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miércoles, 27 de junio de 2018
Edward Hopper (1882/1967 )
The fire next time
Cuentan que Edwar Hopper pintó "Nighthawks" después del bombardeo de Pearl Harbor. Afirman que la composición del cuadro, los colores, capturan el sentimiento de desánimo de toda una época.No lo sé. Lo que sé es que el merendero de Greenwich Village que le sirvió de inspiración ya no existe. Una noche las luces se apagaron y el lugar fue demolido. Imagino a cada uno de los personajes en diferentes escenarios: ella recargada en la baranda de un porche regiomontano, sonriendo a otro hombre; él en la cocina de casa, escribiendo sobre la dramaturgia de Shepard mientras espera a otra mujer; el mesero tomando la orden del último cliente en una cafetería del centro. Uno de ellos, o todos, escucha en la radio Rough God goes riding de Van Morrison. Nadie podrá esconderse del dios de la destrucción, canta el irlandés; nadie podrá esconderse de su furia cuando salga a cabalgar.
("el rito del oeste en sam shepard", roberto kaput gonzález santos, Deslinde, revista de literatura de la facultad de filosofía y letras, uanl, monterrey, n.l., méxico, no. 72, ene-dic.2018)
lunes, 23 de mayo de 2016
Dr. Atl (1875/1964 )
Ernesto García Cabral no solamente es un caricaturista nato, sino que él mismo es una caricatura viviente. Desde el momento en que salió escapado de las selvas veracruzanas, fue acogido con entusiasmo entre los seres humanos, que lo bautizaron con el nombre que correspondía a los seres de su especie. Y el recién llegado levantó ese nombre como una bandera, y a su amparo, atravesó la vida política y social de México llenando las páginas de las revistas y los diarios con la magia de sus dibujos, siempre oportunos, saturados del más sano humorismo, dibujos ágiles, contundentes, que dan siempre en el punto vulnerable de la víctima sin aniquilarla.
Cabral es el "eslabón perdido" -milagrosamente encontrado- que desde la prehistoria agita la sonaja del placer entre la gente, y ha llegado con la obligación de poner en la picota del ridículo a todo bicho viviente, con beneplácito hasta de los mismos ajusticiados.
Las selvas veracruzanas han perdido al más valioso de sus habitantes, pero el mundo se ha llenado de alegría, con el chisporroteo del talento que El Chango ha traído en la mera punta de su cola.
("Las décadas del Chango García Cabral", editorial Domés, México, 1979)
jueves, 6 de febrero de 2014
Avelina Lésper y el arte parasitario
No fueron pocos los que se identificaron, hace un par de años, con aquella mujer de la limpieza de un museo alemán tan celosa de su trabajo que se empleó a fondo para eliminar unas terribles manchas que había en una de las obras expuestas. Ni se le ocurrió sospechar que formaban parte vital de la pieza Wenn es anfängt durch die Decke zu tropen (Cuando empieza a gotear el techo) del artista Martin Kippenberger, valorada en 800.000 euros. El Museo Ostwald de Dortmund (cuyas primeras entradas en Google son sobre el suceso, superando a su web oficial), llegó a afirmar que "estamos intentando aclarar cuanto antes qué tipo de capacitación tiene el personal de la limpieza".
La crítica de arte mexicana Avelina Lésper diría que esa pobre trabajadora, además de un gran sentido de la pulcritud, tenía también un gran sentido común. Lésper, colaboradora de diferentes medios de comunicación latinoamericanos y directora del programa de televisión El Milenio visto por el Arte, es una de las voces que más suenan contrarias al arte contemporáneo, cuestionando desde los ready-made (el uso de objetos comunes como el urinario de Duchamp) a las performances efímeras.
-¿Cómo definiría el arte contemporáneo en una palabra?
-Fraude
-Explíquese…
-Carece de valores estéticos y se sustenta en irrealidades. Por un lado, pretende a través de la palabra cambiar la realidad de un objeto, lo que es imposible, otorgándoles características que son invisibles y valores que no son comprobables. Además, se supone que tenemos que aceptarlos y asimilarlos como arte. Es como un dogma religioso.
-¿Y por otro lado?
-También es un fraude porque está sostenido nada más que en el mercado, que es fluctuante y artificial en la mayoría de los casos. Se otorgan a las obras valores artificiales para que pienses: “si cuesta 90.000 euros es porque debe ser arte”. Estos precios son una burbuja, como existió la burbuja inmobiliaria.
-¿Y pinchará?
-Se tiene que pinchar. Una torre de papel sanitario de Martin Creed cuesta 90.000 euros. El objeto no es lo importante, sino lo que tú puedes demostrar económicamente a través de su compra.
-¿Y no pueden comprar Murillo o Picasso?
-No puedes especular con pintura antigua porque hay muy poca. En cambio, este tipo de obras se realizan en minutos, algunas se hacen en fábricas.
-¿No se podría especular con obra actual con valores estéticos?
-El arte toma tiempo. No hay manera de que Antonio López termine un cuadro… Por una parte, debes esperar a que el pintor o escultor haga sus obras. Por otra, el arte necesita talento, que el artista tenga algo que mostrar a través de su obra. Con el arte contemporáneo los artistas no necesitan tener nada.
-¿Puede poner algún ejemplo?
-Cuando Duchamp hizo su ready-made evitó a todos los artistas el proceso intelectual. Cualquier objeto es arte, el que sea. Bajo este punto de vista, imagínate la cantidad de obras de arte que tú tienes. Todo tu entorno es factible de convertirse en arte. No tienes que esperar que ese artista se forme, demuestre su talento y que acabe aportando algo, lo que es terriblemente difícil. Otro ejemplo es Santiago Sierra con sus ready-made. Te dice: “Esto es un contenedor de mierda de la India”. ¡Qué impresionante!
-Como mínimo piensan la definición…
-El crítico Arthur Danton dijo: “dejen que los filósofos pensemos en la obra, ustedes traigan sus objetos”. Si pones como tema el contenedor de mierda, ya llegará el curador que elabore el discurso y te hable de la miseria, de las últimas castas que recogen la mierda… hay toda una justificación social y moral. Si manifiestas que eso carece de valores estéticos, automáticamente te dicen que estás en contra del mensaje social. Es un arte chantajista, también. Utiliza este tipo de discursos para que lo aceptes como arte. Si no lo aceptas, o estás en contra de él o eres un ignorante.
-La denuncia social se ha ido haciendo a lo largo de la historia del arte…
-Se ha dado, pero no como valor de la obra. Los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya valen por la realización artística, porque su pintura fue trascendental y profundamente moderna en su momento. Y sigue siendo moderna ahora. Por eso vale una pintura de Goya, no por el discurso.
-¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?
-Ahora el arte solo es mensaje. No hay arte, solo hay panfletos. Estas obras no pueden existir sin los museos. Las obras, paradójicamente, se ven mejor en el catálogo que en vivo. Y ya no digamos con los artistas performance, que solo tienen el registro fotográfico de lo que hacen porque dicen que es efímero, aunque lo repitan 700 veces. Son obras que solo existen en los catálogos y a través de los discursos y la teoría que le ponen los comisarios y especialistas en estética. Son objetos de lujo, una nueva forma de consumo.
-A la mayoría de gente de a pie no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…
-Es que no hay nada que entender. Es un arte que te exige asimilarlo y no discutirlo, por eso también es dogmático. Te exige fe, que creas en él, no que lo comprendas, como las religiones. Quiere someter nuestro intelecto. Todo el tiempo quien se equivoca es el espectador, el artista y la obra es infalible. Si tú dices que carece de valores estéticos, de inteligencia, que no te propone ni aporta nada, entonces te dicen que eres un ignorante.
-¿Quién decide qué es arte?
-Es una decisión arbitraria que se toma entre las instituciones, los museos, las universidades… Es un arte de la academia. Eso de que es independiente y libre es mentira.
-¿Está subvencionado?
-Totalmente, no puede vivir sin las subvenciones del Estado. Es un arte parasitario. La mayoría de los artistas contemporáneos viven del Estado.
-¿El público no pinta nada?
-No. Por eso es demagogia pura que digan que este arte tiene intenciones sociales y que manifiesta intenciones morales. Rechaza a la gente, que para ellos es ignorante. Este arte no vive de la gente, vive de las instituciones y la especulación.
-¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?
-Es muy diferente reflejar que denunciar. Ellos parasitan la sociedad en la que viven, la refleja mejor Madoff. Ambos son parte de una misma mentira social que ha creado el capitalismo a través de la especulación económica. El arte contemporáneo es parte del fracaso capitalista.
-¿Estamos huérfanos de arte?
-Sí, porque no hay espacio para los artistas que sí están creando. ¿Qué muestra el Macba aunque esté vacío? En España hay muchos centros de arte contemporáneo que nacieron a la par que la burbuja inmobiliaria, para que te des una idea de cómo está el asunto. ¿Qué te puede aportar Jeff Koons que imita objetos de feria o cualquier ready-made? Ellos han hecho del material la obra. Ahora para decir guerra ya no tienes que pintar los fusilamientos, ahora escribes la palabra guerra en un letrero. Eso es no tener pensamiento abstracto. Jamás el arte se había despojado tanto de las metáforas… El problema es que se está acabando con una capacidad cognitiva.
-¿Nos quieren tontos?
-Exactamente. ¿Y sabes por qué? Eso tiene detrás de sí lo más pedestre que te puedas imaginar, el dinero. Por eso es también un fracaso del capitalismo. Todo lo que se ha hecho por dinero en estas dos últimas décadas ha hecho un daño enorme a la Humanidad. Por dinero se destruyó la economía de Europa, la de Estados Unidos, tenemos el narcotráfico en América Latina… y por dinero están destruyendo el arte.
-¿Alguna buena noticia vinculada al arte?
-(Ríe). Pues que nos hemos dado cuenta, no estamos ciegos ante esto. Los que pintan ahora con maestría y técnica son los contrarrevolucionarios. Y esta resistencia inteligente y creativa es la que va a alimentar el arte
-¿Estos artistas no son vendibles?
-Claro, pero las galerías necesitan que estén amparados por las instituciones. Cuando el Reina Sofía dejó de comprar a Arco, Arco se fue a la quiebra.
-El Reina Sofía dejó de comprar a Arco y empezó a exponer Picasso…
-...Y a Goya, para que la gente vaya…
-¿Esto sería el inicio del cambio?
-Exactamente. Llega un momento en que las instituciones van a tener que escuchar a la población y dejar de trabajar para los intereses privados.
-¿Qué piensa de artistas españoles contemporáneos como Tàpies o Barceló?
-Barceló tiene unos dibujos y unas acuarelas sensacionales. Tàpies está sobrevalorado. Surgió porque el arte español empezó a verse huérfano de creadores y fue la oportunidad de encumbrar a un tipo como Tàpies, con un lenguaje y una creación limitadísima.
-¿Ve mal el arte español?
-Lo del arte español es un fenómeno de análisis. Fue la cúspide del arte mundial, tuvo creadores que aportaron como nadie y ahora los artistas simplemente no existen. Y la crítica española está entregada y sumisa al sistema. ¿Cuándo España se dará cuenta que ha perdido su sitio en el arte?
-No es el único sitio que ha perdido…
-Pero es un factor muy delicado. El arte no nos sacará de la crisis, pero aporta humanidad.
(fuente: "revista ñ", autora: Silvia Colomé)
La crítica de arte mexicana Avelina Lésper diría que esa pobre trabajadora, además de un gran sentido de la pulcritud, tenía también un gran sentido común. Lésper, colaboradora de diferentes medios de comunicación latinoamericanos y directora del programa de televisión El Milenio visto por el Arte, es una de las voces que más suenan contrarias al arte contemporáneo, cuestionando desde los ready-made (el uso de objetos comunes como el urinario de Duchamp) a las performances efímeras.
-¿Cómo definiría el arte contemporáneo en una palabra?
-Fraude
-Explíquese…
-Carece de valores estéticos y se sustenta en irrealidades. Por un lado, pretende a través de la palabra cambiar la realidad de un objeto, lo que es imposible, otorgándoles características que son invisibles y valores que no son comprobables. Además, se supone que tenemos que aceptarlos y asimilarlos como arte. Es como un dogma religioso.
-¿Y por otro lado?
-También es un fraude porque está sostenido nada más que en el mercado, que es fluctuante y artificial en la mayoría de los casos. Se otorgan a las obras valores artificiales para que pienses: “si cuesta 90.000 euros es porque debe ser arte”. Estos precios son una burbuja, como existió la burbuja inmobiliaria.
-¿Y pinchará?
-Se tiene que pinchar. Una torre de papel sanitario de Martin Creed cuesta 90.000 euros. El objeto no es lo importante, sino lo que tú puedes demostrar económicamente a través de su compra.
-¿Y no pueden comprar Murillo o Picasso?
-No puedes especular con pintura antigua porque hay muy poca. En cambio, este tipo de obras se realizan en minutos, algunas se hacen en fábricas.
-¿No se podría especular con obra actual con valores estéticos?
-El arte toma tiempo. No hay manera de que Antonio López termine un cuadro… Por una parte, debes esperar a que el pintor o escultor haga sus obras. Por otra, el arte necesita talento, que el artista tenga algo que mostrar a través de su obra. Con el arte contemporáneo los artistas no necesitan tener nada.
-¿Puede poner algún ejemplo?
