Pureza negra
Me puso sus dos ojos sobre
mis dos ojos. Y todo
lo vi ya negro… Las estrellas
enlutaron, con el jazmín de agosto,
en un fondo infinito de Sevilla,
Giraldas, con crespones alegóricos.
¡Sombra que encandilaste
mi corazón! ¡Serenos, negros ojos
que, en un tranquilo juego de osadías
y dulzuras, trocasteis el tesoro
mejor del mundo!
¡Ojos, lo puro
es ahora negro, por vosotros!
Mar en calma
Mar en calma, la noche plateada
se ofrece inmensa a mi amargura;
ruta total de puro azul
para ultraocasos solos de ventura última.
¡Si a ti yo llegara,
nadando en esta despejada luna.
("trianarts")
viernes, 31 de mayo de 2019
jueves, 30 de mayo de 2019
Mario Santiago Papasquiaro (1953/1998 )
Correspondencia infra
El mar toca nuestros cuerpos
para sentir su cuerpo
Lo mismo en Manzanillo pedregoso
que en Neviot / isla de corales del desierto
Nosotros devolvemos su sonrisa de sal
dibujando nuestros nombres & apetencias
en el caparazón de los cangrejos
que parecen buscar viejas patas de palo devoradas
por la arena
El mar se para de cabeza
& nos canta / en el idioma más desnudo & afín
a nuestro tacto
Port Vendrés Ville ruge como atún encolerizado
en nuestros ojos
Bernard prende 1 de sus aretes verde flúor en la cabellera
alfilereada de 1 erizo
Los demás pescadores del Saint Joan / Fetiche II
desde sus camarones se sinceran a su modo
con éste también su mar que los filma fijamente
Ahí donde ellos se aflojan su nervioso pantalón
& sus labios no dejan de ulular
cuando ven hasta las anginas del Peñón de Gibraltar
moviéndose como dados o peces plateados
en la sombra de sus vasos de ron.
("el placard")
miércoles, 29 de mayo de 2019
Alicia Ostriker (1937 )
La bendición de la anciana, el tulipán y el perro
Estar bendecida
dijo la anciana
es tener tantos
nietos que
el amor de Dios
pase a través tuyo
como la leche a través de una vaca.
Estar bendecido
dijo el tulipán rojo oscuro
es voltearles los ojos
con el golpe de lujuria
implícito en
tu pollera levantada
Estar bendecido
dijo el perro
es tener una pizca
de Dios
adentro
y que todos los demás perros
puedan olerla.
("el placard", versiòn sandra toro)
Estar bendecida
dijo la anciana
es tener tantos
nietos que
el amor de Dios
pase a través tuyo
como la leche a través de una vaca.
Estar bendecido
dijo el tulipán rojo oscuro
es voltearles los ojos
con el golpe de lujuria
implícito en
tu pollera levantada
Estar bendecido
dijo el perro
es tener una pizca
de Dios
adentro
y que todos los demás perros
puedan olerla.
("el placard", versiòn sandra toro)
martes, 28 de mayo de 2019
Amalia Bautista (1962 )
Hay alguien en el mundo
Hay alguien en el mundo, no sé dónde,
o sí lo sé, pero mejor lo olvido,
que me desnuda sólo con mirarme
y me sueña vestida de princesa.
Alguien con quien no puedo resistirme
a arder bajo la ducha.
Alguien con quien resulta inevitable
sudar en un iglú
("el almirante ruina")
Hay alguien en el mundo, no sé dónde,
o sí lo sé, pero mejor lo olvido,
que me desnuda sólo con mirarme
y me sueña vestida de princesa.
Alguien con quien no puedo resistirme
a arder bajo la ducha.
Alguien con quien resulta inevitable
sudar en un iglú
("el almirante ruina")
lunes, 27 de mayo de 2019
Catalina Gonzàlez Restrepo (1976 )
En vez de la pàgina
Yo,
acostumbrada a hurgar en las bibliotecas,
lastimada por el olor a moho,
alérgica al polvo,
prefiero hundirme en tus piernas cálidas,
ávida de beber esa humedad que calma la sed
sólo por un instante.
Yo,
decidida a abandonarme,
acepto tus arbustos,
en vez de la página fría y estéril
que al fin y al cabo viene de ti.
Alimento
Revisamos nuestros buzones
esperando siempre la última carta,
vivimos para recibir.
Somos como pájaros que guardan las alas
mientras sus corazones laten
en pechos calientes.
—Yo cargo tus palabras en la cartera
como una limosna extra—.
No podemos dormir,
soñamos con anillos en cada dedo,
que mides mi torso con tus manos
y descubres la piel
antes de que se marchen los invitados.
