miércoles, 11 de mayo de 2011

SABATO O EL DESPRECIO

Ernesto Sabato, a principios de los 60, era considerado más importante que Borges. Veinte años después, su prestigio tuvo un eclipse. De la noche a la mañana fue acordado que escribía mal, era melodramático, lleno de grandes palabras pero en definitiva con poco que decir. Ernesto Sótano, lo rebautizó alguien. Ni siquiera tenía el costado lúdico que salvaba a Cortázar, a quien se cuestionaba por razones parecidas. Y encima su imagen como luchador por los derechos humanos apareció cuestionada: ¡había almorzado con Videla! Que en ese almuerzo haya pedido gracia para Haroldo Conti, entonces desaparecido, no contó. Los más jóvenes lo siguieron queriendo; para la crítica y las generaciones sucesivas de escritores, no existió. ¿Cómo juzgarlo ahora? Como intelectual, creo que quien más se acercó a medirlo fue César Aira, quien señaló que Sabato era un hombre de un "robusto sentido común" que eligió presentarse como un torturado. Sus entrevistas y artículos, según pasan los años, lo muestran justo así: a favor de la siderurgia cuando el gobierno de Frondizi propugnaba la industralización, a favor de la lectura, a favor de la ecología, en contra de la tortura, a favor de los Beatles, a favor de la comida sana. Y al mismo tiempo, prediciendo el fin del mundo. Era un hombre de opiniones anodinas que quería ser Sartre. Yo arriesgaría que, sin ese empeño, su estatura como novelista aparecería mucho más impresionante. El túnel retrata a cierto tipo de obsesivo como nadie más lo ha hecho. Busque el lector la escena en la que Castel tortura a su amante exigiéndole que defina con exactitud lo que significa "te quiero". O esa otra en la que intenta razonar con un empleado de correos que se niega a devolverle la carta que acaba de despachar. O busque, en Sobre héroes y tumbas, los relatos de Alejandra sobre su propia adolescencia. O los diálogos entre Alejandra y Martín. Cuando Sabato escribía sobre lo que le interesaba visceralmente, era inolvidable. Sospecho que lo impresionaba demasiado la literatura: en todos sus libros hay un núcleo de narración verdadera, sentida, arropada en Gran Literatura de cartón piedra, como si creyera que sólo disfrazándolas de Thomas Mann o de editorial de Les Temps modernes o de Dostoievski sus obsesiones podían tener validez. Tampoco estaba solo: con pocas excepciones, toda la literatura argentina está escrita para agradar a algún fantasma tutelar. Pero ésa es otra historia.


(nota de Gonzalo Garcés, suplemento Muro de Cultura, diario la Tercera, chileno.)

martes, 10 de mayo de 2011

EL FAVORITO DE PALACIO

Distrito Federal— Al comenzar su discurso ante la multitud reunida en la Plaza de la Constitución al cabo de la Marcha nacional por la paz con justicia y dignidad, el poeta Javier Sicilia demandó al presidente Calderón el despido de Genaro García Luna como señal de que había escuchado el mensaje de los ciudadanos que quieren vivir tranquilos.

