Como reconocimiento a la forma en que ha aglutinado el hartazgo social generado por la “guerra” contra el crimen organizado, el poeta Javier Sicilia se hizo acreedor al Premio de Derechos Humanos People’s Choice, que otorga anualmente la organización internacional Global Exchange (GE).
Ted Lewis, director del programa de derechos humanos de GE, explicó en entrevista con La Jornada la forma en que el creador ganó dicho reconocimiento, y señaló que la labor de éste después del asesinato de su hijo pretende rescatar a un país que vive “momentos agonizantes” por la actual ola de violencia.
“La decisión de reconocer al escritor Javier Sicilia no fue nuestra, porque este premio es otorgado por la gente que entra a nuestro sitio web. El concurso empezó en febrero y cinco días antes de que cerrara, una persona lo incluyó. Finalmente ganó con más de mil 200 votos”, señaló el activista.
Lewis consideró que hay “una necesidad urgente de que personas como Sicilia se lancen a decir lo que hace falta: esta guerra contra el narco ha resultado el fracaso más grande de la historia del país en términos de violencia”.
En meses recientes, personal de GE ha visitado con frecuencia Ciudad Juárez y ha registrado el nacimiento de un movimiento ciudadano “que lucha por algo decente”, sin encontrar eco en sus esfuerzos por parte del gobierno, aseveró.
“Lo que ha hecho el poeta Javier Sicilia –nominado entre más de 70 personas– es dar un espacio para pensar en una estrategia nueva, desde la sociedad civil, porque los funcionarios no están en condiciones de hacer algo diferente ahora. Siguen con sus dogmas y parece que no tienen capacidad para recuperar el rumbo”.
Como consecuencia de la “guerra” contra el narcotráfico, estimó Lewis, “México vive momentos agonizantes y no percibimos a corto plazo ningún freno para esta situación. Parece que va hacia el abismo y eso nos preocupa”.
De acuerdo con el activista, la situación de violencia e inestabilidad en México ya es “similar a la de Irak o Afganistán”, y a ello han contribuido la demanda de drogas de Estados Unidos y su falta de control en la venta de armas. Aunque esta información es conocida y aceptada al sur del río Bravo, al norte de la línea fronteriza no ha sido del todo difundida, ni se le admite como válida, lamentó.
Ante la falta de opciones gubernamentales, y el nivel de involucramiento del Ejército y las policías en el clima de violencia, “vemos con esperanza lo que está haciendo la sociedad civil. Esperamos que la marcha del próximo 5 de mayo sea un llamado que se escuche en México, Estados Unidos y el resto del mundo. Si no, perderemos la posibilidad de tener vida civilizada en este continente”.
Con la convocatoria de Sicilia, “también vemos un nuevo impulso a la unificación de los periodistas y los defensores de derechos humanos. Es algo nuevo y frágil, pero lo vemos como una respuesta muy importante”.
El Premio People’s Choice, de Global Exchange, ha sido otorgado antes a activistas con una labor destacada en la defensa del medio ambiente, el comercio justo y las garantías individuales, entre ellos Mu Sochua (Camboya), Raúl del Águila (Perú) y Van Jones (Estados Unidos).
(nota tomada del diario La Jornada.)
miércoles, 4 de mayo de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
CIBERNAUTAS HASTA EL CULO
México.- Cibernautas han utilizado la aplicación google maps para organizar las ciudades y municipios que se unirán a la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia, convocada por el poeta Javier Sicilia.
A través de la cuenta de Twitter @mxhastalamadre, se ha divulgado los detalles de cada una de las marchas que se realizan tanto en México como en ciudades del mundo.
Puedes consultar en este link, los datos de las 31 ciudades en México y 17 en el extranjero que participarán:
Ciudades en México
Mexicali, Baja California
Tijuana, Baja California
San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Chihuahua, Chihuahua
Ciudad Juárez, Chihuahua
Saltillo, Coahuila
Colima, Colima
Distrito Federal
Durango, Durango
Toluca, Estado de México
Valle de Bravo, Estado de México
Acámbaro, Guanajuato
León, Guanajuato
Acapulco, Guerrero
Pachuca, Hidalgo
Guadalajara, Jalisco
Morelia, Michoacán
Cuernavaca, Morelos
Tepic, Nayarit
Monterrey, Nuevo León
Puebla, Puebla
Chetumal, Quintana Roo
Cozumel, Quintana Roo
San Luis Potosí, San Luis Potosí
Hermosillo, Sonora
Tlaxcala, Tlaxcala
Comarca Lagunera, Torreón
Puerto de Veracruz, Veracruz
Xalapa, Veracruz
Mérida, Yucatán
Ciudades alrededor del mundo
Frankfurt, Alemania
Berlín, Alemania
Hamburgo, Alemania
Río de Janeiro, Brasil
San Francisco, California
Montreal, Canadá
St. Andrews, Escocia
Barcelona, España
París, Francia
Marsella, Francia
La Haya, Holanda
Nueva York, Nueva York
Mesilla, Nuevo México
Londres, Reino Unido
Dallas, Texas
Houston, Texas
Seattle, Washington
(Nota: También habrá marcha silenciosa en Zacatecas, que culminará en la Plaza Bicentenario, antes ex Central Camionera. Nota reproducida de Milenio diario.)
A través de la cuenta de Twitter @mxhastalamadre, se ha divulgado los detalles de cada una de las marchas que se realizan tanto en México como en ciudades del mundo.
Puedes consultar en este link, los datos de las 31 ciudades en México y 17 en el extranjero que participarán:
Ciudades en México
Mexicali, Baja California
Tijuana, Baja California
San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Chihuahua, Chihuahua
Ciudad Juárez, Chihuahua
Saltillo, Coahuila
Colima, Colima
Distrito Federal
Durango, Durango
Toluca, Estado de México
Valle de Bravo, Estado de México
Acámbaro, Guanajuato
León, Guanajuato
Acapulco, Guerrero
Pachuca, Hidalgo
Guadalajara, Jalisco
Morelia, Michoacán
Cuernavaca, Morelos
Tepic, Nayarit
Monterrey, Nuevo León
Puebla, Puebla
Chetumal, Quintana Roo
Cozumel, Quintana Roo
San Luis Potosí, San Luis Potosí
Hermosillo, Sonora
Tlaxcala, Tlaxcala
Comarca Lagunera, Torreón
Puerto de Veracruz, Veracruz
Xalapa, Veracruz
Mérida, Yucatán
Ciudades alrededor del mundo
Frankfurt, Alemania
Berlín, Alemania
Hamburgo, Alemania
Río de Janeiro, Brasil
San Francisco, California
Montreal, Canadá
St. Andrews, Escocia
Barcelona, España
París, Francia
Marsella, Francia
La Haya, Holanda
Nueva York, Nueva York
Mesilla, Nuevo México
Londres, Reino Unido
Dallas, Texas
Houston, Texas
Seattle, Washington
(Nota: También habrá marcha silenciosa en Zacatecas, que culminará en la Plaza Bicentenario, antes ex Central Camionera. Nota reproducida de Milenio diario.)
