lunes, 22 de mayo de 2017

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Frutos


Higos, fresas, manzanas,

melones, melocotones, cerezas,

peras, sandías, naranjas,

oh música de mis sentidos,

pura delicia de la lengua;

déjame ahora hablar

de la fruta que me fascina,

por el sabor, por el color,

por el aroma de sus sílabas:

mandarina, mandarina.


(tomado de la nube)




domingo, 21 de mayo de 2017

Uriel Martínez (1950 )






                                                   
                                               
                                                  EL BESTIARIO DE JULIA PASTRANA
                                   

1
a) Las locas siempre han proliferado en México, como los conejos, los piojos y otros parásitos, la sarna, los mayates, los vagos, los priístas, los malvivientes, las enfermedades venéreas, las casas de citas, las cartomancianas, los ambulantes y pordioseros. Salvador Novo no se cuestiona de dónde proviene y por qué el término "loca", pero es lógico suponer que se le llame loca a aquella persona que ha perdido la cabeza o la tiene fuera de lugar. Entonces la loca es "irregular", "asimétrica", "rara" o "diferente"; puede presentarse con el pelo trasquilado, teñidos los pelos del color del elote tierno, la zanahoria sancochada, el azul pálido del moribundo o el verde pistache de aquellos pantalones de Terlenka acampanados de los años sesenta del siglo pasado. No se sabe si la loca por naturaleza es exhibicionista o si es parte de su perfil de "rara". Lo que sabemos por boca del propio SN (*) es que en tiempos de Nezahualcóyotl la loca moría apedreada o en una montaña de leños, tragada por las llamas: de donde se tomó la imagen religiosa del ánima sola, seguramente.

b) El español es rico en términos para designar la misma cosa. Así tenemos que a la loca se le llama joto, marica, puto, choto, sol, somético, homosexual, etcétera. Nuestro idioma, en su variedad y riqueza, se presta para elaborar metáforas, alegorías y retruécanos en torno a un sustantivo. Así, a la loca le gusta "El arroz con popote", "La coca cola hervida", "Le hace agua la canoa", "Le gusta cachar granizo", "Le gusta que le midan el aceite". Al propio grupo de Novo, Los Contemporáneos, les llamaron los Anales; y cuando le preguntaron a SN por qué no le gustan las mujeres, él respondió: "Porque no soy lesbiana".

2
Mientras el camión urbano atravesaba el paso a desnivel ese día, Julia Pastrana imaginó un bestiario de seres monstruosos; un circo que aglutinara a señoras asimétricas sin los dos labios de la panocha como Frida, la de abortos involuntarios y la tina del baño oscura de sangre; a viejas como Sylvia, enrarecida en una atmósfera de gas LP, de estufas de gas Mabe cochambrosas, de ratas que corren en la oscuridad invernal. Pensó también en las mujeres barbarbonas del circo, en aquellas de cuerpo mitad tortuga y mitad niñas rezongonas y desobedientes, aquellas que no cumplen la tarea por salirse a la calle de machetonas, al parque de vagas, al cine porno, al antro de donde regresan de madrugada a casa. Pero, se cuestionó la Pastrana, ¿alguien entenderá la alegoría? Luego rompió el post-it en cuatro partes. Pensó luego en los seres deformes y fabulosos como la "Medusa" de Julio Ruelas, con serpientes en lugar de pelos; en los descabezados de Caravaggio, en los locos de Brueghel el viejo, en las tentaciones del ermitaño san Antonio, de Flaubert y las putas calientes de Klossowski y los tormentos del joven Torless. JP pensó en tantas cosas que atormentan al mortal como ella. Pero todo eso era alta cultura del pasado. Rompió en tiritas la segunda viñeta.

3
Julia, mientras llegaba a su destino, anotó en el tercer papelito de color: era el lupanar triste de un pueblo olvidado, El Fuerte o Los Olivos. Ahí en una catre apestoso estaba echada la Manuela. Había identificado el ruido de la Chevrolet roja de Pancho, el galán de galanes, su hombre ideal. Se incorporó, se acercó a la ventana a oscuras, con la uña mugrosa corrió ligeramente la cortina y lo vio apearse. Era él, 1.66 de estatura, nalgón, el paquete abrazado por la mezclilla. Automáticamente la Manuela cogió el espejo. Le faltaba una oreja de nacimiento, estaba casi pelona, tenía el gesto torcido de las que oyen por un solo lado. Recitó: "Hay pájaros que nacen/con el pico en la cola,/ con el nido en los huevos,/con el vuelo en reverso". Era su autorretrato.


