Llegan arrasando con todo. Unos y otros. Primero vinieron por las cosechas, luego por las mujeres jóvenes, algunas todavía niñas; después por los campesinos y sus líderes. Se apoderan de sus tierras, ranchos y casas. Hasta que hay alguien que les planta cara.
Estaban cansados de la extorsión constante. Celebraron la Navidad con una temperatura bajo cero. Era 26 de diciembre y un comando de 10 hombres con ropa militar y encapuchados llegó al poblado Tierras Coloradas en el municipio de El Mezquital a unas doce horas de camino a la ciudad de Durango. No era la primera vez que los hombres del Chapo Guzmán se acercaban para amenazar a sus pobladores.
Esta vez el líder de la comunidad tepehuana, Vicente Cabada Chamorro les hizo frente. No se lo esperaban. Corrieron cuando Vicente les empezó a disparar. Creyeron que se sometería. Lo pagó caro. Murió en el ataque, pero antes alcanzo a matar a uno de ellos.
Los indígenas sabían que los hombres del Cártel de Sinaloa volverían a vengar a su hombre. Se pusieron de acuerdo y alrededor de 50 familias se fueron al monte. La zona boscosa de la Sierra de Durango ha sido su casa por generaciones, así que decidieron irse con lo puesto, dejando a alguno para vigilar sus pertenencias. Hicieron bien. Dos días después la gente del Chapo volvió. Esta vez eran entre 60 y 70 hombres que predieron fuego a 37 casas y 27 vehículos. Arrasaron con todo: clínica, escuela, tienda Conasupo...
Estuvieron vagando por la Sierra, luego acordaron irse rumbo a la capital. Llegaron el 6 de enero y contaron su historia a las autoridades. El gobierno dijo que era un problema entre cárteles rivales, ya que los campesinos habían vendido droga a los Zetas y por eso los del Cártel del Golfo se vengaron.
En esta zona, como en muchas otras de México son los cárteles los que colocan a las autoridades. Los capos ponen y quitan alcaldes, gobernadores, directores de penales, jefes de policía, mandos militares... el dinero de la droga compra voluntades.
La Fiscalía de Durango reconoció finalmente la agresión el 12 de enero y desde entonces prometieron ayudar a los indígenas. Han pasado varias semanas desde entonces y nada se ha hecho. No han cumplido. Los indígenas mexicanos (el 12 por ciento de la población) son invisibles, no están representados en las instituciones y el racismo lo padecen de muchas formas.
Impasibles, indolentes, las autoridades observan como los tepehuanos deambulan en la capital del Estado sin tener a dónde ir. La mayoría no habla español. Otros en cambio, decidieron volver a la Sierra: “Están debajo de los pinos, por ahí en las cuevas, por allá a la intemperie pues”, dice Alejandro Aguilar, quien sustituyó a Vicente.
Lo perdieron todo. Su pueblo se reduce ahora a un montón de escombros y se añade a la larga lista de pueblos fantasmas.
(El blog 'agresiones cotidianas', de Sanjuana Martínez, se publica en el diario El País, donde da cuenta de la violencia de cada día contra las mujeres, los niños y los indígenas, en este caso contra los índigenas diseminados en distintos puntos de la sierra de Durango, que desde tiempos inmemoriales han sufrido despojo por parte de los mestizos, criollos y ahora los distintos grupos del cártel de las drogas, también distribuídos en el territorio mexicano y con la complicidad y complacencia de políticos de distintas siglas.)
martes, 8 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
NEMBUTALES PARA MARILYN
Encontraron a la famosa actriz tendida sin ropa sobre la cama. En una imagen conmovedora que se transmitió como un rayo por todo el mundo, yacía muerta con un brazo extendido y la mano en el teléfono. El sargento Jack Clemmons, inspector de guardia en la comisaría de Los Ángeles Oeste, registró una llamada del doctor Greenson informando sobre la muerte de Monroe a las 4.25 de la mañana del domingo. "¿Marilyn Monroe?", se preguntó. Debía de ser una broma. En lugar de dar aviso a una patrulla, como hubiera hecho normalmente, fue en persona a comprobar la veracidad de la llamada. Clemmons comenzó a sospechar de inmediato sobre las circunstancias de aquella muerte. Para empezar, había algo que no cuadraba con el tiempo: la señora Murray (la enfermera-asistenta que cuidaba de Monroe) comentó que habían encontrado el cuerpo poco después de la medianoche y, sin embargo, la policía no fue avisada hasta las 4.25. ¿Qué sucedió mientras tanto? El doctor Greenson declaró que había telefoneado a los estudios y a colaboradores de Monroe, pero el sargento no se creyó que esas llamadas le hubieran podido ocupar cuatro horas. ¿Alguien se había encargado de destruir las pruebas de un delito?
Esa misma mañana fui a la oficina forense para iniciar mi jornada laboral. En mi condición de ayudante me tocaba trabajar todos los domingos y a veces los siete días de la semana, pues andábamos cortos de personal y el trabajo se acumulaba. Pero esa mañana percibí que algo extraño sucedía. El doctor Curphey había telefoneado temprano a la oficina para dejarme un mensaje. La nota que había sobre mi escritorio rezaba: "El doctor Curphey quiere que el doctor Noguchi haga la autopsia de Marilyn Monroe". En una situación normal era un trabajo indicado para un médico forense con más experiencia. Y, sin embargo, el doctor Curphey se había molestado en llamar un domingo a primera hora para adjudicarme la tarea. (...)
El cadáver que se hallaba sobre la mesa 1 estaba cubierto por una sábana blanca. Lo destapé lentamente y me detuve. Me costó unos instantes hacerme a la idea de que estaba contemplando el rostro de la verdadera Marilyn Monroe. (...) Sabía que el mundo entero exigiría saber qué había ocurrido con un personaje tan querido. Sintiendo ya esa carga, comencé el examen. No hallé ni una sola marca de aguja, y eso es lo que consigné en el diagrama corporal del informe. Sin embargo, curiosamente, sí encontré señales que podían indicar violencia: también apunté esos hallazgos en el diagrama. En la región lumbar, a la izquierda, Monroe presentaba una ligera equimosis, un hematoma cárdeno resultado de una pequeña hemorragia ocurrida dentro de los tejidos. (...) ¿Pero tenía relación con su muerte o había sido fruto de un percance doméstico como, por ejemplo, el tropiezo con una mesa? En ese momento creí que el traumatismo no tenía conexión alguna con el deceso. Tanto su ubicación, justo por encima de la cadera, como sus reducidas dimensiones me hacían descartar la violencia como causa. Habría resultado más lógico encontrar heridas recientes alrededor del cuello o la cabeza en el caso de que Monroe hubiera sido atacada. No obstante, ese hematoma sigue sin tener hoy una explicación. Y, tratándose de un posible indicio de violencia, no deja de ser curioso que haya pasado desapercibido para la mayoría de los periodistas de investigación que se han interesado más tarde por el tema.
En mi informe expuse las conclusiones de la autopsia. Empezaba así: "Examen externo: el cuerpo sin embalsamar pertenece a una mujer caucásica de treinta y seis años y buena constitución, sana, con cincuenta y tres kilos de peso y un metro sesenta y seis de estatura. El cuero cabelludo está cubierto por una melena de color rubio oxigenado. Ojos azules. Se advierte una leve equimosis entre la cadera izquierda y el lado izquierdo de la región lumbar". A continuación, el informe pasaba a detallar el examen interno de los sistemas cardiovascular, respiratorio, hepático y biliar, sanguíneo y linfático, endocrino, urinario, reproductor y digestivo. Fue la sección que analizaba el sistema digestivo la que más tarde creó la controversia y llevó a decir a los partidarios de la conspiración que "probaba" el asesinato de Monroe, puesto que yo no había detectado ningún rastro del paso de píldoras por el estómago o el intestino delgado. Ningún resto. Ningún cristal refractario, aunque los frascos de píldoras recogidos mostraban que Monroe había ingerido entre cuarenta y cincuenta nembutales y abundantes cápsulas de hidrato de cloral. Por todo ello, los defensores de la teoría del asesinato aducían que alguien le había inyectado a Monroe las drogas que la mataron.
(...) El informe del laboratorio toxicológico aún añadiría más leña al fuego. Llegó a mis manos varias horas después de que finalizara la autopsia y, nada más comenzar a leerlo, disparó mis alarmas. Yo había enviado, junto con el hígado, muestras de sangre para realizar las pruebas de alcohol y barbitúricos. Además, había remitido otros órganos para "un posterior análisis toxicológico", entre ellos el estómago con su contenido y el intestino. De inmediato me percaté de que los técnicos del laboratorio no habían examinado esos órganos: se habían limitado a analizar la sangre y el hígado.
¿A qué se debía esa omisión en lo que hoy constituye el proceder rutinario del departamento? Los datos arrojados por los análisis de la sangre y el hígado, unidos al frasco vacío de Nembutal y al parcialmente vacío (faltaban 40 cápsulas sobre un total de 50) de hidrato de cloral, apuntaban de forma tan contundente hacia el suicidio que el toxicólogo jefe, Raymond J. Abernathy, no había considerado necesario proseguir con el resto de las pruebas. En concreto, el análisis de sangre mostraba 8,0 mg% de hidrato de cloral, y el hígado, 13,0 mg% de pentobarbital (Nembutal), en ambos casos dosis ciertamente mortales.
Aun así, debí haber insistido en que se analizaran todos los órganos, especialmente el contenido del estómago y algunos segmentos del intestino. Pero no actué con diligencia. Siendo un subalterno, consideré inútil cuestionar las decisiones de los jefes en un asunto de procedimiento. Además, las pruebas me habían persuadido, al igual que a los toxicólogos, de que Marilyn Monroe había ingerido una cantidad de fármacos suficiente para provocarse la muerte.
