Luis, te escribo porque sé
que te dará gusto: ya tengo
la cinta de fritz lang
que has buscado en los últimos años.
Pedro, te distraigo de tus ocupaciones
que no son pocas para avisarte:
encontré dos libros de ricardo piglia
que tendrás pronto en casa.
Alejandro, sé que cuando salgo
de la ciudad me llamas a casa
pues intuyes que nadie responderá
a tus promesas mentiras y engaños.
Con el deliberado propósito
de que no dejes huella en los muros
he apagado el móvil, la contestadora
y he silenciado a mis cachorros.
Si acaso marcas mi número
te responderá una voz anónima
para decirte que la cifra conjurada
está fuera de servicio.
Que he viajado lejos
en un camión de ocho horas
a encontrarme en el mismo hotel,
el de siempre, el destinado a las cenizas.
viernes, 5 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
WISLAWA SZYMBORSKA (1923 )
Ropa
Te quitas, nos quitamos, se quitan
abrigos, chaquetas, sacos, blusas
de lana, de algodón, de satén,
faldas, pantalones, calcetines, braguitas,
poniendo, colgando, tendiendo sobre
respaldos de sillas, alas de biombos;
por ahora, dice el médico, no es nada grave,
vístase, por favor, descanse, cambie de aires,
tome en caso de, antes de dormir, después de comer,
vuelva dentro de tres meses, un año, un año y medio;
ya es hora de atar, de abrochar, con manos todavía
temblorosas,
cordones, cierres, cremalleras, broches,
cinturones, botones, corbatas, cuellos,
y sacar de las mangas, de los bolsos, de los bolsillos
la arrugada bufanda de lunares,a rayas, con flores, de
cuadritos,
con una repentinamente prolongada caducidad.
(texto reproducido de Poesía no completa,
ed. FCE, col. Tezontle, trad. Abel A. Murcia,
México, 2a.ed. 2008)
Te quitas, nos quitamos, se quitan
abrigos, chaquetas, sacos, blusas
de lana, de algodón, de satén,
faldas, pantalones, calcetines, braguitas,
poniendo, colgando, tendiendo sobre
respaldos de sillas, alas de biombos;
por ahora, dice el médico, no es nada grave,
vístase, por favor, descanse, cambie de aires,
tome en caso de, antes de dormir, después de comer,
vuelva dentro de tres meses, un año, un año y medio;
ya es hora de atar, de abrochar, con manos todavía
temblorosas,
cordones, cierres, cremalleras, broches,
cinturones, botones, corbatas, cuellos,
y sacar de las mangas, de los bolsos, de los bolsillos
la arrugada bufanda de lunares,a rayas, con flores, de
cuadritos,
con una repentinamente prolongada caducidad.
(texto reproducido de Poesía no completa,
ed. FCE, col. Tezontle, trad. Abel A. Murcia,
México, 2a.ed. 2008)
martes, 2 de noviembre de 2010
LETRAS MALHABIDAS
1. Si tuvieses el coraje de regresar un libro robado, ¿qué volumen escogerías de tu librero? Seguramente devolverías un libro de Eloy Urroz, una novela de Carmen Boullosa, uno de Rodrigo Fresán o cualquiera de Sandro Cohen, Eusebio Ruvalcaba o de José Vicente Anaya.
2. Una noche saliste de la sección de libros de Sanborn's, acompañado por dos amigos que cursaban la misma licenciatura en la UNAM y uno de ellos, Alejandro, te dijo: "aquí tienes el libro que me pediste". Era Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa, que en aquel entonces era novedad editorial. Tu amigo se lo sacó de entre el cinto y el ombligo, cubierto en parte por un suéter holgado. Cuando le otorgaron el Premio Nobel de Literatura al peruano-español, recordaste la anécdota.
3. En una ocasión el poeta Francisco Cervantes te pidió dinero para comer, en ese entonces vivía en el Hotel Cosmos, en pleno eje central. A cambio te propuso dejarte en prenda una edición de la Oda marítima, que él había traducido al español, le dijiste que no era necesario pues confiabas en su palabra. Pasó el tiempo y un día le dijiste que te devolviera el préstamo pues tenías necesidades: airado te reclamó pues la edición entregada en garantía tenía un valor superior a la cantidad facilitada.
4. Cuando la librería El Sótano se localizaba precisamente en la planta baja de un hotel, frente a la Alameda,
sustrajiste un ejemplar de Desnudo en el tejado, de Antonio Skármeta, en edición de Casa de las Américas, Cuba. Cuando te disponías a salir un empleado, de unos cincuenta años y de anteojos, te exigió que devolvieras el libro y pagaras el doble del precio rotulado. Como no te alcanzaba te entregó a dos policías que esperaban afuera del negocio en una patrulla, que te dejaron el equivalente del pasaje para tu traslado a la Ciudad Universitaria.
5. De los libros que tienes en casa, ¿cuál volverías a leer con gusto? Además de "La montaña mágica", leería también "La regenta", "Madame Bovary", "El libro del desasosiego", "Nocturno de Chile", "Los detectives salvajes" y "Amuleto". ¿Cuáles no reelerías? Definitivamente: "Una novelita lumpen", "2666", ni tampoco volvería ni a hojear "Apocalipsis cum figuris", "La vorágine", "Yo el supremo", "Redoble por Rancas" ni ninguno de Elena Poniatowska.
6. Si alguien desea leer una nota breve sobre la práctica del robo o sustracción de libros, se recomienda la siguiente nota, aparecida en el diario chileno La Tercera.
2. Una noche saliste de la sección de libros de Sanborn's, acompañado por dos amigos que cursaban la misma licenciatura en la UNAM y uno de ellos, Alejandro, te dijo: "aquí tienes el libro que me pediste". Era Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa, que en aquel entonces era novedad editorial. Tu amigo se lo sacó de entre el cinto y el ombligo, cubierto en parte por un suéter holgado. Cuando le otorgaron el Premio Nobel de Literatura al peruano-español, recordaste la anécdota.
3. En una ocasión el poeta Francisco Cervantes te pidió dinero para comer, en ese entonces vivía en el Hotel Cosmos, en pleno eje central. A cambio te propuso dejarte en prenda una edición de la Oda marítima, que él había traducido al español, le dijiste que no era necesario pues confiabas en su palabra. Pasó el tiempo y un día le dijiste que te devolviera el préstamo pues tenías necesidades: airado te reclamó pues la edición entregada en garantía tenía un valor superior a la cantidad facilitada.
4. Cuando la librería El Sótano se localizaba precisamente en la planta baja de un hotel, frente a la Alameda,
sustrajiste un ejemplar de Desnudo en el tejado, de Antonio Skármeta, en edición de Casa de las Américas, Cuba. Cuando te disponías a salir un empleado, de unos cincuenta años y de anteojos, te exigió que devolvieras el libro y pagaras el doble del precio rotulado. Como no te alcanzaba te entregó a dos policías que esperaban afuera del negocio en una patrulla, que te dejaron el equivalente del pasaje para tu traslado a la Ciudad Universitaria.
5. De los libros que tienes en casa, ¿cuál volverías a leer con gusto? Además de "La montaña mágica", leería también "La regenta", "Madame Bovary", "El libro del desasosiego", "Nocturno de Chile", "Los detectives salvajes" y "Amuleto". ¿Cuáles no reelerías? Definitivamente: "Una novelita lumpen", "2666", ni tampoco volvería ni a hojear "Apocalipsis cum figuris", "La vorágine", "Yo el supremo", "Redoble por Rancas" ni ninguno de Elena Poniatowska.
6. Si alguien desea leer una nota breve sobre la práctica del robo o sustracción de libros, se recomienda la siguiente nota, aparecida en el diario chileno La Tercera.
