Zapatos
Te protegen
para que el camino en ti se estampe suavemente.
Los heraldos murmuran entre tú
y el mundo de las huellas difuminadas.
De piel y de costuras.
Los tuyos zurcidos de palabras de piel y de costuras.
Cuídalos.
Puedes estar desnudo y sin todo,
pero con los zapatos en los pies nunca serás pobre.
Que por eso nunca queden escondidos,
volcados bajo la cama,
desechados en el armario, olvidados en el desván.
Duerme con ellos.
Báñate con los zapatos puestos.
Haz el amor calzado.
Que siempre te adviertan,
que estás aquí en una breve visita.
Y pronto tendrás que seguir adelante.
No los descalces nunca.
Cuando los descalces, el viaje habrá terminado.
Igual que a un gitano te entierran
descalzo y sin nombre.
("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, méx., 2014, s/c trad.)
jueves, 7 de diciembre de 2017
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Natalia Toledo (1967 )
Tradición
Hubo quien probó el mosto de tu piel,
te caminó de la cabeza a los pies sin abrir los ojos
para no descubrir el resplandor del sol.
Hubo quien sólo pellizcó la comida
y no quiso beber el chocolate de los compadres
y el pozol de semilla de mamey.
Hubo quien colgó en la puerta de tu casa una olla rota
y no quiso pagar la fiesta.
No supieron los tontos que una flor caída al suelo
sigue siendo flor hasta su muerte.
("círculo de poesía")
Hubo quien probó el mosto de tu piel,
te caminó de la cabeza a los pies sin abrir los ojos
para no descubrir el resplandor del sol.
Hubo quien sólo pellizcó la comida
y no quiso beber el chocolate de los compadres
y el pozol de semilla de mamey.
Hubo quien colgó en la puerta de tu casa una olla rota
y no quiso pagar la fiesta.
No supieron los tontos que una flor caída al suelo
sigue siendo flor hasta su muerte.
("círculo de poesía")
martes, 5 de diciembre de 2017
Audre Lorde (1934/1992 )
Mujer
Sueño con un lugar entre tus pechos
para construir mi casa como un refugio
donde siembro
en tu cuerpo
una cosecha infinita
donde la roca más común
es piedra de la luna y ópalo ébano
que da leche a todos mis deseos
y tu noche cae sobre mí
como una lluvia que nutre.
("foro lesbianas")
Sueño con un lugar entre tus pechos
para construir mi casa como un refugio
donde siembro
en tu cuerpo
una cosecha infinita
donde la roca más común
es piedra de la luna y ópalo ébano
que da leche a todos mis deseos
y tu noche cae sobre mí
como una lluvia que nutre.
("foro lesbianas")
lunes, 4 de diciembre de 2017
Gabriela Mistral (1914/1957 )
Doña Venenos
Doña venenos habita
a unos pasos de mi casa.
Ella quiere disfrutar
rutas, jardines y playas,
y todo ya se lo dimos,
pero no está apaciguada.
¿A qué vino de tan lejos
si viaja llevando su alma?
a los que nacen o mueren,
a los que arriban o zarpan,
y aunque son muchos sus días
¡no se cansa, no se cansa!
¿A qué vino de tan lejos
si viaja llevando su alma?
Pudo dejarla, sí, pudo,
en cactus abandonada,
y hacerse, cruzando mares,
otra de hieles lavada.
¿A qué vino a ser la misma
bajo el país de las palmas?
Me la dicen, me la traen
todos los días contada,
pero yo aún no la he visto
y me la tengo sin cara
Cada día me conozco
árbol nuevo, bestia rara
y criaturas que llegan
a la puerta de mi casa.
¿Pero si no la vi nunca
cómo echo a la forastera?
Y si me la dejo entrar,
¿qué hace de mi paz ganada?
¿qué de mi bien que es un árbol?
Todos me preguntan si
ya vino la malhadada
y luego me dicen que...
es peor si se retarda.
("los poetas")
Doña venenos habita
a unos pasos de mi casa.
Ella quiere disfrutar
rutas, jardines y playas,
y todo ya se lo dimos,
pero no está apaciguada.
¿A qué vino de tan lejos
si viaja llevando su alma?
a los que nacen o mueren,
a los que arriban o zarpan,
y aunque son muchos sus días
¡no se cansa, no se cansa!
