En tiempos del señor Nezahualcóyotl...
En tiempos del señor Nezahualcóyotl
fueron apresadas dos ancianas
de cabello encanecido
blanco como la nieve,
yerto como la fibra seca del maguey.
Fueron encerradas
porque se las aprendió
cuando iban a cometr adulterio:
ya que sus respectivos maridos
eran también muy viejos
iban ellas a tener trato carnal
con unos estudiantillos, con unos
[jovencillos.
El señor Nezahualcóyotl
les preguntó, les dijo:
"Señoras nuestras,
¿qué es lo que se oye?
¿Qué es lo que me haréis saber?
¿Acaso todavía
deseáis la cosa de la carne?
¿No estáis ya satisfechas,
estando ya como estáis?
¿Cómo vivíais
cuando erais aún jóvenes?
Decídmelo, declarádmelo
que para esto estáis aquí."
Le respondieron:
"Señor, rey, señor nuestro,
recibe, escucha:
Vosotros los hombres ya viejos,
vosotros sentís desgana de la carne,
porque os abandonó ya la potencia,
os gastasteis todo de prisa
y ya no os queda nada.
Pero nosotras las mujeres
no nos cansamos de esto
porque hay en nosotras
como una cueva, un barranco.
Sólo espera
lo que habréis de echarle
porque su oficio es recibir."
(fuente: Salvador Novo, Las locas, el sexo y los burdeles, editorial Diana, México, 1979.)
lunes, 3 de noviembre de 2014
domingo, 2 de noviembre de 2014
Claribel Alegría (1924 )
Savoir faire
Mi gato negro ignora
que va a morir un día
no se aferra a la vida
como yo
salta desde el tejado
ligero como el aire
se sube al tamarindo
arañándolo apenas
no lo amedrenta el paso de los puentes
ni el callejón oscuro
ni el pérfido alacrán
mi gato negro ama
a cuanta gata encuentra
no se deja atrapar
por un único amor
como lo hice yo.
Mi gato negro ignora
que va a morir un día
no se aferra a la vida
como yo
salta desde el tejado
ligero como el aire
se sube al tamarindo
arañándolo apenas
no lo amedrenta el paso de los puentes
ni el callejón oscuro
ni el pérfido alacrán
mi gato negro ama
a cuanta gata encuentra
no se deja atrapar
por un único amor
como lo hice yo.
(fuente: "rua das petras")
sábado, 1 de noviembre de 2014
Louise Glück (1943 )
El espejo
Mirándote ante el espejo me pregunto
qué se sentirá ser tan hermoso
y por qué en vez de amarte a ti mismo
te cortas, rasurándote
como un ciego. Creo que me permites observar
de manera que puedas volverte contra ti mismo
con mayor violencia,
necesitado de mostrarme cómo rasgas la carne
desdeñosamente y sin titubeos,
hasta que te veo correctamente,
como un hombre herido, no
el reflejo que deseo
Mirándote ante el espejo me pregunto
qué se sentirá ser tan hermoso
y por qué en vez de amarte a ti mismo
te cortas, rasurándote
como un ciego. Creo que me permites observar
de manera que puedas volverte contra ti mismo
con mayor violencia,
necesitado de mostrarme cómo rasgas la carne
desdeñosamente y sin titubeos,
hasta que te veo correctamente,
como un hombre herido, no
el reflejo que deseo
(fuente: "la biblioteca de marcelo leites", traductor: r. vargas)
viernes, 31 de octubre de 2014
Pablo Pérez, cronista
Del tedio
Escribo “leather” en el buscador de YouTube y aparecen instrucciones sobre cómo hacer un pirograbado en una billetera o en un cinturón. Afino la búsqueda, agrego “wearing” (vestir) y aparecen videos de moda, mujeres dando consejos sobre cómo vestirse de cuero. Lo que busco son videos caseros de hombres leather, solos frente a la cámara, fumando, tocándose, esquivando la censura de YouTube porque no llegan al sexo explícito. Enciendo un cigarrillo, tomo un trago de cerveza, borro la búsqueda anterior y escribo: “leather bulge” (bulto leather). Un pibe tirado en la cama con pantalones de cuero y zapatillas, el bulto en primer plano. No, no. Zapatillas, no; cama, tampoco. “Full leather men”, escribo y la cosa se pone más interesante: un flaco alto de veintipico de años vestido con camisa, pantalón y botas de