LOS CAMALEONES
.No sé si las iglesias cristianas, incluida la católica, se han vuelto últimamente chantajistas o siempre lo fueron. Pero el hecho es que cada vez más los liderazgos religiosos amenazan y quieren condicionar a los políticos de todas las tendencias, amagándolos con retirarles un apoyo popular que hipotéticamente existe aunque nadie lo ha visto. Esto es particularmente evidente en muchos países latinoamericanos. El caso más reciente es el de las pasadas elecciones en Brasil, que este domingo le dieron finalmente el triunfo a la candidata del Partido del Trabajo, Dilma Rousseff, favorita de Lula y ganadora con amplio margen (más de 12 por ciento) sobre su opositor, el ex gobernador de Sao Paulo José Serra. Cuando a la candidata Rousseff le faltaron pocos puntos porcentuales en la primera vuelta para alcanzar la victoria, algunos dirigentes evangélicos expandieron el rumor de que ellos la habían vetado, por alguna vez haberse pronunciado a favor de la despenalización del aborto. Que Dilma Rousseff lo dijo, hay testimonios, pero que esa haya sido la razón para no haber alcanzado los votos necesarios en la primera vuelta es menos fácil de probar. De cualquier manera los líderes evangélicos en cuestión lograron su propósito, pues el debate en la segunda vuelta incluyó el tema del aborto y la religiosidad de los candidatos de manera preponderante. De repente, abundaron dos cosas: por un lado los muchos testimonios que mostraban que ambos candidatos eran unos hipócritas, por ejemplo ex alumnas de la esposa de José Serra declarando que ella les había comentado haber abortado alguna vez, o las pruebas del agnosticismo temprano de Rousseff, al mismo tiempo que los candidatos se mostraban piadosos y fervorosos cristianos. Luego entraron en escena los obispos católicos, quienes hasta ese momento habían tenido un perfil más bien discreto, pues es bien sabido que las relaciones con el gobierno de Lula no eran malas: Lula mismo había firmado hace tres años un concordato con la santa sede y, a propósito del debate sobre la despenalización del aborto, había declarado que nunca haría algo en contra de las enseñanzas religiosas que había recibido de su madre. Lo cual sonaba muy bonito, pero ponía en cuestión todos los avances en materia de derechos de las mujeres, sexuales y reproductivos. Significaba que las políticas públicas del país más poderoso de Latinoamérica dependían de las convicciones religiosas de la mamá de Lula. O puesto de otra manera, que si la mamá se convertía en testigo de Jehová, Lula podría decretar la prohibición de las transfusiones de sangre en los hospitales públicos.
Eso no es todo. El 15 de octubre de 2009 el presidente Lula aprobó un decreto que establecía en el Ministerio de Derechos Humanos una coordinación general para promover los derechos de gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales. De hecho, el programa nacional de Derechos Humanos establecía la posibilidad del matrimonio entre homosexuales y su derecho a adoptar, así como la despenalización del aborto. La Conferencia Nacional de Obispos Brasileños inmediatamente criticó el programa, lo cual fue suficiente para que el presidente Lula ordenara la revisión del párrafo a favor del aborto en el programa de Derechos Humanos, elaborándose entonces un nuevo texto que hacía una defensa abstracta del aborto pero suprimiendo la referencia a la “autonomía” de las mujeres, estableciendo que la decisión privada de las mujeres para interrumpir su embarazo no era respaldada por el gobierno. Al mismo tiempo, el mencionado programa fue completamente revisado en asuntos concernientes al matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso en una cuestión tan importante y evidentemente necesaria en un Estado laico como la eliminación de símbolos religiosos (ahora muy evidentes) en las oficinas públicas.
Nada de esto sirvió, sin embargo, para que los obispos católicos restringieran su participación en las elecciones y particularmente en la segunda vuelta. Millones de folletos condenando a la hoy presidenta electa Rousseff por estar a favor del aborto y preparados al parecer por una imprenta cercana a su contrincante Serra estaban listos para ser distribuidos cuando fueron descubiertos y aunque eso generó una polémica, no impidió que algunos obispos en efecto llamaran a votar contra quienes no estaban a favor de la vida, es decir contra la candidata del PT. Al final, hasta Ratzinger intervino abiertamente en el proceso electoral, llamando a los obispos a defender sus posiciones contra el aborto.
Así las cosas, ambos contendientes, en lugar de defender los derechos civiles y las libertades ciudadanas, cedieron al chantaje y comenzaron a mostrarse cada vez más no sólo como creyentes, sino como defensores de las causas más conservadoras, asumiendo que eso es lo que la gente quiere, lo cual es un error. La paradoja es que ni Rousseff ni Serra son verdaderamente personas con perfil religioso o conservadoras. Sin embargo, campaña electoral de por medio, ambos sintieron la necesidad de congraciarse con los líderes religiosos, en lugar de pensar en las necesidades de una sociedad plural y diversa. El chantaje religioso funcionó.
(La madre naturaleza dotó al puercoespín de un traje hecho a la medida de sus necesidades, vestuario que le permite defenderse de sus enemigos naturales, sean los que sean; también a ciertos animales marinos le proveyó de tinta fuerte para despistar a sus potenciales cazadores, entre éstos al mayor depredador de la naturaleza, como quien esto escribe o lee; pero no le dio alas a los alacranes y a los asnos, ni a los políticos; a éstos los proveyó de capacidades camaleónicas, así pueden tener de interlocutores incluso al crimen organizado y a la camorra. Se reprodujo un análisis del investigador Roberto Blancarte, egresado del Colmex, a propósito de los camaleones, aparecido este marte en el diario mexicano Milenio.)
Eso no es todo. El 15 de octubre de 2009 el presidente Lula aprobó un decreto que establecía en el Ministerio de Derechos Humanos una coordinación general para promover los derechos de gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales. De hecho, el programa nacional de Derechos Humanos establecía la posibilidad del matrimonio entre homosexuales y su derecho a adoptar, así como la despenalización del aborto. La Conferencia Nacional de Obispos Brasileños inmediatamente criticó el programa, lo cual fue suficiente para que el presidente Lula ordenara la revisión del párrafo a favor del aborto en el programa de Derechos Humanos, elaborándose entonces un nuevo texto que hacía una defensa abstracta del aborto pero suprimiendo la referencia a la “autonomía” de las mujeres, estableciendo que la decisión privada de las mujeres para interrumpir su embarazo no era respaldada por el gobierno. Al mismo tiempo, el mencionado programa fue completamente revisado en asuntos concernientes al matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso en una cuestión tan importante y evidentemente necesaria en un Estado laico como la eliminación de símbolos religiosos (ahora muy evidentes) en las oficinas públicas.
Nada de esto sirvió, sin embargo, para que los obispos católicos restringieran su participación en las elecciones y particularmente en la segunda vuelta. Millones de folletos condenando a la hoy presidenta electa Rousseff por estar a favor del aborto y preparados al parecer por una imprenta cercana a su contrincante Serra estaban listos para ser distribuidos cuando fueron descubiertos y aunque eso generó una polémica, no impidió que algunos obispos en efecto llamaran a votar contra quienes no estaban a favor de la vida, es decir contra la candidata del PT. Al final, hasta Ratzinger intervino abiertamente en el proceso electoral, llamando a los obispos a defender sus posiciones contra el aborto.
Así las cosas, ambos contendientes, en lugar de defender los derechos civiles y las libertades ciudadanas, cedieron al chantaje y comenzaron a mostrarse cada vez más no sólo como creyentes, sino como defensores de las causas más conservadoras, asumiendo que eso es lo que la gente quiere, lo cual es un error. La paradoja es que ni Rousseff ni Serra son verdaderamente personas con perfil religioso o conservadoras. Sin embargo, campaña electoral de por medio, ambos sintieron la necesidad de congraciarse con los líderes religiosos, en lugar de pensar en las necesidades de una sociedad plural y diversa. El chantaje religioso funcionó.
(La madre naturaleza dotó al puercoespín de un traje hecho a la medida de sus necesidades, vestuario que le permite defenderse de sus enemigos naturales, sean los que sean; también a ciertos animales marinos le proveyó de tinta fuerte para despistar a sus potenciales cazadores, entre éstos al mayor depredador de la naturaleza, como quien esto escribe o lee; pero no le dio alas a los alacranes y a los asnos, ni a los políticos; a éstos los proveyó de capacidades camaleónicas, así pueden tener de interlocutores incluso al crimen organizado y a la camorra. Se reprodujo un análisis del investigador Roberto Blancarte, egresado del Colmex, a propósito de los camaleones, aparecido este marte en el diario mexicano Milenio.)
domingo, 31 de octubre de 2010
ALATORRE, DE UNA PIEZA
En noviembre de 1998, a unos días de recibir el Premio Nacional de Lengua y Literatura, Antonio Alatorre (1922-2010) concedió una larga entrevista en su casa de Las Águilas. Erudito y dicharachero, el filólogo se soltó al hablar durante horas de su vida y de sus investigaciones. El resultado fue el siguiente texto escrito en primera persona que él leyó cuando estuvo listo, pero entonces pidió que no se publicara tal cual.