GONZALO ROJAS, VOZ PLURAL
MÉXICO, DF., 2 de mayo.- “Me arranco y me arranco los ojos cada día que pasa./ No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día”. Estos dos versos que tan bien describen la pesadumbre de vivir en México en 2011 pertenecen a Contra la muerte que Gonzalo Rojas publicó en l964.
Del mismo modo un poema de “La miseria del hombre”, su primer libro de l948, tiene para nosotros una nueva e inesperada resonancia como la tuvo para el Chile de l973:
“Todos caen y caen, y van perdiendo el bulto en su caída
hasta que son la tierra milenaria y primorosa…
Aquí cae mi pueblo a esta olla podrida de la fosa común. Aquí es salitre el rostro de mi pueblo.”
Del Arauco indomable
Rojas había nacido en Lebu, capital del viejo Arauco indomable, en los últimos días de l9l7, es decir en l918, el año en que Vicente Huidobro publicó en Madrid el vasto poema Ecuatorial y la serie de textos en prosa titulada Poemas árticos. Así empezó la vanguardia en lengua española.
En 1938, a sus 20 años, formó parte por breve tiempo del Grupo Mandrágora integrado por Braulio Arenas, Teófilo Cid, Enrique Gómez Correa y Jorge Cáceres, que llevó el surrealismo a Chile. Fue también el momento de Tala de Gabriela Mistral. Los jóvenes de Mandrágora no supieron leer Tala y sin embargo la Mistral le dio a Rojas la honda materialidad de su poesía.
El joven poeta del sur abandonó sus estudios universitarios para irse al norte, al desierto de Atacama, en donde enseñó y recibió la lección de los mineros. En una edición muy pobre y pagada por el autor, salió en una imprenta de Valparaíso La miseria del hombre (l948). Fue recibido con una animosidad inconcebible ante el surgimiento de una nueva voz. El mayor cargo que se alzó contra él: su inmoralidad. El cuerpo del delito era sobre todo: “Perdí mi juventud”, en que el hablante, un muchacho de 20 años, entra en el burdel y halla en el salón el velorio de la prostituta adolescente a la que frecuentaba:
“Un coro de rameras te velaba
de rodillas, oh hermosa
llama de mi placer, y hasta diez velas
honraban con su llanto el sacrificio,
y allí donde bailaste
desnuda para mí, todo era olor a muerte.”
De la poesía sin boom
En l960 Rojas organizó en la Universidad de Concepción un encuentro de escritores iberoamericanos que hoy se considera el origen del boom, pues dio a los autores de nuestros países, que eran jóvenes en ese instante, la oportunidad de tratarse y reconocerse, algo que no había ocurrido desde los tiempos del modernismo, cuando los poetas del continente pudieron relacionarse en París y en Madrid.
El auge de la narrativa fue paralelo al de la poesía. Por razones de mercadeo, la poesía no obtuvo la resonancia que hallaron los novelistas. Sin embargo, cuando en l964 Rojas publicó Contra la muerte su destino fue muy distinto al que había tenido La miseria del hombre. A partir de entonces Rojas fue leído en todo el ámbito de la lengua española.
Sus libros siguientes, como Oscuro, Transtierro, Del relámpago, 50 poemas, Materia de testamento, Desocupado lector, Río turbio o Diálogo con Ovidio encontraron el mayor interés y la más honda aceptación. Rojas es hoy el poeta de lengua española con más ediciones, compilaciones y antologías –por ejemplo Concierto (l935-2003), selección y prólogo de Nicanor Vélez– y obtuvo con la mayor justicia todos los premios: Reina Sofía, José Hernández, Octavio Paz y en 2004 el Cervantes. Esto exigió un precio trágico pues marginó sin quererlo a Nicanor Parra, el gran autor de Poemas y atipoemas, que se acerca a los cien años sin obtener como merece un reconocimiento semejante.
Apollinaire y Ovidio
Rojas es un caso singular pues en un ambiente poético como el chileno célebre por su belicosidad él no peleó. A la ilusión de destruir prefirió siempre la tarea de anexar y colonizar. Se apropió para sus fines de toda la vanguardia pero también de la tradición clásica y la poesía de los siglos de oro. Respondió en esto a la teoría de Federico de Onís en el sentido de que la literatura hispanoamericana hace compatible lo que en Europa es irreconciliable y vuelve simultáneo lo que allá es sucesivo. Sólo una inteligencia crítica de primer orden puede haberse apropiado de lo más dispar y encontrado en todo ello la fuente de su originalidad.
Como Rubén Bonifaz Nuño, Rojas creó una versificación enteramente nueva en español que se aparta del empleo abrumador, aunque a veces oculto, del octosílabo y el endecasílabo. Poesía para el ojo y para el oído, la de Rojas reivindica al verso como la unidad esencial del poema y le da la fuerza de la respiración y el ritmo de la sangre.
El río del aire
Así como otros se vanaglorian de sus metamorfosis, Rojas estaba orgulloso de haber nacido adulto para su arte y no haber cambiado nunca. Le gustaba incluir en sus libros de madurez y aun de vejez poemas del joven y del adolescente, como para decirle a su lector: “Mira, es igualito”.
Por supuesto no era así: Rojas cambió y enriqueció su poesía hasta sus últimas páginas. Si en cada nuevo libro resucitaba textos de otros libros era para subrayar su idea de la poesía como un río al que nada detiene, es distinto a cada segundo y es el mismo siempre.
La noción de fluidez se vuelve tan definitoria para Rojas como la idea de la respiración. Sus poemas se escuchan y se aspiran:
I
“Miro el aire en el aire, pasarán
estos años cuántos de viento sucio
debajo del párpado cuántos
del exilio,
2
comeré tierra
de la Tierra bajo las tablas
del cementerio, me haré ojo,
oleaje me haré
3
parado
en la roca de la identidad, este
hueso y no otro me haré, esta
música mía córnea
4
por hueca.
Parto
Soy, parto seré.
Parto, parto, parto.
Del misterioso llanto en maya
Rojas puede serlo todo: íntimo y público, erótico y político. Su obra está dirigida no a los lectores sino a los relectores. Es imposible e indeseable pasar de prisa por sus descensos a los abismos del mar y a las profundidades de la Tierra y las cavidades para siempre ignotas de los seres humanos.
