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martes, 11 de agosto de 2020

Claudio Rodrìguez (1934/1999 )


zenda libros




Adiós

Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo. ¿Qué victorias
busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista. Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.

Nuevo día

Después de tantos días sin camino y sin casa
y sin dolor siquiera y las campanas solas
y el viento oscuro como el del recuerdo
llega el de hoy.

Cuando ayer el aliento era misterio
y la mirada seca, sin resina,
buscaba un resplandor definitivo,
llega tan delicada y tan sencilla,
tan serena de nueva levadura
esta mañana…

Es la sorpresa de la claridad,
la inocencia de la contemplación,
el secreto que abre con moldura y asombro
la primera nevada y la primera lluvia
lavando el avellano y el olivo
ya muy cerca del mar.

Invisible quietud. Brisa oreando
la melodía que ya no esperaba.
Es la iluminación de la alegría
con el silencio que no tiene tiempo.
Grave placer el de la soledad.
Y no mires el mar porque todo lo sabe
cuando llega la hora
adonde nunca llega el pensamiento
pero sí el mar del alma,
pero sí este momento del aire entre mis manos,
de esta paz que me espera
cuando llega la hora
-dos horas antes de la media noche-
del tercer oleaje, que es el mío.



Clávame con tus ojos esa nube

Clávame con tus ojos esa nube
y esta esperanza de hombre que me queda.
¿Por dónde yo si estaba en la alameda
de tus ojos mintiendo cuando estuve?

Disciplina de todo lo que sube.
De lo que mira y ve, mientras se enreda
su triste agilidad, como en la rueda
de tus campos del cielo que no anduve.

Y es por seguir cegueras sin mancilla
por lo que tanta bruma nos separa
y hace del resplandor su maravilla,

su clavel mudo. ¡Y qué ajenos al daño
después, cuando tus ojos son la clara
locura de no verme siempre extraño!


("buscapalabra")

sábado, 11 de julio de 2020

Miguel Ángel Ortiz (1984 )

Vaho


En la sierra, los caballos rompen el hielo que cubre los estanques. Golpean y golpean, meten su hocico y toman el agua enjaulada por el témpano.

Luego, el vapor sale de sus ollares y se vuelve otra vez nubes.

Yo soy un caballo que golpea contra el hielo de los meses, y busca tomar el agua para regalártela, para que el cielo completo te acompañe.



Mano


1) Tomar una luciérnaga
2) Colocarla sobre la línea de la vida
3) Observar cómo se ilumina el destino, la llanura.



Cómo se va la vida


…cómo se va la vida  dijiste
soñé con una tortuga toda la noche
te escuchaba la ciudad era calurosa y pálida
te quiero mucho pensé pero no dije la luz de tu pueblo
crecía un corazón en un roble no
me quedé viendo tus pies en las sandalias
esos peces largos
había silencio como musgo y montañas no
azucenas
dibujaste el mar y la lluvia sobre el mar era triste no
dije te quiero mucho
las azucenas volaban entre nosotros
cómo se va la vida y te fuiste flotando entre los árboles
en casa
dormí y soñé una tortuga no
es tan tibio el abrazo de las mandrágoras



("altazor")

viernes, 3 de julio de 2020

George Bacovia (1881/1957 )

Lacustre


Hace ya largas noches que está lloviendo,
La materia llora, la estoy oyendo…
Solo estoy, los pensamientos me van invadiendo
Y me llevan a lacustres viviendas.

Del sueño bruscamente me despierto; se me antoja
Que no he levantado el puente de tablas;
Parece que en mojado suelo duermo,
Y siento olas fustigando mis espaldas.

Inmenso, un vacío histórico se extiende,
Con la lluvia que me inunda, siento
Cómo pesadamente los pilares se derriban
Parece que en los mismos tiempos me encuentro…

Hace ya largas noches que está lloviendo,
Mi ser espera, se está estremeciendo…
Solo estoy, los pensamientos me van invadiendo
Y me llevan a lacustres viviendas.