¿A qué vino de tan lejos
si viaja llevando su alma?
Pudo dejarla, sí, pudo,
en cactus abandonada,
y hacerse, cruzando mares,
otra de hieles lavada.
¿A qué vino a ser la misma
bajo el país de las palmas?
Me la dicen, me la traen
todos los días contada,
pero yo aún no la he visto
y me la tengo sin cara
Cada día me conozco
árbol nuevo, bestia rara
y criaturas que llegan
a la puerta de mi casa.
¿Pero si no la vi nunca
cómo echo a la forastera?
Y si me la dejo entrar,
¿qué hace de mi paz ganada?
¿qué de mi bien que es un árbol?
Todos me preguntan si
ya vino la malhadada
y luego me dicen que...
es peor si se retarda.
("los poetas")
domingo, 3 de diciembre de 2017
Uriel Martínez (1950 )
En el barrio
1
Por mi casa son frecuentes los asesinatos al cobijo de la noche, la desaparición forzada de mujeres a altas horas del día, los accidentes carreteros que obligan al desvío del río caudaloso de vehículos y transportes colectivos chatarra, de la senda sin abrigo de predicadores, mesías y enviados de Dios.
2
En mi barrio son pan de cada día los descarrilamientos de corridas de trenes de Westen Union que llevan piezas de cobre robadas con destino a China, Taiwán y otros puntos de tierras innombradas y desconocidas, también a menudo suceden los redondeos de morralla en las tiendas de conveniencia, los asaltos en despoblado, los acuchillados al calor de las copas, los vientos helados que obligan a la obstrucción de pulmones y al jadeo de la respiración.
3
En mi cuadra y manzana a menudo pasan grupos de monjas que visitan tiendas, panaderías, heladerías y recauderías a pedir por los que menos tienen y no trabajan nada, van y vienen también aquellos ancianos que recogen en carretillas cartón, periódico y muebles abandonados (se brincan los cuerpos descuartizados), ropa en desuso, fetos, botes de aluminio y envases de cerveza, preservativos tirados, carteras vacías, cartas de amor no enviadas, medias de nylon sin piernas ni brazos ni esmalte.
4
En callejones y calles cerradas viven mujeres solas, hombres que ya mastican sin dientes y en silencio, exprimen naranja, mandarina, limas y limones, extraen raíces de plantas no logradas en pisos de mármol, granito y tierra. Salen y las arrojan a contenedores tristes, bajo nubes de moscas, vuelven y se encierran en celdas como habitaciones, en cárceles como barrotes, con celadores que son ellos mismos. En mi barrio hacemos como que somos felices.
[Inédito]
1
Por mi casa son frecuentes los asesinatos al cobijo de la noche, la desaparición forzada de mujeres a altas horas del día, los accidentes carreteros que obligan al desvío del río caudaloso de vehículos y transportes colectivos chatarra, de la senda sin abrigo de predicadores, mesías y enviados de Dios.
2
En mi barrio son pan de cada día los descarrilamientos de corridas de trenes de Westen Union que llevan piezas de cobre robadas con destino a China, Taiwán y otros puntos de tierras innombradas y desconocidas, también a menudo suceden los redondeos de morralla en las tiendas de conveniencia, los asaltos en despoblado, los acuchillados al calor de las copas, los vientos helados que obligan a la obstrucción de pulmones y al jadeo de la respiración.
3
En mi cuadra y manzana a menudo pasan grupos de monjas que visitan tiendas, panaderías, heladerías y recauderías a pedir por los que menos tienen y no trabajan nada, van y vienen también aquellos ancianos que recogen en carretillas cartón, periódico y muebles abandonados (se brincan los cuerpos descuartizados), ropa en desuso, fetos, botes de aluminio y envases de cerveza, preservativos tirados, carteras vacías, cartas de amor no enviadas, medias de nylon sin piernas ni brazos ni esmalte.
4
En callejones y calles cerradas viven mujeres solas, hombres que ya mastican sin dientes y en silencio, exprimen naranja, mandarina, limas y limones, extraen raíces de plantas no logradas en pisos de mármol, granito y tierra. Salen y las arrojan a contenedores tristes, bajo nubes de moscas, vuelven y se encierran en celdas como habitaciones, en cárceles como barrotes, con celadores que son ellos mismos. En mi barrio hacemos como que somos felices.