("omi-bus")
Yo,
acostumbrada a hurgar en las bibliotecas,
lastimada por el olor a moho,
alérgica al polvo,
prefiero hundirme en tus piernas cálidas,
ávida de beber esa humedad que calma la sed
sólo por un instante.
Yo,
decidida a abandonarme,
acepto tus arbustos,
en vez de la página fría y estéril
que al fin y al cabo viene de ti.
Alimento
Revisamos nuestros buzones
esperando siempre la última carta,
vivimos para recibir.
Somos como pájaros que guardan las alas
mientras sus corazones laten
en pechos calientes.
—Yo cargo tus palabras en la cartera
como una limosna extra—.
No podemos dormir,
soñamos con anillos en cada dedo,
que mides mi torso con tus manos
y descubres la piel
antes de que se marchen los invitados.
("omi-bus")
domingo, 26 de mayo de 2019
Chantal Maillard (1951 )
Llevo acostada
Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra…
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.
Si pregunto a los hombres
Si pregunto a los hombres
qué es aquel cuerpo inmenso
que vibra al otro lado de los bosques,
me contestan: «el mar».
Si te pregunto qué es el mar
me dices:
«un animal de lluvia que sin tregua recorre
la distancia infinita que de sí mismo le separa».
Quieres ponerme a prueba, pretendes confundirme.
Sé que aquel cuerpo inmenso
eres tú
cuando sales del bosque
y arrojas tu saliva sobre el mundo.
("poesìa cuatro")
Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra…
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.
Si pregunto a los hombres
Si pregunto a los hombres
qué es aquel cuerpo inmenso
que vibra al otro lado de los bosques,
me contestan: «el mar».
Si te pregunto qué es el mar
me dices:
«un animal de lluvia que sin tregua recorre
la distancia infinita que de sí mismo le separa».
Quieres ponerme a prueba, pretendes confundirme.
Sé que aquel cuerpo inmenso
eres tú
cuando sales del bosque
y arrojas tu saliva sobre el mundo.
("poesìa cuatro")
sábado, 25 de mayo de 2019
Olvido García Valdés (1950 )
A Miguel
Te habías quedado todo el día
allí, de pie, mirando las montañas,
y era, dijiste, alimento
para los ojos, corazón
quebrantado. Yo pasaba, parece,
en el atardecer,
andando en bicicleta por un sendero.
Lo cuentas y quedo contemplándolo
con esperanza, una buena esperanza
nodriza de la vejez. Yo lo llamo
dulzura, la música dulzura que conforta
o hidrata la aspereza. Algunos niños
cercanos al autismo, cuando crecen,
imprimen o padecen movimiento
constante, un ritmo de hombros
ajeno a cualquier música, latido,
circulatoria sangre propia, sin contacto.
Sólo a veces sus ojos buscan
engañosamente; no hay dulzura
ni aspereza, un sonido
interior los envuelve, sangre roja.
Contemplo las montañas de tu sueño,
busco en ellas tus ojos.
Y escruto, sin embargo, el corazón,
las junturas y médula, los sentimientos
y pensamientos del corazón. Nada hidrata.
Nada amortigua. Escrutar es áspero
y no lame. Las horas últimas
de la vigilia: sabia
la disciplina monacal que impone
levantarse a maitines. Enjugar,
sostener, confortar: mirar la noche.
Volver al corazón. Entonces ya la música
es azul, azul es la dulzura. Pedir.
("zendalibros")
Te habías quedado todo el día
allí, de pie, mirando las montañas,
y era, dijiste, alimento
para los ojos, corazón
quebrantado. Yo pasaba, parece,
en el atardecer,
andando en bicicleta por un sendero.
Lo cuentas y quedo contemplándolo
con esperanza, una buena esperanza
nodriza de la vejez. Yo lo llamo
dulzura, la música dulzura que conforta
o hidrata la aspereza. Algunos niños
cercanos al autismo, cuando crecen,
imprimen o padecen movimiento
constante, un ritmo de hombros
ajeno a cualquier música, latido,
circulatoria sangre propia, sin contacto.
Sólo a veces sus ojos buscan
engañosamente; no hay dulzura
ni aspereza, un sonido
interior los envuelve, sangre roja.
Contemplo las montañas de tu sueño,
busco en ellas tus ojos.
Y escruto, sin embargo, el corazón,
las junturas y médula, los sentimientos
y pensamientos del corazón. Nada hidrata.
Nada amortigua. Escrutar es áspero
y no lame. Las horas últimas
de la vigilia: sabia
la disciplina monacal que impone
levantarse a maitines. Enjugar,
sostener, confortar: mirar la noche.
Volver al corazón. Entonces ya la música
es azul, azul es la dulzura. Pedir.
("zendalibros")
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