-Cuando Duchamp hizo su ready-made evitó a todos los artistas el proceso intelectual. Cualquier objeto es arte, el que sea. Bajo este punto de vista, imagínate la cantidad de obras de arte que tú tienes. Todo tu entorno es factible de convertirse en arte. No tienes que esperar que ese artista se forme, demuestre su talento y que acabe aportando algo, lo que es terriblemente difícil. Otro ejemplo es Santiago Sierra con sus ready-made. Te dice: “Esto es un contenedor de mierda de la India”. ¡Qué impresionante!
-Como mínimo piensan la definición…
-El crítico Arthur Danton dijo: “dejen que los filósofos pensemos en la obra, ustedes traigan sus objetos”. Si pones como tema el contenedor de mierda, ya llegará el curador que elabore el discurso y te hable de la miseria, de las últimas castas que recogen la mierda… hay toda una justificación social y moral. Si manifiestas que eso carece de valores estéticos, automáticamente te dicen que estás en contra del mensaje social. Es un arte chantajista, también. Utiliza este tipo de discursos para que lo aceptes como arte. Si no lo aceptas, o estás en contra de él o eres un ignorante.
-La denuncia social se ha ido haciendo a lo largo de la historia del arte…
-Se ha dado, pero no como valor de la obra. Los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya valen por la realización artística, porque su pintura fue trascendental y profundamente moderna en su momento. Y sigue siendo moderna ahora. Por eso vale una pintura de Goya, no por el discurso.
-¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?
-Ahora el arte solo es mensaje. No hay arte, solo hay panfletos. Estas obras no pueden existir sin los museos. Las obras, paradójicamente, se ven mejor en el catálogo que en vivo. Y ya no digamos con los artistas performance, que solo tienen el registro fotográfico de lo que hacen porque dicen que es efímero, aunque lo repitan 700 veces. Son obras que solo existen en los catálogos y a través de los discursos y la teoría que le ponen los comisarios y especialistas en estética. Son objetos de lujo, una nueva forma de consumo.
-A la mayoría de gente de a pie no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…
-Es que no hay nada que entender. Es un arte que te exige asimilarlo y no discutirlo, por eso también es dogmático. Te exige fe, que creas en él, no que lo comprendas, como las religiones. Quiere someter nuestro intelecto. Todo el tiempo quien se equivoca es el espectador, el artista y la obra es infalible. Si tú dices que carece de valores estéticos, de inteligencia, que no te propone ni aporta nada, entonces te dicen que eres un ignorante.
-¿Quién decide qué es arte?
-Es una decisión arbitraria que se toma entre las instituciones, los museos, las universidades… Es un arte de la academia. Eso de que es independiente y libre es mentira.
-¿Está subvencionado?
-Totalmente, no puede vivir sin las subvenciones del Estado. Es un arte parasitario. La mayoría de los artistas contemporáneos viven del Estado.
-¿El público no pinta nada?
-No. Por eso es demagogia pura que digan que este arte tiene intenciones sociales y que manifiesta intenciones morales. Rechaza a la gente, que para ellos es ignorante. Este arte no vive de la gente, vive de las instituciones y la especulación.
-¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?
-Es muy diferente reflejar que denunciar. Ellos parasitan la sociedad en la que viven, la refleja mejor Madoff. Ambos son parte de una misma mentira social que ha creado el capitalismo a través de la especulación económica. El arte contemporáneo es parte del fracaso capitalista.
-¿Estamos huérfanos de arte?
-Sí, porque no hay espacio para los artistas que sí están creando. ¿Qué muestra el Macba aunque esté vacío? En España hay muchos centros de arte contemporáneo que nacieron a la par que la burbuja inmobiliaria, para que te des una idea de cómo está el asunto. ¿Qué te puede aportar Jeff Koons que imita objetos de feria o cualquier ready-made? Ellos han hecho del material la obra. Ahora para decir guerra ya no tienes que pintar los fusilamientos, ahora escribes la palabra guerra en un letrero. Eso es no tener pensamiento abstracto. Jamás el arte se había despojado tanto de las metáforas… El problema es que se está acabando con una capacidad cognitiva.
-¿Nos quieren tontos?
-Exactamente. ¿Y sabes por qué? Eso tiene detrás de sí lo más pedestre que te puedas imaginar, el dinero. Por eso es también un fracaso del capitalismo. Todo lo que se ha hecho por dinero en estas dos últimas décadas ha hecho un daño enorme a la Humanidad. Por dinero se destruyó la economía de Europa, la de Estados Unidos, tenemos el narcotráfico en América Latina… y por dinero están destruyendo el arte.
-¿Alguna buena noticia vinculada al arte?
-(Ríe). Pues que nos hemos dado cuenta, no estamos ciegos ante esto. Los que pintan ahora con maestría y técnica son los contrarrevolucionarios. Y esta resistencia inteligente y creativa es la que va a alimentar el arte
-¿Estos artistas no son vendibles?
-Claro, pero las galerías necesitan que estén amparados por las instituciones. Cuando el Reina Sofía dejó de comprar a Arco, Arco se fue a la quiebra.
-El Reina Sofía dejó de comprar a Arco y empezó a exponer Picasso…
-...Y a Goya, para que la gente vaya…
-¿Esto sería el inicio del cambio?
-Exactamente. Llega un momento en que las instituciones van a tener que escuchar a la población y dejar de trabajar para los intereses privados.
-¿Qué piensa de artistas españoles contemporáneos como Tàpies o Barceló?
-Barceló tiene unos dibujos y unas acuarelas sensacionales. Tàpies está sobrevalorado. Surgió porque el arte español empezó a verse huérfano de creadores y fue la oportunidad de encumbrar a un tipo como Tàpies, con un lenguaje y una creación limitadísima.
-¿Ve mal el arte español?
-Lo del arte español es un fenómeno de análisis. Fue la cúspide del arte mundial, tuvo creadores que aportaron como nadie y ahora los artistas simplemente no existen. Y la crítica española está entregada y sumisa al sistema. ¿Cuándo España se dará cuenta que ha perdido su sitio en el arte?
-No es el único sitio que ha perdido…
-Pero es un factor muy delicado. El arte no nos sacará de la crisis, pero aporta humanidad.
(fuente: "revista ñ", autora: Silvia Colomé)
miércoles, 24 de julio de 2013
Alejandro Santiago abandonó Oaxaca
Alejandro Santiago, el artista de los indocumentados mexicanos, murió el lunes a los 49 años en Oaxaca, al sur del país. Santiago ganó reconocimiento internacional con la obra escultórica 2501 inmigrantes, un proyecto que llevó a cabo cruzando la frontera de Estados Unidos con un coyote, un traficante de personas. El número se refiere a las cruces que encontró por el camino, una por cada una de las personas que habían muerto en el intento. A su hijo Lucio Santiago le gusta decir que su padre es el 2502, como si el final de su vida y su obra se abrazaran.
El artista había permanecido ingresado en un hospital días atrás por una cirrosis, pero el domingo había recibido el alta médica. Sobre las 8.00 del día siguiente sufrió un ataque al corazón en su casa familiar de la colonia popular Miguel Alemán. El también pintor se había mudado a este barrio desde su pueblito natal, Teococuilco de Marcos Pérez, en la sierra, para abrir un centro cultural que acercase el arte a los más necesitados.
(nota de Juan Diego Quesada en el sitio "el país".)
El artista había permanecido ingresado en un hospital días atrás por una cirrosis, pero el domingo había recibido el alta médica. Sobre las 8.00 del día siguiente sufrió un ataque al corazón en su casa familiar de la colonia popular Miguel Alemán. El también pintor se había mudado a este barrio desde su pueblito natal, Teococuilco de Marcos Pérez, en la sierra, para abrir un centro cultural que acercase el arte a los más necesitados.
La casa de Santiago estaba el lunes abarrotada de gente que había ido a darle el último adiós. Por la tarde ya habían desfilado por allí más de 500 personas. Su fallecimiento coincidió con el primer día de las coloridas fiestas oaxaqueñas, La Guelaguetza, un evento muy esperado por el artista. “Era de los pocos que trabajaban el arte en la sociedad, en las sociedades invisibles”, recuerda Lucio Santiago, de 26 años. El joven será el encargado de acabar algunos de los proyectos en los que andaba su padre, como las esculturas de los diableros de la central de abastos de su ciudad, los encargados de montar y recoger los puestos ambulantes. Retrataba sus sombras en papel con la caída del sol.
El artista, que deja a otra hija de 11 años, mantenía una gran relación con el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el primer centro que expuso su obra de los inmigrantes en febrero de 2006. “Es uno de los artistas oaxaqueños más reconocidos. Su obra es conocida en todo el mundo. Con nosotros siempre colaboró, y tenemos pinturas y obra gráfica suya ahora mismo expuesta”, cuenta Cecilia Minguert, directora de MACO, quien destaca que Santiago realizó instalaciones en París, Berlín, Londres y algunas ciudades japonesas.
Juan Monterrosa, el que fuera representante de Santiago durante los últimos nueve años, no puede evitar llamarlo maestro. “Estaba muy contento estos días con las fiestas. Aquí se le quería mucho por los trabajos sociales y la voz que le había dado a los más pobres de su querida Oaxaca”, cuenta. Estaba al tanto de las esculturas de los diableros que “el maestro” estaba elaborando con hierro, madera y vidrio, una obra que ahora tendrá que acabar su hijo mayor.
A Monterrosa le queda la tristeza de que el pintor no pueda seguir ayudando a tantos jóvenes oaxaqueños talentosos que querían iniciarse en el mundo del arte. Santiago había abierto también en otro barrio La Calera, una antigua fábrica de cal que convirtió en espacio cultural para exponer la obra de desconocidos.
En El Zopilote, un rancho que compró en el pueblito cercano de Suchilquitongo Etla, tenía su taller de cerámica. Ahí permanece la instalación de los indocumentados. También unos caballos y unos perros, Macario y El Queso, que esta noche no dejarán de ladrar por los cohetes que se lanzarán durante la Guelaguetza. “Queridos míos, disfrutad, estas fiestas también son vuestras como oaxaqueños que son”, les decía Santiago mientras les acariciaba el lomo. Esta vez no estará para calmarlos.El artista, que deja a otra hija de 11 años, mantenía una gran relación con el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el primer centro que expuso su obra de los inmigrantes en febrero de 2006. “Es uno de los artistas oaxaqueños más reconocidos. Su obra es conocida en todo el mundo. Con nosotros siempre colaboró, y tenemos pinturas y obra gráfica suya ahora mismo expuesta”, cuenta Cecilia Minguert, directora de MACO, quien destaca que Santiago realizó instalaciones en París, Berlín, Londres y algunas ciudades japonesas.
Juan Monterrosa, el que fuera representante de Santiago durante los últimos nueve años, no puede evitar llamarlo maestro. “Estaba muy contento estos días con las fiestas. Aquí se le quería mucho por los trabajos sociales y la voz que le había dado a los más pobres de su querida Oaxaca”, cuenta. Estaba al tanto de las esculturas de los diableros que “el maestro” estaba elaborando con hierro, madera y vidrio, una obra que ahora tendrá que acabar su hijo mayor.
A Monterrosa le queda la tristeza de que el pintor no pueda seguir ayudando a tantos jóvenes oaxaqueños talentosos que querían iniciarse en el mundo del arte. Santiago había abierto también en otro barrio La Calera, una antigua fábrica de cal que convirtió en espacio cultural para exponer la obra de desconocidos.
(nota de Juan Diego Quesada en el sitio "el país".)
lunes, 5 de noviembre de 2012
La exhumación de Frida
Hay un misterio en casa de Frida Kahlo. No es difícil creer en fenómenos paranormales en la vivienda que la artista compartió con Diego Rivera en Ciudad de México, hoy museo inundado de pertenencias personales, dibujos y sillas de ruedas; Frida y Diego por los cuatro costados, como si el tiempo se hubiese parado en los años cincuenta. Quizá sea el surrealismo característico de México el que permita que algún trabajador de la Casa Azul de Coyoacán comente, en voz baja, que las prendas de Frida llegan ligeras a la sala de restauración y al final del día vuelven pesando más. Como si Frida (Ciudad de México, 1907-1954) se reencarnara en su ropa.
El autor del supuesto milagro de reencarnación es Renato Camarillo, de 24 años, que, con guantes y bata de cirujano, toma las prendas con cuidado y las regresa a la vida. A contrarreloj, para que el próximo 22 de noviembre se inaugure la muestra que por primera vez exhibe faldas, blusas, pantalones, joyas, zapatos y otros objetos personales encerrados durante medio siglo en la casa que compartió con Diego Rivera.
Muchas prendas pertenecen a la tradición tehuana no por casualidad. Además de que hay fotos de la familia materna de Kahlo con estos trajes, ella distraía con sus blusas recargadas la mirada sobre sus imperfecciones: la pierna derecha le quedó deformada tras sufrir polio de niña. Después llegó el accidente de tranvía en el que quedó atravesada por un pasamanos. Y luego, durante casi toda su vida, sufrió los corsés (que customizaba) para enderezar la espalda y múltiples intervenciones para intentar aplacar un dolor incesante. “Además, las tehuanas administran la sociedad; el vestido es símbolo de poder femenino”. Eso sí, algunas teorías dicen que lo adoptó para complacer a Diego.
