Teléfono
A medianoche, en Nueva York,
ella, emergiendo de los mares del sueño,
escucha esa palabra cargada de agua azul
como otro sueño: Adriático,
y sobre un ajedrez de hierro y luna
acaso ve las naves.
("un libro por centavo", no.28, pdf)
Lucila Godoy
Ven y dale otra vez tu calor a mis labios
antes que sean ceniza,
y contempla conmigo la bóveda del cielo
antes de que se arruinen sus cadastros,
y miremos la luna blanca y perfecta
que un día yacerá en pedazos sobre la llanura,
y miremos el sol antes de que se desangre
en el atormentado crepúsculo del mundo.
Ven y acaricia mi cabeza
donde se habrán de destejer los abismos,
llena con tu hermosura mis pupilas
que verán disgregarse los Palacios,
toma en las tuyas tibias mis manos blancas
que un día no hallarán asidero en lo inmenso,
pon tu cabeza en mi pecho, oye cantar a mi corazón
que un día en su quietud matará a las estrellas.
Oye otra vez mi voz en el viento,
aún puedo nombrar los limones y el vino
que al final se unirán en su amargura,
ven y contemos todavía los hilos de la luz de septiembre
antes de que los corte la tijera de octubre.
Hay un gran espectáculo en el cielo: una nube,
gózala junto a mí antes que arrecie el viento.
Acércate y desnúdame de estos pesados mantos
antes que el tiempo me desnude de mí,
toca mi arcilla estremecida
antes que sea tristeza en el tiempo.
Mis senos tiemblan para ti, cruel amigo,
y no los cubres con tus manos ardientes,
ven y cierra los ojos junto a mí, siente el bosque
lleno de mi perfume,
antes que este esplendor sea despojo.
Qué triste es ver que es inútil la luna,
ese ciego cristal resplandeciente,
que por el bosque huyen las voces recias de los cazadores
y no hay quien tome a la agitada liebre,
qué tristes las ciudades llenas de tristes rostros,
porque el único rostro fue al destierro.
En tu exilio de huesos, en tu exilio de sombras,
en tu pecho de hierba, en tu silencio,
compadece a esta pájara cautiva en la tremenda jaula del mundo,
entre el mar y la estrella,
amigo mío diluido en la muerte,
mientras yo miro como abeja enferma
la rosa inhabitable.
(ibid)
sábado, 7 de enero de 2017
viernes, 6 de enero de 2017
Zbigniew Herbert (1924/1998 )
Dos gotas
Los bosques ardían-
y ellos
en sus cuellos enredaban los brazos
como ramos de rosas
la gente corría a los refugios
él decía que su esposa tenía cabellos
en los que uno podía esconderse
cubiertos con una sola manta
musitaban impúdicas palabras
la letanía de los amantes
Si la cosa se ponía fea
saltaban en los ojos del otro
y los cerraban con fuerza
con tanta fuerza que no sintieron el fuego
que alcanzaba sus pestañas
hasta el final fueron audaces
hasta el final fueron fieles
hasta el final fueron parecidos
como dos gotas
detenidas al borde de la cara.
("infierno alegre", s/c al traductor)
Los bosques ardían-
y ellos
en sus cuellos enredaban los brazos
como ramos de rosas
la gente corría a los refugios
él decía que su esposa tenía cabellos
en los que uno podía esconderse
cubiertos con una sola manta
musitaban impúdicas palabras
la letanía de los amantes
Si la cosa se ponía fea
saltaban en los ojos del otro
y los cerraban con fuerza
con tanta fuerza que no sintieron el fuego
que alcanzaba sus pestañas
hasta el final fueron audaces
hasta el final fueron fieles
hasta el final fueron parecidos
como dos gotas
detenidas al borde de la cara.
("infierno alegre", s/c al traductor)
jueves, 5 de enero de 2017
Lêdo Ivo (1924/2012 )
Las necesidades
Una puerta cerrada no es suficiente para que un hombre
esconda su amor. También necesita una puerta abierta
para poder partir y perderse entre la multitud cuando ese amor estalle
como un barril de pólvora en el arsenal alcanzado por el rayo.
No basta un techo para que un hombre se proteja
del calor y de la tempestad. Para huir del relámpago,
cuando la lluvia cae en el silencio del mundo
abierto como una fruta entre dos estruendos,
él necesita un cuerpo tendido sobre la cama,
un cuerpo al alcance de su mano
todavía temerosa de avanzar en la oscuridad.
En la noche que declina, en el día que nace,
el hombre necesita de todo: del amor y del rayo.
("neorrabioso", trad. guadalupe grande y juan carlos mestre)
Una puerta cerrada no es suficiente para que un hombre
esconda su amor. También necesita una puerta abierta
para poder partir y perderse entre la multitud cuando ese amor estalle
como un barril de pólvora en el arsenal alcanzado por el rayo.
No basta un techo para que un hombre se proteja
del calor y de la tempestad. Para huir del relámpago,
cuando la lluvia cae en el silencio del mundo
abierto como una fruta entre dos estruendos,
él necesita un cuerpo tendido sobre la cama,
un cuerpo al alcance de su mano
todavía temerosa de avanzar en la oscuridad.
En la noche que declina, en el día que nace,
el hombre necesita de todo: del amor y del rayo.
