lunes, 29 de febrero de 2016

Luisa Castro (1966 )

Inocencia


Se acabó la inocencia.
Era una bebida empalagosa y breve,
una comida exótica,
ahora ya lo sé.

La probé.

De esas cosas que se toman un día
y siempre las recuerdas,
de esa gente que te encuentras
y no vuelves a ver.

Nunca sabrás lo que pasaría
en el banco de la inocencia.
Con los pies colgando
allí sólo vive la gente que no recuerdas,
lo que nunca ha pasado.

Te sentaste un momento
a escuchar desde lejos la orquesta.
Era duro y solitario
el banco de la inocencia.
Demasiada prisa en volver
como para no olvidarte algo.

Ahora ya lo sabes,
la inocencia es esa gente

que se quedó tu chaqueta.



("life vest under your seat")

domingo, 28 de febrero de 2016

Uriel Martínez (1950 )

El aseo


me visto tu pijama
y calzo tu calor ausente,
el aroma de tus ingles
y labios cerrados;

me lavo la boca con jabón
que lavaron tus manos,
que rozaron vellos,
canillas y dedos;

me paso por la yugular
la Guillette que redondeó
tu perfil, las tijeras
que cuadraron pómulos;

los filos que delinearon
la manzana de Adán
pasan lentos
por mi piel;

ya muy noche, cuando el silencio
acentúa tu ausencia, cansado
me tiendo, me eclipso,
te espero.

sábado, 27 de febrero de 2016

Frank O´Hara (1926/1996 )

A la recherche d´Gertrude Stein



Cuando me siento deprimido y ansioso malhumorado
todo lo que tienes tú que hacer es quitarte la ropa
y todo es barrido y se revela la ternura de la vida
que somos carne y respiramos y estamos cerca de nosotros
como eres tú realmente como eres yo me convierto en lo que
realmente soy estoy vivo y sé vagamente lo que es
y lo que es importante para mí por encima de las intrusiones
de las relaciones incidentales y accidentales
que no tienen nada que ver con mi vida.

cuando estoy en tu presencia siento que la vida es fuerte
y vencerá a todos sus enemigos y a todos los míos en mí
la lógica enferma y el razonamiento débil se curan
por la perfecta simetría de tus brazos y piernas
extendidos haciendo juntos un círculo eterno
creando un dorado pilar junto al Atlántico
la tenue línea de pelo que divide tu torso
da descanso a mi mente y libera mis emociones
al aire infinito donde como estamos

juntos siempre lo estaremos en esta vida pase lo que pase.


("marcelo leites", trad. de rolando costa picazo)

viernes, 26 de febrero de 2016

José Watanabe (1945/2007 )

Animal de invierno



Otra vez es tiempo de ir a la montaña
a buscar una cueva para hibernar.

Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido.
Nuevamente veré en las faldas del macizo
vetas minerales como nervios petrificados, tal vez
en tiempos remotos fueron recorridos
por escalofríos de criatura viva.
Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba.

Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia
y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.

He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.
En este mundo pétreo
nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo
y me tocaré
y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña
sabré

que aún no soy la montaña.



("enfocarte", no.32)

jueves, 25 de febrero de 2016

Cees Nooteboom (1933 )

La muerte


En un rincón, oscuro, frío y húmedo, gime una voz de polvo sucio -es lo único que me permite ver la oscuridad-, un ser humano del que no queda más que un fardo de ropa. Da toda la impresión de no pesar más de un kilo, pero  la voz se queja y murmura y solloza quedamente, alguien, algo que se está muriendo, algo viejo apenas existente, una voz invisible sin cuerpo, un alma arrinconada por la gente. Me acerco, la voz se torna susurro, un estertor apagado, pero yo sigo sin ver cabeza alguna, y entonces viene hacia mí una mujer conminándome con señas a que me vaya, esta vergüenza no debe verla un extranjero.



("hotel nómada", ed. debolsillo, trad. isabel-clara lorda vidal, méxico, 2008)

miércoles, 24 de febrero de 2016

Janet Frame (1924/2004 )



Los muertos


No tengo nada que decir a los muertos
a menos que se acerquen a mí primero.
Tienen derecho de aproximarse
con paso suave, cantando
o gimiendo como gusten.

Los muertos lloran la noche entera bajo los árboles.
Nunca me canso de escucharlos.
A veces quiero invitarlos a pasar
para que calienten sus manos al fuego
pero nadie quiere a los muertos adentro,
mucho menos los vivos. Cierren la puerta,
déjenlos afuera, dicen,
o antes de que los veas venir
te vencerán con la muerte,
se alimentarán de ti, te robarán,
te sangrarán a ti y los recuerdos que conservas.
Los muertos no tienen memoria. Una bufanda rota
entra y sale de su cabeza, controlada
por el viento del olvido, no por los muertos,

y los muertos no saben
dónde puede estar el principio o el final
pues no tienen memoria, no tienen.



("huesos de jilguero", ed. uv-xalapa, ver., méxico, 2015, trad. de julia constantino)

martes, 23 de febrero de 2016

Osvaldo Bossi (1963 )

Camellos


Aquella noche, al dormirme
soñé que era un extraño camello
dejando sus huellas claras y pesadas
sobre un hermoso desierto que no se sabe
adónde empieza ni dónde termina,
el pecho en alto bajo el cielo estrellado
o el sol que orla, como un anillo de oro implacable,
la cabeza de esos niños que se alejan
(demasiado temprano o demasiado tarde)
bajo una nube de pensamientos:

yo y mi cantimplora interior,
los grandes ojos acostumbrados a lidiar
con toda suerte de espejismos, contento
(como ahora, por ejemplo) de ver otra vez
a ese muchacho tan querido por mí
avanzando a través de las dunas
con su pañuelo en el cuello y su gorra
de legionario: aliviado (¡como si no lo conociera!)
por el solo hecho de volver a tenerme.

Yo y mi joroba casi perfecta,
y mis pestañas largas y aterciopeladas
apartando (grano por grano, con una paciencia
infinita) enormes o pequeños saharas
que parecen de arena y son, en realidad
pura sombra… Pero qué importa,
qué puede importar todo eso, ahora.

La luna -como siempre- estaba ahí,
y yo por supuesto también estaba
ahí, adelante, deteniéndome cada tanto
al lado de un fueguito fatuo, capaz
de atemperar la noche más larga y más fría
del universo, para luego pensar, simplemente,
como deben pensar todos los camellos
a cierta hora: Dios mío, todo esto es mejor
que atravesar el ojo de una aguja.


("hasta donde llega la voz")