Otros
Siempre pensé
que cuando Lady Macbeth
decía que la vida era una fábula
llena de ruido y furia
contada por un tonto
Lady Macbeth hablaba de la vida de los otros
Y cuando Radiohead lloraba la existencia
de gente con las alas arrancadas
muriendo en una cárcel de antibióticos
lo decía por otros
Y cuando Nabokov aseguraba
que siempre en el placer hay algo triste
que nos puede arrastrar tristeza arriba
yo creía que hablaba del placer de los otros
Y cuando CS Lewis
exploraba las fuentes del dolor
tiraba de ese hilo que forman las preguntas
para saber si hay algo al otro lado de estar solo
para saber si hay algo
al otro extremo de la soledad
cuando Lewis lloraba
el silencio de Dios
y la ausencia de Dios ante el dolor
era siempre el dolor de otros nunca el mío
Pero ahora
("life vest under your seat")
viernes, 31 de julio de 2015
jueves, 30 de julio de 2015
Gordon E. McNeer (1943 )
Abuelo
para john h. evans
En mis sueños veo tus pies ante mí
andando por un camino polvoriento de México.
El Colt que llevas para proteger el oro,
el Bisley 41 que vigila mi sueño,
aún no tiene ninguna muesca en el cañón.
Hace calor.
Tu ropa empapada de sudor
huele igual que tus hijos no nacidos.
Aún estamos vivos todos de algún modo.
Emiliano y Pancho son sólo sólo
niños del pueblo de ojos muy abiertos.
Tu mundo es joven, claro, nítido.
1910 es sólo un año más.
La mujer junto a ti en mi escritorio
no ha conocido al hombre que serás un día.
A la enfermera que te limpia la frente
en la cama del hospital
mientras allí agonizas
aún le falta mucho para nacer.
Más tarde, en el coche, dijiste:
creo que ahora se puede ir a 50.
Me duele tanto tu recuerdo:
me has vuelto del revés
y me has dejado así,
como esos animales que yo desollaba
cuando era niño.
("sólo una vez aquí en la tierra, 52 poetas del mundo", ed. valparaíso, méxico, 2001, trad. del autor.)
para john h. evans
En mis sueños veo tus pies ante mí
andando por un camino polvoriento de México.
El Colt que llevas para proteger el oro,
el Bisley 41 que vigila mi sueño,
aún no tiene ninguna muesca en el cañón.
Hace calor.
Tu ropa empapada de sudor
huele igual que tus hijos no nacidos.
Aún estamos vivos todos de algún modo.
Emiliano y Pancho son sólo sólo
niños del pueblo de ojos muy abiertos.
Tu mundo es joven, claro, nítido.
1910 es sólo un año más.
La mujer junto a ti en mi escritorio
no ha conocido al hombre que serás un día.
A la enfermera que te limpia la frente
en la cama del hospital
mientras allí agonizas
aún le falta mucho para nacer.
Más tarde, en el coche, dijiste:
creo que ahora se puede ir a 50.
Me duele tanto tu recuerdo:
me has vuelto del revés
y me has dejado así,
como esos animales que yo desollaba
cuando era niño.
("sólo una vez aquí en la tierra, 52 poetas del mundo", ed. valparaíso, méxico, 2001, trad. del autor.)
miércoles, 29 de julio de 2015
Nikola Madzirov (1973 )
He visto sueños
Yo he visto sueños que nadie recuerda
y llantos en tumbas equivocadas.
He visto abrazos en un avión que cae
y calles de arterias todas abiertas.
Yo vi volcanes más dormidos aún
que raíces de un árbol genealógico,
y vi también un niño que no teme la lluvia.
Pero a mí no me vio nadie.
A mí nadie me vio.
("sólo una vez aquí en la tierra, 52 poetas del mundo", ed. valparaíso, méxico, 2014
trad. yolanda castaño y marija petrovska)
Yo he visto sueños que nadie recuerda
y llantos en tumbas equivocadas.
He visto abrazos en un avión que cae
y calles de arterias todas abiertas.
Yo vi volcanes más dormidos aún
que raíces de un árbol genealógico,
y vi también un niño que no teme la lluvia.
Pero a mí no me vio nadie.
A mí nadie me vio.
("sólo una vez aquí en la tierra, 52 poetas del mundo", ed. valparaíso, méxico, 2014
trad. yolanda castaño y marija petrovska)
martes, 28 de julio de 2015
Cesare Pavese (1908/1950 )
Pensamientos de Deola
Deola pasa la mañana sentada en el café
y ninguno la mira. A esta hora en la ciudad todos corren
bajo el sol todavía fresco del alba. Ni siquiera Deola
busca a nadie, sólo fuma tranquila y respira la mañana.
