viernes, 16 de septiembre de 2011

Sin que nadie

 Sin que nadie lo supiera
busqué encontré abrí y leí
el último testamento

En el apartado de mi interés
busqué hurgué espulgué
y hallé la sección de bienes

Nada para mí nada para mi sed
nada para mi hambre nada de nada
nada para mis noches

Cerré el libro como se abren los ojos
cerré tu última voluntad
como se abre el abismo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

LA COBERTURA AL POETA

CIUDAD HIDALGO, Chis. El poeta Javier Sicilia tuvo hoy su primer roce con la prensa, con cuyos representantes discutió la falta de cobertura puntual de la llamada Caravana del Sur y también por la presencia de sus escoltas en todos los actos.
Temprano, al dar una entrevista colectiva en esta ciudad fronteriza, Sicilia se enfrentó con algunos reporteros que le cuestionaron si sus escoltas lo manejan, si quiere ser candidato y si su discurso estaba agotado y por eso no tenía una amplia cobertura.
Exaltado, respondió el escritor: “Vengo con guardaespaldas porque el gobierno me los puso, no voy a hacer desdenes, ellos quieren tener seguridad, que la tengan. Yo no temo por mi vida, la temo como cualquier ciudadano de este país porque a cualquiera de este país lo pueden matar y así vengamos o no con escoltas, ya sabemos que si deciden destrozar a alguien, lo hacen; no tengo más miedo que el que ustedes puedan tener.”
“Ustedes también quieren que sea rehén de ustedes, ya los conozco. La prensa dice: ‘tiene que decir lo que nosotros queremos decir’… Sus preguntas son encantadoras, ustedes abonan un chingo a la paz de este país”, reviró.
—¿Entonces por qué nos buscan?
—Yo no los busqué a ustedes, ustedes están aquí porque quieren. Aquí a nadie se le trae a la fuerza; si les parece que somos majaderos pueden irse, nosotros no los invitamos. Nosotros abrimos una convocatoria. Ustedes hicieron una pregunta, por qué nos bajaron (de cobertura) de los medios. Pues pregúntenselos ustedes, no les parece una hija de de la chingada eso?
—¿No está desgastado su discurso?
—Entonces para qué tienes el micrófono aquí, si está desgastado el discurso, para qué vienes aquí. No me interesa que me oigas güey. No me quieres oír, me vale madre.
Fuera de sí, añadió: “Soy un ciudadano común que de repente me veo envuelto en una serie de cosas que no sé, ni me pertenecen, ni me agradan, ni me gustan. Espero ser pueblo después de esto. No me gusta ser rehén de las circunstancias, me gusta ser un hombre libre, espero volverlo a ser, no es grato, no sé por qué a los políticos les agrada”.
Finalmente, aclaró: “Los escoltas no me manejan ni me maneja nadie, estoy siendo simplemente dócil a una instrucción porque no quiero poner en riesgo a nadie por estar reclamando lo que este pinche estado no le da a este país; no soy rehén de nadie”.
Horas más tarde, en Tonalá, donde realizó un acto con la población, en entrevista Sicilia ofreció disculpas a la prensa y dijo que se había exaltado por el tipo de preguntas.
Sin embargo, dijo que hay reporteros que no están haciendo su tarea y denigran su labor de representantes de la sociedad. Además, refirió que en el curso de la caravana lo han estado provocando, olvidándose del contenido moral de ésta.
“No importaba si entrábamos o no a Guatemala, si los guardias estaban armados, ese no era el problema. La verdadera noticia era que llegamos a Guatemala y que pedimos perdón, y que dijimos cosas muy profundas”, explicó.
Sicilia volvió a ofrecer disculpas a los representantes de los medios de comunicación, a quienes hizo una recomendación: centrarse más en las víctimas que en los personajes, como él mismo o el Subcomandante Marcos.
“Me exacerbaron y les pido una disculpa pero algunos reporteros son también víctimas de su propia ignorancia”, agregó.
“Hay gente del pueblo que quiere ser escuchada y eso es lo importante, la gente que ha hecho posible la dignidad, ellos son el corazón del país. Yo soy una simple voz, un canal por donde pasa el dolor”, admitió.
El poeta manifestó también que la prensa debiera reflejar la emergencia nacional y no caer en frivolidades. Por eso les pidió que “abracen” a las víctimas, que “abracen” el dolor de la nación, “que abracen” las propuestas que nacen de este dolor.
Antes, en la entrevista colectiva realizada en Ciudad Hidalgo, advirtió que si el Congreso de la Unión aprueba la Ley de Seguridad Nacional realizarán un movimiento de “resistencia civil pacífica” y los legisladores se convertirán en unos verdaderos “criminales”.


