Isla dorada
La fortaleza sumerge en el mar sus cansados flancos
y sueña con imposibles naves moras.
El resto, apenas calles prisioneras
y viejas casas que contemplan el tedio:
cada uno ahoga en su voz
un deseo antiguo de lágrimas
y un rickshaw de sueño
baja por la calle de la Amistad.
En pleno día claro miro cómo te duermes
en la distancia, isla de Mozambique,
y te escribo estos versos de sal y olvido.
Sin nada
Me di entero. Los otros
construyen el mundo (o eso
creen). Yo me siento
en la calle sin nada mío
y tengo una sonrisa
triste y una gota
de blanda ternura en la mirada.
Me di entero. Me quedan apenas
corazón, vísceras y un cuerpo.
Con eso voy viviendo.
("rima interna", trad.martín lópez-vega)
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domingo, 12 de febrero de 2017
lunes, 26 de diciembre de 2016
Inger Christensen (1935/2009 )
Alfabeto
4
las palomas existen; los soñadores, las muñecas
los asesinos existen; las palomas, las palomas;
niebla, dioxina y días; los días
existen; los días la muerte; y los poemas
existen; los poemas, los días, la muerte
5
el otoño existe; el regusto y la reflexión
existen; y el lugar retirado existe; los ángeles,
las viudas y el alce existen; las particularidades
existen, el recuerdo, la luz del recuerdo;
y el resplandor crepuscular existe, el roble y el olmo
existen, y el enebro, la semejanza, la soledad
existen; y el éider y la araña existen,
y el vinagre existe, y la posteridad, la posteridad
6
la garza real existe, con su abovedada espalda
gris azulada existe, con su negro copete
y sus claras plumas caudales existe; en colonias
existe; en el llamado Viejo Mundo;
también los peces existen; y el águila pescadora, la
perdiz nival
el halcón; la poa común y los colores de las ovejas;
los productos de la fisión existen y la higuera existe;
los errores existen, los gruesos, los sistemáticos,
los fortuitos; el control remoto existe y los pájaros;
y los árboles frutales existen y las frutas en el huerto donde
los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen
en países donde el calor producirá precisamente
el color de la carne que tienen los albaricoques
7
las fronteras existen, las calles, el olvido
y hierba y pepinos y cabras y retama,
el entusiasmo existe, las fronteras existen;
las ramas existen, el viento que las levanta
existe y el dibujo único de las ramas
justo del árbol que se llama roble existe,
justo del árbol que se llama fresno, abedul,
el cedro existe y el dibujo repetido
existe, en la gravilla del sendero del jardín; existe
también el llanto, y el epilobio y la artemisa existen,
los rehenes, el ánsar común, las crías del ánsar.
Y los fusiles existen, un misterioso jardín trasero,
Asilvestrado, yermo y adornado sólo con grosellas,
Los fusiles existen: en mitad del iluminado
Gueto químico existen los fusiles,
Con su anticuada, pacífica precisión existen
Los fusiles, y las plañideras existen, saciadas
Como lechuzas voraces, el lugar del crimen existe;
El lugar del crimen, somnoliento, normal y abstracto,
Bañado en una luz encalada, abandonada,
Este poema venenoso, blanco, que está desintegrándose
8
Los susurros existen, los susurros existen,
El otoño, la historia existen y el cometa
Halley; los ejércitos, las hordas
Los generales, las cuevas, y dentro de las cuevas
La penumbra, dentro de la penumbra a veces
Las liebres, a veces el follaje delante de las cuevas donde
Los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras,
A veces las liebres escondidas bajo el follaje
Y los jardines existen, el arte de la jardinería, las pálidas
Flores del saúco inmóviles como un himno
Efervescente; y la media luna existe, la media seda;
Toda la niebla heliocéntrica que ha soñado
Estos cerebros entregados, su suerte; y la piel,
La piel y las casas existen, y el Hades que
Realoja al caballo y al perro y las sombras
De la gloria, la esperanza; y el río de la venganza, granizo
Bajo el cielo de piedra, existe, las nieblas del sueño de la
Hortensia, blancas, luminosamente luminosas
Azules o verdosas, a veces rojos pálido, algunas
Lascas estériles existen; y bajo la inclinación
De la bóveda celeste Armagedón, el veneno,
La susurrante arpa del helicóptero del veneno sobre zurrón,
Vísceras de gallina y lino; zurrón de pastor, vísceras de gallina
Y lino, esta última escritura hermética,
Que por lo demás sólo la escriben los niños; y el trigo,
El trigo en los trigales existe, la vertiginosa
Ciencia horizontal del trigal, el período de semidesintegración
Hambrunas y miel; y en lo más profundo del corazón
Como siempre sólo en lo más profundo del corazón
Las raíces del avellano, el avellano plantado
En la montaña del corazón, robusto y sobrio,
Un día laborable acumulado de las jerarquías angélicas;
Rápida, jacíntica en su descomposición la vida,
Así en la tierra como en el cielo
4
las palomas existen; los soñadores, las muñecas
los asesinos existen; las palomas, las palomas;
niebla, dioxina y días; los días
existen; los días la muerte; y los poemas
existen; los poemas, los días, la muerte
5
el otoño existe; el regusto y la reflexión
existen; y el lugar retirado existe; los ángeles,
las viudas y el alce existen; las particularidades
existen, el recuerdo, la luz del recuerdo;
y el resplandor crepuscular existe, el roble y el olmo
existen, y el enebro, la semejanza, la soledad
existen; y el éider y la araña existen,
y el vinagre existe, y la posteridad, la posteridad
6
la garza real existe, con su abovedada espalda
gris azulada existe, con su negro copete
y sus claras plumas caudales existe; en colonias
existe; en el llamado Viejo Mundo;
también los peces existen; y el águila pescadora, la
perdiz nival
el halcón; la poa común y los colores de las ovejas;
los productos de la fisión existen y la higuera existe;
los errores existen, los gruesos, los sistemáticos,
los fortuitos; el control remoto existe y los pájaros;
y los árboles frutales existen y las frutas en el huerto donde
los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen
en países donde el calor producirá precisamente
el color de la carne que tienen los albaricoques
7
las fronteras existen, las calles, el olvido
y hierba y pepinos y cabras y retama,
el entusiasmo existe, las fronteras existen;
las ramas existen, el viento que las levanta
existe y el dibujo único de las ramas
justo del árbol que se llama roble existe,
justo del árbol que se llama fresno, abedul,
el cedro existe y el dibujo repetido
existe, en la gravilla del sendero del jardín; existe
también el llanto, y el epilobio y la artemisa existen,
los rehenes, el ánsar común, las crías del ánsar.