Cuando al cabo de unos días se hicieron públicas las conclusiones del médico forense, los medios saltaron raudos sobre esa omisión. Yo quería rectificar el error, pero ya era demasiado tarde. Unas semanas después le pregunté a Abernathy si había conservado los órganos de Monroe que le había remitido. En caso afirmativo, aún teníamos una oportunidad de analizarlos. Me contrarió escucharle decir: "Lo siento, pero nos deshicimos de todo tras cerrarse el caso". Sabía que los medios denunciarían un encubrimiento. Acerté. Las más variadas teorías acerca de un hipotético asesinato brotaron de inmediato y han persistido hasta hoy.
Los partidarios de la teoría del crimen, trabajando con la hipótesis de que tanto la fallecida como el "diario" en su poder representaban una amenaza para Robert Kennedy, destacaban el hecho de que Kennedy había volado a San Francisco el 3 de agosto de 1962, víspera de la muerte de Marilyn Monroe. (...) Lo que algunos defendían era que Kennedy había volado a Los Ángeles para supervisar el asesinato de Marilyn Monroe. Según se dijo, Robert Slatzer (amigo y confidente de Marilyn) habló con una mujer que vivía en la misma manzana que Monroe y esta declaró que había visto a Kennedy, acompañado por un hombre que llevaba un maletín de médico, entrando en casa de Monroe la tarde del sábado. De acuerdo con el guión de Slatzer, el hombre del maletín le había inyectado a Monroe las drogas que acabaron con su vida.
La "prueba" de una participación directa de Kennedy en el asesinato de Monroe era tan estrambótica que incluso otros adalides de la idea conspirativa la rechazaron. Muchos esgrimían una segunda teoría. Creían que el crimen fue perpetrado por agentes corruptos de la CIA inquietos ante la posibilidad de que Monroe guardara en su diario informaciones suministradas por Kennedy. Algunos datos parecían corroborar la existencia de tal diario. En 1962, Lionel Grandison era un ayudante del forense con funciones administrativas; él fue quien firmó el certificado de defunción de Marilyn Monroe y, según declaró más tarde, llegó a ver el diario en la oficina forense, aunque al día siguiente había desaparecido.
El conocido especialista en pinchazos telefónicos Bernie Spindel aportó otra presunta "prueba" sobre la participación de Kennedy en la muerte de Monroe. La casa de Spindel, que estaba reuniendo datos contra Kennedy por cuenta del líder del sindicato de camioneros Jimmy Hoffa, había sido registrada por la fiscalía de Nueva York. Los partidarios de la teoría del crimen resaltaban que Kennedy era en aquel momento senador por Nueva York y amigo de Frank Hogan, fiscal del distrito. En su opinión, Kennedy estaba detrás de la operación. Las cintas de Spindel, confiscadas durante el registro, nunca fueron devueltas, y este se querelló para recuperar "cintas y otras pruebas relacionadas con la muerte de Marilyn Monroe que refutan con rotundidad la versión oficial sobre las circunstancias de esa muerte".
(...) El 4 de noviembre de 1984 (22 años después de su muerte) tuve ocasión de responder pormenorizadamente a las preguntas que me hicieron los dos ayudantes del fiscal responsables de la investigación oficial sobre la muerte de Marilyn Monroe. (...) Los inspectores estaban interesados en hallar respuestas a tres cuestiones derivadas de mi informe:
1. La autopsia señalaba que el estómago se hallaba "casi totalmente vacío". ¿Cómo podía ocurrir tal cosa cuando Monroe acababa de ingerir una cantidad masiva de píldoras?
2. ¿Por qué no se hallaron comprimidos a medio digerir, polvos o alguna irritación rojiza en las paredes estomacales?
3. Monroe había ingerido una gran cantidad de nembutales amarillos, así que debían aparecer restos de tinte amarillo en las paredes de la garganta, el esófago y el estómago. ¿Por qué no se detectó ninguna coloración amarilla?
La cuarta pregunta se refería al examen externo del cuerpo de Monroe. Se sabía que el doctor Greenson le había puesto a Monroe su inyección habitual la víspera de su muerte, pero en su cuerpo no se había apreciado ninguna marca. ¿Por qué?
Para contestar a la primera pregunta, la concerniente al estómago vacío, inicié mi explicación recurriendo a un hecho cotidiano. Cuando pruebas comida exótica que no "se aviene" contigo, en ocasiones sufres una indigestión, lo cual significa que el estómago rechaza la comida y no permite que pase fácilmente a los intestinos. Sin embargo, cuando ingieres una comida que estás habituado a comer (un filete, por ejemplo), no se produce tal indigestión y la comida pasa fluidamente hasta los intestinos. Lo mismo sucede con las pastillas cuando las toman consumidores habituales de drogas. Marilyn Monroe había abusado de los somníferos y el hidrato de cloral durante años. Su estómago se había acostumbrado a las píldoras, así que las digería y las "volcaba" en el tracto intestinal. (...)
Para responder a la segunda pregunta, sobre la previsible presencia de pastillas a medio digerir, polvos o irritaciones en las paredes estomacales, me remití a mi informe, donde decía que "la mucosa presenta una difusa hemorragia local". En otras palabras, tras las paredes estomacales (la mucosa) había una mínima aunque extendida hemorragia, la irritación rojiza de la que hablaba el doctor Weinberg.
Les comenté a los inspectores que la tercera cuestión (el supuesto de que el tinte amarillo del Nembutal tenía que haber manchado las paredes internas de la garganta y el estómago) solo podía haber sido planteada por un lego en la materia. En mi carrera me he topado en numerosas ocasiones con el Nembutal. Parece tratarse de una de las drogas favoritas de quienes planean suicidarse. Expliqué a los ayudantes del fiscal que si uno coge una pastilla amarilla de Nembutal, se la pasa por los labios para humedecerla y, por último, se frota el dedo en ella, no se mancha con ningún tinte amarillo. El Nembutal viene en una cápsula especial que no destiñe al ser ingerida.
Respecto a la pregunta de por qué no se habían hallado marcas de pinchazos cuando se tenía constancia de que el doctor Greenson sí había inyectado a Monroe, contesté que las señales dejadas por agujas quirúrgicas muy finas como la usada por el doctor Greenson se cerraban al cabo de pocas horas, borrándose así todo vestigio de ellas. Solo pueden detectarse los pinchazos muy recientes. El doctor Greenson había puesto esa última inyección cuarenta y ocho horas antes de la autopsia. Por tanto, era lógico que yo no hallara ninguna marca reciente.
(Marilyn Monroe, 1926-1962, participó al lado de Jack Lemmon y Tony Curtis en la comedia "Una Eva y dos Adanes, considerada una de las primeras películas sobre travestis del cine norteamericano, Cuando murió se dijo que había sido amante de dos de la dinastía Kennedy, John y Robert, que había sido violada de niña por su padrastro, etc. Es parte del resplandor de una leyenda todavía viva y en constante modificación. La reseña se tomó del suplemento Domingo de El País.)
Esa misma mañana fui a la oficina forense para iniciar mi jornada laboral. En mi condición de ayudante me tocaba trabajar todos los domingos y a veces los siete días de la semana, pues andábamos cortos de personal y el trabajo se acumulaba. Pero esa mañana percibí que algo extraño sucedía. El doctor Curphey había telefoneado temprano a la oficina para dejarme un mensaje. La nota que había sobre mi escritorio rezaba: "El doctor Curphey quiere que el doctor Noguchi haga la autopsia de Marilyn Monroe". En una situación normal era un trabajo indicado para un médico forense con más experiencia. Y, sin embargo, el doctor Curphey se había molestado en llamar un domingo a primera hora para adjudicarme la tarea. (...)
El cadáver que se hallaba sobre la mesa 1 estaba cubierto por una sábana blanca. Lo destapé lentamente y me detuve. Me costó unos instantes hacerme a la idea de que estaba contemplando el rostro de la verdadera Marilyn Monroe. (...) Sabía que el mundo entero exigiría saber qué había ocurrido con un personaje tan querido. Sintiendo ya esa carga, comencé el examen. No hallé ni una sola marca de aguja, y eso es lo que consigné en el diagrama corporal del informe. Sin embargo, curiosamente, sí encontré señales que podían indicar violencia: también apunté esos hallazgos en el diagrama. En la región lumbar, a la izquierda, Monroe presentaba una ligera equimosis, un hematoma cárdeno resultado de una pequeña hemorragia ocurrida dentro de los tejidos. (...) ¿Pero tenía relación con su muerte o había sido fruto de un percance doméstico como, por ejemplo, el tropiezo con una mesa? En ese momento creí que el traumatismo no tenía conexión alguna con el deceso. Tanto su ubicación, justo por encima de la cadera, como sus reducidas dimensiones me hacían descartar la violencia como causa. Habría resultado más lógico encontrar heridas recientes alrededor del cuello o la cabeza en el caso de que Monroe hubiera sido atacada. No obstante, ese hematoma sigue sin tener hoy una explicación. Y, tratándose de un posible indicio de violencia, no deja de ser curioso que haya pasado desapercibido para la mayoría de los periodistas de investigación que se han interesado más tarde por el tema.