Aquel cuarto de baño que guardó los secretos de Frida es hoy un almacén y la ropa se traslada a diario a la sala de restauración, donde Camarillo se aplica en dejar listas las prendas para asomarse de nuevo al mundo. Veintidós atuendos rotarán para no dañarse, porque “un objeto textil debería descansar tres años tras estar en exhibición cinco meses”. Los arreglos de faldas, pantalones, enaguas, blusas, corsés y trajes de baño se distinguen de los originales, a propósito, para no “falsear” el resultado. La revista Vogue, que, como otras, recurre a Kahlo periódicamente como icono de estilo – ya en 1937 publicó una foto tomada por Toni Frissell–, también participará en la exhibición, con motivo de la cual lanza un número monográfico dedicado a la artista, con su icónica y poderosa imagen en portada. La influencia de la mexicana en la cultura pop y en el diseño internacional es evidente en diseñadores como McQueen, Gaultier, Riccardo Tisci, Rei Kawakubo o Viktor & Rolf. Frida vive.
(Frida fetiche, frida objeto, frida leyenda, frida mujer, frida bisexual, frida jotera, frida masculina, frida marimacha, frida entronizada, frida de portada, frida chavela tenampa, hollywood, tacos al carbón, frida monsivaíta, frida en cinemascope y technicolor, frida en su tinta, frida a secas, frida la operada, la travestida, frida channel no. 5, frida camote, frida mezcal calidad exportación, frida poniatowska, frida tamales, frida gusano rojo, frida libélula, frida gay, frida che guevara, frida modotti, frida cómplice, frida tribunales, frida cascarrabias, frida ofelia, frida leduc, frida novo, frida chichis de cabra, cabrona, estoperoles, piruja, pozolera, frida flor de lis, frida uxoricida. Nota de Raquel Seco, tomada del sitio El País.)
El autor del supuesto milagro de reencarnación es Renato Camarillo, de 24 años, que, con guantes y bata de cirujano, toma las prendas con cuidado y las regresa a la vida. A contrarreloj, para que el próximo 22 de noviembre se inaugure la muestra que por primera vez exhibe faldas, blusas, pantalones, joyas, zapatos y otros objetos personales encerrados durante medio siglo en la casa que compartió con Diego Rivera.
La historia de las pertenencias perdidas de la artista, fallecida en 1954, tiene también su dosis de surrealismo mágico: permanecieron 50 años guardadas en un cuarto de baño y varios baúles y roperos. Allí las relegó el testamento de Diego, que exigió 15 años de veto en un intento de preservar la intimidad de la pareja. La albacea, Dolores Olmedo –de la que se dice que era rival amorosa de Frida, pero cuya profesión conocida fue la de coleccionista de arte y musa de artistas como Rivera–, se tomó el deber de preservar el legado con tanta seriedad que mantuvo cerrados los cuartos mucho más; hasta su muerte en 2002. “Mi mamá pensó: ‘Si Diego quiere que se cierren, vayan a saber qué haya ahí dentro”, explica su hijo, Carlos Phillips, director del Museo Diego Rivera-Anahuacalli y del Museo Dolores Olmedo. Dos años después, un equipo abría por fin las habitaciones, “llenas de polvo”, agitadas por terremotos y maltratadas por la lluvia y algún animal que se coló, rememora Hilda Trujillo, la directora de la Casa Azul. De los baños y los baúles salieron durante meses 6.000 fotografías, casi 200 prendas de vestir y montones de medicamentos, corsés, documentos, joyas… Trujillo recuerda aquel colosal descubrimiento como un evento emocionante. Los documentos políticos que Rivera temía desvelar, agrega, perdieron interés. Lo personal, en cambio, se ha revalorizado. La gente tiene hambre de Frida, la torturada, la excéntrica, la incombustible.
La ropa de Frida no era solo ropa. Kahlo aprovechaba el vestido para “exhibir convicciones de mexicanidad y políticas”, explica Circe Henestrosa, comisaria de la exposición. Por ello, esta muestra se centra en dos significados clave de su vestimenta: etnicidad y discapacidad, señala. Etnicidad, porque la reivindicación de lo indígena de Kahlo resultaba llamativa en los círculos de intelectuales mexicanos, que seguían la moda europea. Frida encarnó la mexicanidad basándose en lo indígena, un concepto menospreciado ayer y hoy en este país. Discapacidad, porque Frida dominaba su cuerpo dañado mediante su ropa.Muchas prendas pertenecen a la tradición tehuana no por casualidad. Además de que hay fotos de la familia materna de Kahlo con estos trajes, ella distraía con sus blusas recargadas la mirada sobre sus imperfecciones: la pierna derecha le quedó deformada tras sufrir polio de niña. Después llegó el accidente de tranvía en el que quedó atravesada por un pasamanos. Y luego, durante casi toda su vida, sufrió los corsés (que customizaba) para enderezar la espalda y múltiples intervenciones para intentar aplacar un dolor incesante. “Además, las tehuanas administran la sociedad; el vestido es símbolo de poder femenino”. Eso sí, algunas teorías dicen que lo adoptó para complacer a Diego.
Aquel cuarto de baño que guardó los secretos de Frida es hoy un almacén y la ropa se traslada a diario a la sala de restauración, donde Camarillo se aplica en dejar listas las prendas para asomarse de nuevo al mundo. Veintidós atuendos rotarán para no dañarse, porque “un objeto textil debería descansar tres años tras estar en exhibición cinco meses”. Los arreglos de faldas, pantalones, enaguas, blusas, corsés y trajes de baño se distinguen de los originales, a propósito, para no “falsear” el resultado. La revista Vogue, que, como otras, recurre a Kahlo periódicamente como icono de estilo – ya en 1937 publicó una foto tomada por Toni Frissell–, también participará en la exhibición, con motivo de la cual lanza un número monográfico dedicado a la artista, con su icónica y poderosa imagen en portada. La influencia de la mexicana en la cultura pop y en el diseño internacional es evidente en diseñadores como McQueen, Gaultier, Riccardo Tisci, Rei Kawakubo o Viktor & Rolf. Frida vive.
(Frida fetiche, frida objeto, frida leyenda, frida mujer, frida bisexual, frida jotera, frida masculina, frida marimacha, frida entronizada, frida de portada, frida chavela tenampa, hollywood, tacos al carbón, frida monsivaíta, frida en cinemascope y technicolor, frida en su tinta, frida a secas, frida la operada, la travestida, frida channel no. 5, frida camote, frida mezcal calidad exportación, frida poniatowska, frida tamales, frida gusano rojo, frida libélula, frida gay, frida che guevara, frida modotti, frida cómplice, frida tribunales, frida cascarrabias, frida ofelia, frida leduc, frida novo, frida chichis de cabra, cabrona, estoperoles, piruja, pozolera, frida flor de lis, frida uxoricida. Nota de Raquel Seco, tomada del sitio El País.)
jueves, 1 de noviembre de 2012
Dalí y García Lorca al unísono
Un autorretrato que el pintor español Salvador Dalí dedicó en 1928 al poeta Federico García Lorca sextuplicó su precio estimado en una subasta y se vendió por 43.250 libras (54.000 euros), informó hoy la sala londinense Bonhams.
El dibujo, esbozado en tinta negra en el reverso de una factura por el artista surrealista y dedicado a su compatriota, salió anoche a subasta junto con otros 61 lotes de arte impresionista y moderno, y la casa esperaba rematarlo por un precio de entre 5.000 y 7.000 libras (de 6.250 a 8.750 euros).
La obra revela la "intensa relación que existió entre el pintor y el poeta", que ya había escrito dos años antes su "Oda a Salvador Dalí", explicó la especialista de Bonhams Ruth Graham.
"Lorca es uno de los escritores europeos más relevantes del siglo XX y la figura literaria española más conocida desde Cervantes", consideró Graham. El pintor y el poeta estaban unidos por una profunda amistad y fueron inseparables hasta que Dalí conoció a la que sería su mujer, Gala, recordó la especialista, para quien el dibujo subastado muestra "la cercana relación que unía a esos dos jóvenes en aquel momento".
"Dalí continúa despertando un gran interés entre los compradores por lo chocantes y personales que son su obras. La fascinante historia que subyace tras este autorretrato lo convierte en una pieza aún más deseable", analizó Graham. La obra del pintor español no fue la única que superó las expectativas de la sala de subastas: la pintura del alemán Max Ernst 'Violette Sonne' fue vendida por 67.250 libras (unos 84.000 euros), más el doble de las 30.000 libras (37.500 euros) previstos por Bonhams.
Otros trabajos por los que "compradores de todo el mundo compitieron con fiereza", según la especialista de la sala, fueron el óleo 'Composition' del cubista francés Fernand Léger, que se vendió por 56.450 libras (70.500 euros) y dos dibujo del simbolista austríaco Gustav Klimt, que se remataron por 22.500 y 12.500 libras (28.125 y 15.625 euros).
(nota de Efe sustraída del sitio El Mundo.)
El dibujo, esbozado en tinta negra en el reverso de una factura por el artista surrealista y dedicado a su compatriota, salió anoche a subasta junto con otros 61 lotes de arte impresionista y moderno, y la casa esperaba rematarlo por un precio de entre 5.000 y 7.000 libras (de 6.250 a 8.750 euros).
La obra revela la "intensa relación que existió entre el pintor y el poeta", que ya había escrito dos años antes su "Oda a Salvador Dalí", explicó la especialista de Bonhams Ruth Graham.
"Lorca es uno de los escritores europeos más relevantes del siglo XX y la figura literaria española más conocida desde Cervantes", consideró Graham. El pintor y el poeta estaban unidos por una profunda amistad y fueron inseparables hasta que Dalí conoció a la que sería su mujer, Gala, recordó la especialista, para quien el dibujo subastado muestra "la cercana relación que unía a esos dos jóvenes en aquel momento".
"Dalí continúa despertando un gran interés entre los compradores por lo chocantes y personales que son su obras. La fascinante historia que subyace tras este autorretrato lo convierte en una pieza aún más deseable", analizó Graham. La obra del pintor español no fue la única que superó las expectativas de la sala de subastas: la pintura del alemán Max Ernst 'Violette Sonne' fue vendida por 67.250 libras (unos 84.000 euros), más el doble de las 30.000 libras (37.500 euros) previstos por Bonhams.
Otros trabajos por los que "compradores de todo el mundo compitieron con fiereza", según la especialista de la sala, fueron el óleo 'Composition' del cubista francés Fernand Léger, que se vendió por 56.450 libras (70.500 euros) y dos dibujo del simbolista austríaco Gustav Klimt, que se remataron por 22.500 y 12.500 libras (28.125 y 15.625 euros).
(nota de Efe sustraída del sitio El Mundo.)
domingo, 7 de octubre de 2012
Destruyen un Rothko
Se sentó ante el 'rothko' durante unos instantes y, después, fue directo al lienzo del genio del expresionismo abstracto y lo garabateó en una esquina. El desastre ha sido confirmado por la Tate Modern este domingo.
Según una portavoz del centro, la policía ya lo está investigando. Sin embargo, esta noche el hombre todavía no había sido localizado y no se había efectuado ninguna detención, de acuerdo con el Daily Telegraph.
La pinacoteca fue cerrada durante un breve lapso de tiempo después de que se descubriese el manchurrón negro en la esquina de uno de los lienzos de Mark Rothko. El incidente se produjo a las 15:25, según un comunicado emitido por la popular pinacoteca a la vera del Támesis.
"La Tate puede confirmar que.... hubo un incidente en la Tate Modern en el que un visitante desfiguró uno de los murales Seagram de Rothko aplicando en una pequeña zona del cuadro pintura negra con un pincel", señaló.
"Vladimir Umanets, A Potential Piece of Yellowism" [Una potencial pieza de amarillismo], escribió. La referencia aparece también en una web www.thisisyellowism.com, dirigida por dos personas que se identifican como Vladimir Umanets y Marcin Lodyga y descrita como un "blog superficial" de arte conceptual, según le Telegraph.
"Muy extraño, se sentó durante un rato y entonces fue a por ello e hizo una rápida salida", escribió en Twitter un testigo del incidente, Tim Wright, que también colgó una imagen del desastre. "El tipo caminó tranquilamente, cogió un rotulador y lo marcó. Surrealista", relató.
En 1958, los arquitectos de la torre Seagram encargaron al pintor -considerado uno de los más importantes artistas del siglo XX- unos grandes lienzos de hasta 2,66 metro por 4,57 metros para decorar los muros del lujoso restaurante Four Seasons, en la planta baja de este rascacielos en el corazón de Manhattan.
Rothko, por una razón que todavía no está clara, decidió finalmente cancelar el encargo, devolviendo las sumas recibidas y donando los lienzos ya realizados, sobre todo a la Tate.
Los lienzos entregados a la pinacoteca llegaron a Londres el 25 de febrero de 1970, el mismo día en que el artista -entonces de 66 años- se suicidó.
Los 'paisajes de color' del artista ruso-estadounidenses alcanzan precios de decenas de miles de millones en las subastas. El pasado mayo, el lienzo de Rothko 'Orange, Red, Yellow' se subastó en Christie's por 86.9 millones de dólares, un nuevo récord para el artista.
(nota tomada del sitio El Mundo con información de las agencias Reuters y Afp.)
Según una portavoz del centro, la policía ya lo está investigando. Sin embargo, esta noche el hombre todavía no había sido localizado y no se había efectuado ninguna detención, de acuerdo con el Daily Telegraph.
La pinacoteca fue cerrada durante un breve lapso de tiempo después de que se descubriese el manchurrón negro en la esquina de uno de los lienzos de Mark Rothko. El incidente se produjo a las 15:25, según un comunicado emitido por la popular pinacoteca a la vera del Támesis.
"La Tate puede confirmar que.... hubo un incidente en la Tate Modern en el que un visitante desfiguró uno de los murales Seagram de Rothko aplicando en una pequeña zona del cuadro pintura negra con un pincel", señaló.