(en efecto, Televisa es uno de los medios "informativos" que asumen que son más importantes que el sujeto o el hecho que genera la noticia, de aquí que tenga más coberturo Iniciativa México, el Teletón o el show de Laura que la ejecución de algún nini, de una activista o la madriza que a menudo le asesta una célula del crimen organizado a un sacerdote -en Zacatecas-, por ejemplo. Nota tomada de la agencia Apro.)

PERIODISMO INDEPENDIENTE PREMIADO

MÉXICO, D.F. La Universidad de Columbia, en Nueva York, anunció hoy a los ganadores de los premios Maria Moors Cabot 2011 a la excelencia periodística de América Latina y el Caribe, entre los que destacan las publicaciones mexicanas Riodoce y El Diario de Juárez.
La promotora del galardón dijo haber premiado a los periodistas que se encuentran en el frente, calificándolos como “dos pequeños pero valientes diarios que desafían a los narcotraficantes en México”.
Además, la publicación digital centroamericana El Faro, fue también galardonada, pues según el comité organizador del premio, se trata de un “innovador diario digital que muestra un camino ético e independiente en América Central”.
Según Nicholas Lemann, el periodismo realizado por las mencionadas publicaciones es ejemplo para periodistas y propietarios de medios de comunicación en todo el continente.
Los premios Cabot se cuentan entre los más antiguos del continente.
En su edición número 73, el premio se entregará a los galardonados por parte del rector de la Universidad de Columbia, Lee C. Bollinger, en una ceremonia que se efectuará el 26 de octubre.
Tanto Riodoce, con sede en Culiacán, Sinaloa, como El Faro, han publicado reportajes y colaboraciones en la revista Proceso.
Inclusive, Ismael Bojóquez, director de Riodoce, fue corresponsal de Proceso en Sinaloa y, eventualmente, colabora en las páginas del semanario.
Escépticos de la guerra
Para describir el impacto que causó el anuncio del premio Cabot en la redacción de Riodoce, Ismael Bojórquez utiliza una expresión común en esa zona, donde los cárteles de la droga entre sí, y éstos contra el gobierno, se disputan el control a sangre y fuego.
“Fue un granadazo”, suelta Bojórquez.
Pero su jerga no debe malinterpretarse. Habituados al fuego cruzado y al peligro de la profesión en una zona violenta, la posición de Riodoce es en contra de la guerra.
“Estamos felices por el reconocimiento que nos están dando, el anuncio nos impactó… pero nos entristece recibirlo cuando hace apenas 15 días fue asesinado nuestro compañero Humberto Millán Salazar”.
Millán Salazar era corresponsal de Radio Fórmula, titular de un noticiario local y editor del diario digital A Discusión. Fue asesinado el pasado 26 de agosto, en Culiacán.
Los organizadores del premio otorgaron el galardón a los periódicos que están en un “frente de guerra”, pero en Riodoce la preocupación es justamente por lo contrario, pues en medio del fuego cruzado en México no existen protocolos.
“Compartimos este premio con los reporteros que en todas las zonas del país están trabajando en una situación peligrosa, en el fuego cruzado entre los narcotraficantes y entre el gobierno y los narcotraficantes.
“Y nos sigue preocupando mucho este drama que vive el periodismo, no sólo por la violencia, sino por la autocensura grave que impide se realice el oficio conforme al deber ser”.
Respecto de la “guerra”, Bojórquez aclaró: “Nosotros nos hemos resistido, por definición frente al narco y a la Estrategia Nacional de Seguridad, a aceptar que lo que Felipe Calderón lanzó sea una guerra. Porque la estrategia es parcial, no fue de lleno, como él dice, contra el narco. Hay aspectos que nunca se ha dignado a mirar, como el lavado de dinero y la narcopolítica, por razones de conveniencia del presidente.
“Eso castró desde el arranque la posibilidad de que Calderón tuviera éxito, y esa es la razón por la que no nos sentimos como corresponsales de guerra, aunque estemos en medio del fuego cruzado”.
Finalmente, insistió en que el premio es compartido con los periodistas mexicanos que, en el fuego cruzado, están intentando sobrevivir.