Y los fusiles existen, un misterioso jardín trasero,
Asilvestrado, yermo y adornado sólo con grosellas,
Los fusiles existen: en mitad del iluminado
Gueto químico existen los fusiles,
Con su anticuada, pacífica precisión existen
Los fusiles, y las plañideras existen, saciadas
Como lechuzas voraces, el lugar del crimen existe;
El lugar del crimen, somnoliento, normal y abstracto,
Bañado en una luz encalada, abandonada,
Este poema venenoso, blanco, que está desintegrándose
8
Los susurros existen, los susurros existen,
El otoño, la historia existen y el cometa
Halley; los ejércitos, las hordas
Los generales, las cuevas, y dentro de las cuevas
La penumbra, dentro de la penumbra a veces
Las liebres, a veces el follaje delante de las cuevas donde
Los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras,
A veces las liebres escondidas bajo el follaje
Y los jardines existen, el arte de la jardinería, las pálidas
Flores del saúco inmóviles como un himno
Efervescente; y la media luna existe, la media seda;
Toda la niebla heliocéntrica que ha soñado
Estos cerebros entregados, su suerte; y la piel,
La piel y las casas existen, y el Hades que
Realoja al caballo y al perro y las sombras
De la gloria, la esperanza; y el río de la venganza, granizo
Bajo el cielo de piedra, existe, las nieblas del sueño de la
Hortensia, blancas, luminosamente luminosas
Azules o verdosas, a veces rojos pálido, algunas
Lascas estériles existen; y bajo la inclinación
De la bóveda celeste Armagedón, el veneno,
La susurrante arpa del helicóptero del veneno sobre zurrón,
Vísceras de gallina y lino; zurrón de pastor, vísceras de gallina
Y lino, esta última escritura hermética,
Que por lo demás sólo la escriben los niños; y el trigo,
El trigo en los trigales existe, la vertiginosa
Ciencia horizontal del trigal, el período de semidesintegración
Hambrunas y miel; y en lo más profundo del corazón
Como siempre sólo en lo más profundo del corazón
Las raíces del avellano, el avellano plantado
En la montaña del corazón, robusto y sobrio,
Un día laborable acumulado de las jerarquías angélicas;
Rápida, jacíntica en su descomposición la vida,
Así en la tierra como en el cielo
("otra iglesia es imposible", trad. francisco j. uriz)
miércoles, 15 de junio de 2016
Charles Simic (1938 )
El diccionario
Tal vez haya alguna palabra
que describa el mundo como hoy,
una palabra como la luz temprana
que se deleita en apartar la oscuridad
de los escaparates y los portales.
Y otra palabra para cuando se detiene
sobre unas gafas de alambre
que alguien perdió en la acera
la noche pasada, tambaleándose a ciegas
hablando consigo mismo o rompiendo a cantar.
La fugitiva
El nombre de una muchacha que amé
salió volando de la punta de mi lengua
en medio de la calle,
como una mosca amaestrada
guardada por un loco en una caja de cerillas—
¡Ya no está!
Dejando mi boca abierta
de par en par
de modo que cualquiera que pasase pueda verla.
("arquitrave", no.63, versión mario lapera)
Tal vez haya alguna palabra
que describa el mundo como hoy,
una palabra como la luz temprana
que se deleita en apartar la oscuridad
de los escaparates y los portales.
Y otra palabra para cuando se detiene
sobre unas gafas de alambre
que alguien perdió en la acera
la noche pasada, tambaleándose a ciegas
hablando consigo mismo o rompiendo a cantar.
La fugitiva
El nombre de una muchacha que amé
salió volando de la punta de mi lengua
en medio de la calle,
como una mosca amaestrada
guardada por un loco en una caja de cerillas—
¡Ya no está!
Dejando mi boca abierta
de par en par
de modo que cualquiera que pasase pueda verla.
("arquitrave", no.63, versión mario lapera)
martes, 3 de febrero de 2015
John Better (1978 )
Moro
1
Los labios de Antonio arden.
Hay un colibrí que palidece en la punta de su lengua.
Hay un jardín que se consume y nadie cerca que se percate de ello, y nadie lejos que se pregunte: ¿Qué sucede?
Enjambres, jazmines, orquídeas, brillantes insectos que ahora son humo.
Y todo eso ocurre por que has llevado tu boca hasta la mía.
2
Antonio de repente se ha quedado dormido.
Su cuerpo me es tan conocido como su fama.
Lleva tatuado en su pecho el nombre de una mujer, cuando paso la punta de mis dedos por las letras que lo conforman, Antonio, aún dormido, aprieta su mano como quien exprime un limón maduro.
Tiene 21 años y la fuerza de quien ha levantado ladrillo a ladrillo su asalariado destino.
Bajo su ropa interior hay otro que duerme, otro que también sueña.
Esta habitación es un desastre, su camisa y su pantalón cuelgan de los clavos de una pared mohosa.
