mexicanos quizá tengamos que ponernos un letrero que diga, “Todos somos Zapata”, para ver si así, el que dice ser Presidente, voltea y escucha a la población.


(nota tomada de la revista semanal Proceso.)