Contra el invierno
Detrás de tus párpados la verdad es dura,
¿qué vas a hacer con ella?
Los pájaros están callados; no hay nadie a quien preguntar.
Durante todo el día mirarás de soslayo el cielo gris.
Cuando el viento sople temblarás como la hierba.
Pequeña y débil oveja, estabas cubierta de lana
hasta que ellos llegaron con sus grandes tijeras.
Las moscas se arremolinaron sobre tu boca abierta
pero luego también volaron, igual que las hojas,
hacia las cuales las ramas desnudas se extendían en vano.
Se acerca el invierno. Como el último soldado heroico
de un ejército derrotado, permanecerás en tu puesto,
la cabeza desnuda ante el primer copo de nieve.
De pronto, un vecino se acerca a ti,
Estás más loco que el tiempo, Charlie.
(texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible", versión de Jonio González.)
miércoles, 1 de enero de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
Amy Lowell (1874/1925 )
Penumbra
Mientras estoy aquí sentada en la quieta noche de verano,
de pronto, en la lejana carretera, se oye
el rechinar y el acelerar de un tranvía eléctrico.
Y, más lejos todavía,
el fuerte resoplar de una máquina,
seguido del desagarrado arrastrar de un tren de carga cambiando de vía.
Estos son los ruidos que hacen los hombres
en el largo ajetreo de la vida.
Seguirán haciendo siempre estos ruidos,
aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos.
Sentada aquí en la noche de verano,
estoy pensando en mi muerte.
¿Qué pasará contigo?
Verás mi silla
con su brillante cobertor de zaraza
iluminada por el sol de mediodía,
como ahora,
verás mi mesa angosta
donde he estado escribiendo tantas horas.
Mis perros meterán sus hocicos en tu mano,
preguntando -preguntando-
y pendientes de ti con ojos perplejos.
La vieja casa todavía está aquí,
la vieja casa que me ha conocido desde el principio.
Las paredes que me han visto jugar:
con soldados, canicas, muñecas de papel,
que me han protegido a mí y a mis libros.
La puerta de entrada estará mirando a los viejos árboles
donde, cuando era niña, jugaba con muertos y con incendios;
Mirará la ancha vereda de grava
donde yo rodaba mi aro,
y las matas de rododendro
donde cogía mariposas de pintas negras.
La vieja casa te guardará a ti,
como yo he hecho.
Sus paredes y sus cuartos te guardarán,
y yo susurraré mis pensamientos y fantasías
como siempre,
en las páginas de mis libros.
Algún día tú estarás sentada aquí
en una apacible noche de verano,
oirás el fragor de los tranvías,
pero no estarás sola,
porque todas esas cosas son parte de mí.
Y mi amor seguirá hablándote
a través de las sillas, de las mesas, de los cuadros,
como mi voz lo hace ahora,
y de pronto sentirás la inevitable caricia de mi mano.
(texto tomado del sitio "emma gunst", traducción de Marta Porpetta.)
Mientras estoy aquí sentada en la quieta noche de verano,
de pronto, en la lejana carretera, se oye
el rechinar y el acelerar de un tranvía eléctrico.
Y, más lejos todavía,
el fuerte resoplar de una máquina,
seguido del desagarrado arrastrar de un tren de carga cambiando de vía.
Estos son los ruidos que hacen los hombres
en el largo ajetreo de la vida.
Seguirán haciendo siempre estos ruidos,
aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos.
Sentada aquí en la noche de verano,
estoy pensando en mi muerte.
¿Qué pasará contigo?
Verás mi silla
con su brillante cobertor de zaraza
iluminada por el sol de mediodía,
como ahora,
verás mi mesa angosta
donde he estado escribiendo tantas horas.
Mis perros meterán sus hocicos en tu mano,
preguntando -preguntando-
y pendientes de ti con ojos perplejos.
La vieja casa todavía está aquí,
la vieja casa que me ha conocido desde el principio.