Sobre una sucia mesa de noche, su brillante reloj marca casi la hora en que debemos abandonar todo esto. No tarda en sonar el teléfono a indagar si deseamos alargar el más efímero y vulgar de los instantes.
(fuente: "crónica del quindío.com")
1
Los labios de Antonio arden.
Hay un colibrí que palidece en la punta de su lengua.
Hay un jardín que se consume y nadie cerca que se percate de ello, y nadie lejos que se pregunte: ¿Qué sucede?
Enjambres, jazmines, orquídeas, brillantes insectos que ahora son humo.
Y todo eso ocurre por que has llevado tu boca hasta la mía.
2
Antonio de repente se ha quedado dormido.
Su cuerpo me es tan conocido como su fama.
Lleva tatuado en su pecho el nombre de una mujer, cuando paso la punta de mis dedos por las letras que lo conforman, Antonio, aún dormido, aprieta su mano como quien exprime un limón maduro.
Tiene 21 años y la fuerza de quien ha levantado ladrillo a ladrillo su asalariado destino.
Bajo su ropa interior hay otro que duerme, otro que también sueña.
Esta habitación es un desastre, su camisa y su pantalón cuelgan de los clavos de una pared mohosa.
Sobre una sucia mesa de noche, su brillante reloj marca casi la hora en que debemos abandonar todo esto. No tarda en sonar el teléfono a indagar si deseamos alargar el más efímero y vulgar de los instantes.
(fuente: "crónica del quindío.com")
miércoles, 3 de diciembre de 2014
4 PRO AYOTZINAPA
David Huerta (1949 )
Ayotzinapa
Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras
Los muertos tienen manos
Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable
Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó
Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes
Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía
El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país
Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos
Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto
Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer
Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río
Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa
Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos
Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido
Ayotzinapa
Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras
Los muertos tienen manos
Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable
Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó
Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes
Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía
El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país
Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos
Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto
Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer
Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río
Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa
Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos
Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido
Óscar Oliva (1937 )
Balada por los muchachos de Ayotzinapa
No hay límites para el país del crimen.
No hay nombre para el país del crimen.
No hay país con nombres del crimen.
No hay crímenes para el país del crimen.
¿Díganme, en qué país lejano hallarlos?
A Décimo Junio Juvenal agrego a François Villon
para componer esta balada, y pido a otros cantores
añadan otro estribillo interrogativo: ¿dónde, en qué
país sin crímenes están los muchachos que apenas
se habían desnudado al amor?
Ayúdenme a correr junto a un río
que corre con demasiada fuerza.
¿En dónde están, en qué casa negra, encapsulados?
En la casa blanca no están, ahí ya no habita nadie.
Llegará el tiempo de otras sirenas, de otros sortilegios,
y la blancura como lirio será un resplandor amarillo
o un lirio negro al capricho de otra dueña, otra Circe
de engaño, entre leones y lobos del mismo bosque.
¿Dónde están, Madre Dolorosa?
¿Dónde están las 43 lágrimas de ayer por la tarde?
No vamos a averiguar en esta mañana dónde están,
ni en las siguientes mañanas y tardes dónde están,
ni en todo el año, que a este estribillo no nos lleve:
¡Mas dónde están los muchachos de Ayotzinapa!
No hay límites.
No hay nombres.
No hay país.
No hay crímenes.
Corren con demasiada fuerza.
Tuxtla, noviembre, 2014.
Fsernando Santiago (1953 )
¿Quién es el padre...?
Quién es el padre de este crimen?
Qué sombra lo consiente y lo subleva
hasta borrarle el rostro y arrebatarle como perro
la mirada a un muchacho pobre?
Dónde esta la madre de todas nuestras rabias
que sólo me despierta pasada la hora
para que no me dé cuenta
para que no sepa nada de lo que ya me espera?
A qué puerta hay que tocar
Cómo debe ser el grito
para que alguien nos ayude en la noche desierta
en la que ya no canta nadie?
Cómo caminar el camino sin miedo
la calle, la avenida
la montaña , el río
Cómo saber que aún regresaran nuestros muchachos de Ayotzinapa?
A qué tierra hay que ir para encontrar respuestas?
Será de día o de noche en que algún valiente o arrepentido
de beber esa sangre
nos señale cuando menos la vereda para llegar al reino
donde supuran y festejan esas sombras?
Quién es?
Quiénes son?
Cuál es la guarida del poder que los ampara
y nos amaga el espíritu?
Dónde están que quiero tocarlos
Y dándole la espalda a Dios
Volverlos cenizas maldiciendo entre mis manos.
Javier Acosta (1967 )
No deberías callar
Javier Acosta (1967 )
No deberías callar
Sabes que deberías callar
porque tienes la dura obligación de procurar
que florezca la rosa en tu poema -y eso ya es bastante
Sabes que deberías callar
y consagrarte a la sincera
o inútil sobriedad de la poesía -y eso es ya bastante
Porque no puedes encontrar a los niños perdidos
porque no puedes revivir
a los que buscan a sus hijos todo el día
No deberías callar
aunque un poema sirva nada más
para aprender a distinguir lo vivo de lo muerto
-y eso es ya bastante
No deberías callar joven que escribes
sólo para que sepas bien si estás vivo o difunto
y eso es ya bastante -para no callar
porque tienes la dura obligación de procurar
que florezca la rosa en tu poema -y eso ya es bastante
Sabes que deberías callar
y consagrarte a la sincera
o inútil sobriedad de la poesía -y eso es ya bastante
Porque no puedes encontrar a los niños perdidos
porque no puedes revivir
a los que buscan a sus hijos todo el día
No deberías callar
aunque un poema sirva nada más
para aprender a distinguir lo vivo de lo muerto
-y eso es ya bastante
No deberías callar joven que escribes
sólo para que sepas bien si estás vivo o difunto
y eso es ya bastante -para no callar
(fuente: FB)
viernes, 3 de enero de 2014
Eugénio de Andrade (1923/2005 )
Os trabalhos da mão
Começo a dar-me conta: a mão
que escreve os versos
envelheceu. Deixou de amar as areias
das dunas, as tardes de chuva
miúda, o orvalho matinal
dos cardos. Prefere agora as sílabas
da sua aflição.
