“La pasión del público por la justicia me resulta aburrida y artificial, ya que ni a la vida ni a la naturaleza les afecta si la justicia se lleva a cabo o no.” La idea, que tal vez ya no escandalice a nadie, resultaba más polémica para la inestable sociedad estadounidense de 1966, cuando se publicó por primera vez Suspenso, breve ensayo didáctico en el que Patricia Highsmith discurre sobre la práctica de tramar y escribir novelas y relatos de género. Más osada y punzante, sin embargo, resuena todavía hoy al doblar la apuesta: “El público, o al menos el público en general, quiere asistir al triunfo de la ley, aunque al mismo tiempo le guste la brutalidad. No obstante, la brutalidad debe pertenecer al bando de los buenos. Los héroes-detectives pueden ser brutales, carecer de escrúpulos sexuales, pegarles puntapiés a las mujeres y seguir siendo populares porque, se supone, andan tras algo mucho peor que ellos mismos”.
El párrafo desbarata, contundente, la consabida idea de que la literatura o el universo creados por la genial tejana es uno de sesgo amoral. Como puede verse, Highsmith descree de la oposición entre buenos y malos, y de la ley que los constituye como tales, pero no por ello considera menos condenable eso que llama aquí “brutalidad”. A quien lo crea tan sólo un prurito estético –la autora rechazaría la brutalidad por “desagradable”–, una relectura atenta de la cita le permitirá advertir que lejos de una cuestión de gustos, como resulta evidente en el “mucho peor que ellos mismos”, se trata aquí de lo repudiable en un sentido visceral, de lo correcto y lo incorrecto… en suma, de una cuestión moral.
¿Por qué entonces abundan en su literatura los criminales que se salen con la suya, una mirada nada condenatoria, más bien entretenida, de los asesinos, por qué la renuencia al castigo, acompañada casi siempre de muy poca simpatía por los agentes de la ley y el orden? ¿Acaso no caen también sus antihéroes en la “brutalidad”? La vieja lectora de Conrad, Kierkegaard y Dostoievski nos dedicaría una mirada de sorna. Lo condenable, si se lee con atención la cita, no es meramente la violencia; al fin y al cabo –diría encogiéndose de hombros– la naturaleza está llena de eso. El problema son las infinitesimales formas de violencia y maltrato aceptadas en la sociedad, incluso por la justicia, a punto tal que se nos han vuelto invisibles, naturales, primitivas, brutales.
De allí la solidaridad con Víctor, el inolvidable matricidaniño de “La tortuga de agua dulce”. Sólo esta comprensión del dolor agazapado en las condiciones de existencia normales permite desarrollar un personaje como el de Odile Masaratti, protagonista de “El mes más cruel”. Al comenzar el relato, prejuzgamos que se trata de una solterona un poco chiflada, un poco idiota (la ironía en boga no vacilaría en despacharla sin piedad), que se da ínfulas torturando a célebres escritores con una andanada de correspondencia indeseada; al terminar, sin dejar de reconocer la cuota de verdad presente en todo lo anterior, nos embarga una enorme tristeza por esa mujercita que, por el solo hecho de haber nacido donde ha nacido, haber tenido su vida y no otra, haberle tocado ser ella, en suma, ha llegado, desfigurada, a descubrir que “la vida no era otra cosa que un intento de conseguir algo, seguido siempre de desilusión, y la gente seguía adelante, hacía lo que tenía que hacer, servía… ¿a qué?”
Su simpatía se vuelve en múltiples ocasiones una cuestión estrictamente de clase, como es palmario en la construcción de su héroe más famoso, el advenedizo Tom Ripley, ni más ni menos que un joven que anhela llevar una existencia artística vedada por su condición de nacimiento. Los actos de violencia de estos personajes, lejos de la brutalidad, son estallidos lógicos, aunque incomprensibles para ellos, en contra de un estado de cosas que resulta fundamentalmente injusto, y el nerviosismo eléctrico y constante de la prosa advierte, tras la máscara de control que le presta el manejo dúctil de la trama, el malestar en la cultura. Por si fuera poco, en la mirada desencantada de Highsmith el acto violento no necesariamente modifica para bien o mal las condiciones de vida, ni siquiera llama la atención; muchas veces –peor aún– todo sigue más o menos igual que en un rotundo siempre.
En ese desprecio de la ley social a partir del reconocimiento del dolor como principio moral absoluto, más allá incluso del deseo, es posible reconocer la huella de los chismes biográficos más ventilados sobre ella (el alcoholismo, la experiencia lésbica en una sociedad represiva), como así también la fuente de su supuesta misantropía. Más interesante, sin embargo, resulta recobrar a partir de este fastidio una faceta silenciada por sus “defensores”, en el marco de una polémica ya casi inexistente: su condición de trabajadora de la escritura. Patricia Highsmith no oculta, ni en su breve ensayo ni mucho menos en su obra, la intención de ganarse la vida escribiendo, de sortear un destino gris, anodino, insoportable, mediante el astuto ejercicio de una actividad que no necesariamente se somete a los códigos de la ley. Para ello, siendo una muchachita nacida en Texas, criada por sus abuelos, era necesario producir acorde con las necesidades del mercado, y haciendo de la necesidad virtud, hoy una de las características más deslumbrantes de su prosa resulta esa capacidad de llevar adelante con sinuoso paso de gato un proyecto literario –contrabandearlo si se quiere– dentro de la literatura industrial, sin necesidad alguna de sobreactuar con estridencia (antes bien, lo contrario) este accionar delictivo, al igual que los caracoles, una vez que ya no sirven de escudo, terminan capturando en su interior todo el mar.
(nota de Hugo Salas, Radar/Página12, tomada de "Elmalpensante", revista on line.)
martes, 20 de marzo de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
Atentado a los libros
Hacía muchos años que aquella maldita costumbre de los bárbaros (en el franquismo postrero, en los principios de la Transición) no volvía a asombrar a los que creemos que los libros son materia sagrada de lectura, de conocimiento y de concordia. Y ha vuelto a pasar.
Muy temprano esta mañana un ciudadano trató de incendiar la Librería Antonio Machado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Lanzó objetos contundentes (sillas que robó del bar de al lado) contra la potente cristalera, y luego intentó incendiar el interior lanzando contra las vidrieras deterioradas por él pastillas incendiarias propias de los asados y las barbacoas.
Previamente, según me cuenta Miguel Visor, el librero, este incendiario se había sentado a leer un libro, precisamente, según registran las cámaras que grabaron el incidente. Y después se dedicó a cumplir con su oscura misión. Ahora la policía busca sospechosos y se encarga del caso. Es posible que haya sido cualquier cosa, un incendiario sin más, o un individuo que quería dañar para avisar.
Quién sabe. Lo que queda del incidente ahora es su carácter simbólico, pues en este país por desgracia se supo en los aledaños de la democracia, antes y después, cuántos entienden la existencia de los libros como un signo evidente de cultura sospechosa.
Miguel Visor me dijo que se sintió, al hacer la denuncia, como un chaval de los años 60 cuya librería principal, la Antonio Machado de la calle Fernando VI recibió la indeseable visita de los ultras. La Machado, la Alberti..., tantas librerías de Madrid, de Barcelona, de Sevilla, de tantos sitios, recibieron la maldita visita del fuego que ahora en seguida viene a nuestra memoria el dramático simbolismo de esos humos. Y se queda uno helado.
