Letanía del ciego que ve
Que este celeste pan del firmamento
me alimente hasta el último suspiro.
Que estos campos tan fieros y tan puros
me sean buenos, cada día más buenos.
Que si en tiempo de estío se me encienden las manos
con cardos, con ortigas, que al llegar el invierno
los sienta como escarcha en mi tejado.
Que cuando me parezca que he caído,
porque me han derribado,
sólo esté arrodillándome en mi centro.
Que si alguien me golpea muy fuerte
sólo sienta la brisa del pinar, el murmullo
de la fuente serena.
Que si la vida es un acabar,
cual veleta, chirriando en lo más alto,
allá arriba me calme para siempre,
se disuelva mi hierro en el azul.
Que si alguien, de repente, vino para arrancarme
cuanto sembré y planté llorando por las nubes,
me torne en nube yo, me torne en planta,
que sean aún semillas mis dos ojos
en los ojos sin lágrimas del perro.
Que si hay enfermedad sirva para curarme,
sea sólo el inicio de mi renacimiento.
Que si beso y parece que el labio sabe a muerte,
amor venza a la muerte en ese beso.
Que si rindo mi mente y detengo mis pasos,
que si cierro la boca para decirte todo,
y dejo de rozar tu sangre ya sembrada,
que si cierro los ojos y venzo sin luchar
(victoria en la que nada soy ni obtengo),
te tenga a ti, silencio de la cumbre,
o a ese sol abatido que es la nieve,
donde la nada es todo.
Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.
Que si insiste la muerte,
que si avanza la edad, y todo y todos
a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa,
me venza el mundo al fin en esa luz
que restalla.
Y su fuego
me vaya deshaciendo como llama
de vela: despacio, muy despacio,
como giran arriba extasiados los planetas.
("abc.es")
lunes, 15 de mayo de 2017
domingo, 14 de mayo de 2017
Constantino Cavafis (1863/1933 )
La tregua de Nerón
No se turbó Nerón al escuchar
el oráculo de Delfos
"Guárdate del año setenta y tres".
Cuánto tiempo aún para gozar.
Tiene treinta años. Amplio en verdad
es el período concedido por el dios
para inquietarse ante futuros peligros.
Ahora vuelve a Roma algo cansado,
espléndidamente fatigado tras un viaje cuyas jornadas
fueron continuación de placenteros días
en teatros, jardines y gimnasios...
Noches en ciudades aqueas...
Y sobre todo la delicia de los cuerpos desnudos...
Así Nerón. Y en España, Galba
secretamente dispone y adiestra su ejército,
un anciano de setenta y tres años.
("cómo cantaba mayo en la noche", trad, josé maría álvarez)
No se turbó Nerón al escuchar
el oráculo de Delfos
"Guárdate del año setenta y tres".
Cuánto tiempo aún para gozar.
Tiene treinta años. Amplio en verdad
es el período concedido por el dios
para inquietarse ante futuros peligros.
Ahora vuelve a Roma algo cansado,
espléndidamente fatigado tras un viaje cuyas jornadas
fueron continuación de placenteros días
en teatros, jardines y gimnasios...
Noches en ciudades aqueas...
Y sobre todo la delicia de los cuerpos desnudos...
Así Nerón. Y en España, Galba
secretamente dispone y adiestra su ejército,
un anciano de setenta y tres años.
("cómo cantaba mayo en la noche", trad, josé maría álvarez)
sábado, 13 de mayo de 2017
Anna Ajmátova (1889/1966 )
Unos van por un sendero recto
Unos van por un sendero recto,
Otros caminan en círculo,
Añoran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
Unos van por un sendero recto,
Otros caminan en círculo,
Añoran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
("biblioteca de poesía contemporánea")
viernes, 12 de mayo de 2017
Rolando Revagliatti (1945 )
Vivir con
Mara se negó a vivir con Albert
Albert se negó a vivir con Geraldine
Geraldine se negó a seguir viviendo con Enrique
Enrique se negó a vivir con Irineo
Irineo se negó a vivir con sus hijos
Los hijos de Irineo se negaron a vivir con la madre de Irineo
La madre de Irineo se negó a seguir viviendo con su marido
El marido de la madre de Irineo se negó a vivir con Elvira o con
Amelia
Amelia y Elvira se fueron a vivir juntas
pero negándose a vivir también
con la prima de Elvira, Clarisa
Clarisa se negó a vivir con Rogelio
Rogelio se negó a vivir en el remordimiento
de haberse negado siempre a vivir con Ofelia
y ahora espera que en tiempo y forma
la pólvora activada en ese grosero
collar que rodea su cuello
lo explote en el aire.
