¿Hasta qué grado la violencia que asuela al país se ha tornado en una olla express a punto de estallar por la presión que ejerce el crimen organizado sobre la sociedad civil y las instituciones; es México un campo minado en que cada día es más frecuente enterarnos de que la víctima más reciente fue un periodista de algún punto de la frontera norte, Michoacán, Guerrero, Veracruz o cualquier otro sur, este, oeste, centro o Oaxaca; es lícito imaginar la superficie del territorio nacional como una alfombra de fuego, como un puchero de cabezas decapitadas o una caverna que se tragó decenas, centenas o miles de cuerpos descuartizados?
Más aun: la cabeza de Circe que dibujó Julio Ruelas (1870-1907), ¿resultó una premonición de los tiempos que corren y nos corroen; ese grabado movió a Sergio González Rodríguez para escribir su crónica íntima, El hombre sin cabeza; es la Internet el espacio que nos permite alejarnos del hedor que provoca un cuerpo separado de una cabeza que alguna vez fue un todo; no leer los diarios ni ver el video del coche-bomba que ayer estalló en el norte del país, nos concederá un sueño más profundo y balsámico esta y las noches subsecuentes; no responder a las llamadas anónimas y de voces desconocidas que pretenden tomarnos por el cuello para una extorsión probable, nos vuelve más inmunes al terror que se ha propagado por nuestra dermis como el gas con el que se exterminaba a miles de judíos en el pasado, pleno de campos de concentración?
Acaso Caravaggio, quizá la Salomé de Óscar Wilde, puede ser que los bocetos de Francisco Goitia de los colgados de la Guerra Cristera y los quemados en vivo que todos vimos por Tv Azteca en Tláhuac, hayan alterado nuestra rutina, la fuerza de nuestras pisadas en el asfalto, los plantíos del medio rural, el tic tac de todos los relojes, incluidos los que agotaron las pilas y la luz fosforescente de minuteros y segunderos. Todo esto es parte de nuestros miedos más recónditos mientras los llamados "delitos de cuello blanco" permanecen impunes, mientras los candidatos en campaña de todas las franquicias pactan con el crimen organizado.
De todo esto y más hablaron los autores Élmer Mendoza, Yuri Herrera y Martín Solares con Francisco Goldman en una mesa, en el Hay Festival, que abordó el tema de la conocida como narcoliteratura, género literario que se ha empezado a explotar de unos años a la fecha, con aristas suficientes para su experimentación no sólo en los géneros de cuento, novela y drama, sino en reportajes que han trascendido los límites de idiomas y, esperemos, del momento histórico que se vive.
sábado, 17 de julio de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
LOS TATUAJES DEL PANISMO
Durante el trabajo de mesa que se realizó para el análisis de la pieza Las criadas, de Jean Genet, en Torreón, Coahuila, en la década de los años ochenta, con vistas a su montaje por parte del grupo Investigaciones Teatrales (ITTAC) de aquella ciudad, propusiste que los personajes de Solange y Claire portaran tatuajes en el cuerpo y el uso de zapatos ortopédicos para subrayar el carácter expresionista de la obra.
Casi de inmediato, el actor que ensayaba el papel de la Señora rechazó tu propuesta con los argumentos de que aquellos que lucen tatuajes "marcan" su alma como seres marginales y disidentes de la norma social; que este tipo de símbolos distorsionaban el espíritu del autor que estaba impreso en los personajes; rechazó también cualquier implemento artificial como el calzado por las mismas razones; señaló que, en todo caso, era responsabilidad de los actores y su trabajo de investigación para delinear el perfil sicológico de su papel, independientemente de la visión de la directora, Nora Manneck, sobre el texto del dramaturgo francés.
Han pasado los años y aquellos que tienen el pie plano pueden usar plantillas ortopédicas, los que han perdido piezas dentales las sustituyen por puentes fijos o removibles, habrá aquellas y aquellos que se perforen los lóbulos para lucir aretes, pendientes, etcétera, que no es moda reciente sino tan ancestral como la existencia del hombre sobre la tierra. Más aún, nadie desconoce que hay personas de la faràndula que utilizan implantes allá y aquí, bótox, silicones o lo que está de moda en ese medio.
Es admirable y sorprendente enterarse que en las culturales orientales a las mujeres entrenadas para llegar a geishas se les educa desde niñas con zapatos especiales para que no desarrollen un pie grande, mediante el uso de calzado con determinadas características (y que resulta doloroso para las mujeres tiernas y en desarrollo); alela también ver las fotografías de mujeres africanas con decenas de argollas en el cuello para modelar una noción de elegancia en su cultura; sorprende también el concepto de belleza entre éstas (os) con una argolla en la base de la nariz y el encanto de su maquillaje en torso, brazos y rostro.