(No lo sabemos, ¿se atentó contra la memoria del hombre, o sea, contra una librería; o se atentó, en el pasado y en el presente, contra el símbolo de nombres como Antonio Machado, Rafael Alberti, como pudieron ser Federico García Lorca, Jaime Gil de Biedma o Luis Cernuda? La sola memoria de los juglares-poetas que fueron por la vida con la bandera de su pluma, su patria, su sexualidad, sí, su sexualidad, ¿sigue irritando a la derecha que avanza como metástasis sobre este mundo flagelado? Nota de Juan Cruz en El País, en línea.)
Muy temprano esta mañana un ciudadano trató de incendiar la Librería Antonio Machado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Lanzó objetos contundentes (sillas que robó del bar de al lado) contra la potente cristalera, y luego intentó incendiar el interior lanzando contra las vidrieras deterioradas por él pastillas incendiarias propias de los asados y las barbacoas.
Previamente, según me cuenta Miguel Visor, el librero, este incendiario se había sentado a leer un libro, precisamente, según registran las cámaras que grabaron el incidente. Y después se dedicó a cumplir con su oscura misión. Ahora la policía busca sospechosos y se encarga del caso. Es posible que haya sido cualquier cosa, un incendiario sin más, o un individuo que quería dañar para avisar.
Quién sabe. Lo que queda del incidente ahora es su carácter simbólico, pues en este país por desgracia se supo en los aledaños de la democracia, antes y después, cuántos entienden la existencia de los libros como un signo evidente de cultura sospechosa.
Miguel Visor me dijo que se sintió, al hacer la denuncia, como un chaval de los años 60 cuya librería principal, la Antonio Machado de la calle Fernando VI recibió la indeseable visita de los ultras. La Machado, la Alberti..., tantas librerías de Madrid, de Barcelona, de Sevilla, de tantos sitios, recibieron la maldita visita del fuego que ahora en seguida viene a nuestra memoria el dramático simbolismo de esos humos. Y se queda uno helado.
(No lo sabemos, ¿se atentó contra la memoria del hombre, o sea, contra una librería; o se atentó, en el pasado y en el presente, contra el símbolo de nombres como Antonio Machado, Rafael Alberti, como pudieron ser Federico García Lorca, Jaime Gil de Biedma o Luis Cernuda? La sola memoria de los juglares-poetas que fueron por la vida con la bandera de su pluma, su patria, su sexualidad, sí, su sexualidad, ¿sigue irritando a la derecha que avanza como metástasis sobre este mundo flagelado? Nota de Juan Cruz en El País, en línea.)
1982, muere la Cineteca de Alejandría
México, DF.- En el documental Los rollos perdidos, dirigido por Gibrán Bazán, el investigador y crítico de cine Jorge Ayala Blanco culpa a Fernando del Moral González del incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido el 24 de marzo de 1982.
En esa época, Del Moral González se desempeñaba como coordinador de la Cineteca Nacional, cuyas instalaciones se ubicaban en la confluencia de Río Churubusco y Tlalpan, actual sede del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
Ante la pregunta qué había detrás de la pantalla de la sala Fernando de Fuentes que explotó, Blanco cuenta que se encontraba un closet de madera donde Del Moral González, metía las cintas más valiosas e importantes porque él quería ser el primero en analizarlas:
“Días anteriores al incendio, llegaron del interior de la República materiales de nitrato, que es explosión. Para que haya una explosión de una lata, se necesita sobre todo convertirlo en algo cercano a la explosión desde un punto de vista físico-químico, no es más que un movimiento acelerado de moléculas. Los rollos habían llegado en camiones, o sea, se agitaron durante el transporte por tierra, esos materiales ya venían agitados y necesitaban una mayor aceleración de las moléculas, porque exactamente en el momento de mayor acción es cuando estallan, y aquí fue por el ruido, el cual también agita. Y salió una lengüeta de fuego y después varias explosiones más de las latas, y en ese momento se inició el incendio.
“El verdadero culpable sigue vivo, tienen nombre y apellido. Se llama Fernando del Moral. Esas declaraciones las he dicho a varios medios informativos y jamás han salido”, afirma.
Del Moral González es especialista en rescate y preservación de películas históricas. Por ello ha recibido en dos ocasiones el Premio Paul Coremans que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por la restauración de películas documentales inéditas de la época de la Revolución Mexicana, como impactantes imágenes de la Decena Trágica, cuando fue derrocado el gobierno de Francisco I. Madero en 1913; o la llegada de los restos del poeta Manuel Acuña a Saltillo, Coahuila, en 1917.
Fue el primer especialista mexicano en preservación de cine reconocido por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (Fiaf). Es autor de artículos, ensayos y ponencias de sus trabajos.
Gibrán Bazán buscó a Del Moral González; pero éste se negó a hablar, sobre todo si era sobre la Cineteca Nacional.
Los rollos perdidos ofrece dos historias, en una se aborda la pérdida de las filmaciones que el cineasta Servando González realizó junto con su equipo el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, donde captó la matanza de estudiantes, para después centrarse en el incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido el 24 de marzo de 1982, que arrasó con más del 90% del acervo fílmico de México.
En la primera parte del filme, y con base en testimonios de testigos y especialistas, se narra la manera como Servando González fue contratado por la suma de 20 mil pesos por el gobierno mexicano, para filmar una manifestación que tendría lugar en la Plaza de las Tres Culturas, y que sería dispersada “con mano dura”.
El equipo de la filmación de Los rollos perdidos subió después de cuatro décadas a los pisos 17 y 19 de la Torre de Relaciones Exteriores, desde donde el cineasta filmó la masacre, utilizando un equipo de ocho cámaras, apoyado por camarógrafos como Ángel Bilbatúa y Alex Phillips, para captar lo ocurrido aquel día.
Se incluyen diversas teorías sobre el destino de esas ocho horas de material filmadas que reunían 14 mil pies de película y que fueron reveladas en los Estudios Churubusco la madrugada del 3 de octubre, lo que evidencia la costumbre que tenía el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, de registrar cualquier acontecimiento en cine.
En la segunda parte en torno al incendio del 24 de marzo de 1982 en la Cineteca Nacional, se proyectan los testimonios de testigos que presenciaron el incendio y las explosiones ocurridas ese día. Se da voz a especialistas que formulan diversas teorías para explicar lo ocurrido y que van desde la explosión de los tanques de gas de una cafetería, sabotajes, material de nitrato, mostrando ante todo la confusión que prevalece con respecto al tema.
Pero es Jorge Ayala Blanco, quien se centra en la misteriosa e inexplicable primera explosión que ocurrió detrás de la pantalla de la sala Fernando de Fuentes, donde supuestamente no existía nada almacenado.
El cineasta Gibrán Bazán no quería que a los 30 años del incendio de la Cineteca Nacional, “se guardara silencio de nuevo sobre el tema”.