“Sueno como a Borges y además me voy a meter en muchos problemas. No digo que haya mentiras pero no, Prefiero que me hagas otra entrevista y que esto lo guardes y lo publiques cuando yo ya no esté..., que será pronto, ya verás”. Pero Alatorre afortunadamente vivió 12 años más, hasta el pasado jueves 21 de octubre.
La versión conocida, y menos polémica, se publicó en el desaparecido suplemento cultural sábado. Lo que ahora se publica es sólo un fragmento de la larga versión original, en primera persona, que intenta retratar al estudioso de la literatura de los Siglos de Oro, en especial de sor Juana, al testigo de primera mano de la vida literaria del siglo XX, al polemista temible y al maestro entrañable.
Cuando Juan José Arreola se fue a París a fines de 1945, sentí que Guadalajara se quedaba árida; entonces decidí venir a la ciudad de México a la buena de Dios. Antes sólo le había escrito a don Alfonso Reyes, que respondió mi carta como acostumbraba hacerlo siempre con quien le escribiera, porque era un persona extraordinariamente amable. Y con la misma amabilidad que don Alfonso, me recibió también Daniel Cosío Villegas. Este me trató muy bien cuando le dije que tenía ganas de estudiar Letras. Sin embargo había un problema; en El Colegio de México sólo funcionaba un Centro de Estudios Históricos, pero no existía uno de estudios literarios, así que, mientras se abría, Cosío Villegas me ofreció un trabajo en el Fondo de Cultura Económica.
Este amor por el trabajo editorial ya lo traía desde que Juan José Arreola y yo hacíamos casi de contrabando la revista Pan en una imprenta de mano que estaba en los talleres del periódico El Occidental, en Guadalajara. A Juan José lo conocí cuando acababa de publicar en la revista Eos un cuento largo, “Hizo el bien mientras vivió”, una primicia ya que antes no había publicado nada.
Lo conocí cuando un amigo que le hacía a la escribidera en la Facultad de Derecho (en donde dizque yo estudiaba), al ver que yo también le hacía a la escribidera pensó que quizá estaría interesado en un trabajo en El Occidental, y me puso al tanto de la oportunidad. “Ahí vas a conocer a un tipo muy curioso”, me anticipó. Y aquel tipo curioso resultó ser un tal Juan José Arreola, de quien me volví cuate instantáneamente; lo cual fue maravilloso porque yo, que era un pendejo genuino en cuestiones de literatura, pude aprender mucho de ese hombre que, sin certificado de primaria, había paseado largo y tendido por la literatura. Así nos hicimos amigos y al poco tiempo hacíamos la revista Pan.
La generación de “Pan”
Cuando José Luis Martínez me dijo que había que reproducir el facsímil de Pan, me reí porque para mí esa revista no fue sino una vacilada; pero José Luis me respondió que fue una vacilada en la que se publicaron primicias de Arreola y de Rulfo. Sin embargo, en ninguno de los dos casos puede decirse que lo publicado en Pan fueron primicias, porque Rulfo ya había publicado un cuento en la revista América, que editaba Efrén Hernández, mientras que Arreola, como digo, ya había dado a conocer “Hizo el bien mientras vivió” en Eos.
Las revistas que han hecho historia como Contemporáneos o El Hijo Pródigo, por ejemplo, han surgido de un grupo, mientras que Pan nació de un grupo formado por dos personas: Juan José y yo; por eso era una revista pequeña que regalábamos, y uno de nuestros lujos era no publicar ningún anuncio de cosméticos ni de pelucas ni de nada.
Al salir el primer número de Pan, como Arreola y yo éramos muy amigos de Juan Rulfo, se la llevamos a su oficina, que estaba muy cerca de El Occidental. Juan José, que lo conocía muy bien, fue quien me presentó a Rulfo, un personaje que me resultó enigmático.
Cuando conocí a Arreola, me pareció un hombre muy curioso por sus movimientos, que me hacían imaginarlo lleno de azogue. Con él quedé apantalladísmo, y con Rulfo también, pero en otro sentido. Rulfo era más bien silencioso, metido en una oficina, donde estaba sólo de güevón. Juro que Arreola y yo nunca lo vimos hacer nada cuando llegábamos a visitarlo en aquella oficina adonde se encerraba a leer novelas gringas. Esto era lo único que hacía.
Para mí resultaba gracioso tener como amigos a un ser tan activo como Arreola y a un burócrata de tercera fila que no hacía más que leer novelas gringas. Rulfo era silencioso pero de pronto nos contaba cosas con ese humor un poco socarrón que tenía, y entonces Arreola y yo comentábamos que Juan era un tipo formidable, un tipo formidable que nos tomó por sorpresa cuando, al regalarle el primer número de Pan, en respuesta nos entregó un texto llamado “Nos han dado la tierra”, diciéndonos: “Ahi a ver si les sirve un cuento”. Arreola y yo nos quedamos, como se dice, de a seis. Y es que no sabíamos que Rulfo escribiera. Naturalmente publicamos su cuento de inmediato.
Por ese momento que viví en Guadalajara, la época de la revista Pan, puedo decir que tengo el honor de formar parte, junto con Arreola y Rulfo, de una misma generación, una generación de tres cuates cuyas vidas fueron muy distintas en los años siguientes.
Los consejos de Arreola a Rulfo
Fue en Poesía en Voz Alta cuando traté a Octavio Paz, a quien ya había conocido en París. Sobre esos años escribí en un texto llamado “Octavio Paz y Poesía en Voz Alta”, que me pidieron en la revista Textual cuando le dieron el Premio Nobel. ¡Qué agradable era tratar con Octavio Paz en 1956, cuando era uno de nosotros! En ese momento el Premio Nobel era algo inconcebible.
Sin embargo, al ganar el Nobel, Octavio se fue a la estratósfera y uno aquí, en la Tierra, apenas lo veía. Después del Premio, se hizo muy vanidoso; una consecuencia natural de la fama, la cual surte algunos efectos desastrosos que he visto también, por ejemplo, en Rulfo, aunque no a la manera de Octavio.
Cuando conocí a Rulfo en Guadalajara, en la época en que se la pasaba leyendo puras novelas gringas, me recomendó sus lecturas. Gracias a él la primera novela gringa que leí fue una de Erskine Cadwell, y luego me ponderó mucho a William Faulkner, de tal manera que compré Santuario en inglés y me di cuenta que el entusiasmo de Juan estaba muy justificado. A mí Faulkner me impresionó muchísimo también.
Bien, pues cuando se cumplieron 25 años de la aparición de Pedro Páramo, Juan hizo unas declaraciones muy solemnes en Excelsior, en las que comentaba algo más o menos que decía así:
“Se están diciendo muchos cuentos sobre cómo escribí Pedro Páramo, y ahora voy a contar cómo ocurrieron las cosas para que ya no se anden con más cuentos. Por ahí se dice que hay influencia de Faulkner en Pedro Páramo. No es verdad, porque cuando escribí Pedro Páramo no conocía a Faulkner.”
Y ahí lo agarré en una mentirota. Si yo me hubiera llevado con Rulfo en ese momento, le habría dicho: “¡Pero, Juan, cómo dices eso, por qué! Pero ya no nos veíamos. ¿Por qué lo dijo? Por la fama, por la pinche fama. Él, que sin duda era muy ingenuo, pensó que quienes hablaban de la influencia de Faulkner en Pedro Páramo estaban achicando su novela. Y claro que su novela tiene influencias. El haber desconocido sus lecturas de Faulkner constándonos a varios, no sólo a mí, pues, por ejemplo, Arreola también fue testigo, se explica por los efectos de la fama.