Atardecer de invierno


Atardecer de invierno, sombrío, de metal,
La llanura blanca –un inmenso redondo–
Lento, flotando, un cuervo surge del fondo,
Surcando el cielo, en línea diametral.

Los árboles nevados parecen de cristal.
Un temor a desaparecer me trastorna,
Mientras el cuervo, quedo, retorna
Surcando el cielo, en línea diametral.

Medianoche


Comienzan el lento y triste baile
Enloquecidas hojas ahora.
Lloro; junto a mi llanto en la noche
Oigo al sauce hermano que llora.

Lenta se acerca la medianoche,
Suena el baile del follaje ahora,
Paso la noche de cuarto en cuarto
Al oír la satánica hora.



("altazor", traductor dan munteanu colán)

martes, 30 de junio de 2020

Alfredo Fressia (1948 )


Poeta



En tierra árida

habrá un tronco enterrado.

Será el poeta.


Poeta en ruta.

¿Quién persigue y qué huye?

Verso horizonte


Brotes hinchados.

El poeta no crece

en tierra fértil.





 Último viaje



Soy el dueño de los presentimientos, ausculté
al borde de mi almohada,
los contaba como ecos que volvían del abismo
hechos poema.

Y me acerqué al pozo.

La aventura del verbo había ido lejos.
Lo que quedó por decir latía en penumbra
para mejor adivinar todo lo dicho, mar infinito
donde navega el viscoso animal en mi poema.

Entonces vi el coral arcaico
sobre el que deslizaba la medusa.
Aprendí a ser la anémona y la quemadura,
yo vivo entre lo dicho y lo que silencié.

Y mis preguntas caen como piedras.



Imagen digital



                                                             a jean-francis aymonier,
                                                              In Memoriam



En la última foto

beso tu cabeza, enorme

como la de un elefante

(hoy tu cabeza ya no existe más).

Estamos en la soledad de una sabana

(tampoco era el París de nuestra juventud)

Los dos sonreímos, incluso con los ojos.

Mi mentón está pegado a tu cráneo

y tu boca se cierra para respirar

por la traqueotomía.

Ya no esperamos nada, bramamos en el flash,

espléndidos como el orgullo

al borde del abismo.

(Mi boca mortal sigue deslizando

sobre la piel de tu cráneo)

El amor era un arte hecho de polvo y huesos

como nuestras tallas trabajadas en marfil.

Y hoy me resta este poema narrativo

(que apunta la escopeta a los recuerdos

y no acorta mi espera).



("con-fabulación")

viernes, 3 de enero de 2020

Antonio Porchia (1885/1968 )

Vengo de morirme


Vengo de morirme,
no de haber nacido.

De haber nacido me voy.



Si no levantas los ojos



Si no levantas los ojos,
creerás que eres
el punto más alto.



Se me abre una puerta



Se me abre una puerta, entro
y me hallo con cien puertas
cerradas.



("blogpoemas")

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Elvira Hernánez (1951 )

1.


El amanecer anuncia el arribo a Quotidianía
pero yo vuelvo al aire
Un pequeño remezón da cuenta que tocamos tierra
pero yo vuelvo al aire
El capitán ordena próximo desembarco
y me evado en bolsones de aire
Los altavoces llaman a los rezagados por ultima vez
-entonces me desvisto-
no entrego mi cuota a Quotidianía
vuelvo al punto de partida - el aire-

y me deshago.



2

Por un rato me quedé en la Cantina Incolora
Vacié mis carteras en el mostrador
Los manojos de llaves no me hablaban del Cielo
Y el espejo taciturno me puso a penas
junto a un microcanthus strigatus
En todos los rincones se escondían dientes con coronas
Devotos de San Cristóbal y micreros bellas personas
Por mi cuerpo arteriado subía un tropel de algodones
Por la vena porta el estribillo de la tarde
Calada con una visera de reina normanda
Mi cabeza daba vueltas hasta detenerse en el número 32
Allí la Desgracia se había fugado con el Lavautos.