Pero que una miserable "funcionaria" del instituto de la mujer en Guanajuato haga un llamado a empresarios y centros de educación a rechazar a jóvenes que luzcan perforaciones en el físico o exhiban tatuajes en la epidermis resulta absurdo y estúpido; es una forma primitiva de negarse a entender la dimensión artística del arte y del creador. En todo caso, sólo exhibe al hitlercito que los panistas llevan dentro.
Para documentar nuestro optimismo, como lo señalaba a menudo el cronista Carlos Monsiváis, recién fallecido, se pone a disposición del interesado la liga del diario La Jornada, cuyo corresponsal en Guanajuato, Carlos García, da cuenta de las miserias de una administración panista que exhibe sus anemias sin pudor alguno.
http://www.jornada.unam.mx/2010/07/15/index.php?section=estados
Casi de inmediato, el actor que ensayaba el papel de la Señora rechazó tu propuesta con los argumentos de que aquellos que lucen tatuajes "marcan" su alma como seres marginales y disidentes de la norma social; que este tipo de símbolos distorsionaban el espíritu del autor que estaba impreso en los personajes; rechazó también cualquier implemento artificial como el calzado por las mismas razones; señaló que, en todo caso, era responsabilidad de los actores y su trabajo de investigación para delinear el perfil sicológico de su papel, independientemente de la visión de la directora, Nora Manneck, sobre el texto del dramaturgo francés.
Han pasado los años y aquellos que tienen el pie plano pueden usar plantillas ortopédicas, los que han perdido piezas dentales las sustituyen por puentes fijos o removibles, habrá aquellas y aquellos que se perforen los lóbulos para lucir aretes, pendientes, etcétera, que no es moda reciente sino tan ancestral como la existencia del hombre sobre la tierra. Más aún, nadie desconoce que hay personas de la faràndula que utilizan implantes allá y aquí, bótox, silicones o lo que está de moda en ese medio.
Es admirable y sorprendente enterarse que en las culturales orientales a las mujeres entrenadas para llegar a geishas se les educa desde niñas con zapatos especiales para que no desarrollen un pie grande, mediante el uso de calzado con determinadas características (y que resulta doloroso para las mujeres tiernas y en desarrollo); alela también ver las fotografías de mujeres africanas con decenas de argollas en el cuello para modelar una noción de elegancia en su cultura; sorprende también el concepto de belleza entre éstas (os) con una argolla en la base de la nariz y el encanto de su maquillaje en torso, brazos y rostro.
Pero que una miserable "funcionaria" del instituto de la mujer en Guanajuato haga un llamado a empresarios y centros de educación a rechazar a jóvenes que luzcan perforaciones en el físico o exhiban tatuajes en la epidermis resulta absurdo y estúpido; es una forma primitiva de negarse a entender la dimensión artística del arte y del creador. En todo caso, sólo exhibe al hitlercito que los panistas llevan dentro.
Para documentar nuestro optimismo, como lo señalaba a menudo el cronista Carlos Monsiváis, recién fallecido, se pone a disposición del interesado la liga del diario La Jornada, cuyo corresponsal en Guanajuato, Carlos García, da cuenta de las miserias de una administración panista que exhibe sus anemias sin pudor alguno.
http://www.jornada.unam.mx/2010/07/15/index.php?section=estados
miércoles, 14 de julio de 2010
RICARDO NICOLAYEVSKY
DIEZ RAYAS EN EL AGUA
1. Las nalgas recuerdan vivencias que el cerebro niega.
2. El miedo se quita con la ropa interior.
3. Para encontrar la medida, tenga a la mano algo
más que su propio miembro.
4. Las proporciones de la belleza se distinguen
mejor a oscuras.
5. El plano inclinado se endereza a medida que la
verticalidad gana fuerza.
6. Reírse de uno mismo es bueno para la salud.
También es lenitivo para el luto propio.
7. La alegría de vivir conduce invariablemente
al desempleo, al hospital o a la tumba.
8. La soledad es un hábito cultivado desde
la infancia, a menos de que hayas nacido borrego.
9. Los grandes lavan los pies de los chicos
para que éstos les besen el culo.
10. Ante el protocolo y el proctólogo se pierde
algo más que la cola.