"Vladimir Umanets, A Potential Piece of Yellowism" [Una potencial pieza de amarillismo], escribió. La referencia aparece también en una web www.thisisyellowism.com, dirigida por dos personas que se identifican como Vladimir Umanets y Marcin Lodyga y descrita como un "blog superficial" de arte conceptual, según le Telegraph.
"Muy extraño, se sentó durante un rato y entonces fue a por ello e hizo una rápida salida", escribió en Twitter un testigo del incidente, Tim Wright, que también colgó una imagen del desastre. "El tipo caminó tranquilamente, cogió un rotulador y lo marcó. Surrealista", relató.
En 1958, los arquitectos de la torre Seagram encargaron al pintor -considerado uno de los más importantes artistas del siglo XX- unos grandes lienzos de hasta 2,66 metro por 4,57 metros para decorar los muros del lujoso restaurante Four Seasons, en la planta baja de este rascacielos en el corazón de Manhattan.
Rothko, por una razón que todavía no está clara, decidió finalmente cancelar el encargo, devolviendo las sumas recibidas y donando los lienzos ya realizados, sobre todo a la Tate.
Los lienzos entregados a la pinacoteca llegaron a Londres el 25 de febrero de 1970, el mismo día en que el artista -entonces de 66 años- se suicidó.
Los 'paisajes de color' del artista ruso-estadounidenses alcanzan precios de decenas de miles de millones en las subastas. El pasado mayo, el lienzo de Rothko 'Orange, Red, Yellow' se subastó en Christie's por 86.9 millones de dólares, un nuevo récord para el artista.
(nota tomada del sitio El Mundo con información de las agencias Reuters y Afp.)
viernes, 6 de julio de 2012
"Frida la sufrida"
«Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad», se autodefinió la pintora mexicana, Magdalena Carmen Frida Kahlo (1907-1954). Hoy 6 de julio se cumplen 105 años de su nacimiento en Coyoacán, ciudad que la vio nacer y morir a los 47 años.
Esta artista siempre se caracterizó por sus labios rojos, sus pobladas cejas juntas, su pelo azabache recogido en un eterno moño adornado con coloridas flores, y por su fuerte personalidad, independiente y rebelde.
Con apenas 18 años sufrió un accidente de tranvía que la marcaría el resto de su vida; además de las numerosas operaciones, 32 para ser exactos, a las que se vio sometida. En ese momento, «para combatir el dolor y el aburrimiento», puso en práctica, más que nunca, las clases de dibujo que había dado, hacía cuatro años atrás, en el taller de grabado de Fernando Fernández Domínguez.
Cuando Frida Kahlo mostró su trabajo a Diego Rivera, este artista de murales se quedó impresionado. Tanto es así, que contrajeron matrimonio; pero éste sólo duraría diez años. Rivera fue quien construyó, de alguna manera, el distintivo de Kahlo, ya que la sugirió vestir con el traje tradicional mexicano, largo y colorido, y con joyería exótica.
Frida sufrió mucho durante su matrimonio porque Diego Rivera le era continuamente infiel –incluso con la hermana pequeña de la artista– y por su imposibilidad de tener un hijo, porque su pelvis, debido al accidente, estaba fracturada por tres sitios.
«Quizá esperen oír de mí lamentos de ‘lo mucho que se sufre’ viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr», comentó la artista.
El inestable y complicado ambiente político que se vivía con el presidente dictatorial de los Estados Unidos Mexicanos, Plutarco Elías Calles, político y militar conocido como «Jefe máximo de la revolución», hizo que los comunistas y los simpatizantes de la izquierda, entre ellos Frida, emigrasen al país vecino, Estados Unidos.
Durante su residencia en los EE.UU. (1931-1934) «Frida empezó a trabajar en una serie de obras maestras sin precedentes en la historia del arte, pinturas que exaltaban la cualidad femenina de la verdad, la realidad, la crueldad y la pena. Nunca antes una mujer había puesto semejante atormentada poesía sobre la tela como Frida en esta época de Detroit.», expresó su todavía, por aquel entonces, marido Diego Rivera que amaba su pintura y fue su mayor admirador.
Sus obras son su vida, su autobiografía. Su pintura se caracteriza por la utilización de elementos expresionistas y surrealistas, rica en colores vibrantes y brillantes. «No sé si mis pinturas son o no surrealistas pero de lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser», expresó la artista.
El último año de su vida, fue un auténtico sufrimiento, ya que le amputaron la pierna por debajo de la rodilla por gangrena. Esto hizo que se sumergiese en una depresión, además de intentar suicidarse en un par de ocasiones. Sus últimas palabras en su diario fueron: «Espero alegre la salida y espero no volver jamás».
Conociendo a Frida en diez citas célebres
1. «Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?», cita extraída de su diario.
2. «A veces prefiero hablar con obreros y albañiles que con esa gente estúpida que se hace llamar gente culta»
3. «Hay algunos que nacen con estrella y otros estrellados, y aunque tú no lo quieras creer, yo soy de las estrelladísimas», frase extraída de su carta enviada en 1927 a su novio Alejandro Gómez Arías.
4. «Pinto autorretratos porque estoy mucho tiempo sola». «Me pinto a mí misma, porque soy a quien mejor conozco».
5. «Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar»
6. «Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior»
7. «¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?».
8. «Árbol de la esperanza, mantente firme», frase extraída del título de su cuadro pintado en mayo de 1927.
9. «Doctor si me deja tomar este tequila le prometo no beber en mi funeral»
10. «Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.»
(Se ha repetido hasta el cansancio que la pintora le puso los cuernos al muralista Diego con la actriz María Félix, la cantante y compositora Chavela Vargas y León Trotsky, que vivió en la casa azul de Coyoacán. Nota de Estefanía Magro, Madrid, Abc on line. Se ruega no ver la versión de su vida en cine con Salma Hayek, sino la de Paul Leduc con Ofelia Medina.)
viernes, 27 de abril de 2012
Fernando Botero para siempre
| Fernando Botero celebró su cumpleaños número ochenta con estudiantes en Bogotá. Aquí en el museo que lleva su nombre. Foto de William Fernando Martínez, AP, en Los Ángeles Times. |
viernes, 9 de septiembre de 2011
ESTRELLA DISTANTE CON ARTISTAS
Del cuento “Vagabundo en Francia y Bélgica”, de Roberto Bolaño, se desprende una obra de arte con el mismo nombre, de Carlos Amorales, una de las creaciones de los 27 artistas que participan en Estrella distante, muestra que inaugura la galería Kurimanzutto el 10 de septiembre.
Ni ilustración ni pedagogía ni nostalgia se buscan con esta exposición basada en la obra del chileno, aclara José Kuri, uno de los directores del espacio. Destaca, en cambio, la libertad como premisa de las obras. No todos los artistas hicieron una obra explícitamente alusiva a la literatura del narrador y poeta nacido en Chile en 1953; en algunos casos, incluso, se trata de piezas creadas hace años que, por su temática o por la propuesta que hay atrás, se vincularon ahora a la muestra.
Estrella distante es una propuesta conjunta de las galerías Kurimanzutto y Regen Projects, de Los Ángeles. La iniciativa nace por la coincidencia de que entre los artistas y directivos de ambos espacios se ha seguido de manera especial la obra de Bolaño, que es un poco lo que ha pasado con toda la literatura de este escritor, el latinoamericano más traducido al inglés en la última década, un autor que vivió en México en diversas etapas y que falleció en Barcelona en 2003. A través de los directivos de Regen Projects es como se sumó a la muestra la cantante punk Patti Smith, seguidora de la obra de Bolaño.
De Smith se exhibe la secuencia Roberto Bolaños’chair, fotografías de la silla del escritor que ella captó en un viaje a la casa del autor en Blanes, España.
Para hacer Vagabundo en Francia y Bélgica, Amorales tomó el material que ha guardado de sus obras, llamado Archivo Líquido, utilizó dibujos para “convertirlos” en palabras e hizo una traducción al lenguaje de ese archivo del cuento creado por Bolaño, generando un libro que ahora expone.
Daniel Guzmán, lector de Bolaño desde hace muchos años, a quien considera como un “Julio Cortázar revisitado”, dio vida hace tres años a un video: El secreto del mal, que viene de un cuento de Bolaño sobre la aparición de zombies mexicanos en Los Ángeles. “Retomé la idea, hay dos personajes, un poeta y un revolucionario, que tienen una discusión acerca del cambio social”, detalla Guzmán; en el video de 16 minutos aparecen alrededor de 40 zombies. “Bolaño -cuenta el artista- me habla de cosas como nostalgia, revolución, romanticismo, ser joven y tener ideales, luchar por esos ideales, buscar realizarlos, fracasar pero aun así seguir luchando; es estar haciendo las cosas a pesar de que sientas que está todo con la adversidad encima. Me gusta eso de Bolaño, el intentar cumplir sus propias expectativas, ya no digamos las de una generación sino sus ideales: el amor por la poesía, por la vida, por su hijo”.
Jonathan Hernández creó dos piezas: Vulnerabilia y Nocturno de México (un guiño a Nocturno de Chile), hecha a partir de que se pone en circulación la moneda de $20 con la imagen de Octavio Paz, a quien, explicó Hernández, Bolaño respetaba como poeta pero criticaba como figura pública.
Con La Barbie y JJ, hechas de cocos y cabello humano, Abraham Cruzvillegas remite a los asesinatos descritos en 2666. Carl Andre, Jimmie Durham, Miguel Calderón, Alejandro Cesarco, Dominique Gonzalez-Foerster, Rachel Harrison, Amalia Pica, Alfredo Jaar, Ana Mendieta, Damián Ortega y Carla Rippey también participan en la muestra.
Rippey (Kansas, 1950) vive y trabaja en México desde 1973, tras el golpe de Estado en Chile. Desde esos años fue gran amiga del escritor chileno. En la muestra presenta la pieza Mujeres mirando meteoritos, una obra que no fue hecha específicamente para esta exposición, pero que se seleccionó porque en ella están presentes ciertas constantes de la literatura de Bolaño: la mujer, cierto dramatismo y el azar (que hoy Rippey utiliza a partir de un juego en internet con las palabras mujeres, fuego y objetos peligrosos).
La artista fue quien ilustró el primer libro de poesía de Bolaño, Reinventar el amor, del taller Martín Pescador. Para la muestra, ella prestó un ejemplar de este libro, una carta y otros objetos del escritor. Hoy, Rippey recuerda a Bolaño como un ser con una especial “capacidad de asombro, de inventar situaciones, de tomar lo real y llevarlo al límite, de realzarlo. Era extremadamente entusiasta. Todo lo hacía al 100%.”
Alguna vez Carla Rippey y Roberto Bolaño asistieron juntos a una exposición: “Había un cuadro que le gustó mucho, pero cuando vio el precio se superescandalizó: ‘¡No, Carla! ¿cómo es posible que cobren esto para una obra de arte?’ (Ahora) entonces me quedé pensando: si viniera espero que no vea la lista de precios”.
En el marco de la exposición, el escritor Daniel Hernández publicará cada semana un periódico, Estrella cercana, junto con un blog.
(Roberto Bolaño heredó su aliento a artistas de diversos cauces y expresiones, es tal su fuerza narrativa y el poder de su prosa que a menudo inocula esa veta a teatreros, cineastas, poetas y narradores de la más variada especie. Nota tomada del diario El Universal en línea.)
Ni ilustración ni pedagogía ni nostalgia se buscan con esta exposición basada en la obra del chileno, aclara José Kuri, uno de los directores del espacio. Destaca, en cambio, la libertad como premisa de las obras. No todos los artistas hicieron una obra explícitamente alusiva a la literatura del narrador y poeta nacido en Chile en 1953; en algunos casos, incluso, se trata de piezas creadas hace años que, por su temática o por la propuesta que hay atrás, se vincularon ahora a la muestra.
Estrella distante es una propuesta conjunta de las galerías Kurimanzutto y Regen Projects, de Los Ángeles. La iniciativa nace por la coincidencia de que entre los artistas y directivos de ambos espacios se ha seguido de manera especial la obra de Bolaño, que es un poco lo que ha pasado con toda la literatura de este escritor, el latinoamericano más traducido al inglés en la última década, un autor que vivió en México en diversas etapas y que falleció en Barcelona en 2003. A través de los directivos de Regen Projects es como se sumó a la muestra la cantante punk Patti Smith, seguidora de la obra de Bolaño.
De Smith se exhibe la secuencia Roberto Bolaños’chair, fotografías de la silla del escritor que ella captó en un viaje a la casa del autor en Blanes, España.
Para hacer Vagabundo en Francia y Bélgica, Amorales tomó el material que ha guardado de sus obras, llamado Archivo Líquido, utilizó dibujos para “convertirlos” en palabras e hizo una traducción al lenguaje de ese archivo del cuento creado por Bolaño, generando un libro que ahora expone.
Daniel Guzmán, lector de Bolaño desde hace muchos años, a quien considera como un “Julio Cortázar revisitado”, dio vida hace tres años a un video: El secreto del mal, que viene de un cuento de Bolaño sobre la aparición de zombies mexicanos en Los Ángeles. “Retomé la idea, hay dos personajes, un poeta y un revolucionario, que tienen una discusión acerca del cambio social”, detalla Guzmán; en el video de 16 minutos aparecen alrededor de 40 zombies. “Bolaño -cuenta el artista- me habla de cosas como nostalgia, revolución, romanticismo, ser joven y tener ideales, luchar por esos ideales, buscar realizarlos, fracasar pero aun así seguir luchando; es estar haciendo las cosas a pesar de que sientas que está todo con la adversidad encima. Me gusta eso de Bolaño, el intentar cumplir sus propias expectativas, ya no digamos las de una generación sino sus ideales: el amor por la poesía, por la vida, por su hijo”.