Otra cosa lamentable fue que, al hacer sus declaraciones sobre Pedro Páramo, Rulfo no mencionaba que Arreola lo sacó del aprieto final, cuando no sabía qué hacer con el pedacerío que había escrito para el Centro Mexicano de Escritores; y es que Arreola fue quien le dijo: “Pero es que así es esta novela; son fragmentos, vamos a organizarlos”, cuando él estaba neurótico porque ya tenía que entregar la novela. Entonces Arreola le propuso serenarse para organizarlo.
Esa parte tan importante no la contó Rulfo, lo cual también fue una forma de mentir bajo los efectos de la fama. ¡Nada de que la estructura de Pedro Páramo obedecía a una intención de... ni qué la chingada! Y es que Juan hablaba como si hubiera sido un genio planeador de esa estructura temporal y de todo lo demás. No. Todo fue resultado de algo no premeditado y de que Arreola le propuso dejarlo así. Cómo no voy a decir esto, si recuerdo cuando Arreola me dijo: “El otro día vi a Rulfo. Ya terminó. Por cierto que andaba muy preocupado por... y entonces le ayudé a...”
Yo estaba muy pendiente de todo esto porque había visto en la Revista Universidad de México “Los murmullos”, un adelanto que me dejó fascinado, y cada que veía a Juan le preguntaba: “¿Cuándo, cuándo el libro?”
Los efectos de la fama en Paz
En el caso de Octavio Paz, los efectos de su fama los percibí según se comportó en los distintos contactos que tuvimos. Esta es la historia.
Cuando Octavio publicó Las trampas de la fe, me envió su libro con una dedicatoria amable. Lo leí y dije, pues sí es un libro muy importante, aunque está lleno de cosas con las que no estoy de acuerdo. Y al leerlo comencé a marcar mi ejemplar para señalar las erratas o para subrayar cuestiones de contenido. Hice una lista de más de cien erratas y se la mandé a Paz, quien me contestó en una carta muy agradecido. Por esto, en la tercera edición de su libro añadió a los agradecimientos, uno mí, que está redactado de manera tan ambigua que algunos han entendido que Octavio me sometió su manuscrito y que yo le di el visto bueno, lo cual no hubiera sido posible. Ahí terminó el asunto.
El otro contacto fue muy distinto. En 1993, cuando hubo un simposio sobre sor Juana en la UNAM, me pidieron que lo inaugurara. Entonces pensé que era una buena oportunidad para decir cosas que tenía ganas, entre ellas que el poema más importante de sor Juana, Primero sueño, es uno de los que recibe el peor tratamiento en el libro de Octavio, quien no lo entiende en cuanto a conjunto; porque, aparte de complicarlo innecesariamente, mete un montón de cosas que no están en el poema, o sea que fantasea y toma el poema como pretexto para decir cosas tremebundas (por ejemplo, algo que llama mucho mi atención es que varias veces dice que el Sueño es una especie de viaje espacial, y habla de las esferas siderales; pero esto no es cierto, no hay tal cosa).
Entonces escribí un texto, lo leí y, antes de publicarlo, le mandé copia a Paz para que no le sorprendiera. Recuerdo que le dije: “Te envío esto porque si lo ves de pronto en imprenta ya sé lo que vas a decir: ‘¡ah, enemigo!’ Esta es una crítica y tú, aceptador de la crítica, dime si algo no está bien.” Pero no pudo decirme nada excepto una cosa un poco ingenua: que había querido engrandecer a sor Juana y que yo la achicaba (como si inflar a sor Juana con hermetismo fuera engrandecerla); así que en resumidas cuentas no pudo decir nada.
Todo está por escrito; comenté y discutí con Paz por escrito, por eso me apenó que, a causa de los comentarios que dije en El Colegio de México sobre mi relación con Octavio, semanas después de que había muerto, me acusaran de aprovecharme de su muerte.
Otro incidente con Paz sucedió cuando al publicarse La segunda Celestina, dizque escrita por sor Juana -según Guillermo Schmidhuber- lo obligué a publicar en Vuelta mi artículo sobre el descubrimiento de Schmidhuber.
El rigor del crítico
Yo tengo una visión muy estricta, exigencias de seriedad muy concretas, de manera que cuando me encuentro con un interlocutor que pretende discutir sobre los temas que he investigado toda mi vida y me dice “no, es que de esto no sé”, “esto no lo he leído”, para mí entonces muere la discusión. No me refiero a mi nivel intelectual, nada de eso, hablo de los pertrechos de lectura. Por esto le dije no a Guillermo Schmidhuber y no a José Pascual Buxó a propósito de sus investigaciones sobre sor Juana.
Una cosa que no me parece bien en el sorjuanismo mexicano moderno es la aceptación de todo lo que dice Octavio Paz como si ya hubiera hablado el maestro, el oráculo. En otro nivel, esto también sucede con lo que ha dicho Elías Trabulse, a quien se cita y se cita como si fuera también un oráculo.
Falta crítica, y la razón de esto es que realmente los sorjuanistas no están bien formados. Un ejemplo es mi amiga Margo Glantz, quien ha aplaudido a Paz y a Trabulse una y otra vez. Ella hace muchas otras cosas, es decir, no está metida completamente en el tema, y entonces es natural que acuda a Paz, a Trabulse y a mí; sin embargo, mi amiga no está para hacer crítica sobre sor Juana, está para hacer ensayismo a propósito de sor Juana, sobre la situación de la mujer, sobre la opresión, etcétera. Todo esto es legítimo, pero lo más importante es leer a sor Juana atendiendo los textos mismos, que son lo central, porque el conocimiento directo del texto debe ser el núcleo de todo estudio literario, no las especulaciones personales en donde el texto queda lejísimos. Como Margo, muchos otros están así.
Sin embargo, nadie afecta a sor Juana por lo siguiente: el secretario de la Condesa de Paredes, Francisco de las Heras, fue testigo de cómo el nombre de sor Juana estaba en boca de todos los mexicanos que iban a las iglesias y oían cantar sus villancicos y decían: “Son de una monja muy sabia”, de manera que todo el mundo sabía que en San Jerónimo vivía una monja muy chingona. Esta era su aura popular.
De las Heras, al escribir uno de los dos prólogos del primer tomo de la obra de sor Juana, que se llamaba Inundación Castálida, publicado en España, aclaraba a los españoles: pero no vayan a pensar que la monja es una populachera; lo que pasa es que cuando hay una llama chiquita, como la de una vela, un soplo llega y la mata; pero cuando se trata de una gran llama, el viento la aviva.
Este es un testimonio de alguien que vio el fenómeno sor Juana, a quien todos le aplaudían. Que se hable de ella en conferencias y simposios y que estampen su imagen en billetes es su aura popular; pero siendo ella lo que es, todo esto es inofensivo, porque lo aguanta y lo seguirá aguantando sin duda.
(Con la muerte de Antonio Alatorre muere también una generación de autores importantes del siglo XX en México, los que hicieron camino entre los temas de un país rural a uno urbano, en los extremos estarían Juan Rulfo con dos libros medulares y Juan José Arreola con una prosa cargada de un aliento poético; pero estarían también los estudiosos de la creación literaria como José Luis Martínez, Octavio Paz y el propio Alatorre, quienes se ocuparon de la raíz de la poesía, sor Juana Inés de la Cruz. La entrevista se reproduce del diario El Universal, donde aparecen los tapatíos de cuerpo completo.)
“Sueno como a Borges y además me voy a meter en muchos problemas. No digo que haya mentiras pero no, Prefiero que me hagas otra entrevista y que esto lo guardes y lo publiques cuando yo ya no esté..., que será pronto, ya verás”. Pero Alatorre afortunadamente vivió 12 años más, hasta el pasado jueves 21 de octubre.
La versión conocida, y menos polémica, se publicó en el desaparecido suplemento cultural sábado. Lo que ahora se publica es sólo un fragmento de la larga versión original, en primera persona, que intenta retratar al estudioso de la literatura de los Siglos de Oro, en especial de sor Juana, al testigo de primera mano de la vida literaria del siglo XX, al polemista temible y al maestro entrañable.