En mi informe expuse las conclusiones de la autopsia. Empezaba así: "Examen externo: el cuerpo sin embalsamar pertenece a una mujer caucásica de treinta y seis años y buena constitución, sana, con cincuenta y tres kilos de peso y un metro sesenta y seis de estatura. El cuero cabelludo está cubierto por una melena de color rubio oxigenado. Ojos azules. Se advierte una leve equimosis entre la cadera izquierda y el lado izquierdo de la región lumbar". A continuación, el informe pasaba a detallar el examen interno de los sistemas cardiovascular, respiratorio, hepático y biliar, sanguíneo y linfático, endocrino, urinario, reproductor y digestivo. Fue la sección que analizaba el sistema digestivo la que más tarde creó la controversia y llevó a decir a los partidarios de la conspiración que "probaba" el asesinato de Monroe, puesto que yo no había detectado ningún rastro del paso de píldoras por el estómago o el intestino delgado. Ningún resto. Ningún cristal refractario, aunque los frascos de píldoras recogidos mostraban que Monroe había ingerido entre cuarenta y cincuenta nembutales y abundantes cápsulas de hidrato de cloral. Por todo ello, los defensores de la teoría del asesinato aducían que alguien le había inyectado a Monroe las drogas que la mataron.
(...) El informe del laboratorio toxicológico aún añadiría más leña al fuego. Llegó a mis manos varias horas después de que finalizara la autopsia y, nada más comenzar a leerlo, disparó mis alarmas. Yo había enviado, junto con el hígado, muestras de sangre para realizar las pruebas de alcohol y barbitúricos. Además, había remitido otros órganos para "un posterior análisis toxicológico", entre ellos el estómago con su contenido y el intestino. De inmediato me percaté de que los técnicos del laboratorio no habían examinado esos órganos: se habían limitado a analizar la sangre y el hígado.
¿A qué se debía esa omisión en lo que hoy constituye el proceder rutinario del departamento? Los datos arrojados por los análisis de la sangre y el hígado, unidos al frasco vacío de Nembutal y al parcialmente vacío (faltaban 40 cápsulas sobre un total de 50) de hidrato de cloral, apuntaban de forma tan contundente hacia el suicidio que el toxicólogo jefe, Raymond J. Abernathy, no había considerado necesario proseguir con el resto de las pruebas. En concreto, el análisis de sangre mostraba 8,0 mg% de hidrato de cloral, y el hígado, 13,0 mg% de pentobarbital (Nembutal), en ambos casos dosis ciertamente mortales.
Aun así, debí haber insistido en que se analizaran todos los órganos, especialmente el contenido del estómago y algunos segmentos del intestino. Pero no actué con diligencia. Siendo un subalterno, consideré inútil cuestionar las decisiones de los jefes en un asunto de procedimiento. Además, las pruebas me habían persuadido, al igual que a los toxicólogos, de que Marilyn Monroe había ingerido una cantidad de fármacos suficiente para provocarse la muerte.
Cuando al cabo de unos días se hicieron públicas las conclusiones del médico forense, los medios saltaron raudos sobre esa omisión. Yo quería rectificar el error, pero ya era demasiado tarde. Unas semanas después le pregunté a Abernathy si había conservado los órganos de Monroe que le había remitido. En caso afirmativo, aún teníamos una oportunidad de analizarlos. Me contrarió escucharle decir: "Lo siento, pero nos deshicimos de todo tras cerrarse el caso". Sabía que los medios denunciarían un encubrimiento. Acerté. Las más variadas teorías acerca de un hipotético asesinato brotaron de inmediato y han persistido hasta hoy.
Los partidarios de la teoría del crimen, trabajando con la hipótesis de que tanto la fallecida como el "diario" en su poder representaban una amenaza para Robert Kennedy, destacaban el hecho de que Kennedy había volado a San Francisco el 3 de agosto de 1962, víspera de la muerte de Marilyn Monroe. (...) Lo que algunos defendían era que Kennedy había volado a Los Ángeles para supervisar el asesinato de Marilyn Monroe. Según se dijo, Robert Slatzer (amigo y confidente de Marilyn) habló con una mujer que vivía en la misma manzana que Monroe y esta declaró que había visto a Kennedy, acompañado por un hombre que llevaba un maletín de médico, entrando en casa de Monroe la tarde del sábado. De acuerdo con el guión de Slatzer, el hombre del maletín le había inyectado a Monroe las drogas que acabaron con su vida.
La "prueba" de una participación directa de Kennedy en el asesinato de Monroe era tan estrambótica que incluso otros adalides de la idea conspirativa la rechazaron. Muchos esgrimían una segunda teoría. Creían que el crimen fue perpetrado por agentes corruptos de la CIA inquietos ante la posibilidad de que Monroe guardara en su diario informaciones suministradas por Kennedy. Algunos datos parecían corroborar la existencia de tal diario. En 1962, Lionel Grandison era un ayudante del forense con funciones administrativas; él fue quien firmó el certificado de defunción de Marilyn Monroe y, según declaró más tarde, llegó a ver el diario en la oficina forense, aunque al día siguiente había desaparecido.
El conocido especialista en pinchazos telefónicos Bernie Spindel aportó otra presunta "prueba" sobre la participación de Kennedy en la muerte de Monroe. La casa de Spindel, que estaba reuniendo datos contra Kennedy por cuenta del líder del sindicato de camioneros Jimmy Hoffa, había sido registrada por la fiscalía de Nueva York. Los partidarios de la teoría del crimen resaltaban que Kennedy era en aquel momento senador por Nueva York y amigo de Frank Hogan, fiscal del distrito. En su opinión, Kennedy estaba detrás de la operación. Las cintas de Spindel, confiscadas durante el registro, nunca fueron devueltas, y este se querelló para recuperar "cintas y otras pruebas relacionadas con la muerte de Marilyn Monroe que refutan con rotundidad la versión oficial sobre las circunstancias de esa muerte".
(...) El 4 de noviembre de 1984 (22 años después de su muerte) tuve ocasión de responder pormenorizadamente a las preguntas que me hicieron los dos ayudantes del fiscal responsables de la investigación oficial sobre la muerte de Marilyn Monroe. (...) Los inspectores estaban interesados en hallar respuestas a tres cuestiones derivadas de mi informe:
1. La autopsia señalaba que el estómago se hallaba "casi totalmente vacío". ¿Cómo podía ocurrir tal cosa cuando Monroe acababa de ingerir una cantidad masiva de píldoras?
2. ¿Por qué no se hallaron comprimidos a medio digerir, polvos o alguna irritación rojiza en las paredes estomacales?
3. Monroe había ingerido una gran cantidad de nembutales amarillos, así que debían aparecer restos de tinte amarillo en las paredes de la garganta, el esófago y el estómago. ¿Por qué no se detectó ninguna coloración amarilla?
La cuarta pregunta se refería al examen externo del cuerpo de Monroe. Se sabía que el doctor Greenson le había puesto a Monroe su inyección habitual la víspera de su muerte, pero en su cuerpo no se había apreciado ninguna marca. ¿Por qué?
Para contestar a la primera pregunta, la concerniente al estómago vacío, inicié mi explicación recurriendo a un hecho cotidiano. Cuando pruebas comida exótica que no "se aviene" contigo, en ocasiones sufres una indigestión, lo cual significa que el estómago rechaza la comida y no permite que pase fácilmente a los intestinos. Sin embargo, cuando ingieres una comida que estás habituado a comer (un filete, por ejemplo), no se produce tal indigestión y la comida pasa fluidamente hasta los intestinos. Lo mismo sucede con las pastillas cuando las toman consumidores habituales de drogas. Marilyn Monroe había abusado de los somníferos y el hidrato de cloral durante años. Su estómago se había acostumbrado a las píldoras, así que las digería y las "volcaba" en el tracto intestinal. (...)
Para responder a la segunda pregunta, sobre la previsible presencia de pastillas a medio digerir, polvos o irritaciones en las paredes estomacales, me remití a mi informe, donde decía que "la mucosa presenta una difusa hemorragia local". En otras palabras, tras las paredes estomacales (la mucosa) había una mínima aunque extendida hemorragia, la irritación rojiza de la que hablaba el doctor Weinberg.
Les comenté a los inspectores que la tercera cuestión (el supuesto de que el tinte amarillo del Nembutal tenía que haber manchado las paredes internas de la garganta y el estómago) solo podía haber sido planteada por un lego en la materia. En mi carrera me he topado en numerosas ocasiones con el Nembutal. Parece tratarse de una de las drogas favoritas de quienes planean suicidarse. Expliqué a los ayudantes del fiscal que si uno coge una pastilla amarilla de Nembutal, se la pasa por los labios para humedecerla y, por último, se frota el dedo en ella, no se mancha con ningún tinte amarillo. El Nembutal viene en una cápsula especial que no destiñe al ser ingerida.
Respecto a la pregunta de por qué no se habían hallado marcas de pinchazos cuando se tenía constancia de que el doctor Greenson sí había inyectado a Monroe, contesté que las señales dejadas por agujas quirúrgicas muy finas como la usada por el doctor Greenson se cerraban al cabo de pocas horas, borrándose así todo vestigio de ellas. Solo pueden detectarse los pinchazos muy recientes. El doctor Greenson había puesto esa última inyección cuarenta y ocho horas antes de la autopsia. Por tanto, era lógico que yo no hallara ninguna marca reciente.
(Marilyn Monroe, 1926-1962, participó al lado de Jack Lemmon y Tony Curtis en la comedia "Una Eva y dos Adanes, considerada una de las primeras películas sobre travestis del cine norteamericano, Cuando murió se dijo que había sido amante de dos de la dinastía Kennedy, John y Robert, que había sido violada de niña por su padrastro, etc. Es parte del resplandor de una leyenda todavía viva y en constante modificación. La reseña se tomó del suplemento Domingo de El País.)