Sempre trabalhou mais que sua irmã,
um pouco mimada, um pouco
preguiçosa, mais bonita.
A si coube sempre
a tarefa mais dura: semear, colher,
coser, esfregar. Mas tambén
acariciar, é certo. A exigência,
o rigor, acabaram por fatigá-la.
O fim não pode tardar: oxalá
tenha em conta a sua nobreza.
Los trabajos de la mano
Empiezo a darme cuenta: la mano
que escribe los versos
ha envejecido. Ha dejado de amar la arena
de las dunas, las tardes de lluvia
menuda, el rocío matinal
de los cardos. Prefiere ahora las sílabas
de su aflicción.
Siempre ha trabajado más que su hermana,
un poco mimada, un poco
perezosa, más bonita.
Le ha tocado siempre
la tarea más dura: sembrar, coger,
coser, fregar. Pero también
acariciar, es cierto. La exigencia,
el rigor, acabaron fatigándola.
El final no puede tardar: ojalá
tenga en cuenta su nobleza.
(textos tomados del sitio "la mirada del lobo", tr. de Ángel Campo Pámpano.)
Começo a dar-me conta: a mão
que escreve os versos
envelheceu. Deixou de amar as areias
das dunas, as tardes de chuva
miúda, o orvalho matinal
dos cardos. Prefere agora as sílabas
da sua aflição.
Sempre trabalhou mais que sua irmã,
um pouco mimada, um pouco
preguiçosa, mais bonita.
A si coube sempre
a tarefa mais dura: semear, colher,
coser, esfregar. Mas tambén
acariciar, é certo. A exigência,
o rigor, acabaram por fatigá-la.
O fim não pode tardar: oxalá
tenha em conta a sua nobreza.
Los trabajos de la mano
Empiezo a darme cuenta: la mano
que escribe los versos
ha envejecido. Ha dejado de amar la arena
de las dunas, las tardes de lluvia
menuda, el rocío matinal
de los cardos. Prefiere ahora las sílabas
de su aflicción.
Siempre ha trabajado más que su hermana,
un poco mimada, un poco
perezosa, más bonita.
Le ha tocado siempre
la tarea más dura: sembrar, coger,
coser, fregar. Pero también
acariciar, es cierto. La exigencia,
el rigor, acabaron fatigándola.
El final no puede tardar: ojalá
tenga en cuenta su nobleza.
(textos tomados del sitio "la mirada del lobo", tr. de Ángel Campo Pámpano.)
martes, 30 de octubre de 2012
Clara Janés (1946 )
Podrías haber roto...
Podrías haber roto con todo,
haber salido al campo
y sembrado la tierra,
pero te has encerrado
a cavar
en la tierra del cerebro y
te has quedado blanco
como una raíz.
Tu frente ha levantado
un muro,
y tus ojos se han agrandado
hasta que tu pupila
ha logrado captar
el más etéreo pliegue del misterio.
Me ha llegado tu libro
Me ha llegado tu libro,
una palabra
murmurada
de amor,
y he sentido el cabello
rebosante de aromas
llamear por las calles
escapando a tu encuentro.
(textos tomados de Poesía erótica y amorosa, ediciones El Vaso Roto, col. Poesía no.8, Barcelona-México, 2010.)
Podrías haber roto con todo,
haber salido al campo
y sembrado la tierra,
pero te has encerrado
a cavar
en la tierra del cerebro y
te has quedado blanco
como una raíz.
Tu frente ha levantado
un muro,
y tus ojos se han agrandado
hasta que tu pupila
ha logrado captar
el más etéreo pliegue del misterio.
Me ha llegado tu libro
Me ha llegado tu libro,
una palabra
murmurada
de amor,
y he sentido el cabello
rebosante de aromas
llamear por las calles
escapando a tu encuentro.
(textos tomados de Poesía erótica y amorosa, ediciones El Vaso Roto, col. Poesía no.8, Barcelona-México, 2010.)
martes, 3 de julio de 2012
Víctor Botas (1945/1994 )
Lluvia
En tus ojos de lluvia
crecen pálidos árboles
de hielo
Entre sus ramas
tiembla
labrada en roca viva
la imagen de un ansioso
dios que sonríe
y mata.
Una mujer de ojos verdes irá en estos momentos
por Tottenham Court, hacia Oxford Street.
Otra, de negra cabellera, estará ahora mismo cruzando
la Via dei Fori Imperiali, el Coliseo al fondo.
Una tercera, sale seguramente de la boca
del metro de París, justo frente a l’Etoile.
En Madrid, habrá una jovencita que ligue emocionada
mientras toma una caña en algún bar de Rosales,
cerca del templo egipcio:
¿Y tú, my rose, my rose?:
a lo mejor
miras en este instante
el mar y no comprendes
que te lo llevas todo en las pupilas.
Mientras,
yo mato el tiempo tercamente
en este cuarto gris y ante esta hoja.
En tus ojos de lluvia
crecen pálidos árboles
de hielo
Entre sus ramas
tiembla
labrada en roca viva
la imagen de un ansioso
dios que sonríe
y mata.
Ahora
Una mujer de ojos verdes irá en estos momentos
por Tottenham Court, hacia Oxford Street.
Otra, de negra cabellera, estará ahora mismo cruzando
la Via dei Fori Imperiali, el Coliseo al fondo.
Una tercera, sale seguramente de la boca
del metro de París, justo frente a l’Etoile.
