jueves, 7 de julio de 2016
Raúl Gómez Jattin (1954/1997 )
Roxana
Nunca ha visto un hombre tan hermoso como él
con la piel dorada y los ojos como la noche
con esa musculatura perfecta tal la de un dios
Tampoco ha conocido a alguien de su cultura
Le dice palabras de una sabiduría que ella
jamás imaginara ni tuviera noticia
y la trata con tanta distinción que Darío
-su padre- luce a su lado torpe y zafio
Mas a pesar de todo eso ansía regresar
a los jardines de Persépolis o a la playa
de Ormuz o a su palacio en el desierto
porque a veces en medio de la noche ha sorprendido
a quien ama -Alejandro rey de Macedonia
y ahora también de Persia- levantarse
del lecho donde la ha amado
e irse a la alcoba de Epafrodito su amigo
quien lo espera desnudo y embriagado de vino
("amanecer en el valle del sinú", fce, méx-colombia, 2005)
miércoles, 6 de julio de 2016
Oliverio Girondo (1891/1967 )
Señora
Señora hay demasiados pájaros
En vuestro piano
Que atrae el otoño sobre una selva
Espesa de nervios palpitantes y libélulas
Los árboles en arpegios insospechados
A veces pierden la orientación del globo
Señora lo soporto todo. Sin cloroformo
Desciendo al fondo del alba
El ruiseñor rey de setiembre me informa
Que la noche se deja caer entre la lluvia
Burlando la vigilancia de vuestras miradas
Y que una voz canta lejos de la vida
Para sostener el espacio desclavado
El espacio tan lleno de estrellas que se va a caer
Señora a las diez huele a tabaco de artista
Amáis el nadir a cuerpo de pájaro
Sois un fenómeno ligero
Me voy solitario hacia el ocaso de los turistas
Es mucho más bello
("salvo el crepúsculo")
Señora hay demasiados pájaros
En vuestro piano
Que atrae el otoño sobre una selva
Espesa de nervios palpitantes y libélulas
Los árboles en arpegios insospechados
A veces pierden la orientación del globo
Señora lo soporto todo. Sin cloroformo
Desciendo al fondo del alba
El ruiseñor rey de setiembre me informa
Que la noche se deja caer entre la lluvia
Burlando la vigilancia de vuestras miradas
Y que una voz canta lejos de la vida
Para sostener el espacio desclavado
El espacio tan lleno de estrellas que se va a caer
Señora a las diez huele a tabaco de artista
Amáis el nadir a cuerpo de pájaro
Sois un fenómeno ligero
Me voy solitario hacia el ocaso de los turistas
Es mucho más bello
("salvo el crepúsculo")
martes, 5 de julio de 2016
Mark Strand (1934/2014 )
Yo fui un explorador polar
Yo fui un explorador polar cuando era joven
y me pasé incontables días con sus noches congelándome
en un lugar vacío tras de otro. Finalmente,
abandoné mis viajes y me quedé en mi casa,
y allí creció dentro de mi un repentino exceso de deseo,
como si una corriente muy brillante de luz, como ésas que se ven
adentro de un diamante, me estuviera atravesando.
Llené una página tras otra con imágenes de lo que había presenciado:
océanos gimientes de témpanos, glaciares gigantescos, y el blanco
golpeado por el viento de los icebergs. Después, sin nada más para decir, paré
y puse mi atención en lo que estaba ahí cerca. Casi a una misma vez,
un hombre que vestía un sobretodo oscuro y sombrero de ala ancha
apareció debajo de los árboles enfrente de mi casa.
La forma en que miraba hacia delante, y cómo se paraba,
sin distribuir su peso, con los brazos colgándole
a un costado, me dieron la impresión de que lo conocía.
Pero tan pronto levanté la mano para hacerle un saludo,
dio un paso atrás y luego se dio vuelta, y empezó a desvanecerse
como se desvanece el ansia hasta que ya no queda nada de ella.
("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidemwerg)
Yo fui un explorador polar cuando era joven
y me pasé incontables días con sus noches congelándome
en un lugar vacío tras de otro. Finalmente,
abandoné mis viajes y me quedé en mi casa,
y allí creció dentro de mi un repentino exceso de deseo,
como si una corriente muy brillante de luz, como ésas que se ven
adentro de un diamante, me estuviera atravesando.
Llené una página tras otra con imágenes de lo que había presenciado:
océanos gimientes de témpanos, glaciares gigantescos, y el blanco
golpeado por el viento de los icebergs. Después, sin nada más para decir, paré
y puse mi atención en lo que estaba ahí cerca. Casi a una misma vez,
un hombre que vestía un sobretodo oscuro y sombrero de ala ancha
apareció debajo de los árboles enfrente de mi casa.
La forma en que miraba hacia delante, y cómo se paraba,
sin distribuir su peso, con los brazos colgándole
a un costado, me dieron la impresión de que lo conocía.
Pero tan pronto levanté la mano para hacerle un saludo,
dio un paso atrás y luego se dio vuelta, y empezó a desvanecerse
como se desvanece el ansia hasta que ya no queda nada de ella.