JUAN CARLOS ONETTI, EL CRUEL
Dicen que nada le hacía más feliz que tener entre manos un whisky y una novela de crímenes que aún no hubiera leído. Junto a su cama, donde se pasó buena parte de sus últimos años, las novelas del género se amontonaban por decenas. Buscaba las buenas, como cualquiera, pero no le importaba leer todas las demás. "La mayoría de las que ve ahí son malas, pésimas, pero me las he leído todas", le confesaba a alguien que acudió a entrevistarlo en su domicilio madrileño en la década de los 80.
Él las llamaba novelas policiales. Nunca policiacas, o negras, como se suele por estos pagos. Persistía en esa palabra que remitía a su Río de la Plata, donde se había hecho escritor y donde, de Montevideo a Buenos Aires y de Buenos Aires a Montevideo, pasó una buena parte de su existencia. No se excusaba por su vicio, como lo calificaba ("no escribo para comunicarme, sino porque tengo el vicio de escribir, como también es mi vicio leer"), aunque tampoco se privó de invocar argumentos de autoridad para justificarlo. Como el del Premio Nobel Pablo Neruda, cuya viuda declaró en cierta ocasión que antes de irse de viaje siempre le pedía que le llenara una maleta de novelas policiacas. O el de André Gide, que reivindicaba a Georges Simenon como uno de los mejores escritores en francés del siglo XX.
Se llamaba, hora es de decirlo, Juan Carlos Onetti, nació en Montevideo en 1909 y murió en Madrid en 1994. Además de otras narraciones extraordinarias, es el autor de las novelas del llamado ciclo de Santa María, tres de las cuales, acaso las principales ('La vida breve', 'El astillero' y 'Juntacadáveres'), reúne RBA en una edición conjunta que vio la luz no hace mucho con prólogo del más reciente Nobel, Mario Vargas Llosa. Con su lectura, que para muchos es relectura, emerge la fundada sospecha de que nos encontramos ante uno de los máximos prosistas en castellano del siglo XX, de un novelista que rayó a la altura de los mejores de su época, quizá el más poderoso de todos los autores del llamado 'boom' latinoamericano, y a quien, la verdad, es difícil encontrarle alguna competencia a este lado del océano.
También leyendo estas novelas de Santa María nos tropezamos aquí y allá con múltiples huellas de la febril afición de su autor por la novela negra, cuyos resortes, espacios y arquetipos inspiran sin duda, bien que pasados por el filtro del pesimismo metafísico de Onetti, muchos de sus hallazgos. Y como botón de muestra, el perfil crepuscular de sus personajes: Larsen, alias 'Juntacadáveres', oscuro e infeliz buscavidas; el doctor Díaz Grey, venal, corrupto y tan mordaz consigo mismo como para autocalificarse de 'lavativero desteñido'; o la tarada Angélica Inés, la musa acorde a la atmósfera de derribo que envuelve el relato.
Leía a los peores, como se ha dicho, pero también a los mejores, y entre ellos, por tópico que resulte, citaba una y otra vez a Dashiell Hammett y a Raymond Chandler. Del primero heredó acaso en parte esa amargura seca y brutal que impregna todo su mundo y que ya se anuncia en el primero de sus textos, 'El pozo', publicado en 1939 (en una edición de 500 ejemplares, de los que sólo se vendieron 50): "Ésta es la noche, quien no pudo sentirla así no la conoce. Todo en la vida es mierda y aquí estamos, ciegos en la noche, atentos y sin comprender". De Chandler pudo tomar, entre otras cosas, la ironía demoledora, la escritura brillante e ingeniosa que asoma en pasajes como éste de 'El astillero': "Digan primero si les interesa o no. Así como está, tan inservible como estuvieron diciendo. Pidieron una perforadora, y ahí la tienen. No es una virgen, pero tampoco muerde".
Aparte de sus novelas (habría que añadir, dentro del mismo ciclo de Santa María, obras como 'Dejemos hablar al viento' y la última, y casi testamentaria, 'Cuando ya no importe'), Onetti reflejaría la atmósfera negra en sus ejemplares relatos breves. Como 'Bienvenido, Bob', escrito del tirón una noche en una pensión de la calle Corrientes de Buenos Aires, o como uno de los favoritos del que suscribe, 'El infierno tan temido', una historia emocionante y desgarradora a la vez en la que resuenan ecos del 'noir' más subterráneo, y donde la mujer adquiere ese sesgo fatídico, el poder de liquidar totalmente al varón, tan típico del género.
Onetti no escribió, en puridad, historias policiales. Apenas está la intriga, ni la promesa de descubrimiento alguno, en el motor de sus narraciones, sostenidas por la belleza de sus imágenes, la potencia de su lenguaje y la ferocidad de sus ideas. Pero las leyó, y no sólo en su cama. También en las páginas de sus relatos, breves o largos, que son, tal vez, el mejor homenaje que los autores de novelas de sabuesos pudieran imaginar.
(Hay en México pocos escritores que admiten haber 'soportado' la lectura del mundo sórdido del uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994), acaso la novela "La mujer que quiso ser Dios", del veracruzano Luis Arturo Ramos, guarde cierto aliento onettiano y alguno de sus cuentos incluídos en "Los viejos asesinos", de ahí en más ninguno. Aunque Daniel Sada se confesaba detractor de Onetti por ese universo repelente y despiadado que retrata desde sus primeras historias, acaso fuesen sus juicios negativos un indicador de un tufo onettiano presente en su vida. Nota de Lorenzo Silva tomada de El Mundo.)
Él las llamaba novelas policiales. Nunca policiacas, o negras, como se suele por estos pagos. Persistía en esa palabra que remitía a su Río de la Plata, donde se había hecho escritor y donde, de Montevideo a Buenos Aires y de Buenos Aires a Montevideo, pasó una buena parte de su existencia. No se excusaba por su vicio, como lo calificaba ("no escribo para comunicarme, sino porque tengo el vicio de escribir, como también es mi vicio leer"), aunque tampoco se privó de invocar argumentos de autoridad para justificarlo. Como el del Premio Nobel Pablo Neruda, cuya viuda declaró en cierta ocasión que antes de irse de viaje siempre le pedía que le llenara una maleta de novelas policiacas. O el de André Gide, que reivindicaba a Georges Simenon como uno de los mejores escritores en francés del siglo XX.
Se llamaba, hora es de decirlo, Juan Carlos Onetti, nació en Montevideo en 1909 y murió en Madrid en 1994. Además de otras narraciones extraordinarias, es el autor de las novelas del llamado ciclo de Santa María, tres de las cuales, acaso las principales ('La vida breve', 'El astillero' y 'Juntacadáveres'), reúne RBA en una edición conjunta que vio la luz no hace mucho con prólogo del más reciente Nobel, Mario Vargas Llosa. Con su lectura, que para muchos es relectura, emerge la fundada sospecha de que nos encontramos ante uno de los máximos prosistas en castellano del siglo XX, de un novelista que rayó a la altura de los mejores de su época, quizá el más poderoso de todos los autores del llamado 'boom' latinoamericano, y a quien, la verdad, es difícil encontrarle alguna competencia a este lado del océano.
También leyendo estas novelas de Santa María nos tropezamos aquí y allá con múltiples huellas de la febril afición de su autor por la novela negra, cuyos resortes, espacios y arquetipos inspiran sin duda, bien que pasados por el filtro del pesimismo metafísico de Onetti, muchos de sus hallazgos. Y como botón de muestra, el perfil crepuscular de sus personajes: Larsen, alias 'Juntacadáveres', oscuro e infeliz buscavidas; el doctor Díaz Grey, venal, corrupto y tan mordaz consigo mismo como para autocalificarse de 'lavativero desteñido'; o la tarada Angélica Inés, la musa acorde a la atmósfera de derribo que envuelve el relato.
Leía a los peores, como se ha dicho, pero también a los mejores, y entre ellos, por tópico que resulte, citaba una y otra vez a Dashiell Hammett y a Raymond Chandler. Del primero heredó acaso en parte esa amargura seca y brutal que impregna todo su mundo y que ya se anuncia en el primero de sus textos, 'El pozo', publicado en 1939 (en una edición de 500 ejemplares, de los que sólo se vendieron 50): "Ésta es la noche, quien no pudo sentirla así no la conoce. Todo en la vida es mierda y aquí estamos, ciegos en la noche, atentos y sin comprender". De Chandler pudo tomar, entre otras cosas, la ironía demoledora, la escritura brillante e ingeniosa que asoma en pasajes como éste de 'El astillero': "Digan primero si les interesa o no. Así como está, tan inservible como estuvieron diciendo. Pidieron una perforadora, y ahí la tienen. No es una virgen, pero tampoco muerde".
Aparte de sus novelas (habría que añadir, dentro del mismo ciclo de Santa María, obras como 'Dejemos hablar al viento' y la última, y casi testamentaria, 'Cuando ya no importe'), Onetti reflejaría la atmósfera negra en sus ejemplares relatos breves. Como 'Bienvenido, Bob', escrito del tirón una noche en una pensión de la calle Corrientes de Buenos Aires, o como uno de los favoritos del que suscribe, 'El infierno tan temido', una historia emocionante y desgarradora a la vez en la que resuenan ecos del 'noir' más subterráneo, y donde la mujer adquiere ese sesgo fatídico, el poder de liquidar totalmente al varón, tan típico del género.