Su relación con México, iniciada en l959, requiere un capítulo aparte para ver la manera en que Juan Rulfo aparece y reaparece en sus versos. Hay una extensa correspondencia con Paz que está por conocerse todavía. Y entre sus alusiones mexicanas llama la atención esta estrofa enigmática en “Nieve de Provo”:
“Alabado sea México porque es esdrújulo como el hado
y dél, de
sus ruinas siguen apareciendo recién nacidos intactos
después del sacudón, llorando
en maya, adivinos.”
En este poema de l986 la alusión a los bebés de l985 que sobrevivieron entre las ruinas del Hospital General es transparente, no así el que lloren en maya ocho años antes del neozapatismo, y más inquietante aun el que su llanto parezca lamentar desde ese año remoto lo que nos ocurre en 20ll. Desde su pasado-presente los niños lloran por todos los huérfanos de la guerra que devasta a México.
Uno jamás se cansará de leer y releer a Gonzalo Rojas.
(Lector inexorable y disciplinado, José Emilio Pacheco ha hecho una síntesis admirable de las voces múltiples que habitaron al poeta chileno recién fallecido, padre quizá -junto con Nicanor Parra-, de la literatura chilena del siglo veinte. Ensayo tomado de Proceso.)
Del mismo modo un poema de “La miseria del hombre”, su primer libro de l948, tiene para nosotros una nueva e inesperada resonancia como la tuvo para el Chile de l973:
“Todos caen y caen, y van perdiendo el bulto en su caída
hasta que son la tierra milenaria y primorosa…
Aquí cae mi pueblo a esta olla podrida de la fosa común. Aquí es salitre el rostro de mi pueblo.”
Del Arauco indomable
Rojas había nacido en Lebu, capital del viejo Arauco indomable, en los últimos días de l9l7, es decir en l918, el año en que Vicente Huidobro publicó en Madrid el vasto poema Ecuatorial y la serie de textos en prosa titulada Poemas árticos. Así empezó la vanguardia en lengua española.
En 1938, a sus 20 años, formó parte por breve tiempo del Grupo Mandrágora integrado por Braulio Arenas, Teófilo Cid, Enrique Gómez Correa y Jorge Cáceres, que llevó el surrealismo a Chile. Fue también el momento de Tala de Gabriela Mistral. Los jóvenes de Mandrágora no supieron leer Tala y sin embargo la Mistral le dio a Rojas la honda materialidad de su poesía.
El joven poeta del sur abandonó sus estudios universitarios para irse al norte, al desierto de Atacama, en donde enseñó y recibió la lección de los mineros. En una edición muy pobre y pagada por el autor, salió en una imprenta de Valparaíso La miseria del hombre (l948). Fue recibido con una animosidad inconcebible ante el surgimiento de una nueva voz. El mayor cargo que se alzó contra él: su inmoralidad. El cuerpo del delito era sobre todo: “Perdí mi juventud”, en que el hablante, un muchacho de 20 años, entra en el burdel y halla en el salón el velorio de la prostituta adolescente a la que frecuentaba:
“Un coro de rameras te velaba
de rodillas, oh hermosa
llama de mi placer, y hasta diez velas
honraban con su llanto el sacrificio,
y allí donde bailaste
desnuda para mí, todo era olor a muerte.”
De la poesía sin boom
En l960 Rojas organizó en la Universidad de Concepción un encuentro de escritores iberoamericanos que hoy se considera el origen del boom, pues dio a los autores de nuestros países, que eran jóvenes en ese instante, la oportunidad de tratarse y reconocerse, algo que no había ocurrido desde los tiempos del modernismo, cuando los poetas del continente pudieron relacionarse en París y en Madrid.
El auge de la narrativa fue paralelo al de la poesía. Por razones de mercadeo, la poesía no obtuvo la resonancia que hallaron los novelistas. Sin embargo, cuando en l964 Rojas publicó Contra la muerte su destino fue muy distinto al que había tenido La miseria del hombre. A partir de entonces Rojas fue leído en todo el ámbito de la lengua española.
Sus libros siguientes, como Oscuro, Transtierro, Del relámpago, 50 poemas, Materia de testamento, Desocupado lector, Río turbio o Diálogo con Ovidio encontraron el mayor interés y la más honda aceptación. Rojas es hoy el poeta de lengua española con más ediciones, compilaciones y antologías –por ejemplo Concierto (l935-2003), selección y prólogo de Nicanor Vélez– y obtuvo con la mayor justicia todos los premios: Reina Sofía, José Hernández, Octavio Paz y en 2004 el Cervantes. Esto exigió un precio trágico pues marginó sin quererlo a Nicanor Parra, el gran autor de Poemas y atipoemas, que se acerca a los cien años sin obtener como merece un reconocimiento semejante.
Apollinaire y Ovidio
Rojas es un caso singular pues en un ambiente poético como el chileno célebre por su belicosidad él no peleó. A la ilusión de destruir prefirió siempre la tarea de anexar y colonizar. Se apropió para sus fines de toda la vanguardia pero también de la tradición clásica y la poesía de los siglos de oro. Respondió en esto a la teoría de Federico de Onís en el sentido de que la literatura hispanoamericana hace compatible lo que en Europa es irreconciliable y vuelve simultáneo lo que allá es sucesivo. Sólo una inteligencia crítica de primer orden puede haberse apropiado de lo más dispar y encontrado en todo ello la fuente de su originalidad.
Como Rubén Bonifaz Nuño, Rojas creó una versificación enteramente nueva en español que se aparta del empleo abrumador, aunque a veces oculto, del octosílabo y el endecasílabo. Poesía para el ojo y para el oído, la de Rojas reivindica al verso como la unidad esencial del poema y le da la fuerza de la respiración y el ritmo de la sangre.
El río del aire
Así como otros se vanaglorian de sus metamorfosis, Rojas estaba orgulloso de haber nacido adulto para su arte y no haber cambiado nunca. Le gustaba incluir en sus libros de madurez y aun de vejez poemas del joven y del adolescente, como para decirle a su lector: “Mira, es igualito”.
Por supuesto no era así: Rojas cambió y enriqueció su poesía hasta sus últimas páginas. Si en cada nuevo libro resucitaba textos de otros libros era para subrayar su idea de la poesía como un río al que nada detiene, es distinto a cada segundo y es el mismo siempre.
La noción de fluidez se vuelve tan definitoria para Rojas como la idea de la respiración. Sus poemas se escuchan y se aspiran:
I
“Miro el aire en el aire, pasarán
estos años cuántos de viento sucio
debajo del párpado cuántos
del exilio,
2
comeré tierra
de la Tierra bajo las tablas
del cementerio, me haré ojo,
oleaje me haré
3
parado
en la roca de la identidad, este
hueso y no otro me haré, esta
música mía córnea
4
por hueca.
Parto
Soy, parto seré.
Parto, parto, parto.
