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domingo, 8 de marzo de 2020

Uriel Martínez (1950 )


                                                             

En el barrio


1
Por mi barrio son frecuentes los asesinatos, la desaparición forzada de mujeres a altas horas del día, los accidentes carreteros que obligan al desvío del río caudaloso de vehículos y transportes colectivos chatarra, de la senda sin abrigo de predicadores, mesías y enviados de Dios.

2
En mi barrio son pan de cada día los descarrilamientos de corridas de trenes de Western Union que llevan piezas de cobre robadas con destino a China, Taiwán y otros puntos de tierras innombradas y desconocidas, también a menudo suceden los redondeos de morralla en las tiendas de conveniencia, los asaltos en despoblado, los acuchillados al calor de las copas, los vientos helados que obligan a la obstrucción de pulmones y al jadeo de la respiración.

3
En mi cuadra y manzana a menudo pasan grupos de monjas que visitan tiendas, panaderías, heladerías y recauderías a pedir por los que menos tienen y no trabajan nada, van y vienen también aquellos ancianos que recogen en carretillas cartón, periódico y muebles abandonados (se brincan los cuerpos descuartizados), ropa en desuso, fetos, botes de aluminio y envases de cerveza, preservativos tirados, carteras vacías, cartas de amor no enviadas, medias de nylon sin piernas, ni brazos ni esmalte.

4
En callejones y calles cerradas viven mujeres solas, hombres que ya mastican sin dientes y en silencio, exprimen naranja, mandarina, limas y limones, extraen raíces de plantas no logradas en pisos de mármol, granito y tierra. Salen y las arrojan a contenedores tristes, bajo nubes de moscas, vuelven y se encierran en celdas como habitaciones, en cárceles como barrotes, con celadores que son ellos mismos. En mi barrio hacemos como que somos felices.



("el son del corazón", no.8, marzo-abrl 2019, zacatecas, méxico)

domingo, 1 de marzo de 2020

María Auxiliadora Álvarez (1956 )

Piedras de reposo




todo lo que quiero decirte hijo Es que atravieses el sufrimiento
Si llegas a su orilla si su orilla te llega Entra en su noche y déjate hundir
que su sorbo te beba que su espuma te agobie Déjate ir déjate ir

Todo lo que quiero decirte hijo Es que del otro lado del sufrimiento Hay otra orilla
Encontrarás allí grandes lajas Una de ellas lleva tu forma tallada
con tu antigua huella labrada Donde cabrás exacto y con anchura

no son tumbas hijo son piedras de reposo Con sus pequeños soles grabados y sus rendijas



("jámpster")

miércoles, 26 de febrero de 2020

Jorge Lobillo (1943 )


                                                                         foto google


El alambique


Nos alejaba una puerta antigua como el siglo. La abría cierta llave prohibida que encontramos detrás de la gran alacena, en la cocina. Un día ventoso, en que por tanto nadie salía, dimos de lleno vuelta a la hosca cerradura: crujiente superficie de huesos quebrantándose. Y penetramos en un ambiente blanquecino a través del ruido veloz de los murciélagos. Se encontraba allá abajo una especie de tumba, repleta de un agua mortecina que atraía... Luego explicamos que tal vez había sido el viento quien derrumbara la puerta a golpes, o el demonio.


("las migajas y los pájaros", fondo editorial tierra adentro, méxico, 1992)

domingo, 21 de julio de 2019

Uriel Martínez (1950 )

 El baño



Salgo del agua matutina con la toalla húmeda en ciertas partes. Al aplicarme la crema humectante en el rostro trazo la A de tu nombre. Con el índice blanco me dibujo los bordes de labios, los párpados curvos, los pómulos impronunciables, las venas perfectamente trazadas.


(Inédito)

miércoles, 1 de mayo de 2019

Cindy Jiménez Vera (1978 )

Mitopoiesis



Aquel día llegó con una carta de desalojo en las manos. Fue así como el horno, las gavetas, las cortinas y los zapatos dejaron de aparecer en aquellos poemas
domésticos.


