Madre
Aprendió de joven
a zurcir la vida.
Crecí viendo sobre la mesa
moldes y telas junto a la Singer
mientras ella tomaba medidas
para hacer vestidos de fiesta
o de uso casual.
Aprendí el oficio
pero me falla el pulso
a la hora de dar
con esa puntada justa.
("de sibilas y pitias")
sábado, 7 de octubre de 2017
viernes, 6 de octubre de 2017
Charles Bukowski (1920/1994 )
Con el collar al cuello
Vivo
con una mujer y cuatro gatos
algunos días
me llevo muy bien
con todos ellos.
Cualquier día
tengo problemas con uno
de los gatos.
Otros días
con sólo dos de ellos.
Después con tres miembros
de la maldita
ganga!
Algunos días
me peleo con los cuatro felinos
y con la mujer también.
Diez ojos
mirándome todos, fijamente,
como si miraran
a un perro.
(tomado del muro fb de daniel montoly)
Vivo
con una mujer y cuatro gatos
algunos días
me llevo muy bien
con todos ellos.
Cualquier día
tengo problemas con uno
de los gatos.
Otros días
con sólo dos de ellos.
Después con tres miembros
de la maldita
ganga!
Algunos días
me peleo con los cuatro felinos
y con la mujer también.
Diez ojos
mirándome todos, fijamente,
como si miraran
a un perro.
(tomado del muro fb de daniel montoly)
jueves, 5 de octubre de 2017
Daniel Martínez (1963 )
Jardín de las mariposas enamoradas
2
Los marineros de Quing-Dao
por cada mujer que conocen se tatúan una estrella
en lo que llaman el cielo del amor
nadie puede mentir ya que la mentira
los condena a la soledad eterna después de muertos
algunos tienen los brazos llenos de estrellas
otros la espalda o el pecho
por cada hijo que tienen
se tatúan un sol
por cada hija una luna
así es como se reconoce a simple vista
a cualquier marinero de Quing-Dao.
("otra iglesia es imposible")
2
Los marineros de Quing-Dao
por cada mujer que conocen se tatúan una estrella
en lo que llaman el cielo del amor
nadie puede mentir ya que la mentira
los condena a la soledad eterna después de muertos
algunos tienen los brazos llenos de estrellas
otros la espalda o el pecho
por cada hijo que tienen
se tatúan un sol
por cada hija una luna
así es como se reconoce a simple vista
a cualquier marinero de Quing-Dao.
("otra iglesia es imposible")
miércoles, 4 de octubre de 2017
Manuel Ramos Otero (1948/1990 )
Éramos flores desterradas...
Éramos flores desterradas desde un Caribe ancho
y luminoso a un apartamento nocturno y estrecho.
Éramos un recuerdo distinto y similar de voces
amorosas que quedaron atrás encerradas en el
mar, jugando al escondite por bosques milenarios y
volcanes dormidos. Éramos todo eso y mucho más:
el eco de un espíritu sincero que cambió brisa
por humo, fuego de sol por ceniza, gente de carne
y hueso por máscaras anónimas, hombres de la
ciudad que en el amor volvieron a sus islas infinitas.
Cubanacán boricua y Borikén cubano, finalmente
abrazados, con las alas cortadas falsificando
vuelos, como cambiando pétalos por plumas.
Éramos boleristas de la misma loseta: vereda
tropical y niebla de riachuelo, un desvelo de amor
bajo Venus, olas y arenas de una nave sin rumbo,
besos de fuego para una canción desesperada,
yo era una flor y tú mi propio yo. Con lágrimas
de sangre quise escribir la historia que ahora escribo
con sangre, con tinta sangre, del corazón. Éramos
compañeros del desorden profundo, pasión de
vellonera hombres por fuera y por dentro, no
solamente cuerpos sino historia. Éramos la victoria
de amarnos sin prejuicios, sin posesión ni celos,
sabiendo que lo eterno dura un segundo. Éramos los
remeros de la misma galera en busca de esa isla que
al final los libera. Éramos mucho menos
de lo que ahora somos.
Éramos flores desterradas desde un Caribe ancho
y luminoso a un apartamento nocturno y estrecho.
Éramos un recuerdo distinto y similar de voces
amorosas que quedaron atrás encerradas en el
mar, jugando al escondite por bosques milenarios y
volcanes dormidos. Éramos todo eso y mucho más:
el eco de un espíritu sincero que cambió brisa
por humo, fuego de sol por ceniza, gente de carne
y hueso por máscaras anónimas, hombres de la
ciudad que en el amor volvieron a sus islas infinitas.
Cubanacán boricua y Borikén cubano, finalmente
abrazados, con las alas cortadas falsificando
vuelos, como cambiando pétalos por plumas.