(textos tomados de 300 aforismos, ed. Quimera,
col. Quaderna no.2, México, 2010.)
1. Las nalgas recuerdan vivencias que el cerebro niega.
2. El miedo se quita con la ropa interior.
3. Para encontrar la medida, tenga a la mano algo
más que su propio miembro.
4. Las proporciones de la belleza se distinguen
mejor a oscuras.
5. El plano inclinado se endereza a medida que la
verticalidad gana fuerza.
6. Reírse de uno mismo es bueno para la salud.
También es lenitivo para el luto propio.
7. La alegría de vivir conduce invariablemente
al desempleo, al hospital o a la tumba.
8. La soledad es un hábito cultivado desde
la infancia, a menos de que hayas nacido borrego.
9. Los grandes lavan los pies de los chicos
para que éstos les besen el culo.
10. Ante el protocolo y el proctólogo se pierde
algo más que la cola.
(textos tomados de 300 aforismos, ed. Quimera,
col. Quaderna no.2, México, 2010.)
martes, 13 de julio de 2010
UNA EVA Y DOS ADANES
Esta mañana hablé con Madame Croissant para recordar brevemente la atmósfera que reinaba en las salas de cine de la Gran Tenochtitlan, aquellas magníficas construcciones que databan del porfiriato, unas, con un estilo neoclásico, otras art decó y churrigueresco, otras moriscas y otras más rococó, espacios que se perdieron luego de los movimientos telúricos de 1985, que combinados con la aparición del video vinieron a liquidar esos lugares de solaz y esparcimiento (como se decía en aquel entonces).
- Mienten, me dice la vedettte retirada Croissant, los que afirman que los cines sólo eran sitios de ligue y promiscuidad. Eran también espacios de reencuentro de aquellas amigas que llegaban de lugares distantes como Toluca, Nezahualcóyotl y Azcapotzalco. Recuerda que el metro como medio de transporte popular era apenas una promesa; y había miles que seguían trasladándose en sucesivos transbordos para llegar al cine Colonial, al Teresa o al Ópera en Santa María la Ribera.
Yo sabía que era cuestión de tratarle el punto para que ella empezase la evocación: en el Colonial, en la planta alta, coincidían cuates que tenían meses y años de no verse, de navegar sin tener noticias unos de otros. Ahí los más desinhibidos organizaban concursos de pasarela y de belleza: ahí mismo se coronaban a Miss Neza, Coyotepec, Balbuena y San Ángel, todas procedentes de cuartos de azotea donde habían aterrizado de los puntos más insólitos del interior del país, me dice.
La existencia de sofás y sillones se prestaba para pasarse las horas hablando de los tópicos más disímiles como la aparición de los objetos voladores no identificados, de la telenovela de mayor auditorio en esa temporada, El pecado de Oyuki o Rosa salvaje, mientras los habladores comían palomitas de maíz y fanta de naranja. Claro que mientras unas estaban en la cháchara otras se hacían las perdedizas con este o aquel chacalón, pero todos conocidos, de confianza. Hablamos de una ciudad que, aunque inmensa, resultaba familiar a un tiempo.
Le recuerdo que en una ocasión programaron en el Ópera un ciclo de películas clásicas. El día que fuí a ver de nuevo Una Eva y dos Adanes, con Toni Curtis, Jack Lemmon y Marilyn Monroe parecía la estación del metro Pino Suárez en "hora pico". Eso sí, con una fauna que parecía salida del Bar el Nueve o cualquier antro de la Zona Rosa y sus alrededores, con chicas del corte de Madame Rochás, Susana de Antuñano y Lilia del Valle, esto es, clasemedieras, más o menos informadas en cultura general pero sobre todo cinematográfica y buenas para el toque y rol. Ahora todas muertas.
Me pregunta Madame Croissant si en ese ciclo se programó De repente en el verano, con Katharine Hepburn y Peter O'Tole pero no sé qué responderle pues a Elia Kazan nunca le gustó el trabajo actoral de él, que le parecía no propiamente un actor frío sino gélido. Además son cintas tan antiguas que no guardo en la memoria a todo el reparto y aunque a veces las programan en el canal 22 de tv, son proyecciones casi de madrugada pero tampoco tengo tele de paga, le digo, que cancelé el pasado 31 de diciembre.
- Mienten, me dice la vedettte retirada Croissant, los que afirman que los cines sólo eran sitios de ligue y promiscuidad. Eran también espacios de reencuentro de aquellas amigas que llegaban de lugares distantes como Toluca, Nezahualcóyotl y Azcapotzalco. Recuerda que el metro como medio de transporte popular era apenas una promesa; y había miles que seguían trasladándose en sucesivos transbordos para llegar al cine Colonial, al Teresa o al Ópera en Santa María la Ribera.