Las paredes que me han visto jugar:
con soldados, canicas, muñecas de papel,
que me han protegido a mí y a mis libros.
La puerta de entrada estará mirando a los viejos árboles
donde, cuando era niña, jugaba con muertos y con incendios;
Mirará la ancha vereda de grava
donde yo rodaba mi aro,
y las matas de rododendro
donde cogía mariposas de pintas negras.
La vieja casa te guardará a ti,
como yo he hecho.
Sus paredes y sus cuartos te guardarán,
y yo susurraré mis pensamientos y fantasías
como siempre,
en las páginas de mis libros.
Algún día tú estarás sentada aquí
en una apacible noche de verano,
oirás el fragor de los tranvías,
pero no estarás sola,
porque todas esas cosas son parte de mí.
Y mi amor seguirá hablándote
a través de las sillas, de las mesas, de los cuadros,
como mi voz lo hace ahora,
y de pronto sentirás la inevitable caricia de mi mano.
(texto tomado del sitio "emma gunst", traducción de Marta Porpetta.)
lunes, 30 de diciembre de 2013
Leonora y los sueños
“Humberto, el niño más bonito de la ciudad, tenía ojos azules y chinos dorados”. “Humberto el bonito”, como “Juan sin cabeza” o “El monstruo de Chihuahua”, es uno de los cuentos para niños de Leche del sueño, un libro creado a partir de la libreta en la que la artista plástica británica Leonora Carrington guardó los cuentos que imaginaba e ilustraba para sus hijos. La libreta, que estuvo en poder del escritor chileno Alejandro Jodorowsky por veinte años, es recuperada ahora en una edición facsimilar, recientemente lanzada por el Fondo de Cultura Económica.
Dice Carrington que “Humberto el bonito” era también un poco antipático y le gustaba hacerle bromas a sus hermanas para ponerlas a llorar. Hasta que un día, una de ellas puso en la cama de Humberto un cocodrilo, que para sorpresa de esta cayó en el hechizo del niño y en vez de atacarlo le sonrió. “Desde entonces, Humberto y el cocodrilo son grandes amigos y, por supuesto, ahora el niño es todavía más antipático, pues siempre va a todas partes con él”, concluye el cuento.
Carrington perteneció al movimiento surrealista y vivió buena parte de su vida en México. En el prólogo a Leche del sueño , en una edición de 29 x 25 centímetros que viene en caja y con tapa de cuerina, Ignacio Padilla escribe: “Ella [Carrington] definitivamente estuvo presente cuando llegó la hora de que psicoanálisis y el arte pusieran al descubierto el secreto edificio del inconsciente, un edificio de perturbadora belleza que sigue recordándonos que no sólo somos nuestros sueños, sino que lo soñado dialoga con el niño que fuimos y que continuamos siendo”.
Lo bello de esta libreta es que el lector asiste a una de las formas del pensamiento de la artista, expuesto en su caligrafía clara y suelta. Sus tachaduras, las correcciones, sus subrayados, las mayúsculas y los puntos suspensivos que se fugan hacia el margen de la página, donde viven las ilustraciones, siluetas simples y a mano alzada en hojas arrugadas. Pero además, en el trazado de esos pequeños juegos íntimos y cotidianos, se perfila la Leonora mamá, que no por ello deja de ser la Leonora surrealista.
“Si el surrealismo y el cuento infantil son expresiones ordenadas de procesos caóticos, una libreta como esta, trazada por una artista como esta, debe por fuerza interpelarnos desde el punto preciso de la imaginación donde se encarna el trabajo artístico como ordenación sugerida del caos”, dice Padilla.
Hay un epílogo en el que Jodorowsky recuerda el día que conoció a Carrington, describe la naturaleza de su amistad y la comunión que llegaron a tener. Cuenta, también, que cuando él decidió regresar a París, tras una breve residencia en México, Carrington le regaló la libreta con la que entretenía a sus hijos de pequeños. Libreta que, pasados muchos años, él le devolvió a Gabriel Weisz, hijo de la artista. “Darle a ese niño adulto los cuentos, me hizo sentir como si extrajera de mi cuerpo una víscera sagrada que él necesitaba más que yo”, dice el escritor y psicomago.