Al realizador siempre lo perseguía la interrogante de cuál fue el destino de esas ocho horas de material filmadas por Servando González y su equipo en Tlatelolco y que registraban todo lo ocurrido con el detalle que dan las cámaras Arriflex de 35 milímetros. Y que de acuerdo con las declaraciones de un presunto testigo, más de una hora de las pruebas del positivo de los filmes se salvaron y fueron guardados durante años en una lata bajo otro nombre:
“Supuestamente, años después, en 1976, cuando la Cineteca Nacional de Tlalpan y Churubusco se encontraba reuniendo su acervo, fueron depositadas en sus bóvedas, para la propia seguridad de quienes habían conservado el material.”
Para la investigación se entrevistó a trabajadores del recinto, a excoordinadores, a cineastas que alguna vez hurgaron en sus archivos y dieron cuenta del material perdido, mismo que contradice las versiones de que “sólo se quemaron copias”; y evidencia la riqueza de un acervo de materiales de numerosos países, que hacían de la Cineteca de Tlalpan y Churubusco, la “Biblioteca de Alejandría”, del cine universal.
Durante el proceso de investigación para ambas historias, el director, se topó “con una extraña resistencia a hablar y conceder entrevistas acerca de los hechos”, que en lo personal atribuye más a una creencia errónea o inercia de auto censura. “De hecho, solicitamos más de 70 entrevistas con personas que podían dar un testimonio, y de ellas, menos de la tercera parte accedieron a aparecer en el filme”.
Es el primer documental que aborda el incendio de la Cineteca Nacional. Y deja entrever, aunque sin claridad, que pudo ocasionarse el incendio porque allí se guardaba “por lo menos una hora de material sobre la matanza estudiantil de 1968”.
(Fernando del Moral tuvo y mantuvo una querella con Televisa cuando la empresa utilizó material de la Revolución Mexicana restaurado por él mismo para el INAH, sin darle el crédito correspondiente, ni, mucho menos, pagarle regalías. Se sabe que el pleito lo ganó el investigador de la historia del cine silente en México y autor de la Cineteca de La Laguna, cuyo acervo le ha llevado años de investigación, acopio y restauración. Nota de Columba Vértiz tomada íntegra de Apro, agencia del semanario Proceso en línea.)
En esa época, Del Moral González se desempeñaba como coordinador de la Cineteca Nacional, cuyas instalaciones se ubicaban en la confluencia de Río Churubusco y Tlalpan, actual sede del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
Ante la pregunta qué había detrás de la pantalla de la sala Fernando de Fuentes que explotó, Blanco cuenta que se encontraba un closet de madera donde Del Moral González, metía las cintas más valiosas e importantes porque él quería ser el primero en analizarlas:
“Días anteriores al incendio, llegaron del interior de la República materiales de nitrato, que es explosión. Para que haya una explosión de una lata, se necesita sobre todo convertirlo en algo cercano a la explosión desde un punto de vista físico-químico, no es más que un movimiento acelerado de moléculas. Los rollos habían llegado en camiones, o sea, se agitaron durante el transporte por tierra, esos materiales ya venían agitados y necesitaban una mayor aceleración de las moléculas, porque exactamente en el momento de mayor acción es cuando estallan, y aquí fue por el ruido, el cual también agita. Y salió una lengüeta de fuego y después varias explosiones más de las latas, y en ese momento se inició el incendio.
“El verdadero culpable sigue vivo, tienen nombre y apellido. Se llama Fernando del Moral. Esas declaraciones las he dicho a varios medios informativos y jamás han salido”, afirma.
Del Moral González es especialista en rescate y preservación de películas históricas. Por ello ha recibido en dos ocasiones el Premio Paul Coremans que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por la restauración de películas documentales inéditas de la época de la Revolución Mexicana, como impactantes imágenes de la Decena Trágica, cuando fue derrocado el gobierno de Francisco I. Madero en 1913; o la llegada de los restos del poeta Manuel Acuña a Saltillo, Coahuila, en 1917.
Fue el primer especialista mexicano en preservación de cine reconocido por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (Fiaf). Es autor de artículos, ensayos y ponencias de sus trabajos.
Gibrán Bazán buscó a Del Moral González; pero éste se negó a hablar, sobre todo si era sobre la Cineteca Nacional.
Los rollos perdidos ofrece dos historias, en una se aborda la pérdida de las filmaciones que el cineasta Servando González realizó junto con su equipo el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, donde captó la matanza de estudiantes, para después centrarse en el incendio de la Cineteca Nacional, ocurrido el 24 de marzo de 1982, que arrasó con más del 90% del acervo fílmico de México.
En la primera parte del filme, y con base en testimonios de testigos y especialistas, se narra la manera como Servando González fue contratado por la suma de 20 mil pesos por el gobierno mexicano, para filmar una manifestación que tendría lugar en la Plaza de las Tres Culturas, y que sería dispersada “con mano dura”.
El equipo de la filmación de Los rollos perdidos subió después de cuatro décadas a los pisos 17 y 19 de la Torre de Relaciones Exteriores, desde donde el cineasta filmó la masacre, utilizando un equipo de ocho cámaras, apoyado por camarógrafos como Ángel Bilbatúa y Alex Phillips, para captar lo ocurrido aquel día.
Se incluyen diversas teorías sobre el destino de esas ocho horas de material filmadas que reunían 14 mil pies de película y que fueron reveladas en los Estudios Churubusco la madrugada del 3 de octubre, lo que evidencia la costumbre que tenía el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, de registrar cualquier acontecimiento en cine.
En la segunda parte en torno al incendio del 24 de marzo de 1982 en la Cineteca Nacional, se proyectan los testimonios de testigos que presenciaron el incendio y las explosiones ocurridas ese día. Se da voz a especialistas que formulan diversas teorías para explicar lo ocurrido y que van desde la explosión de los tanques de gas de una cafetería, sabotajes, material de nitrato, mostrando ante todo la confusión que prevalece con respecto al tema.
Pero es Jorge Ayala Blanco, quien se centra en la misteriosa e inexplicable primera explosión que ocurrió detrás de la pantalla de la sala Fernando de Fuentes, donde supuestamente no existía nada almacenado.
El cineasta Gibrán Bazán no quería que a los 30 años del incendio de la Cineteca Nacional, “se guardara silencio de nuevo sobre el tema”.
Al realizador siempre lo perseguía la interrogante de cuál fue el destino de esas ocho horas de material filmadas por Servando González y su equipo en Tlatelolco y que registraban todo lo ocurrido con el detalle que dan las cámaras Arriflex de 35 milímetros. Y que de acuerdo con las declaraciones de un presunto testigo, más de una hora de las pruebas del positivo de los filmes se salvaron y fueron guardados durante años en una lata bajo otro nombre:
“Supuestamente, años después, en 1976, cuando la Cineteca Nacional de Tlalpan y Churubusco se encontraba reuniendo su acervo, fueron depositadas en sus bóvedas, para la propia seguridad de quienes habían conservado el material.”
Para la investigación se entrevistó a trabajadores del recinto, a excoordinadores, a cineastas que alguna vez hurgaron en sus archivos y dieron cuenta del material perdido, mismo que contradice las versiones de que “sólo se quemaron copias”; y evidencia la riqueza de un acervo de materiales de numerosos países, que hacían de la Cineteca de Tlalpan y Churubusco, la “Biblioteca de Alejandría”, del cine universal.
