miércoles, 9 de mayo de 2012

El imperio de la Catrina: México

En México hasta los vendedores de flores callejeros viven sujetos a la extorsión y a la amenaza de muerte. Como esa pareja de ancianos que vende rosas, claveles y gladiolos en una carretera del extrarradio del DF y que se ve obligada a pagar 200 pesos semanales a las mafias que tienen atemorizada a una nación entera. Humberto Padgett recuerda a esta pareja para ilustrar la situación de violencia sin límite que vive su país. “La muerte en México es barata porque no tiene ninguna consecuencia. Hay una impunidad total que define el momento delincuencial del país”, denuncia este periodista, galardonado con el Premio Ortega y Gasset al mejor trabajo en la categoría de periodismo impreso.

Los muchachos perdidos, título del trabajo galardonado que se publicó en marzo del año pasado en la revista Emeequis, es un audaz y valiente retrato de los chavos arrinconados por la miseria y la marginación, que encuentran en la violencia una vía de escape. Unos chavos que, a sus 15 o 17 años, ya poseen un récord delictivo de robos, secuestros y asesinatos. Humberto Padgett (México, 1975) les dio voz sin juzgarlos. Visitó junto al fotógrafo Eduardo Loza cinco cárceles para jóvenes, cuatro de hombres y una de mujeres, todas en el distrito federal, y entrevistó a más de 30 jóvenes, siempre con un guardia a una distancia prudente, con historias complejas y estremecedoras. Este trabajo de investigación se ha convertido en un libro, editado por Debate, en el que profundiza en las vidas de una generación entregada al crimen, por sus escasas posibilidades de acceso a la educación y al trabajo formal.
La extorsión es moneda común en México, también la intimidación, las amenazas y los asesinatos, a lo que no escapan los periodistas como Padgett. “Somos resultado de nuestro presente”, advierte este reportero para explicar su afán por dedicarse a la denuncia de los dramas de la sociedad mexicana. “Es este México el que trato de buscar, el dolorido por el crimen organizado y por una sociedad política que no ha estado a la altura de las expectativas de los mexicanos”. El México que retrata uno de los adolescentes entrevistados para el reportaje. “Prefiero morir joven y rico que viejo y jodido... igual que mi papá”.
Padgget huye del término valiente —en México han sido asesinados o han desaparecido un centenar de profesionales del periodismo en los últimos años— y advierte de que los realmente valientes son aquellos colegas que se juegan la vida en pequeñas ciudades, como Ciudad Juárez, Veracruz o Morelia. También es consciente de que algunos profesionales han optado por la autocensura y de que muchos medios de comunicación han dado la espalda al oficio. “Cuando un periódico paga a sus redactores 200 euros al mes, ¿por qué debemos exigir que sean periodistas de alta calidad profesional, comprometidos con el oficio y que pongan en riesgo su vida y la de sus familias?”.


(nota reproducida del diario en línea El País.)

martes, 8 de mayo de 2012

Los Silenciados expo itinerante

Londres.- Los silenciados hablan de nuevo. Las fotografías en color de 55 periodistas y trabajadores de prensa mexicanos asesinados en México entre 2000 y 2012 cubren las paredes del blanquísimo hall en la entrada del periódico inglés The Guardian, en pleno centro de esta ciudad.