No sorprende que se exigiera la renuncia del secretario de seguridad pública. En una larga jornada pletórica de símbolos, la mención a García Luna tuvo esa calidad. Es el prototípico funcionario que por acción y omisión ha contribuido al deterioro de la convivencia social y a la disminución (desaparición plena en no pocas comarcas del país) de una vida segura, es decir, a que falle la estrategia nacional contra el crimen organizado.
García Luna no ha servido a la sociedad, antes al contrario la agrede. La colosal fuerza armada que se le ha permitido reclutar –treinta y cinco mil agentes—, la Policía Federal, es en la mayor parte de los lugares donde actúa, parte del problema y no de la solución. Y el propio secretario García Luna lejos de garantizar con su desempeño el alcance de metas necesarias para la nación, mantiene bajo amenaza a una periodista que ha reunido vasta información sobre su conducta y su patrimonio, difícilmente conciliable con sus ingresos como servidor público.
Apenas el miércoles pasado Anabel Hernández, la periodista autora de los libros Los cómplices del Presidente y Los señores del narco –donde García Luna figura en forma prominente reiteró una denuncia que había hecho pública en diciembre pasado, en la presentación de Los señores…en la feria del libro de Guadalajara. Esta vez lo hizo en el patio del ex domicilio principal del Senado, durante un foro en que se habló de la impunidad como aliciente de la delincuencia en perjuicio de la libertad de expresión. Puesto que ha presentado quejas ante las comisiones de derechos humanos nacional y del Distrito Federal, cuenta con resguardo ofrecido por el gobierno capitalino, pues la CNDH incurrió en la ingenuidad de demandar medidas cautelares a la autoridad federal, que sólo podría aplicarlas desde la secretaría de seguridad pública. Haber aceptado esa aberración hubiera significado poner a la periodista a merced de su enemigo –García Luna la considera una suerte de vocera del crimen organizado. Con el mismo tino y la misma diligencia que ha obtenido información sobre el dinero de García Luna y sus vinculaciones con delincuentes, Hernández ha logrado saber que el secretario urde cómo dañarla e impedir que siga trabajando en torno de ese tema. Se ha llegado a ese extremo una vez que fallaron las insinuaciones de que la periodista eligiera un exilio dorado.
Expresiones recientes de la actuación de la Policía federal ocurrieron también la semana pasada. Por un lado, un comando de esa corporación entró en conflicto con la guardia del alcalde de Ciudad Juárez, Héctor Murguía, en que éste tuvo que intervenir en un áspero diálogo con el jefe de los agentes federales, que desdeñaba la autoridad del edil. Ya antes, en enero, un suceso con los mismos protagonistas había tenido un grave desenlace: un miembro de la escolta de Murguía fue asesinado por un agente de la Policía federal.
En Cuernavaca, esa corporación detuvo a varios presuntos responsables del asesinato de Juan Francisco Sicilia y seis personas más. No son tan sólidos los indicios que aportó esa Policía, que el ministerio público pudiera consignarlos ante un juez, para que se les procese. A lo más que llegó con los elementos aportados por la PF fue a solicitar el arraigo. Y lo hizo sin reparar que ya se han girado otras órdenes de aprehensión por el mismo delito contra otras personas. Por su parte, y a fin de asegurar su preponderancia en ese caso de trascendencia nacional e internacional, la secretaría de seguridad pública actuó como supervisora del Ejército y calificó de maniobra de contrainformación de la delincuencia el haber puesto en manos de militares a otro presunto responsable de aquel crimen colectivo, capturado a su vez por delincuentes. Es decir, el Ejército quedó en ridículo para privilegiar una versión que nadie garantiza corresponda con la verdad. Y todavía hay quien acusa de ingratitud a Sicilia al demandar la renuncia de García Luna, no obstante que su gente avanza en el esclarecimiento del crimen que más le importa ahora. No puede haber ingratitud donde no hay favores, y menos cuando puede tratarse de encubrir a los verdaderos autores del homicidio múltiple.
Los motivos para demandar la separación de García Luna de su cargo llenarían un volumen completo. Desde antes de ser miembro del gabinete de Calderón fue señalado por cometer o encubrir actos delictuosos. Como funcionario medio de la Policía Federal Preventiva fue objeto de un señalamiento formal por gastos indebidos, y al convertirse en director de la Agencia federal de investigación se multiplicaron los casos en que solapó a agentes bajo su mando metidos en problemas serios, como el asesinato de Enrique Salinas de Gortari.
Ya como secretario de seguridad pública, rodeado de un círculo de antiguos compañeros, ha sido errático en la organización de las oficinas a su cargo. Una razón de ese descontrol es el amiguismo, que ha derivado en mal fario en la jefatura de la Policía federal, pues sus comisionados han sido asesinados o están preso. También lo está el comandante Javier Herrera Valles, que cometió el grave delito de denunciar a García Luna ante su jefe Calderón y por eso se le procesa.