Del misterioso llanto en maya
Rojas puede serlo todo: íntimo y público, erótico y político. Su obra está dirigida no a los lectores sino a los relectores. Es imposible e indeseable pasar de prisa por sus descensos a los abismos del mar y a las profundidades de la Tierra y las cavidades para siempre ignotas de los seres humanos.
Su relación con México, iniciada en l959, requiere un capítulo aparte para ver la manera en que Juan Rulfo aparece y reaparece en sus versos. Hay una extensa correspondencia con Paz que está por conocerse todavía. Y entre sus alusiones mexicanas llama la atención esta estrofa enigmática en “Nieve de Provo”:
“Alabado sea México porque es esdrújulo como el hado
y dél, de
sus ruinas siguen apareciendo recién nacidos intactos
después del sacudón, llorando
en maya, adivinos.”
En este poema de l986 la alusión a los bebés de l985 que sobrevivieron entre las ruinas del Hospital General es transparente, no así el que lloren en maya ocho años antes del neozapatismo, y más inquietante aun el que su llanto parezca lamentar desde ese año remoto lo que nos ocurre en 20ll. Desde su pasado-presente los niños lloran por todos los huérfanos de la guerra que devasta a México.
Uno jamás se cansará de leer y releer a Gonzalo Rojas.
(Lector inexorable y disciplinado, José Emilio Pacheco ha hecho una síntesis admirable de las voces múltiples que habitaron al poeta chileno recién fallecido, padre quizá -junto con Nicanor Parra-, de la literatura chilena del siglo veinte. Ensayo tomado de Proceso.)
APUNTES SOBRE LA ENFERMEDAD
Agosto de 2009. Consulta con el hepatólogo en el Hospital Muñiz. En los primeros análisis que me mandó a hacer, dieron positivas las hepatitis B y C. Me da más órdenes para hacer más estudios. Le pregunto si tengo que hacer alguna dieta. "Cero alcohol" me contesta. Me voy sabiendo que "cero alcohol" no voy a poder. Cuando se lo comento a mi infectólogo, él concede: "Tomá solamente vino tinto". Yo sigo tomando lo que sea, pero mucho menos. Resuelvo, en favor de poder seguir tomando alcohol, suspender los alimentos que por saber popular se evitan cuando se está mal del hígado: fritos, chocolate... Empiezo a tomar té de cardo mariano, un reconstituyente hepático.
Septiembre de 2009. Se me pasaron los turnos de los análisis que tenía que hacer. Me da pereza volver al hospital para pedirlos de nuevo.
Febrero de 2011. Pasaron tres años desde la última visita al hepatólogo. Me siento cansado, solo quiero dormir. Pienso que tal vez se deba a la hepatitis. Vuelvo al servicio de Hepatología del Muñiz con las órdenes de análisis vencidas para ver si me pueden actualizar las fechas. "No se puede, tenés que sacar turno para el doctor", me dice la empleada pública "¿Y para cuando hay?" "Para el 3 de mayo". Me caracterizo por mi testarudez, que resulta muy útil para nadar contra la corriente de la burocracia. "¡Faltan más de dos meses! Me siento mal –insisto con carita de compungido y sin perder la calma– Lo único que necesito es actualizar las fechas de las órdenes." La empleada pública afloja: "Lo que podés hacer para que te atiendan hoy es pasar por la guardia y que te deriven desde ahí". Voy a la guardia y me sorprende la facilidad con que consigo la derivación, vuelvo orgulloso de mi proeza burocrática. Me atienden dos médicas jóvenes que me hacen todo el papelerío de nuevo. También me dan una nota para mi médico infectólogo: tengo que cambiar el cóctel de drogas por uno que además de reducir la carga viral del HIV reduzca la carga viral de la hepatitis. La doctora me recomienda uno muy eficaz, son solamente dos pastillas a la noche: Truvada y Efavirenz. Salgo y consigo los nuevos turnos: 29 de marzo para los análisis de sangre, 3 de mayo para el hepatólogo, 31 de mayo para la ecografía. Encuentro al hepatólogo en el pasillo y le cuento que el turno para la ecografía es posterior al turno con él. "No importa, dice, vení con lo que tengas, lo importante por ahora es que vayas al infectólogo para cambiar el cóctel."
Llego a mi casa y busco efavirenz en google para ver los efectos secundarios: sarpullido, vértigo, insomnio, falta de concentración, somnolencia, sueños vívidos o intensos, ansiedad, depresión, nerviosidad, depresión grave, intentos de suicidio, comportamiento agresivo, alucinaciones, paranoia y síntomas similares a los de la psicosis. Solo la idea de tomarlo me hace entrar en pánico.
(La última vez que le llevaste los resultados de tus análisis al médico del consultorio del doctor Simi, $25.00 de la misma, de: próstata, triglicéridos, etcétera, se alteró al responder a su pregunta, ¿hace cuánto que se hizo el último exámen de próstata, un año? No es necesario hacérselos tan seguido, mejor hágase uno de VIH-Sida. Trataste de conservar la serenidad, de no responderle: ¿Y a usted qué chingaos le importa? Por supuesto te puso a dieta, te prohibió carbohidratos, tortillas, grasas, refrescos, etc., etc. Ya no volviste. Nota de Pablo Pérez, "Diario de la hepatitis", reproducida del diario argentino Página 12, suplemento Soy.)
Septiembre de 2009. Se me pasaron los turnos de los análisis que tenía que hacer. Me da pereza volver al hospital para pedirlos de nuevo.
Febrero de 2011. Pasaron tres años desde la última visita al hepatólogo. Me siento cansado, solo quiero dormir. Pienso que tal vez se deba a la hepatitis. Vuelvo al servicio de Hepatología del Muñiz con las órdenes de análisis vencidas para ver si me pueden actualizar las fechas. "No se puede, tenés que sacar turno para el doctor", me dice la empleada pública "¿Y para cuando hay?" "Para el 3 de mayo". Me caracterizo por mi testarudez, que resulta muy útil para nadar contra la corriente de la burocracia. "¡Faltan más de dos meses! Me siento mal –insisto con carita de compungido y sin perder la calma– Lo único que necesito es actualizar las fechas de las órdenes." La empleada pública afloja: "Lo que podés hacer para que te atiendan hoy es pasar por la guardia y que te deriven desde ahí". Voy a la guardia y me sorprende la facilidad con que consigo la derivación, vuelvo orgulloso de mi proeza burocrática. Me atienden dos médicas jóvenes que me hacen todo el papelerío de nuevo. También me dan una nota para mi médico infectólogo: tengo que cambiar el cóctel de drogas por uno que además de reducir la carga viral del HIV reduzca la carga viral de la hepatitis. La doctora me recomienda uno muy eficaz, son solamente dos pastillas a la noche: Truvada y Efavirenz. Salgo y consigo los nuevos turnos: 29 de marzo para los análisis de sangre, 3 de mayo para el hepatólogo, 31 de mayo para la ecografía. Encuentro al hepatólogo en el pasillo y le cuento que el turno para la ecografía es posterior al turno con él. "No importa, dice, vení con lo que tengas, lo importante por ahora es que vayas al infectólogo para cambiar el cóctel."