Con el título de Los silenciados: luchando por la libertad de prensa en México, la muestra fotográfica organizada por el periódico The Guardian, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) y la ONG cristiana Cafod, rinde homenaje a los periodistas mexicanos asesinados por cumplir con su trabajo.
La muestra no incluye la fotografía de Regina Martínez Pérez, reportera de Proceso asesinada el pasado 28 de abril en la ciudad de Xalapa, Veracruz. Los organizadores de la muestra aclaran que la ausencia se debe a que su muerte ocurrió cuando la exposición estaba por abrirse.
En la primera imagen de la serie aparece María Elizabeth Macías Castro con un micrófono en la mano y al fondo la bandera de México. Ella fue asesinada el 24 de septiembre último en Nuevo Laredo, Tamaulipas.
En el texto informativo que acompaña a la fotografía se lee:
“El cuerpo decapitado de María Elizabeth, de 39 años, fue hallado en un camino cerca de la ciudad de Nuevo Laredo. En el lugar se encontró una nota en la que un grupo criminal se atribuía el crimen y aseguraba que la mataron por difundir en las redes sociales los resultados de sus investigaciones. Su muerte fue la primera documentada en el mundo por un vínculo directo entre periodismo e internet.
“María Elizabeth informó acerca de las actividades de grupos criminales en Twitter y en el sitio web Nuevo Laredo en vivo, con el seudónimo La Nena D’Laredo.”
Junto a la imagen de María Elizabeth aparece la de Noel López Olguín, muerto en 2011 en la ciudad de Chinameca. Su rostro muestra un semblante entre sorprendido y profundo. Columnista del diario La Verdad de Jáltipan, Veracruz, fue secuestrado el 8 de marzo de ese año por un hombre armado. El 31 de mayo su cuerpo fue hallado en una fosa.
A modo de nota periodística, el texto en inglés narra:
“El hallazgo se hizo luego que el Ejército mexicano arrestó a un supuesto líder criminal que confesó el asesinato. Según un investigador de la zona, el periodista murió de un golpe en la cabeza. Familiares de Noel dijeron que tenía una larga carrera como columnista de La Verdad de Jáltipan. También trabajó como fotógrafo para varios periódicos de Veracruz, incluidos los semanarios Noticias de Acayucan, El Horizonte y Noticias de Veracruz.
“Noel escribía una columna titulada Con pluma de plomo en la que se refería de manera directa al narcotráfico y la corrupción oficial prevalecientes en la región. Identificaba por su nombre a los barones de la droga, lo cual no es frecuente en las zonas donde impera el crimen organizado.”

Estulticia

Una de las imágenes más emotivas de la muestra es la de Carlos Alberto Guajardo Romero, quien aparece con su bebé en brazos. Fue asesinado el 5 de noviembre de 2010 en Matamoros, Tamaulipas. En la tarjeta informativa que acompaña su foto puede leerse:
“De acuerdo con informes de la prensa, Carlos, de 37 años, fue víctima del fuego cruzado entre militares y narcotraficantes en la ciudad fronteriza de Matamoros, Tamaulipas. El líder del cartel del Golfo, Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, estaba entre los capos que murieron en la confrontación.
“Reportero de temas policiacos en el diario local Expreso Matamoros, Carlos salió de su casa a las 11 de la mañana para cubrir el enfrentamiento en el fraccionamiento Victoria. Mientras se dirigía a la Secretaría de Seguridad Interior para obtener información, su camioneta –que no llevaba identificación de prensa– recibió más de 20 disparos, pues los militares creyeron que era un vehículo de los delincuentes.”
Otra imagen que llamó la atención de los asistentes a la muestra fue la de Yolanda Ordaz de la Cruz, reportera fallecida en julio de 2011 en Veracruz. En la foto destacan sus ojos negros que brillan con la luz del flash.
“El cuerpo decapitado de la veterana reportera policiaca fue hallado cerca de las oficinas del periódico Imagen, dos días después de que fue secuestrada por hombres armados cuando salía de su casa”, se lee en la tarjeta que acompaña la fotografía.
Y continúa el texto: “En una conferencia de prensa, el procurador del estado dijo que el asesinato no estaba vinculado con el trabajo de Yolanda y que la evidencia indicaba que sus asesinos eran miembros del crimen organizado. También sugirió que la periodista habría tenido vínculos con éste. Notiver inmediatamente exigió la renuncia del funcionario mediante un editorial que decía: ‘Rechazamos categóricamente la acusación, que calificamos de injusta, irresponsable y estúpida’.
“Las autoridades no mostraron ningún interés en la investigación. Una portavoz de la procuraduría estatal le dijo al Comité para la Protección de Periodistas que la labor de Yolanda estaba siendo considerada como posible motivo de su asesinato.”