En Madrid, habrá una jovencita que ligue emocionada
mientras toma una caña en algún bar de Rosales,
cerca del templo egipcio:
¿Y tú, my rose, my rose?:
a lo mejor
miras en este instante
el mar y no comprendes
que te lo llevas todo en las pupilas.
Mientras,
yo mato el tiempo tercamente
en este cuarto gris y ante esta hoja.
(textos tomados de internet)
domingo, 3 de junio de 2012
MUJERES RABIOSAS
Uriel Martínez
LA INVITADA
grita, avisa que se va,
azota la puerta, no quiere
saber nada, enfurecida
cierra uno a uno los botones;
como poseída por nadie, como
el cuervo que grazna de noche
a la noche, se calza apresurada
las sandalias de fuego;
grita de nuevo, salpica los
espejos, arroja vaho
a las paredes, la garganta
estremecida se le irrita;
baja los escalones de 2 en 2,
como urgida de precipicio
exige le abran la puerta
principal; sale corriendo,
corre a la esquina, sin bolso,
sin abrigo, sin paraguas,
la niebla asciende del asfalto,
se pierde en la distancia.
LA ANFITRIONA
con los pasos breves y discretos
propios de la derrota, baja
24 escalones tomada del barandal
de la alta noche;
como en una escena en blanco
y negro, lentamente arrastra
la gabardina como quien espera
lluvia o viento;
abre el coche, mete la llave
para encenderlo y observa
en la luna del retrovisor
el cigarrillo tembloroso, anhelante;
por fin el coche arranca
en dirección al tumulto
de aquella que olvidó llaves,
cepillo y pashmina en el baño;
si la alcanzo le digo que vuelva
que la perdono que no se agite
que llore en mi hombro que beba
de mi cáliz que acomode los espejos.
LA OTRA
la otra, la que no quiere
volver a casa, dilata la noche
del sábado en el apeadero
para el empleado pobre;
sujeto el pelo en chongo
lleva consigo los secretos
de la noche, viste para ello
unos jeans entallados;
nunca se sube a la báscula
ni se toma la estatura 1.60,
prefiere chicles de menta
y anteojos en el tupé;
gira en un tacón cuando
desde un coche le gritan
su precio, aunque ha de
conseguir el gasto semanal;
si se le hace más tarde
sin enganchar al pez
de los billetes, sabe
a lo que se expone:
a que la encuentre el sereno
ya con el chicle derrotado
y la cama a solas.
(textos tomados de la e-review "a fondo", de Fernando Andrade Cancino.)
LA INVITADA
grita, avisa que se va,
azota la puerta, no quiere
saber nada, enfurecida
cierra uno a uno los botones;
como poseída por nadie, como
el cuervo que grazna de noche
a la noche, se calza apresurada
las sandalias de fuego;
grita de nuevo, salpica los
espejos, arroja vaho
a las paredes, la garganta
estremecida se le irrita;
baja los escalones de 2 en 2,
como urgida de precipicio
exige le abran la puerta
principal; sale corriendo,
corre a la esquina, sin bolso,
sin abrigo, sin paraguas,
la niebla asciende del asfalto,
se pierde en la distancia.
LA ANFITRIONA
con los pasos breves y discretos
propios de la derrota, baja
24 escalones tomada del barandal
de la alta noche;
como en una escena en blanco
y negro, lentamente arrastra
la gabardina como quien espera
lluvia o viento;
abre el coche, mete la llave
para encenderlo y observa
en la luna del retrovisor
el cigarrillo tembloroso, anhelante;
por fin el coche arranca
en dirección al tumulto
de aquella que olvidó llaves,
cepillo y pashmina en el baño;
si la alcanzo le digo que vuelva
que la perdono que no se agite
que llore en mi hombro que beba
de mi cáliz que acomode los espejos.
LA OTRA
la otra, la que no quiere
volver a casa, dilata la noche
del sábado en el apeadero
para el empleado pobre;
sujeto el pelo en chongo
lleva consigo los secretos
de la noche, viste para ello
unos jeans entallados;
nunca se sube a la báscula
ni se toma la estatura 1.60,
prefiere chicles de menta
y anteojos en el tupé;
gira en un tacón cuando
desde un coche le gritan
su precio, aunque ha de
conseguir el gasto semanal;
si se le hace más tarde
sin enganchar al pez
de los billetes, sabe
a lo que se expone:
a que la encuentre el sereno
ya con el chicle derrotado
y la cama a solas.
(textos tomados de la e-review "a fondo", de Fernando Andrade Cancino.)
sábado, 28 de mayo de 2011
ANDRÉS SANTA CRUZ (1940- 2011)
1975
Ahora purgas tus pecados, ciudad orgullosa como el Sol que no condescendiste a mirar a quienes pagaban tu fugaz esplendor. Ahora tus víctimas te llenan y te roen las entrañas.
Llegó la hora de no sé dónde y el sálvese quien pueda. Llegó la hora de la muerte en cada esquina.
Multitudes de sangre acabarán contigo, ciudad mía. Y yo que te pertenezco y he sido cómplice en tus culpas te prometo que he de hundirme contigo.
Lobos
Pronto no quedará un lobo en la Tierra.
Muertos con balas de expansión o envenenados, sus cadáveres se pudren bajo la nieve o yacen en lo más hondo del bosque.
No los compadezcas, dicen algunos. Se ganaron a pulso el exterminio. Son enemigos de los rebaños, no temen al hombre y han devorado niños de brazos.
Todo esto y más es cierto, pero no menos cierto es que si el lobo actuó así fue porque lo obligamos a esta conducta.
Y en su descargo hay que ponerle un epitafio: vindicó la raza de los perros, prefirió el riesgo a la domesticidad, creyó en el deber de rebeldía y no aceptó jamás la servidumbre.
