Silencio
Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.
Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.
Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;
y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;
y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.
("rua das pretas")
jueves, 7 de febrero de 2019
miércoles, 6 de febrero de 2019
Fadir Delgado (1984 )
La carne examina sus espinas
Tengo un nudo de arrugas secas
Una cuerda de crisálidas atada al cuello
Extiendo los brazos como alas resquebrajadas
Hay un olor agrio que me cubre
Abro los ojos en el agua que hierve en la cocina
-Es lo único que puedo hacer-
Nada podrá con la jauría que me reventará los párpados
Dejo que las bestias se cuelguen de mis ojos.
Ebriedad bajo la regadera
Pisa con cuidado
Te confieso:
No recogí tus restos
no acomodé tu cabeza
Te vi en el suelo del baño como un desperdicio de la noche
Los párpados se te caían
Vi la batalla que tenías con los ojos
Querías abrirlos
Pero ellos no querían verte
Estiraste el brazo y cerraste la puerta
Cuando lo hiciste
llevé tu sombra ebria a la cama
y todo se llenó de sal
Allí supe lo que abandona el mar cuando muere
Al otro lado
te ahogabas entre el grito
de la ola
del gato
de la luz
Escuché las bestias de agua que te salían por la boca
Después de la sal vino la sangre
Pero cuando apareció te habías dormido
Poseidón te había cerrado los ojos a la fuerza
Creo que hizo que te arrodillaras
Que le ofrecieras algún sacrificio
Te metió bajo la regadera y te arrancó la piel
Cuando regresaste a la cama te dormiste encima de tu sal
De tu propio cuerpo cosido a las sábanas
Por eso te digo:
Pisa con cuidado
Abre con cuidado la puerta
Allí debajo de esas baldosas
está el alcohol de tu sombra
Te lo advierto:
No te acuestes en el lado izquierdo de la cama
Todavía está la oscuridad de una ola que guarda tu tatuaje de ebriedad
Tu pezuña de rabia
Pon el oído en la almohada como si fuera un caracol
Sabrás que no miento
Allí
debajo de las baldosas
está tu sangre sepultada.
("panorama cultural")
Tengo un nudo de arrugas secas
Una cuerda de crisálidas atada al cuello
Extiendo los brazos como alas resquebrajadas
Hay un olor agrio que me cubre
Abro los ojos en el agua que hierve en la cocina
-Es lo único que puedo hacer-
Nada podrá con la jauría que me reventará los párpados
Dejo que las bestias se cuelguen de mis ojos.
Ebriedad bajo la regadera
Pisa con cuidado
Te confieso:
No recogí tus restos
no acomodé tu cabeza
Te vi en el suelo del baño como un desperdicio de la noche
Los párpados se te caían
Vi la batalla que tenías con los ojos
Querías abrirlos
Pero ellos no querían verte
Estiraste el brazo y cerraste la puerta
Cuando lo hiciste
llevé tu sombra ebria a la cama
y todo se llenó de sal
Allí supe lo que abandona el mar cuando muere
Al otro lado
te ahogabas entre el grito
de la ola
del gato
de la luz
Escuché las bestias de agua que te salían por la boca
Después de la sal vino la sangre
Pero cuando apareció te habías dormido
Poseidón te había cerrado los ojos a la fuerza
Creo que hizo que te arrodillaras
Que le ofrecieras algún sacrificio
Te metió bajo la regadera y te arrancó la piel
Cuando regresaste a la cama te dormiste encima de tu sal
De tu propio cuerpo cosido a las sábanas
Por eso te digo:
Pisa con cuidado
Abre con cuidado la puerta
Allí debajo de esas baldosas
está el alcohol de tu sombra
Te lo advierto:
No te acuestes en el lado izquierdo de la cama
Todavía está la oscuridad de una ola que guarda tu tatuaje de ebriedad
Tu pezuña de rabia
Pon el oído en la almohada como si fuera un caracol
Sabrás que no miento
Allí
debajo de las baldosas
está tu sangre sepultada.
("panorama cultural")
martes, 5 de febrero de 2019
Hilario Barrero (1946 )
Final
Carbonizados,
algunos morirán consumidos de fuego,
cegados por las algas de la noche,
otros verán en la profundidad del mar,
los elegidos, ceniza numerada,
arderán para siempre
porque el amor borró sus nombres,
tú y yo que hemos sido agua,
viento y fuego enamorado
seremos un olvido.
Solo uno.
("rua das pretas")
Carbonizados,
algunos morirán consumidos de fuego,
cegados por las algas de la noche,
otros verán en la profundidad del mar,
los elegidos, ceniza numerada,
arderán para siempre
porque el amor borró sus nombres,
tú y yo que hemos sido agua,
viento y fuego enamorado
seremos un olvido.
Solo uno.
("rua das pretas")
lunes, 4 de febrero de 2019
Jim Harrison (1937/2016 )
El zoológico que atraviesa la ciudad
Una vez vi un lobo
amenazante dentro de su jaula
en medio del hedor de los monos y el ruido
ensordecedor de los pájaros
de la selva. Le tiramos pedazos
de pan amasado, pero él no nos vio
y siguió rozando su nariz ensangrentada
contra un imaginario bosque.
Nos movimos aburridos, entonces lo vimos
que saltó contra los barrotes,
gruñó. Después aulló con increíble rabia,
su aullido chillón nos recordó otras vidas.