Jonathan Hernández creó dos piezas: Vulnerabilia y Nocturno de México (un guiño a Nocturno de Chile), hecha a partir de que se pone en circulación la moneda de $20 con la imagen de Octavio Paz, a quien, explicó Hernández, Bolaño respetaba como poeta pero criticaba como figura pública.
Con La Barbie y JJ, hechas de cocos y cabello humano, Abraham Cruzvillegas remite a los asesinatos descritos en 2666. Carl Andre, Jimmie Durham, Miguel Calderón, Alejandro Cesarco, Dominique Gonzalez-Foerster, Rachel Harrison, Amalia Pica, Alfredo Jaar, Ana Mendieta, Damián Ortega y Carla Rippey también participan en la muestra.
Rippey (Kansas, 1950) vive y trabaja en México desde 1973, tras el golpe de Estado en Chile. Desde esos años fue gran amiga del escritor chileno. En la muestra presenta la pieza Mujeres mirando meteoritos, una obra que no fue hecha específicamente para esta exposición, pero que se seleccionó porque en ella están presentes ciertas constantes de la literatura de Bolaño: la mujer, cierto dramatismo y el azar (que hoy Rippey utiliza a partir de un juego en internet con las palabras mujeres, fuego y objetos peligrosos).
La artista fue quien ilustró el primer libro de poesía de Bolaño, Reinventar el amor, del taller Martín Pescador. Para la muestra, ella prestó un ejemplar de este libro, una carta y otros objetos del escritor. Hoy, Rippey recuerda a Bolaño como un ser con una especial “capacidad de asombro, de inventar situaciones, de tomar lo real y llevarlo al límite, de realzarlo. Era extremadamente entusiasta. Todo lo hacía al 100%.”
Alguna vez Carla Rippey y Roberto Bolaño asistieron juntos a una exposición: “Había un cuadro que le gustó mucho, pero cuando vio el precio se superescandalizó: ‘¡No, Carla! ¿cómo es posible que cobren esto para una obra de arte?’ (Ahora) entonces me quedé pensando: si viniera espero que no vea la lista de precios”.
En el marco de la exposición, el escritor Daniel Hernández publicará cada semana un periódico, Estrella cercana, junto con un blog.
(Roberto Bolaño heredó su aliento a artistas de diversos cauces y expresiones, es tal su fuerza narrativa y el poder de su prosa que a menudo inocula esa veta a teatreros, cineastas, poetas y narradores de la más variada especie. Nota tomada del diario El Universal en línea.)
jueves, 26 de mayo de 2011
LEONORA CARRINGTON (1917- 2011 )
La pintora Leonora Carrington ha fallecido de una neumonía en un hospital de la ciudad de México a los 94 años. La surrealista Carrington convivió con nombres como André Breton, Pablo Picasso, Max Ernst, Salvador Dalí, Octavio Paz, Remedios Varo, Luis Buñuel y Joan Miró. Nacida en una familia de industriales textiles en Lancashire, Reino Unido, en 1917, vivía en el país norteamericano desde hace casi 70 años. La joven Leonora pasó por varias escuelas religiosas, pero no encajó en ninguna por su espíritu rebelde. Carrington estaba casada con Imre Weisz, fotógrafo de origen húngaro, con quien tuvo dos hijos.
Antes, la pintora y también escritora sostuvo una relación amorosa con Max Ernst (1891-1976), quien la llevó a vivir tres años a París, donde participó en 1938 en una magna exposición con otras figuras del movimiento. Poco después, los nazis invaden Francia y el pintor alemán es detenido y trasladado a un campo de concentración. Entonces ella, desesperada, huyó a España primero y luego a Lisboa, ciudad en la que conocería a un escritor mexicano, Renato Leduc, con quien se desposó y marchó a vivir a México en 1941. Solo dos años después se divorciaron.
La escritora Elena Poniatowska, su amiga durante más de 50 años, ganó hace unos meses el premio Bibliteca Breve 2011 de Seix Barral con un libro sobre la vida de la artista titulado Leonora. Cuando publicó su libro, Poniatowska -que la consideraba tan grande como Frida Kahlo- dijo que "a Leonora no le interesaba nada de lo que se escribía sobre ella". Incluso dudaba que su amiga fuera a leer la obr. La escritora contaba que a Carrington, cuando le hacían un homenaje, "la mataban" porque "la subían a un estrado", le hablaban de Max Ernst, "un tema del que ella está superaburrida", y encima no la dejaban fumar.
Solitaria y reservada
Mujer solitaria y muy reservada, Carrington le contó a su amiga vivencias aterradoras, como cuando ingresó en un manicomio en Santander porque había perdido la cabeza a raíz de que su amor, Max Ernst, fuera detenido en Francia y trasladado a un campo de concentración. Ella llegó a alquilar un apartamento cerca del campo de concentración para poder visitarlo.
"La novia del viento", como la llamaba Ernst, logró "desarrollar su lenguaje pictórico, determinado por diversos temas como el mito céltico, el simbolismo alquímico, el gnosticismo, la cábala, la psicología junguiana y el budismo tibetano", publicó en 2003 la revista Artstudio Magazine.
De ella dijo el Nobel mexicano Octavio Paz que era "un personaje delirante, maravilloso", "un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece", informa Efe.
Algunas de sus obras más conocidas son The Inn of the Dawn Horse (autorretrato), 1936-37; Green Tea, 1942; Temptation of St. Anthony, 1946; And Then We Saw the Daughter of the Minotaure, 1953; The Magus Zoroaster Meeting his Own Image in the Garden (Brothers in Babylone), 1960, y March Sunday, 1990. Mientras que entre sus libros destacan La Casa del miedo, Memoria oval, Memorias de abajo, La puerta de piedra, El séptimo caballo y La trompeta acústica.
Entre otros reconocimientos, la reina Isabel de Inglaterra la condecoró con la Orden del Imperio Británico. En 2005, cuando estaba a punto de cumplir 90 años, declaro: "La idea de pintar o escribir algo surge así nomás, como cocinar o coser algo. Es un momento y ya, viene de manera natural".
El pasado abril, en la apertura de una exposición de figuras de bronce de Carrington, su hijo Gabriel Weisz dijo que "hay un pensamiento sagrado que nada tiene que ver con la religión, ese pensamiento es el que brota en la pintura de Leonora. Es un sagrado invento que se acerca a la pasión de sentir y al descubrimiento de un ojo nuevo, el que tenemos escondido y hasta olvidado", según publicó La Jornada.
(Cuando se colocaron sobre Paseo de la Reforma de la ciudad de México algunas esculturas de Leonora Carrrington, no faltaron los vándalos que se llevaron algunas, localizados más tarde, la autora se comunicó con ellos para avisarles que si no las devolvían les caería una maldición. Así se recuperaron. Nota de Salvador Camarena, tomada del diario El País.)
Antes, la pintora y también escritora sostuvo una relación amorosa con Max Ernst (1891-1976), quien la llevó a vivir tres años a París, donde participó en 1938 en una magna exposición con otras figuras del movimiento. Poco después, los nazis invaden Francia y el pintor alemán es detenido y trasladado a un campo de concentración. Entonces ella, desesperada, huyó a España primero y luego a Lisboa, ciudad en la que conocería a un escritor mexicano, Renato Leduc, con quien se desposó y marchó a vivir a México en 1941. Solo dos años después se divorciaron.
La escritora Elena Poniatowska, su amiga durante más de 50 años, ganó hace unos meses el premio Bibliteca Breve 2011 de Seix Barral con un libro sobre la vida de la artista titulado Leonora. Cuando publicó su libro, Poniatowska -que la consideraba tan grande como Frida Kahlo- dijo que "a Leonora no le interesaba nada de lo que se escribía sobre ella". Incluso dudaba que su amiga fuera a leer la obr. La escritora contaba que a Carrington, cuando le hacían un homenaje, "la mataban" porque "la subían a un estrado", le hablaban de Max Ernst, "un tema del que ella está superaburrida", y encima no la dejaban fumar.
Solitaria y reservada
Mujer solitaria y muy reservada, Carrington le contó a su amiga vivencias aterradoras, como cuando ingresó en un manicomio en Santander porque había perdido la cabeza a raíz de que su amor, Max Ernst, fuera detenido en Francia y trasladado a un campo de concentración. Ella llegó a alquilar un apartamento cerca del campo de concentración para poder visitarlo.
"La novia del viento", como la llamaba Ernst, logró "desarrollar su lenguaje pictórico, determinado por diversos temas como el mito céltico, el simbolismo alquímico, el gnosticismo, la cábala, la psicología junguiana y el budismo tibetano", publicó en 2003 la revista Artstudio Magazine.
De ella dijo el Nobel mexicano Octavio Paz que era "un personaje delirante, maravilloso", "un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece", informa Efe.
Algunas de sus obras más conocidas son The Inn of the Dawn Horse (autorretrato), 1936-37; Green Tea, 1942; Temptation of St. Anthony, 1946; And Then We Saw the Daughter of the Minotaure, 1953; The Magus Zoroaster Meeting his Own Image in the Garden (Brothers in Babylone), 1960, y March Sunday, 1990. Mientras que entre sus libros destacan La Casa del miedo, Memoria oval, Memorias de abajo, La puerta de piedra, El séptimo caballo y La trompeta acústica.
Entre otros reconocimientos, la reina Isabel de Inglaterra la condecoró con la Orden del Imperio Británico. En 2005, cuando estaba a punto de cumplir 90 años, declaro: "La idea de pintar o escribir algo surge así nomás, como cocinar o coser algo. Es un momento y ya, viene de manera natural".
El pasado abril, en la apertura de una exposición de figuras de bronce de Carrington, su hijo Gabriel Weisz dijo que "hay un pensamiento sagrado que nada tiene que ver con la religión, ese pensamiento es el que brota en la pintura de Leonora. Es un sagrado invento que se acerca a la pasión de sentir y al descubrimiento de un ojo nuevo, el que tenemos escondido y hasta olvidado", según publicó La Jornada.
(Cuando se colocaron sobre Paseo de la Reforma de la ciudad de México algunas esculturas de Leonora Carrrington, no faltaron los vándalos que se llevaron algunas, localizados más tarde, la autora se comunicó con ellos para avisarles que si no las devolvían les caería una maldición. Así se recuperaron. Nota de Salvador Camarena, tomada del diario El País.)
lunes, 18 de abril de 2011
FRIDA LA DOLOROSA
Ya han desfilado por este blog algunos exvotos. Ahora, leo en "Reforma" que en la Casa Azul abre hoy sus puertas al público la colección que atesoró Frida Kahlo. La exposición "Con veras de mi corazón" (modismo jalisciense empleado por los fieles para agradecer favores otorgados por la Virgen del Rosario de Talpa y el Señor del Encino de Yahualica) reúne una selección de 150 de los 450 exvotos que integran la colección del Museo Frida Kahlo, convenientemente restaurados.
Las tareas para recuperar estas piezas de arte popular sobre lámina de zinc han revelado que la artista quedó tan impresionada por la imagen de una mujer en la cama que está siendo apuñalada por un hombre, la cual aparece en uno de los exvotos que compró en los años treinta en Jalisco, que la reprodujo en su popular pintura Unos cuantos piquetitos. En dicho exvoto, M. Aragón da gracias a la Santísima Virgen de Talpa por el milagro de haberle salvado la vida y está fechado el 3 de octubre de 1934, un año antes de que Frida creara su cuadro.
"Tengo la impresión de que, cuando Roberto Montenegro, pintor jalisciense, les enseñó el libro que acababa de publicar sobre retablos, ellos (Frida y Diego Rivera) se entusiasmaron con la idea del exvoto como testimonio pictórico de arte popular", dijo la curadora de la muestra, Graciela Romandía.
Las peticiones de estos exvotos son muy variadas: madres que solicitan que los hijos o maridos salgan de prisión o vuelvan al seno del hogar, gente que desea conservar su yunta de bueyes o su piara de puercos, mujeres que pretenden aliviarse de partos o flujos de sangre... Uno de los más antiguos data de septiembre de 1814: narra una batalla naval y en el epígrafe un mexicano le agradece a las divinidades que hayan ayudado a Fernando VII a salir de prisión y a que le fuera devuelto el trono de España.
(Hacer un viaje a Plateros, municipio de Fresnillo, por el simple hecho de apreciar los retablos dedicados al Santo Niño de Atocha, es tener un encuentro con el arte kitch de Frida Kahlo, que bebió de las fuentes del arte popular plasmado en hechos "milagrosos" como salir ileso de un accidente, recuperar la libertad luego de permanecer encarcelado injustamente o, simplemente, regresar con vida del "otro lado" (EEUU). Acaso en la expresión de la hija del arquitecto Kahlo latía esa necesidad de "vivir en carne propia un milagro" luego del accidente del trolebús que le acarreó una serie de intervenciones quirúrgicas interminables. La nota "Los exvotos de Frida", se tomó del blog de Manuel M. Cascante del diario ABC.)
Las tareas para recuperar estas piezas de arte popular sobre lámina de zinc han revelado que la artista quedó tan impresionada por la imagen de una mujer en la cama que está siendo apuñalada por un hombre, la cual aparece en uno de los exvotos que compró en los años treinta en Jalisco, que la reprodujo en su popular pintura Unos cuantos piquetitos. En dicho exvoto, M. Aragón da gracias a la Santísima Virgen de Talpa por el milagro de haberle salvado la vida y está fechado el 3 de octubre de 1934, un año antes de que Frida creara su cuadro.