(no es fácil el ejercicio periodístico independiente y ajeno a corrientes políticas en un país como México en donde, hasta la fecha, son marcados por las inserciones pagadas por el propio gobierno, la iniciativa privada o los partidos de "oposición". Tampoco, por ende, es fácil contar con la credibilidad de los lectores cuando tienen de directores a empresarios que aspiran a un cargo de elección popular o apoyan a ETA. Nota reproducida de la agencia Apro.)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

César Vallejo (1892- 1938)

París, Octubre 1936

De todo esto soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.

De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extaña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana dase vuelta
y despacha sus sombras una a una.

Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.


(texto tomado de César Vallejo, la perspectiva ausente,
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México, 1988,
presentación y selección de Evodio Escalante.)

martes, 13 de septiembre de 2011

CRISTALES DE NAICA, CHIHUAHUA

Los gigantescos cristales de yeso que ocupan el interior de la cueva mexicana de Naica llevan creciendo hasta un millón de años, aunque solo recientemente hayan sido descubiertos. A pesar de que llegan a medir 11 metros de longitud y un metro de anchura, estas selenitas (su nombre científico) crecen a una velocidad increíblemente lenta, equivalente al grosor de un cabello cada 100 años y por tanto mucho más reducida que la de las estalactitas y estalagmitas, han concluido los científicos que los han estudiado. Liderados por el cristalógrafo Juan Manuel García Ruiz, del CSIC, un equipo hispano-japonés diseñó un microscopio de alta sensibilidad con el que estudió muestras de los cristales de la cueva, una de las varias que contienen estas formaciones en la mina de Naica. La investigación se publica en portada en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (EE UU).

"El crecimiento de estas formaciones es tan lento que hasta ahora era casi imposible de medir. Lo hemos conseguido gracias a un microscopio especial que hemos diseñado en colaboración con un grupo de investigación de la Universidad de Sendai, de Japón. Este instrumento nos ha permitido estimar que algunos de los cristales de la cueva ha estado creciendo durante cerca de un millón de años", explica García Ruiz, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra. Precisamente este científico español se encontraba en Sendai ultimando el trabajo cuando ocurrió el gran terremoto de este año y estos días está en México para continuarlo.
Los cristales constituyen un patrimonio geológico único que es preciso estudiar para su conservación, y el estudio ha demostrado que la humedad y la temperatura son las variables más importantes a controlar. Los investigadores analizaron la reactividad del yeso a distintas temperaturas a las aguas subterráneas de las minas de Naica, que inundaron la Cueva de los Cristales durante todo el proceso de crecimiento y permitieron la formación de enormes selenitas. Las pruebas hechas indicaron que los cristales empezaron a crecer cuando la temperatura bajó de 58 grados centígrados en un proceso muy lento próximo al equilibrio y dejaron de hacerlo a los 50 grados actuales. A 55 grados el microscopio reveló la velocidad mínima de crecimiento observada en cualquier cristal hasta ahora. "Las minas de Naica son ricas en plata, plomo y zinc, y en la actualidad se siguen explotando. Por eso ya no hay agua en la cueva y los cristales han parado de crecer, pero si algún día, cuando dejen de bombear el agua hacia el exterior, el agua vuelve a la sala, los cristales de selenita, que ya son los mayores del mundo, continuarán creciendo", añade el investigador.
En Pulpí y Sorbas, ambos en Almería, así como en la mina El Teniente, en Chile, es posible encontrar selenitas gigantes, aunque su tamaño no es comparable con el de Naica.


