sábado, 14 de abril de 2018

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

Volveremos a vernos



Volveremos a vernos donde siempre es de día
y los feos son guapos y eternamente jóvenes,
donde los poderosos no abusan de los débiles
y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos.

En ese hogar de luz que no hiere los ojos
volveremos tú y yo a decirnos bobadas
cogidos de la mano, viendo morir las olas
sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone.

Y viviré en tus labios el amor que la Tierra
sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño,
y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre
canción de despedida mientras nos abrazamos.


("rua das pretas")

viernes, 13 de abril de 2018

Ana Belén López (1961 )

Hormigas


El miedo de beber hormigas
tomarlas
a media noche

sentirlas en la boca

saberlas
flotando en el vaso de agua

hace que

los dedos somnolientos
desenrosquen una tapita blanca

para no beberlas
ni sentirlas flotando
en el centro
de la garganta

sentirlas en la piel, sí.

Observar sus recorridos
en las paredes

en la mesa de la cocina
en el lavabo del baño

pero
beberlas no


beberlas en el medio de la noche, no.



Cuerpos



De la hamaca
cuelgan cuerpos

con sol
con barniz de sudor

cuelgan años de calor
cuerpos cuadriculados de luz

hendiduras

de la pared
cuelgan dos
              tres hojas

maraña de
verde
colgante

la hiedra
cuelga de la pared

("nexos" y "cesura")

jueves, 12 de abril de 2018

Adam Zagajewski (1934 )

Una mañana en Vicenza

                                        en memoria de josif brodski y krzysztof kieslowski

El sol era tan tierno, tan delicado,
que hasta temíamos por él; un ademán incauto
podía rayarlo, incluso un grito -si alguien hubiera
querido gritar- lo habría puesto en peligro; tan sólo a las veloces golondrinas
de alas duras, como de hierro fundido,
se les permitía silbar en alta voz, porque vivieron
     su infancia
breve, en la inquietud de sus nidos de barro,
junto a sus hermanos, pequeños planetas locos,
negros como bayas silvestres.

En un pequeño café un mozo soñoliento -bajo sus ojos
las últimas sombras de la noche acumuladas- buscaba calderilla
en su bolsillo sin fondo, y el café olía a solemnidad
de tinta de impresión, a dulzura y a Arabia. El azul del cielo prometía
una larga tarde, un infinito día.
Te estaba mirando como si te viera por primera vez.
Y hasta las columnas de Palladio tenían aspecto
de recién nacidas, de recién surgidas de las olas del alba
como Venus, tu compañera mayor.

Empezar de nuevo, contar las pérdidas, contar a los caídos,
empezar el nuevo día, aunque ya no estéis, tú,
a quien dos veces enterramos y lloramos dos veces,
-viviste una vida dos veces más intensa que otros, en dos continentes,
dos idiomas, en la realidad y en la imaginación- y tú, de cara afilada
y una mirada que hacía crecer los objetos y los corazones
     (siempre demasiado pequeños).
No estáis, y por eso llevaremos a partir de ahora una doble vida,
en la luz y en la sombra a la vez, en el sol estridente del día,
en la frescura de los pasillos de piedra, en el duelo, en la alegría.

("a media voz", versión de elzbieta bortkiewicz)

miércoles, 11 de abril de 2018

María Rosa Lojo (1954 )

Té de las cinco




Una taza de té con sus hojas dispersas en el fondo: hay allí un ojo extraviado, hay una boca que no halló la palabra, hay una pierna atravesada en medio del camino, hay una mano que no sabe coser. Hay un mapa secreto de una ciudad ya inhabitable donde viviste. Hay un llamado inaudible, hay una música que podría volverte el alma del revés, si la escucharas.
Pero hay otra mano tuya que vuelve a llenar la taza para tapar el fondo, para que no veas más, para no verte.


("mujeres que escriben")

martes, 10 de abril de 2018

Alda Merini (1931/2009 )

Judas


Judas,
a quien doy las gracias porque un día
tú me entregaste a Él,
porque un día tú me besaste
y te burlaste de mí,
Judas,
que no me regalas ni siquiera un laurel,
Judas,
que eres exacto como un reloj,
no sabes que el tiempo se hunde
en las dudas de las cavernas
y no sabes que un astuto Polifemo
siempre está listo para atraparte.
Yo he sido una tierna oveja de Dios
en búsqueda desesperada de su rebaño,
y encontré tantos carneros
que me echaron del redil,
pero llegó él
y con mi dolor
él se ciñó el cuello
y me convertí en su dije más hermoso.


("cuerpo de amor, un encuentro con jesús", ed. vaso roto, barcelona, 2008, trad, jeannette l. clariond)

lunes, 9 de abril de 2018

Lourdes González Herrero (1952 )

Tenaces como el fuego



Este pez, este labio,
este sereno ambiente,
la ventana abierta y el aire que fecunda
pequeñas floraciones para el amor.

Esta gota de agua, este mantel,
esta angosta figura donde una mano repasa toda la luz,
y ademanes oscuros tejen los recuerdos sobre la hierba limpia.

Esta hoja, este animal cruzando suavemente los presagios,
este muro, este pino, este rumor,
esta casa donde imaginamos preservar la vida,
este vaso sin relieves, este cuerpo desnudo
donde nunca se entroniza la noche.

Este pan, esta corteza húmeda,
esta savia, la claridad, la lluvia,
la arena brillando en un modo de descubrirnos desde afuera,
de sentirnos permanecer entre las cosas, tenaces como el fuego.


("los poetas del 5")

domingo, 8 de abril de 2018

Uriel Martínez (1950 )

Sin saberlo a ciencia cierta...


Sin saberlo a ciencia cierta,
A se lavó y salió a la calle
en busca de B.
Antes de encontrarlo permitió
que su cuerpo despertara al otro,
el desconocido.

B en cambio salió de casa
con un preservativo, un gel
suavizante y nuevos bríos.
Antes de reconocer el cuerpo
y el calor de A, B supo que era
él, el esperado.

No fue necesario que A
corriera la cremallera del otro,
B lo hizo por sí mismo,
como quien tira el  anzuelo.

A aceptó el reto
como el hambriento al final
de la Cuaresma.

B rodeó con abundantes
extremidades calientes al
otro, el intuido. Etcétera.


[Inédito]