jueves, 14 de enero de 2016

Ernestina de Champourcín (1905/1999 )


Laxitud


La tarde gris y triste me agobia,
tengo sueño;
estiro lentamente
mis dos brazos abiertos
que se prenden al aire;
quieren cazar el tiempo,
aprisionarlo pronto,
robarle su secreto,
deshacer bruscamente sus límites estrechos.
Quiero llorar: no sé;
quiero reír: no puedo.
Los deseos
se estrellan contra la inexorable inercia
del silencio;
sobre mi corazón rueda grávido al peso
de la existencia toda.
Al fin me desperezo.
Logro romper el cerco
del malsano sopor,
pero apenas lo venzo
ya me torna a invadir
quedamente su tedio.
Luego...
Ya no sé más;
suspiro,
me paseo,
exprimo el tormentoso
lagar de mi cerebro,
destilo el elixir de su inquietud
en mi pecho...
Sujeto en mi memoria
repite el pensamiento;
la tarde gris y triste me agobia,
¡tengo sueño!...


(en muro fb de daniel montoly)

miércoles, 13 de enero de 2016

Yusef Komunyakaa (1947 )

Camuflando la quimera

Nos atamos ramas a los cascos.
Nos pintamos las caras, y los fusiles,
con el fango de la orilla del río,
colgamos manojos de hierba de los bolsillos
de nuestros uniformes de camuflaje. Nos
fundimos con la selva
contentos de que los colibríes se fijaran en nosotros.
Nos ceñimos a los bambúes y luchamos
contra el viento que venía del río
arrastrando nuestros fantasmas
desde Saigón a Bangkok,
acordándonos de las mujeres
que habíamos dejado en América.
Apuntábamos a los pájaros de cantos ominosos.
En nuestras paradas sombrías
los simios de las rocas intentaban delatarnos
lanzando piedras al anochecer. Los camaleones
trepaban por nuestras espaldas, cambiaban
del día a la noche: del verde al dorado,
del dorado al negro. Pero esperamos
hasta que la luna se convirtió en metal,
hasta que algo se rompió
dentro de nosotros. Los Vietcong
se movían por la ladera, con sus vestidos de seda negra,
transportando equipos pesados por la hierba.
Allí estábamos escondidos. El río fluía
por nuestros huesos. Los animales pequeños se escondían
al notar nuestra presencia; contuvimos la respiración,
listos para llevar a cabo la emboscada
en L, mientras que el mundo daba vueltas
debajo de nuestros párpados.


("círculo de poesía", trad. juan josé vélez)

martes, 12 de enero de 2016

Luis Armenta Malpica (1961 )

Sombra del cielo que arde

Penúltima vez


VIII

El cuerpo ya no es más la veladora
que el viento del deseo a bocanadas ciega.
Desde un salmo remoto
de enemiga distancia hasta la pluma que baja por el ave de mi mano
dejo un rastro de pólvora en tu boca
para que arda el amor
y descubra ese vuelo que levanta relámpagos
en el reino vencido de la cera.


("envés del agua", ed. gobierno de jalisco, guadalajara, méxico, 2012)

lunes, 11 de enero de 2016

James Tate (1943/2015 )

Curioso



Gabriela estaba recostada desnuda, panza arriba,

sobre la alfombra del living,

cuando un avión de juguete

antiguo, bajó zumbando desde el cielo,

aterrizó apenas cruzando sus senos

y carreteó hasta el límite con su pubis.

Yo estaba pintando una pared

y bajé el cepillo inmediatamente.

Ella sonreía.

“Fue un aterrizaje increíble”, le dije.

“Perfecto”, acotó.

Ella notó mi excitación y me avergoncé.

“solamente para vos”, dijo,

“voy a hacerlo de nuevo”.


("on gus", trad, autor del blog)

domingo, 10 de enero de 2016

Hugo Gola (1927/2015 )

a fuego lento



cociné
salmón rosado

no sólo para mí

su sabor
resultó delicioso

tal vez
por eso

precisamente

precisamente


("marcelo leites")

sábado, 9 de enero de 2016

José Villa (1966 )

Rastro de Grace



Después de años vuelvo a ver
algo que te pertenece:
el trazo de tu letra sobre
la madera de la mesa
que encierra dos nombres
dentro de un corazón tallado
como las líneas de la vida
en la mano



("de sibilas y pitias")

viernes, 8 de enero de 2016

Dolores Castro (1923 )

No probarán tus dientes...


No probarán tus dientes bocado de mi boca,
dije, apreté los labios.

Algunas veces suelo estar de bruces,
olvidada de todo, en mi ventana.

Pasan mujeres, niños,
hombres de paso duro,
pajaritos cojeando.

Todo lo que se va, se va meciendo,
dije. Y cae.

Hubo lluvia con sol, cerré los ojos.
Se me llenó la boca con el jugo
hollado de mi cuerpo
por los pasos
de mujeres y niños,
hombres de paso duro,
pajaritos cojeando.

Todo lo que se va, se va meciendo,
sólo el sauce llorón está llorando.

No probarán tus dientes bocado de mi boca,

dije. Y abrí los labios.


("la mirada del lobo". blog andrés vara)