cuero. Tiene cara de inocente, pero cuando se pone los anteojos oscuros y la gorra mejora. Lo que no cierra es el contexto. Está sentado en un sillón tapizado de azul eléctrico; al fondo una cortina de voile; al costado, sobre una mesita, una lámpara muy kitsch y un jarrón de cristal. Avanzo con el cursor sobre el indicador de carga para ver cuadro por cuadro si la situación cambia. Llego a una toma desde el piso, el flaco alto ahora está de pie, se ve desde abajo cómo se acaricia con los guantes puestos el bulto enfundado en cuero, asoma la cabeza y mira amenazante. Aquel flaquito vestido de cuero que parecía estar sentado en el living de la tía de pronto tiene la apariencia de un Full Leather Master. Muestra las botas, la suela. Me siento como si estuviera ahí abajo lamiéndolas. Enciendo otro cigarrillo y me sirvo más cerveza para disfrutar de los siete minutos que quedan. Pero no. Coitus interruptus. Sale a la calle y se apoya de pie contra una pared. Lo mejor pasó, vuelve a ser el mismo flaco sin actitud de antes, tiene mala postura, quiere poner cara de malo y no le sale. Cliqueo los videos que aparecen al costado, los chequeo todos, ninguno me interesa. Ahora la búsqueda es frenética, escribo en el buscador “full leather smoking” y aparece mi premio: el video de un tal GUTWOLF “Full leather & Cohiba robusto”. Por la contextura física parece un cuarentón, quizá cincuentón, la camisa de cuero ajustada enfunda una robusta panza, un cigarro en la mano izquierda enguantada, de la cara apenas se ve la barba oscura y tupida. Por un costado entra la luz del sol que ilumina las bocanadas de humo lamiendo el cuero. GUTWOLF se aleja de la cámara y se lo ve mejor, usa anteojos oscuros y gorra. Estoy de rodillas ante él, me echa el humo en la cara. Se aleja más, los pantalones ajustados destacan su gran bulto, sus piernas, su culo, su manera de pararse, con los pies separados, muy varonil. Se pone de costado y luego de frente, se acaricia, baja la cámara y deja ver sus botas. Ahora sí, muerto de sed, tan lejos y tan cerca, tan excitado, hago un fondo blanco de cerveza, miro el resto del video y lo guardo entre mis favoritos. En el vaso queda sólo la espuma.
(fuente: "soy", Página/ 12 en línea, 31.X.2014)
Escribo “leather” en el buscador de YouTube y aparecen instrucciones sobre cómo hacer un pirograbado en una billetera o en un cinturón. Afino la búsqueda, agrego “wearing” (vestir) y aparecen videos de moda, mujeres dando consejos sobre cómo vestirse de cuero. Lo que busco son videos caseros de hombres leather, solos frente a la cámara, fumando, tocándose, esquivando la censura de YouTube porque no llegan al sexo explícito. Enciendo un cigarrillo, tomo un trago de cerveza, borro la búsqueda anterior y escribo: “leather bulge” (bulto leather). Un pibe tirado en la cama con pantalones de cuero y zapatillas, el bulto en primer plano. No, no. Zapatillas, no; cama, tampoco. “Full leather men”, escribo y la cosa se pone más interesante: un flaco alto de veintipico de años vestido con camisa, pantalón y botas de cuero. Tiene cara de inocente, pero cuando se pone los anteojos oscuros y la gorra mejora. Lo que no cierra es el contexto. Está sentado en un sillón tapizado de azul eléctrico; al fondo una cortina de voile; al costado, sobre una mesita, una lámpara muy kitsch y un jarrón de cristal. Avanzo con el cursor sobre el indicador de carga para ver cuadro por cuadro si la situación cambia. Llego a una toma desde el piso, el flaco alto ahora está de pie, se ve desde abajo cómo se acaricia con los guantes puestos el bulto enfundado en cuero, asoma la cabeza y mira amenazante. Aquel flaquito vestido de cuero que parecía estar sentado en el living de la tía de pronto tiene la apariencia de un Full Leather Master. Muestra las