"Tengo la impresión de que, cuando Roberto Montenegro, pintor jalisciense, les enseñó el libro que acababa de publicar sobre retablos, ellos (Frida y Diego Rivera) se entusiasmaron con la idea del exvoto como testimonio pictórico de arte popular", dijo la curadora de la muestra, Graciela Romandía.
Las peticiones de estos exvotos son muy variadas: madres que solicitan que los hijos o maridos salgan de prisión o vuelvan al seno del hogar, gente que desea conservar su yunta de bueyes o su piara de puercos, mujeres que pretenden aliviarse de partos o flujos de sangre... Uno de los más antiguos data de septiembre de 1814: narra una batalla naval y en el epígrafe un mexicano le agradece a las divinidades que hayan ayudado a Fernando VII a salir de prisión y a que le fuera devuelto el trono de España.
(Hacer un viaje a Plateros, municipio de Fresnillo, por el simple hecho de apreciar los retablos dedicados al Santo Niño de Atocha, es tener un encuentro con el arte kitch de Frida Kahlo, que bebió de las fuentes del arte popular plasmado en hechos "milagrosos" como salir ileso de un accidente, recuperar la libertad luego de permanecer encarcelado injustamente o, simplemente, regresar con vida del "otro lado" (EEUU). Acaso en la expresión de la hija del arquitecto Kahlo latía esa necesidad de "vivir en carne propia un milagro" luego del accidente del trolebús que le acarreó una serie de intervenciones quirúrgicas interminables. La nota "Los exvotos de Frida", se tomó del blog de Manuel M. Cascante del diario ABC.)
jueves, 17 de febrero de 2011
BACON, EL HUÉRFANO
El gesto brutal del pintor: sobre Francis Bacon
Milan Kundera
1Un día Michel Archimbaud, que se propone publicar un libro de retratos y autorretratos de Francis Bacon, me invita a escribir un pequeño ensayo inspirado en estos cuadros. Me asegura que así lo quiere el propio pintor. Me recuerda un breve texto mío, publicado hacía tiempo en la revista L’Arc, que Bacon consideraba uno de los pocos en los que se reconocía. No negaré mi emoción ante semejante mensaje, que me llegaba, después de años, de un artista con el que jamás me encontré y al que tanto he admirado.
Escribí este texto de L’Arc (que, más tarde, inspiró parte de mi Libro de la risa y el olvido), dedicado al tríptico de los retratos de Henrietta Moraes, al poco de mi emigración, hacia 1977, todavía obcecado por los recuerdos del país que acababa de abandonar y que permanecía en mi memoria como una tierra de interrogatorios y de vigilancia. Ahora, no puedo sino empezar mi nueva reflexión sobre el arte de Bacon a partir de aquel antiguo texto:
2 "Ocurrió en 1972. Me encontré con una joven en la periferia de Praga en un apartamento que nos habían prestado. Dos días antes, durante todo el día, había sido interrogada sobre mí por la policía. Ahora quería verme a escondidas (temía ser constantemente seguida) para contarme las preguntas que le habían hecho y lo que ella había respondido. En el caso de un posible interrogatorio, mis respuestas debían ser idénticas a las suyas.
Se trataba de una jovencita que todavía desconocía el mundo. El interrogatorio la había alterado y, desde hacía tres días, el miedo le removía las entrañas. Estaba muy pálida y, durante nuestra conversación, se levantaba con frecuencia para ir al servicio –hasta el punto de que el ruido del agua que llenaba la cisterna acompañó todo nuestro encuentro.
La conocía desde hacía tiempo. Era inteligente, ingeniosa, sabía controlar perfectamente sus emociones e iba siempre vestida de un modo tan impecable que su vestido, al igual que su comportamiento, no dejaba el mínimo resquicio para entrever su desnudez. Y, de golpe, el miedo, como un gran cuchillo, la había escindido. Estaba allí ante mí, abierta, como el tronco desgarrado de una ternera colgado de un gancho en una carnicería.
El ruido del agua que llenaba la cisterna del aseo ya prácticamente no cesaba y, de repente, tuve ganas de violarla. Sé bien lo que digo: violarla, no hacer el amor con ella. No quería su ternura. Quería agarrarle brutalmente la cara y, al instante, tomarla a ella entera, con todas sus contradicciones tan intolerablemente excitantes: con su vestido impecable y sus entrañas revueltas, con su razón y su miedo, con su orgullo y su desgracia. Tenía la impresión de que en todas sus contradicciones radicaba su esencia: ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto en las profundidades. Quería poseerla en un segundo, con toda su mierda y su alma inefable.
Pero veía sus ojos fijos en mí, llenos de angustia (dos ojos angustiados en un rostro razonable), y cuanto mayor era la angustia de sus ojos, más absurdo, estúpido, escandaloso, incomprensible e imposible de cumplirse se tornaba mi deseo.
Por desplazado e injustificable que fuera, ese deseo no dejaba de ser menos real. No sabría negarlo –y, cuando miro los retratos-trípticos de Francis Bacon, es como si me acordara de aquello. La mirada del pintor agarra la cara como con una mano brutal, tratando de apoderarse de su esencia, de ese diamante oculto en las profundidades. Claro, no estamos seguros de que las profundidades conserven realmente algo –pero, sea lo que sea, hay en nosotros ese gesto brutal, ese movimiento de la mano que agarra, arrugándola, la cara de otro con la esperanza de encontrar en ella, detrás de ella, algo que se oculta allí".
3 Los mejores comentarios sobre la obra de Bacon los hizo él mismo en dos entrevistas: con Sylvester en 1976 y con Archimbaud en 1992. En los dos casos habla con admiración de Picasso, en particular el del periodo entre 1926 y 1932, el único al que él se siente realmente cercano; ve abrirse en él un territorio "inexplorado: una forma orgánica relacionada con la imagen humana pero que es de hecho su total distorsión"(la cursiva es mía)
Podría decirse que, de no ser durante este breve periodo, en toda la restante obra de Picasso es un leve gesto del pintor lo que transforma motivos del cuerpo humano en forma bidimensional, sin obligación alguna de parecerse a algo. En Bacon, la euforia lúdica picassiana deja lugar al asombro (cuando no al espanto) ante lo que somos, lo que somos materialmente, físicamente. Movida por ese espanto, la mano del pintor (por retomar palabras de mi antiguo texto) se apodera con un "gesto brutal" de un cuerpo, de una cara, "con la esperanza de encontrar en ella, detrás de ella, algo que se oculta allí".
Pero ¿qué es lo que se oculta allí? ¿Su "yo"? Claro, todos los retratos que jamás se han pintado quieren revelar el "yo" del modelo. Pero Bacon vive en la época en la que el "yo" empieza en todas partes a ser escurridizo. En efecto, nuestra experiencia más trivial nos enseña (sobre todo si la vida que se nos va quedando atrás se prolonga demasiado) que lamentablemente las caras se parecen todas (y la insensata avalancha demográfica no hace más que incrementar esa sensación), que dejan que se confundan, que sólo las diferencia algo diminuto, apenas perceptible, que, matemáticamente, sólo representa, en la disposición de las proporciones, unos pocos milímetros de diferencia. Añadamos a todo ello nuestra experiencia histórica, que nos ha inducido a comprender que los hombres actúan imitándose los unos a los otros, que sus actitudes son estadísticamente calculables, sus opiniones manipulables, y que, así las cosas, el hombre es menos un individuo (un sujeto) que un elemento de una masa.
En esos tiempos de dudas es cuando la mano violadora del pintor se apodera con un "gesto brutal" de la cara de sus modelos para encontrar, en algún lugar en profundidad, su "yo" sepultado. En esa búsqueda baconiana las formas sometidas a "una total distorsión" nunca pierden su carácter de organismos vivos, recuerdan siempre su existencia corporal, su carnalidad, siguen conservando su apariencia tridimensional. Y, además, ¡se parecen a sus modelos! Pero ¿cómo puede el retrato parecerse al modelo del que es conscientemente una distorsión? Sin embargo, lo prueban las fotos de las personas retratadas: el retrato se les parece; miren los trípticos –tres variaciones yuxtapuestas del retrato de la misma persona; estas variaciones difieren una de otra y, no obstante, no dejan de tener algo común a las tres: "ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto", el "yo" de un rostro
4 Podría decirlo de otra manera: los retratos de Bacon cuestionan los límites del "yo". ¿Hasta qué grado de distorsión un individuo sigue siendo él mismo? ¿Durante cuánto tiempo sigue todavía reconocible el rostro de alguien amado que va alejándose de nosotros por enfermedad, locura, odio o muerte? ¿Dónde queda la frontera tras la cual un "yo" deja de ser "yo"?
5 Desde hacía mucho tiempo, en mi galería imaginaria del arte moderno, emparejaba a Bacon con Beckett. Luego leí la entrevista con Archimbaud: "Siempre me ha sorprendido que me emparentaran con Beckett"
dice Bacon. Y, más adelante: "... siempre me ha parecido que Shakespeare había expresado mucho mejor y de un modo más ajustado y más poderoso lo que Beckett y Joyce habían intentado decir...". Y aún:
"Me pregunto si las ideas de Beckett sobre su arte no terminaron por matar su creación. Hay a la vez en él algo demasiado sistemático y demasiado inteligente, tal vez sea esto lo que siempre me ha molestado". Y para terminar: "En pintura, siempre dejamos demasiados hábitos, nunca los eliminamos lo suficiente, pero en la obra de Beckett tengo con frecuencia la impresión de que, a fuerza de querer eliminar, ya no ha quedado nada y que esa nada acaba sonando a hueco...".
Cuando un artista habla de otro, siempre habla (me diante carambolas y rodeos) de sí mismo, y en ello radica todo el interés de su opinión. ¿Qué nos dice Bacon sobre sí mismo al hablar de Beckett?
Que no quiere ser clasificado. Que quiere proteger su obra de los tópicos.
Asimismo: que se resiste a los dogmáticos de la modernidad que han levantado una barrera entre la tradición y el arte moderno, como si éste representara en la historia del arte un periodo aislado, con sus propios valores incomparables y criterios autónomos. Ahora bien, Bacon aspira a inscribirse en la historia del arte en su totalidad; el siglo xx no nos dispensa de nuestra deuda para con Shakespeare.
Y además: se cuida de expresar sus ideas sobre arte de un modo demasiado sistemático porque teme dejar que su arte se convierta en una especie de mensaje simplista. Sabe que el peligro es tanto mayor cuanto que el arte de nuestra mitad de siglo se ha enfangado en una ruidosa y opaca logorrea teórica que impide que una obra entre en contacto directo, no mediatizado, no preinterpretado, con quien la contempla (la lee o la escucha).
Allá donde puede, pues, Bacon confunde las pistas para dejar desamparados a los expertos que quieren reducir el sentido de su obra a un pesimismo tópico: le enfurece la utilización de la palabra "horror" a propósito de su arte; señala el papel que desempeña en su pintura el azar (el que irrumpe mientras trabaja; una mancha de color, caída fortuitamente, que cambia de golpe el tema mismo del cuadro); insiste sobre la palabra "juego" cuando todo el mundo exalta la gravedad de sus pinturas. Puede que alguien le mencione su desesperación; sea, pero entonces, él puntualiza enseguida: para él se trata en todo caso de una "alegre desesperación".
6 En su reflexión sobre Beckett, Bacon dice: "En pintura siempre dejamos demasiados hábitos, nunca los eliminamos lo suficiente...".
Demasiados hábitos quiere decir: todo lo que no es un descubrimiento del pintor, su aportación inédita, su originalidad; lo que es herencia, rutina, relleno, elaboración considerada como necesidad técnica. Son por ejemplo, en la forma de la sonata (incluso entre los grandes, Mozart o Beethoven), todas las transiciones (con frecuencia muy convencionales) de un tema a otro. Casi todos los grandes artistas modernos intentan suprimir estos "rellenos", quitar todo lo que proviene de un hábito, todo lo que les impide abordar, directa y exclusivamente, lo esencial (lo esencial: lo que el propio artista, y sólo él, puede decir).
Veamos qué pasa con Bacon: los fondos de sus cuadros son muy simples, lisos, pero: en primer plano, los cuerpos están tratados con riqueza tanto de colores como de formas. Pues bien, ésta es la riqueza (shakespeariana) que más le gusta. Ya que, sin esta riqueza (riqueza que contrasta con el fondo liso), la belleza sería ascética, como puesta a régimen, disminuida, y, para Bacon, se trata siempre y ante todo de belleza, de la explosión de la belleza, porque, aunque hoy en día esta palabra parezca desvirtuada, pasada de moda, es ella la que le une a Shakespeare.
Y ésta es la razón por la que le irrita la palabra "horror" aplicada con obstinación a su obra. Tolstói decía de Leonid Andreiev y de sus novelas negras: "Quiere amedrentarme, pero no siento miedo". Ahora hay demasiados cuadros que quieren amedrentarnos, y son aburridos. El espanto no es una sensación estética y el horror que encontramos en las novelas de Tolstói nunca está para amedrentar; la escena desgarradora en la que operan sin anestesia a Andréi Bol-konski, mortalmente herido, no está exenta de belleza; como jamás lo está una escena de Shakespeare; como jamás lo está un cuadro de Bacon.
Las carnicerías son lugares horribles, pero, cuando Bacon habla de ellas, no olvida señalar que "para un pintor hay allí esa gran belleza del color de la carne".