Cuando Juan José Arreola se fue a París a fines de 1945, sentí que Guadalajara se quedaba árida; entonces decidí venir a la ciudad de México a la buena de Dios. Antes sólo le había escrito a don Alfonso Reyes, que respondió mi carta como acostumbraba hacerlo siempre con quien le escribiera, porque era un persona extraordinariamente amable. Y con la misma amabilidad que don Alfonso, me recibió también Daniel Cosío Villegas. Este me trató muy bien cuando le dije que tenía ganas de estudiar Letras. Sin embargo había un problema; en El Colegio de México sólo funcionaba un Centro de Estudios Históricos, pero no existía uno de estudios literarios, así que, mientras se abría, Cosío Villegas me ofreció un trabajo en el Fondo de Cultura Económica.
Este amor por el trabajo editorial ya lo traía desde que Juan José Arreola y yo hacíamos casi de contrabando la revista Pan en una imprenta de mano que estaba en los talleres del periódico El Occidental, en Guadalajara. A Juan José lo conocí cuando acababa de publicar en la revista Eos un cuento largo, “Hizo el bien mientras vivió”, una primicia ya que antes no había publicado nada.
Lo conocí cuando un amigo que le hacía a la escribidera en la Facultad de Derecho (en donde dizque yo estudiaba), al ver que yo también le hacía a la escribidera pensó que quizá estaría interesado en un trabajo en El Occidental, y me puso al tanto de la oportunidad. “Ahí vas a conocer a un tipo muy curioso”, me anticipó. Y aquel tipo curioso resultó ser un tal Juan José Arreola, de quien me volví cuate instantáneamente; lo cual fue maravilloso porque yo, que era un pendejo genuino en cuestiones de literatura, pude aprender mucho de ese hombre que, sin certificado de primaria, había paseado largo y tendido por la literatura. Así nos hicimos amigos y al poco tiempo hacíamos la revista Pan.
La generación de “Pan”
Cuando José Luis Martínez me dijo que había que reproducir el facsímil de Pan, me reí porque para mí esa revista no fue sino una vacilada; pero José Luis me respondió que fue una vacilada en la que se publicaron primicias de Arreola y de Rulfo. Sin embargo, en ninguno de los dos casos puede decirse que lo publicado en Pan fueron primicias, porque Rulfo ya había publicado un cuento en la revista América, que editaba Efrén Hernández, mientras que Arreola, como digo, ya había dado a conocer “Hizo el bien mientras vivió” en Eos.
Las revistas que han hecho historia como Contemporáneos o El Hijo Pródigo, por ejemplo, han surgido de un grupo, mientras que Pan nació de un grupo formado por dos personas: Juan José y yo; por eso era una revista pequeña que regalábamos, y uno de nuestros lujos era no publicar ningún anuncio de cosméticos ni de pelucas ni de nada.
Al salir el primer número de Pan, como Arreola y yo éramos muy amigos de Juan Rulfo, se la llevamos a su oficina, que estaba muy cerca de El Occidental. Juan José, que lo conocía muy bien, fue quien me presentó a Rulfo, un personaje que me resultó enigmático.
Cuando conocí a Arreola, me pareció un hombre muy curioso por sus movimientos, que me hacían imaginarlo lleno de azogue. Con él quedé apantalladísmo, y con Rulfo también, pero en otro sentido. Rulfo era más bien silencioso, metido en una oficina, donde estaba sólo de güevón. Juro que Arreola y yo nunca lo vimos hacer nada cuando llegábamos a visitarlo en aquella oficina adonde se encerraba a leer novelas gringas. Esto era lo único que hacía.
Para mí resultaba gracioso tener como amigos a un ser tan activo como Arreola y a un burócrata de tercera fila que no hacía más que leer novelas gringas. Rulfo era silencioso pero de pronto nos contaba cosas con ese humor un poco socarrón que tenía, y entonces Arreola y yo comentábamos que Juan era un tipo formidable, un tipo formidable que nos tomó por sorpresa cuando, al regalarle el primer número de Pan, en respuesta nos entregó un texto llamado “Nos han dado la tierra”, diciéndonos: “Ahi a ver si les sirve un cuento”. Arreola y yo nos quedamos, como se dice, de a seis. Y es que no sabíamos que Rulfo escribiera. Naturalmente publicamos su cuento de inmediato.
Por ese momento que viví en Guadalajara, la época de la revista Pan, puedo decir que tengo el honor de formar parte, junto con Arreola y Rulfo, de una misma generación, una generación de tres cuates cuyas vidas fueron muy distintas en los años siguientes.
Los consejos de Arreola a Rulfo
Fue en Poesía en Voz Alta cuando traté a Octavio Paz, a quien ya había conocido en París. Sobre esos años escribí en un texto llamado “Octavio Paz y Poesía en Voz Alta”, que me pidieron en la revista Textual cuando le dieron el Premio Nobel. ¡Qué agradable era tratar con Octavio Paz en 1956, cuando era uno de nosotros! En ese momento el Premio Nobel era algo inconcebible.
Sin embargo, al ganar el Nobel, Octavio se fue a la estratósfera y uno aquí, en la Tierra, apenas lo veía. Después del Premio, se hizo muy vanidoso; una consecuencia natural de la fama, la cual surte algunos efectos desastrosos que he visto también, por ejemplo, en Rulfo, aunque no a la manera de Octavio.
Cuando conocí a Rulfo en Guadalajara, en la época en que se la pasaba leyendo puras novelas gringas, me recomendó sus lecturas. Gracias a él la primera novela gringa que leí fue una de Erskine Cadwell, y luego me ponderó mucho a William Faulkner, de tal manera que compré Santuario en inglés y me di cuenta que el entusiasmo de Juan estaba muy justificado. A mí Faulkner me impresionó muchísimo también.
Bien, pues cuando se cumplieron 25 años de la aparición de Pedro Páramo, Juan hizo unas declaraciones muy solemnes en Excelsior, en las que comentaba algo más o menos que decía así:
“Se están diciendo muchos cuentos sobre cómo escribí Pedro Páramo, y ahora voy a contar cómo ocurrieron las cosas para que ya no se anden con más cuentos. Por ahí se dice que hay influencia de Faulkner en Pedro Páramo. No es verdad, porque cuando escribí Pedro Páramo no conocía a Faulkner.”
Y ahí lo agarré en una mentirota. Si yo me hubiera llevado con Rulfo en ese momento, le habría dicho: “¡Pero, Juan, cómo dices eso, por qué! Pero ya no nos veíamos. ¿Por qué lo dijo? Por la fama, por la pinche fama. Él, que sin duda era muy ingenuo, pensó que quienes hablaban de la influencia de Faulkner en Pedro Páramo estaban achicando su novela. Y claro que su novela tiene influencias. El haber desconocido sus lecturas de Faulkner constándonos a varios, no sólo a mí, pues, por ejemplo, Arreola también fue testigo, se explica por los efectos de la fama.
Otra cosa lamentable fue que, al hacer sus declaraciones sobre Pedro Páramo, Rulfo no mencionaba que Arreola lo sacó del aprieto final, cuando no sabía qué hacer con el pedacerío que había escrito para el Centro Mexicano de Escritores; y es que Arreola fue quien le dijo: “Pero es que así es esta novela; son fragmentos, vamos a organizarlos”, cuando él estaba neurótico porque ya tenía que entregar la novela. Entonces Arreola le propuso serenarse para organizarlo.
Esa parte tan importante no la contó Rulfo, lo cual también fue una forma de mentir bajo los efectos de la fama. ¡Nada de que la estructura de Pedro Páramo obedecía a una intención de... ni qué la chingada! Y es que Juan hablaba como si hubiera sido un genio planeador de esa estructura temporal y de todo lo demás. No. Todo fue resultado de algo no premeditado y de que Arreola le propuso dejarlo así. Cómo no voy a decir esto, si recuerdo cuando Arreola me dijo: “El otro día vi a Rulfo. Ya terminó. Por cierto que andaba muy preocupado por... y entonces le ayudé a...”
Yo estaba muy pendiente de todo esto porque había visto en la Revista Universidad de México “Los murmullos”, un adelanto que me dejó fascinado, y cada que veía a Juan le preguntaba: “¿Cuándo, cuándo el libro?”
Los efectos de la fama en Paz
En el caso de Octavio Paz, los efectos de su fama los percibí según se comportó en los distintos contactos que tuvimos. Esta es la historia.
