domingo, 30 de abril de 2017

Uriel Martínez (1950 )


De niño



De niño en el colegio me recomendaron
santificar las fiestas;
y santifiqué tu cuerpo
la primera noche.

Y glorifiqué tus manos
que me curaron viejas
heridas, antiguas costras,
lejanas pesadillas.

Y bendije tus ojos que pasearon
la primera vez por añejas dolencias, 
articulaciones, silencios,
ballestas.

De chico de uniforme blanco
memoricé oraciones para la mañana,
el medio día, la media tarde,
la media noche.

Y así aprendí a conjurar miedos,
timideces, balbuceos, trabalenguas,
oscuridades, deseos miccionales,
erecciones, sonambulismos. Todo.

O casi todo porque tú,
el caballero de armadura de peltre,
de boca de río, de uñas verdosas
como alfanjes, un día...


[Inédito]

sábado, 29 de abril de 2017

Manuel Ponce (1913/1994 )

A Jesús crucificado

Yo te adoro en razón de lo increado,
temo en ti por el brazo justiciero,
admiro en ti la omnipotencia; pero
te quiero sólo por crucificado.

No te puedo querer en otro estado,
ni esperar de otro modo lo que espero;
aunque sé que la infamia del madero
no es otra que la cruz de mi pecado.

Duélenme, sí, tu afrenta y el delito
que yedras enlazadas con tal arte
consuman en tus sienes de proscrito.

Pero yo no me canso de mirarte,
queriendo, si pudiera, en los infinito,
crucificarte, sólo por amarte.


("el jardín increíble", ed. jus, méxico, 1999) 

jueves, 27 de abril de 2017

Fernando del Paso (1935 )

A manera de haikai


El mar se agota,
                                 cuando se esconde entero,
en una gota.

Al mar no le da pena
revolcarse en la arena

y hacerse nudo
con la verga del río
negro y desnudo.


("antología de textos de aquí, allá y acullá", ed. asoc. nal. libro, 2016)

martes, 25 de abril de 2017

Enrique Symns (1946 )

Las pajas


Aquella obsesión, que cada vez elegía mejor sus presas, fue perfeccionando los tiempos y la vorágine de violencia sexual con que las sometía. Aquella era la primera vez que me atrevía a utilizar la violación como argumento temático del guión de mis masturbaciones, que siempre fueron narrativamente complejas. Hasta ese momento había elegido casi siempre secuencias donde mis novias y amantes hacían el amor con mis peores enemigos, con los hombres más detestables, y aquello que en la vida real me hubiera destruido, en mis pajas elevaba la calentura a grados insoportables. Mi ética personal, que condena duramente la violación sexual, había conseguido introducir sus códigos perversos en la selva de las fantasías.

Así que acicateado por el opio y el relajo evidente de mi voluntad, decidí abrir la boca del lobo de la caja de Pandora de los deseos. nadie me podrá convencer de que con aquellas pajas le hacía daño a alguien.


("marcelo leites")

domingo, 23 de abril de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Narciso

Eres agua de beber
que me ahoga. 


[Inédito]

sábado, 22 de abril de 2017

Gregory Orr (1947 )

La distancia


El invierno de mis ocho años, un caballo
patinó en el hielo y se rompió una pata.
Mi padre cogió un rifle, una lata de gasolina.
Permanecí al costado del camino al anochecer y miré
el cadáver que ardía en el prado lejano.

Yo tenía doce años cuando lo maté;
sentí mis propios huesos separarse de mi cuerpo.
Ahora tengo veintisiete y camino
junto a este río, buscándolos.
Se han transformado en un puente
que forma un arco hacia la orilla opuesta.


("otra iglesia es imposible", ver. jonio gonzález)

viernes, 21 de abril de 2017

Anne Sexton (1928/1974 )

Deseando morir



Ya que lo preguntan, la mayor parte de los días no me acuerdo.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Después, casi innombrable, vuelve la lujuria.

Incluso en ese instante, no tengo nada en contra de la vida.
Conozco bien las hojas que mencionan,
los muebles que sacaron al sol.

Pero los suicidas tienen un idioma propio.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me pronuncié tan claramente,
poseí al enemigo, me comí al enemigo
le arrebaté su oficio, su magia.

Así, grave y pensativa,
más tibia que el agua o el aceite,
descansé, babeando por el agujero de la boca.

No pensaba en mi cuerpo ante la punta de la aguja.
Ni siquiera había córnea o restos de orina.
Los suicidas ya traicionaron al cuerpo.

Nacieron muertos, aunque no siempre se mueran,
y, deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta un chico podría mirarla y sonreír.

¡Meterse toda esa vida debajo de la lengua!—
eso, en sí mismo, se vuelve una pasión.
Dirán que la muerte es un hueso triste y golpeado,

con todo, año tras año me espera,
para deshacer con delicadeza una vieja herida,
para soltar mi aliento de su prisión insana.

Compensados así, los suicidas se encuentran a veces
furiosos con el fruto, una luna inflada,
dejan el pan que confundieron con un beso,

dejan la página del libro abierta por descuido,
algo sin decir, el teléfono sin colgar
y el amor, fuera lo que fuese, como una infección.


("el placard", versión sandra toro)