Mientras estaba en la pensión, siempre tuvo que dormir a esta hora
para reponer fuerzas: la estera de la cama
se la ensuciaban con los zapatones obreros y soldados,
los clientes que rompen la espalda. Pero, solas, es distinto:
se puede hacer un trabajo más fino, con poca fatiga.
El señor de ayer la despertó temprano,
la besó y la llevó (me quedaría contigo
en Turín, querida, si pudiera) hasta el tren
a desearle buen viaje.
Está atontada pero fresca esta vez,
y le gusta ser libre, Deola, y beber su leche
y comer medialunas. Esta mañana es casi una señora
y, si mira a los que pasan, lo hace sólo por no aburrirse.
A esta hora se duerme en la pensión y hay olor a cerrado
—la patrona salió de paseo— es de estúpidas quedarse allí adentro.
Para rondar de noche los locales, hace falta presencia
y en pensión, a los treinta, se ha perdido lo poco que resta.
Deola se sienta mostrando el perfil a un espejo
y se mira en lo fresco del vidrio. Algo pálido el rostro:
no es que el humo se estanque. Arruga las cejas.
Harían falta las ganas que tenía Marí, para durar
en pensión (porque, mujer, los hombres
vienen aquí para sacarse los caprichos que no les dan
la esposa ni la novia) y Marí trabajaba
incansable, llena de brío y buena salud.
Los que pasan delante del café no distraen a Deola
que sólo trabaja de noche, con lentas conquistas
en la música de su local. Echando ojeadas
a un cliente o buscándole el pie, le gustan las orquestas
que la hacen sentirse una actriz en la escena de amor
con algún joven rico. Para vivir le basta
un cliente cada noche. (Quizá el señor de ayer
me llevaba realmente consigo.) Estar sola, si quiere,
de mañana, sentada en el café. Y no buscar a nadie.
("griselda garcía", traducción de horacio armani)
Deola pasa la mañana sentada en el café
y ninguno la mira. A esta hora en la ciudad todos corren
bajo el sol todavía fresco del alba. Ni siquiera Deola
busca a nadie, sólo fuma tranquila y respira la mañana.
Mientras estaba en la pensión, siempre tuvo que dormir a esta hora
para reponer fuerzas: la estera de la cama
se la ensuciaban con los zapatones obreros y soldados,
los clientes que rompen la espalda. Pero, solas, es distinto:
se puede hacer un trabajo más fino, con poca fatiga.
El señor de ayer la despertó temprano,
la besó y la llevó (me quedaría contigo
en Turín, querida, si pudiera) hasta el tren
a desearle buen viaje.
Está atontada pero fresca esta vez,
y le gusta ser libre, Deola, y beber su leche
y comer medialunas. Esta mañana es casi una señora
y, si mira a los que pasan, lo hace sólo por no aburrirse.
A esta hora se duerme en la pensión y hay olor a cerrado
—la patrona salió de paseo— es de estúpidas quedarse allí adentro.
Para rondar de noche los locales, hace falta presencia
y en pensión, a los treinta, se ha perdido lo poco que resta.
Deola se sienta mostrando el perfil a un espejo
y se mira en lo fresco del vidrio. Algo pálido el rostro:
no es que el humo se estanque. Arruga las cejas.
Harían falta las ganas que tenía Marí, para durar
en pensión (porque, mujer, los hombres
vienen aquí para sacarse los caprichos que no les dan
la esposa ni la novia) y Marí trabajaba
incansable, llena de brío y buena salud.
Los que pasan delante del café no distraen a Deola
que sólo trabaja de noche, con lentas conquistas
en la música de su local. Echando ojeadas
a un cliente o buscándole el pie, le gustan las orquestas
que la hacen sentirse una actriz en la escena de amor
con algún joven rico. Para vivir le basta
un cliente cada noche. (Quizá el señor de ayer
me llevaba realmente consigo.) Estar sola, si quiere,
de mañana, sentada en el café. Y no buscar a nadie.
("griselda garcía", traducción de horacio armani)
lunes, 27 de julio de 2015
Elsa Cross (1946 )
Bacantes
VI
Emigramos a los bosques
como ascetas,
a un rigor destemplado.
Y otra locura hacía presa de esos cuerpos sin carne,
los ojos agrandados,
las mejillas hundidas.
Tensó la cuerda hasta romperla.