(textos tomados del semanario Proceso, sección Inventario de José Emilio Pacheco, número 1791, 27 de febrero 2011.)
Ahora purgas tus pecados, ciudad orgullosa como el Sol que no condescendiste a mirar a quienes pagaban tu fugaz esplendor. Ahora tus víctimas te llenan y te roen las entrañas.
Llegó la hora de no sé dónde y el sálvese quien pueda. Llegó la hora de la muerte en cada esquina.
Multitudes de sangre acabarán contigo, ciudad mía. Y yo que te pertenezco y he sido cómplice en tus culpas te prometo que he de hundirme contigo.
Lobos
Pronto no quedará un lobo en la Tierra.
Muertos con balas de expansión o envenenados, sus cadáveres se pudren bajo la nieve o yacen en lo más hondo del bosque.
No los compadezcas, dicen algunos. Se ganaron a pulso el exterminio. Son enemigos de los rebaños, no temen al hombre y han devorado niños de brazos.
Todo esto y más es cierto, pero no menos cierto es que si el lobo actuó así fue porque lo obligamos a esta conducta.
Y en su descargo hay que ponerle un epitafio: vindicó la raza de los perros, prefirió el riesgo a la domesticidad, creyó en el deber de rebeldía y no aceptó jamás la servidumbre.
(textos tomados del semanario Proceso, sección Inventario de José Emilio Pacheco, número 1791, 27 de febrero 2011.)
viernes, 24 de septiembre de 2010
CONSTANTINO CAVAFIS (1863- 1933)
Dos poemas
Recuerda, cuerpo...
Cuerpo, recuerda no sólo cuánto te amaron,
no sólo los lechos sobre los que yaciste,
sino también aquellos deseos
que brillaban abiertamente dentro de los ojos,
que temblaban dentro de la voz, por ti; aunque
algún obstáculo imprevisto los frustró.
Ahora que ya todo se encuentra en el pasado,
casi parece que te hubieras entregado
a esos deseos: cómo brillaban,
recuerda, dentro de los ojos que te miraban,
cómo temblaban dentro de la voz, por ti,
recuerda, cuerpo.
1918
El espejo del vestíbulo
La residencia tenía en el vestíbulo
un espejo enorme, muy antiguo,
comprado unos ochenta años atrás.
Un joven bellísimo, empleado de un sastre
(y los domingos, atleta aficionado)
se presentó con un paquete. Hizo entrega de él
a alguien de la casa, que tomándolo entró
en busca del recibo. El empeado del sastre
se quedó solo, esperando.
Se acercó al espejo y mirándose
se arregló la corbata. Cinco minutos más tarde
le llevaron el recibo. Lo tomó y se fue.
Pero el espejo antiguo, que había visto
durante su dilatada existencia
miles de objetos y de rostros,
ese espejo antiguo ahora se alegraba
y se enorgullecía de haber capturado en su superficie,
por breves instantes, la belleza perfecta.
1930
(textos tomados de Cinco poetas neohelénicos,
UAEM, Toluca, México, 1981, trad. Carmen Chuaqui.)
Recuerda, cuerpo...
Cuerpo, recuerda no sólo cuánto te amaron,
no sólo los lechos sobre los que yaciste,
sino también aquellos deseos
que brillaban abiertamente dentro de los ojos,
que temblaban dentro de la voz, por ti; aunque
algún obstáculo imprevisto los frustró.
Ahora que ya todo se encuentra en el pasado,
casi parece que te hubieras entregado
a esos deseos: cómo brillaban,
recuerda, dentro de los ojos que te miraban,
cómo temblaban dentro de la voz, por ti,
recuerda, cuerpo.
1918
El espejo del vestíbulo
La residencia tenía en el vestíbulo
un espejo enorme, muy antiguo,
comprado unos ochenta años atrás.
Un joven bellísimo, empleado de un sastre
(y los domingos, atleta aficionado)
se presentó con un paquete. Hizo entrega de él
a alguien de la casa, que tomándolo entró
en busca del recibo. El empeado del sastre
se quedó solo, esperando.
Se acercó al espejo y mirándose
se arregló la corbata. Cinco minutos más tarde
le llevaron el recibo. Lo tomó y se fue.
Pero el espejo antiguo, que había visto
durante su dilatada existencia
miles de objetos y de rostros,
ese espejo antiguo ahora se alegraba
y se enorgullecía de haber capturado en su superficie,
por breves instantes, la belleza perfecta.
1930
(textos tomados de Cinco poetas neohelénicos,
UAEM, Toluca, México, 1981, trad. Carmen Chuaqui.)
martes, 21 de septiembre de 2010
JOAO CABRAL DE MELO NETO (1920-1999 )
Dos poemas
Tejiendo la mañana
Un solo gallo no teje la mañana;
él necesitará siempre de otros gallos.
De uno que recoge ese grito que él
y lo lance a otro; de otro gallo
que recoja el grito que un gallo antes
y lo lance a otro; y de otros gallos
que con muchos otros gallos se crucen
los hilos de sol de sus gritos de gallo,
para que una mañana, desde una trama tenue,
se vaya tejiendo, entre todos los gallos.
2.
Y espesándose en tela, entre todos,
irguiéndose tienda, entre todos,
entretendiendo hacia todos, en el toldo
(la mañana) que planea libre de armazón.
La mañana, toldo de un tejido tan aéreo
que, tejido, se eleva por sí: luz globo
(textos tomados de Antología poética,
ed. Fundarte, col. Breves, no. 18, impreso
por Miguel Ángel García, Caracas, Ven., 1979)
Tejiendo la mañana
Un solo gallo no teje la mañana;
él necesitará siempre de otros gallos.