("poesía cuatro")

domingo, 23 de diciembre de 2018

Clyo Mendoza (1993 )

Perro negro mira oculto una catástrofe



Escuché de los hombres que los que mueren sin paz no mueren. Los escuché decir que a veces ni siquiera basta el deseo de morir para que se muera rotundamente. Cuentan historias de gente que todavía muerta recuerda lo que amaba, lo que impulsaba sus puños o la tripa; entonces, dicen, aletean en la matriz de la muerte, contra su pared espesa.

Otros animales dicen que los difuntos sueñan la vida en la muerte, dicen que hablan, que  gritan, que los escuchamos. Que su voz es como la vibración del miocardio. Su voz es un llamado gris y nada registra sus peticiones: el tiempo no reconoce la voz de esos muertos. Parecen estar condenados al mutismo en la historia del mundo, pero logran que algunas noches huelan a su sangre. Porque, dicen, la sangre de los muertos sin paz sigue oliendo y los salvajes que fuimos se despiertan. Creo que esos son los días llenos de ansia: se vuelca el rojo, la gente mata, la gente muere, los perros nos aventamos a las piernas de los corredores, los niños lloran y la violencia atraviesa con la fuerza de su hierro todas las cortezas.

Los perros y los hombres somos bestias, y esos días la estela del animal que siguen siendo, esa vena dura encallada en el silencio, vuelve a palpitar. Entonces los vivos quedamos expuestos, destrozados.

Yo, Perro, que no lloro ni canto, sólo pienso: el amor es la verdadera resistencia, pero está presto siempre a la avería. Yo, que soy sólo un perro y miro desde aquí a las aves, a los árboles,  las madres, los niños y a otros muertos, sólo sé que compartiré lo que hay entre el cielo y la tierra, compartiré con ellos mi tumba.


("periódico de poesía")

sábado, 11 de agosto de 2018

Jorge Manzanilla (1986 )



El dolor es un animal que ha muerto en mi pecho



VI

Altar



Esta Santa Muerte pide por el cruce y por la ceguera de la patrulla fronteriza. Vea su destino, mire a la familia que lo espera del otro lado. No hay malla, no hay muro, tampoco está su cuerpo. Su cuerpo está velando a mis muertos. Su cuerpo está orando para evocar a los caídos. Este altar abre los puntos cardinales y ora con mirra, Son las tres de la mañana, son las tres de la mañana. Su cuerpo es un templo y yo soy su misa. Su cuerpo está en derrumbe y voy entrando por el ojo de su mano y por el cruce de El Paso – Juárez. Aquí está su padre, aquí está su noche.

La mesa está puesta.


("liberoamérica")

sábado, 21 de julio de 2018

Marosa di Giorgio (1932/2004 )


Los papeles salvajes
                            (fragmento)


Los animales hablaban



Los animales hablaban:las vacas y los caballos de mi padre, sus aves, sus ovejas. Largos raciocinios; parlamentos; discusiones entre sí y con los hombres, en procura de las frutas, de los hongos, de la sal. Yo iba por el bosque y veía al sol bajar,a la vez, en varios lugares; cuatro o cinco soles, redondos, blancos como la nieve, de largos hilos. Mi padre era el príncipe de los prados. Pero algunas mañanas lo desconocía, aunque a toda hora soñaba con él. Y, también, olvidé mi nombre (Rosa), y me iba por los prados, y, entonces, nadie se atrevió a llamarme. Y yo pasaba lejos, de sombrero azul, envuelto en llamas.