botas, la suela. Me siento como si estuviera ahí abajo lamiéndolas. Enciendo otro cigarrillo y me sirvo más cerveza para disfrutar de los siete minutos que quedan. Pero no. Coitus interruptus. Sale a la calle y se apoya de pie contra una pared. Lo mejor pasó, vuelve a ser el mismo flaco sin actitud de antes, tiene mala postura, quiere poner cara de malo y no le sale. Cliqueo los videos que aparecen al costado, los chequeo todos, ninguno me interesa. Ahora la búsqueda es frenética, escribo en el buscador “full leather smoking” y aparece mi premio: el video de un tal GUTWOLF “Full leather & Cohiba robusto”. Por la contextura física parece un cuarentón, quizá cincuentón, la camisa de cuero ajustada enfunda una robusta panza, un cigarro en la mano izquierda enguantada, de la cara apenas se ve la barba oscura y tupida. Por un costado entra la luz del sol que ilumina las bocanadas de humo lamiendo el cuero. GUTWOLF se aleja de la cámara y se lo ve mejor, usa anteojos oscuros y gorra. Estoy de rodillas ante él, me echa el humo en la cara. Se aleja más, los pantalones ajustados destacan su gran bulto, sus piernas, su culo, su manera de pararse, con los pies separados, muy varonil. Se pone de costado y luego de frente, se acaricia, baja la cámara y deja ver sus botas. Ahora sí, muerto de sed, tan lejos y tan cerca, tan excitado, hago un fondo blanco de cerveza, miro el resto del video y lo guardo entre mis favoritos. En el vaso queda sólo la espuma.
(fuente: "soy", Página/ 12 en línea, 31.X.2014)
Óscar Hahn (1938 )
Cosas que se escuchan
Qué extraño es sentir el sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo
mirar por la ventana las calles secas
y sentir el sonido incesante de la lluvia
Ahora escucho el crujido de una silla mecedora
Alguien teje alguien se para
alguien entra con unas tazas de té
alguien hace ruido con la vajilla
Qué extraño es sentir el quejido
de una silla mecedora
cuando nadie se está meciendo
el tintinear de la vajilla
cuando nadie está poniendo la mesa
la algarabía de los invitados
cuando las sillas están vacías
y el sonido de la lluvia
el persistente sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo
(fuente: "la biblioteca de marcelo leites")
Qué extraño es sentir el sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo
mirar por la ventana las calles secas
y sentir el sonido incesante de la lluvia
Ahora escucho el crujido de una silla mecedora
Alguien teje alguien se para
alguien entra con unas tazas de té
alguien hace ruido con la vajilla
Qué extraño es sentir el quejido
de una silla mecedora
cuando nadie se está meciendo
el tintinear de la vajilla
cuando nadie está poniendo la mesa
la algarabía de los invitados
cuando las sillas están vacías
y el sonido de la lluvia
el persistente sonido de la lluvia
cuando no está lloviendo
(fuente: "la biblioteca de marcelo leites")
jueves, 30 de octubre de 2014
Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )
Espacio
En mi habitación no hay nada
excepto el fonógrafo y un lecho;
y en el corazón tampoco hay nada
excepto un hijo de mí diverso.
Así, hay espacio para moverse
tanto en el corazón como en el cuarto;
he arrojado los harapos al fuego,
tirado al mar los sentimientos.
No todos tienen vacío el cuarto,
no todos tienen el corazón vacío,
aún se puede dejar entrar
cada mañana un mundo nuevo.
(fuente: "la biblioteca de marcelo leites", traductor: horacio armani)
En mi habitación no hay nada
excepto el fonógrafo y un lecho;
y en el corazón tampoco hay nada
excepto un hijo de mí diverso.
Así, hay espacio para moverse
tanto en el corazón como en el cuarto;
he arrojado los harapos al fuego,
tirado al mar los sentimientos.
No todos tienen vacío el cuarto,
no todos tienen el corazón vacío,
aún se puede dejar entrar
cada mañana un mundo nuevo.