Su mente volaba como un pájaro.
Se iba a la punta de los árboles
a esperar la salida del sol.
Pero ella quedaba abajo,
unía a esos mundos florecientes su cuerpo seco.
Fría sal de madrugada en el pico de los gorriones.
Veía colibríes, mariposas sin nombre como encajes.
Furias de muerte la nutrían.
Oía trompetas en el aire,
gritaba hasta quedarse muda.
A punto de matar,
a punto de cegarse,
y los gorriones cruzaban el cielo como si nada.
El mundo seguía igual.
Sólo su mente vagaba como rata por escondrijos,
revolvía en la chimenea las cenizas.
Y luego se remontaba.
Perdía el rostro del tiempo.
La hacía caminar por las murallas de ciudades sitiadas,
la hacía gritar desde una hoguera,
la hacía cantar vistiendo sayales rugosos
o frecuentar cafés miserables bajo la nieve de París,
pianos tropezando en un vals desafinado.
Los cuerpos se consumían.
Gritaba profecías bajo el sol,
oía salmos,
maldecía y su saliva secaba las plantas,
su pensamiento podía fulminar.
Y sin embargo veía esos pájaros amarillos,
emigrados del norte.
Cantaban posados en una rama,
se hacían el amor.
Y ella deliraba, insomne,
y dentro de su mente
otra mente observaba como un ojo.
Y ella volaba en busca de su amado.
Nos volvíamos ciervos,
cruzábamos los bosques como flechas.
("espirales, poemas escogidos 1965-1999", unam, méxico, 2000)
domingo, 26 de julio de 2015
Uriel Martínez (1950 )
El amado
III
Señor
si un día murieses
en mis brazos
sé que no pesas
menos que una pluma
si al morir cayeses
sin alma al suelo
no sé si serías
astillas
si un día te
derritieses al sol
no sé si serías
agua sangre o nada
pero no sé
a ciencia cierta
si agua sangre
astillas o pluma
si un día
un instante
un segundo
un suspiro, polvo
no sé si antifaz
duda, dolor,
nadie, soplo,
aire eres
III
Señor
si un día murieses
en mis brazos
sé que no pesas
menos que una pluma
si al morir cayeses
sin alma al suelo
no sé si serías
astillas
si un día te
derritieses al sol
no sé si serías
agua sangre o nada
pero no sé
a ciencia cierta
si agua sangre
astillas o pluma
si un día
un instante
un segundo
un suspiro, polvo
no sé si antifaz
duda, dolor,
nadie, soplo,
aire eres
sábado, 25 de julio de 2015
Fernando Molano Vargas (1961/1998 )
Pillados
Qué suerte
en casa han descubierto
los papelitos de amor con que sueles tejer
sólo para mí
tu telaraña
A estas alturas ya papá se habrá enterado
y no tardarán en venir tras de nosotros
como perros enceguecidos
algunas abominaciones:
corramos pues
a doblar la esquina
Antes de que nos alcancen
toma:
son estas mis canicas favoritas
mi trompo
mi bodoquera
y mi colección de piedritas
este es mi Álbum de Historia Natural “Jet”
y aquí metidos
mis poetas que más quiero
mi tarjeta de identidad
y la foto de mi bautizo
toma todas mis cosas:
mi viejo placer de niño
y mis pasiones bobas
este algo que ahora soy y este mi nombre
-toma sobre todo mi corazón
y guárdalas bien en tus bolsillos
Porque aún soy vulnerable y tratarán de aniquilarlas:
no dejes que te las quiten
("todas mis cosas en tus bolsillos")
Qué suerte
en casa han descubierto
los papelitos de amor con que sueles tejer
sólo para mí
tu telaraña
A estas alturas ya papá se habrá enterado
y no tardarán en venir tras de nosotros
como perros enceguecidos
algunas abominaciones:
corramos pues
a doblar la esquina
Antes de que nos alcancen
toma:
son estas mis canicas favoritas
mi trompo
mi bodoquera
y mi colección de piedritas
este es mi Álbum de Historia Natural “Jet”
y aquí metidos
mis poetas que más quiero
mi tarjeta de identidad
y la foto de mi bautizo
toma todas mis cosas:
mi viejo placer de niño
y mis pasiones bobas
este algo que ahora soy y este mi nombre
-toma sobre todo mi corazón
y guárdalas bien en tus bolsillos
Porque aún soy vulnerable y tratarán de aniquilarlas:
no dejes que te las quiten
("todas mis cosas en tus bolsillos")
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