(nota de Malen Ruiz de Elvira, Madrid, El País.)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Cormac McCarthy (1933)

En 1944 Sartre publicó A puerta cerrada, una obra de teatro en la que el infierno es representado como una habitación que tres personajes comparten para toda la eternidad y en la que la mirada de unos sobre otros crea consciencia. La obra pasaría a la posteridad, entre otras cosas, por una frase del filósofo francés en la que afirmaba que el infierno es la mirada del otro, del que no se puede prescindir.

70 años más tarde, The sunset limited, del laureado Cormac McCarthy, presenta un escenario similar en el que dos personas comparten una habitación y en la que discuten sobre Dios, la muerte y el sentido de la vida. La obra fue escrita en 2007 (Vintage USA) y ha sido llevada a la pantalla como "tv movie" de la mano de Tommy Lee Jones. Estrenada en febrero por HBO para Estados Unidos, en España se pudo ver a través de Canal plus el 30 de agosto. Jones interpreta el papel de un profesor universitario que se intenta suicidar en el metro y es rescatado por otro hombre, interpretado por Samuel L. Jackson. La película transcurre en su totalidad en el piso del religioso hombre que rescata al profesor suicida. Se establece un diálogo entre los dos personajes en los que ambos exponen sus creencias o la falta de las mismas. La interpretación de los dos actores es magistral y consiguen transmitir de una forma verosímil la densidad filosófica y existencial de los diálogos.
Desde que en 1985 publicara Meridiano de Sangre, Cormac McCarthy no ha dejado de ostentar el título de escritor apocalíptico ya que la muerte, dios y una teoría de la narración que lo acercan al pragmatismo estadounidense de Rorty, vertebran la obra de un esquivo autor que, con La Carretera (Pulitzer 2007), se erigió en el profeta de la muerte.
McCarthy nació en Providence, Rhode Island, el 20 de Julio de 1933. Siendo el tercero de seis hermanos, de pequeño se mudo con su familia a Knoxville, Tennessee, donde se quedó hasta entrar a la Universidad en 1951. En 1953 se alistó en el ejercito americano en el que estuvo enrolado cuatro años. Cuando volvió, retomó los estudios que finalmente no culminó. Desde entonces se dedicó de pleno a la escritura. El rechazo de McCarthy a hablar de su vida personal ha ayudado a aumentar el mito en torno al autor. Cuenta una de sus mujeres que al principio, malviviendo de los pocos ingresos que obtenía como escritor, más de una vez, rechazó ofertas para conferenciar en universidades, argumentando que todo lo que tenía que decir estaba en sus novelas, con lo que, resumía la mujer, continuaban comiendo alubias.
También se cuenta que, acabada su primer novela, El guardián del vergel (1965), la presentó, porque era la única editorial que le sonaba, a Random House que se convertiría en su sello. El reconocimiento de la crítica vino con la Trilogía de la Frontera, compuesta por Todos los hermosos Caballos (1992) con el que ganó el National Book Award, En la Frontera (1994) y Ciudades de la Llanura (1998). También es remarcable Sutree (1979), cuya escritura le llevó más de 20 años. Aunque la obra que sitúa a McCarthy como autor de culto es Meridiano de Sangre, que en palabras de Harold Bloom es la auténtica novela apocalíptica estadounidense de un logro imaginativo canónico, cuya magnificencia acaba por trascender la violencia convirtiendo la truculencia en un arte aterrador.
McCarthy asegura que cualquier escritor que se precie de serlo ha de escribir sobre la muerte y Dios. Así, influenciado por Shakespeare, Melville y Faulkner, la obra de McCarthy ahonda en el vacío que se abre ante el silencio de Dios y lo inevitable de la muerte. De este modo, por ejemplo en La Carretera, su última novela, nos enfrentamos ante la muerte en toda su macabra presencia. Un padre y un hijo han de atravesar un mundo destruido por una catástrofe global donde los supervivientes malviven como bestias y no como hombres, y en el que el canibalismo, la esclavitud y el asesinato quedan condicionados por la falta de comida en la lucha por la supervivencia. En este sentido, si lo que nos distingue de los animales es el lenguaje y en un mundo donde todo palidece hasta sumirse en tinieblas, lo que somos, para McCarthy, es los profetas de un Dios que no existe.
Bajo la misma temática de fondo se erige The sunset limited. El personaje religioso intenta comprender porque el profesor intentó suicidarse a la vez que pretende hacerlo desistir de su intención. El profesor, por su parte, expone su visión de la realidad, en la que la muerte y la ausencia de un Dios al que rendir cuentas, condicionan una determinada manera de ser y estar en el mundo. Por ejemplo, dice el profesor, "enseñame una religión que prepare a alguien para la nada, para la muerte. Esa sería la iglesia en la que entraría. La tuya prepara a uno sólo para vivir más vida. Sueños ilusiones, mentiras. Una vez desaparecido el miedo a la muerte del corazón de los hombres, no duraría ni un sólo día".
Para saber quién gana la batalla dialéctica no hay que dejar escapar The sunset limited, una obra en la que McCarthy, una vez más, da voz a un profeta de un Dios que no existe. ¿O tal vez sí?