Mensaje al presidente

Los organizadores de la muestra aseguran que “entre 2000 y 2012 más de 55 reporteros y trabajadores de prensa fueron asesinados en México y la mayor parte de estos crímenes sigue en la impunidad.
“Las historias de estos hombres y mujeres con coraje que murieron luchando por revelar la verdad han sido reunidas en esta exposición fotográfica.”
La exhibición “fue desarrollada en colaboración con The Guardian y el CPJ y fue lanzada el Día Internacional de la Libertad de Prensa, el jueves 3, para honrar el coraje y la determinación de los silenciados y de todos aquellos que a pesar de los riesgos siguen luchando para decir la verdad acerca de los cárteles de droga en América Latina”.
El inglés Chris Bain, director de Cafod, asegura que “los valientes reporteros homenajeados en esta exposición fotográfica deben ser recordados no sólo por sus muertes, sino por su dedicación para desenterrar la verdad y mostrarla a la población. Si el mundo busca a héroes, aquí están”.
Para Elizabeth Witchel, investigadora y analista del CPJ, la muestra “revela el coraje inmenso que los periodistas mexicanos han mostrado en uno de los ambientes más peligrosos del mundo para trabajar”.
El mismo día de la inauguración de la exposición fotográfica, se realizó en la sala de conferencias de The Guardian un debate sobre la violencia contra periodistas en México, en el que participaron activistas de derechos humanos, periodistas, académicos, estudiantes y sindicalistas.
Se llegó a la conclusión de que la comunidad internacional y los medios de prensa del mundo deben presionar más y de forma más contundente al gobierno de Felipe Calderón para que ponga fin al creciente número de asesinatos en contra de los periodistas, y a que cobre conciencia de la violencia catastrófica que azota a México.


(nota de Leonardo Boix en Apro, agencia de Proceso en línea.)



Mark Strand (1934 )

Hombre y camello

La víspera de mi cuarenta cumpleaños
estaba sentado en el porche fumando
cuando, de forma inesperada,
aparecieron un hombre y un camello.
Al principio, ninguno dejó escapar ningún sonido,
al principio, pero mientras vagaban calle adelante
hacia las afueras de la ciudad empezaron a cantar.
Lo que cantaban, sin embargo, sigue siendo un misterio para mí:
las voces eran confusas y la melodía
era demasiado recargada como para recordarla. Se fueron
al desierto, y al andar las voces
se elevaban al unísono sobre el sonido de criba
de la arena que traía el viento. La maravilla de su canto,
la mezcla imprecisa de hombre y camello, parecía
una imagen ideal de todas las parejas poco comunes.
¿Era ésta la noche que había estado esperando
durante tanto tiempo? Quería creer que sí,
pero, justo cuando desaparecían, el hombre
y el camello dejaron de cantar y regresaron
al galope a la ciudad. Se detuvieron ante el porche,
se me quedaron mirando con sus ojillos brillantes y dijeron:
“Lo has estropeado. Lo has estropeado para siempre”.


(texto tomado del blog "rima interna", de Martín López-Vega, en diario El Mundo, traducción de Dámaso López García.)

lunes, 7 de mayo de 2012

Ileana Espinel (1933/ 2002 )

Posibles caprichos

Si un día de éstos, por capricho, bebo
cien botellas heladas de cerveza,
no vayas a creer que es por pena.
Es simplemente por capricho, créelo.

Y si otro día, por capricho, el dedo
me aloja un tiro negro en la cabeza,
no vayas a creer que es por tu ausencia.
Es simplemente por capricho, créelo.


(texo tomado de Antología de la poesía ecuatoriana contemporánea, de César Dávila Andrade a nuestros días, selección y presentación de Xavier Oquendo Troncoso, La Cabra ediciones y Casa de la Cultura de Ecuador, col. El Desfiladero, Hecho en México/ Impreso en Ecuador, 2011.)

domingo, 6 de mayo de 2012

Rubem Fonseca el cobrador

Apenas se aparece en público, de entrevistas ni hablar. Su biografía conocida es un puñado de pistas que no solucionan el misterio. Cuando en 2003 recibió el Premio Juan Rulfo dio uno de los más cortos discursos de la historia del galardón. Es un reflejo de su estilo seco, afiladísimo, definitivo. Ahí está todo, ha insistido el escritor brasileño Rubem Fonseca. Basta con los libros, dijo. Puede que no sea una excusa azarosa. Por toda la obra del creador del cínico Mandrake hay declaraciones como esta: “El objetivo honrado del escritor es llenar los corazones de miedo, decir lo que no se debe decir, decir lo que nadie quiere decir, decir lo que nadie quiere oír”.