Cuando Octavio publicó Las trampas de la fe, me envió su libro con una dedicatoria amable. Lo leí y dije, pues sí es un libro muy importante, aunque está lleno de cosas con las que no estoy de acuerdo. Y al leerlo comencé a marcar mi ejemplar para señalar las erratas o para subrayar cuestiones de contenido. Hice una lista de más de cien erratas y se la mandé a Paz, quien me contestó en una carta muy agradecido. Por esto, en la tercera edición de su libro añadió a los agradecimientos, uno mí, que está redactado de manera tan ambigua que algunos han entendido que Octavio me sometió su manuscrito y que yo le di el visto bueno, lo cual no hubiera sido posible. Ahí terminó el asunto.
El otro contacto fue muy distinto. En 1993, cuando hubo un simposio sobre sor Juana en la UNAM, me pidieron que lo inaugurara. Entonces pensé que era una buena oportunidad para decir cosas que tenía ganas, entre ellas que el poema más importante de sor Juana, Primero sueño, es uno de los que recibe el peor tratamiento en el libro de Octavio, quien no lo entiende en cuanto a conjunto; porque, aparte de complicarlo innecesariamente, mete un montón de cosas que no están en el poema, o sea que fantasea y toma el poema como pretexto para decir cosas tremebundas (por ejemplo, algo que llama mucho mi atención es que varias veces dice que el Sueño es una especie de viaje espacial, y habla de las esferas siderales; pero esto no es cierto, no hay tal cosa).
Entonces escribí un texto, lo leí y, antes de publicarlo, le mandé copia a Paz para que no le sorprendiera. Recuerdo que le dije: “Te envío esto porque si lo ves de pronto en imprenta ya sé lo que vas a decir: ‘¡ah, enemigo!’ Esta es una crítica y tú, aceptador de la crítica, dime si algo no está bien.” Pero no pudo decirme nada excepto una cosa un poco ingenua: que había querido engrandecer a sor Juana y que yo la achicaba (como si inflar a sor Juana con hermetismo fuera engrandecerla); así que en resumidas cuentas no pudo decir nada.
Todo está por escrito; comenté y discutí con Paz por escrito, por eso me apenó que, a causa de los comentarios que dije en El Colegio de México sobre mi relación con Octavio, semanas después de que había muerto, me acusaran de aprovecharme de su muerte.
Otro incidente con Paz sucedió cuando al publicarse La segunda Celestina, dizque escrita por sor Juana -según Guillermo Schmidhuber- lo obligué a publicar en Vuelta mi artículo sobre el descubrimiento de Schmidhuber.
El rigor del crítico
Yo tengo una visión muy estricta, exigencias de seriedad muy concretas, de manera que cuando me encuentro con un interlocutor que pretende discutir sobre los temas que he investigado toda mi vida y me dice “no, es que de esto no sé”, “esto no lo he leído”, para mí entonces muere la discusión. No me refiero a mi nivel intelectual, nada de eso, hablo de los pertrechos de lectura. Por esto le dije no a Guillermo Schmidhuber y no a José Pascual Buxó a propósito de sus investigaciones sobre sor Juana.
Una cosa que no me parece bien en el sorjuanismo mexicano moderno es la aceptación de todo lo que dice Octavio Paz como si ya hubiera hablado el maestro, el oráculo. En otro nivel, esto también sucede con lo que ha dicho Elías Trabulse, a quien se cita y se cita como si fuera también un oráculo.
Falta crítica, y la razón de esto es que realmente los sorjuanistas no están bien formados. Un ejemplo es mi amiga Margo Glantz, quien ha aplaudido a Paz y a Trabulse una y otra vez. Ella hace muchas otras cosas, es decir, no está metida completamente en el tema, y entonces es natural que acuda a Paz, a Trabulse y a mí; sin embargo, mi amiga no está para hacer crítica sobre sor Juana, está para hacer ensayismo a propósito de sor Juana, sobre la situación de la mujer, sobre la opresión, etcétera. Todo esto es legítimo, pero lo más importante es leer a sor Juana atendiendo los textos mismos, que son lo central, porque el conocimiento directo del texto debe ser el núcleo de todo estudio literario, no las especulaciones personales en donde el texto queda lejísimos. Como Margo, muchos otros están así.
Sin embargo, nadie afecta a sor Juana por lo siguiente: el secretario de la Condesa de Paredes, Francisco de las Heras, fue testigo de cómo el nombre de sor Juana estaba en boca de todos los mexicanos que iban a las iglesias y oían cantar sus villancicos y decían: “Son de una monja muy sabia”, de manera que todo el mundo sabía que en San Jerónimo vivía una monja muy chingona. Esta era su aura popular.
De las Heras, al escribir uno de los dos prólogos del primer tomo de la obra de sor Juana, que se llamaba Inundación Castálida, publicado en España, aclaraba a los españoles: pero no vayan a pensar que la monja es una populachera; lo que pasa es que cuando hay una llama chiquita, como la de una vela, un soplo llega y la mata; pero cuando se trata de una gran llama, el viento la aviva.
Este es un testimonio de alguien que vio el fenómeno sor Juana, a quien todos le aplaudían. Que se hable de ella en conferencias y simposios y que estampen su imagen en billetes es su aura popular; pero siendo ella lo que es, todo esto es inofensivo, porque lo aguanta y lo seguirá aguantando sin duda.
(Con la muerte de Antonio Alatorre muere también una generación de autores importantes del siglo XX en México, los que hicieron camino entre los temas de un país rural a uno urbano, en los extremos estarían Juan Rulfo con dos libros medulares y Juan José Arreola con una prosa cargada de un aliento poético; pero estarían también los estudiosos de la creación literaria como José Luis Martínez, Octavio Paz y el propio Alatorre, quienes se ocuparon de la raíz de la poesía, sor Juana Inés de la Cruz. La entrevista se reproduce del diario El Universal, donde aparecen los tapatíos de cuerpo completo.)
sábado, 30 de octubre de 2010
LA CASA QUE EDIFICAMOS
Lucho por el derecho a ser diferente. Es mi postura ante la vida. La diversidad de la belleza. Esta industria es muy conservadora y la mejor forma de cambiarla pasa por incorporar ese mensaje en cada una de tus decisiones. El mejor remedio contra la intolerancia es la sinceridad". La industria a la que se refiere la frase es la cosmética. Y la declaración podría ser una de esas huecas afirmaciones que proliferan en ella. Si no la pronunciara Youcef Nabi.
"He hecho los deberes. Y cuando empiezas a comprenderte a ti mismo eres capaz de entender a los demás"
Una persona que escapa a los convencionalismos. Youcef Nabi, de 41 años, es el director general de Lancôme internacional desde hace un año y tres meses. No es un detalle menor que se trate de la marca líder en cosmética de lujo del mayor grupo de belleza del mundo, L'Oréal. En la actualidad, Youcef prefiere que le llamen Sue y tiene el aspecto de una sofisticada y atractiva mujer. En un encuentro veraniego en París, en el hotel Ritz, lleva un fino jersey azul marino que acentúa sus curvas, un moño cuidadosamente deshecho y tacones moderados que subrayan su altura. Sus subordinados utilizan pronombres femeninos para referirse a él, pero el currículo institucional y el cargo se escriben todavía en masculino.
"No es que haya elegido cambiarme el nombre a Sue", afirmaba Nabi en el periódico alemán Welt. "No tiene ningún significado simbólico. Así me llaman mis amigos. Mi nombre es Youcef. La vida es como una casa que se construye piedra a piedra. No puedes quitar ninguna o se colapsa. Es importante mantenerla sólida". La carrera profesional de Nabi se ha desarrollado íntegramente en el grupo L'Oréal, adonde llegó en 1994. En 2000 fue designado director general de la división de maquillaje de L'Oréal Paris, y cuatro años después ya era director general de la compañía en Francia. En 2006 alcanzó la dirección internacional de la marca que da nombre al grupo. Sus atrevidas decisiones y excelentes resultados le abrieron las puertas de Lancôme, la joya de la corona del conglomerado francés. "Mi ascenso ha sido bastante rápido", admite Nabi. "Se me asignaron puestos de responsabilidad muy pronto. En L'Oréal, cuando perciben que tienes algo que aportar, te dan oportunidades. He tenido buenos mentores y la gran suerte de encontrar a gente que me ha ayudado a crecer. Lo mismo que yo hago ahora con los que trabajan para mí".
