domingo, 20 de enero de 2019

Piedad Bonnett (1951 )

Canción del sodomita



Habrá una grandísima peste...
Éxodo, 9,3.

Han izado el amor. Lo están clavando
coronado de ortigas y de cardos.
Le han cortado las manos, han echado
sal y azufre en sus pálidos muñones.
Ah, mi joven amado, el tiempo es breve.
Suenan ya las trompetas e iracunda
la luna enrojecida afrenta al cielo.
Déjame acariciar tu frente ardida en sueños,
contemplar para siempre tus párpados violeta.
Deja que desanude mi deseo,
que coloque la palma de mi mano
sobre la rosa hirviente que florece en tu pecho.
Ah, mi joven amado que duermes mientras huye
la multitud con un largo sollozo:
una lluvia de sangre cae sobre Sodoma.
Dame tus muslos blancos, tu axila, el dulce cuello,
antes de que en silencio se deslice

el ángel con su espada de exterminio.


("poesi.as")

sábado, 19 de enero de 2019

Jean Genet (1910/1986 )


Me quise ladrón...


Me quise traidor, ladrón, atracador, delator, odioso, destructor, despreciable, cobarde. A base de hachazos y de gritos corté las ataduras que me retenían en el mundo de la moral habitual, a veces deshice metódicamente los nudos. Monstruosamente me alejé de ustedes, de su mundo, de sus ciudades, de sus instituciones [...] Después de ese trabajo (aún inacabado) que tantos sacrificios me costó, obstinándome siempre más en la sublimación de un mundo  que es el contrario del de ustedes, he aquí que sufro la vergüenza de verme abordar con esfuerzo, sanguinolento, a una orilla más poblada que la misma Muerte. Y las gentes que aquí encuentro han llegado  fácilmente, sin peligro, sin haber cortado nada. Están en la infamia como el pez en el agua y ya no puedo, para ganar la soledad, sino dar marcha atrás y engalanarme con las virtudes de sus libros.


("pompas fúnebres", corregidor, bs.as., 1975)

viernes, 18 de enero de 2019

Mary Oliver (1935/2019 )

Hospital Universitario, Boston



Los árboles en el césped del hospital
están lozanos y en crecimiento. Ellos también
reciben el mejor de los cuidados,
como tú, y tantos cuyos nombres desconozco,
en los cuartos limpios en lo alto de esta ciudad,
donde día y noche los doctores siguen
atendiendo, donde las máquinas intrincadas
dibujan con fría devoción
el murmullo de la sangre,
el lento parchado de los huesos,
la desesperación de la mente.

Cuando vengo de visita y damos un paseo
hacia el interior de un día luminoso de verano,
nos sentamos bajo unos árboles —
un castaño de la India, un sicomoro y un
nogal cavilando
por arriba y sobre un seto de lilas
tan viejo como el edificio de ladrillo rojo
al fondo, el hospital
que originalmente fue edificado antes de la Guerra Civil.
Nos sentamos juntos sobre el césped, tomados de la mano
mientras me dices que estás mejor.

¿Cuántos hombres jóvenes, me pregunto,
llegaron aquí arrastrados por los lentos trenes como camillas
de los rojos y terribles campos de batalla
para echarse todo el verano en las pequeñas y bochornosas cámaras
mientras los doctores hacían lo que podían, implorando
utensilios todavía inimaginables, medicinas todavía inexistentes,
sabiduría todavía no adivinada, y cuántos murieron mientras veían las hojas [de los árboles,
ciegos a los esfuerzos que se hacían a su alrededor para mantenerlos con vida?
Veo en tus ojos

que a veces son verdes y a veces grises,
y a veces están llenos de humor, pero no frecuentemente,
y me digo, tú estás mejor,
porque sin ti mi vida sería
un lugar de árboles secos y quebrados.
Más tarde, andando por los corredores hacia la calle,
me regreso y entro a un cuarto vacío.
Ayer alguien estaba aquí con un rostro jadeante.
Ahora la cama está como nueva,
han sacado rodando las máquinas. El silencio
continuo, profundo y neutral,
mientras estoy aquí de pie, amándote.


("luvina", versión gabriela cantú westendarp)

miércoles, 16 de enero de 2019

Rubén Darío (1867/1916 )

Nocturno


                                                   a mariano de cavia.

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido…

En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados…

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!

Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo

que penetra y conmueve mi propio corazón.


("life vest under your seat")

lunes, 14 de enero de 2019

Eduardo Errasti (1960 )


Radiografía


La tarjeta de un videoclub
y la de la Seguridad Social.
Dos entradas (siempre me ha gustado
la última fila de los cines).
Un carnet de identidad
con la foto borrosa de alguien
a quien me cuesta reconocer a veces.
Mi Número de Identificación
Fiscal. Trozos de papel con frases
que pudieron haberme llevado
a la gloria aunque ya no me importe
(he perdido demasiados trenes).
Teléfonos de amigos a los que no llamaré
nunca, estoy seguro. Direcciones.
Un par de calendarios atrasados.
Mi cartilla del paro (he de ir
cada tres meses al mercado de esclavos.
Algún día nos pedirán que enseñemos
los dientes). Cuatro décimos de lotería
que no me sacarán de la miseria
(la estadística casi siempre ha jugado
en mi contra). Ni un céntimo.
Muchas noches, cuando estás dormida,
me pregunto ¿Por qué sigues conmigo...?



("rua das pretas")

sábado, 12 de enero de 2019

Uriel Martínez (1950 )

De visita



Estoy de visita en una ciudad
desconocida, en un sitio
donde no se adivina la hora
de los sismos; en un lugar
donde a deshoras riñen
los perros con sus sombras,
donde las sombras pasan
quebradas y silenciosas
sobre altos muros; es una ciudad
donde alguien permanece
despierto porque sí;
una ciudad de querellas
no imaginadas, de puertas
de altas bisagras, de cuerpos
alterados al proyectarse
en muros como biombos.

Una ciudad a la que vuelvo
espaciada y calladamente.


[Inédito]

viernes, 11 de enero de 2019

Ciaran Carson (1948 )


Propuesta



Sucedió  por una manzana. Estábamos en un mercado,
luz solar y lloviznas de agosto parpadeaban a través del techo acristalado

sobre un barril de manzanas, verdes con un rubor rojizo,
el rocío aún parecía relucir sobre ellas. Tomaste una.

Pruébela y vea señorita, dijo el vendedor. Asentiste, y mordiste
la pulpa crujiente. Sentiste el jugo explotar en tu boca

al igual que yo cuando me la pasaste para la segunda mordida.
Se llaman Descubrimiento,  dijo el vendedor, una muy buena

manzana para comer. Compramos una libra de ellas, algo de vino y queso,
y acudimos al campo, donde hicimos un picnic junto a un arroyo.

Me ofreciste una Descubrimiento. Esta vez pude sentir
tu boca a través del jugo.  Mordida a mordida

hasta que la terminamos como uno. Tiramos el centro.
Luego nos preguntamos cosas que nunca nos habíamos preguntado antes.


("ogham", versión marina kohon)