3
¿Dónde vi ese rostro?
ese entramado espectacular de cejas alcohólicas
esas venas desaguando en la yugular como represas
ese gesto de ave con plumas de siquiátrico
díganme mandíbulas oxidadas de mi memoria
cual erupción nos arrojó juntos al lado izquierdo
dónde estuvimos cara a cara o regateando
dónde ese gran fragor de huesos bloqueados por muslos
en qué país chupando de mi labio leporino
cercanos a qué homicidio nos miramos con los ojos cerrados
al tiempo que el olvido blandía su cimitarra
y por los suelos rodaban las hidras del temor o el placer.


("uchile")

viernes, 1 de febrero de 2019

Pedro Sevilla (1959 )

El tiempo



Era en el alto espejo del tocador aquel.

Mi madre, jovencísima, adolescente casi,
con los hombros desnudos,
se retoca el peinado
y a través del cristal me mira y me sonríe.

Por el postigo abierto de la ventana azul,
mariposa amarilla,
entra un rayo de sol que se posa en su cuello,
tiembla un poco y se va
dejando imperceptibles quemaduras.

Luego llegó el incendio de los años.



Escribir es sembrar



LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.

Cuando el sol era ya sólo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.

Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.


Búsqueda eterna



COMO se entra en los muslos que uno ama,
con turbación y miedo,
buscando salvación, placer, ternura,
consuelo, vida, muerte,

así he entrado en los libros,
abriendo, acariciando, desgarrando,
en busca de palabras sanadoras,
de signos, de senderos luminosos,

asaltándome siempre,
muy dentro del abrazo o el poema,

la misma pesadumbre,
el mismo hondo silencio.


("la mirada del lobo" y "joseantoniofs")

miércoles, 10 de octubre de 2018

Issa Kobayashi (1762/1826 )

Haikus de primavera



1
Sé amable con las crías
de gorriones:
¡te cagarán encima!

2
Sale volando
de la nariz del buda
la golondrina.

3
Dos muñecos
cubiertos de hollín
una mujer y un hombre
arrinconados.


("hablar de poesía", no.37, versiones de alberto silva)

jueves, 26 de julio de 2018

José Eugenio Sánchez (1965 )

Carta de un suicida
             



no fue el dardo que dio en el centro
tampoco el veneno ni la mariposa que traía en la punta
no fue un golpe de suerte
quizá un poco de paciencia                                       y claro
un blanco débil
no se culpe a esta mujer de haberme volado la cabeza
de traer hasta mis labios la canción de su cintura
no se le tome venganza
no se me tome cariño
tampoco la detengan es su descarnizada pasión al desnudarse
sólo prendan las velas
súbanle a la música
que no falte queso ni vino
en invierno
las catástrofes requieren sutileza
hoy el asunto es otro: como confiar en el azar si es un padrote



Si no es con tu presencia
             
esa canción se toma mi vida de un sólo trago
esa canción me detiene en los muelles de tus piernas
esa canción
es una esponja en tu mirada y me lleva
de tu sombra a tu bahía
esa canción
es una copa de nocturno tinto
y tengo sed de luz
cruda de estrellas



De pronto new york se quedó sin joseph brodsky
             


pasan las risotadas de un carro antiguo
un tipo tembloroso te ofrece lo que quieras
las prostitutas en abrigo se cubren el viento entre ellas
unos uniformados salen de un bar completamente ebrios
un vagabundo extiende la mano
al final de la calle se enciende la torreta
de una patrulla de policía que despacito vira hacia la derecha
una pareja sale del teatro
dos negros conversan
y en el aparador de enfrente
cuelgan silenciosas
un par de medias de seda
que parecen ser más imprescindibles que nosotros



("poetas poemas")

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Hilario Barrero (1948 )

 IV



De niños no existe
pero nos ve,
de jóvenes se esconde y nos vigila
y en la vejez al evitarla
nos acecha.
A tu lado, bajando hacia el mar,
camino por la cuerda floja de la sombra
y olvidando que aquí murió mi padre,
rozo tu mirada con la mía
que se llena de agua.