Llego a mi casa y busco efavirenz en google para ver los efectos secundarios: sarpullido, vértigo, insomnio, falta de concentración, somnolencia, sueños vívidos o intensos, ansiedad, depresión, nerviosidad, depresión grave, intentos de suicidio, comportamiento agresivo, alucinaciones, paranoia y síntomas similares a los de la psicosis. Solo la idea de tomarlo me hace entrar en pánico.
(La última vez que le llevaste los resultados de tus análisis al médico del consultorio del doctor Simi, $25.00 de la misma, de: próstata, triglicéridos, etcétera, se alteró al responder a su pregunta, ¿hace cuánto que se hizo el último exámen de próstata, un año? No es necesario hacérselos tan seguido, mejor hágase uno de VIH-Sida. Trataste de conservar la serenidad, de no responderle: ¿Y a usted qué chingaos le importa? Por supuesto te puso a dieta, te prohibió carbohidratos, tortillas, grasas, refrescos, etc., etc. Ya no volviste. Nota de Pablo Pérez, "Diario de la hepatitis", reproducida del diario argentino Página 12, suplemento Soy.)
lunes, 2 de mayo de 2011
VOZ DE LESBIANA
La poeta chilena Malú Urriola vino a Buenos Aires a presentar su libro Hija de perra, editado aquí por la editorial Curandera, y a la hora de conversar sobre poesía apareció Gabriela Mistral y el lesbianismo, la situación de la diversidad en Chile sin Bachelet, las lecturas de Safo y cómo zafar de esa tradición tácita que liga el amor femenino con el renunciamiento y el dolor.
¿Cuándo empezó tu relación con Argentina?
—Mi relación con Argentina es de larga data, empezó hace más de veinte años. Vine a la Bienal de Buenos Aires en el ‘89 y me encantó esta ciudad. Después, con el paso de los tiempos me tocó volver bastante seguido y me he hecho bastantes amigos a quienes veo también cuando van a Santiago, como Diana Bellessi, Mercedes Roffé, o Andi Nachón, una de mis mejores amigas, me encanta su óptica poética. Con Celeste Carballo tenemos también una relación desde hace más de 20 años. A mí me encanta lo que ella hace.
¿Hay muchas artistas y poetas lesbianas en Chile que se visibilicen a través de lo que producen?
—Bueno, en Chile tenemos una Premio Nobel, Gabriela Mistral. Ella no fue visible, pero me parece que su juego fue bastante lindo. Lindo en el sentido de que tienes que volver a leerla, porque Mistral guarda secretos bajo la manga que aparecen años después y eso obliga a una relectura. Durante muchos años ella fue la madre, la maestra, con un amor heterosexual fallido y platónico con Magallanes Mores (aunque la verdad que a mí los amores de los escritores no me desvelan, porque pienso que el rol del escritor es otro más allá de su sexualidad). Pero esta mujer no ocultó sólo su lesbianismo, sino también muchas otras cosas. Y creo que ella tenía un pensamiento avanzado para la época, y si hubiese develado todo lo que era no habría sido Mistral. También tenía una posición bastante política y ligada con las feministas. Piensa que le dieron el Nobel antes que las mujeres tuvieran derecho a voto, entonces, si no podían votar, menos aún podían decir que eran lesbianas. Tampoco sé cómo fue el proceso de ella, me parece misterioso. Por eso es siempre interesante leer sus cartas. Ella no era un sujeto fijo ni en su sexualidad ni en sus relaciones personales, ni se sabe bien si sus amistades fueron amantes o fueron amores amistosos, de esos que una también puede tener.
¿Se puede decir que tenía una identidad queer?
—Yo creo que ella era bastante queer. Además por ese abrigo que usaba, porque fumaba puros, por su manera masculina de pararse en el mundo: era una mujer muy trabajólica, que amaba mucho su trabajo. Después de ella no he sabido en Chile de otras poetas que fueran lesbianas. Será también que no me interesa, a mí me importa más la obra de la gente...
Bueno, pero, por ejemplo, vos en tu libro Hija de perra no te preocupás en cambiar el género de tu objeto amoroso, ella es ella en tu poesía, no es “él”. Hay algunas que se preocupan en ocultarlo.
—Sí, claro. Creo que cada uno tiene sus propios terrores. Ocultar en mi vida nunca ha sido un tema, la poesía me da la libertad de decir lo que se me plazca en el momento en que se me ocurra. Y si yo tuviera que renunciar a esa libertad creo que no escribiría poesía. Nadie tiene el derecho de disentir o estar de acuerdo con una experiencia individual. La vida es fugaz, dura un fin de semana y creo en la poesía como un estado de emanación, no como estado de creación, que me parece demasiado católico. Una de las poetas que amo es Safo, una poeta que no termino de leer nunca. Leo muchas poetas lesbianas, como sor Juana Inés de la Cruz. Creo que las grandes poetas han sido tanto lesbianas como heterosexuales, pero el camino que han recorrido las lesbianas es súper interesante en el sentido de que quiebran. A mí me interesa una escritura que ponga en cuestión, piense y repiense los imaginarios culturales y las subjetividades más allá incluso de la cuestión amorosa...
¿Y te parece que las mujeres han hecho un camino de mayor ruptura en Chile comparativamente con la escritura gay masculina? Pienso en Pedro Lemebel, por ejemplo...
—Depende del género. Lemebel hace crónica, me encanta su trabajo, somos amigos. Lemebel quebró con el imaginario del militante comunista gay en un país raro como lo es Chile. Raro porque las altas esferas derechistas y conservadoras no pueden controlar, se les escapan subjetividades alocadas, impensables, tan cuestionadoras... Chile tiene como una forma más ordenada o pausada en política y que aparezcan estos personajes le hace muy bien. No creo que la sexualidad sea algo que se pueda arreglar o mutar. La homosexualidad no te la enseña nadie y uno cree que las cosas que no conocen son terribles, pero la verdad es que es parte de la ignorancia.
¿Y cómo es ser una lesbiana visible en Chile?