[Inédito]
sábado, 2 de diciembre de 2017
Adrienne Rich (1928/2012 )
III
Porque ya no somos jóvenes,
las semanas han de bastar por los años sin conocernos.
Sólo esa extraña curva del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada,
a los veinte, con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad atenta al futuro,
como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello de la hierba verde azulada del comienzo del verano.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar
cada una debe ayudar a la otra a morir.
("foro lesbianas")
Porque ya no somos jóvenes,
las semanas han de bastar por los años sin conocernos.
Sólo esa extraña curva del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada,
a los veinte, con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad atenta al futuro,
como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello de la hierba verde azulada del comienzo del verano.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar
cada una debe ayudar a la otra a morir.
("foro lesbianas")
viernes, 1 de diciembre de 2017
Marguerite Yourcenar (1903/1987 )
Dos poemas para una muerta
1
Los que nos esperaban se agotaron de esperar,
Murieron sin saber que vendríamos.
Cerraron los brazos que ya no podían tender,
Nos heredaron un remordimiento, no un recuerdo.
Las plegarias, las flores, el gesto más dulce
Son tardíos regalos que Dios no bendice.
Los vivos y los muertos no se entienden;
La muerte, cuando viene, nos junta sin unirnos.
No conocemos la dulzura de sus tumbas.
Nuestros gritos, sueltos demasiado tarde, se agobian, caen,
Penetran sin eco en la sonora eternidad;
Los muertos, desdeñosos o forzados a callarse,
No nos escuchan, en el umbral negro de miesterio,
Llorar por un amor que nunca fue.
II
He aquí la miel que escurre al corazón profundo de las rosas,
Los colores, los perfumes y los amados alientos.
Usted no sonreirá a la belleza de las cosas;
Sus brazos prestos a abrirse están, al fin, cerrados.
No sentirá sobre sus párpados condenados
El deshojamiento suave de grandes lágrimas perfumadas.
Su corazón en metamorfosis se disuelve;
Llego justo a tiempo de perderla para siempre.
El ser es sólo un nombre; el tiempo un número;
Sobre la senda al sol yo habría amado su sombra;
Golpeo mi amor en las aristas de una tumba.
La muerte, menos vacilante, supo mejor lograrla;
Si usted piensa en nosotros, su corazón debe compadecernos,
Y creeremos que la muerte de una tea, deslumbra.
("papel canela", año I, no.11, enero 2002, trad. uriel martínez)
1
Los que nos esperaban se agotaron de esperar,
Murieron sin saber que vendríamos.
Cerraron los brazos que ya no podían tender,
Nos heredaron un remordimiento, no un recuerdo.
Las plegarias, las flores, el gesto más dulce
Son tardíos regalos que Dios no bendice.
Los vivos y los muertos no se entienden;
La muerte, cuando viene, nos junta sin unirnos.
No conocemos la dulzura de sus tumbas.
Nuestros gritos, sueltos demasiado tarde, se agobian, caen,
Penetran sin eco en la sonora eternidad;
Los muertos, desdeñosos o forzados a callarse,
No nos escuchan, en el umbral negro de miesterio,
Llorar por un amor que nunca fue.
II
He aquí la miel que escurre al corazón profundo de las rosas,
Los colores, los perfumes y los amados alientos.
Usted no sonreirá a la belleza de las cosas;
Sus brazos prestos a abrirse están, al fin, cerrados.
No sentirá sobre sus párpados condenados
El deshojamiento suave de grandes lágrimas perfumadas.
Su corazón en metamorfosis se disuelve;
Llego justo a tiempo de perderla para siempre.
El ser es sólo un nombre; el tiempo un número;
Sobre la senda al sol yo habría amado su sombra;
Golpeo mi amor en las aristas de una tumba.
La muerte, menos vacilante, supo mejor lograrla;
Si usted piensa en nosotros, su corazón debe compadecernos,
Y creeremos que la muerte de una tea, deslumbra.
("papel canela", año I, no.11, enero 2002, trad. uriel martínez)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)