7 Pese a todas las reservas de Bacon, ¿qué hace que siga sintiéndolo cercano a Beckett?
Los dos se encuentran más o menos en el mismo lugar de la historia de sus artes respectivas. A saber, en el último periodo del arte dramático, en el último periodo de la historia de la pintura. Porque Bacon es uno de los últimos pintores cuyo lenguaje todavía es el pincel y el óleo. Y Beckett todavía escribe un teatro que descansa sobre el texto del autor. Es cierto que después de él el teatro sigue existiendo, tal vez incluso evolucione, pero ya no lo inspiran, ni lo innovan, ni aseguran su evolución los textos de los autores dramáticos.
En la historia del arte moderno, Bacon y Beckett no son de los que abren camino; se recluyen. Bacon responde a la pregunta de Archimbaud sobre qué pintores contemporáneos le parecen importantes: "Después de Picasso, ya no sé muy bien. Hay actualmente una exposición de pop art en la Royal Academy [...], cuando se ven todos esos cuadros reunidos, no se ve nada. Me parece que ahí dentro no hay nada, que está vacío, completamente vacío". "¿Y Warhol?" "...para mí no es importante."
¿Y el arte abstracto? ¡Oh, no, ése no le gusta nada! "Después de Picasso, ya no sé muy bien".
Habla como un huérfano. Y lo es. Y lo es incluso en el sentido muy concreto de su vida: los que abrieron camino estaban rodeados de colegas, gente que hacía comentarios, admiradores, simpatizantes, compañeros de viaje, todo un grupo. Él, en cambio, está solo. Como lo está Beckett. En la entrevista con Sylvester declara: "Creo que sería más estimulante ser uno más entre muchos artistas trabajando juntos. [...] Me parece que sería terriblemente agradable tener a alguien con quien hablar. Hoy no hay absolutamente nadie con quien hablar".
De hecho, su modernidad, la que cierra la puerta, ya no responde a la modernidad que les rodea, la modernidad de las modas que lanza el marketing del arte. (Sylvester pregunta: "Si los cuadros abstractos ya no son sino arreglos formales, ¿cómo explica usted que haya gente que, como yo, siente a veces hacia ellos el mismo tipo de reacción visceral que sienten hacia obras figurativas?" –Y Bacon responde– La moda).
Ser moderno en la época en que la gran modernidad está a punto de cerrar sus puertas es muy distinto que ser moderno en la época de Picasso. Bacon quedó aislado ("no hay absolutamente nadie con quien hablar"); aislado tanto del pasado como del porvenir.
8 Al igual que Bacon, Beckett no se hacía ilusión alguna acerca del porvenir del mundo ni del arte. Y en ese momento del final de las ilusiones encontramos en los dos la misma reacción, inmensamente interesante y significativa: las guerras, las revoluciones y sus fracasos, las masacres, la impostura democrática, todos estos temas son ajenos a sus obras. En El rinoceronte, Ionesco todavía se interesa por las grandes cuestiones políticas. Nada similar en Beckett. Picasso pinta todavía Masacre en Corea. Tema impensable en Bacon. Cuando se vive el fin de una civilización (tal como la viven, o creen que la viven, Beckett y Bacon), la última confrontación brutal no se produce contra una sociedad, contra un Estado, contra una política, sino contra la materialidad fisiológica del hombre. Por eso, incluso el tema de la Crucifixión, que antaño concentraba toda la ética, toda la religión, incluso toda la Historia de Occidente, se convierte en Bacon en un simple escándalo fisiológico: "Siempre me turbaron las imágenes relacionadas con mataderos y con la carne, y para mí están estrechamente vinculadas a todo lo que es la Crucifixión. Hay fotografías extraordinarias de animales hechas en el momento preciso en que los sacan para enviarlos al matadero. Y ese olor a muerte...".
Acercar a Jesús clavado en la cruz a mataderos y al miedo de los animales podría parecer un sacrilegio. Pero Bacon no es creyente, y la noción de sacrilegio está ausente en su manera de pensar; según él, "el hombre cae ahora en la cuenta de que no es sino un accidente, un ser sin sentido, que sin razón alguna debe seguir el juego hasta el final".
Visto así, Jesús es ese accidente que, sin razón, ha seguido el juego hasta el final. La cruz: el final del juego que se ha jugado sin razón hasta el final.
No, no hay sacrilegio; más bien una mirada lúcida, triste, pensativa y que intenta penetrar hasta lo esencial. ¿Y qué revela lo esencial cuando todos los sueños sociales se han evaporado y el hombre ve "cómo se anula para él [...] toda salida religiosa"? El cuerpo. El único ecce homo,evidente, patético y concreto. Porque "lo que sí es seguro es que somos carne, somos carcasas en potencia. Si voy a un carnicero, siempre me parece sorprendente no estar yo allí, en lugar del animal".
No es ni pesimismo ni desesperación, es una simple evidencia, pero una evidencia que normalmente queda disimulada por nuestra pertenencia a una colectividad que nos ciega con sus sueños, sus estímulos, sus proyectos, sus ilusiones, sus luchas, sus causas, sus religiones, sus ideologías, sus pasiones. Y, un buen día, cae el velo y nos deja a solas con el cuerpo, a merced del cuerpo, como lo estaba la joven praguense que, después de la conmoción de un interrogatorio, se iba cada tres minutos al servicio. Había quedado reducida a su miedo, a la rabia de sus entrañas y al ruido del agua que ella oía caer en la cisterna como yo la oigo caer cuando miro Figura inclinada sobre una jofaina, de 1976, o el Tríptico, de 1973, de Bacon. La joven praguense ya no se enfrentaba a la policía, sino a su propio vientre, y si alguien presidió, invisible, aquella pequeña escena de horror no fue un policía, un apparatchik, un verdugo, sino un Dios, o un Anti-Dios, el Dios malvado de los gnósticos, un Demiurgo, un Creador, aquel que nos ha hecho caer en la trampa de ese "accidente"del cuerpo que él ha manipulado en su taller y al que, durante algún tiempo, nos vemos obligados a servir de alma.
Bacon espiaba con frecuencia ese taller del Creador; puede comprobarse, por ejemplo, en los cuadros titulados Estudio del cuerpo humano en los que desenmascara el cuerpo humano como simple "accidente", accidente que podría haber sido confeccionado de modo muy distinto, por ejemplo, qué sé yo, con tres manos o con los ojos situados en las rodillas. Éstos son los únicos cuadros que me llenan de horror. Pero ¿es "horror" la palabra acertada? No. No hay palabra acertada para la sensación que suscitan estos cuadros. Lo que suscitan no es el horror que conocemos, el que se debe a las locuras de la Historia, a la tortura, a la persecución, a la guerra, a las masacres, al sufrimiento. No. En Bacon, es un horror muy distinto: proviene del carácter accidental del cuerpo humano súbitamente revelado por el pintor.
9 ¿Qué nos queda cuando hemos bajado hasta aquí? El rostro; el rostro que contiene “ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto”, que es el “yo” infinitamente frágil estremeciéndose en un cuerpo; el rostro sobre el que fijo mi mirada con el fin de encontrar una razón para vivir ese “accidente desprovisto de sentido” que es la vida.
[Capítulo I de Milan Kundera: Un encuentro, Tusquets Editores, 2009.]
© Milan Kundera: Une rencontre, 2009
© de la traducción: Beatriz de Moura, 2009
(ensayo reproducido del blog 'el boomeran(g)')
Milan Kundera
1Un día Michel Archimbaud, que se propone publicar un libro de retratos y autorretratos de Francis Bacon, me invita a escribir un pequeño ensayo inspirado en estos cuadros. Me asegura que así lo quiere el propio pintor. Me recuerda un breve texto mío, publicado hacía tiempo en la revista L’Arc, que Bacon consideraba uno de los pocos en los que se reconocía. No negaré mi emoción ante semejante mensaje, que me llegaba, después de años, de un artista con el que jamás me encontré y al que tanto he admirado.
Escribí este texto de L’Arc (que, más tarde, inspiró parte de mi Libro de la risa y el olvido), dedicado al tríptico de los retratos de Henrietta Moraes, al poco de mi emigración, hacia 1977, todavía obcecado por los recuerdos del país que acababa de abandonar y que permanecía en mi memoria como una tierra de interrogatorios y de vigilancia. Ahora, no puedo sino empezar mi nueva reflexión sobre el arte de Bacon a partir de aquel antiguo texto:
2 "Ocurrió en 1972. Me encontré con una joven en la periferia de Praga en un apartamento que nos habían prestado. Dos días antes, durante todo el día, había sido interrogada sobre mí por la policía. Ahora quería verme a escondidas (temía ser constantemente seguida) para contarme las preguntas que le habían hecho y lo que ella había respondido. En el caso de un posible interrogatorio, mis respuestas debían ser idénticas a las suyas.
Se trataba de una jovencita que todavía desconocía el mundo. El interrogatorio la había alterado y, desde hacía tres días, el miedo le removía las entrañas. Estaba muy pálida y, durante nuestra conversación, se levantaba con frecuencia para ir al servicio –hasta el punto de que el ruido del agua que llenaba la cisterna acompañó todo nuestro encuentro.
La conocía desde hacía tiempo. Era inteligente, ingeniosa, sabía controlar perfectamente sus emociones e iba siempre vestida de un modo tan impecable que su vestido, al igual que su comportamiento, no dejaba el mínimo resquicio para entrever su desnudez. Y, de golpe, el miedo, como un gran cuchillo, la había escindido. Estaba allí ante mí, abierta, como el tronco desgarrado de una ternera colgado de un gancho en una carnicería.
El ruido del agua que llenaba la cisterna del aseo ya prácticamente no cesaba y, de repente, tuve ganas de violarla. Sé bien lo que digo: violarla, no hacer el amor con ella. No quería su ternura. Quería agarrarle brutalmente la cara y, al instante, tomarla a ella entera, con todas sus contradicciones tan intolerablemente excitantes: con su vestido impecable y sus entrañas revueltas, con su razón y su miedo, con su orgullo y su desgracia. Tenía la impresión de que en todas sus contradicciones radicaba su esencia: ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto en las profundidades. Quería poseerla en un segundo, con toda su mierda y su alma inefable.
Pero veía sus ojos fijos en mí, llenos de angustia (dos ojos angustiados en un rostro razonable), y cuanto mayor era la angustia de sus ojos, más absurdo, estúpido, escandaloso, incomprensible e imposible de cumplirse se tornaba mi deseo.
Por desplazado e injustificable que fuera, ese deseo no dejaba de ser menos real. No sabría negarlo –y, cuando miro los retratos-trípticos de Francis Bacon, es como si me acordara de aquello. La mirada del pintor agarra la cara como con una mano brutal, tratando de apoderarse de su esencia, de ese diamante oculto en las profundidades. Claro, no estamos seguros de que las profundidades conserven realmente algo –pero, sea lo que sea, hay en nosotros ese gesto brutal, ese movimiento de la mano que agarra, arrugándola, la cara de otro con la esperanza de encontrar en ella, detrás de ella, algo que se oculta allí".
3 Los mejores comentarios sobre la obra de Bacon los hizo él mismo en dos entrevistas: con Sylvester en 1976 y con Archimbaud en 1992. En los dos casos habla con admiración de Picasso, en particular el del periodo entre 1926 y 1932, el único al que él se siente realmente cercano; ve abrirse en él un territorio "inexplorado: una forma orgánica relacionada con la imagen humana pero que es de hecho su total distorsión"(la cursiva es mía)
Podría decirse que, de no ser durante este breve periodo, en toda la restante obra de Picasso es un leve gesto del pintor lo que transforma motivos del cuerpo humano en forma bidimensional, sin obligación alguna de parecerse a algo. En Bacon, la euforia lúdica picassiana deja lugar al asombro (cuando no al espanto) ante lo que somos, lo que somos materialmente, físicamente. Movida por ese espanto, la mano del pintor (por retomar palabras de mi antiguo texto) se apodera con un "gesto brutal" de un cuerpo, de una cara, "con la esperanza de encontrar en ella, detrás de ella, algo que se oculta allí".
Pero ¿qué es lo que se oculta allí? ¿Su "yo"? Claro, todos los retratos que jamás se han pintado quieren revelar el "yo" del modelo. Pero Bacon vive en la época en la que el "yo" empieza en todas partes a ser escurridizo. En efecto, nuestra experiencia más trivial nos enseña (sobre todo si la vida que se nos va quedando atrás se prolonga demasiado) que lamentablemente las caras se parecen todas (y la insensata avalancha demográfica no hace más que incrementar esa sensación), que dejan que se confundan, que sólo las diferencia algo diminuto, apenas perceptible, que, matemáticamente, sólo representa, en la disposición de las proporciones, unos pocos milímetros de diferencia. Añadamos a todo ello nuestra experiencia histórica, que nos ha inducido a comprender que los hombres actúan imitándose los unos a los otros, que sus actitudes son estadísticamente calculables, sus opiniones manipulables, y que, así las cosas, el hombre es menos un individuo (un sujeto) que un elemento de una masa.