—La verdad es que a mí no me hace ningún problema, pero tampoco ando por el mundo pensando que soy lesbiana o poeta. Más bien tengo una parada voyeurista de la vida. Hay momentos que me pueden cautivar para siempre, como ver de golpe dos palomas cruzando Callao y Corrientes, por ejemplo. Lo que está afuera me produce más interés que lo que está adentro. Lo que está adentro más o menos lo conozco, pero lo que está afuera siempre me sorprende. Creo que la vida me gusta por eso. Nacimos en un tiempo mucho menos hostil con las mujeres. Las mujeres hemos pasado etapas en la historia de la humanidad donde se nos ha discriminado por distintas cosas, ser lesbiana es una discriminación más.
¿La escena poética en Chile está más dominada por hombres?
—Sí, claro, como en todo, los hombres siempre tienen más visibilidad. Pero eso casi te diría que cambió en la década de los ’80 cuando apareció un grupo importante de mujeres poetas que quebraron el canon de una poesía tradicional: Eugenia Brito, Carla Grande, Marina Rate, Teresa Calderón, entre otras. Un grupo poderoso que apareció con distintos tipos de imaginarios. Y que encaró una pelea fundamental, una de esas cabezas de pelea fue Diamela Eltit, que armó aquel congreso del ‘87 que buscaba terminar con esa diferenciación entre poesía o literatura de mujeres y literatura. El único hombre que apoyó esta idea fue José Donoso. El congreso, en general, fue muy mal tomado, una bofetada a la literatura hecha por hombres. Esas mujeres allanaron el camino para las generaciones posteriores, para la mía, por ejemplo.
En Chile la poesía ocupa un lugar central, con dos premios Nobel de Literatura, ambos poetas, ¿las mujeres tienen más participación que en otros países?
—Sí, igual a ninguna mujer se le ha dado un premio como el de ciudadana ilustre que se le ha dado a Diana Bellessi, que me parece absolutamente merecido. Eso todavía no ocurre, pero no se nos puede saltear, no se puede saltear a Elsa Berenger. Pero sí se puede seguir sin reconocernos. Y no se nos reconoce, no se nos da nunca un premio nacional.
¿Qué opinás de las antologías de poesía lésbica?
—A mí me parece que todo camino es pertinente y necesario. Me cuesta un poco catalogar poesía lésbica, de mujeres, en fin, la poesía de las minorías, pero me parece necesario para visibilizar. Es más una necesidad política que literaria...
Viniste a Buenos Aires a presentar tu libro Hija de perra, editado por la editorial argentina Curandera. Es un libro desgarrador y parece escrito en un rapto de inspiración casi catártica, sin embargo decís que has tardado mucho en escribirlo...
—Sí, tardé cuatro años. Es el libro de un duelo político y amoroso. Me gusta ligar siempre amor y política. Fue un duelo de la memoria chilena. De una memoria posdictadura que arrasó bastante con todo. Lo escribí en un momento que estaba un poco harta de que cambiaran algunas cosas para que nada cambiara finalmente. Es un libro que tiene que ver con la idea que yo tenía en ese momento del futuro: yo pensé que la gente iba a olvidar, y olvidó. Y ese olvido me provocaba un malestar muy fuerte. Actualmente Chile está retrocediendo, se están pidiendo indultos, se está pensando en cerrar el servicio nacional de las mujeres. Con Bachelet hubo muchas conquistas, pero el problema del liberalismo siempre es el mismo, porque hubo muchas pérdidas a nivel del territorio. Hoy en Chile la estupidez invade por los cuatro costados, aunque hay pequeños focos de gente haciendo cosas interesantes. En tiempos neoliberales se requieren artistas light.
¿Cuántas veces se editó Hija de perra?
—Cuatro. Se editó en Chile, en Venezuela y ahora acá. Creo que este libro se ha reeditado tanto por dos cosas que en él trabajé que me parecen importantes. ¿Viste que desde la perspectiva de las poetas mujeres el amor y la renuncia van juntos? Yo trabajé lo contrario. El rollo de las mujeres siempre es el mandato del patriarcado de renunciar en pos del amor, de la familia, y darle una vuelta a eso me interesó. Y darle una voz suicida a esa poética también. En ese momento en que escribí Hija de perra yo estaba cerca de la lectura de las suicidas: Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik...
Pero esas mujeres hacen una renuncia, una renuncia a la vida...
—Renunciaron a la vida y no a la escritura. Plath renuncia a la vida amorosa de pareja con marido y con hijos. Esas renuncias que hacen ciertas mujeres de cumplir el rol hasta el final me parecen atractivas. El camino.
(Hace unos cinco años me invitaron a dar una charla de literatura a chicos de Preparatoria. Cuando ya se había dado la atmósfera de confianza y camaradería, le pregunté al auditorio, unos cincuenta estudiantes de ambos sexos, quién escribía. Luego de ver a los que habían levantado la mano, pregunté si no había ninguna muchacha. Nadie me respondió. Cuando terminó la plática, y al momento de autografiar ejemplares del poemario "Vengan copas", que más que una exposición sobre qué es un escritor, versó sobre cómo se inicia, de qué vive, etc., un joven me dijo que sí había una chica que escribía. Pero no lo revelaba en público. Entrevista de P. J. aparecida en el suplemento Soy, del diario argentino Página 12.)
****
Malú Urriola (?)
De “Piedras Rodantes”
GATOS
I
Los gatos chicos a veces mueren
apretados en el hocico de una perra
y parece que juegan
y mueven la colita
pero se están muriendo.
Hacen globitos con la sangre
mientras la lengua arranca
y un sol lúdico tironea su sombra.
El gatito se inclina
proyectando desde los ojos
una noche que se desmenuza
que cae en pedazos toda roñosa
y el cucho reventándose
trata de alcanzar un sol que se inclina
que cae en una noche pataleante
entonces hace como si se ahogara
mientras fermenta la noche
en un día lleno de sol
que cae duro en los techos
en sus ojos vidriosos
y el gato es extinguido
sacado fuera de lo real.
(texto de la poeta chilena Malú Urriola tomado de internet.)
¿Cuándo empezó tu relación con Argentina?
—Mi relación con Argentina es de larga data, empezó hace más de veinte años. Vine a la Bienal de Buenos Aires en el ‘89 y me encantó esta ciudad. Después, con el paso de los tiempos me tocó volver bastante seguido y me he hecho bastantes amigos a quienes veo también cuando van a Santiago, como Diana Bellessi, Mercedes Roffé, o Andi Nachón, una de mis mejores amigas, me encanta su óptica poética. Con Celeste Carballo tenemos también una relación desde hace más de 20 años. A mí me encanta lo que ella hace.
¿Hay muchas artistas y poetas lesbianas en Chile que se visibilicen a través de lo que producen?