(De McCarthy se ha dicho que vivió una larga temporada de vagabundo, que es el heredero directo de autores sureños como Tennessee Williams y Carson McCullers. Pero lo cierto es que su obra Meridiano de sangre parece, a un tiempo, una crónica extraída de los frailes españoles que vinieron con Hernán Cortés o un testimonio del México sangriento que urdieron los pinches panistas en el nuevo siglo, del que el poeta Javier Sicilia es el saldo más novelesco. Ensayo de Diego Jiménez tomado de La Vanguardia.)

SERGIO PITOL (1933)

No sé si se nota. Los temas de Roberto Bolaño: la poesía como vocación irrefrenable, la indigencia del arte, la literatura subterránea, el cosmopolitismo, la urbe, el desarraigo, las vidas y obras apócrifas, la ideología de la dominación (nazismo). Los temas de Borges: la doble implicación (la ironía), el yo bidimensional, los libros apócrifos, la búsqueda de la trama perfecta, los relatos fantásticos, la eternidad, la enciclopedia, el palimpsesto como forma creativa, la síntesis, la lengua culterana, los paisajes de antípodas, las clasificaciones arbitrarias del mundo, Dante, Milton, Chesterton, la metafísica, el ensayo anticanónico. Los temas de Andrés Caicedo: el cine, el rock, la juventud, la adolescente iconoclastia, la música popular, la vocación temprana. Los temas de Alberto Fuguet: el cine, el periodismo cultural, los shopping mall. Los temas de Cabrera Infante: los instructivos, las matrices para armar, las variaciones dentro de las repeticiones, el cine, el guión, Lowry, John Ford, Hitchcock, Piñera, Casey, las mujeres, el sexo, las biografías noveladas, el dialecto cubano, La Habana. Los temas de RH Moreno Durán: la tiránica ginecocracia, la historia secreta de las élites colombianas, el experimentalismo, las vanguardias europeas, el cosmopolitismo, Musil, Döblin, Goethe, Camus, el boom, los cronistas de indias, la historia de Roma, la erudición. Los de Vargas Llosa: la técnica novelística, los fracasos de los movimientos sociales, la defensa del capitalismo, la vocación literaria, Flaubert, Onetti, García Márquez, el existencialismo, el compromiso intelectual, y el económico, el erotismo, el humor. Los temas de Octavio Paz: el surrealismo, la sinología (culturas de oriente), la depuración del lenguaje (esteticismo), la revaluación de la historia nacional de México, las falsas libertades democráticas, la crítica al desarrollo inconsciente capitalista, el erotismo, las modulaciones verbales, el ensayo lírico, su poesía. Los temas de Sartre: la fenomenología, el anarquismo, la equidad social, la culpa, la violencia, la ética científica, Genet, Flaubert, Baudelaire, la censura, la libertad del hombre, la razón, la ontología, la entelequia, la guerra, los guerreros, los civiles. Los temas de Cortázar: la irrupción de lo sobrenatural, el jazz, lo extraordinario, el amor, el artilugio semántico, el advenimiento del socialismo, la traducción, la ficción súbita, la diacronía narrativa, el exilio, la bohemia mística. Los temas de Aira: el artepurismo, el consumo, la aniquilación del sujeto, del ciudadano, el advenimiento del hombre que compra, etc., etc. Los temas de Bellatin: la relatividad de la autoridad literaria, la instalación multimediática, la muerte del narrador. Los temas de Vila-Matas: vanguardias literarias, la desaparición voluntaria, la perplejidad narrativa, las biografías apócrifas, los paisajes literarios, Joyce, Beckett, Kafka, Walser, Sterne, lo anómalo, la amistad intelectual, el secretismo, la vocación, el viaje, lo inaudito, el ensayo como pieza literaria, la bifurcación de los géneros, la rareza, la miscelánea, las falacias de la auto-referencia.