[texto leído en el Festival Cultural de la Diversidad Sexual, a propósito de la presentación del poemario Inversa memoria, de César Cañedo, editorial Valparaíso, 2016, del 11al 16 de mayo 2017, Zacatecas, México]

(*) S. Novo, Las locas, el sexo y los burdeles, editorial Diana, México, 1979.

sábado, 20 de mayo de 2017

Diana Azcona Trejo (1982 )

Crónicas de hospital


II

Te vi entrar al quirófano
con la mano vendada y nuestras discusiones
en las piernas.
Saliste de ahí después de tres horasmeses,
a las dos de la tarde.

Llegaste a Terapia intensiva
luciendo un bellísimo y moderno aparato
que medía tu presión intracraneal
y mis remordimientos.

Entré a verte después del espantapájaros.
Le grité al médico:
¡tu habitación no tiene vista al mar!
Lloré por tres minutos sobre tu sábana
y recité Hora de junio
para matar el noventaynuevepuntonueveporciento de los gérmenes
que dejó tu madre durante su visita.

Luego de la ablución, me senté en el corredor a leer
El Lazarillo de Tormes.
Cuando terminé,
habíamos cumplido ya
doce años de no amarnos
y no pude más que maldecirte;
te maldije por haberme dejado aquella noche,
sin farol y sin cigarros.


("caína bella")

viernes, 19 de mayo de 2017

Norah Lange (1905/1972 )

Poemas


I

Vacía la casa donde tantas veces
las palabras incendiaron los rincones.

La noche se anticipa
en el plano mudo
que nadie toca.

Voy a solas desde un recuerdo a otro
abriendo las ventanas
para que tu nombre pueble
la mísera quietud de esta tarde a solas.

Ya nadie inmoviliza las horas largas y cerradas
tanto pudor de niña.

Y tu recuerdo es otra casa

Y mis latidos forman una hilera de pisadas
grande y quieta
por donde yo tropiezo sola.
que van desde su puerta hacia el olvido.

II

Ventana abierta sobre la tarde
con generosidad de mano
que no sabe su limosna.

Ventana, que has ocultado en vano
tanto pudor de niña.

Ventana que se da como un cariño
a las veredas desnudas de niños.

Luego, ventana abierta al alba
con rocío de júbilo riendo en sus cristales.

¡Cuántas veces en el sosiego
de su abrazo amplio
dijo mi pena
su verso cansado!


("el batiscafo rojo")

jueves, 18 de mayo de 2017

Anne Sexton (1928/1974 )

Querer morir


Ya que preguntas, casi nunca puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lujuria retorna.

Ni siquiera entonces guardo rencor a la vida.
Conozco bien la brizna que mencionas,
los muebles que pusiste bajo el sol.

Pero los suicidas hablan un idioma especial.
como los carpinteros, quieren saber qué herramientas.
No preguntan para qué construir.

Dos veces me expresé con tanta sencillez,
poseí al enemigo, comí al enemigo,
adopté su oficio, su magia.

Así, pesada y atenta,
más tibia que el aceite o el agua,
descansé, babeando por el hueco de la boca.

No preví que punzarían mi cuerpo.
Hasta la córnea y la orina sobrante se llevaron.
Los suicidas traicionan al cuerpo de antemano.

Muertos al nacer, no siempre mueren,
encandilados más bien no logran olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños, al mirar, sonreirían.

¡Empujar toda esa vida con la lengua! -
eso, en sí, se vuelve una pasión.
La muerte es un hueso triste; contuso se diría,

y aun así ella me espera, año tras año,
para destejer delicada una vieja herida,
para vaciar mi aliento de su horrenda prisión.

en ese equilibrio, a veces, los suicidas se encuentran,
se ofuscan con la fruta, una luna inflada,
abandonan el pan que confundieron con un beso,

dejan la página del libro abierta al azar,
algo sin decir, el tubo descolgado
y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.



("la ficción del olvido", trad. maría negroni)

miércoles, 17 de mayo de 2017

Nikiforos Vretakos (1912/1991 )

Mis versos se parecen


Mis versos se parecen al dorado contacto del sol sobre la nieve
se parecen a la bondadosa mirada de los caballos
se parecen al peso del alba sobre las margaritas
se parecen al peso de la esperanza sobre el corazón

se parecen a la apacible lluvia sobre las abnegadas ovejas.


("no me quites paz", s/c al traductor)

martes, 16 de mayo de 2017

Beatriz Vignoli (1965 )

Diciembre 31, 2001


Y la vida era esto:

salir a la vereda el treinta y uno
a las doce, ver cómo un vecino
enciende una bengala.

El brazo en alto, inmerso en la luz ígnea.
Un silencio rosado y expectante,
un fuego inmóvil el mundo.

¿Celebra? ¿Pide ayuda? Nada pasa.
Nada llega. Todo al final se apaga.
Pero aquel brazo en alto, aquella duda.


Aquella intensidad.


("el placard")