En una breve nota que abre la edición, Gabriel Weisz le habla a su madre de tu y le dice, entre otras cosas: “Convertiste la calle y la casa en un lugar para fabricar ficciones, para que la imaginación pudiera desalojar lo cotidiano”. ¿Qué mejor regalo puede dársele a un hijo?
(reseña tomada del sitio "revista ñ", Clarín)
Alberto Girri (1919/1991 )
El Pascal que hay en ti
No se deja estar
en una hamaca, meciéndose
en ese supremo abandono que es
suprema atención, invocación
al vértigo,
y meciéndose
con la noticia de que Jesús
permancerá en la agonía
hasta el fin del mundo,
y que entretanto
es menester que nadie pegue los ojos.
Él prefiere
-ya que su vigilia dispondrá
de todo el tiempo existente-
que la espera, plazo señalado,
no redunde sólo en escalofríos
y resignación, pasiva
calificación de la vida, subirse y bajarse
por incertidumbres y plegarias,
sino actividad de minucias
elevadas a cúspides, desplazarse
por cuartos y patios, por la repetición,
rutina, concentrada y calmante,
de barrer, regar, cocinar,
musitar con el arrastre de sus pasos
el propio nombre;
y prefiere, como proyecto,
reclamar lo que nunca consiguió,
que lo consideren
el loco de la familia, el extravagante
obsesionado por las puertas
(espacio que atraviesan
los muertos de la casa,
acceso de los justos),
desparramando, sagaz,
sus chocantes conclusiones:
las puertas
no tienen que ser tocadas, sólo
son tales mientras permanecen cerradas,
si no no se las advertirá como puertas,
no habrá puertas, se revelará el abismo
aguardando del otro lado del umbral.
(texto tomado del sitio ''otra iglesia es imposible'')
No se deja estar
en una hamaca, meciéndose
en ese supremo abandono que es
suprema atención, invocación
al vértigo,
y meciéndose
con la noticia de que Jesús
permancerá en la agonía
hasta el fin del mundo,
y que entretanto
es menester que nadie pegue los ojos.
Él prefiere
-ya que su vigilia dispondrá
de todo el tiempo existente-
que la espera, plazo señalado,
no redunde sólo en escalofríos
y resignación, pasiva
calificación de la vida, subirse y bajarse
por incertidumbres y plegarias,
sino actividad de minucias
elevadas a cúspides, desplazarse
por cuartos y patios, por la repetición,
rutina, concentrada y calmante,
de barrer, regar, cocinar,
musitar con el arrastre de sus pasos
el propio nombre;
y prefiere, como proyecto,
reclamar lo que nunca consiguió,
que lo consideren
el loco de la familia, el extravagante
obsesionado por las puertas
(espacio que atraviesan
los muertos de la casa,
acceso de los justos),
desparramando, sagaz,
sus chocantes conclusiones:
las puertas
no tienen que ser tocadas, sólo
son tales mientras permanecen cerradas,
si no no se las advertirá como puertas,
no habrá puertas, se revelará el abismo
aguardando del otro lado del umbral.
(texto tomado del sitio ''otra iglesia es imposible'')
domingo, 29 de diciembre de 2013
SUERTE PERRA
Zapatos de piel de becerro,
chamarra de cuero bovino,
botones de piel de serpiente,
ojos de halcón, lengua de víbora.
Poemas con pupilas de reptil,
suerte felina de nueve vidas,
ojos de lechuza insomne,
dedos como garfios.
Reposo de serpiente que sueña
agua, lengua de mandril,
besos negros de mico negro,
uñas como media luna eclipsada.
Ojos como pozos con tortuga
al fondo, rumor de arena
llevada por el viento,
oídos sordos a palabras nuevas.