Onetti no escribió, en puridad, historias policiales. Apenas está la intriga, ni la promesa de descubrimiento alguno, en el motor de sus narraciones, sostenidas por la belleza de sus imágenes, la potencia de su lenguaje y la ferocidad de sus ideas. Pero las leyó, y no sólo en su cama. También en las páginas de sus relatos, breves o largos, que son, tal vez, el mejor homenaje que los autores de novelas de sabuesos pudieran imaginar.
(Hay en México pocos escritores que admiten haber 'soportado' la lectura del mundo sórdido del uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994), acaso la novela "La mujer que quiso ser Dios", del veracruzano Luis Arturo Ramos, guarde cierto aliento onettiano y alguno de sus cuentos incluídos en "Los viejos asesinos", de ahí en más ninguno. Aunque Daniel Sada se confesaba detractor de Onetti por ese universo repelente y despiadado que retrata desde sus primeras historias, acaso fuesen sus juicios negativos un indicador de un tufo onettiano presente en su vida. Nota de Lorenzo Silva tomada de El Mundo.)
domingo, 6 de febrero de 2011
LA PARANOIA DE FELIPE
"Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema", esta frase de Ulises, de James Joyce, define la política del presidente Felipe Calderón.
Su toma de posesión en el Congreso fue una metáfora de debilidad: entró por una puerta trasera, recorrió un pasadizo y juró la Constitución a toda prisa, como quien recoge un trozo de carne a punto de descongelarse. Catorce días después lanzó una ofensiva contra el crimen organizado. Para restaurar la fuerza del Ejecutivo posó en uniforme militar y pasó revista a las tropas. El candidato que prometía empleo optó por un dramático cambio de tema. En este sentido tuvo éxito. Desde entonces no hablamos de otra cosa.
Acorralado por la oposición, incapaz de crear equipos amplios de trabajo (no sólo con miembros de otros partidos o de la sociedad civil, sino del propio PAN), Calderón gobierna con un puñado de incondicionales. Su intensa paranoia ha sido nuestra triste realidad: más de 34 mil muertos.
Hace poco, el Presidente señaló que no había usado la palabra "guerra". Reforma documentó que eso es falso. No es novedad que un presidente que sacrificó la reforma del Estado con fines electorales niegue sus declaraciones. Lo relevante es que, al desentenderse de la palabra "guerra", evita la responsabilidad de ganarla.
No hay que criticar a Calderón por enfrentar al narcotráfico, sino por la forma en que lo hace. ¿Bastaban dos semanas en el poder para concebir una estrategia? El costo social de esa impericia ha sido enorme, y los resultados saltan a la vista: el PAN pierde en los estados y perderá la Presidencia.
Calderón fracasó en lograr que la lucha contra el crimen se percibiera como objetivo de Estado; es vista como una guerra de gobierno, a tal grado que despertó la nostalgia por la abusiva estabilidad del PRI: "Que se vayan los ineptos y que vuelvan los corruptos", dice un reiterado graffiti.
¿Conocía el Presidente al enemigo que le ayudó a cambiar de tema? Para averiguar si estaba sentado en dinamita, encendió un cerillo.
Los despachos de WikiLeaks muestran que los gobiernos pueden actuar en forma autodestructiva. En 1990, April Glaspie, embajadora de Estados Unidos en Irak, reiteró que Sadam Hussein era un socio confiable. Podo después, Hussein invadió Kuwait. Algunos pensaron que la diplomática había dado "luz verde" a esa guerra. Los documentos desclasificados revelan que Glaspie descartaba la invasión porque le parecía una operación suicida para el propio Irak. Esto recuerda la forma que en Stalin desestimó los informes de que Hitler invadiría la Unión Soviética: no lo creía capaz de precipitarse a la derrota de ese modo.
Sobran ejemplos de despropósitos militares. En el caso de Calderón, el principal aporte de WikiLeaks consiste en revelar su progresiva dependencia de Washington. El diagnóstico estadounidense es demoledor. El archivo 003195, del 10 de noviembre de 2009, afirma: "México carece de un aparato de inteligencia eficaz para producir información de alta calidad y operativos definidos [...] A pesar de su pléyade de incapacidades y deficiencias, los servicios de seguridad mexicana reconocen ampliamente su necesidad de mejoría". Entre los muchos impedimentos se destaca "la falta de confianza entre las distintas instituciones del gobierno". A continuación se ofrece un análisis de la forma en que la Sedena, Cisen, la SSP y la Semar desarrollan estrategias sin auténtica coordinación.
WikiLeaks no es la Tabla de la Ley. Sus informes están sujetos a intereses específicos. De acuerdo con esa óptica, la debilidad del gobierno calderonista llevó a una rectificación "positiva", es decir, a pedir el progresivo apoyo de Estados Unidos. El documento 0083, del 29 de enero de 2010, resume la situación: "Calderón ha atacado en forma agresiva al narcotráfico, pero ha luchado con instituciones descoordinadas y dispersas; la creciente espiral de violencia lo ha hecho vulnerable a las críticas".
Los informes de WikiLeaks diagnostican que Calderón ha aprendido sobre la marcha, acercándose cada vez más a Estados Unidos. El costo de esta educación pública ha sido enorme.
¿Qué tan mal está el país? Un amigo senegalés, que vive en México desde los tiempos en que el presidente Echeverría ofreció becas para ese país, pasó la Navidad de 2010 en Dakar. Por primera vez su padre le preguntó cómo era posible que viviera en México. La preocupación por el país no sólo se nota en la prensa europea o norteamericana. ¿En qué punto estamos?
Algunos colegas señalan que México se encuentra mejor de lo que sugieren las noticias. Es posible que así sea. La gran paradoja del asunto es que si dejáramos de hablar de la guerra contra el narcotráfico, el principal perjudicado sería Felipe Calderón. Durante cuatro años ha construido un monólogo para no hablar de otra cosa. Los datos están contra él, pero son tan contundentes que impiden otro análisis. Si recuperáramos la paz, comprobaríamos su ineptitud en las demás áreas.
Le quedan dos años para seguir minando la soberanía y perfeccionar la bancarrota del partido que lo llevó al poder.
(nota tomada de El Siglo de Durango, autor: Juan Villoro.)
Su toma de posesión en el Congreso fue una metáfora de debilidad: entró por una puerta trasera, recorrió un pasadizo y juró la Constitución a toda prisa, como quien recoge un trozo de carne a punto de descongelarse. Catorce días después lanzó una ofensiva contra el crimen organizado. Para restaurar la fuerza del Ejecutivo posó en uniforme militar y pasó revista a las tropas. El candidato que prometía empleo optó por un dramático cambio de tema. En este sentido tuvo éxito. Desde entonces no hablamos de otra cosa.
Acorralado por la oposición, incapaz de crear equipos amplios de trabajo (no sólo con miembros de otros partidos o de la sociedad civil, sino del propio PAN), Calderón gobierna con un puñado de incondicionales. Su intensa paranoia ha sido nuestra triste realidad: más de 34 mil muertos.
Hace poco, el Presidente señaló que no había usado la palabra "guerra". Reforma documentó que eso es falso. No es novedad que un presidente que sacrificó la reforma del Estado con fines electorales niegue sus declaraciones. Lo relevante es que, al desentenderse de la palabra "guerra", evita la responsabilidad de ganarla.
No hay que criticar a Calderón por enfrentar al narcotráfico, sino por la forma en que lo hace. ¿Bastaban dos semanas en el poder para concebir una estrategia? El costo social de esa impericia ha sido enorme, y los resultados saltan a la vista: el PAN pierde en los estados y perderá la Presidencia.
Calderón fracasó en lograr que la lucha contra el crimen se percibiera como objetivo de Estado; es vista como una guerra de gobierno, a tal grado que despertó la nostalgia por la abusiva estabilidad del PRI: "Que se vayan los ineptos y que vuelvan los corruptos", dice un reiterado graffiti.
¿Conocía el Presidente al enemigo que le ayudó a cambiar de tema? Para averiguar si estaba sentado en dinamita, encendió un cerillo.
Los despachos de WikiLeaks muestran que los gobiernos pueden actuar en forma autodestructiva. En 1990, April Glaspie, embajadora de Estados Unidos en Irak, reiteró que Sadam Hussein era un socio confiable. Podo después, Hussein invadió Kuwait. Algunos pensaron que la diplomática había dado "luz verde" a esa guerra. Los documentos desclasificados revelan que Glaspie descartaba la invasión porque le parecía una operación suicida para el propio Irak. Esto recuerda la forma que en Stalin desestimó los informes de que Hitler invadiría la Unión Soviética: no lo creía capaz de precipitarse a la derrota de ese modo.
Sobran ejemplos de despropósitos militares. En el caso de Calderón, el principal aporte de WikiLeaks consiste en revelar su progresiva dependencia de Washington. El diagnóstico estadounidense es demoledor. El archivo 003195, del 10 de noviembre de 2009, afirma: "México carece de un aparato de inteligencia eficaz para producir información de alta calidad y operativos definidos [...] A pesar de su pléyade de incapacidades y deficiencias, los servicios de seguridad mexicana reconocen ampliamente su necesidad de mejoría". Entre los muchos impedimentos se destaca "la falta de confianza entre las distintas instituciones del gobierno". A continuación se ofrece un análisis de la forma en que la Sedena, Cisen, la SSP y la Semar desarrollan estrategias sin auténtica coordinación.
WikiLeaks no es la Tabla de la Ley. Sus informes están sujetos a intereses específicos. De acuerdo con esa óptica, la debilidad del gobierno calderonista llevó a una rectificación "positiva", es decir, a pedir el progresivo apoyo de Estados Unidos. El documento 0083, del 29 de enero de 2010, resume la situación: "Calderón ha atacado en forma agresiva al narcotráfico, pero ha luchado con instituciones descoordinadas y dispersas; la creciente espiral de violencia lo ha hecho vulnerable a las críticas".