Durante el proceso de investigación para ambas historias, el director, se topó “con una extraña resistencia a hablar y conceder entrevistas acerca de los hechos”, que en lo personal atribuye más a una creencia errónea o inercia de auto censura. “De hecho, solicitamos más de 70 entrevistas con personas que podían dar un testimonio, y de ellas, menos de la tercera parte accedieron a aparecer en el filme”.
Es el primer documental que aborda el incendio de la Cineteca Nacional. Y deja entrever, aunque sin claridad, que pudo ocasionarse el incendio porque allí se guardaba “por lo menos una hora de material sobre la matanza estudiantil de 1968”.
(Fernando del Moral tuvo y mantuvo una querella con Televisa cuando la empresa utilizó material de la Revolución Mexicana restaurado por él mismo para el INAH, sin darle el crédito correspondiente, ni, mucho menos, pagarle regalías. Se sabe que el pleito lo ganó el investigador de la historia del cine silente en México y autor de la Cineteca de La Laguna, cuyo acervo le ha llevado años de investigación, acopio y restauración. Nota de Columba Vértiz tomada íntegra de Apro, agencia del semanario Proceso en línea.)
Dharun Ravi, condenado
Tras dos semanas de juicio y tres días de deliberaciones por parte de un jurado popular, el caso que ha abierto un gran debate en Estados Unidos sobre los jóvenes gais y la intimidad en Internet ha llegado a su fin. Dharun Ravi, de 20 años, ha sido declarado culpable de varios cargos de intimidación, acoso y discriminación sexual por grabar con una webcam y sin permiso a su compañero de cuarto, Tyler Clementi, mientras besaba a otro hombre y luego difundir estas imágenes a través de redes sociales como Facebook y Twitter. Ravi, que estaba acusado de 15 delitos, solo ha sido absuelto de los delitos menores.
La sentencia se leerá el próximo 21 de mayo y expertos legales han declarado que la condena podría alcanzar los 10 años de prisión por todos los cargos.
Ravi, estudiante de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, divulgó el 19 de septiembre de 2010 en Twitter y por mensajes de texto imágenes íntimas de su compañero de habitación, Tyler Clementi. Este último se quitó la vida cuatro días después saltando del puente de George Washington en Nueva York. En ningún momento Ravi ha sido acusado directamente por la muerte de Clementi.
El desarrollo del juicio ha incluido el testimonio de 30 personas durante 12 días -comenzó el pasado 24 de febrero-. El argumento del abogado defensor ha sido que “Ravi se sorprendió al encender su webcam y ver a su compañero de habitación en una situación íntima con otro hombre, y no supo cómo reaccionar", dijo. "Es un adolescente. Estaba preocupado de que pudiera sufrir un robo por parte del hombre que había en su habitación”, añadió. La fiscal del condado, Julia McClure, por su parte, defendió en todo momento que, según unos amigos del acusado, este ya estaba preocupado con anterioridad de la orientación sexual de Clementi.
En septiembre de 2010, el caso de Clementi desencadenó un gran debate, llegando incluso a ser comentado por Ellen DeGeneres en su popular programa de televisión. Tras el suceso, las autoridades de Nueva Jersey aprobaron una ley contra el acoso y la propia Universidad de Rutgers cambió su política de adjudicación de habitación.
(Si el abogado alega que Ravi era menor de edad y que no sabía lo que hacía no sólo lo encubre sino que espera tomarle el pelo al jurado popular, en todo caso debe también analizarse la "permisividad" de Facebook y Twiter, sobre todo cuando se vulneran los derechos de terceros. Nota tomada de El País.)
La sentencia se leerá el próximo 21 de mayo y expertos legales han declarado que la condena podría alcanzar los 10 años de prisión por todos los cargos.
Ravi, estudiante de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, divulgó el 19 de septiembre de 2010 en Twitter y por mensajes de texto imágenes íntimas de su compañero de habitación, Tyler Clementi. Este último se quitó la vida cuatro días después saltando del puente de George Washington en Nueva York. En ningún momento Ravi ha sido acusado directamente por la muerte de Clementi.
El desarrollo del juicio ha incluido el testimonio de 30 personas durante 12 días -comenzó el pasado 24 de febrero-. El argumento del abogado defensor ha sido que “Ravi se sorprendió al encender su webcam y ver a su compañero de habitación en una situación íntima con otro hombre, y no supo cómo reaccionar", dijo. "Es un adolescente. Estaba preocupado de que pudiera sufrir un robo por parte del hombre que había en su habitación”, añadió. La fiscal del condado, Julia McClure, por su parte, defendió en todo momento que, según unos amigos del acusado, este ya estaba preocupado con anterioridad de la orientación sexual de Clementi.
En septiembre de 2010, el caso de Clementi desencadenó un gran debate, llegando incluso a ser comentado por Ellen DeGeneres en su popular programa de televisión. Tras el suceso, las autoridades de Nueva Jersey aprobaron una ley contra el acoso y la propia Universidad de Rutgers cambió su política de adjudicación de habitación.
(Si el abogado alega que Ravi era menor de edad y que no sabía lo que hacía no sólo lo encubre sino que espera tomarle el pelo al jurado popular, en todo caso debe también analizarse la "permisividad" de Facebook y Twiter, sobre todo cuando se vulneran los derechos de terceros. Nota tomada de El País.)
domingo, 18 de marzo de 2012
Pessoa y el retorno de don Sebastián
Portugal debe a la conjunción de dos hechos, uno trágico y otro de naturaleza exegética, la emergencia del sebastianismo como leyenda. El hecho hermenéutico, a su vez, consecuencia de la lectura del antiguo testamento por parte de un zapatero de Trancoso, llamado Gonzalo Annes de Bandarra, consistió en la elaboración de una serie de trovas en las que el artesano anunciaba la llegada de un Mesías. El vaticinio del zapatero provocó más de una interpretación que construyeron el campo teórico que cobijaría a la leyenda.
El hecho trágico lo proporcionó la desaparición de un monarca. El rey don Sebastián de Portugal partió para Marruecos en 1578 donde, presuntamente, perdió la vida frente las murallas de Alcazarquivir junto a más de dieciséis mil combatientes. La desaparición del monarca, sin descendencia, sumió al país luso en la catástrofe, obligado a anexionarse a España desde el reinado de Felipe II, tío de don Sebastián, hasta el de Felipe IV. El cuerpo del rey nunca fue encontrado y nadie lo vio morir. Las rimas de Bandarra se vieron con otra luz. Don Sebastián era el Mesías que habría de volver para instaurar un nuevo Imperio devolviendo a Portugal el esplendor y libertad perdidos.
Podría parecer exagerado decir que los portugueses aún esperan la llegada de don Sebastián, pero a tenor de los comentarios que suscitó una noticia en un medio sobre la publicación de un libro de Fernando Pessoa sobre sebastianismo con documentos inéditos, la vigencia de la leyenda en el imaginario colectivo parece seguir vigente. Un lector comentaba en el diario Público portugués que "nunca como ahora, el sebastianismo, como forma de enfrentar la dura realidad, se convirtió en una filosofía de vida. ¿Es irracional? Tal vez! Pero tiene el mismo mérito que los sueños o las religiones. Es decir, si, para nuestro equilibrio emocional, es útil creer que un Sebastião nos salvará del FMI y de los mercados, ¿qué hay de malo? Creo que éste fue el espíritu con que Pessoa escribió Mensagem".