("medusario", ed. fce, méxico, 1966)

miércoles, 13 de junio de 2018

Erik Moya (1994 )








 De los hombres que escriben poemas en las paredes  de los baños
públicos


I
los que reconocen el canto del diablo en pared vecina/ recurren diariamente para el
sacrificio de las serpientes/ los que sentados con pelo y agua/sueñan plaga de muchachos
adormecidos tras la puerta/ los que jalan la palanca para el sonido del disimulo / mientras el
galope de las cabras hace eco de montaña/


los que abandonan la metáfora/ y prefieren una embestida real por la espalda
aquellos que adoloridos rugen por dentro de cabina en cabina
aquellos que silenciosos miran por debajo y encuentran un espejo
aquellos que vaciados dejan rastro de blancura esparcida
aquellos que insatisfechos con marcador permanente deciden anunciarse


porque la oferta y la demanda así lo dicta
porque las heridas emanan sangre cada dos días
porque las hemorragias se cortan amarrando cuerpos



("cruising morelia", Inédito)

viernes, 20 de abril de 2018

Alda Merini (1931/2009 )

Ciertamente Cristo


Ciertamente Cristo fue un pobre, un romántico, pero sobre todo fue Hijo de Dios y en esta su primogenitura nos quiso a todos por hermanos.
     Cristo es el héroe invencible, pero también es una figura saturada de piedad, la oreja que cada día se reclina en nuestro corazón y lo escucha y lo hace evaporar en el sueño.



("cuerpo de amor, un encuentro con jesús", vaso roto ediciones, barcelona, 2008; trad. jeannette l. clariond)





miércoles, 11 de abril de 2018

María Rosa Lojo (1954 )

Té de las cinco




Una taza de té con sus hojas dispersas en el fondo: hay allí un ojo extraviado, hay una boca que no halló la palabra, hay una pierna atravesada en medio del camino, hay una mano que no sabe coser. Hay un mapa secreto de una ciudad ya inhabitable donde viviste. Hay un llamado inaudible, hay una música que podría volverte el alma del revés, si la escucharas.
Pero hay otra mano tuya que vuelve a llenar la taza para tapar el fondo, para que no veas más, para no verte.


("mujeres que escriben")

sábado, 31 de marzo de 2018

Al Berto (1948/1997 )

Del ardor de la pasión a la muerte en el poema


Se cerró la ventana por donde entró la esencia salada del visitante. No te moverás del lugar que escogió para ti. Después, incendiado el aire, cierras los párpados de fiebre.
Al poco rato, cuando los abras en otro lugar, el mundo habrá cambiado. Si tu muerte aplazada se mantiene inmutable - y en la última casa de niebla el corazón se ilumina. Resplandece un segundo el nombre con que digo te amo.
Los dedos sujetan el ovillo de nubes con que te dejo un fúnebre collar. Ánforas de astros, herrumbre de la noche, oro de la mirada. Rostro contra la imagen del rostro.
En vela, siento el calor de tu cuerpo envolverme. Enrollo el collar en los cabellos. El perfume acre de la tierra mojada se infiltra en las palabras susurradas al oído. Y de tu pecho llega una nostalgia que me envenena. Crece un hilo de cobre en la línea húmeda de los labios. Nos abrazamos.
Tu sexo se yergue contra mi paladar. El rumor prolongado del mar nos protege.
Precario resplandor de los cuerpos saciados. Precario semen. Dejamos lentamente que venga el sueño a través del silencio.
Ningún recuerdo nos va a separar antes de la mañana.


("la nube habitada",versión fernando menéndez)

miércoles, 14 de marzo de 2018

Antonio Deltoro (1947 )

A lápiz



En lo profundo, con el sarampión, con las paperas, la modestia del lápiz: su cualidad para seguir los trazos frágiles; su calidad delgada para saber acompañar. El lápiz es un ser que para hacer se deshace, coherente con sus extremos de goma y de grafito, con su destino de viruta, con su trazo gris sobre el blanco. Pero a lápiz también se pueden escribir montañas, mares, catedrales; el lápiz no sólo es hábil con las vocales débiles, sino también traza la u, los grandes huecos, los abismos mayúsculos, la temperatura de la t; no solamente salen de él las comas, sus pequeñas discípulas y amigas, sino signos más radicales y robustos: los dos puntos.
        El lápiz, un triste lápiz de infancia, achatado y mordido, no uno puntiagudo, recién afilado, sino uno de esos que me prestaban los amigos, un lápiz al que se le tiene que humedecer la punta para que escriba casi al borde, un lápiz que pide sacapuntas, que ya conoce el destino, capaz de suicidarse, puede aún vivir momentos vigorosos y a la naturalidad de una rosa oponerle la excentricidad de una granada.