Éramos boleristas de la misma loseta: vereda
tropical y niebla de riachuelo, un desvelo de amor
bajo Venus, olas y arenas de una nave sin rumbo,
besos de fuego para una canción desesperada,
yo era una flor y tú mi propio yo. Con lágrimas
de sangre quise escribir la historia que ahora escribo
con sangre, con tinta sangre, del corazón. Éramos
compañeros del desorden profundo, pasión de
vellonera hombres por fuera y por dentro, no
solamente cuerpos sino historia. Éramos la victoria
de amarnos sin prejuicios, sin posesión ni celos,
sabiendo que lo eterno dura un segundo. Éramos los
remeros de la misma galera en busca de esa isla que
al final los libera. Éramos mucho menos
de lo que ahora somos.
("blog del amasijo")
martes, 3 de octubre de 2017
Miguel Barnet (1940 )
Yo te espero
Yo te espero
bajo los signos rotos
del cine cantonés.
Yo te espero
en el humo amarillo
de una estirpe deshecha.
Yo te espero
en la zanja donde navegan
ideogramas negros
que ya no dicen nada.
Yo te espero a las puertas
de un restaurante
en un set de la Paramount
para una película que se filma a diario.
Dejo que la lluvia me cubra
con sus raíles de punta
mientras presiento tu llegada.
En compañía de un coro de eunucos,
junto al violín de una sola cuerda
de Li Tai Po,
yo te espero.
Pero no vengas
porque lo que yo quiero realmente
es esperarte.
("rua das pretas")
Yo te espero
bajo los signos rotos
del cine cantonés.
Yo te espero
en el humo amarillo
de una estirpe deshecha.
Yo te espero
en la zanja donde navegan
ideogramas negros
que ya no dicen nada.
Yo te espero a las puertas
de un restaurante
en un set de la Paramount
para una película que se filma a diario.
Dejo que la lluvia me cubra
con sus raíles de punta
mientras presiento tu llegada.
En compañía de un coro de eunucos,
junto al violín de una sola cuerda
de Li Tai Po,
yo te espero.
Pero no vengas
porque lo que yo quiero realmente
es esperarte.
("rua das pretas")
lunes, 2 de octubre de 2017
Janet Frame (1924/2004 )
Los cuervos
Temprano en la mañana el pasto es una espiral de azul humeante.
Las sombras jorobadas se derriten. La cera oscura
escurre del cielo y yace al pie de los árboles
absorbiendo la cálida impresión del sol.
La cosecha es luz. El invierno, rata que invade
el silo, roerá la semilla dorada.
Imagino que el fervor de las hojas por vivir
ha transformado a muchas mariposas y palomillas color paja
firmando aún su condena con su pasión por la luz,
aleteando como quienes enterrados en vida buscan salir de la tumba.
Los cuervos se ahogan con su propio graznido salvaje.
("pájaros lanzallamas", ed. uv-xalapa, 2015, trad. irene artigas, lorena saucedo y paula busseniers)
Temprano en la mañana el pasto es una espiral de azul humeante.
Las sombras jorobadas se derriten. La cera oscura
escurre del cielo y yace al pie de los árboles
absorbiendo la cálida impresión del sol.
La cosecha es luz. El invierno, rata que invade
el silo, roerá la semilla dorada.
Imagino que el fervor de las hojas por vivir
ha transformado a muchas mariposas y palomillas color paja
firmando aún su condena con su pasión por la luz,
aleteando como quienes enterrados en vida buscan salir de la tumba.
Los cuervos se ahogan con su propio graznido salvaje.
("pájaros lanzallamas", ed. uv-xalapa, 2015, trad. irene artigas, lorena saucedo y paula busseniers)
domingo, 1 de octubre de 2017
Uriel Martínez (1950 )
El silencio
quisiera abrazar la noche,
entregarle mis anteojos,
volver sobre mis pasos
como quien vuelve al cero;
quisiera también entregarle
el libro que no agoto,
el separador que indica
otro camino;
decirle que me espere
otro día, hablarle de la misa
celebrada por aquellos
que cayeron hace un año;
quisiera describirle la cicatriz
blanca, la que anuncia tormenta,
pero no despertar del sueño
si cae ya avanzada la media noche;
pero no quisiera hablarle
de ti, de mí, de ninguno;
sólo guardar silencio
después del último punto.
[Inédito]
quisiera abrazar la noche,
entregarle mis anteojos,
volver sobre mis pasos
como quien vuelve al cero;
quisiera también entregarle
el libro que no agoto,
el separador que indica
otro camino;
decirle que me espere
otro día, hablarle de la misa
celebrada por aquellos
que cayeron hace un año;
quisiera describirle la cicatriz
blanca, la que anuncia tormenta,
pero no despertar del sueño
si cae ya avanzada la media noche;
pero no quisiera hablarle
de ti, de mí, de ninguno;
sólo guardar silencio
después del último punto.
[Inédito]
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