Yo sabía que era cuestión de tratarle el punto para que ella empezase la evocación: en el Colonial, en la planta alta, coincidían cuates que tenían meses y años de no verse, de navegar sin tener noticias unos de otros. Ahí los más desinhibidos organizaban concursos de pasarela y de belleza: ahí mismo se coronaban a Miss Neza, Coyotepec, Balbuena y San Ángel, todas procedentes de cuartos de azotea donde habían aterrizado de los puntos más insólitos del interior del país, me dice.
La existencia de sofás y sillones se prestaba para pasarse las horas hablando de los tópicos más disímiles como la aparición de los objetos voladores no identificados, de la telenovela de mayor auditorio en esa temporada, El pecado de Oyuki o Rosa salvaje, mientras los habladores comían palomitas de maíz y fanta de naranja. Claro que mientras unas estaban en la cháchara otras se hacían las perdedizas con este o aquel chacalón, pero todos conocidos, de confianza. Hablamos de una ciudad que, aunque inmensa, resultaba familiar a un tiempo.
Le recuerdo que en una ocasión programaron en el Ópera un ciclo de películas clásicas. El día que fuí a ver de nuevo Una Eva y dos Adanes, con Toni Curtis, Jack Lemmon y Marilyn Monroe parecía la estación del metro Pino Suárez en "hora pico". Eso sí, con una fauna que parecía salida del Bar el Nueve o cualquier antro de la Zona Rosa y sus alrededores, con chicas del corte de Madame Rochás, Susana de Antuñano y Lilia del Valle, esto es, clasemedieras, más o menos informadas en cultura general pero sobre todo cinematográfica y buenas para el toque y rol. Ahora todas muertas.
Me pregunta Madame Croissant si en ese ciclo se programó De repente en el verano, con Katharine Hepburn y Peter O'Tole pero no sé qué responderle pues a Elia Kazan nunca le gustó el trabajo actoral de él, que le parecía no propiamente un actor frío sino gélido. Además son cintas tan antiguas que no guardo en la memoria a todo el reparto y aunque a veces las programan en el canal 22 de tv, son proyecciones casi de madrugada pero tampoco tengo tele de paga, le digo, que cancelé el pasado 31 de diciembre.
lunes, 12 de julio de 2010
GILBERTO OWEN (1904- 1952)
Madrigal por Medusa
No me sueltes los ojos astillados,
Se me dispersarían sin la cárcel
De hallar tu mano al rehuír tu frente,
Dispersos en la prisa de salvarme.
Embelesado el pulso como noche
Feliz cuyos minutos no contamos,
Que es noche nada más, amor dormido,
Dolor bisiesto emparedado en años.
Cante el pez sitibundo, preso en redes
De algas en tus cabellos serpentinos,
Pero su voz se hiele en tu garganta
Y no rompa mi muerte con su grito.
Déjame así, de estatua de mí mismo,
La cabeza que no corté, en la mano,
La espada sin honor, perdido todo
Lo que gané, menos el gesto huraño.
(texto tomado de Perseo vencido, poemas,
edición facsimilar de la de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, Lima, Perú, 1948; Conaculta-
INBA. Col. Los facsimilares, México, 2004)
No me sueltes los ojos astillados,
Se me dispersarían sin la cárcel
De hallar tu mano al rehuír tu frente,
Dispersos en la prisa de salvarme.
Embelesado el pulso como noche
Feliz cuyos minutos no contamos,
Que es noche nada más, amor dormido,
Dolor bisiesto emparedado en años.
Cante el pez sitibundo, preso en redes
De algas en tus cabellos serpentinos,
Pero su voz se hiele en tu garganta
Y no rompa mi muerte con su grito.
Déjame así, de estatua de mí mismo,
La cabeza que no corté, en la mano,
La espada sin honor, perdido todo
Lo que gané, menos el gesto huraño.