De uno que recoge ese grito que él
y lo lance a otro; de otro gallo
que recoja el grito que un gallo antes
y lo lance a otro; y de otros gallos
que con muchos otros gallos se crucen
los hilos de sol de sus gritos de gallo,
para que una mañana, desde una trama tenue,
se vaya tejiendo, entre todos los gallos.
2.
Y espesándose en tela, entre todos,
irguiéndose tienda, entre todos,
entretendiendo hacia todos, en el toldo
(la mañana) que planea libre de armazón.
La mañana, toldo de un tejido tan aéreo
que, tejido, se eleva por sí: luz globo
(textos tomados de Antología poética,
ed. Fundarte, col. Breves, no. 18, impreso
por Miguel Ángel García, Caracas, Ven., 1979)
martes, 14 de septiembre de 2010
JORGE CANTÚ DE LA GARZA (1937- 1998 )
Dos poemas
Todavía tú
Hubiera preferido que tus degradaciones
se produjeran en la cima de una torre,
protegido apenas tu cuerpo de las auras
por un enrejado de bambú.
Hubiera querido que el sol
participara en la corrupción de tu carne
y que tus huesos, mondos ya de belleza,
fueran erosionados por el viento.
Enterrarte para seguir la costumbre
ha hecho más infame tu ausencia.
Miro los colores que miraste
y nada me consuela.
De vida irregular
para mi hijo
No fuimos personas comunes y corrientes.
Durante muchos años tuvimos diecinueve años.
Propensos a la disidencia y el escándalo
ejercimos el desdén hasta la indiferencia.
Hoy, maduros ya, mas nunca viejos,
seguimos siendo gente rara.
Nuestra rareza brinda a las gentes de bien
un prisma perfecto en qué mirarse
y seguir siendo, felizmente,
personas comunes y corrientes.
(textos tomados de Ajuste provisional,
ed. UNAM, col. El ala del tigre, México,
1991)
Todavía tú
Hubiera preferido que tus degradaciones
se produjeran en la cima de una torre,
protegido apenas tu cuerpo de las auras
por un enrejado de bambú.
Hubiera querido que el sol
participara en la corrupción de tu carne
y que tus huesos, mondos ya de belleza,
fueran erosionados por el viento.
Enterrarte para seguir la costumbre
ha hecho más infame tu ausencia.
Miro los colores que miraste
y nada me consuela.
De vida irregular
para mi hijo
No fuimos personas comunes y corrientes.
Durante muchos años tuvimos diecinueve años.
Propensos a la disidencia y el escándalo
ejercimos el desdén hasta la indiferencia.
Hoy, maduros ya, mas nunca viejos,
seguimos siendo gente rara.
Nuestra rareza brinda a las gentes de bien
un prisma perfecto en qué mirarse
y seguir siendo, felizmente,
personas comunes y corrientes.
(textos tomados de Ajuste provisional,
ed. UNAM, col. El ala del tigre, México,
1991)
sábado, 4 de septiembre de 2010
ARTURO RAMÍREZ JUÁREZ (1949- 1988 )
Dos poemas
Narciso
Ahí está
como todos los días,
haciendo abdominales y gestos ante el espejo.
Sus músculos se tensan
en el laboratorio de la sangre.
Traza movimientos y profundas respiraciones
se agitan en su pecho.
Las pesas suben y bajan
contorsionando membranas y tejidos.
Sus ojos,
aturdidos en sí mismos
se embriagan.
Su torso es esbelto y sus brazos dos garras
donde la mirada se hunde,
espesándose en su carne.
Así,
cae en el espejo nuevamente
y se ahoga.
Circe
La he visto sentada
conversar con sus dioses,
en una banca de la Alameda Central.
Su cabello rojo
-ensangrentado-
hace que sus sueños deliren.
Su sombra conjura con el sol
que brama sobre el asfalto,
y su voz enfurecida por el alcohol
lanza anatemas sobre los transeúntes,
que se convierten sin remedio en bueyes.
(textos tomados de Rituales, ed. FCE,
col. Letras Mexicanas, México, 1987)
Narciso
Ahí está
como todos los días,
haciendo abdominales y gestos ante el espejo.
Sus músculos se tensan
en el laboratorio de la sangre.
Traza movimientos y profundas respiraciones
se agitan en su pecho.
Las pesas suben y bajan
contorsionando membranas y tejidos.
Sus ojos,
aturdidos en sí mismos
se embriagan.
Su torso es esbelto y sus brazos dos garras
donde la mirada se hunde,
espesándose en su carne.
Así,
cae en el espejo nuevamente
y se ahoga.
Circe
La he visto sentada
conversar con sus dioses,
en una banca de la Alameda Central.
Su cabello rojo
-ensangrentado-
hace que sus sueños deliren.
Su sombra conjura con el sol
que brama sobre el asfalto,
y su voz enfurecida por el alcohol
lanza anatemas sobre los transeúntes,
que se convierten sin remedio en bueyes.
(textos tomados de Rituales, ed. FCE,
col. Letras Mexicanas, México, 1987)
viernes, 13 de agosto de 2010
ENRIQUETA OCHOA (1928-2008)
Asaltos a la memoria
Amanece:
en las macetas de las ventanas arden los geranios.
Un vaho lechoso entra en el viento.
Corre el día hacia las dunas de la oscuridad.
Después de avanzada la noche
me desprendo;
abajo quedan mi piel, mis huesos...
Me echo en picada a las profundidades,
atravieso el infierno,
toco la incandescencia de la luz
-todos los pájaros se desatan.
De lejos llega el olor a dátiles
que espesan en los cazos de cobre
y de polvorones recién horneados.
Aroma penetrante de mi infancia que nace.
La noche de la lluvia de estrellas
Con anticipación se había anunciado un fenómeno celeste.
Cuando llegó el día señalado, salimos corriendo a contemplar
la noche. Éramos como nerviosos saltamontes brincando de
un lado a otro, para observar cómo un navío infinito de
estrellas naufragaba en el mar del cielo.