Fernando Pessoa, cuya patria era la "lengua portuguesa", escribió sobre el sebastianismo y vaticinó a su vez la llegada de un Quinto Imperio que, liderado por un Supra-Camões, volvería a situar a Portugal en el lugar que se merecía. El poeta en 1912 se estrenó en la revista Á Aguia con un artículo que levantaría una gran polémica en Portugal. La nueva poesía portuguesa sociológicamente considerada establecía un paralelismo entre Inglaterra y Francia y en el que auguraba la llegada de un nuevo esplendor literario para Portugal.
Editado en Ática por Jorge Uribe y Pedro Sepúlveda y coordinado por Jerónimo Pizarro , Fernando Pessoa: Sebastianismo e Quinto Império, presenta los textos en los que el poeta portugués habla de la leyenda que acuñó Bandarra y que le sirvió para presentarse como aquel que había de restituir el lugar literario y nacional que el país merecía. Leemos en la introducción de la obra: "La responsabilidad del artista se trasluce en la voluntad de escribir una obra literaria de dimensión nacional y, de esta manera, el vínculo con la nación depende de la posibilidad de crear un puente mítico entre sí mismo y su patria". El poeta intentó renovar la nacionalidad mítica del país. Mensagem, el único libro en portugués que publicó en vida, es la expresión de dicho intento: "¿cuándo volverás, Encubierto,/portugués sueño de las eras, /a traer más que el soplo incierto/ del gran anhelo de Dios que eras?".
Entre joyas inéditas, la publicación presenta, anexada, una entrevista a Pessoa de diciembre de 1922 para la Revista Portuguesa. En ella el poeta expresa lo que piensa sobre la crisis a principios de siglo y afirma: "nuestra crisis política es ser gobernados por una mayoría que no existe. Nuestra crisis moral es que desde 1580 dejó de haber individuos en Portugal para haber sólo portugueses. Nuestra crisis intelectual es simplemente no ser conscientes de esto".
(nota tomada de La Vanguardia en línea.)
El hecho trágico lo proporcionó la desaparición de un monarca. El rey don Sebastián de Portugal partió para Marruecos en 1578 donde, presuntamente, perdió la vida frente las murallas de Alcazarquivir junto a más de dieciséis mil combatientes. La desaparición del monarca, sin descendencia, sumió al país luso en la catástrofe, obligado a anexionarse a España desde el reinado de Felipe II, tío de don Sebastián, hasta el de Felipe IV. El cuerpo del rey nunca fue encontrado y nadie lo vio morir. Las rimas de Bandarra se vieron con otra luz. Don Sebastián era el Mesías que habría de volver para instaurar un nuevo Imperio devolviendo a Portugal el esplendor y libertad perdidos.
Podría parecer exagerado decir que los portugueses aún esperan la llegada de don Sebastián, pero a tenor de los comentarios que suscitó una noticia en un medio sobre la publicación de un libro de Fernando Pessoa sobre sebastianismo con documentos inéditos, la vigencia de la leyenda en el imaginario colectivo parece seguir vigente. Un lector comentaba en el diario Público portugués que "nunca como ahora, el sebastianismo, como forma de enfrentar la dura realidad, se convirtió en una filosofía de vida. ¿Es irracional? Tal vez! Pero tiene el mismo mérito que los sueños o las religiones. Es decir, si, para nuestro equilibrio emocional, es útil creer que un Sebastião nos salvará del FMI y de los mercados, ¿qué hay de malo? Creo que éste fue el espíritu con que Pessoa escribió Mensagem".
Fernando Pessoa, cuya patria era la "lengua portuguesa", escribió sobre el sebastianismo y vaticinó a su vez la llegada de un Quinto Imperio que, liderado por un Supra-Camões, volvería a situar a Portugal en el lugar que se merecía. El poeta en 1912 se estrenó en la revista Á Aguia con un artículo que levantaría una gran polémica en Portugal. La nueva poesía portuguesa sociológicamente considerada establecía un paralelismo entre Inglaterra y Francia y en el que auguraba la llegada de un nuevo esplendor literario para Portugal.
Editado en Ática por Jorge Uribe y Pedro Sepúlveda y coordinado por Jerónimo Pizarro , Fernando Pessoa: Sebastianismo e Quinto Império, presenta los textos en los que el poeta portugués habla de la leyenda que acuñó Bandarra y que le sirvió para presentarse como aquel que había de restituir el lugar literario y nacional que el país merecía. Leemos en la introducción de la obra: "La responsabilidad del artista se trasluce en la voluntad de escribir una obra literaria de dimensión nacional y, de esta manera, el vínculo con la nación depende de la posibilidad de crear un puente mítico entre sí mismo y su patria". El poeta intentó renovar la nacionalidad mítica del país. Mensagem, el único libro en portugués que publicó en vida, es la expresión de dicho intento: "¿cuándo volverás, Encubierto,/portugués sueño de las eras, /a traer más que el soplo incierto/ del gran anhelo de Dios que eras?".
Entre joyas inéditas, la publicación presenta, anexada, una entrevista a Pessoa de diciembre de 1922 para la Revista Portuguesa. En ella el poeta expresa lo que piensa sobre la crisis a principios de siglo y afirma: "nuestra crisis política es ser gobernados por una mayoría que no existe. Nuestra crisis moral es que desde 1580 dejó de haber individuos en Portugal para haber sólo portugueses. Nuestra crisis intelectual es simplemente no ser conscientes de esto".
(nota tomada de La Vanguardia en línea.)
sábado, 17 de marzo de 2012
Francisco Tario (1911- 1977)
Adolfo Bioy Casares dijo alguna vez que, viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras. Más cercano a nuestro tiempo, hubo sin duda un momento en el que lectores escépticos empezaron a distinguir entre las ficciones fantásticas y las reales. Las segundas tratan, con ostentativo cuidado, de evitar toda insinuación de fantasmas, licántropos y platos voladores; las primeras, más generosas, admiten que ningún hecho es, desde la perspectiva humana, enteramente comprensible y por lo tanto narran con igual precaución la supuesta locura de Hamlet y la misteriosa conducta del Doctor Hyde.
No toda literatura fantástica lo es de la misma manera. Por un lado, está aquella en la que es fantástico el mundo en el que transcurre la narración, pero no así los eventos mismos. Árboles azules y ríos de fuego pueden formar parte del paisaje, pero quienes allí viven deben plegarse implacablemente a las reglas físicas de estos elementos que, para ellos, no son insólitos. Así en el mundo de Alicia los animales hablan y los naipes están vivos, pero tanto estos como Alicia deben obedecer a la implacable lógica de su condición existencial. Por otro, hay una literatura fantástica en la que el mundo de los eventos narrados es tan real como el nuestro, salvo que en él ocurre algo (un desliz en el tiempo, un salto en el espacio, una inesperada metamorfosis) que lleva al lector a sospechar que, aunque existen explicaciones lógicas para lo ocurrido (el evento fue soñado, el protagonista estaba loco, hubo una inesperada coincidencia), sólo una explicación fantástica resulta satisfactoria. En castellano, hay pocos ejemplos exitosos del primer género (El exiliado de aquí y allá de Juan Goytisolo y Olvidado Rey Gudú de Ana María Matute, por ejemplo), y muchos del segundo (Borges y compañía).