(Durante el mitin con que culminó la Marcha por la paz con Justicia Dignidad, convocada por el poeta Javier Sicilia, y donde se congregaron miles de alma, el domingo pasado, el convocante solicitó a los Pinos un gesto de buena voluntad con la salida de Genaro García Luna de la dirección de la Policía Federal. FCH de inmediato le respondió que no. A la semblanza rápida que esboza Miguel Ángel Granados Chapa en esta nota habría que agregar la tirria que don Genaro le tiene a la prensa, principalmente a los que hacen Reporte Índigo, semanario electrónico, a Proceso y a Ricardo Ravelo, especialista en narcotráfico. Nota tomada del Diario de Juárez.)

lunes, 9 de mayo de 2011

SUCEDIÓ EN SOMBRERO QUEMADO

No sé quién está más muerto, si los que dicen que viven o los que están bajo tierra. De que les sirve vivir si están más muertos que los muertos; nada los conmueve, ni el robadero de Ismael, ni el desgobierno que padecemos, y hasta el matadero les es indiferente. Los educaron para callar y estan callados. La muerte de un desconocido apenas los hace parpadear, ante la de un conocido solo emiten un gemido, con la de un familiar solo sollozos y lloros en silencio. Duranguense, ¿quién te robo la voz? ¿el grito de rebeldía? ¿quién te quitó los cojones? ¿en donde perdiste el honor y la dignidad? quién te clausuró la boca, que la clausuró muy bien, pues ante las peores heridas y humillaciones solo emites pujidos. Las heridas no te duelen ¿Dios mío que le hiciste a esta gente?

Los delincuentes son los guardianes del orden, los ladrones son los encargados de administrar los recursos públicos; los cretinos son los dirigentes del pueblo. Ellos son los que fijan el "rumbo" de esta entidad. Vivimos en un mundo del absurdo, los buenos son los malos, los malos pasan por buenos, los ladrones vigilan nuestro patrimonio y la gente decente está en la cárcel. ¿Exagero?. Entonces porque Andrés Oppenheimer dice que México es un país surrealista, "donde solo puedes creer la mitad de lo que escuchas y nada de lo que veas".
La clase política que desgobierna, todavía tienen el descaro de cobrarnos impuestos para desvalijarnos. La clase gobernante nos cuida para que nos roben mejor, nos cuida para que nos secuestren, para que nos maten.
¿A esta entelequia se le puede llamar gobierno? Este gobierno lo sostenemos nosotros con nuestros impuestos, con nuestro silencio, con nuestra pasividad, inercia e inmovilidad. Ya la gente no distingue lo ilícito de lo licito, lo permitido de lo prohibido, lo bueno de lo malo. La corrupción ya es nuestra manera de ser, la honestidad es vista como anormal, el orden social se extingue, el estado de derecho languidece, hemos llegado a la anomia, y no nos hemos damos cuenta. ¡Ya no tenemos gobierno! ¡Ya no hay gobierno!.
El miedo y la cobardía nos paraliza, nos quitaron el habla, la dignidad y el honor. Esta tierra fue la cuna de Villa, de Contreras y de los Arrieta. Quizá Villa hizo bien al irse a Chihuahua, y ahí lo valoran y veneran. Mientras que el gran Calixto Contreras sigue sepultado en el olvido, y hace bien, para no ver que su pueblo de valientes ahora visten y actúan como mujeres. Por su parte, el alma de Domingo Arrieta volvió a sus quebradas, pues hasta el museo le desmantelaron.
Dicen que los muertos alimentan a los vivos; nuestros muertos son los que nos echan a andar. Pero si los muertos que nunca mueren se fueron, los corrimos y solo se quedaron los mediocres y arribistas, el ejemplo de esto es lo que guía a la juventud; una juventud degenerada y podrida que veneran al dios- dinero y a ídolos virtuales, de humo o de papel.
Secuestran a nuestros amigos, vecino, conocidos y desconocidos. Se los llevan, les dan tormento, los descuartizan, los decapitan, los cercenan; y ante esta bestialidad nosotros guardamos silencio, un silencio que se convierte en complicidad, es una especie de coautoría por omisión. Nuestro silencio es una aceptación tácita, una aprobación silenciosa. Somos como mansos corderos, que solo esperamos que vengan por nosotros y nos lleven al suplicio y al matadero.
En cambio, otros semejantes a quien no los ha hipnotizado la televisión, ante el extraño reaccionan con hospitalidad y ante la violencia, reaccionan con violencia. En el pueblo "Sombrero Quemado" del municipio del Mezquital, llegaron una banda de sicarios y robaron y les quemaron sus casas. El pueblo se reunió con otros pueblos, hicieron una asamblea, fueron por los sicarios y mataron a 20, muy pocos lograron escapar. Este pueblo está preparado para recibir nuevamente a los sicarios, pero no donde estos los piensan encontrar, sino donde los indígenas consideren el terreno más adecuado para emboscarlos. Ellos se solidarizaron como hermanos que son, para defender sus familias y sus vidas.
De nuestro pueblo abatido y sin rumbo, desvalijado y roto, ¿saldrán las manos, que se juntarán a otras manos para levantar la patria…?