(textos tomados de Asaltos a la memoria,
Universidad Autónoma del Estado de
México, 2004)
Amanece:
en las macetas de las ventanas arden los geranios.
Un vaho lechoso entra en el viento.
Corre el día hacia las dunas de la oscuridad.
Después de avanzada la noche
me desprendo;
abajo quedan mi piel, mis huesos...
Me echo en picada a las profundidades,
atravieso el infierno,
toco la incandescencia de la luz
-todos los pájaros se desatan.
De lejos llega el olor a dátiles
que espesan en los cazos de cobre
y de polvorones recién horneados.
Aroma penetrante de mi infancia que nace.
La noche de la lluvia de estrellas
Con anticipación se había anunciado un fenómeno celeste.
Cuando llegó el día señalado, salimos corriendo a contemplar
la noche. Éramos como nerviosos saltamontes brincando de
un lado a otro, para observar cómo un navío infinito de
estrellas naufragaba en el mar del cielo.
(textos tomados de Asaltos a la memoria,
Universidad Autónoma del Estado de
México, 2004)
sábado, 24 de julio de 2010
KYRA GALVÁN (1956)
Elegía futura
Cubren mis pies unos zuecos negros
y camino por este piso de barro rojo.
Así debió caminar una dama egipcia
con las babuchas que hoy sólo nos dicen
desde la vitrina de un museo
que alguna vez estuvieron
tan vivas como ahora mis piernas.
¿Llegará alguien
a mirar mis zuecos negros
en la vitrina de un museo?
Bellas artes
Mientras dormías escuchaba tu resuello,
profundo y lento.
Diríase que hasta joven.
Quien podría decir
que bajo tu corazón pesaban
tantos años de ser la maestra
en el arte de la sumisión
en la virtud de la mudez
en el vicio de no tocar.
(textos tomados de Un pequeño moretón
en la piel de nadie, ed. Verdehalago/Conaculta,
col. La Centena, México, 2005)
Cubren mis pies unos zuecos negros
y camino por este piso de barro rojo.
Así debió caminar una dama egipcia
con las babuchas que hoy sólo nos dicen
desde la vitrina de un museo
que alguna vez estuvieron
tan vivas como ahora mis piernas.
¿Llegará alguien
a mirar mis zuecos negros
en la vitrina de un museo?
Bellas artes
Mientras dormías escuchaba tu resuello,
profundo y lento.
Diríase que hasta joven.
Quien podría decir
que bajo tu corazón pesaban
tantos años de ser la maestra
en el arte de la sumisión
en la virtud de la mudez
en el vicio de no tocar.
(textos tomados de Un pequeño moretón
en la piel de nadie, ed. Verdehalago/Conaculta,
col. La Centena, México, 2005)
miércoles, 16 de junio de 2010
JUAN CARLOS BAUTISTA (1964)
DIEZ GARBANZOS
selección: UM
1. El cuarto oscuro es una sala de proyección donde
la película transcurre en la nuca.
2. El travesti, al pasar, me susurra, "tú, la Ignorada".
3. Un travesti al pasar, me bufa: "Tú, la pobre".
4. Al travesti más perfecto lo traiciona la voz: la voz del
joto, del impostor. Por eso mismo, los travestis no la
disimulan; antes, al contrario, la dramatizan. Otra vez,
como en la tragedia griega, la máscara es verdad, y la
voz lo es todo: el personaje y su destino.
5. Noche. Al cruzar frente al espejo, un travesti me susurra:
tú, vuélvete "otra".
6. Los sadomasoquistas son el colmo de la fatuidad. Todos
merecemos ser golpeados por pedir placer, ¿pero por qué
volverlo tan obvio?
7. Pero ese muchacho tenía un culo tan hermoso
que sus nalgas parecían enamoradas entre sí,
y cuando el muchacho caminaba era como si ellas
se fueran besando apasionadamente.
8. Encontrar un amor es un regalo de Dios./ Retener ese
amor es un regalo del diablo.
9. Si crees que la mujer es el comienzo de las desgracias
del hombre, ama a otro hombre; y verás.
10. Hay gente que sólo se cruza con su sombra. Y no
se hablan.
(textos tomados de Aluvión de pensamientos inútiles
y sublimes, ed. de Quimera (Col. Quaderna, No.3)
México, 2010)
selección: UM
1. El cuarto oscuro es una sala de proyección donde
la película transcurre en la nuca.
2. El travesti, al pasar, me susurra, "tú, la Ignorada".
3. Un travesti al pasar, me bufa: "Tú, la pobre".
4. Al travesti más perfecto lo traiciona la voz: la voz del
joto, del impostor. Por eso mismo, los travestis no la
disimulan; antes, al contrario, la dramatizan. Otra vez,
como en la tragedia griega, la máscara es verdad, y la
voz lo es todo: el personaje y su destino.
5. Noche. Al cruzar frente al espejo, un travesti me susurra:
tú, vuélvete "otra".
6. Los sadomasoquistas son el colmo de la fatuidad. Todos
merecemos ser golpeados por pedir placer, ¿pero por qué
volverlo tan obvio?
7. Pero ese muchacho tenía un culo tan hermoso
que sus nalgas parecían enamoradas entre sí,
y cuando el muchacho caminaba era como si ellas
se fueran besando apasionadamente.
8. Encontrar un amor es un regalo de Dios./ Retener ese
amor es un regalo del diablo.
9. Si crees que la mujer es el comienzo de las desgracias
del hombre, ama a otro hombre; y verás.
10. Hay gente que sólo se cruza con su sombra. Y no
se hablan.
(textos tomados de Aluvión de pensamientos inútiles
y sublimes, ed. de Quimera (Col. Quaderna, No.3)
México, 2010)
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