("marcelo leites")
Mara se negó a vivir con Albert
Albert se negó a vivir con Geraldine
Geraldine se negó a seguir viviendo con Enrique
Enrique se negó a vivir con Irineo
Irineo se negó a vivir con sus hijos
Los hijos de Irineo se negaron a vivir con la madre de Irineo
La madre de Irineo se negó a seguir viviendo con su marido
El marido de la madre de Irineo se negó a vivir con Elvira o con
Amelia
Amelia y Elvira se fueron a vivir juntas
pero negándose a vivir también
con la prima de Elvira, Clarisa
Clarisa se negó a vivir con Rogelio
Rogelio se negó a vivir en el remordimiento
de haberse negado siempre a vivir con Ofelia
y ahora espera que en tiempo y forma
la pólvora activada en ese grosero
collar que rodea su cuello
lo explote en el aire.
("marcelo leites")
jueves, 11 de mayo de 2017
José Luis García Martín (1950 )
Telón
Has jugado. Has perdido. Sonríes
con desgano y desdén a la vida.
Como el mendigo que una vez fue rey,
sereno arrastras por la calle sola
el desgarrado manto de la noche.
[ruadaspretas.]
Has jugado. Has perdido. Sonríes
con desgano y desdén a la vida.
Como el mendigo que una vez fue rey,
sereno arrastras por la calle sola
el desgarrado manto de la noche.
[ruadaspretas.]
miércoles, 10 de mayo de 2017
José Watanabe (1945/2007 )
La mantis religiosa
Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de
mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
Y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.
(muro "hablar de poesía" en fb)
Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de
mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
Y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.
(muro "hablar de poesía" en fb)
martes, 9 de mayo de 2017
Isaac Esau Carrillo Can (1983 )
Conjuro para poseer a la noche
Toma
nueve mariposas negras,
nueve luciérnagas,
nueve ladridos de perro,
nueve diferentes silencios,
nueve diferentes penumbras,
nueve cantos de lechuza,
nueve gotas de ponzoña de tarántula,
nueve gotas de sangre de mosco,
nueve chillidos de murciélago,
ponlos en una jícara blanca,
machácalos mientras pides tu deseo,
agrega un poco de agua de cenote,
bébelo
en ayunas
durante nueve noches,
en medio de la noche,
en la soledad de la noche,
pronuncia en silencio su nombre,
dile que venga a tu lado,
que se desnude,
que se acueste en tu hamaca,
que se venga junto a ti,
que coma tu carne,
que te cante al oído,
que encienda la lumbre de tus ojos,
que corra por tu espalda,
que se pierda en el monte de la lujuria,
que augure que se quedará contigo,
hoy,
mañana,
o siempre.
("círculo de poesía")
Toma
nueve mariposas negras,
nueve luciérnagas,
nueve ladridos de perro,
nueve diferentes silencios,
nueve diferentes penumbras,
nueve cantos de lechuza,
nueve gotas de ponzoña de tarántula,
nueve gotas de sangre de mosco,
nueve chillidos de murciélago,
ponlos en una jícara blanca,
machácalos mientras pides tu deseo,
agrega un poco de agua de cenote,
bébelo
en ayunas
durante nueve noches,
en medio de la noche,
en la soledad de la noche,
pronuncia en silencio su nombre,
dile que venga a tu lado,
que se desnude,
que se acueste en tu hamaca,
que se venga junto a ti,
que coma tu carne,
que te cante al oído,
que encienda la lumbre de tus ojos,
que corra por tu espalda,
que se pierda en el monte de la lujuria,
que augure que se quedará contigo,
hoy,
mañana,
o siempre.
("círculo de poesía")
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