        La conciencia del tiempo me la dio por primera vez la distancia entre un lápiz orondo de goma militar y otro entrañable, cansado, sucio, plebeyo, cacarizo. A ese lápiz minúsculo asocié la vejez y la bondad de la maestra Teresa: frágil, hábil en el desaparecer, fabuladora, rica de letras y de cuentos.



("periódico de poesía", no.106)

domingo, 17 de diciembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

El código de barras


I.

Quiero salir al café antes que se haga noche, antes que oscurezca; en esta temporada del año oscurece temprano y en cuanto se mete el sol, se dispara el frío; y no quiero volver en taxi. Puede que más tarde caiga nieve. Esta mañana hubo llovizna que más tarde cada gota se volvió copo casi imperceptible, suave como pluma, tenue como amable.
     Sé que al salir al centro habrá clientes en panaderías, en mezcalerías, en tiendas con artículos de consumo diario, de productos perecederos que irán a caer a peroles y ollas humeantes. El frío que se espera en la siguiente madrugada no es para menos; los termómetros caerán por debajo de cero grados centígados, se esperan muertes por infarto, hipotermia, bronquitis, neumonía, por inhalación de bióxido de carbono, asfixia, según informan los medios electrónicos y la prensa de nota roja.
   A la violencia que asuela al país en cientos de modalidades, ahora sumaremos el toque de queda impuesto por una temporada de hielo, de frío crudo, de puertas y ventanas tapiadas.

II.

Aquí no hay toque de queda, dicen el gobierno, la iglesia, la milicia, los diarios, la televisión, la radio e internet. Prueba de ello -argumentan- son los negocios concurridos, los hospitales, las Cruces Rojas, las patrullas, los trenes que trasladan coches ensamblados, los albergues colmados de seres saciados, las jugueterías, los orfelinatos, los bancos y casas de cambio saturados, los carteristas y paqueros, las sexoservidoras que abarrotan las esquinas, parques, hoteles de paso, cervecerías, baños de vapor y carreteras. El grueso quinceañeras putas de minifalda.

III.

Se le recomienda a la población enviar a los jóvenes de ambos sexos con artesanos de Tatoo y Piercing . Así será más fácil identificarlos en caso de desaparición, a S. y a B. por ejemplo, y salvarlos de la fosa sin nombre, ya sea en un erial sin dueño, en un terreno no cercado o donde se dé el caso. Se sugiere a las familias con hijos menores de veinte años de edad, se estampen un tatuaje ya en la ingle, la corva, el codo o en el talón, se propone que sean sus siglas de nombre y apellidos, un símbolo heráldico o en latín, algo breve como fiat lux. Se ha pensado también en injertarse un chip, pero... Se trata, en suma, que cada joven porte un código de barras oculto.

IV.

De no procederse así, observa un investigador universitario, seguirán multiplicándose las legiones de madres y padres que buscan a sus hijas (os) desaparecidos mientras se dirigían al colegio, a la guardería, a la disco o a cualquier punto de reunión. Pasan las horas y no hay quien atienda a los dolidos familiares en el Ministerio Público, en la oficina de derechos humanos bajo el pretexto de fin de semana de asueto (por ley) o la cena de aniversario equis de los responsables de atender al ciudadano. La alerta ámbar, el código rojo o la alarma se encenderán otro día, siempre y cuando no los citen de última hora en Palacio de Gobierno. Esto de conducirse por los cauces legales tiene más contras que pros.

V.