(texto tomado de Perseo vencido, poemas,
edición facsimilar de la de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, Lima, Perú, 1948; Conaculta-
INBA. Col. Los facsimilares, México, 2004)
sábado, 10 de julio de 2010
RECETA DE LA EDAD DE BRONCE
La rata de agua (Arvicola sapidus) en España y la rata de campo (Neotoma mexicana), que se reproduce en el semidesierto de Zacatecas, de norte a sur, que comprende los municipios de Fresnillo, Villa de Cos, Pánuco, Pinos y Mazapil, entre otros puntos, aún se aprovechan como manjar para paladares del pueblo. Por su valor nutritivo se recomienda a personas convalecientes y a ancianos con alguna enfermedad crónica. A diferencia de la liebre, que se alimenta de carroña, de carne de sabor amargo, la carne de la rata de agua es sabrosa, suave y de mejor gusto que el conejo y más fina que la codorniz pues es un animal hervíboro; son roedores de arroyo con un peso cercano a los 300 gramos y miden cerca de veinte centímetros, poseen un rabo más breve que las ratas grises, la cabeza más chata, el cuerpo más ancho y poseen dos incisivos afilados.
El reportaje "Esos sabrosos roedores" (*), de Pablo de Llano, da cuenta de que la rata de agua es un manjar que lleva miles de años en los pucheros españoles, que ya se consumía en la "edad de bronce" pues en excavaciones de Cantabria han aparecido huesos en los restos de comida. Es una especie amenazada por la presencia de los visones americanos, importados para la elaboración de atuendos femeninos, abrigos, fauna que se ha infiltrado con la fauna autóctona, a la que devora.
El novelista español Miguel Delibes se ocupó del oficio de los cazadores de ratas, llamados "rateros" en la novela Las ratas, cuya acción transcurre en la Castilla paupérrima del periodo del dictador Francisco Franco.
Para aquellos interesados en enriquecer su espectro culinario, a continuación se ofrece la receta de un "Guisado de Apozol", tomado del volumen Cocina regional zacatecana de Enríquez Perales (2005) : Ingredientes: un kilo de rata de campo, 6 ajos picados, una taza de verdolagas, 10 chiles guajillos, verdes y asados, una taza de aceite, sal y pimienta a gusto, una cebolla chica rebanada, 10 tomatillos verdes asados, una taza de nopales cocidos, dos papas medianas cocidas y picadas, cinco chiles de árbol secos y asados y tres ramitas de cilantro.
Preparación: La carne en trozos se cuece con los ajos, cebolla, el jugo de dos limones, el cilantro, el laurel y la sal. Luego se saca la carne y se fríe en manteca de puerco o aceite de oliva, se cuece con las papas. Aparte se fríen la cebolla, ajo y papas, después los chiles, verdolagas y tomatillos previamente remojados en agua caliente y licuados con el ajo y la cebolla; después se añade la carne y se deja al fuego 10 minutos más. Puede servirse, el kilo alcanza para cuatro raciones, con frijoles de la olla, nopalitos y orégano a discreción.
(*) Diario El País, reportaje "Esos sabrosos roedores", sección El País semanal, 13 de junio 2010.
El reportaje "Esos sabrosos roedores" (*), de Pablo de Llano, da cuenta de que la rata de agua es un manjar que lleva miles de años en los pucheros españoles, que ya se consumía en la "edad de bronce" pues en excavaciones de Cantabria han aparecido huesos en los restos de comida. Es una especie amenazada por la presencia de los visones americanos, importados para la elaboración de atuendos femeninos, abrigos, fauna que se ha infiltrado con la fauna autóctona, a la que devora.
El novelista español Miguel Delibes se ocupó del oficio de los cazadores de ratas, llamados "rateros" en la novela Las ratas, cuya acción transcurre en la Castilla paupérrima del periodo del dictador Francisco Franco.
Para aquellos interesados en enriquecer su espectro culinario, a continuación se ofrece la receta de un "Guisado de Apozol", tomado del volumen Cocina regional zacatecana de Enríquez Perales (2005) : Ingredientes: un kilo de rata de campo, 6 ajos picados, una taza de verdolagas, 10 chiles guajillos, verdes y asados, una taza de aceite, sal y pimienta a gusto, una cebolla chica rebanada, 10 tomatillos verdes asados, una taza de nopales cocidos, dos papas medianas cocidas y picadas, cinco chiles de árbol secos y asados y tres ramitas de cilantro.
Preparación: La carne en trozos se cuece con los ajos, cebolla, el jugo de dos limones, el cilantro, el laurel y la sal. Luego se saca la carne y se fríe en manteca de puerco o aceite de oliva, se cuece con las papas. Aparte se fríen la cebolla, ajo y papas, después los chiles, verdolagas y tomatillos previamente remojados en agua caliente y licuados con el ajo y la cebolla; después se añade la carne y se deja al fuego 10 minutos más. Puede servirse, el kilo alcanza para cuatro raciones, con frijoles de la olla, nopalitos y orégano a discreción.