(fuente: "la biblioteca de marcelo leites", traductor: horacio armani)
miércoles, 29 de octubre de 2014
Ulla Hahn (1946 )
Mi padre
¿Quién es?
preguntan mis amigos
señalando la foto en mi escritorio
del que está entre Salvador Allende y Angela Davis.
Es mi padre, que está muerto, respondo.
Y nadie vuelve a preguntar.
¿Quién eres?
Pregunto yo al hombre
que ni en la foto del pasaporte sonríe
y me mira sobre el hombro
como si saludara a quien no le gusta.
Campesino, uno entre doce,
a los once dejó la escuela
donde había aprendido
a mirar hacia arriba
mientras bajaba la cabeza.
Encorvado
como un obrero sobre una máquina
o un soldado
al que han engañado
luchando contra Rojos.
Después de todo fue otro tiempo:
cree que no lo entendía.
Pero fue como un obrero sobre una máquina
o un padre de familia que iba los domingos a la iglesia
gracias a su mujer y la gente del pueblo.
Yo lo odiaba.
Y por las noches, cuando volvía de la fábrica
le gritaba palabrotas en inglés y latín
y sentada en la mesa de mis maestros
mientras el té me chorreaba de las manos
y mis rodilla temblaban le hacía chistes
sobre las patas de las máquinas que olían a aceite.
Difícil fue perder mi fe hasta que entendí y supe
que quería amarle hasta la muerte
de todos los culpables de su vida y mi odio.
A veces (cuando ya tenía la manta sobre sus rodillas
y estaba sentado en la silla de ruedas)
tomaba mi mano y mientras la medía con sus dedos y mirada
preguntaba cómo esperaba yo crear un mundo nuevo.
Contigo, le respondía, y levantaba mi puño con el suyo.
Luego hacíamos del tiempo cosa nuestra
y le contaba como una sexta parte del mundo ya era roja
y él valoraba cada parte una por una metódicamente.
¿Qué es?
Preguntaban mis amigos y yo respondía:
uno de nosotros.
Excepto porque el fotógrafo
olvidó que él me miraba y sonreía.
1972
(fuente: "revista arquitrave", no.56, en línea,versión de HAT)
¿Quién es?
preguntan mis amigos
señalando la foto en mi escritorio
del que está entre Salvador Allende y Angela Davis.
Es mi padre, que está muerto, respondo.
Y nadie vuelve a preguntar.
¿Quién eres?
Pregunto yo al hombre
que ni en la foto del pasaporte sonríe
y me mira sobre el hombro
como si saludara a quien no le gusta.
Campesino, uno entre doce,
a los once dejó la escuela
donde había aprendido
a mirar hacia arriba
mientras bajaba la cabeza.
Encorvado
como un obrero sobre una máquina
o un soldado
al que han engañado
luchando contra Rojos.
Después de todo fue otro tiempo:
cree que no lo entendía.
Pero fue como un obrero sobre una máquina
o un padre de familia que iba los domingos a la iglesia
gracias a su mujer y la gente del pueblo.
Yo lo odiaba.
Y por las noches, cuando volvía de la fábrica
le gritaba palabrotas en inglés y latín
y sentada en la mesa de mis maestros
mientras el té me chorreaba de las manos
y mis rodilla temblaban le hacía chistes
sobre las patas de las máquinas que olían a aceite.
Difícil fue perder mi fe hasta que entendí y supe
que quería amarle hasta la muerte
de todos los culpables de su vida y mi odio.
A veces (cuando ya tenía la manta sobre sus rodillas
y estaba sentado en la silla de ruedas)
tomaba mi mano y mientras la medía con sus dedos y mirada
preguntaba cómo esperaba yo crear un mundo nuevo.
Contigo, le respondía, y levantaba mi puño con el suyo.
Luego hacíamos del tiempo cosa nuestra
y le contaba como una sexta parte del mundo ya era roja
y él valoraba cada parte una por una metódicamente.
¿Qué es?
Preguntaban mis amigos y yo respondía:
uno de nosotros.
Excepto porque el fotógrafo
olvidó que él me miraba y sonreía.
1972
(fuente: "revista arquitrave", no.56, en línea,versión de HAT)
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