Hay quizás una tercera versión de la literatura fantástica que combina lo mejor de ambas. Sus antepasados son las leyendas de Bécquer y los decorativos cuentos de Rubén Darío; sus más destacados artífices, Felisberto Hernández, Max Aub, Armonía Somers, Silvina Ocampo, Virgilio Piñera, Salvador Garmendia y el misterioso Francisco Tario, rescatado ahora por Atalanta, con un espléndido prefacio de Alejandro Toledo. Hijo de españoles, Tario nació en México en 1911, bajo el nombre de Francisco Peláez Vega. Eligió su seudónimo porque le gustaba su sonido, y también que su significado, en lengua tarasca, fuera “lugar de ídolos”. Fue pianista, portero del Club Asturias, gerente de tres cines en Acapulco, y escritor, aunque sin pertenecer a ningún cenáculo. Tras la muerte de su mujer, se instaló en Madrid, donde falleció unos quince años más tarde, en 1977. Sus libros incluyen novelas, cuentos y aforismos. Dijo que sus mayores fueron Kafka, Supervielle e Ionesco. Despreció la ciencia-ficción.
En los cuentos fantásticos de Tario lo imposible convive con lo rutinario, lo trágico se vuelve agriamente cómico, lo absurdo irremediablemente lógico. Sus protagonistas son objetos, animales, cosas indefinidas: un féretro enamorado de una jovencita en duelo, un barco que recuerda el ebrio de Rimbaud, una gallina vengadora, un perro fiel hasta la muerte, un traje gris con veleidades metafísicas, un antropófago convincente, un incestuoso y erudito soñador, un niño inocente y aterrador, una caterva de seres monstruosos o fantasmagóricos.
Gabriel García Márquez afirmó alguna vez que el relato de Tario La noche de Margaret Rose era uno de los mejores del siglo XX. Ciertamente es uno de los más extraños, con algo de las alucinaciones de Nerval y algo de las pesadillas de Poe, pero muchos de los otros no son menos buenos. Tario escribe con precisión clínica, sin que el lector tome conciencia de que el narrador está inventando, convenciéndolo, no de la verosimilitud sino de la verdad de lo que está contando. Algo insólito ocurre, algo extraordinario aparece, y de inmediato Tario banaliza el evento con muestras de razonable conducta y sentido común, desplazando así lo fantástico a los márgenes de la historia. Un ejemplo bastará. En el cuento ‘El mico’, la narradora describe su relación con una suerte de mono que descubre en su casa. De pronto, la criatura le alarga los brazos y le dice “mamá”. “Fue el comienzo de una nueva vida, de una rara experiencia que yo jamás había previsto, porque, a partir de aquella fecha, las cosas no fueron ya tan halagüeñas, y dondequiera que me hallara, en el instante más feliz del día, la dolorida palabra volvía a mí, oprimiéndome el corazón”.
Quizás la convicción que los cuentos de Tario despiertan en nosotros se deba a la calma y poética lógica que los gobierna. Cuando algo imposible ocurre en ellos, Tario apacigua nuestra falta de fe con un comentario banal, un detalle que vuelve lo inadmisible obvio. Ya en los antiguos bestiarios chinos se explicaba que una de las características principales del unicornio es su timidez, y que esa es la razón por la cual nadie ha podido observarlo.
(Hace poco, mientras hablaba con una maestra por teléfono en la noche, me dijo "Ya voy a colgar porque voy a contarles un cuento a mis niños para que se duerman", le sugerí que les contara un relato de Francisco Tario, a lo que respondió: "Usted cómo es gacho, Uriel". Le aclaré que era broma pues sabía que las criaturas se crisparían. Nota tomada del suplemento Babelia, de El País.)
No toda literatura fantástica lo es de la misma manera. Por un lado, está aquella en la que es fantástico el mundo en el que transcurre la narración, pero no así los eventos mismos. Árboles azules y ríos de fuego pueden formar parte del paisaje, pero quienes allí viven deben plegarse implacablemente a las reglas físicas de estos elementos que, para ellos, no son insólitos. Así en el mundo de Alicia los animales hablan y los naipes están vivos, pero tanto estos como Alicia deben obedecer a la implacable lógica de su condición existencial. Por otro, hay una literatura fantástica en la que el mundo de los eventos narrados es tan real como el nuestro, salvo que en él ocurre algo (un desliz en el tiempo, un salto en el espacio, una inesperada metamorfosis) que lleva al lector a sospechar que, aunque existen explicaciones lógicas para lo ocurrido (el evento fue soñado, el protagonista estaba loco, hubo una inesperada coincidencia), sólo una explicación fantástica resulta satisfactoria. En castellano, hay pocos ejemplos exitosos del primer género (El exiliado de aquí y allá de Juan Goytisolo y Olvidado Rey Gudú de Ana María Matute, por ejemplo), y muchos del segundo (Borges y compañía).
Hay quizás una tercera versión de la literatura fantástica que combina lo mejor de ambas. Sus antepasados son las leyendas de Bécquer y los decorativos cuentos de Rubén Darío; sus más destacados artífices, Felisberto Hernández, Max Aub, Armonía Somers, Silvina Ocampo, Virgilio Piñera, Salvador Garmendia y el misterioso Francisco Tario, rescatado ahora por Atalanta, con un espléndido prefacio de Alejandro Toledo. Hijo de españoles, Tario nació en México en 1911, bajo el nombre de Francisco Peláez Vega. Eligió su seudónimo porque le gustaba su sonido, y también que su significado, en lengua tarasca, fuera “lugar de ídolos”. Fue pianista, portero del Club Asturias, gerente de tres cines en Acapulco, y escritor, aunque sin pertenecer a ningún cenáculo. Tras la muerte de su mujer, se instaló en Madrid, donde falleció unos quince años más tarde, en 1977. Sus libros incluyen novelas, cuentos y aforismos. Dijo que sus mayores fueron Kafka, Supervielle e Ionesco. Despreció la ciencia-ficción.
En los cuentos fantásticos de Tario lo imposible convive con lo rutinario, lo trágico se vuelve agriamente cómico, lo absurdo irremediablemente lógico. Sus protagonistas son objetos, animales, cosas indefinidas: un féretro enamorado de una jovencita en duelo, un barco que recuerda el ebrio de Rimbaud, una gallina vengadora, un perro fiel hasta la muerte, un traje gris con veleidades metafísicas, un antropófago convincente, un incestuoso y erudito soñador, un niño inocente y aterrador, una caterva de seres monstruosos o fantasmagóricos.
Gabriel García Márquez afirmó alguna vez que el relato de Tario La noche de Margaret Rose era uno de los mejores del siglo XX. Ciertamente es uno de los más extraños, con algo de las alucinaciones de Nerval y algo de las pesadillas de Poe, pero muchos de los otros no son menos buenos. Tario escribe con precisión clínica, sin que el lector tome conciencia de que el narrador está inventando, convenciéndolo, no de la verosimilitud sino de la verdad de lo que está contando. Algo insólito ocurre, algo extraordinario aparece, y de inmediato Tario banaliza el evento con muestras de razonable conducta y sentido común, desplazando así lo fantástico a los márgenes de la historia. Un ejemplo bastará. En el cuento ‘El mico’, la narradora describe su relación con una suerte de mono que descubre en su casa. De pronto, la criatura le alarga los brazos y le dice “mamá”. “Fue el comienzo de una nueva vida, de una rara experiencia que yo jamás había previsto, porque, a partir de aquella fecha, las cosas no fueron ya tan halagüeñas, y dondequiera que me hallara, en el instante más feliz del día, la dolorida palabra volvía a mí, oprimiéndome el corazón”.