No sé si se nota: la diferencia entre un intelectual y un escritor.

Y entre un gran escritor y uno menor.

Los niveles de lectura.

Los sustratos.

Es teoría, por supuesto. Pero se puede aglutinar los temas y luego ir a ver en detalle las composiciones y discernir en motu propio.
Los temas de Sergio Pitol son no sólo los de su obra de ficción, sino también los de sus libros de memorias y, sobre todo, los temas de sus traducciones. Pitol ha traducido a un centenar de autores, entre los que se cuentan realistas socialistas, experimentalistas italianos y hermetistas centroeuropeos. A su vida, como a su obra, la ordenó el azar de los viajes, el dominio de las lenguas y los descubrimientos literarios. Sus libros de memorias afloran de descripciones de países, gentes y crónicas de libros. Son verdaderos catálogos de literatura contemporánea. Me dijeron que ya no hablaba, que era un cuerpo disminuido, un espectro del escritor que fue, una silueta en la penumbra de una biblioteca que ya no puede leer. Como Borges. Como Sábato. Como García Márquez. Me dijeron que estaba ensimismado, que tendía a repetirse, que en las presentaciones de sus obras y en los eventos en los que se le honra, ya no intervenía, pero olvidaron dar razones. Entonces, en un cafetín italiano de la colonia Condesa (Ciudad de México) él mismo me explicó por qué. Un inventario de amigos muertos que empezaba por su perro pastor ovejero y acababa con Monsiváis, fue toda la explicación. Su perro Sacho murió hace algunos años, en Xalapa, y la pena de aquella ausencia lo llevó a emprender el viaje otra vez. Sergio Pitol, agrimensor de paisajes, ha vivido en Varsovia, en Pekín, en Roma, en Barcelona, en Bristol, en Praga y ha ido a radicarse en Xalapa para sentar sus reales, como dicen allá.
Había ido a Xalapa para quedarse, y ahora tenía que reanudar en cualquier sitio para no recordar. Porque el recuerdo también tortura. Porque olvidamos para protegernos de la repetición. De repente, con los recuerdos indeseados, uno a uno se fueron borrando también los nueve idiomas que había adquirido, las nueve lenguas que le permitieron traducir al español a Chéjov, Andrzejewski, Lowry, Conrad, Firbank, James, Malera, Brandys, Ford Madox Ford. Algo estaba mal. Buscó la cura en Barcelona, la misma ciudad donde treinta años antes llegó sin un duro (y el único camino que halló para ganarse la vida fue ofrecer a las editoriales catalanas las traducciones espontáneas que había hecho de sus autores preferidos.) Allí los médicos le hicieron estudios, pruebas de sangre, escáneres cerebrales, y concluyeron que era una falla de presión, que su cerebro oxigenaba a medias. El diagnóstico indicaba depresión desconocida, pero no dieron remedios. Se fue a Japón, donde alguien le dijo que estaban los médicos más infalibles del mundo. Era verdad, pero si una de las peores cosas que hay en el mundo es estar en manos de un galeno incompetente, la otra es estar en manos de un genio científico japonés. Lo estudiaban como a un hámster de laboratorio. Pasaba todos los días por una revisión mecánica que incluía tac, resonancias y diálisis. Al final dieron con el lugar del daño y localizaron el problema, con exactitud japonesa, en un punto del cerebro al que no llegaba oxigenación.