Los informes de WikiLeaks diagnostican que Calderón ha aprendido sobre la marcha, acercándose cada vez más a Estados Unidos. El costo de esta educación pública ha sido enorme.
¿Qué tan mal está el país? Un amigo senegalés, que vive en México desde los tiempos en que el presidente Echeverría ofreció becas para ese país, pasó la Navidad de 2010 en Dakar. Por primera vez su padre le preguntó cómo era posible que viviera en México. La preocupación por el país no sólo se nota en la prensa europea o norteamericana. ¿En qué punto estamos?
Algunos colegas señalan que México se encuentra mejor de lo que sugieren las noticias. Es posible que así sea. La gran paradoja del asunto es que si dejáramos de hablar de la guerra contra el narcotráfico, el principal perjudicado sería Felipe Calderón. Durante cuatro años ha construido un monólogo para no hablar de otra cosa. Los datos están contra él, pero son tan contundentes que impiden otro análisis. Si recuperáramos la paz, comprobaríamos su ineptitud en las demás áreas.
Le quedan dos años para seguir minando la soberanía y perfeccionar la bancarrota del partido que lo llevó al poder.
(nota tomada de El Siglo de Durango, autor: Juan Villoro.)
NARCOS DE JUGUETE
MEXICO, DF, 4 de febrero (apro).- La Organización de las Naciones Unidas (ONU) denunció hoy la vulnerabilidad y desprotección que padecen los niños y adolescentes mexicanos en el marco de la “guerra” contra el narcotráfico emprendida por el gobierno de Felipe Calderón.
Por primera ocasión, el organismo internacional se pronunció al respecto a través del Comité de los Derechos del Niño, que evaluó el cumplimiento de México sobre el Protocolo de Participación de Niños y Niñas en Conflictos Armados.
En un comunicado, previo a las conclusiones del organismo próximas a publicarse, el Comité de ONU “expresó su gran preocupación por el elevado número de niños víctimas (unos mil niños muertos en los últimos cuatro años) como resultado de la lucha del Ejército contra la delincuencia organizada, violaciones de los derechos del niño y la ausencia de investigación de los delitos perpetrados por personal militar”.
El Comité evaluó el cumplimiento del Protocolo a partir de información que le remitieron organizaciones civiles de México y el propio gobierno de Calderón durante una audiencia pública celebrada el lunes 31 de enero en Ginebra, Suiza.
En esa audiencia, el gobierno mexicano presentó un informe sobre las medidas de protección aplicadas contra la venta de menores, prostitución y pornografía infantil, así como para evitar su participación en conflictos armados.
La delegación mexicana, encabezada por el subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Felipe Zamora Castro, rechazó que en México exista un conflicto armado y que menores participen en grupos de la delincuencia organizada.
Por su parte, un colectivo de ONG entregó al Comité de la ONU información sobre la participación de entre 25 mil y 30 mil adolescentes en la llamada “guerra” contra el narcotráfico.
Incluso el conflicto ya ha cobrado la vida de 35 mil personas de diciembre de 2006 a la fecha, denunció Juan Martín Pérez García, miembro de uno de los organismos civiles que estuvieron presentes en la reunión de Ginebra.
Según el documento “Infancia y conflicto armado en México”, elaborado por la Red para los Derechos de la Infancia en México (Redir), el narcotráfico utiliza a los menores de 12 años como vigilantes o “halcones”, mientras que a los de 12 a 15 años los emplea en el traslado de droga.
Los de 16 años en adelante, alerta, ya empiezan a ser contratados como sicarios, mientras que a las niñas las emplean como empaquetadoras de droga.
Según el estudio de Redir, “actualmente 35 mil niños y jóvenes operan con pandillas trasnacionales como la Mara Salvatrucha y Los Zetas, mientras que la M-18, que opera en conjunto con el cártel de Sinaloa, enrola alrededor de 8 mil niños y jóvenes”.
Por esas razones, este viernes la ONU también consideró preocupante que México carezca de información sobre el uso de niños por grupos no estatales armados, y por tanto el que no haya asumido acciones para impedir el reclutamiento de niños por parte de grupos no estatales.
“El Comité recomienda al Estado parte que adopte todas las medidas necesarias para garantizar que no haya niños que fueron reclutados por grupos armados no estatales, incluyendo la identificación y seguimiento de los diversos grupos armados no estatales en el país, incluidos los grupos paramilitares, grupos de delincuencia organizada y las empresas de seguridad”, aclaró.
Más aún, exteriorizó su preocupación por el hecho de que estudiantes de las escuelas militares hubiesen tomado parte en la lucha contra el narcotráfico, al participar en la búsqueda y destrucción de drogas en acciones que ponen en riesgo su vida, como documentó la Red por los Derechos de la Infancia.
II.
"Las balas rezagadas se preparan así: Póngase seis balas en una cacerola previamente calentada hasta el rojo vivo en parrilla eléctrica. Espolvoréense luego en agua bendita obtenida de la pila de una iglesia, o suministrada, garantizada, por la Parroquia de San Judas Tadeo, barrio de Castilla, comuna noroccidental. El agua, bendita o no, se vaporiza por el calor violento, y mientras tanto va rezando el que las reza con la fe del carbonero." (p. 90 *)
(¿Qué daña más el futuro de un niño: el entrenamiento en el combate al cultivo de drogas o el adoctrinamiento para llegar a ser un capo modelo? En 1998 se publicó la novela La virgen de los sicarios *, del colombiano Fernando Vallejo, seguramente ahí está una respuesta posible a este dilema maniqueo. Nota tomada de la agencia Apro.)
Por primera ocasión, el organismo internacional se pronunció al respecto a través del Comité de los Derechos del Niño, que evaluó el cumplimiento de México sobre el Protocolo de Participación de Niños y Niñas en Conflictos Armados.
En un comunicado, previo a las conclusiones del organismo próximas a publicarse, el Comité de ONU “expresó su gran preocupación por el elevado número de niños víctimas (unos mil niños muertos en los últimos cuatro años) como resultado de la lucha del Ejército contra la delincuencia organizada, violaciones de los derechos del niño y la ausencia de investigación de los delitos perpetrados por personal militar”.
El Comité evaluó el cumplimiento del Protocolo a partir de información que le remitieron organizaciones civiles de México y el propio gobierno de Calderón durante una audiencia pública celebrada el lunes 31 de enero en Ginebra, Suiza.
En esa audiencia, el gobierno mexicano presentó un informe sobre las medidas de protección aplicadas contra la venta de menores, prostitución y pornografía infantil, así como para evitar su participación en conflictos armados.
La delegación mexicana, encabezada por el subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Felipe Zamora Castro, rechazó que en México exista un conflicto armado y que menores participen en grupos de la delincuencia organizada.
Por su parte, un colectivo de ONG entregó al Comité de la ONU información sobre la participación de entre 25 mil y 30 mil adolescentes en la llamada “guerra” contra el narcotráfico.
Incluso el conflicto ya ha cobrado la vida de 35 mil personas de diciembre de 2006 a la fecha, denunció Juan Martín Pérez García, miembro de uno de los organismos civiles que estuvieron presentes en la reunión de Ginebra.
Según el documento “Infancia y conflicto armado en México”, elaborado por la Red para los Derechos de la Infancia en México (Redir), el narcotráfico utiliza a los menores de 12 años como vigilantes o “halcones”, mientras que a los de 12 a 15 años los emplea en el traslado de droga.
Los de 16 años en adelante, alerta, ya empiezan a ser contratados como sicarios, mientras que a las niñas las emplean como empaquetadoras de droga.
Según el estudio de Redir, “actualmente 35 mil niños y jóvenes operan con pandillas trasnacionales como la Mara Salvatrucha y Los Zetas, mientras que la M-18, que opera en conjunto con el cártel de Sinaloa, enrola alrededor de 8 mil niños y jóvenes”.
Por esas razones, este viernes la ONU también consideró preocupante que México carezca de información sobre el uso de niños por grupos no estatales armados, y por tanto el que no haya asumido acciones para impedir el reclutamiento de niños por parte de grupos no estatales.
“El Comité recomienda al Estado parte que adopte todas las medidas necesarias para garantizar que no haya niños que fueron reclutados por grupos armados no estatales, incluyendo la identificación y seguimiento de los diversos grupos armados no estatales en el país, incluidos los grupos paramilitares, grupos de delincuencia organizada y las empresas de seguridad”, aclaró.
Más aún, exteriorizó su preocupación por el hecho de que estudiantes de las escuelas militares hubiesen tomado parte en la lucha contra el narcotráfico, al participar en la búsqueda y destrucción de drogas en acciones que ponen en riesgo su vida, como documentó la Red por los Derechos de la Infancia.
II.
"Las balas rezagadas se preparan así: Póngase seis balas en una cacerola previamente calentada hasta el rojo vivo en parrilla eléctrica. Espolvoréense luego en agua bendita obtenida de la pila de una iglesia, o suministrada, garantizada, por la Parroquia de San Judas Tadeo, barrio de Castilla, comuna noroccidental. El agua, bendita o no, se vaporiza por el calor violento, y mientras tanto va rezando el que las reza con la fe del carbonero." (p. 90 *)
(¿Qué daña más el futuro de un niño: el entrenamiento en el combate al cultivo de drogas o el adoctrinamiento para llegar a ser un capo modelo? En 1998 se publicó la novela La virgen de los sicarios *, del colombiano Fernando Vallejo, seguramente ahí está una respuesta posible a este dilema maniqueo. Nota tomada de la agencia Apro.)
sábado, 5 de febrero de 2011
EXILIO PARA MINORÍAS
MÉXICO, D.F., 4 de febrero.- La organización alemana “Initiative Mexiko” solicitó al presidente Felipe Calderón poner atención en el caso del profesor Agustín Estrada Negrete, quien optó por el exilio al ser víctima de discriminación y hostigamiento.