Voy al café, regreso pronto; si me retraso en la oficina, te llamo; salgo al súper, ahora vuelvo; si me llaman, no me tardo; voy al banco, ya vengo; salgo a cargar gasolina; si viene alguien, salí al cajero; me traes Marlboro, no lo olvides; necesito también leche deslactosada y los analgésicos, no te tardes, cuídate mucho, llévate la gabardina, llevas suficiente, lo pides ligero y sin azúcar, me juatsappeas, no quiero estar con pendiente. Etcétera, etcétera, etcétera. El señor K ya no volvió. Ya me imagino.


[Inédito]
   

domingo, 3 de diciembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

En el barrio


1
Por mi casa son frecuentes los asesinatos al cobijo de la noche, la desaparición forzada de mujeres a altas horas del día, los accidentes carreteros que obligan al desvío del río caudaloso de vehículos y transportes colectivos chatarra, de la senda sin abrigo de predicadores, mesías y enviados de Dios.
2
En mi barrio son pan de cada día los descarrilamientos de corridas de trenes de Westen Union que llevan piezas de cobre robadas con destino a China, Taiwán y otros puntos de tierras innombradas y desconocidas, también a menudo suceden los redondeos de morralla en las tiendas de conveniencia, los asaltos en despoblado, los acuchillados al calor de las copas, los vientos helados que obligan a la obstrucción de pulmones y al jadeo de la respiración.
3
En mi cuadra y manzana a menudo pasan grupos de monjas que visitan tiendas, panaderías, heladerías y recauderías a pedir por los que menos tienen y no trabajan nada, van y vienen también aquellos ancianos que recogen en carretillas cartón, periódico y muebles abandonados (se brincan los cuerpos descuartizados), ropa en desuso, fetos, botes de aluminio y envases de cerveza, preservativos tirados, carteras vacías, cartas de amor no enviadas, medias de nylon sin piernas ni brazos ni esmalte.
4
En callejones y calles cerradas viven mujeres solas, hombres que ya mastican sin dientes y en silencio, exprimen naranja, mandarina, limas y limones, extraen raíces de plantas no logradas en pisos de mármol, granito y tierra. Salen y las arrojan a contenedores tristes, bajo nubes de moscas, vuelven y se encierran en celdas como habitaciones, en cárceles como barrotes, con celadores que son ellos mismos. En mi barrio hacemos como que somos felices.


[Inédito]

martes, 28 de noviembre de 2017

Karen Villeda (1985 )

Constantinopla



Nadie sabe cuándo nació ni cuando murió. Tal vez no existió más que en la boca de mil hombres y mil mujeres. Hodja le llaman. Hodja, El Maestro. Hodja montaba un burro al revés y se le veía siempre en la medersa, donde resguardó su existencia hasta agonizar. Dicen que se puede ver a Hodja enterrado desde las afueras del nada pomposo mausoleo donde reposa. Tiene herrería alrededor y hay tres puertas abiertas. La cuarta, que es el paso hacia su tumba, está cerrada. Aquí, en Estambul, vive su amigo más cercano: Tamerlán El Cojo. Tamerlán, inclinado sobre su pie izquierdo,  le preguntaba a Hodja sobre los días de la luna teñida y el Maestro le respondía pacientemente que no sabía nada acerca de ese tema mientras comían ganso frito. El hombrecito detrás de esta puerta tampoco sabe cuándo nació y cuando murió Hodja, el que sacó a la luna de un pozo y la montó en el cielo nocturno. Tampoco hace preguntas desde que se mantiene de cuclillas en la oscuridad, tan ajeno a las visitas, con la puerta entreabierta y la boca adosada.


("revista latitudes")

domingo, 8 de octubre de 2017

Verónica G. Arredondo (1984 )

Trust no bitch


                                                                        Orange is the New Black (2013)
                                                             Piper Chapman, último episodio, 3ra temporada.