Mientras lo dice, y se esfuerza, y busca las palabras correctas para urdir frase por frase, repaso la nomenclatura de las afasias y los problemas cerebrales relacionados con el lenguaje. Los estudios más aproximados fueron desarrollados por los doctores Broca y Wernicke, dos médicos que durante la guerra de Crimea aprovecharon la abundancia de heridos con metralla en el cráneo para desarrollar sus teorías de lesiones cerebrales. Ellos notaron que si la esquirla comprometía un área específica sobre la oreja del hemisferio izquierdo, se perdía el habla, y si la herida era más al sur, se perdía la comprensión. Las dos áreas se llaman desde entonces Broca y Wernicke, en honor a los observadores.
En Japón, los médicos situaron el daño en el habla, pero no en la comprensión. Podía leer, pero no traducir. Aun le quedaba la lengua materna para comunicarse, pero las nueve restantes se habían borrado. Todo lo sabían los médicos japoneses, menos devolver la memoria de los idiomas. No lo podían curar. Volvió a Xalapa. Se encerró. Frecuentó a un homeópata que le recomendó el Centro Internacional de Salud de la Pradera, en Cuba. Allí se sometió a terapias de ozono. Por las mañanas, en aquel remanso tropical, le extraían la sangre, la saturaban de ozono y volvían a inyectársela. En horas libres podía dedicarse a leer y a redactar un volumen más de su saga de catálogos, Autobiografía soterrada, en la que hace un contrapunto entre la enfermedad y la imaginación del escritor, entre la juventud y la edad provecta, entre la lozanía y el ocaso de las fuerzas.
En la entrada del 14 de mayo de 2003 puede leerse:
Anteayer, después de la primera sesión de ozono, experimenté una energía física y mental desde hace tiempo desconocida. Mi cuerpo se despojó de sus dolores y fatigas, sentí una inicial restauración. En la noche anoté algunos comentarios sobre el cuento, su estructura, su especificación como género. Si a algún autor me he acercado más es a Chejov; no sólo por su obra; su persona me produce un enorme respeto.
Y así continúa, con ese inconfundible punto de fuga en que el testimonio personal anclado a una anécdota se bifurca en una reflexión literaria, relato de viajes, reseña libresca, hasta lograr que la exhibición obscena del YO desaparezca. Ahora, mientras toma el último sorbo de un expreso de doble oscuridad, nos cuenta que por recomendación médica el remedio para su mal es la prohibición que se hace perentoriamente a otros cuerpos averiados: café y cigarrillos. Porque son vasodilatadores. Porque aumentan la presión arterial. Porque le ayudan a pensar.
Propone que vayamos a una librería: el Fondo de Cultura Económica, una bodega con doce toneladas de palabras para la venta. Al entrar, repasa los estantes rápidamente con la yema del dedo y avanza con la vitalidad de un adolescente. Le seguimos a la zaga, perplejos de su agilidad. Cuando encuentra el título buscado, lo extrae y nos lo ofrece. ¿Lo conocen? No. Su cabeza se mece de un lado a otro. Su mirada dice: Es cubano; es magnífico. Deben leerlo. Y así saca otro, y otro; después busca su propio nombre impreso. Es el libro que presentará en la noche Juan Villoro: Una Autobiografía Soterrada, y nos lo obsequia, deseándonos una biblioteca de anchuroso pecho. Ahora dice que vayamos a comer. Y vamos. Es ese restaurante con librería, a donde solía ir Monsiváis, en el corazón de la colonia Condesa: El Péndulo. La carta ostenta más de treinta platos, y cada plato tiene un nombre de autor. Hay ensalada Neruda (lechugas, pollo y vinagreta). Hay pechuga Michel Foucault (rellenas de queso y espinaca con crema). Hay chuletas Flaubert, y enchiladas Monsiváis. Por el rito, por curiosidad, porque es una distinción que hay que merecer (convertirse