("neorrabioso", trad. guadalupe grande y juan carlos mestre)
miércoles, 4 de enero de 2017
Conceição Lima (1961 )
Ignominia
Mientras la hoja del alfanje avanzaba
Sobre el miedo atrincherado
El mundo desperezaba un párpado,
Vacilaba.
Y cuando el ojo de la cámara
Rasgó por fin el silencio
Un metódico vendaval ensangrentó
Para siempre las aguas y los campos.
Las altas conciencias que en el universo
El caos ordenan
Rescataron el sosiego en la fluidez
De urgentes relatorios
Y en la incierta estadística de los esqueletos.
("no me quites paz", s/c al traductor)
Mientras la hoja del alfanje avanzaba
Sobre el miedo atrincherado
El mundo desperezaba un párpado,
Vacilaba.
Y cuando el ojo de la cámara
Rasgó por fin el silencio
Un metódico vendaval ensangrentó
Para siempre las aguas y los campos.
Las altas conciencias que en el universo
El caos ordenan
Rescataron el sosiego en la fluidez
De urgentes relatorios
Y en la incierta estadística de los esqueletos.
("no me quites paz", s/c al traductor)
martes, 3 de enero de 2017
Frank Stanford (1948/1978 )
Todos los que están muertos
Cuando un hombre ya sabe que otro
lo anda buscando,
el hombre no se oculta.
No se espera
a pasar otra noche
con su esposa
o a acostar a sus hijos.
Se pone una camisa limpia y un traje oscuro,
y va a la barbería
para dejar que otro lo rasure.
Cierra los ojos,
se recuerda a sí mismo cuando niño, desnudo
y recostado en una roca junto al agua.
El hombre pide, luego, la loción especial.
Los viejos se colocan junto a la silla, en fila,
y el barbero rocía un poco a cada uno
de ellos en las manos.
Cuando un hombre ya sabe que otro
lo anda buscando,
el hombre no se oculta.
No se espera
a pasar otra noche
con su esposa
o a acostar a sus hijos.
Se pone una camisa limpia y un traje oscuro,
y va a la barbería
para dejar que otro lo rasure.
Cierra los ojos,
se recuerda a sí mismo cuando niño, desnudo
y recostado en una roca junto al agua.
El hombre pide, luego, la loción especial.
Los viejos se colocan junto a la silla, en fila,
y el barbero rocía un poco a cada uno
de ellos en las manos.
("el poeta ocasional", tr. hernán bravo varela)
lunes, 2 de enero de 2017
Alejandro Romualdo (1926/2008 )
Sobre la infancia
La infancia nos llena la cabeza de luciérnagas
de polvo las rodillas y los ojos nos cubre
dulcemente. La infancia nos llena las manos
de globos y limosnas; la boca, de pitos y azucenas
y nos cubre las espaldas con sus plumas de cigüeña.
En la infancia son monarcas los ratones y los dientes.
¡Oh la infancia, la hora blanca del reloj,
el tierno silabario, el bonete de los ángeles y el duende!
Uno se siente nuevo, herido por un corcho,
muerto heroicamente sobre un caballo de madera:
amo mi infancia, mi corazón en pantalones cortos.
("vallejo y co.")
La infancia nos llena la cabeza de luciérnagas
de polvo las rodillas y los ojos nos cubre
dulcemente. La infancia nos llena las manos
de globos y limosnas; la boca, de pitos y azucenas
y nos cubre las espaldas con sus plumas de cigüeña.
En la infancia son monarcas los ratones y los dientes.
¡Oh la infancia, la hora blanca del reloj,
el tierno silabario, el bonete de los ángeles y el duende!
Uno se siente nuevo, herido por un corcho,
muerto heroicamente sobre un caballo de madera:
amo mi infancia, mi corazón en pantalones cortos.
("vallejo y co.")
domingo, 1 de enero de 2017
Gonzalo Rojas (1917/2011 )
A veces pienso quién
A veces pienso quién, quién estará viviendo ronco de mi
juventud
con sus mismas espinas, liviano y vagabundo,
nadando en el oleaje de las calles horribles, sin un
cobre,
remoto, y más flexible: con tres noches radiantes en las
sienes
y el olor de la hermosa todavía en el tacto.
Dónde andará, qué tablas le tocará dormir a su coraje,
qué sopa devorar, cuál será su secreto
para tener veinte años y cortar en sus llamas las
páginas violentas.
Porque el endemoniado repetirá también el mismo
error
y de él aprenderá, si se cumple en su mano la
escritura.
("antología personal", coed. premi-unam, méx., 1988)
A veces pienso quién, quién estará viviendo ronco de mi
juventud
con sus mismas espinas, liviano y vagabundo,
nadando en el oleaje de las calles horribles, sin un
cobre,
remoto, y más flexible: con tres noches radiantes en las
sienes
y el olor de la hermosa todavía en el tacto.
Dónde andará, qué tablas le tocará dormir a su coraje,
qué sopa devorar, cuál será su secreto
para tener veinte años y cortar en sus llamas las
páginas violentas.
Porque el endemoniado repetirá también el mismo
error
y de él aprenderá, si se cumple en su mano la
escritura.
("antología personal", coed. premi-unam, méx., 1988)
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