—Bueno, en Chile tenemos una Premio Nobel, Gabriela Mistral. Ella no fue visible, pero me parece que su juego fue bastante lindo. Lindo en el sentido de que tienes que volver a leerla, porque Mistral guarda secretos bajo la manga que aparecen años después y eso obliga a una relectura. Durante muchos años ella fue la madre, la maestra, con un amor heterosexual fallido y platónico con Magallanes Mores (aunque la verdad que a mí los amores de los escritores no me desvelan, porque pienso que el rol del escritor es otro más allá de su sexualidad). Pero esta mujer no ocultó sólo su lesbianismo, sino también muchas otras cosas. Y creo que ella tenía un pensamiento avanzado para la época, y si hubiese develado todo lo que era no habría sido Mistral. También tenía una posición bastante política y ligada con las feministas. Piensa que le dieron el Nobel antes que las mujeres tuvieran derecho a voto, entonces, si no podían votar, menos aún podían decir que eran lesbianas. Tampoco sé cómo fue el proceso de ella, me parece misterioso. Por eso es siempre interesante leer sus cartas. Ella no era un sujeto fijo ni en su sexualidad ni en sus relaciones personales, ni se sabe bien si sus amistades fueron amantes o fueron amores amistosos, de esos que una también puede tener.
¿Se puede decir que tenía una identidad queer?
—Yo creo que ella era bastante queer. Además por ese abrigo que usaba, porque fumaba puros, por su manera masculina de pararse en el mundo: era una mujer muy trabajólica, que amaba mucho su trabajo. Después de ella no he sabido en Chile de otras poetas que fueran lesbianas. Será también que no me interesa, a mí me importa más la obra de la gente...
Bueno, pero, por ejemplo, vos en tu libro Hija de perra no te preocupás en cambiar el género de tu objeto amoroso, ella es ella en tu poesía, no es “él”. Hay algunas que se preocupan en ocultarlo.
—Sí, claro. Creo que cada uno tiene sus propios terrores. Ocultar en mi vida nunca ha sido un tema, la poesía me da la libertad de decir lo que se me plazca en el momento en que se me ocurra. Y si yo tuviera que renunciar a esa libertad creo que no escribiría poesía. Nadie tiene el derecho de disentir o estar de acuerdo con una experiencia individual. La vida es fugaz, dura un fin de semana y creo en la poesía como un estado de emanación, no como estado de creación, que me parece demasiado católico. Una de las poetas que amo es Safo, una poeta que no termino de leer nunca. Leo muchas poetas lesbianas, como sor Juana Inés de la Cruz. Creo que las grandes poetas han sido tanto lesbianas como heterosexuales, pero el camino que han recorrido las lesbianas es súper interesante en el sentido de que quiebran. A mí me interesa una escritura que ponga en cuestión, piense y repiense los imaginarios culturales y las subjetividades más allá incluso de la cuestión amorosa...
¿Y te parece que las mujeres han hecho un camino de mayor ruptura en Chile comparativamente con la escritura gay masculina? Pienso en Pedro Lemebel, por ejemplo...
—Depende del género. Lemebel hace crónica, me encanta su trabajo, somos amigos. Lemebel quebró con el imaginario del militante comunista gay en un país raro como lo es Chile. Raro porque las altas esferas derechistas y conservadoras no pueden controlar, se les escapan subjetividades alocadas, impensables, tan cuestionadoras... Chile tiene como una forma más ordenada o pausada en política y que aparezcan estos personajes le hace muy bien. No creo que la sexualidad sea algo que se pueda arreglar o mutar. La homosexualidad no te la enseña nadie y uno cree que las cosas que no conocen son terribles, pero la verdad es que es parte de la ignorancia.
¿Y cómo es ser una lesbiana visible en Chile?
—La verdad es que a mí no me hace ningún problema, pero tampoco ando por el mundo pensando que soy lesbiana o poeta. Más bien tengo una parada voyeurista de la vida. Hay momentos que me pueden cautivar para siempre, como ver de golpe dos palomas cruzando Callao y Corrientes, por ejemplo. Lo que está afuera me produce más interés que lo que está adentro. Lo que está adentro más o menos lo conozco, pero lo que está afuera siempre me sorprende. Creo que la vida me gusta por eso. Nacimos en un tiempo mucho menos hostil con las mujeres. Las mujeres hemos pasado etapas en la historia de la humanidad donde se nos ha discriminado por distintas cosas, ser lesbiana es una discriminación más.
¿La escena poética en Chile está más dominada por hombres?
—Sí, claro, como en todo, los hombres siempre tienen más visibilidad. Pero eso casi te diría que cambió en la década de los ’80 cuando apareció un grupo importante de mujeres poetas que quebraron el canon de una poesía tradicional: Eugenia Brito, Carla Grande, Marina Rate, Teresa Calderón, entre otras. Un grupo poderoso que apareció con distintos tipos de imaginarios. Y que encaró una pelea fundamental, una de esas cabezas de pelea fue Diamela Eltit, que armó aquel congreso del ‘87 que buscaba terminar con esa diferenciación entre poesía o literatura de mujeres y literatura. El único hombre que apoyó esta idea fue José Donoso. El congreso, en general, fue muy mal tomado, una bofetada a la literatura hecha por hombres. Esas mujeres allanaron el camino para las generaciones posteriores, para la mía, por ejemplo.
En Chile la poesía ocupa un lugar central, con dos premios Nobel de Literatura, ambos poetas, ¿las mujeres tienen más participación que en otros países?
—Sí, igual a ninguna mujer se le ha dado un premio como el de ciudadana ilustre que se le ha dado a Diana Bellessi, que me parece absolutamente merecido. Eso todavía no ocurre, pero no se nos puede saltear, no se puede saltear a Elsa Berenger. Pero sí se puede seguir sin reconocernos. Y no se nos reconoce, no se nos da nunca un premio nacional.
¿Qué opinás de las antologías de poesía lésbica?
—A mí me parece que todo camino es pertinente y necesario. Me cuesta un poco catalogar poesía lésbica, de mujeres, en fin, la poesía de las minorías, pero me parece necesario para visibilizar. Es más una necesidad política que literaria...
Viniste a Buenos Aires a presentar tu libro Hija de perra, editado por la editorial argentina Curandera. Es un libro desgarrador y parece escrito en un rapto de inspiración casi catártica, sin embargo decís que has tardado mucho en escribirlo...
—Sí, tardé cuatro años. Es el libro de un duelo político y amoroso. Me gusta ligar siempre amor y política. Fue un duelo de la memoria chilena. De una memoria posdictadura que arrasó bastante con todo. Lo escribí en un momento que estaba un poco harta de que cambiaran algunas cosas para que nada cambiara finalmente. Es un libro que tiene que ver con la idea que yo tenía en ese momento del futuro: yo pensé que la gente iba a olvidar, y olvidó. Y ese olvido me provocaba un malestar muy fuerte. Actualmente Chile está retrocediendo, se están pidiendo indultos, se está pensando en cerrar el servicio nacional de las mujeres. Con Bachelet hubo muchas conquistas, pero el problema del liberalismo siempre es el mismo, porque hubo muchas pérdidas a nivel del territorio. Hoy en Chile la estupidez invade por los cuatro costados, aunque hay pequeños focos de gente haciendo cosas interesantes. En tiempos neoliberales se requieren artistas light.