en el nombre de un plato) pido enchiladas en salsa roja, a la Monsiváis; pero el mesero dice que no, que al desayuno solamente, que ya no hay. Él se ríe. Pide Fetuccini. Mi dama pide ensalada Neruda. Me conformo con una categoría mental de Foucault. Cuando traen el vino, le digo que sus traducciones y libros de viajes constituyen la guía de lecturas de una generación, entre la cual me cuento. Dice que aun tiene más de treinta traducciones que siguen sin publicarse, porque ni Anagrama ni Tusquets ni Seix Barral ni Joaquin Mortiz ni Era pudieron obtener los derechos. Le pregunto entonces por un autor caro a nuestra formación, Gombrowicz, si acaso lo conoció. Dice que no, que se cartearon para la traducción de Ferdydurke, pero que Gombrowicz murió pobre en un pueblo de Francia, antes de que pudiera agradecerle debidamente, porque a través de su diario se le reveló la obra de Andrzejewski y de muchos escritores deslumbrantes polacos y eslavos que le enseñaron a pensar, a sentir, pero sobretodo, a observar. Gombrowicz fue a la vez su guía de lecturas. Pienso en esa cadena de escritores que conducen a escritores. Pienso en esa Internacional del Espíritu con la que fantaseaba Gombrowicz. Pienso en Tríptico de la memoria, donde a través de viajes y notas de diarios se van entretejiendo las obras de los autores que más impactaron a Pitol y que decidieron su propio camino, su voz, los libros que quiso. Al comienzo de El arte de la fuga, Pitol narra sus inicios de escritor joven en Ciudad de México. Habla de su amistad con Monsiváis y de la pasión compulsiva por comprar libros a raudales en la calle de Donceles. Le pregunto si aún existen esas librerías. Asiente, con espléndida sonrisa. No todas, pero sí. Le pregunto entonces por Monsiváis. Le pregunto si alcanzó a despedirse de su amigo muerto. Apura un sorbo de vino y niega con la cabeza. Frunce el ceño, se pone sombrío. Toma otro sorbo. Hace tintinear un cubierto con los dedos. Cambia de lugar el salero. Me mira. Mira a mi dama. Parece turbado. Pero busca las palabras correctas, y continúa. Lo vio cuatro días antes de morir. Monsiváis estaba en la clínica, con cables que se perdían en sus venas y un tubo enorme que se perdía en la cavidad de su boca. Estaba sentado, porque no podía respirar de otra forma. Ya no reconocía rostros. Fue solo una contemplación. Pitol salió del hospital con la misma sensación de desamparo e impotencia que tuvo cuando perdió los idiomas, cuando vio morir a su pastor ovejero, cuando quedó en la orfandad a los cuatro años, paralizado frente al cadáver de una madre ahogada. “Toda mi vida no había sido sino una perpetua fuga del terror vislumbrado en mis cuatro años”. Después de la comida, llega el café. No sé si hice mal en preguntarlo. ¿Hasta dónde tenemos derecho a hurgar en los recuerdos ajenos para fijar los propios? Una pregunta de tal indiscreción daña cualquier cena. Estoy distraído. Me sudan las manos. No puedo quedarme quieto. Tomo el salero y endulzo mi taza. Pitol ríe. Mi dama ríe. Me siento imbécil. Y tal vez lo soy.



Ciudad de México, 6 de marzo de 2011


(me dice Luis Arturo Ramos, novelista y cuentista veracruzano, que hay un arco entre la imagen y la palabra de Pitol que no puede transitarse; es decir, que al verlo lo identifica como el amigo viejo conocido y el lenguaje que permite designarlo e interrogarlo: cómo has estado, cuándo llegaste, etc., no lo articula rápidamente. Crónica de Stanislaus Bohr reproducida de la revista on line Hermano Cerdo.)