(¿Alguien necesita materia para desarrollar una pieza brechtiana ubicada en un pueblo perdido de El Mezquital, Durango? La narración aquí expuesta por Gabino Martínez Guzmán da pie incluso para las letras de canciones a intercalarse entre una y otra escena. Todo es cuestión que de los dramaturgos vivos de ese santuario de sangre rumie y mastique el artículo del universitario para poner manos a la obra. Nota tomada del blog de don Gabino.)

domingo, 8 de mayo de 2011

HASTA LA CORONILLA

Casi 100.000 manifestantes han desbordado la plaza principal del DF. | Saúl Ruiz Casi 100.000 manifestantes han desbordado la plaza principal del DF. | Saúl Ruiz
  • Casi 100.000 personas han llenado el Zócalo en un clamor contra la violencia
  • Exigen un pacto nacional con seis ejes 'urgentes'
  • Amenazan con la desobediencia civil y con boicotear las elecciones
  • Sicilia ha pedido la dimisión del secretario de Seguridad Pública

(No basta una buena e inspirada foto de Saúl Ruiz y cuatro "balazos" que resumen el contenido de una nota de la corresponsal Isabel Lhongi-Bracaglia para manifestar nuestro azoro por la multitud que se ha volcado en el movimiento auspiciado por el poeta Javier Sicilia, dentro y fuera de México: "Todos contra la guerra errática de Felipe Calderón Hinojosa." El Mundo, español.)

MOVIMIENTO POR LA PAZ EN RESISTENCIA

Distrito Federal— El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que aglutina a más de 100 organizaciones de la sociedad civil, demandará hoy la resolución de seis exigencias que en caso de ser rechazadas o incumplidas por el Gobierno, convocarán a "acciones de resistencia civil y pacífica para lograr el cumplimiento de este ‘suelo'", que consideran es mínimo para la reconstrucción de la nación.

En 10 hojas, los manifestantes de la sociedad civil organizada explican el estado que guarda el país por la emergencia nacional provocada por la violencia, y las razones, los objetivos y las medidas a realizar para obligar a que los gobernantes cumplan con sus obligaciones para poner fin a la impunidad, la corrupción y el goce de privilegios.
Las seis exigencias a cumplirse son: Verdad y justicia, detención de autores materiales e intelectuales de crímenes; poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; combatir la corrupción y la impunidad; combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; la atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; democracia participativa, mejor democracia representativa y democratización en los medios de comunicación.
La estrategia del Movimiento Por la Paz con Justicia y Dignidad contempla una serie de "mecanismos de fiscalización" para vigilar los procesos de resolución de estas exigencias y denunciar su incumplimiento con costos políticos que van hasta la destitución.
El 10 de junio de este año la sociedad civil organizada de México se reuniría en Ciudad Juárez con las Comisiones de Verificación y Sanción, integradas por "especialistas y gente honorable" que la ciudadanía elija, para que verifiquen punto por punto la resolución de las exigencias.
El documento hace un exhorto a los ciudadanos de Estados Unidos para que desde su país apoyen este movimiento pacífico de la sociedad civil organizada de México para lograr la paz y poner fin a la ola de violencia que se vive.
El texto habría sido discutido y redactado por más de 100 organizaciones civiles en todo el país previo a la Marcha Nacional por la Paz, que partió de Cuernavaca y finalmente llegará hoy hasta el Zócalo del DF para darle lectura.
Una parte de los temas y acuerdos en este documento habrían salido de la reunión Jóvenes en la Emergencia Nacional convocada el jueves 28 y 29 de abril en la ciudad de Cuernavaca a la que asistieron más de 150 jóvenes de los estados de Chihuahua, DF, Estado de México, Sonora, Jalisco, Oaxaca, Veracruz, Michoacán y Morelos.
Los principales resolutivos alcanzados en dicha reunión habrían sido: Un Pacto Nacional con la sociedad civil y no con las autoridades porque "la sangre de los muertos no se negocia; desmilitarización inmediata; justicia para las y los asesinados y desparecidos; rechazo a las reformas en Ley de Seguridad Nacional y Laboral; tipificación del feminicidio; democratización de la propiedad y el contenido de los medios de comunicación; no a la privatización del arte y la cultura; educación pública, laica y gratuita para todos; vida digna con respeto a los derechos humanos, y acuerdo de organización y movilización, con cierre de calles y carreteras, la próxima vez que un luchador social sea asesinado.