("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidemwerg)
lunes, 4 de julio de 2016
Orhan Pamuk (1952 )
Flaubert en Estambul
Aún luchando con la sífilis, que provocaría que en poco tiempo se le cayera el pelo y que su madre no lograra reconocerlo cuando por fin lo viera, Flaubert va a un burdel en Estambul. El dragomán -intérprete, guía- que les enseñaba a todos los viajeros occidentales aquellos sitios le lleva a un lugar en Gálata tan "sucio" y en el que las mujeres son tan "repugnantes" que Flaubert quiere irse de inmediato. Pero, según lo que él mismo escribe, en ese momento la "madame" propietaria del establecimiento le ofrece a su huésped francés su propia hija. Se trata de una muchacha de dieciséis o diecisiete años que a Flaubert le gusta mucho, pero que no quiere acostarse con él. La gente de la casa obliga a la chica -uno siente cierta curiosidad por saber qué haría el escritor mientras la convencían- y cuando por fin los dos se quedan solos ella le pide en italiano a Flaubert que le enseñe su órgano para saber si está enfermo o no. "¡Como me daba miedo que me viese el pene le dije que lo consideraba un insulto y me largué de allí!", escribe.
("estambul", ed. mondadori, méxico, 2006, trad. rafael carpintero)
domingo, 3 de julio de 2016
Uriel Martínez (1950 )
Nunca tuve
nunca tuve un nieto de cinco
ni de veinte ni de cincuenta
canas arrugas ni muertes;
jamás tampoco un hijo
a quien asir de la mano,
el hombro, ni seguirlo como
sombra después de mediodía;
jamás tuve un padre
con cintura en cual medirme,
fijarme adherirme como
quien procura salud enfermedad
distanciamiento;
nunca el sol me pegó
en cara, nuca, pelo,
cansancio, euforia;
nuncamente esto ni aquello
ni lo otro ni lo de más allá
sólo este sentimiento de hoja
desprendida y llevada
por esa fuerza extraña y desconocida.
[Inédito]
nunca tuve un nieto de cinco
ni de veinte ni de cincuenta
canas arrugas ni muertes;
jamás tampoco un hijo
a quien asir de la mano,
el hombro, ni seguirlo como
sombra después de mediodía;
jamás tuve un padre
con cintura en cual medirme,
fijarme adherirme como
quien procura salud enfermedad
distanciamiento;
nunca el sol me pegó
en cara, nuca, pelo,
cansancio, euforia;
nuncamente esto ni aquello
ni lo otro ni lo de más allá
sólo este sentimiento de hoja
desprendida y llevada
por esa fuerza extraña y desconocida.
[Inédito]
sábado, 2 de julio de 2016
Miguel Barnet (1940 )
El oficio
Quédate con tu misterio,
describe la mesa, el animal doméstico,
el delantal floreado de la madre,
el presuroso amor si lo deseas,
pero no lo digas todo en el poema,
que permanezca siempre una puerta abierta y golpeando,
un campo no surcado a la intemperie,
deja para el otro que vendrá, amigo o enemigo,
esa leve ambigüedad, ese otro poema.
Quédate con tu misterio,
describe la mesa, el animal doméstico,
el delantal floreado de la madre,
el presuroso amor si lo deseas,
pero no lo digas todo en el poema,
que permanezca siempre una puerta abierta y golpeando,
un campo no surcado a la intemperie,
deja para el otro que vendrá, amigo o enemigo,
esa leve ambigüedad, ese otro poema.
("rua das petras")
viernes, 1 de julio de 2016
Vasko Popa (1922/1991 )
El triángulo sabio
Había una vez un triángulo
Tenía tres lados
Escondía el cuarto
En su ardiente centro
De día escalaba sus tres cumbres
Y admiraba su centro
De noche reposaba
En uno de sus tres ángulos
Al alba contemplaba cómo sus tres lados
Convertidos en tres ruedas ardientes
Se perdían en el azul sin retorno
Sacaba su cuarto lado
Lo besaba y quebraba tres veces
Para ocultarlo de nuevo en el viejo lugar
Y otra vez tenía tres lados
Y de nuevo escalaba de día
Sus tres cumbres
Y admiraba su centro
Y de noche reposaba
En uno de sus tres ángulos
("poesía", ed. calamus-fce, méxico, 2012, 2a. ed., trad. juan octavio prenz)
Había una vez un triángulo
Tenía tres lados
Escondía el cuarto
En su ardiente centro
De día escalaba sus tres cumbres
Y admiraba su centro
De noche reposaba
En uno de sus tres ángulos
Al alba contemplaba cómo sus tres lados
Convertidos en tres ruedas ardientes
Se perdían en el azul sin retorno
Sacaba su cuarto lado
Lo besaba y quebraba tres veces
Para ocultarlo de nuevo en el viejo lugar
Y otra vez tenía tres lados
Y de nuevo escalaba de día
Sus tres cumbres
Y admiraba su centro
Y de noche reposaba
En uno de sus tres ángulos
("poesía", ed. calamus-fce, méxico, 2012, 2a. ed., trad. juan octavio prenz)
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