En esos tiempos de dudas es cuando la mano violadora del pintor se apodera con un "gesto brutal" de la cara de sus modelos para encontrar, en algún lugar en profundidad, su "yo" sepultado. En esa búsqueda baconiana las formas sometidas a "una total distorsión" nunca pierden su carácter de organismos vivos, recuerdan siempre su existencia corporal, su carnalidad, siguen conservando su apariencia tridimensional. Y, además, ¡se parecen a sus modelos! Pero ¿cómo puede el retrato parecerse al modelo del que es conscientemente una distorsión? Sin embargo, lo prueban las fotos de las personas retratadas: el retrato se les parece; miren los trípticos –tres variaciones yuxtapuestas del retrato de la misma persona; estas variaciones difieren una de otra y, no obstante, no dejan de tener algo común a las tres: "ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto", el "yo" de un rostro
4 Podría decirlo de otra manera: los retratos de Bacon cuestionan los límites del "yo". ¿Hasta qué grado de distorsión un individuo sigue siendo él mismo? ¿Durante cuánto tiempo sigue todavía reconocible el rostro de alguien amado que va alejándose de nosotros por enfermedad, locura, odio o muerte? ¿Dónde queda la frontera tras la cual un "yo" deja de ser "yo"?
5 Desde hacía mucho tiempo, en mi galería imaginaria del arte moderno, emparejaba a Bacon con Beckett. Luego leí la entrevista con Archimbaud: "Siempre me ha sorprendido que me emparentaran con Beckett"
dice Bacon. Y, más adelante: "... siempre me ha parecido que Shakespeare había expresado mucho mejor y de un modo más ajustado y más poderoso lo que Beckett y Joyce habían intentado decir...". Y aún:
"Me pregunto si las ideas de Beckett sobre su arte no terminaron por matar su creación. Hay a la vez en él algo demasiado sistemático y demasiado inteligente, tal vez sea esto lo que siempre me ha molestado". Y para terminar: "En pintura, siempre dejamos demasiados hábitos, nunca los eliminamos lo suficiente, pero en la obra de Beckett tengo con frecuencia la impresión de que, a fuerza de querer eliminar, ya no ha quedado nada y que esa nada acaba sonando a hueco...".
Cuando un artista habla de otro, siempre habla (me diante carambolas y rodeos) de sí mismo, y en ello radica todo el interés de su opinión. ¿Qué nos dice Bacon sobre sí mismo al hablar de Beckett?
Que no quiere ser clasificado. Que quiere proteger su obra de los tópicos.
Asimismo: que se resiste a los dogmáticos de la modernidad que han levantado una barrera entre la tradición y el arte moderno, como si éste representara en la historia del arte un periodo aislado, con sus propios valores incomparables y criterios autónomos. Ahora bien, Bacon aspira a inscribirse en la historia del arte en su totalidad; el siglo xx no nos dispensa de nuestra deuda para con Shakespeare.
Y además: se cuida de expresar sus ideas sobre arte de un modo demasiado sistemático porque teme dejar que su arte se convierta en una especie de mensaje simplista. Sabe que el peligro es tanto mayor cuanto que el arte de nuestra mitad de siglo se ha enfangado en una ruidosa y opaca logorrea teórica que impide que una obra entre en contacto directo, no mediatizado, no preinterpretado, con quien la contempla (la lee o la escucha).
Allá donde puede, pues, Bacon confunde las pistas para dejar desamparados a los expertos que quieren reducir el sentido de su obra a un pesimismo tópico: le enfurece la utilización de la palabra "horror" a propósito de su arte; señala el papel que desempeña en su pintura el azar (el que irrumpe mientras trabaja; una mancha de color, caída fortuitamente, que cambia de golpe el tema mismo del cuadro); insiste sobre la palabra "juego" cuando todo el mundo exalta la gravedad de sus pinturas. Puede que alguien le mencione su desesperación; sea, pero entonces, él puntualiza enseguida: para él se trata en todo caso de una "alegre desesperación".
6 En su reflexión sobre Beckett, Bacon dice: "En pintura siempre dejamos demasiados hábitos, nunca los eliminamos lo suficiente...".
Demasiados hábitos quiere decir: todo lo que no es un descubrimiento del pintor, su aportación inédita, su originalidad; lo que es herencia, rutina, relleno, elaboración considerada como necesidad técnica. Son por ejemplo, en la forma de la sonata (incluso entre los grandes, Mozart o Beethoven), todas las transiciones (con frecuencia muy convencionales) de un tema a otro. Casi todos los grandes artistas modernos intentan suprimir estos "rellenos", quitar todo lo que proviene de un hábito, todo lo que les impide abordar, directa y exclusivamente, lo esencial (lo esencial: lo que el propio artista, y sólo él, puede decir).
Veamos qué pasa con Bacon: los fondos de sus cuadros son muy simples, lisos, pero: en primer plano, los cuerpos están tratados con riqueza tanto de colores como de formas. Pues bien, ésta es la riqueza (shakespeariana) que más le gusta. Ya que, sin esta riqueza (riqueza que contrasta con el fondo liso), la belleza sería ascética, como puesta a régimen, disminuida, y, para Bacon, se trata siempre y ante todo de belleza, de la explosión de la belleza, porque, aunque hoy en día esta palabra parezca desvirtuada, pasada de moda, es ella la que le une a Shakespeare.
Y ésta es la razón por la que le irrita la palabra "horror" aplicada con obstinación a su obra. Tolstói decía de Leonid Andreiev y de sus novelas negras: "Quiere amedrentarme, pero no siento miedo". Ahora hay demasiados cuadros que quieren amedrentarnos, y son aburridos. El espanto no es una sensación estética y el horror que encontramos en las novelas de Tolstói nunca está para amedrentar; la escena desgarradora en la que operan sin anestesia a Andréi Bol-konski, mortalmente herido, no está exenta de belleza; como jamás lo está una escena de Shakespeare; como jamás lo está un cuadro de Bacon.
Las carnicerías son lugares horribles, pero, cuando Bacon habla de ellas, no olvida señalar que "para un pintor hay allí esa gran belleza del color de la carne".
7 Pese a todas las reservas de Bacon, ¿qué hace que siga sintiéndolo cercano a Beckett?
Los dos se encuentran más o menos en el mismo lugar de la historia de sus artes respectivas. A saber, en el último periodo del arte dramático, en el último periodo de la historia de la pintura. Porque Bacon es uno de los últimos pintores cuyo lenguaje todavía es el pincel y el óleo. Y Beckett todavía escribe un teatro que descansa sobre el texto del autor. Es cierto que después de él el teatro sigue existiendo, tal vez incluso evolucione, pero ya no lo inspiran, ni lo innovan, ni aseguran su evolución los textos de los autores dramáticos.
En la historia del arte moderno, Bacon y Beckett no son de los que abren camino; se recluyen. Bacon responde a la pregunta de Archimbaud sobre qué pintores contemporáneos le parecen importantes: "Después de Picasso, ya no sé muy bien. Hay actualmente una exposición de pop art en la Royal Academy [...], cuando se ven todos esos cuadros reunidos, no se ve nada. Me parece que ahí dentro no hay nada, que está vacío, completamente vacío". "¿Y Warhol?" "...para mí no es importante."
¿Y el arte abstracto? ¡Oh, no, ése no le gusta nada! "Después de Picasso, ya no sé muy bien".
Habla como un huérfano. Y lo es. Y lo es incluso en el sentido muy concreto de su vida: los que abrieron camino estaban rodeados de colegas, gente que hacía comentarios, admiradores, simpatizantes, compañeros de viaje, todo un grupo. Él, en cambio, está solo. Como lo está Beckett. En la entrevista con Sylvester declara: "Creo que sería más estimulante ser uno más entre muchos artistas trabajando juntos. [...] Me parece que sería terriblemente agradable tener a alguien con quien hablar. Hoy no hay absolutamente nadie con quien hablar".
De hecho, su modernidad, la que cierra la puerta, ya no responde a la modernidad que les rodea, la modernidad de las modas que lanza el marketing del arte. (Sylvester pregunta: "Si los cuadros abstractos ya no son sino arreglos formales, ¿cómo explica usted que haya gente que, como yo, siente a veces hacia ellos el mismo tipo de reacción visceral que sienten hacia obras figurativas?" –Y Bacon responde– La moda).
Ser moderno en la época en que la gran modernidad está a punto de cerrar sus puertas es muy distinto que ser moderno en la época de Picasso. Bacon quedó aislado ("no hay absolutamente nadie con quien hablar"); aislado tanto del pasado como del porvenir.
8 Al igual que Bacon, Beckett no se hacía ilusión alguna acerca del porvenir del mundo ni del arte. Y en ese momento del final de las ilusiones encontramos en los dos la misma reacción, inmensamente interesante y significativa: las guerras, las revoluciones y sus fracasos, las masacres, la impostura democrática, todos estos temas son ajenos a sus obras. En El rinoceronte, Ionesco todavía se interesa por las grandes cuestiones políticas. Nada similar en Beckett. Picasso pinta todavía Masacre en Corea. Tema impensable en Bacon. Cuando se vive el fin de una civilización (tal como la viven, o creen que la viven, Beckett y Bacon), la última confrontación brutal no se produce contra una sociedad, contra un Estado, contra una política, sino contra la materialidad fisiológica del hombre. Por eso, incluso el tema de la Crucifixión, que antaño concentraba toda la ética, toda la religión, incluso toda la Historia de Occidente, se convierte en Bacon en un simple escándalo fisiológico: "Siempre me turbaron las imágenes relacionadas con mataderos y con la carne, y para mí están estrechamente vinculadas a todo lo que es la Crucifixión. Hay fotografías extraordinarias de animales hechas en el momento preciso en que los sacan para enviarlos al matadero. Y ese olor a muerte...".
Acercar a Jesús clavado en la cruz a mataderos y al miedo de los animales podría parecer un sacrilegio. Pero Bacon no es creyente, y la noción de sacrilegio está ausente en su manera de pensar; según él, "el hombre cae ahora en la cuenta de que no es sino un accidente, un ser sin sentido, que sin razón alguna debe seguir el juego hasta el final".
Visto así, Jesús es ese accidente que, sin razón, ha seguido el juego hasta el final. La cruz: el final del juego que se ha jugado sin razón hasta el final.
No, no hay sacrilegio; más bien una mirada lúcida, triste, pensativa y que intenta penetrar hasta lo esencial. ¿Y qué revela lo esencial cuando todos los sueños sociales se han evaporado y el hombre ve "cómo se anula para él [...] toda salida religiosa"? El cuerpo. El único ecce homo,evidente, patético y concreto. Porque "lo que sí es seguro es que somos carne, somos carcasas en potencia. Si voy a un carnicero, siempre me parece sorprendente no estar yo allí, en lugar del animal".
No es ni pesimismo ni desesperación, es una simple evidencia, pero una evidencia que normalmente queda disimulada por nuestra pertenencia a una colectividad que nos ciega con sus sueños, sus estímulos, sus proyectos, sus ilusiones, sus luchas, sus causas, sus religiones, sus ideologías, sus pasiones. Y, un buen día, cae el velo y nos deja a solas con el cuerpo, a merced del cuerpo, como lo estaba la joven praguense que, después de la conmoción de un interrogatorio, se iba cada tres minutos al servicio. Había quedado reducida a su miedo, a la rabia de sus entrañas y al ruido del agua que ella oía caer en la cisterna como yo la oigo caer cuando miro Figura inclinada sobre una jofaina, de 1976, o el Tríptico, de 1973, de Bacon. La joven praguense ya no se enfrentaba a la policía, sino a su propio vientre, y si alguien presidió, invisible, aquella pequeña escena de horror no fue un policía, un apparatchik, un verdugo, sino un Dios, o un Anti-Dios, el Dios malvado de los gnósticos, un Demiurgo, un Creador, aquel que nos ha hecho caer en la trampa de ese "accidente"del cuerpo que él ha manipulado en su taller y al que, durante algún tiempo, nos vemos obligados a servir de alma.
Bacon espiaba con frecuencia ese taller del Creador; puede comprobarse, por ejemplo, en los cuadros titulados Estudio del cuerpo humano en los que desenmascara el cuerpo humano como simple "accidente", accidente que podría haber sido confeccionado de modo muy distinto, por ejemplo, qué sé yo, con tres manos o con los ojos situados en las rodillas. Éstos son los únicos cuadros que me llenan de horror. Pero ¿es "horror" la palabra acertada? No. No hay palabra acertada para la sensación que suscitan estos cuadros. Lo que suscitan no es el horror que conocemos, el que se debe a las locuras de la Historia, a la tortura, a la persecución, a la guerra, a las masacres, al sufrimiento. No. En Bacon, es un horror muy distinto: proviene del carácter accidental del cuerpo humano súbitamente revelado por el pintor.
9 ¿Qué nos queda cuando hemos bajado hasta aquí? El rostro; el rostro que contiene “ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto”, que es el “yo” infinitamente frágil estremeciéndose en un cuerpo; el rostro sobre el que fijo mi mirada con el fin de encontrar una razón para vivir ese “accidente desprovisto de sentido” que es la vida.
[Capítulo I de Milan Kundera: Un encuentro, Tusquets Editores, 2009.]
© Milan Kundera: Une rencontre, 2009
© de la traducción: Beatriz de Moura, 2009
(ensayo reproducido del blog 'el boomeran(g)')
viernes, 17 de diciembre de 2010
CHIP EN EL ALMA
¿Por qué esta foto de Cristóbal Manuel, aparecida en enero 2010, te conmovió y te dejó
de una pieza? Creo que porque guardas en el chip miles de imágenes recogidas durante y
después de los terremotos de 1985 en la ciudad de México, porque los sismos de Haití
de principios de año desnudaron las miserias de un país subyugado por dictaduras, como
la del PRI aquí primero y la del PAN ahora; por los cientos de desplazados de ciudad Mier,
Tamaulipas, a otras partes. Imagen a un tiempo descarnada y poética tomada de El País.
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