(nota tomada de El Diario de Juárez.)

SICILIA: REFUNDAR LA NACIÓN

Tiene la mirada empañada y en los surcos que la contornean se entrevé el sufrimiento de un padre al que le arrebataron a su hijo. Hombre de fe y humanista espiritual, el poeta mexicano Javier Sicilia asegura que ahora le cuesta creer. Sin embargo, no pierde la esperanza en este país donde han asesinado a 40.000 personas en cuatro años de guerra entre y contra el narcotráfico, entre ellas su hijo Juan Francisco Sicilia, de 24 años.

Por él, por los anteriores y por los que siguen sanos y salvos, Javier salió caminando el jueves de Cuernavaca, bandera de México en mano. Hoy, 88 kilómetros después, llegará a la capital mexicana, donde se espera que se le sume una multitudinaria movilización ciudadana que se repetirá en más de 40 ciudades del país para pedir al Gobierno que cambie la estrategia represiva contra el narco y ponga fin a la violencia.
"Queremos refundar esta nación. Vamos a exigirles [a los políticos] un pacto para volver a reorientar la vida de este país, darle un buen tejido social porque, si no, no se puede articular la vida política, la vida civil, los procesos democráticos. Se lo va a llevar la chingada", explicó el jueves antes de emprender la marcha.
Sus palabras han llegado al corazón de una sociedad herida, que ve en su hijo a todos los hijos. Y es que en esta guerra sangrienta donde los asesinos quedan impunes -en el 98% de los casos-, donde los muertos son meros "ejecutados" y frecuentemente se van a la tumba con la sospecha del "algo habrán hecho", Juan Francisco Sicilia ha puesto nombre a todas las víctimas.
En los cuatro años de lucha contra los cárteles han muerto 40.000 personas
Juanelo -como lo llama su padre- era un chico común, que creció en un entorno cultural, alejado de la espiral de pobreza y marginalidad asociada a la violencia. A él mismo le espantaba. Le asustaban los tiroteos que se han vuelto habituales en Cuernavaca desde que en diciembre de 2009 el Ejército asesinó allí a uno de los capos mexicanos, Arturo Bertrán Leyva. Desde entonces, la "ciudad de la eterna primavera" es uno de los focos rojos de la estrategia militar contra el crimen organizado.
Pero a sus habitantes no les queda más que seguir con su vida cotidiana, como Juanelo, que estudiaba, trabajaba en una clínica de cardiología y jugaba al fútbol en el equipo de la universidad. Se hubiese licenciado en junio en Administración de Empresas si no fuese porque el 28 de marzo apareció muerto en una camioneta con otras seis personas atadas de pies y manos y asfixiadas. Siete vidas más perdidas en una guerra que ha dejado a miles de familias resquebrajadas y a otras miles angustiadas al pensar que el próximo tiro puede caerle a cualquiera.
"Nuestros jóvenes se han vuelto víctimas en un sistema que no les da trabajo, ni educación, ni oportunidades, y todos, sean o no reclutados para matar, corren el peligro de ser asesinados", esboza Sicilia a Público. Por ello, demanda un cambio estructural, un pacto nacional que agrupe a todos los actores sociales, de derecha a izquierda, de arriba a abajo.