A los niños que gritan y chillan
pasándoles a los aterrorizados padres por el lado.
El día de verano gracias al calor y al sol
se tornó insoportable.
Permanecí ahí, mirándolo, rabioso
hasta que uno de los cuidadores vino armado
con una pistola tipo “Flash Gordon”
llena de sedante. Luego lo vi empequeñecer
en su chisporroteado sueño.
(tomado del muro fb de daniel montoly, traductor)
Una vez vi un lobo
amenazante dentro de su jaula
en medio del hedor de los monos y el ruido
ensordecedor de los pájaros
de la selva. Le tiramos pedazos
de pan amasado, pero él no nos vio
y siguió rozando su nariz ensangrentada
contra un imaginario bosque.
Nos movimos aburridos, entonces lo vimos
que saltó contra los barrotes,
gruñó. Después aulló con increíble rabia,
su aullido chillón nos recordó otras vidas.
A los niños que gritan y chillan
pasándoles a los aterrorizados padres por el lado.
El día de verano gracias al calor y al sol
se tornó insoportable.
Permanecí ahí, mirándolo, rabioso
hasta que uno de los cuidadores vino armado
con una pistola tipo “Flash Gordon”
llena de sedante. Luego lo vi empequeñecer
en su chisporroteado sueño.
(tomado del muro fb de daniel montoly, traductor)
domingo, 3 de febrero de 2019
Claudia Masin (1972 )
La lluvia
¿Viste cómo llueve? Llovió así toda la noche
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo fuera a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.
Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como ésa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
que confirman que somos seres físicos y no un soplo
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó
y al día siguiente todo sigue a salvo en el mismo lugar.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada
que no supiéramos ya.
(el poeta ocasional")
¿Viste cómo llueve? Llovió así toda la noche
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo fuera a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.
Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como ésa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
que confirman que somos seres físicos y no un soplo
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó
y al día siguiente todo sigue a salvo en el mismo lugar.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada
que no supiéramos ya.
(el poeta ocasional")
sábado, 2 de febrero de 2019
Claudio Rodríguez (1934/1999 )
La arena
La arena, tan desnuda y tan desamparada,
tan acosada,
nunca embustera, ágil,
con su sumisa libertad sin luto,
me está lavando ahora.
La vanagloria oscura de la piedra
hela aquí: entre la yema
de mis dedos,
con el susurro de su despedida
y con su olor a ala tempranera.
Vuela tú, vuela,
pequeña arena mía,
canta en mi cuerpo, en cada poro, entra
en mi vida, por favor, ahora que necesito
tu cadencia, ya muy latiendo en luz,
con el misterio de la melodía
de tu serenidad,
de tu honda ternura.
("cómo cantaba mayo")
La arena, tan desnuda y tan desamparada,
tan acosada,
nunca embustera, ágil,
con su sumisa libertad sin luto,
me está lavando ahora.
La vanagloria oscura de la piedra
hela aquí: entre la yema
de mis dedos,
con el susurro de su despedida
y con su olor a ala tempranera.
Vuela tú, vuela,
pequeña arena mía,
canta en mi cuerpo, en cada poro, entra
en mi vida, por favor, ahora que necesito
tu cadencia, ya muy latiendo en luz,
con el misterio de la melodía
de tu serenidad,
de tu honda ternura.
("cómo cantaba mayo")
viernes, 1 de febrero de 2019
Pedro Sevilla (1959 )
El tiempo
Era en el alto espejo del tocador aquel.
Mi madre, jovencísima, adolescente casi,
con los hombros desnudos,
se retoca el peinado
y a través del cristal me mira y me sonríe.
Por el postigo abierto de la ventana azul,
mariposa amarilla,
entra un rayo de sol que se posa en su cuello,
tiembla un poco y se va
dejando imperceptibles quemaduras.
Luego llegó el incendio de los años.
Escribir es sembrar
LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.
Cuando el sol era ya sólo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.
Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.
Búsqueda eterna
COMO se entra en los muslos que uno ama,
con turbación y miedo,
buscando salvación, placer, ternura,
consuelo, vida, muerte,
así he entrado en los libros,
abriendo, acariciando, desgarrando,
en busca de palabras sanadoras,
de signos, de senderos luminosos,
asaltándome siempre,
muy dentro del abrazo o el poema,
la misma pesadumbre,
el mismo hondo silencio.
("la mirada del lobo" y "joseantoniofs")
Era en el alto espejo del tocador aquel.
Mi madre, jovencísima, adolescente casi,
con los hombros desnudos,
se retoca el peinado
y a través del cristal me mira y me sonríe.
Por el postigo abierto de la ventana azul,
mariposa amarilla,
entra un rayo de sol que se posa en su cuello,
tiembla un poco y se va
dejando imperceptibles quemaduras.
Luego llegó el incendio de los años.
Escribir es sembrar
LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.
Cuando el sol era ya sólo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.
Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.
Búsqueda eterna
COMO se entra en los muslos que uno ama,
con turbación y miedo,
buscando salvación, placer, ternura,
consuelo, vida, muerte,
así he entrado en los libros,
abriendo, acariciando, desgarrando,
en busca de palabras sanadoras,
de signos, de senderos luminosos,
asaltándome siempre,
muy dentro del abrazo o el poema,
la misma pesadumbre,
el mismo hondo silencio.
("la mirada del lobo" y "joseantoniofs")
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