Youcef Nabi nació en Argel y se trasladó a París a estudiar. Ingeniero agrónomo y diplomado en la escuela de negocios francesa Essec, tiene un carisma insólito en un alto directivo. La primera vez que esta periodista le vio en una presentación, este se metió en el bolsillo a un áspero grupo de reporteros. Reunidos en una catacumba a orillas del Sena, una húmeda mañana de enero, acabaron en sus manos como si fueran plastilina. Ni siquiera Linda Evangelista, a su lado, consiguió hacerle sombra. Apasionado por la literatura futurista, el cine, la medicina y la bioquímica, se nota que disfruta tanto con la parte científica de su profesión como con su potencial para la fábula y la fantasía. "Deseaba trabajar en belleza desde los 12 años. Tal vez porque mi padre es pintor. Su educación artística seguramente explica mi temprana fascinación por este mundo. Prefiero el lado estético del negocio que solo el científico", admite. "Aunque me gusta entender cómo funcionan las cosas. Es la mejor forma de llegar al ser humano. Primero intento conocerme a mí, lo que no siempre ha sido fácil. Pero he hecho los deberes. Y cuando empiezas a comprenderte a ti mismo eres capaz de entender a los demás".
Creció, según su propio relato, fascinado por los anuncios del perfume Trésor protagonizados por Isabella Rossellini. Una imagen que, finalmente, le ha tocado reformular. Penélope Cruz, una buena amiga a quien se ha traído de L'Oréal Paris, ha sido elegida para encarnar este mito de la femineidad en 2010. "Todo el mundo que llega a una marca quiere diseñar una fragancia nueva. Yo, desde el principio, quise hacer mi propio Trésor. Este perfume ha sido una pasión en mi vida desde muy joven. Me recuerdo hace más de 20 años en el norte de África, en casa, viendo la campaña de Isabella Rossellini y diciéndole a mi madre: '¡Qué guapa es!'. Todavía hoy me gusta enseñar mi trabajo a mis padres. Cuando le mostré el nuevo anuncio de Penélope Cruz a mi padre, me dijo: 'Es una pintura preciosa".
Además de sus padres, hay otra persona a quien Nabi gusta de consultar sus decisiones. El diseñador Alber Elbaz, exquisito director artístico de Lanvin, es un amigo fiel desde hace años. Como también sucedió con Karl Lagerfeld o Mario Testino, Nabi sintió con él una conexión espontánea, muy cercana al flechazo. "Yo trabajo así. En cinco minutos sé si la gente va a funcionar o no. Es una cuestión de instinto. Para mí, todo empieza con una relación personal. Si no la hay, es muy complicado desarrollar negocios. Es como un matrimonio. Primero tienes que asegurarte de que hay un entendimiento. A partir de ahí puedes construir algo que vaya a durar varios años".
El encuentro con Mario Testino tiene una gran trascendencia para la historia de una marca que este año ha celebrado su 75º aniversario. El fotógrafo peruano -que expone su obra en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid- se ha convertido en el único "ojo" de Lancôme. Desde este año, todas las imágenes y clips de la compañía llevan su firma. Un movimiento inhabitual en una industria poco propensa a las relaciones estables. "La gente a tu alrededor te presiona para que cambies", admite Nabi. "Todo el mundo quiere probar cosas nuevas, pero mi trabajo consiste en mantener el rumbo y estar convencido. En el negocio del lujo es crucial tener una visión. Con una sola mirada consigues una imagen sólida y coherente. No es fácil encontrar ese ojo único. Lancôme tiene varias facetas, así que necesitaba a alguien capaz de hacer imágenes de moda y otras muy clásicas. Mario entrega ambas. Recuerde a Lady Di en blanco y negro o las provocativas campañas de Gucci con Tom Ford".
El otro lazo estratégico que Nabi ha echado desde su llegada a Lancôme cazó a la actriz Julia Roberts. Se atribuye a Nabi la incorporación de portavoces de razas, edades y perfiles más diversos a L'Oréal Paris. Una política que aspira a continuar en su nuevo puesto. "Cuando surgió la posibilidad de colaborar con Julia Roberts, alguien me dijo: "Tiene 40 años". Y yo respondí: "¿Y qué?". Está en la mejor edad. Es increíblemente bella, sabe qué quiere y tiene una historia que contar. Las chicas de 20 años pueden ser guapísimas, pero no tienen historia. Es importante estar representado por una diversidad de edades, colores y tipos de belleza. La mejor descripción que podrías hacer de Lancôme es que es una marca contracultural, que se opone al universo de los bimbos".
En 15 meses, Nabi ha colocado a Lancôme en la órbita de la modernidad. Esta Navidad lanzará una colección de maquillaje firmada por L'Wren Scott, que además de una estilista y diseñadora de moda estadounidense es la altísima novia de Mick Jagger. Inyección de excitación para una marca que -a pesar de su fortaleza en las categorías más racionales, como tratamiento de la piel- había visto flaquear sus frentes más emocionales: maquillaje y perfumes. "Hay espacio para crecer. Es un error creer que Lancôme solo puede ser el rey del cuidado de la piel. Puede ser el rey de todo lo demás. Solo hay que encontrar la forma adecuada de contar nuestra historia". Aunque es difícil que ninguna sea tan bonita como la que ha escrito para sí: Youcef, Sue, Nabi, la persona que huye de las etiquetas y lucha por una belleza auténtica y plural. "Es mucho mejor contar historias que dar lecciones".
("la vida es como una casa que se construye piedra a piedra; de otro modo se desnivela o se colapsa", palabras sabias de una mujer exitosa llamada Youcef, nombre masculino escogido por sus padres y a quien hoy conocen en su empresa como Sue, quien ha tenido la visión de rodearse de otros talentos para el lanzamiento de sus productos, como Julia Roberts y Penélope Cruz. Se tomó la entrevista del diario El País, español.)
"He hecho los deberes. Y cuando empiezas a comprenderte a ti mismo eres capaz de entender a los demás"
Una persona que escapa a los convencionalismos. Youcef Nabi, de 41 años, es el director general de Lancôme internacional desde hace un año y tres meses. No es un detalle menor que se trate de la marca líder en cosmética de lujo del mayor grupo de belleza del mundo, L'Oréal. En la actualidad, Youcef prefiere que le llamen Sue y tiene el aspecto de una sofisticada y atractiva mujer. En un encuentro veraniego en París, en el hotel Ritz, lleva un fino jersey azul marino que acentúa sus curvas, un moño cuidadosamente deshecho y tacones moderados que subrayan su altura. Sus subordinados utilizan pronombres femeninos para referirse a él, pero el currículo institucional y el cargo se escriben todavía en masculino.
"No es que haya elegido cambiarme el nombre a Sue", afirmaba Nabi en el periódico alemán Welt. "No tiene ningún significado simbólico. Así me llaman mis amigos. Mi nombre es Youcef. La vida es como una casa que se construye piedra a piedra. No puedes quitar ninguna o se colapsa. Es importante mantenerla sólida". La carrera profesional de Nabi se ha desarrollado íntegramente en el grupo L'Oréal, adonde llegó en 1994. En 2000 fue designado director general de la división de maquillaje de L'Oréal Paris, y cuatro años después ya era director general de la compañía en Francia. En 2006 alcanzó la dirección internacional de la marca que da nombre al grupo. Sus atrevidas decisiones y excelentes resultados le abrieron las puertas de Lancôme, la joya de la corona del conglomerado francés. "Mi ascenso ha sido bastante rápido", admite Nabi. "Se me asignaron puestos de responsabilidad muy pronto. En L'Oréal, cuando perciben que tienes algo que aportar, te dan oportunidades. He tenido buenos mentores y la gran suerte de encontrar a gente que me ha ayudado a crecer. Lo mismo que yo hago ahora con los que trabajan para mí".