Quizás la convicción que los cuentos de Tario despiertan en nosotros se deba a la calma y poética lógica que los gobierna. Cuando algo imposible ocurre en ellos, Tario apacigua nuestra falta de fe con un comentario banal, un detalle que vuelve lo inadmisible obvio. Ya en los antiguos bestiarios chinos se explicaba que una de las características principales del unicornio es su timidez, y que esa es la razón por la cual nadie ha podido observarlo.
(Hace poco, mientras hablaba con una maestra por teléfono en la noche, me dijo "Ya voy a colgar porque voy a contarles un cuento a mis niños para que se duerman", le sugerí que les contara un relato de Francisco Tario, a lo que respondió: "Usted cómo es gacho, Uriel". Le aclaré que era broma pues sabía que las criaturas se crisparían. Nota tomada del suplemento Babelia, de El País.)
viernes, 16 de marzo de 2012
Obra onerosa de Sebastián, se retrasa
Con un avance del 50 por ciento y una inversión a la fecha de 32 millones 800 mil pesos, el monumento de la Equis estará terminado en dos meses y medio, para entonces se habrá pagado al escultor Sebastián 7 millones y medio de pesos.
Los juarenses pagarán 40 millones 300 mil pesos sólo en la construcción de la escultura de 62 metros de altura, más la edificación de un museo y una explanada, cuyo costo se había anunciado anteriormente en 10 millones de pesos.
Con esto, el saldo total de la obra será de aproximadamente 50 millones de pesos, de acuerdo con datos proporcionados por la Administración municipal.
El hecho ayer revivió los cuestionamientos por el gasto, que sectores sociales han considerado exagerado. Aunque el objetivo de la creación de la obra persigue un buen fin, lo cuestionable es el costo tan elevado, coincidieron representantes de la comunidad.
Las erogaciones se han realizado desde el periodo 2004-2007 de Héctor Murguía Lardizábal; desde entonces las fechas de su culminación se han diferido en varias ocasiones, y actualmente se dice que el monumento estará terminado a finales de mayo.
El vocero de la organización Ciudadanos por una Mejor Administración Pública (Cimap), Juan Hernán Ortiz Quintana, afirmó que efectivamente la ciudad requiere una remozada, pero el año pasado el Municipio gastó 11 millones de pesos en la equis “que no se acaba” y poco más de nueve millones en becas para estudiantes.
“Para el Gobierno municipal es más importante pegar fierros que invertir en niños y jóvenes que están estudiando, ahí se empiezan a ver las prioridades del Gobierno municipal”, expuso.
Anotó que esa obra debió haber quedado terminada desde hace cinco años, y esa demora aumenta los costos.
“Todo ese retraso es un costo que estamos pagando los juarenses y realmente no sé cuál va a ser el verdadero impacto, tenemos otras estructuras metálicas que poco o nada han funcionado, ahí está esa torre en el parque extremo que en realidad no tiene un uso efectivo”, señaló.
El regidor del Partido Acción Nacional (PAN), Abelardo Valenzuela Holguín, expuso que el gasto de la equis es muy oneroso para los juarenses, y se pudo haber realizado en conjunto con los empresarios de la ciudad.
“Que no sea un costo nada más del Gobierno, sino que hubiese sido un costo de la comunidad de los organismos intermedios y empresariales, para que haya sido verdaderamente una representatividad, un ícono, algo que nos identifique, sin embargo se tomó una decisión de carácter unilateral y ahí esta el resultado”, declaró.
El director de Obras Públicas, Arcadio Serrano García, aseguró que las piezas más pesadas de la estructura ya se terminaron de colocar, y sólo falta ubicar tres o cuatro pisos.
“Yo espero que para finales de este mes ya estemos montando todo el proceso de la parte que se va a ver, y ahí se va a ver el avance, ahorita no se ve mucho avance”, mencionó.
Agregó que el progreso de la estructura es del 50 por ciento, y en 15 días llegarán las piezas del centro, cuya forma es redondeada.
“Ahorita ya nomás lo que están haciendo es soldar toda la lámina, para hacer los triángulos que estaban haciendo ahí”, aseguró Serrano.
Afirmó que el Municipio está presionando para que la obra quede terminada a finales de mayo.
“Obviamente depende del escultor; los soldadores están trabajando sábados y domingos”, señaló.
El monumento de la Equis de Juárez se construye en Heroico Colegio Militar y Plutarco Elías Calles, en un área de El Chamizal.
En ese mismo sitio se proyectó construir un museo y una plaza, pero actualmente no está definido el costo de esas obras, aseguró el director de Obras Públicas.
Sin embargo, durante el año pasado se estimó que esa inversión adicional sería de 10 millones de pesos.
“Queremos que a finales de mayo esté terminada la obra, obviamente a la mejor le van a faltar algún detalles”, comentó Serrano.
Anunció que si en esa fecha se termina la escultura, en este mismo año se edificarán el museo y la explanada.
En la primera administración de Héctor Murguía Lardizábal (2004-2007), se invirtieron 23 millones de pesos en la escultura de Sebastián; en ese trienio se elaboraron las piezas, pero no alcanzaron los recursos ni el tiempo para trasladarlas del Distrito Federal.
En la Administración siguiente se canceló el proyecto, hasta que se retomó en el 2011, durante el segundo periodo del alcalde Murguía.
El año pasado se pagaron 9 millones 200 mil pesos al escultor para que concluyera la instalación de la “Equis”; aparte se han invertido 200 mil pesos en el hospedaje y los alimentos de las cinco personas que supervisan el montaje de las piezas.
Adicionalmente se han saldado 400 mil pesos en la renta de las grúas que colocan las estructuras, de acuerdo con información oficial.
Cuando el monumento lleve un 75 por ciento de avance se pagarán dos millones y medio a Sebastián, otros dos millones y medio cuando esté al 100 por ciento, y adicionalmente otros dos millones y medio al final de los trabajos, dio a conocer el tesorero municipal, Juan Salgado Vázquez.
La “Equis” tendrá 62 metros de altura y a los 30 metros se construirá un mirador que dará vista a la ciudad y parte de El Paso.
La obra se reactivó en noviembre del año pasado, cuando se trasladaron por Ferromex más de 23 módulos de acero que suman un peso mayor a las 100 toneladas.
En mayo de 2011, el Municipio anunció que la construcción iba a continuar y para ello estuvo aquí el escultor Sebastián, quien se comprometió a que la escultura iba a estar terminada en noviembre de ese mismo año.
“Todo va profundamente por Juárez, no les voy a decir más, nada más decirles que vamos a trabajar intensamente para tener una obra monumental y de las más grandes y de las más importantes del escultor Sebastián en una ciudad clave para México”, dijo el artista en rueda de prensa, aunque se negó a hablar sobre el costo.