Camafeo como iguana quieta,
cuello deshidratado como zalea
de gato montés, cuernos duros
como de bestia cimarrona.
chamarra de cuero bovino,
botones de piel de serpiente,
ojos de halcón, lengua de víbora.
Poemas con pupilas de reptil,
suerte felina de nueve vidas,
ojos de lechuza insomne,
dedos como garfios.
Reposo de serpiente que sueña
agua, lengua de mandril,
besos negros de mico negro,
uñas como media luna eclipsada.
Ojos como pozos con tortuga
al fondo, rumor de arena
llevada por el viento,
oídos sordos a palabras nuevas.
Camafeo como iguana quieta,
cuello deshidratado como zalea
de gato montés, cuernos duros
como de bestia cimarrona.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Vicente Gerbasi (1913/1992 )
Los huesos de mi padre
Los huesos de mi padre se perdieron
en el osario común
de Canoabo. Valle de grandes hojas lluviosas,
de insectos que vuelan como abanicos
y de montañas que le dan vuelta al día
y a la noche de los astros.
Los huesos de mi padre
se perdieron en el osario del Universo,
entre las piedras preciosas de Dios
vistas desde la selva mágica
hasta la aurora
que reinventa todos los colores
y el vuelo de las aves
abriendo sus ojos
en el sueño del paraíso.
Los huesos de mi padre suenan
con su color marfil
y se van pareciendo a mis propios huesos
hechos de silencio eterno.
(texto tomado de 24 poetas latinoamericanos, Coedición Latinoamericana, selección y prólogo de Francisco Serrano, México, 2012, sexta reimpresión.)
Los huesos de mi padre se perdieron
en el osario común
de Canoabo. Valle de grandes hojas lluviosas,
de insectos que vuelan como abanicos
y de montañas que le dan vuelta al día
y a la noche de los astros.
Los huesos de mi padre
se perdieron en el osario del Universo,
entre las piedras preciosas de Dios
vistas desde la selva mágica
hasta la aurora
que reinventa todos los colores
y el vuelo de las aves
abriendo sus ojos
en el sueño del paraíso.
Los huesos de mi padre suenan
con su color marfil
y se van pareciendo a mis propios huesos
hechos de silencio eterno.
(texto tomado de 24 poetas latinoamericanos, Coedición Latinoamericana, selección y prólogo de Francisco Serrano, México, 2012, sexta reimpresión.)
jueves, 26 de diciembre de 2013
Javier Sologuren(1921/2004 )
Epitalamio
Cuando nos cubran las altas yerbas
y ellos
los trémulos los dichosos
lleguen hasta nosotros
se calzarán de pronto
se medirán a ciegas
romperán las líneas del paisaje
y habrá deslumbramientos en el aire
giros lentos y cálidos
sobre entrecortados besos
nos crecerán de pronto los recuerdos
se abrirán paso por la tierra
se arrastrarán en la yerba
se anudarán a sus cuerpos
memorias palpitantes
tal vez ellos
los dichosos los trémulos
se imaginen entonces
peinados por
desmesurados
imprevistos resplandores
luces altas
desde la carretera
(texto tomado de 24 poetas latinoamericanos, Coedición Latinoamericana, selección y prólogo de Francisco Serrano, México,2012, sexta reimpresión.)
Cuando nos cubran las altas yerbas
y ellos
los trémulos los dichosos
lleguen hasta nosotros
se calzarán de pronto
se medirán a ciegas
romperán las líneas del paisaje
y habrá deslumbramientos en el aire
giros lentos y cálidos
sobre entrecortados besos
nos crecerán de pronto los recuerdos
se abrirán paso por la tierra
se arrastrarán en la yerba
se anudarán a sus cuerpos
memorias palpitantes
tal vez ellos
los dichosos los trémulos
se imaginen entonces
peinados por
desmesurados
imprevistos resplandores
luces altas
desde la carretera
(texto tomado de 24 poetas latinoamericanos, Coedición Latinoamericana, selección y prólogo de Francisco Serrano, México,2012, sexta reimpresión.)
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