Es una toma de partido. Una bandera. Bajo la fachada del novelista policial, Fonseca lleva casi 50 años hurgando en la basura de la sociedad moderna: asesinatos, corrupción, crímenes, prostitución y violencia que tiñen ciudades nerviosas, hechas para perderse. “Estoy escribiendo sobre personas apiladas en las ciudades, mientras los tecnócratas afilan su alambre de púas”, mandó a decir hace algunos años el autor de El gran arte, hoy un hombre de 87 años, calvo y flaco, que suele esconderse entre las multitudes de Río de Janeiro.
Admirado por Mario Vargas Llosa y Thomas Pynchon, y considerado una pieza fundamental de la literatura brasileña contemporánea, desde hace algunos años la obra de Fonseca ha sido rescatada en Chile por Tajamar Editores. Ahora, por primera vez en español, lanzan uno de sus títulos más particulares, Novela negra y otras historias: una colección de relatos donde las intrigas policiales pasan a segundo plano y adelante aparecen las obsesiones literarias de Fonseca. Quizás más: aparece Fonseca.
No se requiere mucha inteligencia para entender que en el cuento Novela negra Fonseca juega con las leyendas que lo rodean: es la historia de un famoso escritor policial que no da entrevistas, no le gustan las fotografías y evita todo contacto público. “Un sujeto misterioso, que muy poca gente conocía personalmente”, se lee. Justo antes de asistir a un encuentro donde compartirá con James Ellroy y P.D. James, le tienden una trampa.

Vida y literatura

Nacido en 1925, Fonseca estudió leyes y durante los 50 se unió a la policía. Recorrió el lado oscuro de Río de Janeiro con una pistola al cinto. No le fue mal como uniformado, pero intentó otra vida estudiando administrador de empresas en EE.UU. Tampoco. En 1963 publicó Los prisioneros y echó a andar una carrera como escritor, en la que “la violencia es un espejo donde cobran su debida dimensión los hechos”, según Carlos Monsiváis.
Censurado por la dictadura brasileña, por el violento libro de cuentos Feliz año nuevo (1975), Fonseca también ha sido periodista, profesor y guionista. Alcanzó su mayor popularidad cuando, entre 2005 y 2007, HBO exhibió la serie Mandrake, inspirado en su personaje, un abogado de moral dudosa que opera como investigador de crímenes al margen de la policía. Su viaje por el mundo de la prostitución carioca en El gran arte (1983) cazando a un asesino en serie es un vistazo a las deformaciones morales de Brasil.
“El escritor debe ser, esencialmente, un subversivo. Tiene que estar contra la moral y las buenas costumbres”, dijo Fonseca, en voz de uno de sus álter ego, el escritor Gustavo Flavio, en Bufo & Spallanzani (1986). En Novela negra y otras historias, originalmente publicado en 1992, anota: “Escribir es una especie de llaga que nos infligimos a nosotros mismos”.
Hecho de misterios sin muertos y crímenes que nadie persigue, Novela negra es un volumen donde Fonseca explora como pocas veces el oficio del narrador: en El arte de andar por las calles de Río de Janeiro sigue las caminatas de un hombre que trabaja en un libro sobre la ciudad. Tiene una afición particular: contrata prostitutas sólo para enseñarles a leer. El erotismo en este libro no sigue vías obvias: dientes y huesos desatan los deseos.
Un escritor cambia de golpe cuando comienza a comer carne, un asesino cuida a un viejo agónico para esconderse, una mujer espía a un vecino por meses hasta que se convierte en su amante. En Llamaradas en las tinieblas, Fonseca asume un tono borgiano y nos muestra nueve entradas del “diario secreto” de Joseph Conrad. Nueve entradas con la historia de una envidia incombustible: el autor de El corazón de las tinieblas relata el impacto que le produjo conocer la obra de Stephen Crane y el terror a que lo opacara. No hay rastros del Fonseca policial.
Aunque para datos literarios, nada mejor que Novela negra. Historia de la nueva vida del elusivo escritor Peter Winner, también es la excusa para que Fonseca reflexione sobre el género: además de describir a algunos de sus colegas -una anglicana P.D. James, un aullador James Ellroy-, hace un mapa general de la literatura policial en cuatro o cinco párrafos, y del que los franceses quedan excluidos. En el resto del relato hay un Fonseca destilado: encerrado en un hotel, un escritor le confiesa un asesinato a su amante desnuda, mientras beben champán. Es Winner y no lo es. Un Fonseca menos callejero aparece. Menos moralista, más suicida: “Las palabras no son nuestras amigas”, repite y repite.