(*) Diario El País, reportaje "Esos sabrosos roedores", sección El País semanal, 13 de junio 2010.
viernes, 9 de julio de 2010
MARIANA DE ALCOFORADO (1640- 1723)
Cartas de amor de la monja portuguesa
(IV, fragmento)
No me arrepiento de adorarte, hasta me lisonjea el que me sedujeras. Tu rigurosa ausencia, tal vez eterna, no disminuye en nada la violencia de mi amor. Quiero que toda la gente lo conozca; no hago misterio de nuestras relaciones; me precio de haber atropellado por ti toda especie de decoro. Sólo en amarte perdidamente toda la vida hago consistir mi honra y mi religión.
No te digo nada de esto para obligarte a que me escribas. No quiero nada a la fuerza. De ti sólo quiero lo que naturalmente te brote del corazón, y rechazo todas las simulaciones de amor y, singularmente, las excusas.
Siento gozo disculpándote el que no te decidas ni a garrapatear cuatro letras. Te perdono las faltas que puedas cometer, desde lo más profundo de mi corazón.
Un oficial francés tuvo esta mañana la gentilísima caridad de hablarme de ti, más de tres horas. Me dijo que la paz con Francia era ya un hecho. Siendo así, ¿no podrías venir a verme y llevarme contigo?
Puede que no lo merezca. Haz lo que te plazca. Mi amor ya no depende del modo como me trates. Desde que te fuiste, no he gozado de salud un solo día y sólo siento alivio repitiendo incesantemente tu nombre.
Algunas monjas, que saben de mi lastimoso estado, me hablan de ti con frecuencia.
Salgo del cuarto, en que tantas veces estuviste, lo menos posible y estoy siempre contemplando
tu retrato, mil veces más querido para mí que la vida. Esto me alivia y me entristece a la vez, pensando que nunca más volveré a verte. ¿Cómo es posible que no te vea más? ¿Me abandonarías para siempre? Esta idea me aniquila.
Tu infeliz Mariana no puede ya más. Al acabar esta carta me siento desfallecer. ¡Adiós, adiós! ¡Ten piedad de mí!
Mariana.
(texto tomado de Cartas de amor de la monja portuguesa,
Mariana de Alcoforado, ed. Grijalbo, Barcelona, 1975. Trad.
y prólogo de Pedro González-Blanco)
(IV, fragmento)
No me arrepiento de adorarte, hasta me lisonjea el que me sedujeras. Tu rigurosa ausencia, tal vez eterna, no disminuye en nada la violencia de mi amor. Quiero que toda la gente lo conozca; no hago misterio de nuestras relaciones; me precio de haber atropellado por ti toda especie de decoro. Sólo en amarte perdidamente toda la vida hago consistir mi honra y mi religión.
No te digo nada de esto para obligarte a que me escribas. No quiero nada a la fuerza. De ti sólo quiero lo que naturalmente te brote del corazón, y rechazo todas las simulaciones de amor y, singularmente, las excusas.
Siento gozo disculpándote el que no te decidas ni a garrapatear cuatro letras. Te perdono las faltas que puedas cometer, desde lo más profundo de mi corazón.
Un oficial francés tuvo esta mañana la gentilísima caridad de hablarme de ti, más de tres horas. Me dijo que la paz con Francia era ya un hecho. Siendo así, ¿no podrías venir a verme y llevarme contigo?
Puede que no lo merezca. Haz lo que te plazca. Mi amor ya no depende del modo como me trates. Desde que te fuiste, no he gozado de salud un solo día y sólo siento alivio repitiendo incesantemente tu nombre.
Algunas monjas, que saben de mi lastimoso estado, me hablan de ti con frecuencia.
Salgo del cuarto, en que tantas veces estuviste, lo menos posible y estoy siempre contemplando
tu retrato, mil veces más querido para mí que la vida. Esto me alivia y me entristece a la vez, pensando que nunca más volveré a verte. ¿Cómo es posible que no te vea más? ¿Me abandonarías para siempre? Esta idea me aniquila.
Tu infeliz Mariana no puede ya más. Al acabar esta carta me siento desfallecer. ¡Adiós, adiós! ¡Ten piedad de mí!
Mariana.
(texto tomado de Cartas de amor de la monja portuguesa,
Mariana de Alcoforado, ed. Grijalbo, Barcelona, 1975. Trad.
y prólogo de Pedro González-Blanco)
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