Qué sería de nosotras, sin tu mano sobre la mía (entrelazadas) riendo frente a la
pantalla, de los lenchidramas de las carcelarias Piper y Alex. La complicidad en una
sonrisa, tuya y mía. Sin los minutos de silencio, de tu sutil reclamo, el punto sobre la i
que señalas o cuando deseas del cielo un cometa: una cometa o un avión de papel para
escapar de todo. Tu mirada recorre mis mejillas y labios para besarme, mientras ellas lo
hacen o cuando los otros no están mirando. Mi mano sobre la tuya engarza tu ojera de
cansancio, el tacón que retiras al final del día; la volatilidad de un pez entre tus dedos.
Trust no bitch, las letras de un tatuaje blanco en el brazo de Piper, sobre éste el sello en
carne viva a la traición, una esvástica. Adivino, ¿serás tú o yo la que traicione primero?
Lanzaré los dados. Recuestas tu cabeza en mis piernas: Trust, no bitch quiere decir:
Confía, sin perras (podría traducirse). Sonríes. Leo en tus labios (¡spoiler alert!): Ya vi este
capítulo, no quería decírtelo para que no enojaras, trust no bitch.



(texto inédito cedido por su autora)

jueves, 21 de septiembre de 2017

Paul B. Preciado (1970 )

Haz tus maletas sin saber donde te mudas


No produzcas nada. Cambia de sexo. Conviértete en el maestro de tu profesor. Sé el alumno de tu estudiante. Sé el amante de tu jefe. Sé el animal de tu perro. Todo aquello que camina a dos patas es un enemigo. Cuida de tu enfermera. Entra en una prisión y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.
Conviértete en el asistente de tu secretaria. Limpia la casa de la señora de la limpieza. Prepara un cocktail para el barman. Cierra la clínica. Llora y ríe. Abjura de la religión que te fue impuesta. Baila sobre las tumbas de tu cementerio secreto. Cambia de nombre. Cambia de ancestros. No busques gustar. No compres nada que hayas visto transformado en ícono en una pantalla ni cualquier otro soporte visual. Entierra la escultura de Apolo. No busques gustar. Haz tus maletas sin saber donde te mudas. Abandona a tus hijos. Deja de trabajar. Entra en un campo de refugiados y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.
Prostituye a tu padre. Pasa una frontera. Exhuma el cuerpo de Diógenes. Cierra tu cuenta de Facebook. No sonrías en el momento de la foto. Cierra tu cuenta de Google. Entra en un museo y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.
Abandona a tu marido por una mujer diez años menor que tú. Todo aquello que camina a cuatro patas y todo aquello que tiene alas es un amigo. Solicita la clausura de tu cuenta bancaria. Rápate la cabeza. No busques el éxito. Abandona a tu marido por un perro. Redacta una respuesta automática para tu email: “Durante el 2017 y hasta nuevo aviso, contácteme por escrito a la dirección postal 0700465.”. Regala toda tu ropa y comienza un curso de corte y confección. Destruye la carpeta Dropbox de tu ordenador. Prepara una maleta vacía y vete. Pasa una frontera. No hagas ninguna obra nueva. Abandona a tu mujer por un caballo. Abre tu maleta en cualquier calle y acepta aquello que los demás te den. Aprende el griego. Entra en un matadero y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.
Cuelga una flor en tu barba. Regala tus zapatos más bonitos. Cambia de sexo. Ningún animal usaría ninguna ropa que no haya confeccionado él mismo. Acuéstate en el suelo de tu oficina y mueve tus pies como si bailaras en el techo. Sal y no vuelvas. Abandona a tu mujer por un árbol. No analices ninguna coyuntura. Exprésate exclusivamente en idiomas que no conoces con personas que no conoces. Pasa una frontera. Deja de votar. No pagues tu deuda. Quema tu carta electoral. Ningún animal mata otro animal. Destruye tu tarjeta de crédito. Valora aquello que los demás consideran inútil. Admira aquello que los demás consideran patético. Busca ser invisible. Intenta no ser representado. Ningún animal dormiría en una cama construida industrialmente. Cambia el objeto de tu libido. Descentraliza el placer genital. Siente placer por todo aquello que trasciende los límites de tu cuerpo. Deja que Gaia te penetre. Adjura de la farmacología. Cambia los ansiolíticos por el pasado. Trenza. Teje. No construyas una casa. No acumules. No comas otros animales. No fomentes el desarrollo humano. No segmentes. No aumentes los beneficios. No mejores. No inviertas. Entra en un hospital psiquiátrico y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.
No coordines las acciones. Revisa la basura. No pagues el seguro. No escribas la historia. No organices tu jornada de trabajo. Reduce tu nivel de rendimiento, consciente e inconscientemente. Ningún animal beberá vodka Absolut. No descargues videos de Youtube. Si aun no lo has hecho, no te reproduzcas. No te modernices. No utilices la comunicación de manera estratégica. No preveas el futuro. Intenta hacer lo menos posible durante la mayor cantidad de tiempo. No busques mejorar tu productividad. Entra en un asilo de ancianos y reproduce la escena central de Rebelión en la granja.
No rindas cuenta alguna. Admira el saber que los otros no llaman conocimiento. No digitalices nada. No dejes pista. Envía una carta a tus rivales: “Renuncio. Feliz año.”. No aumentes la infraestructura logística. Escoge la vida en vez de escoger la prolongación científica de la esperanza de vida. Todos los animales son iguales.