Youcef Nabi nació en Argel y se trasladó a París a estudiar. Ingeniero agrónomo y diplomado en la escuela de negocios francesa Essec, tiene un carisma insólito en un alto directivo. La primera vez que esta periodista le vio en una presentación, este se metió en el bolsillo a un áspero grupo de reporteros. Reunidos en una catacumba a orillas del Sena, una húmeda mañana de enero, acabaron en sus manos como si fueran plastilina. Ni siquiera Linda Evangelista, a su lado, consiguió hacerle sombra. Apasionado por la literatura futurista, el cine, la medicina y la bioquímica, se nota que disfruta tanto con la parte científica de su profesión como con su potencial para la fábula y la fantasía. "Deseaba trabajar en belleza desde los 12 años. Tal vez porque mi padre es pintor. Su educación artística seguramente explica mi temprana fascinación por este mundo. Prefiero el lado estético del negocio que solo el científico", admite. "Aunque me gusta entender cómo funcionan las cosas. Es la mejor forma de llegar al ser humano. Primero intento conocerme a mí, lo que no siempre ha sido fácil. Pero he hecho los deberes. Y cuando empiezas a comprenderte a ti mismo eres capaz de entender a los demás".
Creció, según su propio relato, fascinado por los anuncios del perfume Trésor protagonizados por Isabella Rossellini. Una imagen que, finalmente, le ha tocado reformular. Penélope Cruz, una buena amiga a quien se ha traído de L'Oréal Paris, ha sido elegida para encarnar este mito de la femineidad en 2010. "Todo el mundo que llega a una marca quiere diseñar una fragancia nueva. Yo, desde el principio, quise hacer mi propio Trésor. Este perfume ha sido una pasión en mi vida desde muy joven. Me recuerdo hace más de 20 años en el norte de África, en casa, viendo la campaña de Isabella Rossellini y diciéndole a mi madre: '¡Qué guapa es!'. Todavía hoy me gusta enseñar mi trabajo a mis padres. Cuando le mostré el nuevo anuncio de Penélope Cruz a mi padre, me dijo: 'Es una pintura preciosa".
Además de sus padres, hay otra persona a quien Nabi gusta de consultar sus decisiones. El diseñador Alber Elbaz, exquisito director artístico de Lanvin, es un amigo fiel desde hace años. Como también sucedió con Karl Lagerfeld o Mario Testino, Nabi sintió con él una conexión espontánea, muy cercana al flechazo. "Yo trabajo así. En cinco minutos sé si la gente va a funcionar o no. Es una cuestión de instinto. Para mí, todo empieza con una relación personal. Si no la hay, es muy complicado desarrollar negocios. Es como un matrimonio. Primero tienes que asegurarte de que hay un entendimiento. A partir de ahí puedes construir algo que vaya a durar varios años".
El encuentro con Mario Testino tiene una gran trascendencia para la historia de una marca que este año ha celebrado su 75º aniversario. El fotógrafo peruano -que expone su obra en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid- se ha convertido en el único "ojo" de Lancôme. Desde este año, todas las imágenes y clips de la compañía llevan su firma. Un movimiento inhabitual en una industria poco propensa a las relaciones estables. "La gente a tu alrededor te presiona para que cambies", admite Nabi. "Todo el mundo quiere probar cosas nuevas, pero mi trabajo consiste en mantener el rumbo y estar convencido. En el negocio del lujo es crucial tener una visión. Con una sola mirada consigues una imagen sólida y coherente. No es fácil encontrar ese ojo único. Lancôme tiene varias facetas, así que necesitaba a alguien capaz de hacer imágenes de moda y otras muy clásicas. Mario entrega ambas. Recuerde a Lady Di en blanco y negro o las provocativas campañas de Gucci con Tom Ford".
El otro lazo estratégico que Nabi ha echado desde su llegada a Lancôme cazó a la actriz Julia Roberts. Se atribuye a Nabi la incorporación de portavoces de razas, edades y perfiles más diversos a L'Oréal Paris. Una política que aspira a continuar en su nuevo puesto. "Cuando surgió la posibilidad de colaborar con Julia Roberts, alguien me dijo: "Tiene 40 años". Y yo respondí: "¿Y qué?". Está en la mejor edad. Es increíblemente bella, sabe qué quiere y tiene una historia que contar. Las chicas de 20 años pueden ser guapísimas, pero no tienen historia. Es importante estar representado por una diversidad de edades, colores y tipos de belleza. La mejor descripción que podrías hacer de Lancôme es que es una marca contracultural, que se opone al universo de los bimbos".
En 15 meses, Nabi ha colocado a Lancôme en la órbita de la modernidad. Esta Navidad lanzará una colección de maquillaje firmada por L'Wren Scott, que además de una estilista y diseñadora de moda estadounidense es la altísima novia de Mick Jagger. Inyección de excitación para una marca que -a pesar de su fortaleza en las categorías más racionales, como tratamiento de la piel- había visto flaquear sus frentes más emocionales: maquillaje y perfumes. "Hay espacio para crecer. Es un error creer que Lancôme solo puede ser el rey del cuidado de la piel. Puede ser el rey de todo lo demás. Solo hay que encontrar la forma adecuada de contar nuestra historia". Aunque es difícil que ninguna sea tan bonita como la que ha escrito para sí: Youcef, Sue, Nabi, la persona que huye de las etiquetas y lucha por una belleza auténtica y plural. "Es mucho mejor contar historias que dar lecciones".
("la vida es como una casa que se construye piedra a piedra; de otro modo se desnivela o se colapsa", palabras sabias de una mujer exitosa llamada Youcef, nombre masculino escogido por sus padres y a quien hoy conocen en su empresa como Sue, quien ha tenido la visión de rodearse de otros talentos para el lanzamiento de sus productos, como Julia Roberts y Penélope Cruz. Se tomó la entrevista del diario El País, español.)
GOITIA: MORIR AL MARGEN
Tata Jesucristo, 1926
uno.
En la semana asistí a una charla sobre la obra del pintor Francisco Goitia (1882/1960), a propósito de los cincuenta años de su fallecimiento. El autor fresnillense hizo varios autorretratos, entre los que destaca, para mi gusto, aquel en que aparece como un hombre abatido en la cúspide de un muladar, rodeado de aves de rapiña que esperan su muerte o que buscan algo que rescatar de ese enorme basurero. La plática giró en torno al análisis de "Tata Jesucristo", que expresa el dolor de dos mujeres indígenas ante el hombre crucificado, obra que a su vez nos remite a las imágenes que se conservan en el inconsciente colectivo sobre el via crucis, sobre el calvario o el compás de espera ante la resurrección.
dos.
En la plática no se abordó para nada el origen de clase del pintor que murió siendo miembro de la orden terciaria de los franciscanos, ni mucho menos que fue producto del derecho de pernada de un señor hacendado sobre la indígena Andrea; que Francisco nació en una religión distinta a la católica, que de chico acudía a una escuela primaria de Fresnillo y en el trayecto se detenía a observar a los colgados de la Guerra Cristera, los paisajes desérticos que luego se traslucirían en su obra. Tampoco se abordó su periodo en la ciudad de México, a donde su padre -que lo reconoció- lo envió a estudiar a la Academia de san Carlos, que fue objeto de hostigamiento (llamado ahora bullying) por parte de sus parientes, enfrascados en otra academia militar, por ser un hombre de voz delgadita y de modales finos.
tres.
Tampoco se investigó acerca de un viaje que hizo primero a España y después a Italia, donde seguramente se convirtió al catolicismo pues regresó a su tierra natal, Zacatecas, en donde elaboró varios bocetos del interior de la catedral, en que refleja su mundo espiritual y una serenidad que se obtiene con la renuncia a los bienes materiales. En su lugar de origen fue también hostigado pues hubo un personaje que un día entró a su casa, sin orden de cateo, en busca de un lienzo propiedad del obispado. Federico Sescosse sólo encontró un puñado de pinceles y mierdas de paloma, según confesó a un periodista.
cuatro.
Seguramente el ser miembro de una orden franciscana seglar, lo llevó a vivir en una choza en Xochimilco como parte de sus votos de renuncia a los bienes materiales. En su momento se negó a afiliarse a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), agrupación creada a iniciativa de algunos integrantes del movimiento muralista, en voz baja el fresnillense se confesaba "socialista católico", cuando la moda era ser ateo y simpatizante de la Revolución soviética y, de paso, la cubana. Con todo y eso, vivir al margen, encontró en Manuel Gamio una especie de mecenas que lo comisionó a distintos puntos del país a estudiar el arte indígena, investigaciones que se reflejan en la referida "Tata Jesucristo", para algunos la más emblemática de sus obras.
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