(Acuérdate cómo Pablo Ullrich te hablaba apasionadamente de aquel escritor brasileño que nunca habías oído mencionar, recuerda la forma en que Humberto se expresaba de Dalton Trumbo otro autor de dimensiones, para ti, insospechadas; no olvides el primer ejemplar que tuviste en tus manos de "Música para camaleones", libro en que encontraste otra forma de elaborar la crónica y la literatura. Pues algunos de los relatos incluidos en alguno de los libros los utilizaste luego para enseñar a escribir a los que no sabían. Nota de Roberto Careaga C. en La Tercera, diario on line.)

sábado, 5 de mayo de 2012

Herzog distinguido









Escena de "Las amargas lágrimas de Petra von Kant"

El director de cine alemán Werner Herzog recibió este viernes la Cruz de la Orden del Mérito, única distinción de carácter estatal de Alemania. "Es uno de los representantes más significativos del nuevo cine alemán y está entre las 100 personalidades más influyentes del mundo en este ámbito", destacó la Oficina de la Presidencia en Berlín.

El cineasta de 69 años, responsable de clásicos como 'Nosferatu' o 'Fitzcarraldo', recibió el galardón en Múnich de manos del primer ministro de Baviera, Horst Seehofer.
La Orden del Mérito se concede a ciudadanos alemanes y extranjeros por sus méritos políticos, económicos, sociales e intelectuales, así como por sus logros en el servicio a Alemania en ámbitos como el social, caritativo y humanitario.
La semana que viene llegará a los cines españoles su documental en 3D 'La cueva de los sueños olvidados', en el que muestra insólitas imágenes sobre las pinturas rupestres de la cueva de Chauvet, en el sur de Francia.


(Si se habla del nuevo cine alemán, década de 1970, hay talentos tan diametralmente opuestos como Volker Scholöndorff, Rainer Werner Fassbinder y Werner Herzog, que te dejaron sin aliento luego de ver "El tambor de hojalata", "Las amargas lágrimas de Petra von Kant", "Los enanos también empezaron desde pequeños" y "Nosferatu el vampiro". Nota de Dpa/ Múnich en El País.)

viernes, 4 de mayo de 2012

"Ya no lo vuelvo a hacer": Dania

La prostituta colombiana Dania Londoño, centro del escándalo protagonizado por agentes del servicio secreto de EEUU en Colombia durante la VI Cumbre de las Américas, calificó de "tontos" a los agentes de seguridad del presidente Barack Obama.

"Son unos tontos", declaró Londoño en una entrevista con la emisora La W Radio, de Bogotá, en el primer testimonio de la mujer sobre su experiencia con uno de los agentes estadounidenses implicados en el caso.
En total 12 agentes que se encontraban en Cartagena antes de la llegada de Obama a la ciudad el 13 de abril pasado están implicados en el escándalo y al menos nueve de ellos han sido sancionados por contratar prostitutas.
La prostituta, de 25 años, que admitió llevar una doble vida, dijo que pasó toda una madrugada con uno de esos agentes, con el que aceptó tener relaciones sexuales a cambio de unos 610 euros.
La mujer sostuvo que nunca supo que su acompañante pertenecía a los servicios de seguridad de Obama. "Eran como cualquier otro gringo, de buen físico", dijo Londoño, quien comentó que tras el escándalo pasó unos días en Dubai para huir del asedio de la prensa.
La mujer recordó que los agentes "estaban excesivamente borrachos, pidiendo licor (...), pasándola rico". "Solamente tomaban alcohol y bailaban", insistió.

Polémica a la hora de cobrar

La mujer dijo que el agente, que no se identificó, la llevó al Hotel Caribe, donde estaba alojado junto a otros miembros del servicio de seguridad estadounidense y que estuvo allí hasta las primeras horas del día. Afirmó que antes de irse le pidió el dinero y que el agente la insultó y solo le ofreció 21 euros, por lo que ella pidió la intervención de la policía colombiana.
Entre otros agentes reunieron 190 euros, que fue la suma con la que ella salió del hotel tras casi cuatro horas de escándalo, según declaró a la emisora.
"Sí pasó, así que con mucha más razón él tenía que pagar mi dinero", dijo la prostituta, que es madre de un niño y que en la vida normal trabaja como asistente en congresos en Cartagena.
El escándalo sacó a la luz su doble vida, incluso para su familia, y según dice ahora no sería capaz de rehacer su rutina en Colombia. "Mi vida está por los suelos", indicó. Londoño reconoció que se guarda detalles sobre lo sucedido porque tiene ofertas para contar su historia a cambio de dinero.
Tras la polémica, la mujer declaró que ha decidido dejar la prostitución. "Esto me dejó curada. No lo pienso volver a hacer. Esto murió", aseguró.


(nota en El Mundo en línea.)