("emma gunst", traducción de mariangela pluchino)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Robert Hass (1941 )

Un cuento en torno al cuerpo



El joven compositor, huésped aquel verano en una colonia de artistas, la había estado observando toda una semana. Era japonesa, pintora, de unos sesenta años, y creyó que se había enamorado de ella. Le encantaba su trabajo, y su trabajo era la manera en que movía el cuerpo, usaba las manos, se le quedaba viendo a él directamente cuando ofrecía divertidas y consideradas respuestas a sus preguntas.  Una noche, de regreso del concierto, al llegar a su puerta, ella volteó a verlo y dijo: “Creo que te gustaría poseerme. A mí me gustaría también, pero he de decirte que me han hecho una doble mastectomía” y, al ver su perplejidad, “he perdido mis dos pechos”. El esplendor que él había llevado en el vientre y en la cavidad del pecho –como la música– se marchitó muy rápidamente, e hizo un esfuerzo para mirarla a los ojos cuando dijo: “Lo siento. No me creo capaz”. Regresó caminando a su propia cabaña entre los pinos, y en la mañana halló un pequeño tazón azul en el porche, junto a su puerta. Parecía lleno de pétalos de rosa, pero se dio cuenta al levantarlo que los pétalos de rosa sólo estaban encima; el resto del tazón –seguramente ella había barrido los rincones de su estudio– estaba lleno de abejas muertas.


("pájaros lanzallamas", trad. pura lópez colomé)

domingo, 11 de junio de 2017

Luis Aguilar (1971 )


Diario de Yony Paz

                                                Catorce/ Abril 14, 2009


En una noche aromatizada por la hierba, sus amigos me contaron que una vez mató a un perro de un balazo porque no paraba de ladrar. Unos más me dijeron que era falso: que aventó al perro a la autopista justo cuando pasaba un tráiler. La verdad que me contó -furia que de sí desconocía, su alma prófuga de la rabia- fue que el perro lloraba frente a la choza de sus padres, apaleado, casi sin vida. Que le tomó las patas y lo cargó de golpe para meterlo a casa. Que lo curó por varios días hasta que el perro pudo valerse de su cola y sonreír como suele hacerlo un animal que resucita luego de ser crucificado. Se acomodó de lado en las sábanas a rayas y mordió suave mi tetilla izquierda para quedarse dormido luego, acurrucado, suelto, plano. A pesar del desamparo, poco le costaba siempre atravesar el sueño. Sus pestañas, un aguacero de octubre, abanicaban una tristeza muy profunda, como si hubiese cometido un crimen. Nunca pudo recordar el nombre de aquel perro.


("los cuerpos imprevistos", ed. universidad autónoma de coahuila, saltillo, col. celosía, 2016)