En una carta enviada al mandatario mexicano, el organismo alemán destaca que, pese a contar con medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Estrada Negrete, quien vivía en el Estado de México antes de dejar el país, vive amenazado y hostigado, igual que sus familiares.
Con maestría en psicología y doctorado en educación, Agustín Estrada fue despedido de su trabajo al revelar su preferencia sexual, lo que provocó reacciones extremas y generó hostilidades entre algunos grupos de la Secretaría de Educación Pública.
A la revelación del profesor le sucedieron encarcelamientos, agresiones sexuales y la negativa a hacerle justicia. De ello responsabilizó, entre otros, al gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.
En la carta enviada a Calderón, Iniciativa México –organización que forma parte de la Coordinación Alemana por la Defensa de los Derechos Humanos en México– resalta: “Cada vez tenemos más claro que protestar y exigir el respeto a los derechos y el cumplimiento cabal de la ley en el país implica el riesgo de perder la vida”.
Sin embargo, agrega, “depositamos nuestro voto de confianza en sus manos y le pedimos que gire instrucciones para que se atienda conforme a derecho el caso del profesor Agustín Estrada Negrete”.
La organización solicitó al Ejecutivo mexicano que se garantice la seguridad del profesor y sus familiares, y se dé cumplimiento a las medidas cautelares dictadas por la CIDH a favor de Agustín Humberto Estrada Negrete, Leticia Estrada Negrete y Guadalupe Negrete Silva (MC-22-09).
Asimismo, que se investigue y sancione a quienes han cometido las faltas y delitos que el profesor ha denunciado, aun cuando se trate de servidores públicos o políticos, y que su situación laboral se resuelva conforme a derecho y de una manera transparente y justa.
Iniciativa México hace hincapié en que el profesor Agustín Estrada Negrete corre un grave riesgo, “pero confiamos en que no se permitirá que corra el mismo destino de Marisela Escobedo, asesinada el pasado 16 de Diciembre del 2010”.
El documento, fechado el 1 de febrero en Hamburgo, Alemania, también está dirigido al procurador General de la República, Arturo Chávez Chávez, y al secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora.
De acuerdo con el texto, en 2007 el director de los Centros de Atención Múltiple 33 y 34 de la SEP en el Estado de México, Agustín Estrada Negrete, fue invitado a un evento de la Feria de la Lucha Contra la Homofobia, organizado por el Ayuntamiento de Ecatepec y la Coordinación de Derechos Humanos.
Algunos grupos “homofóbicos” de la misma SEP agredieron al profesor y le ofrecieron una “salida gloriosa”, es decir una licencia a su cargo, pero Estrada Negrete se negó, por lo que falsificaron su firma de aceptación de la licencia.
A partir de ello el profesor inició una serie de protestas, apoyado por algunos de sus colegas, padres de familia y alumnos, pero finalmente fue despedido, acción que lo llevó a realizar un plantón frente a la escuela donde ejercía.
La respuesta fue una demanda por ocupación ilegal del inmueble, supuestamente porque impedía el paso al centro, por lo que le giraron una orden de aprehensión. Estrada Negrete fue encarcelado dos veces, la última en Almoloya, donde fue bestialmente golpeado, abusado y violado sexualmente.
El profesor intentó interponer denuncia, pero no fue aceptada en agencias del Ministerio Público Federal 1. Sólo logró que la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México le recibiera una queja.
Estrada Negrete siguió luchando por recuperar su puesto de trabajo, lo que provocó que las amenazas, acoso y ataques físicos se intensificaran, y el 15 de septiembre de 2010 fue atacado y violado con un tubo.
Despertó en la Cruz Roja, donde el médico de guardia solicitó a la agencia del Ministerio Público que se presentara, pero una vez más se le negó ese derecho.
Tras su recuperación, Agustín se vio obligado a huir del país para proteger su vida.
(nota reproducida de la agencia Apro, de Proceso.)
En una carta enviada al mandatario mexicano, el organismo alemán destaca que, pese a contar con medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Estrada Negrete, quien vivía en el Estado de México antes de dejar el país, vive amenazado y hostigado, igual que sus familiares.
Con maestría en psicología y doctorado en educación, Agustín Estrada fue despedido de su trabajo al revelar su preferencia sexual, lo que provocó reacciones extremas y generó hostilidades entre algunos grupos de la Secretaría de Educación Pública.
A la revelación del profesor le sucedieron encarcelamientos, agresiones sexuales y la negativa a hacerle justicia. De ello responsabilizó, entre otros, al gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.
En la carta enviada a Calderón, Iniciativa México –organización que forma parte de la Coordinación Alemana por la Defensa de los Derechos Humanos en México– resalta: “Cada vez tenemos más claro que protestar y exigir el respeto a los derechos y el cumplimiento cabal de la ley en el país implica el riesgo de perder la vida”.
Sin embargo, agrega, “depositamos nuestro voto de confianza en sus manos y le pedimos que gire instrucciones para que se atienda conforme a derecho el caso del profesor Agustín Estrada Negrete”.
La organización solicitó al Ejecutivo mexicano que se garantice la seguridad del profesor y sus familiares, y se dé cumplimiento a las medidas cautelares dictadas por la CIDH a favor de Agustín Humberto Estrada Negrete, Leticia Estrada Negrete y Guadalupe Negrete Silva (MC-22-09).
Asimismo, que se investigue y sancione a quienes han cometido las faltas y delitos que el profesor ha denunciado, aun cuando se trate de servidores públicos o políticos, y que su situación laboral se resuelva conforme a derecho y de una manera transparente y justa.
Iniciativa México hace hincapié en que el profesor Agustín Estrada Negrete corre un grave riesgo, “pero confiamos en que no se permitirá que corra el mismo destino de Marisela Escobedo, asesinada el pasado 16 de Diciembre del 2010”.
El documento, fechado el 1 de febrero en Hamburgo, Alemania, también está dirigido al procurador General de la República, Arturo Chávez Chávez, y al secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora.
De acuerdo con el texto, en 2007 el director de los Centros de Atención Múltiple 33 y 34 de la SEP en el Estado de México, Agustín Estrada Negrete, fue invitado a un evento de la Feria de la Lucha Contra la Homofobia, organizado por el Ayuntamiento de Ecatepec y la Coordinación de Derechos Humanos.
Algunos grupos “homofóbicos” de la misma SEP agredieron al profesor y le ofrecieron una “salida gloriosa”, es decir una licencia a su cargo, pero Estrada Negrete se negó, por lo que falsificaron su firma de aceptación de la licencia.
A partir de ello el profesor inició una serie de protestas, apoyado por algunos de sus colegas, padres de familia y alumnos, pero finalmente fue despedido, acción que lo llevó a realizar un plantón frente a la escuela donde ejercía.
La respuesta fue una demanda por ocupación ilegal del inmueble, supuestamente porque impedía el paso al centro, por lo que le giraron una orden de aprehensión. Estrada Negrete fue encarcelado dos veces, la última en Almoloya, donde fue bestialmente golpeado, abusado y violado sexualmente.
El profesor intentó interponer denuncia, pero no fue aceptada en agencias del Ministerio Público Federal 1. Sólo logró que la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México le recibiera una queja.
Estrada Negrete siguió luchando por recuperar su puesto de trabajo, lo que provocó que las amenazas, acoso y ataques físicos se intensificaran, y el 15 de septiembre de 2010 fue atacado y violado con un tubo.
Despertó en la Cruz Roja, donde el médico de guardia solicitó a la agencia del Ministerio Público que se presentara, pero una vez más se le negó ese derecho.
Tras su recuperación, Agustín se vio obligado a huir del país para proteger su vida.
(nota reproducida de la agencia Apro, de Proceso.)
viernes, 4 de febrero de 2011
"DIEGO, EL APÓSTOL DEL CRIMEN"
Estimado señor Fernández de Cevallos, hace casi 2000 años, camino a Damasco un hombre como usted, respirando amenazas y asesinato, se encontró con una luz que del cielo fulguró. En medio de esa luz una voz le preguntó: “Saulo, Saulo, ¿por qué me estás persiguiendo?”. Esa luz lo hizo recapacitar y después de tres días de ayuno y ceguera se convirtió al cristianismo, siendo conocido después como el apóstol Pablo, un gran misionero.
El día de hoy regresa usted, con el cabello cortado de estilista y la barba de pordiosero, queriendo que creamos que una luz fulguró por siete meses en su camino y que logró su conversión; una luz del cielo que lo ha transformado.
Pero transformarlo de qué. ¿Quién era usted antes de que esa luz lo transformara? No lo voy a decir yo, sólo anotaré lo que de usted piensan sus supuestos secuestradores y una gran parte de los mexicanos; para ellos era usted “operador de la oligarquía neoliberal y de la ultraderecha fundamentalista, traficante de influencias, mercenario de los juzgados, legislador a sueldo, rentista de la crisis y defensor de los grandes capos de la droga”. No es poca cosa. Al apóstol Pablo le bastaron tres días de ayuno y ceguera para lograr su conversión, a usted le tomaron más de siete meses en “cautiverio”.