Sin imaginación

"No tienen más imaginación que la violencia. Quieren reinar sobre un mundo de cadáveres y sobre unos vivos que están muertos porque están aterrorizados", critica el poeta, quien ya cuenta con el apoyo explícito de intelectuales, empresarios y organizaciones de toda índole.
"La sociedad civil tenemos que tomar en nuestras manos el rumbo de este país ante la omisión de las autoridades y la maldad inmensa de los criminales", subraya. Aun así, hoy se lo exigirán al Gobierno. Miles de personas reunidas en silencio para mostrar su duelo ante la impunidad, los secuestros, las desapariciones forzadas y los asesinatos que se repiten a lo largo y ancho del territorio mexicano.


(nota de Majo Siscar para el diario español Público, de donde se reprodujo.)

sábado, 7 de mayo de 2011

MARIO LEVRERO (1940- 2004 )

En uno de sus primeros cuentos, Mario Levrero (1940-2004) narra la experiencia de abrir un encendedor. Una vez retirado el primer perno, el personaje del texto comienza a retirar piezas insospechadas no sólo por su función sino por su tamaño. Más tarde termina atrapado en el interior de una de las partes riéndose por haber desarmado el encendedor que en la oscuridad le habría sido de gran ayuda.

Tal es la literatura de Mario Levrero que con anécdotas en apariencia mínimas desarrolla historias impredecibles.
Jorge Mario Varlotta Levrero nació en Montevideo y desde que se lo propuso ha sido la referencia natural de la mejor literatura uruguaya. Ampliamente influido por Kafka —su primera novela, La ciudad, se desprende de su lectura de El castillo—, en Levrero convergen además matices de Onetti y de Felisberto Hernández. Prácticamente toda su vida rehuyó el mundo de la literatura del cual abominaba: “Digo a menudo que escribir es fácil; lo difícil es ser escritor, aguantar las penurias de semejante vida. Yo me resistí todo lo que pude y recién me reconocí plenamente como escritor cuando ya no lo era”.
Como otros autores periféricos hizo de todo durante su vida aunque nunca se alejó del ámbito editorial: guionista, fotógrafo, dibujante, editor… Situación que le permitió escribir siete libros de cuentos y siete novelas incluida la “Trilogía involuntaria”, llamada así por él mismo cuando se percató de que ya había escrito tres novelas.
La etiqueta que se le ha colgado a Levrero es la de inclasificable; textos suyos han aparecido junto a nombres como Philip K. Dick y Brian Aldiss en antologías de ciencia ficción. Y es que el universo de Levrero es ante todo caótico, después abstracto, y luego especulativo. En su pluma, esta combinación genera un ambiente de azar y misticismo.
El complejo universo generado a menudo resulta tener atributos de laberinto; esto quedó patente desde su primer libro, La máquina de pensar en Gladys (cuentos), en el que los personajes llegan o están en un lugar obstruido —sótano, casa abandonada, jardín— y deben salir de ahí pese a las singularidades tipo Lewis Carroll. En la novela El lugar el laberinto es subterráneo y está emparentado con el infierno; en tanto que en Dejen todo en mis manos el laberinto es la provincia uruguaya donde un escritor rechazado debe encontrar a un escritor anónimo que ha escrito una obra maestra.
El interés de Levrero por la parasicología se ve reflejado en obras como El alma de Gardel donde dicha alma es un pneuma que a veces adopta la figura de una rubia y desea liberarse, para ello pide que no la piensen más. En el año 2000 Mario Levrero recibió la beca Guggenheim. El tiempo así ganado lo empleó en concluir el que sería su último libro, La novela luminosa, donde se propuso contar “experiencias luminosas”. La obra fue póstuma y el tema, el pretexto para reflexionar sobre la escritura que, en su caso, siempre ha sido de una claridad deslumbrante.


(nota de José Abdón Flores, reproducida del suplemento Laberinto, Milenio diario.)