Explicó que la equis es la equis de México y representa la mexicanidad del país.
(La edificación de la Torre de Luz, para la celebración del Bicentenario, fue una obra onerosa y repudiada por urbanistas e intelectuales de la ciudad de México, que le valió críticas al gobierno federal y que muchos apoyan su retiro. Acaso en Ciudad Juárez faltó la decisión valiente de urbanistas y arquitectos comprometidos con el paisaje urbano para estudiar su posible ubicación y con el costo de los honorarios de Enrique Carbajal (alias Sebastián). Que el autor diga que "representa la equis de México" es tan anticuado como decir, a estas alturas, que "El laberinto de la soledad" (1950), ensayo extenso de Octavio Paz, describe el carácter derrotista del nativo de estas tierras. Nota tomada del Diario de Juárez.)
Los juarenses pagarán 40 millones 300 mil pesos sólo en la construcción de la escultura de 62 metros de altura, más la edificación de un museo y una explanada, cuyo costo se había anunciado anteriormente en 10 millones de pesos.
Con esto, el saldo total de la obra será de aproximadamente 50 millones de pesos, de acuerdo con datos proporcionados por la Administración municipal.
El hecho ayer revivió los cuestionamientos por el gasto, que sectores sociales han considerado exagerado. Aunque el objetivo de la creación de la obra persigue un buen fin, lo cuestionable es el costo tan elevado, coincidieron representantes de la comunidad.
Las erogaciones se han realizado desde el periodo 2004-2007 de Héctor Murguía Lardizábal; desde entonces las fechas de su culminación se han diferido en varias ocasiones, y actualmente se dice que el monumento estará terminado a finales de mayo.
El vocero de la organización Ciudadanos por una Mejor Administración Pública (Cimap), Juan Hernán Ortiz Quintana, afirmó que efectivamente la ciudad requiere una remozada, pero el año pasado el Municipio gastó 11 millones de pesos en la equis “que no se acaba” y poco más de nueve millones en becas para estudiantes.
“Para el Gobierno municipal es más importante pegar fierros que invertir en niños y jóvenes que están estudiando, ahí se empiezan a ver las prioridades del Gobierno municipal”, expuso.
Anotó que esa obra debió haber quedado terminada desde hace cinco años, y esa demora aumenta los costos.
“Todo ese retraso es un costo que estamos pagando los juarenses y realmente no sé cuál va a ser el verdadero impacto, tenemos otras estructuras metálicas que poco o nada han funcionado, ahí está esa torre en el parque extremo que en realidad no tiene un uso efectivo”, señaló.
El regidor del Partido Acción Nacional (PAN), Abelardo Valenzuela Holguín, expuso que el gasto de la equis es muy oneroso para los juarenses, y se pudo haber realizado en conjunto con los empresarios de la ciudad.
“Que no sea un costo nada más del Gobierno, sino que hubiese sido un costo de la comunidad de los organismos intermedios y empresariales, para que haya sido verdaderamente una representatividad, un ícono, algo que nos identifique, sin embargo se tomó una decisión de carácter unilateral y ahí esta el resultado”, declaró.
El director de Obras Públicas, Arcadio Serrano García, aseguró que las piezas más pesadas de la estructura ya se terminaron de colocar, y sólo falta ubicar tres o cuatro pisos.
“Yo espero que para finales de este mes ya estemos montando todo el proceso de la parte que se va a ver, y ahí se va a ver el avance, ahorita no se ve mucho avance”, mencionó.
Agregó que el progreso de la estructura es del 50 por ciento, y en 15 días llegarán las piezas del centro, cuya forma es redondeada.
“Ahorita ya nomás lo que están haciendo es soldar toda la lámina, para hacer los triángulos que estaban haciendo ahí”, aseguró Serrano.
Afirmó que el Municipio está presionando para que la obra quede terminada a finales de mayo.
“Obviamente depende del escultor; los soldadores están trabajando sábados y domingos”, señaló.
El monumento de la Equis de Juárez se construye en Heroico Colegio Militar y Plutarco Elías Calles, en un área de El Chamizal.
En ese mismo sitio se proyectó construir un museo y una plaza, pero actualmente no está definido el costo de esas obras, aseguró el director de Obras Públicas.
Sin embargo, durante el año pasado se estimó que esa inversión adicional sería de 10 millones de pesos.
“Queremos que a finales de mayo esté terminada la obra, obviamente a la mejor le van a faltar algún detalles”, comentó Serrano.
Anunció que si en esa fecha se termina la escultura, en este mismo año se edificarán el museo y la explanada.
En la primera administración de Héctor Murguía Lardizábal (2004-2007), se invirtieron 23 millones de pesos en la escultura de Sebastián; en ese trienio se elaboraron las piezas, pero no alcanzaron los recursos ni el tiempo para trasladarlas del Distrito Federal.
En la Administración siguiente se canceló el proyecto, hasta que se retomó en el 2011, durante el segundo periodo del alcalde Murguía.
El año pasado se pagaron 9 millones 200 mil pesos al escultor para que concluyera la instalación de la “Equis”; aparte se han invertido 200 mil pesos en el hospedaje y los alimentos de las cinco personas que supervisan el montaje de las piezas.
Adicionalmente se han saldado 400 mil pesos en la renta de las grúas que colocan las estructuras, de acuerdo con información oficial.
Cuando el monumento lleve un 75 por ciento de avance se pagarán dos millones y medio a Sebastián, otros dos millones y medio cuando esté al 100 por ciento, y adicionalmente otros dos millones y medio al final de los trabajos, dio a conocer el tesorero municipal, Juan Salgado Vázquez.
La “Equis” tendrá 62 metros de altura y a los 30 metros se construirá un mirador que dará vista a la ciudad y parte de El Paso.
La obra se reactivó en noviembre del año pasado, cuando se trasladaron por Ferromex más de 23 módulos de acero que suman un peso mayor a las 100 toneladas.
En mayo de 2011, el Municipio anunció que la construcción iba a continuar y para ello estuvo aquí el escultor Sebastián, quien se comprometió a que la escultura iba a estar terminada en noviembre de ese mismo año.
“Todo va profundamente por Juárez, no les voy a decir más, nada más decirles que vamos a trabajar intensamente para tener una obra monumental y de las más grandes y de las más importantes del escultor Sebastián en una ciudad clave para México”, dijo el artista en rueda de prensa, aunque se negó a hablar sobre el costo.
Explicó que la equis es la equis de México y representa la mexicanidad del país.
(La edificación de la Torre de Luz, para la celebración del Bicentenario, fue una obra onerosa y repudiada por urbanistas e intelectuales de la ciudad de México, que le valió críticas al gobierno federal y que muchos apoyan su retiro. Acaso en Ciudad Juárez faltó la decisión valiente de urbanistas y arquitectos comprometidos con el paisaje urbano para estudiar su posible ubicación y con el costo de los honorarios de Enrique Carbajal (alias Sebastián). Que el autor diga que "representa la equis de México" es tan anticuado como decir, a estas alturas, que "El laberinto de la soledad" (1950), ensayo extenso de Octavio Paz, describe el carácter derrotista del nativo de estas tierras. Nota tomada del Diario de Juárez.)
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