Pero no creo que se haya transformado. Antes bien, regresa usted con ese mismo gesto arrogante, con esa displicencia hacia lo correcto, con su actitud de perdona vidas que ya nadie le aguanta; regresa usted bendiciendo a Dios, como si Dios requiriera que usted lo bendijese. Regresa citando al Quijote para que creamos que, como el hombre de la Mancha, usted se dedicará de ahora en adelante a “desfacer entuertos, a defender viudas y socorrer huérfanos”. Regresa usted, “magnánimo apóstol Diego”, perdonando a sus captores y reivindicando causas justas como el de la señora Marisela Escobedo asesinada en Ciudad Juárez y todo porque dice haberse comprometido con sus captores a luchar por un México más justo.
Sí, seguramente lo dejaron salir por eso. Los treinta millones de pesos sólo fueron la propina por siete meses de cursos intensivos de justicia.
Y luego esa exclusividad a Televisa, a López Dóriga, que se bañó de más fama al ser el primero en dar la noticia de su liberación; que por cierto no sucedió el día 20 o 21 de diciembre sino muchos días antes. Ya nos extrañaba que llegara usted tan repuesto, manejando su Mercedes Benz de manera tan imprudente, protagonizando un show mediático en el que se presentaba como un hombre fuerte, muy fuerte, un sobreviviente. Claro, se presentó desparasitado, con una limpieza bucal, curado de sus heridas, el cabello alisado, pero la barba descuidada para que todo mundo creyera en su cautiverio. Regresó romántico, porque según el guión lo primero que debía hacer después de la entrevista banquetera era visitar a su amada, quien al según se llevó la gran sorpresa al enterarse de su liberación; pero usted ya andaba suelto desde hacía más de una semana. ¿Quién le organizó todo este show, Genaro García Luna, especialista en esta clase de montajes? Sólo faltó que lo llevaran a la Basílica para darle las gracias a la “morenita del Tepeyac”.
Mentira, pura farsa, siete meses en cautiverio no bastarían para convertirlo en un buen hombre; ni siete años en el infierno bastarían, ni setenta y siete. Usted no puede ser corregido porque, como la antítesis del rey Midas, todo lo que toca lo convierte en mierda. Es su esencia, la del escorpión que no puede dejar de picar e inocular su ponzoña, la de la serpiente que no puede dejar de arrastrarse, la de la hiena que no puede dejar de reírse mientras devora la carroña.
Pero lo intenta, intenta con esta farsa hacernos creer que ha cambiado, intenta porque en este país de surrealismos todo puede pasar. Si un hombre como Marcial Maciel, considerado santo se transformó en un demonio de un día a otro, por qué un demonio como usted no habría de transformarse en santo.
¿Ahora que sigue? ¿Irá usted como el apóstol Pablo desde Tarsis hasta Persépolis predicando las buenas nuevas del evangelio del PAN? ¿Viajará desde Mérida hasta Tijuana formando congregaciones del Yunque, compartiendo la luz que lo encegueció, que lo convirtió de cabra en cordero? ¿Escribirá epístolas a sus congregaciones, padecerá el odio de los romanos, naufragará en Chipre, será decapitado por órdenes de Nerón?
Farsante.
Sí, farsante. No se crea que todos nos tragamos su cuento. Usted no es un sobreviviente, usted es un opresor. Usted seguirá siendo el mismo Diego Fernández de Cevallos que desde finales de los ochentas ha estado sumiendo a este país en la miseria y en la ignorancia.
Farsante, igual que su vocero López Dóriga quien aseguraba tener la primicia sobre su liberación y que en la entrevista apócrifa que le hiciera sólo se limitó a seguir el guión ya trazado.
Farsante, usted no es ningún Quijote y no regresa para hacer el bien, no nos venga con eso de que tiene un compromiso con los pobres; el único compromiso que tiene es con usted mismo y con los hombres del poder, culpables de las constantes crisis de este país.
Farsante, es cierto, si usted fuera apóstol sólo sería el apóstol de los farsantes.
Farsante.
(¿Quién se tragó la píldora del secuestro del monarca Diego; quién dijo que entre la primera foto aparecida en una revista semanal y la segunda, el "Jefe" ya lucía un color verdoso-plateado, propio de un cadáver lleno de moscas; qué artista de la plástica hizo una muestra exitosa en el extranjero sobre la violencia en México que incluyó la primera foto aparecida en Proceso? La carta de Armando Ortíz se sustrajo del blog 'mester de jotería' del doctor en letras Antonio Marquet.)
El día de hoy regresa usted, con el cabello cortado de estilista y la barba de pordiosero, queriendo que creamos que una luz fulguró por siete meses en su camino y que logró su conversión; una luz del cielo que lo ha transformado.
Pero transformarlo de qué. ¿Quién era usted antes de que esa luz lo transformara? No lo voy a decir yo, sólo anotaré lo que de usted piensan sus supuestos secuestradores y una gran parte de los mexicanos; para ellos era usted “operador de la oligarquía neoliberal y de la ultraderecha fundamentalista, traficante de influencias, mercenario de los juzgados, legislador a sueldo, rentista de la crisis y defensor de los grandes capos de la droga”. No es poca cosa. Al apóstol Pablo le bastaron tres días de ayuno y ceguera para lograr su conversión, a usted le tomaron más de siete meses en “cautiverio”.
Pero no creo que se haya transformado. Antes bien, regresa usted con ese mismo gesto arrogante, con esa displicencia hacia lo correcto, con su actitud de perdona vidas que ya nadie le aguanta; regresa usted bendiciendo a Dios, como si Dios requiriera que usted lo bendijese. Regresa citando al Quijote para que creamos que, como el hombre de la Mancha, usted se dedicará de ahora en adelante a “desfacer entuertos, a defender viudas y socorrer huérfanos”. Regresa usted, “magnánimo apóstol Diego”, perdonando a sus captores y reivindicando causas justas como el de la señora Marisela Escobedo asesinada en Ciudad Juárez y todo porque dice haberse comprometido con sus captores a luchar por un México más justo.
Sí, seguramente lo dejaron salir por eso. Los treinta millones de pesos sólo fueron la propina por siete meses de cursos intensivos de justicia.
Y luego esa exclusividad a Televisa, a López Dóriga, que se bañó de más fama al ser el primero en dar la noticia de su liberación; que por cierto no sucedió el día 20 o 21 de diciembre sino muchos días antes. Ya nos extrañaba que llegara usted tan repuesto, manejando su Mercedes Benz de manera tan imprudente, protagonizando un show mediático en el que se presentaba como un hombre fuerte, muy fuerte, un sobreviviente. Claro, se presentó desparasitado, con una limpieza bucal, curado de sus heridas, el cabello alisado, pero la barba descuidada para que todo mundo creyera en su cautiverio. Regresó romántico, porque según el guión lo primero que debía hacer después de la entrevista banquetera era visitar a su amada, quien al según se llevó la gran sorpresa al enterarse de su liberación; pero usted ya andaba suelto desde hacía más de una semana. ¿Quién le organizó todo este show, Genaro García Luna, especialista en esta clase de montajes? Sólo faltó que lo llevaran a la Basílica para darle las gracias a la “morenita del Tepeyac”.
Mentira, pura farsa, siete meses en cautiverio no bastarían para convertirlo en un buen hombre; ni siete años en el infierno bastarían, ni setenta y siete. Usted no puede ser corregido porque, como la antítesis del rey Midas, todo lo que toca lo convierte en mierda. Es su esencia, la del escorpión que no puede dejar de picar e inocular su ponzoña, la de la serpiente que no puede dejar de arrastrarse, la de la hiena que no puede dejar de reírse mientras devora la carroña.
Pero lo intenta, intenta con esta farsa hacernos creer que ha cambiado, intenta porque en este país de surrealismos todo puede pasar. Si un hombre como Marcial Maciel, considerado santo se transformó en un demonio de un día a otro, por qué un demonio como usted no habría de transformarse en santo.
¿Ahora que sigue? ¿Irá usted como el apóstol Pablo desde Tarsis hasta Persépolis predicando las buenas nuevas del evangelio del PAN? ¿Viajará desde Mérida hasta Tijuana formando congregaciones del Yunque, compartiendo la luz que lo encegueció, que lo convirtió de cabra en cordero? ¿Escribirá epístolas a sus congregaciones, padecerá el odio de los romanos, naufragará en Chipre, será decapitado por órdenes de Nerón?
Farsante.
Sí, farsante. No se crea que todos nos tragamos su cuento. Usted no es un sobreviviente, usted es un opresor. Usted seguirá siendo el mismo Diego Fernández de Cevallos que desde finales de los ochentas ha estado sumiendo a este país en la miseria y en la ignorancia.
Farsante, igual que su vocero López Dóriga quien aseguraba tener la primicia sobre su liberación y que en la entrevista apócrifa que le hiciera sólo se limitó a seguir el guión ya trazado.
Farsante, usted no es ningún Quijote y no regresa para hacer el bien, no nos venga con eso de que tiene un compromiso con los pobres; el único compromiso que tiene es con usted mismo y con los hombres del poder, culpables de las constantes crisis de este país.
Farsante, es cierto, si usted fuera apóstol sólo sería el apóstol de los farsantes.
Farsante.
(¿Quién se tragó la píldora del secuestro del monarca Diego; quién dijo que entre la primera foto aparecida en una revista semanal y la segunda, el "Jefe" ya lucía un color verdoso-plateado, propio de un cadáver lleno de moscas; qué artista de la plástica hizo una muestra exitosa en el extranjero sobre la violencia en México que incluyó la primera foto aparecida en Proceso? La carta de Armando Ortíz se sustrajo del blog 'mester de jotería' del doctor en letras Antonio Marquet.)
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