¿Cuántas veces se editó Hija de perra?
—Cuatro. Se editó en Chile, en Venezuela y ahora acá. Creo que este libro se ha reeditado tanto por dos cosas que en él trabajé que me parecen importantes. ¿Viste que desde la perspectiva de las poetas mujeres el amor y la renuncia van juntos? Yo trabajé lo contrario. El rollo de las mujeres siempre es el mandato del patriarcado de renunciar en pos del amor, de la familia, y darle una vuelta a eso me interesó. Y darle una voz suicida a esa poética también. En ese momento en que escribí Hija de perra yo estaba cerca de la lectura de las suicidas: Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik...
Pero esas mujeres hacen una renuncia, una renuncia a la vida...
—Renunciaron a la vida y no a la escritura. Plath renuncia a la vida amorosa de pareja con marido y con hijos. Esas renuncias que hacen ciertas mujeres de cumplir el rol hasta el final me parecen atractivas. El camino.
(Hace unos cinco años me invitaron a dar una charla de literatura a chicos de Preparatoria. Cuando ya se había dado la atmósfera de confianza y camaradería, le pregunté al auditorio, unos cincuenta estudiantes de ambos sexos, quién escribía. Luego de ver a los que habían levantado la mano, pregunté si no había ninguna muchacha. Nadie me respondió. Cuando terminó la plática, y al momento de autografiar ejemplares del poemario "Vengan copas", que más que una exposición sobre qué es un escritor, versó sobre cómo se inicia, de qué vive, etc., un joven me dijo que sí había una chica que escribía. Pero no lo revelaba en público. Entrevista de P. J. aparecida en el suplemento Soy, del diario argentino Página 12.)
****
Malú Urriola (?)
De “Piedras Rodantes”
GATOS
I
Los gatos chicos a veces mueren
apretados en el hocico de una perra
y parece que juegan
y mueven la colita
pero se están muriendo.
Hacen globitos con la sangre
mientras la lengua arranca
y un sol lúdico tironea su sombra.
El gatito se inclina
proyectando desde los ojos
una noche que se desmenuza
que cae en pedazos toda roñosa
y el cucho reventándose
trata de alcanzar un sol que se inclina
que cae en una noche pataleante
entonces hace como si se ahogara
mientras fermenta la noche
en un día lleno de sol
que cae duro en los techos
en sus ojos vidriosos
y el gato es extinguido
sacado fuera de lo real.
(texto de la poeta chilena Malú Urriola tomado de internet.)
LOS MILAGROSOS
(¿La beatificación de Juan Pablo II le hizo el "milagro" a B. Obama de matar en caliente a O. Bin Laden, como le hará el "favor" a Felipe de capturar a El Chapo Guzmán, como le hará la "gracia" a Los Legionarios de Cristo de santificar a Marcial Maciel? Cartón de Rogelio Naranja tomado del semanario Proceso.)
domingo, 1 de mayo de 2011
EL GONZALO ROJAS MÚLTIPLE
"Cuando uno lee a Gonzalo Rojas y se ve obligado por el impulso interno de sus textos a hacerlo en voz alta, siente que el poeta es múltiple, que su aliento, la métrica de los sentidos, cambia constantemente. Ahora es corta, ahora se extiende. A veces es la paz, el sosiego de alguna certeza. En otro poema el aliento se corta a media palabra, siente con Celan o Pound que su canto es el de una palabra ahogada que reclama o estalla. Es el silencio roto; es el silencio anhelado.
"Si Rojas respira de maneras tan distintas es porque las temáticas de sus versos son también múltiples: no existe para el poeta tema vedado. La vida y sus manifestaciones infinitas, siempre nuevas y conocidas, siempre vistas a través del cristal de lo leído y al mismo tiempo inéditas, es el tema del poeta."
Gonzalo Rojas (1917/2011 poeta chileno murió la madrugada del lunes 25 de abril), fue parte integrante del grupo Mandrágora, a su generación la sobrevive Nicanor Parra, el autor de los antipoemas, admirado sobremanera por los Infrarrealistas. Ambos, Rojas y Nicanor marcaron al Pablo Neruda de "Residencia en la tierra" y del memorable poema "Walking around".
Trece cuerdas para laúd
D'accord, puestas al fuego todas las mujeres son
pelirrojas, Teresa
de Jesús es pelirroja, Safo, Emily
Brontê es pelirroja, Magdalena de Magdala, tres
de las nueve hijas de Mnemósine y Zeus son
pelirrojas,
Euterpe, Melpómene, Terpsícore por no decir todas las
novias de la locura nacidas y
por nacer llámense Andrómaca
o Marilyn son pelirrojas; ésta
que va ahí y arde es
pelirroja, ésa otra que
lo ha perdido todo en la fiesta es pelirroja, la vida
que me espera es pelirroja, la Muerte
que me espera.
(textos tomados del prólogo de Eduardo Vázquez a la edición Antología personal, ed. Premiá/ UNAM/ UAZ, México, 1988.)
"Si Rojas respira de maneras tan distintas es porque las temáticas de sus versos son también múltiples: no existe para el poeta tema vedado. La vida y sus manifestaciones infinitas, siempre nuevas y conocidas, siempre vistas a través del cristal de lo leído y al mismo tiempo inéditas, es el tema del poeta."
Gonzalo Rojas (1917/2011 poeta chileno murió la madrugada del lunes 25 de abril), fue parte integrante del grupo Mandrágora, a su generación la sobrevive Nicanor Parra, el autor de los antipoemas, admirado sobremanera por los Infrarrealistas. Ambos, Rojas y Nicanor marcaron al Pablo Neruda de "Residencia en la tierra" y del memorable poema "Walking around".
Trece cuerdas para laúd
D'accord, puestas al fuego todas las mujeres son
pelirrojas, Teresa
de Jesús es pelirroja, Safo, Emily
Brontê es pelirroja, Magdalena de Magdala, tres
de las nueve hijas de Mnemósine y Zeus son
pelirrojas,
Euterpe, Melpómene, Terpsícore por no decir todas las
novias de la locura nacidas y
por nacer llámense Andrómaca
o Marilyn son pelirrojas; ésta
que va ahí y arde es
pelirroja, ésa otra que
lo ha perdido todo en la fiesta es pelirroja, la vida
que me espera es pelirroja, la Muerte
que me espera.
(textos tomados del prólogo de Eduardo Vázquez a la edición Antología personal, ed. Premiá/ UNAM/ UAZ, México, 1988.)
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