Rescoldo



Con rapidez, al levantarse, 
arropaba la cama 
para que no muriera
la presencia del cuerpo  
que le abrasó en la noche.





 Vejez             


  
Seguro de su inmortalidad,
diestro en el manejo de la noche,
se entregaba a otros cuerpos
que le iban tirando de la piel.
Aquel verano que no volvió a la playa
supo que estaba equivocado.
No pudo detener el deterioro.



("educación nocturna", madrid, 2017)

sábado, 20 de junio de 2015

Armando Salgado (1985 )

Tres poemas

Un poeta tiene ojos de agua.
Beben de ellos
animales pajizos
poemas coagulados
pájaros de piedra
y hasta el diablo.


Los zoológicos son distracciones
donde el espectador es inevitable.
¿Qué hay de los espacios
donde la animalidad nos obliga a olvidar?


Dijo Jeremías que mientras yo escribo me alumbro con el infierno.
¿Por eso mis manos arden?, ¿por ello el aguardiente quema mi
garganta?, ¿por el volcán que poco a poco crece en mi hígado?
El alcohol es un hacha para trozar el mar de nuestra boca. Su
filo es quemadura doble, el único lenguaje ante la hoguera.


("cofre de pájaro muerto", ediciones de punto de partida, unam, méxico mmxiv)

jueves, 11 de junio de 2015

Amalia Bautista (1962 )

Hilos de seda

1.
Puente de plata para los que huyen,
puente de seda para nuestro encuentro.
Pero nadie transita por ninguno,
excepto la ansiedad y la tristeza,
cogidas de la mano y murmurando,
yendo y viniendo siempre, inagotables,
por ambos puentes y por nuestras vidas.

2.
Una vez conocí  a un tipo tan raro
que todavía lo recuerdo. Dijo
que estaba condenado de por vida
a soportar el peso de una enorme
piedra sobre sus hombros, y que nunca
lograría llevarla a su destino.
Me contuve las ganas de decirle
"¿y qué crees que hago yo con estos hilos?"

3.
Cada día me digo, susurrando,
mantén el equilibrio. Todo acecha,
todo asusta, tu vida entera pende
de un frágil hilo y de un azar injusto.
Tu voluntad no puede demasiado.
No pierdas pie. Mantén el equilibrio.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

domingo, 12 de abril de 2015

Horacio Castillo (1934/2010 )


El árbol azul

Un árbol azul ordena el universo.
Sus hojas destilan sobre la tierra lluvia o miel
y nace a su alrededor un espacio indeleble,
la zona donde duerme el pájaro real.


Inscripción

Viva el sol degollado al mediodía,
viva el aroma de los eucaliptos,
viva el cuello del ánade,
viva el color del azafrán,
viva la cólera del sueño,
viva el pie desnudo sobre la nada.


Hice un hoyo

Hice un hoyo en la tierra
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.


("otra iglesia es imposible")

domingo, 17 de marzo de 2013

José Juan Tablada (1871/1945 )

Un mono

El pequeño mono me mira...
¡Quisiera decirme
algo que se le olvida!

Guanábana

Los senos de su amada
el amante del trópico
mira en tu pulpa blanca.

Estrella errante

Fugaz como el instante que la miro
une el cielo a la tierra
y a su llanto de oro mi suspiro...


(textos tomados de El jarro de flores y otros textos, ed. Universidad Veracruzana, col. Biblioteca del
Universitario, no.16, Xalapa, Ver., México, 2007.)